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Capítulo 5: Concordia

Blackstar: Disparo del Cosmo · por S.S. Arcana · 29 de agosto de 2026

A punto de cruzar el mediodía resuenan acordes de una guitarra acústica quiebran la calma en la casona de Pascual, el vibrar de una abrupta serenata corona el sol de mediodía, poco o nada queda ya del ambiente húmedo de la pasada noche, las huellas, el cráter, el distrito de Nueva Orleans pareciera haber olvidado el golpe que sufrió horas atrás y decidió avanzar ignorándolo.

Los dedos ágiles del michoacano acarician las cuerdas; con cada roce, la madera responde armonías melosas como una amante enamorada y sentada en un banco, Harmonía hace vibrar sus alas mientras apoya un tololoche gigantesco a su lado, contra el hombro.

Las vibraciones graves del instrumento retumban en el pecho. En las escaleras, un pulso magenta irrumpe al compás del bajo, Harmonía alza la vista y le regala una sonrisa a Grace, quien desciende en silencio, ignorando que el espectáculo lumínico de su cabeza arruina cualquier intento de discreción. La joven de cabello cenizo se sienta en los peldaños. Abraza a Stevie contra su pecho y contempla la escena: la guitarra, el tololoche y la voz de la diosa se funden en una marea cálida.

Al concluir, Pascual baja la guitarra, una pieza de madera obsidiana con incrustaciones de plata y correa de cuero oscuro.

—Qué bueno que ya te despertaste, mija. No quisimos interrumpir tu sueño. Harmonía te escuchó peleando con alguien anoche; pensamos que necesitabas calmar la mente. —Pascual se incorpora y camina hacia la cocina.

Harmonía sujeta el pesado instrumento. Sus alas zumban como las de un colibrí, elevándose un par de centímetros sobre las duelas. Deposita el tololoche en su base y planea hacia Grace.

—Yo tuve la idea de tocar algo para ver si respondías. Anoche noté que tus plumas son sensibles a la música. No pienses que queríamos forzar tu despertar, solo buscábamos confirmar que estabas bien. —Sonríe al aterrizar al pie de la escalinata.

Grace sonríe de manera tenue, intentando con las manos ocultar las plumas, que, de manera rebelde se megan a bajar y se mantienen levantadas aun destellando algo de luz magenta. El lugar rebosa en un aroma intenso a carne, y, en contraposición al exterior del distrito, la casa se encuentra impecablemente limpia, ordenada minuciosamente y sin una partícula de polvo, trabajo que Harmonia realiza todas las mañanas para dar mantenimiento interno a la vieja casona.

Media hora después, la dinámica se traslada de la sala al comedor contiguo. Una mesa ovalada de caoba oscura domina el espacio, engalanada con cristales tallados y motivos de cempasúchil. Una jarra de talavera blanca y azul corona el centro, rodeada por un ramo de flores anaranjadas cuyo aroma inunda el recinto.

Pascual le sirve un plato abundante a Grace: arroz rojo con chícharos, frijoles refritos y dos porciones de carne asada bañada en sus propios jugos, cubierta por julianas de cebolla.

Grace observa a sus anfitriones. Duda antes de probar bocado, pero el aroma a especias y carne doblega su resistencia y la hace salivar. Harmonía suelta una risa contenida, pincha la proteína con el tenedor y se la lleva a la boca. Grace imita el gesto. El contacto de la comida con su paladar le transforma la expresión. Una sonrisa plácida aflora en su rostro mientras mastica.

Pascual alcanza el centro de la mesa y toma un par de tortillas. Reparte cucharadas de arroz, frijoles y carne sobre el maíz, las dobla con destreza y devora el taco.

—También supusimos que tendrías hambre —interviene Harmonía.

—Mija, ya le estás agarrando el sazón de Michoacán —celebra Pascual con la boca llena.

—En el Olimpo la comida carecía de gracia. Desde que Dioniso aprendió a cocinar con aquella mujer americana, todo se resume en recetas francesas mal traducidas —bromea la diosa de la concordia.

—Ya nomás nos falta hacer un hoyo en el patio para una barbacoa. —Pascual ríe y le sirve a Grace un vaso con un líquido rojo oscuro.

Grace escudriña la bebida con sospecha.

—No es sangre —aclara Harmonía entre risas.

—A mí me quedan siete días aquí, mija. Te tocará cuidar la casa. Recibirás tu paga en la oficina postal sin falta los viernes. —Pascual se dirige a Harmonía, dándole espacio a Grace para comer a su propio ritmo. Un ritmo torpe: la forastera intenta replicar la técnica del taco, pero la tortilla se desgarra, derramando el relleno sobre la cerámica.

—Este fin de semana saldré del distrito —comenta  Harmonía, entornando los ojos.

—¿Vas a jalar en tu casa?  —Pascual pregunta

—Debo cosechar la cera de las colmenas, tengo una lista de pedidos muy larga — Harmonia busca entre su vestido y revela una hoja de papel repleta de números y nombres

— Si te sobra algo, traelo aquí y yo lo compro —- Pascual da un trago al agua de jamaica para aclarar la voz — Ese viejo electricista cada mes nos cobra más y la mentada red falla todo el día.

Grace pareciera no prestar mucha atención a la plática, embelesada por la comida y en sus propias conclusiones resuelve a preguntar:

—¿Por qué echamos al joven del cabello blanco anoche? —cuestiona Grace, cambiando el rumbo de la charla de tajo.

—Ah, mija. Tus motivos para mandarlo a la chingada son tuyos, pero a mí no me gusta que me vengan a dar órdenes en mi propia casa. A ese dios se le olvida que el Mictlán es el lugar de vida eterna para los mortales.

—¿Mortales?

—Cuando alguien muere en la Tierra, su alma revive aquí. Un ser de naturaleza mortal, ahora vuelto inmortal —explica Harmonía.

—A los dioses de antaño los expulsaron del mundo humano. El Dios todopoderoso y sus ángeles no aceptaban negativas. O le servían, o los exiliaban para acá. Ya podrás atinarle a qué chingados eligieron —completa Pascual.

—Y ahora mismo parece que tenemos un problema, este fin de semana tengo que ir al mendigo distrito Ingles entonces no —- Pascual afirma con preocupacion para ser interrumpido por Harmonia de inmediato.

 

— ¿Puede Grace venir conmigo? — Harmonia busca la mirada de la joven, mirada que se enfoca mas en el plato con comida que en los ojos de la diosa.

 

—¿Ir? — Grace murmura

 

— Yo vivo en el distrito Olímpico, y podrías acompañarme, si asi lo quieres — HArmonia propone, se detiene un momento pensativa  — Claro, si asi lo quieres

 

— No quiero decidir por ti mija, pero la propuesta es saludable, no hay mejor anfitriona que ella, ni manos tan capaces de curar un corazón roto como las suyas — Pascual explica.

 

—- ¿Puedo llevarlo? —- Grace señala con la mirada el pájaro de trapo que se encuentra en una silla

 

La diosa de la concordia suelta una risita, asiente con la cabeza

 

— A decir verdad me desconcierta mucho lo confundida que estas — La mirada de la diosa baja un poco, sus antenas se van a los lados cayendo y suelta un largo suspiro.

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