—Es raro que una participante del evento quiera venir a hablarme. ¿Qué planeas? —cuestionó con curiosidad la joven.
—Para ser una niña, piensas cosas malas de la gente. —La maga cerró sus ojos. Aplacaba sus nervios en la medida de lo posible, no le era sencillo ante la presencia de la pequeña señorita. Jugó con su sombrero tratando de ocultarlo— Es, bueno, un placer conocerla y quisiera pedirle... Un favor.
—¿Qué puedo hacer por ti? —preguntó con un mejor humor. Intrigada por la audacia de su conocida.
—Présteme su poder, señorita Luz.
Luz Logan no entendió aquellas palabras. Ladeó la cabeza con confusión, observando a la maga de ropa morada bajar aún más su cabeza para ocultar su vergüenza.
—¿Qué?
—Présteme su operación... —Ellie jugó con sus dedos, luego agregó— Por favor.
La bomba no fue anunciada al pasar los diez segundos. Lawrence reía sin control, golpeando múltiples veces el hombro de Lindsy. La encargada del evento solo miraba las cámaras con fascinación.
Ao Bing, Lei Quiang y Ellie yacían congelados por completo. No solo ellos, toda esa zona del bosque fue cubierta por una inmensa capa de hielo.
—¿Cuenta como una victoria?... No. Están fuera del combate, pero la papa no puede elegirlos, tampoco puedo sacarlos... Que lista. —Lindsy aplaudió la estrategia de Ellie, un vulgar tecnicismo, uno muy grande al que le apostó sin saber que funcionaría, pero Lindsy lo permitió. Robó el micrófono de las manos de Lawrence para dar su anuncio—. El único problema es que le apostaste todo a Betty la fea y a la recién llegada... Cuanta fe.
Rachel levantó la mirada en cierta dirección, Engel la imitó. Las dos mantuvieron silencio hasta que su compañera de cabello rubio ceniza volteó hacia Rachel, esperando que le dijera qué sintió con su clarividencia.
—Ellie hizo algo. Ahora ella, Lei y Bing desaparecieron del radar. —Mientras esperaban ser encontradas por Zachary y Joao, Rachel había estado muy curiosa de los combates que ocurrían, así que aprovechó el tiempo para practicar más con su clarividencia y ver los resultados. Aunque su paciencia llegaba al límite porque Zachary y Joao se encontraron, pero no se movían de su posición.
"Debido a cierto tecnicismo de parte de Ellie Orión del Azul, los únicos participantes en pie son: Rachel y Engel del Azul. Zachary y Joao del Rojo. En un momento se anunciarán las siguientes papas".
—¿Qué habrá hecho la autoproclamada maga? —Engel sonrió alegré del desempeño de la maga latina. Los personajes más complicados habían salido de la ecuación; esto les dejaba un camino libre para enfrentar a Joao y Zachary—. Una pena que no quedaran solo Carol y Joao.
—¡Ja! Sigue soñando, ojalá tuviera tanta suerte. —Rachel respondió. Había localizado ya al dúo a enfrentar. Con su mano le hizo un gesto y ambas marcharon entre los árboles.
Beatrice avanzaba a la misma velocidad que la clarividente, observando el terreno a su alrededor, sin nada más que hacer, dijo lo primero que se le vino a la mente.
—La situación ahora es... Complicada —mencionó caminando a su lado—. Pros: Solo quedan dos enemigos a vencer. Contras: Somos nosotras las que tenemos que ganar.
—Podemos —Rachel respondió—, el más complicado es Zachary, pero no es invencible. Si yo sola pude darle problema, Trabajando juntas podemos ganar. —Rachel respondió, sintiéndose extraña de ser Engel con la que compartiera estas palabras.
—A sí que trabajando juntas ¿Eh? Sabía que no podrías hacer nada sin mí. —Engel arqueó una ceja con una sonrisa divertida, realzando su pecho ignorando el "pff" que Rachel soltó—. A mí me preocupa Joao. Si su operación cambió luego del flow, podría convertirse en cualquier monstruo extraño que se le ocurra: Una hidra, vampiro... ¿Quizás un dragón? Bueno, muchas otras opciones. Un oponente con tantos trucos desconocidos es más peligroso que un tipo que solo invoca cuchillas de diferentes tamaños.
—Supongo... —Rachel asintió, caminando con las manos en sus bolsillos, tratando de enderezar su espalda. No esperaba que la niña mimada supiera de monstruos. «Bueno, todos ven muchas películas».
Ambas cayeron en silencio otra vez. No habría palabras de ánimo, tampoco un plan demasiado elaborado. Solo eran dos operadoras de cuerpo a cuerpo tratando de hacer todo lo que les fuera posible.
"¡Las papas son Rachel y Joao!". Lawrence tomó de nuevo el micrófono.
Rachel arrugó su frente un instante. «Maldición... Bien, bien. Puedo darla en el último momento en caso de estar al borde de perder. Ahora mismo hay solo tres caminos posibles: Un empate, una victoria milagrosa o que perdamos de manera patética». Pensó Rachel. Si querían hacer ganar a su equipo y obtener un punto de más, Engel tendría que convertirse en la papa y luego dársela a Zachary; el problema era que, si Engel se convertía en la papa, Zachary podría escapar y sería imposible que ellas lo alcanzaran. «Pero no, él no huiría, tratará de humillarme frente a las cámaras por cualquier medio... Loco hijo de perra. Hará de todo para darme la papá y se llevará dos puntos».
—Engel, me encargo de Joao, tu pelea con Zachary.
—¿Qué? —Engel quedó visiblemente confundida.
—Sin Joao estorbando con sus transformaciones, podremos concentrarnos en Zachary. —contestó. Pasó su mano por su rostro, dejándole entrever su estrés.
—Tratemos de eliminar primero a Zachary, estará confiado por tener a Joao y, pues... —refutó la rubia de vestido rojo. No quería admitirlo. Aclaró su garganta y bajó su tono tanto como pudo— Enfrentará a dos de las tres más débiles. —Obviamente, en el puesto final de esa lista se encontraba Alice como la operadora más débil de los 12.
—... Claro... Seguiremos tu plan entonces. —Rachel le dio una sonrisa, antes de palmearse sus mejillas múltiples veces. Repetía una misma frase—. Sé positiva, sé positiva.
Engel no dijo nada sobre esa actitud de Rachel, solo la miró extrañada, cubriéndose la boca para no reír. Siguieron caminando en silencio. La danesa ocultaba su aura tan bien como podía, sorprendida del manejo de Rachel con sus emociones.
No alejaba su mirada de ella. Por más que tratara, no podía sentir nada relacionado con su aura o sus pensamientos, mientras, Rachel escondía todo a la vez que rastreaba a Joao y a Zachary. Poco a poco, la de vestido rojo abotonado bajó su mirada, fingiendo verse las botas y sus medias largas. «También sintió con demasiada precisión todos los combates que han ocurrido...».
—Qué fácil es ser la hija de Arthur... —susurró desviando su mirada, deseando una mínima reacción de Rachel
Rachel la ignoró. Ahora no tenía tiempo para discutir estupideces con Engel. Cerrarle la boca a Zachary era todo en lo que pensaba.
No fueron con prisa, no les beneficiaba soportar un combate largo. Rachel levantó su mano, indicándole a Engel que habían llegado luego de avanzar a cierto ritmo por menos de un minuto y medio. La de short negro y chaqueta azul fue la primera en salir de los árboles, llevándose el disgusto de ver a Zachary sentado sobre un tronco que había cortado. Joao sentado junto a él, siendo este el que se encontraba más impaciente de los dos. Eran sus puntos los que estaban en juego.
—Te habías tardado —dijo Zachary cuando vio a Rachel. Se levantó del tronco, al igual que Joao—. Sabía que vendrías. —No lo admitiría, pero escondió sus emociones y presencia tan bien como pudo, pero ella no parecía haberse esforzado en lo más mínimo para encontrarlos. Era aterrador para él.
—¿Engel?... ¿¡Con Engel!? —Joao exclamó confundido. Esto les facilitaba tener que buscar a la danesa, pero verla como dúo de Rachel era algo que Joao nunca pensó que ocurriría—. Bienvenidos al fin de los tiempos, señores.
Engel juzgó a Joao con su mirada, quedando todos en un corto silencio que se quebró al instante que Zachary materializó dos cuchillas de aura y se lanzó contra ambas rubias. Su objetivo fue Rachel, apuntó a su torso con la intención de acabar rápido, pero ella esquivó al último momento, como si supiera en qué momento Zachary atacaría, pues lo sabía a la perfección con su clarividencia.
El puño de Engel voló a su mejilla, Zachary le dio un breve vistazo a la par que agachó su cabeza esquivando. Un rodillazo fue a su rostro, pero el británico encorvado se movió a un costado, sintiendo silbar el viento en su oreja. «Mucho más lenta que Jack, también más débil, pero si me golpea directamente será un problema». No soportaría dos golpes directos de Engel. Miró de reojo a Rachel, que no iba a desaprovechar la oportunidad de atacar por la espalda.
—¡Rachel Ficks! —Joao exclamó el nombre de Rachel.
La rubia esperaba un ataque repentino, pero la única sorpresa fue sentir como su cuerpo quedaba paralizado. No podía mover sus brazos, piernas o su cabeza.
«¿¡Un poder nuevo!?». Rachel aprovechó que podía mover los ojos, observando a Joao. La vista que tuvo no fue la de un hombre con características salvajes, ni un fantasma: Su ropa cambió, llevaba una capa desgastada de color morado, con algunos agujeros, y mientras más bajaba, se notaban sus desgarres y tirantes. Su camisa y chaqueta se convirtieron en una armadura metálica de color negro con líneas blancas recorriéndolas. Lo más destacado era que de la palma de su mano emergía parte de un cráneo, de su boca una lengua de igual color hueso que se extendía cual látigo.
Zachary apuntó al estómago de Rachel. Engel pateó a su compañera en su costado, alejándola del camino de Zachary.
—¡Joao! ¡Hijo de perra! —La patada le regresó su movilidad. Evitó caer al suelo con un ruedo rápido, se levantó al instante y corrió hacia Joao mientras Engel desencadenaba golpe tras golpe contra Zachary.
El moreno los esquivaba con relativa facilidad, acertando rápidos cortes a los brazos de Engel antes de que pueda retraerlos. Realizaba alarde de su velocidad, cosa que solo molestaba a la danesa ojiazul.
Joao sonrió. No podría volver a utilizar su parálisis durante un poco más de tiempo. El coste de aura para paralizar a su enemigo era elevado. Buscó alejarse, pero fue alcanzado rápidamente por la velocidad superior de su perseguidora.
—¡Qué lento! —Se burló con una sonrisa. Vio el látigo dirigirse hacia ella y logró tomarlo, sintiendo que la palma de su mano fue atravesada por un hueso que se generó del látigo. Joao aprovechó el momento de dolor e impactó un golpe directo en el rostro de la rubia, seguido de una patada en su costado que Rachel detuvo con su otra mano. El látigo se envolvió solo en el brazo de Rachel, y Joao la jaló, obligándola a soltar su pierna.
—¡Lo compenso con otras cosas! —gritó Joao, teniendo a Rachel presa del látigo, terminó por alargarlo más para mover su brazo entero. El látigo jaló a Rachel, que buscó acercarse de nuevo. Había recordado este movimiento de la pelea entre ella y Andrei.
El cuerpo de la joven atravesaba los árboles, de no ser por su reforzamiento, habría recibido grandes daños, pero esto no era ni la mitad de lo que el ruso le había hecho. Una vez Joao trató de estrellarla contra el suelo, logró recomponerse para aterrizar de pie, jalando con su brazo libre el látigo blanco de Joao, ahora levantándolo a él del suelo para lanzarlo por los aires.
Joao estiró aún más el látigo, a la par, Rachel buscaba mantenerlo tenso y así regresarle el mal rato. Ella abandonó esa estrategia y corrió hacia donde Joao aterrizaría. Dirigió un golpe con todas sus fuerzas a la armadura, pero el cuerpo de Joao cambió a su vestimenta normal, desapareciendo aquel látigo. En ese momento, el impacto de Rachel lo atravesó, siguió de largo sin haber golpeado a nada y Joao se escondió dentro de la tierra en su forma de espectro.
—¡Agh! —Rachel soltó un gruñido de molestia. Desistió de Joao y regresó en un momento con Engel y Zachary. La danesa tenía obvios problemas, su cuerpo estaba lleno de cortes. Activó su clarividencia y se deslizó sobre el césped tratando de barrer sus piernas. Zachary saltó, evitando la barrida.
Se dio cuenta tarde de su error, Engel lanzó un golpe a su pecho, que él interceptó con las agarraderas de dos lanzas que generó justo a tiempo. El impacto lo alejó del peligro, deslizándose sobre la tierra.
Al levantar la mirada, las rivales, ahora aliadas, se plantaron frente a él. Rachel atacó por su izquierda con una patada, obligándolo a retroceder para evitarla, desvió con el mango una de sus lanzas un golpe de Engel rumbo a su rostro por su flanco derecho. Blandió su otra lanza a la par, obligando a Rachel a retroceder para no ser cortada. Engel entonces tomó una de sus lanzas y llevó su brazo hacia atrás.
«Estúpida». Zachary soltó sus lanzas, lanzándose al abdomen de Engel mientras generaba dos cuchillas de energía, con su velocidad cortaría antes de que ella fuera capaz de contratacar, pero una pequeña piedra golpeó su ojo izquierdo a una enorme velocidad. —¡Agh!
—¡Estúpido! —exclamó Rachel con burla. Había usado su clarividencia desde que se lanzaron de nuevo contra él.
Engel aprovechó ese momento, dirigiendo su golpe al rostro herido de Zachary, pero su cuerpo se paralizó ante el llamado de Joao.
—¡Beatrice Engel! —Justo a tiempo, había regresado a su nueva forma. Paralizando a la joven desde una distancia segura, ya había confirmado que así era demasiado débil como para entrar en un combate cuerpo a cuerpo.
Furioso, Zachary se propuso terminar el trabajo y empalar los intestinos de la danesa, de no ser porque Rachel se había lanzado contra él, abrazándolo por su abdomen mientras que con su pierna estirada pateaba a Engel para despetrificarla.
—¡Maldita molestia! —Zachary gritó en el suelo, enterrando sus cuchillas en los hombros de Rachel desde su espalda. No se detuvo ahí, en medio del grito de la rubia que se arqueó adolorida, generó una nueva cuchilla. Fue a clavarla. Sintió la frente de Rachel estrellarse con toda la fuerza que podía contra su nariz. El mareo detuvo la puñalada, luego siguió otro cabezazo, luego otro. Como pudo, enterró el cuchillo de aura en la espalda de Rachel. La rubia gritó nuevamente y luego fue repelida de encima de Zachary con un empujón.
El moreno rodó por el suelo, evitando un pisotón de Engel que apuntaba a su rostro. Se levantó de un salto y alargó su distancia, entre ellos. Se fijó momentáneamente en su nariz levemente torcida que no dejaba de sangrar. El dolor ardiente fue reemplazado por una furia ciega, dirigida a la rubia que se levantó por sí misma.
"¡La papá es de Zachary!" Anunció Lawrence con alegría.
Sus pupilas se encogieron, el moreno de ojos verdes no se había dado cuenta, pero Rachel lo había tocado con su mano y él solo la alejó de una patada. El rostro de Rachel, aunque cansado, se marcó una sonrisa juguetona mientras sacaba su lengua en dirección a Zachary.
—Perra. —dijo Rachel en voz baja, acompañada de la risa de Engel.
El brillo del aura de Zachary se intensificó. Sus ojos brillaron por un breve momento, pero volvió a la normalidad antes de que él pudiera darse cuenta. «¿Qué pasó ahí? Ese flow no duró nada». Pensó Rachel confundida, hasta sentir las intenciones traicioneras del cuarto combatiente.
—Joao. —Advirtió a Engel
Engel se dio la vuelta al instante que Rachel mencionó aquel nombre, evitando las garras del brasileño, que ahora tenía nuevamente las características de un animal salvaje. Esquivó con dificultad, mientras que Rachel saltaba a un lado.
«¡Esto va bien! ¡Va demasiado bien! ¿Qué queda? ¡Maldita sea, Lindsy, que explote ya!».
La puñalada en su costado interrumpió sus pensamientos. Zachary había logrado acercarse a una velocidad sorprendente. Rachel no tuvo tiempo de reaccionar.
—Basta de contenerse contigo. —Su desventaja era clara. Su habilidad estaba diseñada para matar, entonces, iría a matar. Giró su daga aún dentro del cuerpo de la rubia, que se aferró él con fuerza por debajo de sus brazos— ¡Suéltame!
Apuntando al centro de su espalda, Zachary intentó apuñalar a Rachel. Su rostro se contorsionó, escuchando el crujir de sus propias costillas luego de recibir el inesperado golpe de Engel, que había logrado zafarse de Joao por un momento para eliminar al más problemático.
Zachary se soltó de Rachel, quien inmediatamente llevó la mayoría de su aura hacia su pierna y pateó a Zachary en su otro costado. El resultado fue casi el mismo que un impacto directo de Engel, sus costillas recibieron un daño irremediable.
Aun con lucidez, se sostuvo con toda su fuerza de la pierna de Rachel, ignorando a Engel, que se alejó esquivando las uñas balas de Joao. Rachel, sorprendida, observó el decidido rostro ensangrentado de Zachary, que no apartaba sus ojos de ella.
—No voy a perder contigo. —dijo creando una nueva daga de energía, clavándola en la pantorrilla de Rachel luego de palmear su pierna. Poco después, materializó una lanza, que usó para golpear a Rachel en su pecho con la base que alargó mucho más de lo debido para lanzarla cerca de Engel.
—No es tiempo de descanso. —La danesa levantó rápido a Rachel de su hombro. Su mirada se suavizó al ver el rostro de Rachel. Su espalda estaba llena de sangre y apenas podía mantenerse de pie.
—¡Mierda! —Joao maldijo. Se lanzó hacia el dúo sin saber cuánto tiempo faltaba para que la papa explotara.
Zachary se mantuvo atrás con una sonrisa temblorosa. No le importaba el empate, Rachel perdería y él tendría dos puntos. Eso era todo lo que importaba. Esto era justo lo que quería.
Rachel puso su mano en la espalda de Engel antes de alejarse. Joao estaba por atacar a la danesa, pero el sonido de una explosión los detuvo antes de que empezaran con su combate.
Engel le guiñó un ojo a Joao mientras este recuperaba su apariencia humana común, entonces la voz de Lawrence resonó en el bosque.
"¡Engel y Joao pierden dos puntos! ¡Rachel gana dos puntos! Es un empate".
Las cuatro personas presentes mostraron diferentes expresiones al escuchar las palabras de Lawrence Logan. Engel frunció el rostro con confusión, Joao pensó que Lawrence se había confundido, Zachary miró al cielo con enojo.
—¿¡Qué!? — Zachary exclamó furioso. La risa de Rachel lo sacó de su estado y miró a la rubia tirada en el suelo.
—Ah, yo, pff, lo siento, Engel, pero ya sabes, ¿no? —Arrugó el rostro. Soportar el dolor proveniente de las puñaladas y el agujero en su mano del tamaño de una moneda solo era posible gracias a la enorme cantidad de aura que envió.
Engel se tocó la espalda, justamente donde Rachel la palmeó. Se acercó a la rubia, levantándola de su camisa a la altura de su rostro. Rachel no dejaba de sonreír.
—¿Por qué?... —Engel no entendía sus razones— ¿¡Por qué!? ¡Somos un equipo!... ¡Trabajamos juntas!
—¡Esto es un maldito concurso, Engel! ¡Y tú me odias! —Rachel respondió entre risas, dándole dos palmadas en su mejilla a Engel—. No lo tomes a mal, solo que, si debo escoger entre no conseguir nada o sacrificarte, prefiero la segunda opción.
Zachary escuchaba la conversación. Su aura fue extinguiéndose gradualmente. Dejó caer sus brazos, sin energías, sin ánimo. —Yo no pensé en esa posibilidad... —No creyó que fuera capaz. Vender a un compañero de equipo de esa forma... No, él tampoco lo pensó en ningún momento, si dijera que simplemente no creyó que Rachel fuera capaz, estaría mintiendo.
—¡Colaboré contigo! —Engel apretó más fuerte la ropa de Rachel. Sus ojos ligeramente— ¡Te ayudé a pesar de que te odio y me utilizas así! ¿Tu plan siempre fue arrojarme al barranco?
—Oh... Ooh, qué triste, qué dolor. Ahora mismo estás tan dolida, te sientes usada. Ay, qué pena. —Rachel, burlona, se llevó una mano a su frente mientras exageraba el tono de sus palabras— Pues adivina, Engel. ¡No me importa! ¡Lawrence, repite!
"Rachel Ficks obtiene dos puntos".
—¡Otra! —ordenó soltándose del agarre y estiró sus brazos a los lados.
"¡Rachel obtiene dos puntos!
—¿Lo oyes, Engel? ¿Me recuerdas cuántos puntos perdió Engel, Lawrence? —sonriente, se inclinó hacia Engel con una mano en su oreja.
"¡Engel pierde dos puntos y Rachel gana dos!". Lawrence al parecer fue interrumpido. Rachel dejó de sonreír, cruzando miradas con Engel. Dejó de usar su clarividencia, estaba harta de sentirse al borde del llanto en todo momento.
—Ven por mí en la siguiente ronda si tienes problemas con esto.
La victoriosa rubia se alejó al árbol más cercano. No se dignó a dirigirle una mirada a Zachary. Ya sabía cómo se sentía. Era patético. Se miró su mano, observando el césped a través de ese agujero que Joao dejó.
—¡Eso haré! —Engel apretó sus puños, atravesando sus palmas con las uñas levemente—. ¡Te voy a cazar! ¡Voy a hacerte comer tierra de nuevo! ¡No eres nadie sin trucos ni trampas! Hazte... ¡Hazte la importante todo lo que quieras, Rachel, pero no lo eres!... ¡No lo eres! ¡Solo estás aquí por ser la protegida de los Logan y la hija de Arthur!
Zachary miró de reojo a la danesa desesperada, concentrándose en la sangre que derramaban sus puños. Joao le colocó una mano en su hombro, buscando consolarlo. Aunque el brasileño no entendía por qué era tan importante para él derrotar a Rachel, sabía que esta pérdida le golpearía justo en su ego.
—Tranquilo, amigo mío... Pero, te recomiendo que, si quieres ganar puntos, dejes de concentrarte en Rachel. —Comentó Joao, pero su amigo parecía perdido en sus propios pensamientos.
—¡Voy a romperte! ¡Vas a caer arrodillada ante mí! —Engel continuaba gritando, siendo esta la única forma de calmar sus emociones.
Con la llegada de Louis, Rachel pudo atravesar el árbol con una amplia sonrisa en su rostro, dejando atrás los gritos de su compañera.
Primeros puestos:
Ao Bing: 4 + 2 = 6
Jack: 7 - 2 = 5
Tres puntos:
Zachary = 3
Ellie: +1 + 2 = 3
Dos puntos:
Rachel: + 2 = 2
Taara 2: + 2 - 2 = 2
Cero puntos:
Alice, Joao, Ne Zha, Taara, Carol, Lei Quiang, Engel = 0
Todos los presentes observaban la tabla, ya sea con orgullo, desilusión u odio. Siete de los participantes se encontraban en una situación grave, realmente grave. Lei Quiang y Ne Zha apenas y podían imaginar qué les diría Zhu Quing al volver. Joao soltó un suspiro pesado antes de tomar un largo trago de su cantimplora, había sido demasiado bueno tener que estar fuera del último puesto. Alice salió de la habitación luego de patear una silla. Carol miró unos momentos la tabla antes de regresar a leer manga en su celular.
—Segundo puesto... Nada mal. —Jack miró al asiático de delineador azul, ofreciéndole un apretón de manos que Ao Bing correspondió—. Así que, agua. Tiene sentido que puedas cambiar de esa forma tu operación. Lo tendré en cuenta... Peleaste muy bien.
—Tú igual. —Ao Bing alejó su mano, agachando su cabeza en una reverencia—. Casi toda la pelea creí que me derrotarías. Tu nuevo control sobre la carne es problemático, me engañaste con lo de Carol.
Los gritos de Taara interrumpieron a ambos jóvenes, que dejaron de hablar y voltearon a ver a la india. Las manos de la joven pelinegra con un punto rojo en su frente envolvían el cuello de la maga latina, asfixiándola ligeramente.
—¡Pequeña bastarda! ¡Me quitaste mis puntos! ¡Yo debería tener cuatro puntos! ¡Cuatro! ¡Four! ¡Quatre! ¡Vier! ¡Quattro! —gritó sin aflojar su agarre.
Fueron los últimos en salir. Necesitaron curar a Ne Zha para descongelar el hielo que había invocado Ellie para sacar a Ao Bing de la ecuación. Este último estaba demasiado avergonzado, pues fue derrotado por... Hielo, su propio elemento.
—Taara... Taara, ¡paz y amor! Es solo un número. —Ellie levantó dos dedos en señal de "paz". No estaba siendo asfixiada de verdad. Disfrutaba cómo Taara exageraba las cosas para que fueran más divertidas—. Confié en Rachel y Engel, gracias por no decepcionarme.
—Qué fácil decirlo cuando tienes más puntos que yo —se quejó Taara con mal humor, aflojando su agarre.
Ellie se alejó de la triste joven astrómante, acercándose a Rachel, que seguía acostada en cama con vendajes en sus hombros. Las cicatrices dejadas por Zachary no desaparecerían tan fácilmente.
El británico y la danesa abandonaron la habitación poco después de ver la tabla, Zachary ya había sido tratado de su ojo, por lo que no debía preocuparse. Nadie buscó detenerlos, aunque Taara sintió la necesidad de hacerlo, pero las personas manejaban la derrota de diferentes maneras.
—El placer es mío, Ellie. Qué bueno que ascendieras al cuarto puesto. —Rachel cerró sus ojos satisfecha. Sintió como la morena revolvió su cabello antes de cubrirle el rostro con su enorme gorro puntiagudo.
—Será interesante para mí ver los videos. Asegúrate de ver mi parte. —Ellie corrió con Taara y Lei Quiang, tomándolas de sus brazos para sacarlas del cuarto. Quería correr con ellas a buscar a los demás y confirmar si Lawrence se encontraba en la casa-gato.
Rachel se levantó, colocándose el sombrero que Ellie le había dejado. Mary se recostó a la puerta abierta, observando cómo Rachel se miraba al espejo con una sonrisa.
—Te queda bien el sombrero —comentó. Rachel la miró de reojo—. Esas cicatrices en tu espalda... Zachary se pasó un poco, tendrás unas marcas no muy notables un laaaargo tiempo.
—No importa. Serán un lindo recuerdo de hoy. —Rachel trató de mirar por sobre su hombro, levantándose la camisa, pero no alcanzó a ver nada. «Luego le pediré a Lindsy que me saque una foto». Pensó, luego miró su mano, su palma ahora tenía una marca que tampoco desaparecería. Mary le dijo que tenía suerte de haber sido ella quien la curase, o tendría marcas aún peores—. Al igual que la de mi abdomen.
—Bueno, es una buena forma de verlas... Sí, concentrarte en lo positivo.
—¡Ser positiva! —Rachel apretó el puño al levantarlo al aire, con fuerte convicción.
Mary Scott no podía creer que ella fuera la misma jovencita que insultó a las grandes casas de la operación. Salió de la habitación, poco después, Rachel salió acomodándose la chaqueta. Lindsy estaba recostada junto a la puerta, esperándola como siempre. Rachel ladeó ligeramente su cabeza y la observó con ternura, notando rápidamente que la pelinegra no estaba tan feliz que digamos.
—¿Lindsy? —Rachel la llamó extrañada.
—¿Estás bien? —Lindsy la miró de reojo. Se alejó de la pared para tomar las mejillas de la rubia, levantándole ligeramente el rostro para tener contacto visual con ella.
El rostro de Rachel se enrojeció, pero no tardó en asentir con la cabeza.
—S-sí, estoy bien, no es tan grave como parece. —contestó sin apartar la mirada, pero Lindsy negó con su cabeza.
—Sí, eso me alegra mucho, en serio. —Lindsy sonrió, acariciando las mejillas de la más baja—. Pero, me refiero a... Bueno, ¿qué fue eso del final?
Rachel arqueó una ceja, buscando en su mente a qué se refería. Rápido se dio cuenta de que era su actuación final frente a Engel. Soltó una risita, negando con la cabeza, tomando a la alta princesa de sus caderas para acercarla más.
—Solo quería molestarla un rato. No te preocupes por eso.
—Fuiste muy parecida a papá en ese momento, incluso tuve que detenerlo.
—Ay, pero tampoco me insultes.
—Perdón, perdón.
—Engel fue peor conmigo en la primera ronda. Estamos a mano ahora.
—Supongo...
Rachel notó que su amada continuaba dudosa. Se acercó para plantar un tierno beso en su mejilla, sacándole una ligera sonrisa. Ambas se tomaron de la mano y caminaron rumbo a la gran sala de la casa.
—Hablando del bastardo de tu padre, ¿está aquí todavía?
—Sí, Arthur nos llevará... Felicidades por tu victoria, por cierto. —Lindsy volteó su rostro. Aquella sonrisa angelical derritió el corazón de Rachel. La rubia ojiazul se dio cuenta de que había valido la pena todo el esfuerzo y el sufrimiento si al final del día podía obtener esa sonrisa divina.
—Excelente, tengo que hablar con Lawrence sobre algo importante... —agregó Rachel, despertando la curiosidad de Lindsy.
—Por cierto, ¿estudias en Hogwarts? —Lindsy bajó el sombrero que Rachel tenía puesto, cubriéndole parte de su rostro.
—Deja. Es el reconocimiento de una maga que confió en que ganaríamos —contestó la rubia volviendo a acomodar el sombrero.
En la sala blanca de entrenamiento, Renate Dzelme, Fred Mitchell y Lawrence Logan observaban a la rubia. Los tres estaban sentados alrededor de una mesa redonda que habían traído. Lawrence por alguna razón había insistido en enseñarle a Rachel cómo jugar algunos juegos de cartas y ella no vio ningún problema en aceptar, mientras no estuvieran solo ambos.
—Tu desempeño fue asombroso, eres un buen apoyo, Rachel. —Renate colocó una carta boca arriba—. Eres un excelente soporte, supondré que alternabas en leer a Zachary para evitarlo y a Engel para realizar ataques en conjunto.
—Ajá. —Ella contestó concentrada en las cartas. No prestó la suficiente atención a las reglas que le explicó Lawrence—. Fue increíble.
—Con algunas puñaladas, pero mira, humillaste a la danesa del demonio. —Lawrence se unió a la conversación, estaba por encender un habano, pero las fulminantes miradas de sus compañeros de juego lo detuvieron—. Ya, ya. ¿De qué me sirve tener puros importados si no puedo presumirlos? Ustedes son ignorantes, ¿saben qué es esto? Un Cohiba Behike BHK 52. Desde Cuba. Una caja con diez de estos son 3000 dólares.
—Métete el puro por-
—Lenguaje. —Renate interrumpió a Rachel, provocando una ligera risa en Fred apenas se dio cuenta de que Rachel de verdad se quedaría callada.
—Cualquiera que pueda domar así a la señorita Rachel es digno de elogio —comentó Fred—. De seguro usted sola domaría a una manada de lobos.
—¿Estás coqueteándole a Renate, Percival? —Lawrence se recostó a la mesa con una sonrisa enorme—. Qué buenos gustos, hijo de perra.
Rachel y Renate rodaron los ojos ante las palabras de Lawrence. Fred decidió ignorarlo, llevándose una mano a la frente como si se preguntara qué clase de males habría hecho para que su jefe tuviera la personalidad de un niño de quince años con mucho dinero.
—Muchas gracias por la observación, señor Fred. —Contestó Renate con su usual y perfecta inexpresividad mientras se apartaba ligeramente el flequillo de su vista.
—Renate es la mejor maestra del mundo —Rachel hizo una intromisión— Y creo que es hora de por fin llegar a la fase más importante de mi entrenamiento, ¿no creen?
Lawrence levantó su mirada de sus cartas, al igual que Renate y Fred, luego todas las miradas fueron a Lawrence y acabaron en Renate, la maestra de Rachel. En ella recaía la última palabra. Duró unos momentos en silencio y asintió.
—En dos semanas iniciará el tercer evento —anunció, luego prosiguió, dándole una sonrisa a su aprendiz—. Antes de que ese tiempo termine, aprenderás a usar una operación.
—¡Sí! —Rachel no ocultó su emoción, por más que pensara lo horrible que sonaba el término "operación", poco después, miró a Renate— Por cierto, había algo que me molestó durante el combate. ¿Viste el video?
—¿El flow interrumpido? —Intentó adivinar, al ver a Rachel asentir, prosiguió— Es algo que puede pasar, lo más probable es que la mente de Hill estuviera revuelta. Comparémoslo con un corredor que inicia muy bien una carrera para tropezarse a los diez pasos. Es probable que él perdiera su motivación o cambiara drásticamente el objetivo que dio pie a ese momento.
—Entonces, su flow no se dio por completo... —Rachel asintió agradecida. Cada pequeño dato que obtuviera ayudaba a su crecimiento. Sacó su celular para enviarle un mensaje a Carol sobre la información que obtuvo. «En caso de que no sepa esto».
En una habitación del segundo piso de la mansión Logan, un impaciente Zachary miraba por la ventana. Golpeaba repetidas veces el suelo con su zapato, ignorando el gesto que Joao, quien estaba sentado en un sofá al otro lado de la mesa, realizaba con su mano para indicarle que hablasen. No tenía nada de qué hablar sobre lo ocurrido.
—Esto... Solo es un contratiempo —dijo al fin—. En la siguiente prueba seré mucho más efectivo.
—Zachary, basta.
—¿Basta? —cuestionó arqueando una ceja.
Joao dejó su cantimplora metálica en la mesa de cristal, arrugando ligeramente su frente.
—Entiendo que... Bueno, no, no entiendo tu odio sin fundamentos y tu repentina obsesión con la chica Ficks.
—Te lo expliqué dos veces. ¿Estás ebrio?
—¡Hermano! Quieres abrirle la garganta sin razón. Esto es una cacería de brujas de Salem, ¿sabes por qué? ¡Porque no hay ninguna puta bruja!
—¿No? —Zachary resopló indignado, casi sorprendido. Una sonrisa se formó en su rostro a la par que negaba con su cabeza—. Esa chica es un peligro para nuestra ya muy, muy, ¡muy frágil comunidad!
—Estás en el tercer puesto, Zachary —Joao levantó tres dedos—. Pero no es que haya mucha diferencia. ¿Quieres ganar? ¿Quieres pedirle algo a Lawrence Logan?
—Claro que quiero.
—Ordena tus prioridades entonces. —Joao recuperó su cantimplora y bebió un buen trago. Después de limpiarse los labios con la manga de su camisa, lanzó la cantimplora a Zachary— Soy tu amigo, acepta los consejos que te doy. Basta.
Zachary relajó su expresión. Bajó los hombros asintiendo con la cabeza ante las palabras de su mejor amigo. Apretó con fuerza la cantimplora y, como pudo, bebió todo su contenido de una sola vez. Incluso el brasileño abrió de más sus ojos.
—... Gracias. —Zachary levantó un poco su mirada. «No entiendo por qué no puedes verlo, Joao». Pensó. Le regresó su preciado objeto—. Trataré de... Centrarme más en lo que de verdad importa.
—Quedan cuatro juegos... Todo puede pasar en esos cuatro juegos. Así que concéntrate.
Los ojos verdes del moreno regresaron a la ventana a su lado, observando el patio donde apenas ayer Rachel recibía entrenamiento de parte del mismísimo destello blanco. Entrecerró sus ojos, incapaz de apartar a la rubia de su cabeza.
«Hallaré la manera...». Pensó Zachary. No era del tipo de personas que abandonaban un objetivo. No dejaba trabajos a medias.
—Tu forma Dullaham es muy lenta, mejórala rápido. Yo digo que en dos semanas puedes sacarle provecho e ir creando otro monstruo más.
—¡Tú fuiste el que no aprovechó las oportunidades! —Joao exclamó molesto— "Tranquilo, Joao, yo puedo solo", dijiste. ¡Incluso te dije que antes de acostumbrarme bien sería un inútil!
—Qué rencoroso. —Zachary se levantó, yendo en busca de otra botella. No tenía ninguna intención de pasar sobrio la noche.
Los toques en la puerta despertaron al albino. River decidió quedarse dos días, el tiempo libre que se le había permitido mientras su hermano se encargaba del problema reciente que ocurría con los Impíos. Se sentó en la cama mientras se estiraba, llevaba durmiendo toda la tarde.
—Ah... Ya voy, ya voy. —Levantó un poco la voz. Molesto por haber sido despertado, caminó hacia la puerta y la abrió. Recibiendo a una maga de ropas moradas. La reconoció de inmediato—. Ooh, eres la latina... ¿Ali?
—Ellie, señor. —Con su sombrero recién recuperado, ella se lo quitó en señal de respeto frente a uno de los operadores más poderosos, según lo que había investigado— Este... perdón por despertarlo, pero quería pedirle un favor.
River se recostó a la puerta, algo interesado en la petición que la morena iba a realizar.