Frente al espejo de cuerpo completo de marco metálico en la esquina de su habitación, Renate alisó su gabardina de color morado oscuro. Estudió cuidadosamente cada detalle de su apariencia, asegurándose de que nada fuera menos que perfecto. Hoy asistiría a una importante reunión entre operadores de las grandes casas. Las hebillas de sus zapatos y su cinturón relucían como nuevas, no había ningún rastro de imperfección en la inexpresiva y perfecta mujer.
Renate salió de su habitación, escuchando algunos crujidos provenir de la boca del compañero que la esperaba en el pasillo. No ocultó su sonrisa y se acercó a Sketchman, que, como siempre, llevaba puesta una máscara blanca que cubría su rostro. En su mano sostenía una bolsa de espaguetis crudos.
—Rachel ganó, ¿no dejarías esa mala manía de comer espagueti crudo? —cuestionó alzando una ceja.
—De madrugada, Rena, de madrugada. —dijo levantando un dedo, aún tenía espaguetis en su boca.
Renate lo ignoró. Ambos caminaron por los pasillos blanquecinos, su lustroso suelo de porcelana marmoleada era un lujo que, no importa cuántas veces lo haya visto en sus 25 años de vida, todas estas decoraciones, el suelo, el techo decorado con candelabros, las mesas y sillas y mesas tapizadas cada ciertos metros acompañando los pilares que sobresalían de la pared. Todo era una horrible fachada que Renate detestaba.
—Detesto el tiempo que hay entre las pruebas. —Renate levantó su mano, comentando con desgano. Quejarse con Sketchman era su actividad favorita cada que estaba en el recinto, y pasaba mucho tiempo en el recinto de los Vasíliev—. Quisiera estar allá asegurándome de que Lawrene no esté inculcándole estupideces a mi aprendiz.
—La pequeña Rachel, sí, sí.
—Sí, y supondré que tú viste los combates que te envié, ¿verdad? Los de los primeros dos juegos
—Pero por supuesto, les doy un siete. ¿Combate favorito? Ninguno en particular. Estuvieron buenos.
—No viste nada de lo que te envié —Renate se quejó, resoplando con los ojos cerrados—. ¿No te interesa que tu aprendiz al fin abra sus alas y consiga sus propios discípulos?
Sketchman soltó una risa.
—Me emociona tanto que le enseñes mis consejos a la hija de nuestro rival político. En serio.
—¿Qué fue eso? Casi sonó a que te importa lo que le pase a la casa Vasíliev.
—Con su dinero me compro máscaras y comida. Claro que me importan…
Los dos operadores, luego de una pequeña pausa, rieron a la par. Sketchman palmeó algunas veces el hombro de la operadora más baja y caminaron unos minutos por la enorme mansión hasta llegar a la sala principal, en la zona superior frente a las enormes escaleras que conectaban al recibidor. El lugar estaba lleno de retratos de los antepasados de la familia Vasíliev, la mayoría retrataban momentos destacados de la familia a lo largo de su historia antes de salir de Rusia.
—¿Cuánto crees que le tome a Alexei dar otro discurso de cómo los Vasíliev “fueron la mano derecha” de Pedro el Grande? —susurró Renate hacia Sketchman.
—Las costumbres de los Logan deben estarte afectando, Luperca.
La mujer de flequillo retomó su postura recta al escuchar que la llamaron por su nombre en clave, eliminando cualquier expresión de su rostro. Con pasos silenciosos, la aparición de un hombre esbelto hizo desaparecer el ánimo de Renate. La sala entera perdió su encanto con la presencia de ese traje parecido al de Renate, solo que mucho más oscuro.
Su cabello era negro y corto, con patillas pronunciadas, una escasa barba bien cuidada, un zarcillo plateado en cada oreja que hacía juego con los distintos anillos con piedras preciosas en sus manos. La sonrisa en su rostro, aunque enérgica y similar a la de su amo, solo era una petición absurda que Alexei le había pedido: “Sonríe más, Sergei”.
—Mis disculpas, Fenrir. —Lo llamó también por su nombre en clave. No le gustaba utilizar el nombre real de Sergei.
—No me molesta —respondió el líder de los colmillos del lobo blanco con una risita—. Es gracioso ver que estás desarrollando sentido del humor. De niña era un milagro verte sonreír.
«¿Por qué habrá sido?», pensó sarcástica, ocultando sus verdaderas emociones, como siempre ha sido, como siempre será.
Al ver que Renate no seguiría, ni Sketchman mencionaría algo al ser un hombre muy callado, prosiguió. —¿El joven amo no se encuentra presente?
«Esa rata maldita nunca llega a tiempo». Pensó Renate. Sketchman respondió.
—Lo fui a buscar, pero no lo encontré y no responde su primer celular. —comentó con tranquilidad. Observó cómo Sergei se alejó dándoles la espalda, sacando su celular para llamar a Alexei a su otro teléfono. Golpeó a Renate suavemente en su codo y ella encendió su aura en sus oídos para mejorar sus sentidos.
Pasaron unos momentos y Andrei por fin contestó. Renate escuchó toda la conversación, sin importarle cuánto le desagradara, y luego le susurró a Sketchman, que también utilizó aura, aunque él no era afín al reforzamiento, al menos escucharía mejor.
—Al parecer, drogó a dos tipas anoche y se encuentra algo ocupado. Maldita basura.
—No seas muy dura con la conjetura de Bach, es el producto de dos primos, después de todo. —contestó Sketchman. Disfrutó de oír la risa de Renate, que usualmente no entendía su humor.
—Ese fue muy bueno.
—Shh.
Ambos apagaron su aura al ver a Sergei terminar la llamada y acercarse de nuevo.
—Conjetura de Bach… Es bueno. —comentó sonriente. No podía ver la sonrisa de Sketchman bajo su máscara, de hecho, nunca ha visto debajo de su máscara, pero sabía que ahora mismo debía estar sonriendo.
—¿Iremos sin la conjetura de Bach? —el enmascarado de traje negro preguntó, pero la respuesta no vino de Sergei.
—Mejor. No quiero tener al lado a ese hijo de perra. —Alexei llegó del pasillo contrario por el que ellos vinieron. Su cabello rubio bien peinado, sus ojos amarillos brillantes que resaltaban con su piel pálida y su ropa blanca.
El lobo blanco, actual líder de la casa Vasíliev, se paró en medio de Sketchman y Renate, abrazando al enmascarado por el cuello.
—Siempre es bueno verlo, señor Alexei. —comentó Sketchman con un tono animado más fingido. No se acostumbraba a sus muestras de “aprecio”.
—Señor Alexei —Renate respiró profundamente, sintiendo la mano de Alexei envolver su cintura. Él acarició su espalda con lentitud, dio un paso hacia atrás antes de que llegara a una zona peligrosa, ocultando su repulsión ardiente hacia el jefe de familia.
—Me alegra verlos tan animados como siempre. Incluso diría que más, ¿nueva máscara, Sketchman?
—Oh, gracias por notarlo, señor Alexei. —Siguió el juego con burla. El fingido aclaramiento de garganta de Sergei cortó el ambiente y su jefe rodó sus ojos señalando al líder de los colmillos mientras sonreía amargamente.
—Siempre tan estirado. —comentó Alexei—. Bueno, como sea. Visitaremos a los Zhu por asuntos de negocios. Tiene que ver con “ese” problema.
—¿Cómo? —Renate, incrédula, dijo lo primero que le vino a la mente—. ¿Por qué hablar con los Zhu sobre un tema tan delicado?
—No entremos en los riesgos, conozco los riesgos, chiquita. Los hombres nos encargaremos del trabajo duro, ¿sí? —Alexei le guiñó el ojo, ignorando la pregunta de Renate.
—La extraña revuelta y desconexión de los impíos es un tema alarmante —Obvió Sketchman—. ¿Pero tratar el tema con una de las grandes familias?
Alexei negaba con la cabeza, chasqueando su lengua múltiples veces a la par que caminaba en círculos alrededor del dúo, un gesto muy típico de él cuando conversaban. No sabía quedarse quieto en un lugar.
—Sí, pero en estos momentos es cuando las grandes casas de la Operación deberían estar más unidas que nunca bajo el mismo objetivo... Obviamente, Lawrence es una excepción al ser la perrita faldera de Baskerville, por lo que solo podemos contar con los Zhu.
—Pero ella-
—Papapa, Renate —Alexei le colocó un dedo en sus labios para callarla— No hables estupideces sin escucharme primero, tengo una mancha, por así decirlo. Esta mancha nos pone en una igualdad de condiciones y mantiene en silencio a los Zhu, ¿ok? Gracias por tu preocupación, cariño.
Renate asintió en silencio, manteniendo gacha su cabeza. Veía su propio reflejo sumiso en el suelo. «Bastardo desesperado, nos matará a todos».
—Eres hermosa cuando estás callada, cariño. —Alexei se acercó a Sergei. Sorprendido de la nueva persona presente en la habitación. No sabía cuándo llegó, tampoco cuánto escuchó, pero era consciente de que había confidencialidad entre él y sus clientes—. Arth.
—Alexei, Colmillo. —Saludó Arthur, recostado tranquilamente a la pared—. ¿Nos vamos?
—Tan profesional como siempre —Sergei se animó a bromear con su viejo conocido. Arthur se acercó a él y estrecharon sus manos firmemente.
—Él es tan profesional. Todavía no entiendo por qué sigue con Lawrence. —El lobo blanco se paró junto al pelinegro de puntas blancas. Palmeó el hombro de Arthur y se recostó lado a lado contra este—. ¿Sabes, Arth? Aquí tus méritos con Baskerville serían mayores. Tendrías el trato que mereces, no serías solo un vulgar taxista.
«Lo que entendí es que quieres verga». Renate casi sonreía por su propia ocurrencia.
—Oh, me siento halagado, Alex —Arthur respondió sonriente—. Pero Lawrence da muy buenas propinas, y no me gustan los lobos, son impredecibles y tienen a morder a quienes los alimentan… Aunque, creí que no se arrastraban para conseguir cariño.
Alexei se limitó a ensanchar su sonrisa, palmeando nuevamente el hombro de Arthur.
—Abre el maldito portal ¿Quieres?
—Para eso me pagas. —El operador más fuerte hizo brillar su mano, generando una brecha en el espacio que se formó antes que cualquiera en la sala se diera cuenta.
Alexei fue el primero en entrar sin siquiera despedirse de Arthur. Sergei inclinó su cabeza hacia él antes de cruzar la brecha dimensional. Sketchman no le dijo nada y Renate movió su mano en despedida, entrando al portal con una ligera sonrisa que se desvaneció rápidamente, al igual que la brecha en el espacio. Ahora estaba de pie, frente a un majestuoso jardín.
A diferencia de la enorme residencia Vasíliev, una imponente mansión gigantesca que en todo momento trataba de realzar la opulencia de la familia con decoraciones incrustadas de oro, y su vista daba a un enorme lago semicircular con un enorme patio trasero que se usaba para los entrenamientos aprovechando la lejanía del recinto con cualquier pueblo cercano, el hogar del clan Zhu solo podía describirse como una ciudad en miniatura.
Renate no había pisado nunca el lugar, simplemente lo había visto en fotos, pero caminar sobre el pavimento de la entrada y observar el armonioso jardín que la rodeaba era casi relajante, de no ser por las opresivas murallas que rodeaban el lugar, cada una siendo custodiada por decenas de soldados con rojas vestimentas, de seguro todos operadores, pues el clan Zhu era conocido por ser la familia con más Operadores en servicio.
—No te distraigas, Renate. —Sergei siguió el paso de Alexei, dejando atrás a Renate y Sketchman.
—Ah… Extraño estar con el grupo de Rachel. —Renate se quejó, dejando que la distancia entre su jefe y su cuidador se incrementara para hablar con Sketchman sin preocupaciones mientras seguían al dúo—. Son todos y me hacen sentir como una genio junto a ellos.
—Joder, Renate, ahora sabes cómo me siento yo cuando trabajo con ustedes. —interrumpió burlón el enmascarado.
—Wow, qué gracioso. Me parto de risa. —comentó Renate sin ningún tipo de ánimo. Su atención fue robada por los estanques de diferentes tamaños que los rodeaban en su camino hacia el majestuoso palacio delante de ellos. Sobre el agua, decenas de nenúfares convivían junto a exuberantes flores rosadas, la reconocía por libros y también por su conexión tan grande con la cultura china. Flores de loto, pero era la primera vez que veía una de frente.
Llegando a la entrada, miró hacia atrás para presenciar los árboles de flores de ciruelo que habían florecido ahora que el invierno estaba llegando a su fin en Estados Unidos.
—Este lugar es hermoso. —Renate casi susurró aquellas palabras.
—Meh, mierda de amarillos. —Alexei respondió al instante, siendo recibido por una decena de guardias, todos con su aura encendida. El grupo fue recibido con honores, sin recibir miradas directas—. Pero, se ve que saben cómo tratar a sus jefes, jeje.
Atravesaron múltiples puertas y pasillos del complejo. Renate, observando todo, se dio cuenta de que mientras más se adentraba, menos guardias había. Las criadas con vestidos rojos más apagados con mangas blancas caminaban con elegancia llevando las cestas con ropa a lo lejos. Afinando su oído con aura, escuchaba las conversaciones de quienes parecían ser arqueólogos y tesoreros discutiendo sobre la época exacta de la creación de un jarrón de porcelana, mientras que otros debatían sobre qué posible humano históricamente reconocido habría sido un operador y merecía la pena estudiarse. Mientras que por fuera era un hermoso palacio real, por dentro era más como una ciudad-escuela donde se concentraban los estudiosos.
—Qué interesante, ¿no crees? —Sketchman fue quien habló, casi leyendo la mente de Renate.
—Qué envidia. —respondió ella.
Cruzando un gran arco circular de madera, entraron al Gran Salón Ceremonial del clan Zhu. Cortaba mucho el ambiente de palacio, pues este, a pesar de estar casi en el centro del templo p las paredes, había casi desaparecido, manteniendo solo un techo sobre sus cabezas mientras el suelo volvía a ser caminos pavimentados rodeados de césped y un jardín bien cuidado.
En el centro se alzaba una plataforma con lo que ella creyó que lucían como muy cómodos asientos de madera con un espaldar rojo relleno de algodón. Los reposabrazos de aquellas sillas habían sido tallados cuidadosamente para simular la textura escamosa de los dragones, terminando en la cabeza abierta de uno. Frente a estas sillas había taburetes, tazas de té sobre platos de porcelana con decoraciones de melocotones y, frente a los asientos, uno incluso más elegante con decoraciones de oro y jade se elevaba unos centímetros sobre el suelo, indicando que quien se sentaba allí era la persona más importante y a cargo de la reunión.
Pero el asiento estaba vacío.
Alexei se sentó extrañado. Zhu Qing debería de haberlos recibido con esa mala cara de siempre, que, a pesar de verse como una esbelta mujer de treinta años, aquel ceño fruncido revelaba la actitud que tendría una reservada mujer que rondaba los 60. Era la viva imagen de un viejo en un cuerpo joven. Una extrañeza pues los operadores usualmente no se comportaban como personas de su edad.
—¿Está llegando tarde?... Esto es nuevo —Dudó de beber el té que aún emanaba un ligero vapor, pero al final bebió un poco del té verde, disfrutando de su dulzor y su fuerte sabor. Rápido volteó a ver a Sergei— Esta es mierda de calidad.
Sergei negó con su cabeza muy levemente, soltando una ligera risa para luego probar el té y asentir sorprendido.
—Tiene razón, es mierda muy buena.
«Dios santo. Ni en el salón de reuniones de una de las grandes casas puede comportarse como personas civilizadas». Se quejó Renate en silencio, imperturbable, como siempre ha sido, como siempre será. Bebió del té y cerró los ojos asombrada. «…Dios, esta mierda es buena». Miró de reojo a Sketchman que sacó un pitillo de su saco, una de esas con doble giro que los niños utilizaban en los restaurantes. Ella esperó que el hombre levantara su mascara, pero con sus manos brillantes en un aura azul, acercó su rostro cubierto. Renate observó el pitillo atravesar la máscara como si esta no estuviese ahí, pero no pudo ver a través de ella ni un poco del rostro de su maestro.
—Solo lo haces para fastidiarme, ¿verdad?
—Por supuesto… ¡Ay! Pastel de coco. —exclamó el enmascarado para tomar uno de los pastelillos y llevarlo a su rostro, teniendo el mismo efecto que con el pitillo. Por debajo de su máscara se escuchaba cómo masticaba gustoso aquellas pequeñas delicias.
Renate solo quería levantarse para ahorcarlo.
Pasos quebraron el acogedor silencio del cuarteto que disfrutaba la comida que se les había servido. Una mujer con un largo cabello negro con dos trenzas que iban poco más allá de sus hombros y en la parte superior un moño alto se coronaba, siendo mantenido por una reluciente horquilla plateada que en uno de sus extremos tenía grabado el carácter “朱”, que obviamente era el carácter que simbolizaba a toda la familia, Zhu.
Arrastraba parte de su vestido bermellón con decoraciones doradas, este era apretado en ciertas zonas, resaltando su cadera y su prominente busto, pero bastante ancho al final de sus mangas. En cada oreja tenía dos pendientes rojos y alrededor de sus afilados ojos resaltaba un delineador carmesí sobre su fina piel pálida.
Considerada una de las operadoras más bellas en la actualidad. Zhu Qing, actual cabeza de la familia Zhu, se sentó en el asiento de honor y colocó una pierna sobre la otra, observando a Alexei con desdén.
—Que sea rápido, tengo una visita y, a diferencia de ti, a ella sí quiero prestarle atención.
—Nunca pierdes tu encanto, Qing. —Alexei bufó divertido, degustando otro bocadillo de coco— Creí que no dejar esperando a tu visita era algo importante en la hospitalidad.
—No comer antes de que todos estén en la mesa es algo importante en los modales, pero supondré que, como todos ustedes no son diferentes de los animales, carecen de algo tan básico.
—Ah, no te la dieron anoche —Alexei comentó con decepción.
Renate no apartó su atención de aquella conversación. En realidad, se encontraba bastante nerviosa por cómo se desarrollaría el asunto. En el peor de los casos, estaría rodeada de enemigos y daría su vida tratando de proteger al imbécil de su jefe. En el mejor caso, decapitaban a Alexei y ahora los dulces de coco y el té tendrían incluso un mejor sabor.
—Ve al grano, estúpido. Yo sí trabajo, no me emborracho y salgo con zorras toda la tarde. —Zhu Qing bebió un poco de su té, relajando aquella severa mirada que tanto la caracterizaba como la más difícil de tratar entre los líderes de las tres grandes familias de la operación.
Un niño pequeño se robó la atención de todos, caminaba con sus ojos cerrados, espalda recta y demasiada elegancia como para lucir de solo seis u ocho años. Llevaba dos moños en su cabello, al igual que Ne Zha, pero por su ropa y sus facciones dejaba claro que era un varón con rasgos bastante delicados.
—¿Quién es este? —Alexei tomó algunos de los dulces que el niño ofrecía en la bandeja.
—Zhu Haoran, una de mis más recientes adquisiciones, y de las mejores. —Madame Zhu realzó su pecho con orgullo, formando una sonrisa en sus carnosos labios rojos—. Lo conseguí por suerte en el mercado negro de operadores. Un huérfano que yo misma estoy criando, le di una segunda oportunidad de vivir y nunca he tenido un niño más espléndido y disciplinado… Aunque ¿Qué sabrá un Vasíliev sobre diciplina?
Zhu Haoran se despidió con una reverencia, regresando por donde vino. Alexei dejó el dulce en su plato, ya cansándose del maltrato dado por su anfitriona. No lo enfadaba de verdad, pero cada reunión con cualquier operador importante era una ronda de insultos tras otra. Aburrirse en este punto era lo más lógico.
—¿Sabes sobre la situación actual de los impíos? —Alexei lo trató como algo de lo más casual, llevándose una mirada curiosa de Madame Zhu.
—En la ruina. Su intento de asesinato contra la rata británica fue patético. La mayoría fue derrotada por mocosos sin experiencia. —Madame Zhu lo pensó por un momento— Eso es noticia vieja… Oh.
—Veo que te diste cuenta. —Alexei dio una sonrisa atrevida luego de aquellas palabras.
—Usualmente son muy activos, antes se rebelaban activamente contra los Erradicadores y el Congreso con actos terroristas contra nuestras empresas.
—Iniciando con cosas fuertes, luego pasando a ser una molestia, luego a ser insignificantes, pues solo conseguían bajas ridículas sin ningún logro verdadero, hasta lo del topo y que logran acorralar a la familia Logan. —Complementó Alexei, realizando un ademán con su mano. Quería que Zhu Qing se diera cuenta por sí misma.
—Desaparecieron. No han realizado nada en nueve meses. —Ella ignoró los aplausos de Alexei y su grito de “Bingo”—. Tampoco han muerto operadores de la clase obrera. Pero bueno, quizás por fin se extinguieron luego de su fracaso con los Logan. Los recursos, luego de tantos fallos, no son ilimitados.
—No. Es imposible. —Alexei negó con la cabeza.
—¿Por qué?
—Yo financio todos los proyectos de los impíos. Eso los deja con recursos casi ilimitados.
El salón abierto se hundió en un abrupto silencio. «Sí lo hizo. De la peor forma posible…» Renate maldijo en su interior, estudiando cuidadosamente las facciones en el rostro de Zhu Qing. Primero vino una falsa indiferencia, luego sus ojos estudiaron el cuarto, frunciendo su entrecejo con la boca abierta. Quería decir algo, pero no sabía por dónde comenzar.
Renate tuvo una reacción similar cuando lo supo hace pocos años. Luego de servir toda su vida a la casa Vasíliev y ser la tercera guardaespaldas más importante, le dijeron que era el momento de descubrir el verdadero negocio familiar.
Ella se sintió enferma. No comprendía cómo el hombre que afirmaba querer beneficiar a los operadores era quien le daba dinero y gente a quienes mataban a sus hermanos solo por compartir una ideología diferente.
«Esto es espantoso».
—¿Estás loco?... ¿¡Alexei Vasíliev!? ¿¡Has usado ese cerebro tuyo alguna vez!? —Impaciente, se levantó de la silla, casi arrojándola al suelo—. Vienes a mi casa y me lanzas a la cara que eres el principal patrocinador de los impíos como si no fuera nada. ¿Eres un niño?
—Jamás me comportaría como un Logan.
—¡Ya quisieras ser la mitad de lo que un Logan puede ser! ¡Incluso quisieras ser la mitad de lo que es Lawrence y aun así no puedes! ¡Y eso que la mayoría de los hombres en el mundo son mejores que Lawrence!
La exclamación de Madame Zhu retorció la sonrisa en la cara de Alexei. Quiso calmarse con otro sorbo del té verde, pero su dulce sabor había desaparecido. Solo quedaba una fuerte amargura.
—¿Y bien? —Zhu Qing mantuvo su mirada en los ojos de Alexei. No recibió respuesta, lo que la enfureció más— ¿¡Y bien!?
—Conoces la causa, Madame Zhu —Alexei se dignó a hablar, tomando un pastel de coco para probarlo. Colocó sus pies sobre la mesita frente a él—. Las tres familias conocen mejor que nadie la situación actual de los operadores y no debería ser.
—¿Aaah? ¿Sí? ¿Y cómo debería ser? Ilústreme, maldito traidor.
—¡Somos mejores! ¡Somos más fuertes! —Alexei se levantó, llevándose su mano al pecho, quedando justo en el centro de cuatro botones negros a lo largo de su abdomen que mantenían cerrada su gabardina blanca—. ¡No deberías ser los mandaderos de un gordo hijo de perra!
—¿Y por qué nunca te has alzado en contra de Baskerville directamente en vez de ser un perro cobarde? —cuestionó Zhu Qing con una sonrisa retadora.
—¿Por qué no lo has hecho tú? ¿O Logan?
—¿Volveremos esta discusión una pelea infantil? —Madame Zhu tomó asiento, acariciando el puente de su nariz— La situación del clan Zhu es más complicada que la de tu familia, Alexei. Nosotros respetamos nuestras tradiciones y tenemos algo llamado “principios”. Te recomiendo buscar su significado en Google. Baskerville para nosotros ha sido un grandioso líder que ha apoyado a mi casa, a la de Lawrence, ¡A la tuya más de una vez! Y tú mejor que nadie, como dices, deberías entender que es un milagro la existencia de tu familia con Baskerville al mando.
«Ella está controlado fácilmente la situación… Alexei se ve muy molesto». Renate miró de reojo como Alexei frotaba entre si su dedo medio e índice, manteniendo una sonrisa burlesca en su rostro. No pasó mucho para que el operador caminase en círculos frente a Madame Zhu.
—Principios, honor. Cosas de chinos que no voy a entender nunca, y es gracioso que vivas en la puta Chinatown cuando tú fuiste expulsada de tu país y cazada como a un cerdo.
—Así que quieres que yo hable sobre la Revolución rusa.
El comentario de la dama de rojo casi llevó a Renate a sonreír, miró de reojo a Sketchman, que de seguro también la miraba por debajo de su máscara.
—Qing, por amor de Dios. Somos básicamente dioses. ¿Qué dirían nuestros ancestros? —Vasíliev dejó de sonreír al ver a Zhu Qing boquiabierta.
—¿Me quieres hablar de ancestros a mí? ¿Puedes ser más descarado?... —Zhu Qing se detuvo antes de continuar con sus insultos. La conversación no estaba llevando a ningún lado y ella verdaderamente quería irse—. Tú eres el líder de los impíos.
—Exactamente.
—Por ti inculparon al Cosmopolita.
—Sí.
—Revelaste la ubicación de las reuniones de los operadores de clase media.
—No fue tan difícil.
Sin ningún tipo de vergüenza, arrepentimiento o pena, Alexei Vasíliev aceptó sus crímenes en contra del congreso de los operadores y los Erradicadores. Zhu Qing casi admiraba aquella osadía. Su descaro era digno de pertenecer a un dios arrogante.
—¿Por qué me cuentas esto? ¿Sí sabes que mi deber es informarle a Baskerville sobre tu traición para que seas ejecutado?
—Tengo una carta trampa para evitar eso. —contestó Alexei, chasqueando sus dedos como una orden para su mano derecha— Supondré que conoces a Sergei, mi mano derecha.
Madame Zhu observó al hombre de patillas levantarse, de un bolsillo oculto en su manga sacó una memoria USB que colocó en la mesita frente a él.
—Soy la mano derecha del señor Alexei. Me asigna misiones importantes, así que soy más que un simple guardaespaldas. —Sergei tomó un aire totalmente diferente. La sonrisa de su rostro desapareció, adquiriendo la personalidad normal que ella conocía tan bien desde que era niña—. Todos los operadores tenemos secretos, más la gente como nosotros, y digamos que mis pequeños secretos me dieron detalles bastante interesantes sobre las actividades de la familia Zhu en Tailandia. Creo que su pequeño Zhu Haoran es una prueba viviente del contenido en esa memoria. Puede quedársela, tenemos más copias repartidas.
El rostro de Zhu Qing palideció. Estrechó sus ojos bajando del podio decorado donde se encontraba y se detuvo frente al sonriente Alexei. Ahora la conversación pasaba a ser de igual a igual. Renate temía que en cualquier momento una cachetada volara e iniciara una pelea, pero la dama de bermellón tuvo suficiente autocontrol.
—Eres una rata sucia y miserable.
—¿Cómo más sobrevivimos en este mundo? ¿Con sangre, sudor y esfuerzo? Al menos no utilizo esas armas estúpidas que crearon los humanos, preferiría que Baskerville me volara la cabeza a usar una de esas.
La líder de la familia Zhu negó ligeramente con la cabeza. Renate observaba curiosa la nueva expresión con la que la mujer de delineador rojo lo miraba. Era una lástima pura, como la que tendría cualquier persona al ver a un perro que fue atropellado y ahora cojeaba.
—Por favor, Alexei, sígueme. —Zhu Qing se dio la vuelta, dirigiéndose al otro extremo de la sala de reuniones, los llevaría más adentro dentro del palacio.
Renate se acabó rápido los pasteles de coco, levantándose junto con Sketchman para seguir a Alexei detrás de Zhu Qing. La opulencia en los pasillos interiores era más notable. Renate observaba los jarrones de jade y las enormes pinturas tradicionales que lucían vistosos paisajes o animales.
—Por favor, Alexei, ¿me recuerdas cuáles son los trabajos de las tres grandes casas? —cuestionó Zhu Qing, con un tono más educado.
—Claro cariño: Los Logan tienen la mayor empresa y crean objetos mágicos modernos. Lawrence al ser el más rico y tener a Arthur de su lado, funge como el rostro del congreso. Solo es una cara bonita. Yo irónicamente, me encargo de la fabricación de armas para Baskerville, soy el mediador entre los mercenarios y los contratantes en el mundo de la operación, además de que dirijo un humilde negocio relacionado a la joyería y la seguridad personal. —Alexei respondió orgulloso. Palmeó varias veces la espalda de Sergei, que caminaba a su lado con otra sonrisa fingida. Habían dejado el USB tirado para demostrar que de verdad no les importaba—. Los Zhu, si no estoy mal, eres como una tesorera ¿No?
—Sí, algo así. Nos encargamos de recolectar, estudiar y reparar antigüedades relacionadas con el mundo de la operación. También investigamos la historia de nuestra gente. Somos arqueólogos, investigadores. —El entusiasmo en la voz de Zhu Qing creció con aquellas palabras. Los guio por un pasillo repleto de guardias a cada lado, además de varias cámaras de seguridad. En el fondo del pasillo se alzaba una puerta de seguridad comparable con la de un banco— Reforzada con titanio, esta habitación soportaría la explosión de una bomba atómica, revestida con aura de cientos de Operadores.
—¿De casualidad está la fórmula de la Coca-Cola ahí? Siempre quise saber qué es lo que tiene. —Sketchman cortó el tenso ambiente. Renate rio en voz baja, mientras que su jefe lo miró de reojo y le guiñó un ojo asintiendo con su cabeza.
Madame Zhu se acercó al panel de control de la puerta, ingresando una larga contraseña, luego colocó su palma en una pantalla para registrar sus huellas, seguido de un escáner de retina, por último, insertó una llave dorada con un extraño patrón. La puerta se retrajo, revelando una alfombra roja que se extendía en un pasillo bien iluminado. En ambos lados del pasillo, como si fuese un museo, varias vitrinas se alzaban, guardando objetos de diferentes épocas, orígenes e incluso países.
—¿Un museo? —Renate cuestionó en voz baja.
—Nuestro museo personal de objetos con aura —contestó Zhu Qing—. Cada objeto que ven aquí perteneció a un famoso operador que marcó la historia a su modo.
—Interesante. —agregó Alexei con un tono sarcástico. No tenía interés en ver artilugios de gente muerta.
—La familia Zhu es un guardián. Cada uno se nos fue entregado para ser reparado, investigado y resguardado de la forma más meticulosa posible.
—¡Dios santo!
El gritó de Sketchman sobresaltó a todos en la sala. El enmascarado se encontraba parado frente a una vidriera, observando una espada recta de doble fijo. Su empuñadura hecha de oro, adornada por diferentes tipos de joyas.
—¡Es Joyeuse! ¡Es Joyeuse! ¡Renate!
—¿Es Joyeuse? —la guardaespaldas de flequillo negro se acercó al ver la emoción de su amigo, sin darse cuenta, Zhu Qing ya estaba junto a ella con una sonrisa.
—La espada de Carlomagno. Cambiaba de color treinta veces al día, podía cegar ejércitos enteros. Creemos que varios de sus soldados llegaron a ser Operadores que depositaron su aura en ella y le dejaron diferentes habilidades —comentó sonriente. Sus ojos rojos brillaban con emoción, luciendo no como una vieja gruñona de sesenta años en el cuerpo de una mujer de treinta— Quien la porte no se enferma y es inmune a cualquier tipo de venenos. Posee un pedazo de la santa lanza de Longinos en su empuñadora.
—Uff, es el counter perfecto de la lesbiana hija de Logan.
—¿La lanza tenía alguna habilidad? —Renate preguntó curiosa. Ambas ignoraron a Alexei.
—No. Ninguna, pero hirió a Jesucristo, eso ya la hace bastante especial, pero yo solo guardo objetos con habilidades o que llegaron a tener habilidades. —su mirada pasó a Sketchman— Me alegra saber que hay un aficionado de la historia aquí.
—Señorita, tiene mis respetos. Es la primera vez que puedo decir que me siento como niño pequeño en dulcería. —Sketchman aceleró el paso, observando todos los objetos cercanos a la espada.
—¿Qué coño es esto? —Alexei estudiaba una pared cubierta por un cristal, dentro, cientos de objetos huecos de bronce se encontraban apilados, todos tenían doce caras y un agujero en cada una, adornada por esferas en sus vértices.
—Ja, el dodecaedro romano, señor Alexei. Nadie sabe lo que hacía.
—Error, nadie sabía. —Corrigió Zhu Qing a Sergei, que al parecer tenía un poco de conocimiento y eso sorprendió a la de ojos rojos—. Se utilizaban para rituales de aura, concentrando esferas de operadores que manipulaban su aura fuera del cuerpo. También era un buen entrenamiento. Condensar la mayor cantidad de aura en una esfera que no sobresaliera del dodecaedro ayudaba a los Operadores a controlar el aura por fuera de su cuerpo.
—Oh, hubiera sido algo interesante de usar en mis entrenamientos. —Sketchman pasó de largo de los dodecaedros, corriendo en dirección a otra arma afilada, una pequeña daga de alrededor de 34 centímetros, con un mango de oro y un pomo de diamante—. Oh… Este también es un dulce enorme y caro.
—La daga de hierro de Tutankamón —Sergei brindó la información—. La daga fue hecha de acero meteórico, más valioso que el oro en su tiempo.
Renate y Alexei asintieron con la cabeza. Incluso el ruso se interesó en un arma hecha con materiales provenientes del espacio. La letona se acercó un poco más para apreciar la elegancia proveniente del artilugio.
—¿Qué habilidades tiene? —Renate miró de reojo a Zhu Qing. Sketchman esperaba ansioso por la respuesta.
—Otro objeto utilizado para rituales, aunque en el aura tiene un uso más… Exótico. No sabemos quién insertó su aura en ella, es imposible saberlo. La dejaban sobre el faraón, y la daga al parecer podía revivir su consciencia cada noche. No se puede sacar información del muerto, pero creemos que sumergía su conciencia en un sueño lúcido que tomaba la forma de los campos de los juncos.
El lobo y sus colmillos fueron impactados por tal noticia. Una operación que afectaba la muerte debía ser inmensamente poderosa. Jamás habían oído hablar de algo así. Alexei estaba tentado a preguntar cómo lo habían descubierto, pero sería inútil, él estaba seguro de que no le responderían.
La mujer avanzó hasta casi el final del pasillo, ignorando los otros pasillos que iban hacia los lados y tenían muchos más objetos. Sketchman lo recorría decepcionado de que Zhu Qing no se detenía a explicar los demás.
—Mira, Renate. —el enmascarado señaló sobre una vitrina un objeto bastante corroído por el tiempo y, al parecer, el agua. Estaba hecho de bronce teñido de verde por la corrupción, tenía pequeños engranajes e inscripciones por todos lados.
—El mecanismo de Anticitera. —Por el silencio de Sketchman, ella arqueó una ceja con una sonrisa triunfante— ¿Qué? Al menos un objeto tenía que conocer. Fue como una computadora que servía para predecir posiciones astronómicas.
—Renate, te me haces ligeramente más guapa.
—Ay, cállate.
En el final del pasillo principal, Renate se dio cuenta de que esto debía ser lo más especial de la colección. Diferentes objetos estaban reunidos detrás de un cristal reforzado. Ella se acercó hasta donde podía, una barandilla le indicaba permanecer a metro y medio de la pared.
—¿Qué son estas? No parecen ser tan viejas. —Alexei estudió los objetos: Un casco coracero metálico de un dorado oscuro, solo que la parte superior que se inclinaba en la frente llevaba lo que él supuso, era un cañón adaptado. Junto a este, un guante metálico con decoraciones doradas; en la parte superior de este sobresalía un cañón de escopeta. Alexei se sentía asqueado al ver aquellas armas— Santo dios, ¿eso es una espada revólver? —Alexei observó asombrado cómo el sable tenía un gatillo y el cilindro de un revólver.
—Son armas utilizadas en la Segunda Guerra, ¿no? Y de donde sea ese revólver espada —Sketchman dirigió su mirada a Zhu Qing, que asintió.
—Las armas de los operadores más poderosos de la generación del siglo veinte. Conocidos como “Los magníficos”
—¿De casualidad tenían una camioneta negra con una línea roja en un costado? —Alexei volvió a ser ignorado.
Renate observó un rifle antitanque, pero sobre todas las armas, solo en la estantería superior, una pistola silenciada Welrod. Miró de reojo a Sketchman, pero incluso él desconocía quiénes eran estas personas.
—Todas estas armas estuvieron en las manos de leyendas vivientes —Zhu Qing se acercó a la barandilla, colocando sus manos sobre ellas—. enfrentaron a las espadas del nuevo mundo, un grupo de operadores bajo las órdenes del Eje. Los magníficos nacieron de la crueldad resultante de la Primera Guerra Mundial; eso los forjó. Dieron todo de sí para derrotar al eje y al Mariscal Von Kriegsfreund, un psicótico amante de la guerra. Fueron dirigidos por el barón Lincoln Logan.
Al escuchar el nombre completo del grupo, Alexei frunció el ceño, borrando la sonrisa de su rostro. Había sido demasiado bueno como para ser verdad. Era obvio que un Logan iba a estar involucrado.
—Como al parecer lo ignoras o simplemente no lo sabes, el barón Lincoln Logan encontró a nuestras familias y formó al congreso, uniéndonos a los Erradicadores y consiguiendo todos los beneficios de los que disfrutas cada día, Alexei.
—¿Qué quieres decirme con eso? —gruñó el ruso.
—Que despiertes, por favor. —La dama de rojo acortó su distancia con Alexei, quedando frente a frente—. Eres un bastardo testarudo, pero sigues siendo una de las cabezas del mundo de la operación, al igual que Lawrence, al igual que yo. No debemos aspirar a un mundo de sueños que simplemente oímos de nuestros padres. ¡Alexei, debemos aspirar a ser como ellos! —Zhu Qing extendió su brazo hacia la vitrina de los magníficos—. Nunca nos entenderemos, pero sigues siendo un operador ligado a ese trato familiar, lo que te vuelve casi como un hermano jurado para mí. Si sigues con este camino que llevas, solo traerás la exterminación de tu propia casa.
—Los impíos ya no me responden, Qing —Alexei endureció su expresión, colocando sus manos en los hombros de la pelinegra—. Más de un mes, simplemente dejaron de tener cualquier tipo de contacto conmigo y desaparecieron. Ya no hay nadie que pelee por nuestros derechos.
—¡Tenemos derechos! Tenemos beneficios, riquezas, poder político. Solo hay un hombre por encima de nosotros. ¿Por qué no te basta?
—¡Porque es un hombre! —gritó con sus manos temblorosas en los hombros descubiertos de la sorprendida asiática— ¡No puedo aceptar ser liderado por un hombre común! No importa si los impíos son un proyecto estúpido, ¡lo importante es que estamos intentando recuperar lo que es nuestro! Sea inútil, sea ridículo, al menos yo lo intentó; ¡es lo que un gran operador haría!
—¡No! —Ella alejó a Alexei, volteándose para apreciar los objetos más valiosos de su galería. No por sus poderes, sino por su peso sentimental e importancia— Los magníficos eran grandes operadores, fueron en contra de dementes con tu misma ideología, incluso peores. ¡El dueño del casco, Bram Van Goudglas, incluso enfrentó a Claudio Dinamicci hace 40 años!
Renate y sus compañeros retrocedieron unos pasos, embelesados ante aquella conversación que los dos líderes de las grandes familias tenían. Un choque de ideales entre operadores aferrados al pasado, pero Renate estaba totalmente de acuerdo con Zhu Qing.
Mientras que ella perseguía la perfección y los pasos de los operadores que hicieron bien a la humanidad, dejando su huella en la historia como un verdadero cambio, Alexei perseguía el idealismo operador sobre cómo sus antepasados hacen más de 300 años mantuvieron al mundo de rodillas.
—Sí, sí, qué linda lección de historia, pero yo lo que necesito es una aliada, Qing, no que me cuentes la vida de un muerto. Te necesito, no puedo confiar en Lawrence. Sí, serás muy fanática, pero entiéndelo: ¡los verdaderos operadores no querrían ser los perros de esta raza inferior!
En un estallido de furia ciega, Alexei gritó tan fuerte como podía, consternado al ver el profundo desprecio naciente en los ojos rasgados de la pelinegra. Ella negó con su cabeza, caminando de vuelta a la salida de aquel pasillo.
—Nunca cambiarás, Alexei, lo siento. Pero no te ayudaré. Ve y persigue tus cuentos de hadas mientras que los verdaderos Operadores tratamos de mejorar y marcar una diferencia.
El ruso trataba de regular su exaltada respiración. Los colmillos y su jefe siguieron a Zhu Qing fuera de la bien resguardada sala. La asiática de vestido rojo sacó un pintalabios del mismo color y repasó con él sus carnosos labios.
—Si me disculpan, tengo una visita a la que no quiero hacer esperar… Espero que podamos mantener nuestra conversación entre nosotros… ¿Verdad, Alexei? —sus afilados ojos se clavaron en el molesto ruso, que asintió sin más. Seguido de aquella confirmación, varias asistentes los dirigieron a la salida.
Sergei llamó a Arthur, que los recogió y dejó en la mansión Vasíliev sin decir nada. Renate quiso hablar, pero Sketchman negó con la cabeza rápido para evitar que se llevara algún castigo inmerecido.
—Eso salió de la mierda, Alexei.
—¿¡Tú crees!? ¿Tú crees, Putilov? —Alexei se plantó frente a su segundo al mando, manteniendo contacto visual. El de patillas arqueó una ceja.
—¿Qué? ¿Te vas a desquitar conmigo por tu plan de mierda? Porque no esperaba que te arrastraras como un maldito perro.
—¡No tenemos apoyo! ¡No tenemos a nadie ahora!
—¡Bien! Entonces peleemos solos, empieza a usar tus contactos para crear una nueva organización con personas medianamente útiles.
Con el tenso ambiente de las dos personas más importantes de la mansión gritándose el uno al otro, Renate y Sketchman entendieron que era su momento para retirarse. El trabajo finalizó de manera patética.
Caminando juntos por el pasillo. Sketchman y Renate estallaron en carcajadas al saber que no podían ser escuchados por sus jefes. La de ojos grises se limpió una lágrima.
—Nunca había disfrutado tanto una salida con Alexei.
—Zhu Qing se lo comió vivo. —Sketchman continuó avanzando mientras dejaba de reír poco a poco— La casa Vasíliev está en la cuerda floja. En cualquier momento habrá que encontrar una oportunidad para marcharse.
Renate no respondió. Eso no era posible para ella. Colocó su mano en el hombro del enmascarado al cruzar en uno de los pasillos.
—Iré a ver a Ausma.
—Cuídate, Rena.
Ambos se despidieron y Renate redujo la velocidad de sus pasos, repasando todo lo que había ocurrido hoy. La situación de la casa se encontraba peor de lo que esperaba, y mientras el jefe de familia se arrastraba por algo de apoyo, su hijo disfrutaba de emborrachar mujeres jóvenes para acostarse con ellas.
«No podríamos estar peor… Pero siempre ha sido así».
De nuevo, pensaba en irse, llevarse lejos a su hermana antes de que los pilares que sostienen a esta familia terminen de romperse y se lleven a todos con ella. Una visión apareció fugazmente en su mente, en ella, su hermana le leía un libro a Rachel, que estaba sentada de piernas cruzadas junto a Lindsy, mientras que los demás del grupo realizaban alguna idiotez o solo peleaban como siempre, mientras ella observaba todo con una sonrisa.
«Sería una buena vida… Sí, sería perfecta».
Pero al estar cerca del cuarto de Ausma, escuchó un fuerte golpe y los sollozos de una joven mujer. Ella se detuvo junto a la puerta. Bajando su mirada en silencio, era algo que ocurría usualmente, algo en lo que no podía intervenir. Misha Vasíliev, el esposo de su hermana no era diferente a los otros miembros de la familia del lobo. El hermano menor de Alexei era igual de despreciable. Desde que llegaron a esta casa y ese hombre le puso los ojos encima, no hubo nada que Renate pudiera hacer para cuidarla más que cumplir su trabajo al pie de la letra para conseguir el favor de Alexei y asegurar cierto bienestar para su hermanita menor.
Pero ese bienestar tampoco es que fuera asegurado. Se salvaba de recibir una paliza como las otras mujeres que no utilizaban aura en esta casa, pero con la mínima provocación que su esposo recibiera, Austra terminaba con algún moretón o cachetada que se notaría por días.
Renate se recostó a la pared inexpresiva, esperando que el hombre saliera de la habitación para consolar a su hermana. Entrometerse solo empeoraría la situación para su familiar, por lo que solo hizo lo que su padre adoptivo le enseñó desde que se unió a los guardaespaldas.
Con lágrimas formándose en sus ojos, Renate endureció aún más su rostro, inexpresiva, callada y sumisa, como siempre había sido, como siempre sería. No conocía otra forma de vivir que no fuera esta.
Zhu Qing, recostada en un cómodo sofá en su salón de trabajo frente a su escritorio, sostenía el teléfono analógico contra su oreja, mientras que con su otra mano le enviaba un mensaje a su adorada visitante que ya se habría marchado.
—La tapadera de Tailandia fue descubierta por Alexei, le dije que sería muy útil, señor Baskerville. —comentó la preciosa mujer con una sonrisa triunfante.
—Un falso positivo menos, todavía quedan dos más. ¿Qué fue lo que descubriste de Alexei?
La voz firme del hombre hizo temblar a Zhu Qing. Aunque ya habían hablado un par de veces, todavía se sentía algo nerviosa cuando entablaba una conversación con William A. Baskerville. Era similar a los nervios que sentía cuando su abuelo la regañaba hace tantos años.
—Él es el líder de los impíos y los financia.
—Dame algo que yo no sepa.
Hubo un silencio momentáneo, fue sorpresivo, pero Madame Zhu sonrió burlona y continuó.
—Claro, claro, quiso pedirme una alianza porque había perdido el control de los impíos. Lleva demasiado tiempo sin recibir respuesta por su parte.
—Entiendo. Entonces, sus recientes actividades están siendo dirigidas por otra persona, la pregunta es: ¿quién? ¿Él sabía?
—No, señor. —Ella corrigió poco después— No lo menciono, pero creo que, si supiera, lo hubiera insultado en medio de la conversación.
—Entendido, de eso me encargaré yo.
—No… ¿No lo castigará por su traición, señor? —preguntó temerosa de saber la respuesta.
—No, no por el momento, aprovecharé a los Vasíliev un poco más. Gracias por tu excelente trabajo, Zhu Qing, ahora, te enviaré dentro de poco la información sobre unas inversiones que necesito que realices.
—Será un placer, señor. Estoy para lo que necesite.
La llama terminó, y poco después recibió un fax que supuso era el otro trabajo que Baskerville solicitó. Miró al techo soltando un largo suspiro, sorprendida de los conocimientos de Baskerville, pero era algo de esperar.
—Dios… apenas va terminando el lunes y ya estoy tan estresada. —La líder de la casa miró su celular. No recibiría una visita hasta el siguiente lunes, por lo que asintió resignada y tomó los papeles para leerlos. Terminaría el trabajo lo antes posible.