«Papá va a matarme. Me va a encerrar en la casa, no me dejará completar mis estudios y me va a quitar todo como descubra que utilicé aura en la escuela. ¡Pero no es mi culpa! No podía dejar morir a Ray a manos de Jazka. El muy imbécil me hubiera matado si no la utilizaba.»
La mente de Lindsy Logan era un revoltijo.
Además de sus pensamientos, el único sonido que llegaba a escuchar era el de sus zapatos contra el suelo. Todo el pasillo continuaba en total soledad, pero eso no era ninguna molestia para Logan.
Su más grande molestia era Jazka.
—Ojalá Rose y Dexter también conserven el secreto. Debo decirles que lo mantengan. —Dijo Lindsy. Nadie escuchaba su angustia, daba gracias por eso. Hablaría con ambos cuando todo este asunto terminase.
Se reprochó a sí misma que debió hacerlo antes. Los Erradicadores de impíos eran un grupo que llegaría al extremo por atrapar a más Operadores que rompieran las reglas, si tuviera que clasificar a su familia, ellos serían el boleto dorado escondido. Su padre tenía fama entre los Operadores y era una pieza fundamental entre sus filas.
¿Poner en peligro a su familia por evitar la muerte de sus compañeros de clase era un acto egoísta? Se preguntó, rápidamente recordó que no lo era. Defender al débil e inocente siempre ha sido uno de sus principios desde que era solo una niña, pero no podía evitar sentirse nerviosa por el resultado de lo ocurrido. Aunque no había sido capaz de proteger a Ben por su indecisión.
«Ignóralo, concéntrate, no dudes y ten fijo tu objetivo. Todos te necesitan, Rachel te necesita... Oh, Dios. ¿Por qué dejé a Rachel sola? Debí traerla conmigo en caso de que algo malo ocurra.»
No importó cuánto lo intentara, mantuvo en su mente los peores escenarios que eran capaces de ocurrir. Hasta que por fin dio con aquella puerta familiar. La enfermería estaba justo delante de ella. Pocas veces estuvo ahí: La vez que se sintió enferma hace un año o dos y le dieron unas pastillas para el dolor y hace mucho tiempo, cuando era una niña, en el horario de la mañana.
Había entrado a la escuela un poco tarde, por su propia petición a su padre. De no ser porque ella quería, hubiera continuado estudiando en casa, pero luego de algunas series de comedia, no podía evitar querer asistir a la escuela, tener muchos amigos, una anhelada vida relativamente normal. Donde por 7 horas ella solo era una estudiante cualquiera. Su padre aceptó luego de una gran discusión que duró casi dos horas, y entre gritos, obtuvo su permiso.
«Ahora que lo recuerdo. No me enfermé de verdad.» Únicamente, quería faltar a una obra de teatro por pánico escénico, cosa que no funcionó y ella agradecía aquello.
No tocó la puerta. Entró a la enfermería concentrada en sus alrededores, lo primero que escuchó fue el agudo chillido de pánico proveniente de una mujer escondida bajo la camilla pegada a la pared. El cuarto era algo pequeño y solo tenía esa camilla, un dispensador de agua, herramientas y objetos típicos de un cuarto de medicina, como pesas, máquinas para medir estatura y algunas vitrinas con pastillas.
—¿Enfermera?
—¿Quién está ahí? —preguntó con temor la mujer de bata blanca típica de un hospital. Su cuerpo temblaba sin parar y sus manos sostenían los tubos de soporte con fuerza.
Lindsy se acercó con precaución, arrodillándose. No sabía su nombre, pues la vieja enfermera a la que Lindsy conocía ya se había retirado hace dos años. Ahora su puesto era ocupado por una mujer asiática de cabello negro, quizás tenía diez años más que Lindsy, lucía muy joven.
La afilada mirada de Logan puso más nerviosa a la enfermera. Sentía que la adolescente la estudiaba con precaución, pero, como un animal tomando confianza, asomó un poco su cabeza.
—¿Qué ocurre allá afuera? —preguntó soltando la camilla, gateando afuera para luego levantarse—. Hay fuertes ruidos, golpes.
—¿No salió a revisar qué ocurría? —cuestionó Lindsy con curiosidad. Llevó las manos a su cintura, observando cómo la mujer empezó a jugar con sus temblorosos dedos.
—¡Me amenazaron! —gritó alterada—. ¡El director me amenazó para que me quedara aquí o me iba a matar! Él llevaba un arma.
Las lágrimas recorrieron las mejillas de la pálida mujer. Ella se limpió con su manga blanca. Lindsy se sintió mal por la pobre enfermera, podía imaginar cómo se debería sentir al estar encerrada, amenazada y asustada.
—Mire... señorita. —No sabía su nombre, y esperaba que ella se lo dijera.
—Bai Zhu.
—Señorita Bai Zhu. —Relajó su tono, acomodando en su cabeza todo lo que había pasado—. Digamos que ahora mismo la escuela está bajo un ataque terrorista. ¿Verdad? Algunos estudiantes logramos fugarnos y ahora estamos dirigiéndonos a donde nos quitaron nuestros celulares. ¿Dónde cree que pueden estar?
—¿Ah? —Esa explicación dejó helada a la mujer. Quedando con su boca abierta— ¿Un ataque terrorista? ¿¡Por qué!? Esto es una escuela, aquí solo hay niños, solo hay niños y maestros.
Lindsy tomó el brazo de la mujer cuando la pelinegra de largo cabello hasta la cintura empezó a respirar con dificultad. Acarició su espalda buscando calmarla y acercó más su cuerpo al de Bai Zhu.
—Enfermera, enfermera. Cálmese. Si viene conmigo estará bien, se lo prometo. Hay más estudiantes conmigo, pero nadie se puede mover y necesitan medicinas, el problema es que yo no sé qué llevar. —Mantuvo fija su mirada en los ojos de la mujer. Casi parecía rogarle por su ayuda— Venga conmigo. Ayúdeme y yo la ayudo a salir de aquí a salvo.
Bai Zhu dudó por un momento y asintió. Quitó los rastros de nuevas lágrimas y los mocos que salían de sus fosas nasales. Lindsy se sintió algo asqueada, pero no realizó expresión alguna que lo demostrara.
—Bueno... Bueno, ¡voy a ayudar!... Ohm. —Ella alejó su cuerpo, pensativa. Buscó una caja de cartón entre las estanterías. Lindsy observó cada medicina que tomó— Llevaremos para el dolor. Fiebre, vendas, pomadas para cortes y quemaduras. ¿Hay alguien con condiciones especiales?
A Lindsy le parecía una excelente pregunta y, sonriente, negó con la cabeza. La enfermera, al guardar todo, se acercó, notó que no había vendas.
—Querida... este.
—Lindsy.
—¿Buscas en el gabinete junto a la puerta? Ahí abajo hay más vendas.
—¡Enseguida!... Además, ¿tiene algo para beber? Muero de sed.
Lindsy se agachó y, en efecto, el gabinete estaba lleno de vendas, alcohol y otras cosas. Llevó algunas a la caja y la mujer le ofreció el vaso con agua que bebió sin dudar para calmar su sed. Ambas salieron del lugar al tener todo listo.
Caminaron por el pasillo, una al lado de otra, y era la enfermera quien llevaba la caja. Lindsy sentía que las cosas mejorarían. Todo lo que la Bai Zhu llevaba le sería útil. Lo primordial que vino a buscar: las pastillas para el dolor estaban incluidas.
—Oye, Lindsy, ¿Dónde están los estudiantes heridos? —preguntó Bai Zhu. El esfuerzo de llevar la pesada caja se notaba en su voz.
—Todos están en el tercer piso —respondió cortante—. No respondiste mi pregunta anterior. ¿Dónde crees que estén los celulares?
—Pero ¿Cómo voy a saber eso?... Si el director se los llevó, lo más probable es que estén en la dirección, ¿no?
—Supongo... Sí, deberían estar ahí.
La enfermera notó las pausas al hablar de Lindsy, y cómo sus pasos fueron yendo cada vez más despacio. La joven de ojos verdes observó a su alrededor con confusión y se recostó a la pared. Con una sonrisa, Bai Zhu se acercó a ella, dejando la caja en el suelo del pasillo.
—¿Lindsy? —Casi canturreó el nombre de la joven somnolienta. Sintió satisfacción al notar cómo de la boca de la pelinegra escapó un sonido que buscaba volverse una palabra, pero algo la detenía a formar un "¿Qué?"— Lindsy, ¿qué te pasa, mi niña? ¿Te sientes mareada? ¿Tienes sueño?... De seguro ya ni puedes entender lo que te estoy diciendo.
Bai Zhu jugó con su propio cabello, enrollándolo gentilmente en su índice. Observando a Logan caer sentada al suelo. El veneno que había dejado en su agua hizo efecto un poco más rápido de lo que predijo, pero no se quejaba. Lindsy, por más que trataba de hablar, de su boca solo salían ruidos extraños sin nada de fuerza. En cualquier momento caería dormida.
—Eres una niña tan dulce, en serio. Tratando de hacerme sentir mejor y consolarme. —Aquella enfermera levantó las comisuras de sus labios en una pequeña sonrisa. Con cariño, acarició la mejilla de Lindsy, hasta que la joven cayó de lado, cerrando sus ojos. Había suministrado una gran cantidad de un poderoso veneno dentro del vaso de agua. Ella estaría muerta en unas horas— Gracias, Lindsy. Es hora de ir por tus queridos amigos.
Con un silbido en forma de una alegre melodía, la mujer se agachó para tomar la caja. Debía volver por algunas jeringas y un bisturí o dos. Tuvo información suficiente como para saber que podía ir a divertirse sin ningún problema. Podía solo llegar con los estudiantes malheridos y jugar con ellos un buen rato, teniendo suerte, Rachel estaría entre ellos.
—¡Qué emoción! ¡Qué emoción! La jefa estará encantada de que le lleve a Rachel sedada hasta los dientes. Puedo envolverla en una cinta de regalo y que ella luego la corte en pedazos.
Un empujón desde atrás aventó contra el suelo el rostro de Bai Zhu. Su sorpresa fue grande, aún más fue el dolor. Algo evitaba que alejase su rostro de la fría cerámica, pero su boca se llenó del horrible sabor a sangre con velocidad y de seguro su nariz ahora estaba rota. Gimió de dolor sintiendo como una mano tomaba su cabello, restregándola contra el suelo. Su piel se erizó al escuchar la voz calmada de quien le causaba todo este tormento.
—Ustedes son peligrosos. Imposibles de reconocer —dijo Lindsy. Mantenía una fría inexpresividad en su rostro. Si sentía culpa por lastimar a una mujer que al parecer no sabía lo que hace, esa culpa no era visible—. Me llevaste a ponerme en peligro para descubrirte... pero, no recuerdo haberte dicho nunca que el director fue quien nos quitó los celulares.
La mujer pataleó para soltarse. Desesperadamente, trató de alejar su cabeza del suelo, ese brazo no retrocedía ni un centímetro. La fuerza de la joven era abrumadoramente superior a la de ella, que era un adulto totalmente sano. Dejó escapar un alarido de su garganta al no ser capaz de soportar el dolor en su rostro.
—¿¡Por qué sigues despierta!?
—Soy inmune a la mayoría de los venenos y sustancias maliciosas —respondió—. Aunque, llenaste tanto el agua con veneno que en serio me sorprendí. Me ibas a dejar morir ahí tirada... Qué cruel.
La mano soltó su cabello. Entre gritos, Bai Zhu se alejó a un lado. Observando a una Lindsy agachada, siendo rodeada por un aura morada.
—¿Inmune a los venenos?... No, mentira, ¡eres un demonio! —Cómo pudo, se levantó ignorando el dolor en su rostro. Retrocediendo hasta chocar con la pared del pasillo. No apartaba su mirada de Lindsy, quien parecía no estar interesada en ella, pero esos ojos verdes se clavaban en la mujer, provocando que su cuerpo no parase de temblar.
El miedo inundó su cuerpo, sintiéndose insignificante y pequeña ante la enorme presencia tan atemorizante que emanaba la impasible de ojos esmeralda. Su piel se erizó, su respiración se volvió brusca, el abrumador terror paralizó su cuerpo casi por completo. Sin realizar ninguna expresión o movimiento, Lindsy Logan se había convertido en una bestia, sedienta de sangre.
—¿¡Quieta!? ¿No quieres dañarme, verdad?... ¡Tú eres una buena persona! No quieres lastimar a los demás.
En un momento se acortó la distancia entre ambas. Al sentir cómo era tomada de su rostro y presionada contra la pared, Bai Zhu dejó salir un grito ahogado al sentir un viscoso líquido en la palma de Lindsy, el dolor al sentir cómo su cabeza parecía que reventaría era insoportable. Trató de escapar, como un ratón de la mandíbula de una serpiente.
—Ahora sé que compartimos la misma afición por los venenos. Déjame mostrarte los míos, enfermera.
No pasó mucho tiempo antes de que los intentos de Bai Zhu para liberarse perdieran sus fuerzas. Trató de hablar, pero ninguna palabra pudo entenderse gracias a su entumida lengua, poco a poco perdió sus fuerzas, siéndole dificultoso mover su mandíbula. Sus párpados se sintieron pesados y, tras constantes parpadeos, lo último que vio antes de caer dormida, fueron los brillantes ojos verdes de Lindsy. Que aún se mostraba inalterable ante la situación.
Luego de ver dormida a la enfermera, Lindsy apagó su aura. Ya no corría ningún tipo de peligro con ella dormida por varias horas, eran tres los seguidores de Adarza derrotados: Albert, Francis, ahora Bai Zhu. No dudaba de Jazka, sabía que el director Daniel se uniría a la lista muy pronto, y solo quedaría enfrentar a tres más.
—...
Apartó su mirada. Mentir y manipular no era lo suyo, pero así eran los duelos entre operadores. El mentiroso más hábil se llevaba la victoria. Nadie que no sea de su salón, a excepción de Jazka y Alice, era de fiar. Tuvo la suerte de que trató de envenenarla en vez de atacarla con un arma, hubiera sido un peligro mayor.
Dejó atrás el tema y el cuerpo de la enfermera, tomó la caja con cuidado y salió de vuelta con los demás.
Junto a los demás heridos, Rachel caminaba de un lado a otro, hacía poco que Lindsy partió. La inquietud no le permitía pararse en un lugar a esperar, además del dolor renaciente en su rostro que provocaba un gran estrés. Los golpes causados por Adarza ardían y palpitaban como si los acabara de recibir.
«Esperar en momentos como este se siente espantoso. ¿Cuánto ha pasado desde que Lindsy se fue? O ¿Cuánto ha pasado desde que todo esto comenzó?», pensó Rachel sin detener sus pasos. «Ojalá vuelva pronto, ya me duele mucho el rostro y los hermanos Patterson están demasiado heridos».
No buscaba la razón por la que la dejó aquí, supuso que, con ella, los hermanos, Dexter, Clara y Rose estarían más seguros. Dos no podían ni estar de pie, mientras que Dexter y Clara obviamente no eran peleadores y no sabía mucho de Rose, pero por cómo sostiene el bate, ella suponía que mínimo le dará golpes a todo lo que trate de atacarlos, sepa pelear o no. «Ja, se decepcionaría al saber que no sé pelear, también soy peso muerto».
William era otro caso aparte. No tenía ánimos. Su mirada se encontraba perdida en algún lugar que no eran estos pasillos. Rachel asumió que fue por perder a sus dos amigos, y de eso de seguro no se iba a recuperar nunca.
Ella no lo entendía. Nunca vio morir a nadie cercano justo delante de sus ojos. Algo de lo que estaba agradecida. Se preguntaba cómo ayudar a alguien a quien no entendía. Llegó a la conclusión de que lo mejor era dejarlo solo.
—...
Antes de notarlo, ya estaba sentada junto a William. Abrazando sus propias rodillas, ocultando su rostro en sus muslos. Los ojos tristes del más alto la miraron por un momento, confundidos, luego regresaron a ver la pared y William se perdió nuevamente en sus pensamientos.
—Ajá... Y... ¿Hey? ¿Me cuentas qué pasó?
—¿Para qué? Si a ti no te interesa.
Se sintió algo ofendida, pero era la verdad. Ya suponía todo lo que había pasado, quizás no cómo ocurrió todo, pero era bastante claro. Quizás no había hecho la pregunta correcta. Tras una pequeña pausa, dudaba si interrumpir el silencio. Tenía curiosidad por su conversación anterior con Grace, pero no sentía que debiera indagar en lo ocurrido.
—¿Por qué estás enojado con Grace?
Su pregunta sin rodeos detuvo la respiración de William por un momento. Gruñó molesto, apretando su pantalón, pero no fue capaz de gritar o mantener la rabia por mucho tiempo. En su lugar, dejó caer su cabeza con un resoplido.
—Me esperaba mucho de ti, pero de paso de todo lo malo, ahora hay que agregar chismosa.
—Jódete.
Ninguno se miró, Rachel dio por perdido su intento de reunir información, pero cuando estaba por levantarse, William comenzó a explicar.
—Él no dejó que le cortaran el cuello a la mujer pulpo que mató a Richard y Alex... ¿Por qué? —preguntó con dolor. Observó la sorpresa en el rostro de Rachel— ¿Acaso su vida vale lo mismo que la de nosotros? Ella mató a nuestros amigos mientras se burlaba, fuera por un error o no, ¿de verdad dejarla vivir es lo correcto?
Rachel dudó en responder. Levantó sus labios y entornó sus ojos con disgusto ante la pregunta. No quería responderle "No tengo idea" o "Debieron cortarle el cuello"; buscaba animarlo, aunque lo considerara un idiota.
—Yo digo que... Grace está siguiendo su forma de pensar —dijo Rachel sin estar convencida de sus palabras—. Todos en decisiones difíciles nos apegamos a escoger lo que nos parece mejor, sea lo correcto o no, elegimos inconscientemente la opción que... no, ah, ya sabes, ¿no? ¿Me entiendes?
Esto era diferente a tratar con Clara al borde de la desesperación. La amarga sensación en su garganta que le dejó aquel intento de discurso barato y mal hecho se intensificó por la expresión vacía con la que William la observaba.
—Eres pésima con estos discursos. —Apartó su mirada y cubrió su rostro antes de continuar—. Pero, tienes razón en una cosa, supongo. Quizás Grace solo tomó la opción que le parecía correcta en vez de la más lógica.
Rachel brilló emocionada y le dio dos pulgares arriba. Al parecer, su discurso llegó al interior de William. Si eso lo ayudaba a alejar la niebla de duda y decepción en su corazón, estaría más que satisfecha por haber sido de utilidad.
No quiso arruinar lo que había logrado, así que se levantó del suelo con una pequeña sonrisa mirando hacia abajo. Se alejó para darle un momento a solas con sus pensamientos. Tenía miedo de que, si continuaba hablando, dijera algo que tirase abajo esa "idea" que le dejó. Se conocía muy bien, tarde o temprano arruinaría todo su discurso.
A pasos lentos, se acercó dudosa al cuerpo sin respuesta de Francis, inspeccionando con cuidado cada detalle, desde su cabeza hasta los pies, parecía humano, lo que la llevó a descartar la idea de que fuera algún tipo de copia. Por más descabellada que fuera la idea, solo tenía cuatro posibles ideas de lo que estaba ocurriendo con los seguidores de Adarza: ser controlados por ella, haber sido creados por ella, ser otras personas con las mismas apariencias o simplemente ser algo que escapa de su entendimiento. Tocó el poco cabello negro del de lentes rotos, acuclillada junto a su cuerpo, un repentino movimiento le hizo gritar y ahora el robusto hombre fijaba su mirada en Rachel.
—¿Rachel?
—¿Qué ocurre?
Clara y Dexter se acercaron a su compañera tan pronto pudieron, deteniéndose a mitad de camino al darse cuenta de cómo su profesor movía sus pupilas en todas direcciones, dando la impresión de que buscaba algo. Temiendo lo que podría ocurrir, la tímida joven llamó a Rachel con una voz débil, siendo el silencio su única respuesta, pero eso no la detenía.
—Rachel, aléjate hasta que vuelva Lindsy.
—"Aléjate hasta que vuelva Lindsy" —repitió el profesor en un intento de burla—. ¿No puedes hacer nada sin que tu dueña te diga, Rachel?
Haciendo oídos sordos, la antes mencionada se levantó. No buscaba peligros innecesarios, si le era posible evitar todo tipo de conflictos, los evitaría sin dudar. Aseguró su distancia unos pasos lejos del hombre amarrado por vides verdosas que mantenían su brillo aun sin Jazka presente. Cosa que no le agradó al mayor y levantó su voz.
—¡Eso! Huye, cobarde. Igual no podrán salir con vida de esta escuela. ¿Crees que por tener magia en tu lado eres intocable? Te vamos a despellejar y llevar ante la jefa.
Entre gritos, buscaba desesperadamente la forma de soltarse, retorciéndose de lado a lado cual gusano. Un esfuerzo totalmente inútil. Las vides se enredaron entre sí, a diferencia de las que habían atacado al grupo de Rachel, que giraron en ellos como serpientes. A pesar de notar ese pequeño detalle, no podía afirmar que fuera diferente a lo que le hicieron. Ella había notado que apenas Jazka perdió su concentración, las enredaderas los soltaron, pero ahora dudaba si un mago debía estar presente y atento para utilizar su magia luego de ver esto.
Francis frunció el ceño al ver cómo Rachel simplemente se alejaba. Gruñó antes de gritar con fuerza.
—¡Puedo darte información sobre la jefa!
—Mentira.
Ni bien pudo terminar su frase, fue desmentido por la rubia, que no creería ninguna de sus palabras. Albert estaba dispuesto a ser torturado y morir antes que delatar a Adarza. Rachel le mostró el dedo del medio, apartando su mirada.
—Solo quieres atención. No la obtendrás —dijo con calma—. William, encárgate de desmayarlo, me duele todo.
—¿Solo a ti?
William ni se dignó a moverse de su lugar; quien terminó por dormir al hombre de un poderoso batazo, fue Rose. Por el ruido que hizo, pensaron que el bate se rompería, esta vez, la de lentes quería asegurarse de noquearlo. Rachel sintió un hormigueo en su espalda que la hizo temblar al imaginar cómo Rose la golpeaba igual de fuerte, aprovechando que Lindsy no estaba. Su visión parecía más real cuando la endemoniada mirada de Rose se posó en ella justo después de dar ese golpe, pero a grandes pasos, Rachel se alejó a las escaleras del final del pasillo. Prefería esperar que Rose fuera calmada por Clara y Dexter, quienes le regañaban por utilizar tanta fuerza.
Rachel se recostó a la pared junto a las escaleras, perdiéndose en sus pensamientos por unos momentos. Le permitió bajar a Grace, ahora no sabía si estaba vivo o qué es lo que le ocurría en el primer piso. Intentaba ignorar la sensación de culpa en su pecho, pero su conciencia le recriminaba que su decisión no fue la correcta. Lo mejor para el grupo era permanecer juntos, no lanzar al más fuerte de los no magos en total soledad cuando varios psicópatas podrían esperarlo abajo.
Temía que otro nombre fuera añadido a la lista de víctimas de su error.
—Pero no es totalmente mi culpa ¿Verdad?
Esa pregunta se perdió en el silencio de las escaleras. Rachel Ficks no quería responder, le aterraba. Aunque antes negase por completo la culpa, muy en el fondo, sentía todo el peso de los muertos. Jazmín, Ben, Alex, Richard. Jóvenes con un futuro y sueños por delante que fueron asesinados de forma brutal.
En el fondo, entendía que merecía ser castigada por todo esto, pero de ninguna manera aceptaría un castigo por los crímenes de otras personas. Se contradecía por completo.
—¿Deberíamos bajar a buscar a Grace?
Clara se había acercado sin que se diera cuenta. Rachel se sobresaltó un poco por su pregunta tan repentina que la sacó de su divagación, con rapidez negó moviendo su cabeza.
—Es una locura, solo bajaremos si vuelve Logan o Jazka. Ni hemos atendido bien a los heridos. Apenas podemos levantarnos, solo tú y Rose están en buenas condiciones.
—No tenías por qué recordarme lo mal que estamos.
—De nada.
Rachel sonrió ligeramente ante la expresión malhumorada que esperaba obtener. Entendía mejor por qué Lindsy la molestaba al hablar. Clara caminó en círculos mientras mordía sus uñas y las escupía al suelo. Retomaba este mal hábito al no tener otra forma de descargar todo su estrés acumulado. Sentía culpa al saber que su madre la regañaría si viera que recayó en sus malos hábitos.
Los minutos transcurrieron en silencio. Ninguno de los presentes tenía algo que decir. No había un buen plan, palabras motivadoras o alguna pelea, eso último era reconfortante para la golpeada rubia y la nerviosa joven que ya no tenía uñas sobresalientes por morder. El silencio fue quebrado por pasos aproximándose hasta el grupo. Por instinto levantaron las armas que tenían, aquellos que aún podían ya estaban preparados para enfrentar cualquier amenaza, pero la silueta de Lindsy Logan cruzando el pasillo con una caja blanca en manos relajó los músculos de los presentes.
Rachel corrió para ser la primera en recibir a Lindsy, alegre al saber que esa cara tan sonriente marcada en su guardiana, solo podía significar que logró obtener todo lo que necesitaba.
—¿Sin problemas?
—No tantos. Aquí están tus pastillas. Rose, Clara, ayúdenme a repartir y vendar a quien lo necesite.
No tardaron en obedecer las órdenes. Rachel sacó algunas pastillas para el dolor e inmediatamente después, las tres en mejor estado fueron a tratar las heridas de los demás con pomadas, pastillas y vendas. No estaban en su mejor condición, pero todos sentían una mejora en su humor al saber que las pastillas harían efecto.
La golpeada rubia regresó a sentarse en el suelo. Era cuestión de tiempo para que el dolor desapareciera Soltó un largo suspiro, manteniendo una gran sonrisa, hasta que un toque repentino en su costado le hizo casi saltar por el susto. Lindsy ahora estaba sentada junto a ella.
—La enfermera estaba aquí, era una seguidora de Adarza —dijo, notando la sorpresa en Ray—. Dormirá unas horas. Nada grave.
—Bueno, al menos estás bien, a excepción del golpe de Jazka.
Rachel observó de arriba abajo el cuerpo de Lindsy buscando alguna herida, mancha o cualquier daño visible. Por suerte, estaba intacta, regresó igual a como se fue.
—No me recuerdes eso. —Avergonzada, Lindsy negó con su cabeza acariciando su estómago—. Descuidos como ese no pueden ocurrir, si Jazka hubiera ido con intención de matar, me hubiera reventado el estómago.
—Si lo dices de esa forma, es verdad que eres bastante torpe. Presta más atención cuando luches por tu vida.
—Me dijeron que dejaste ir solo a Grace.
—Los humanos cometemos errores, Logan. No te preocupes por ese golpe en el estómago. Nadie es perfecto. —Cuidaba de no confundirse al hablar por lo rápido que cambió el tema. Al terminar con ese cambio repentino de actitud tan falso, dejó caer su cabeza y recibió palmadas de consuelo por parte de su guardiana—... ¿Cómo iba a detenerlo? Su mirada lo decía todo, él iba a bajar sin importar qué.
—Estoy completamente segura de que es verdad. —Lindsy se levantó y ayudó a Rachel a hacerlo. Su expresión había cambiado por completo, dejando a un lado los juegos— Vamos rápido al último piso, no perdamos tiempo. ¡Encontremos a los demás y vámonos de aquí!
Su contagioso entusiasmo llevó a Rachel a asentir con seguridad. Pensaba que, mientras Lindsy o Jazka estuvieran de su lado, eran invencibles. No había forma de que un estudiante o profesor fuera capaz de vencerlos en una pelea.
—¿Qué hay de Jazka? —preguntó Rachel curiosa. Extrañándose del repentino cambio tan notable en el humor de Lindsy al mencionarlo.
—Él puede solo. —Respondió cortante.
Lindsy se acercó a los demás, pidiéndole a Clara, Rose y William que cuidasen a los heridos mientras Rachel y Lindsy bajaban solas, cosa que la rubia no pensó que pasaría. Entendió rápido que bajar a todos no sería bueno, el grupo de Grace se encontraba muy lastimado, Dexter no servía de mucho con su brazo dañado. Lindsy regresó junto a su protegida y miró a los demás.
—Alice y Jazka en algún momento pasarán por aquí de nuevo. Bajen con ambos al siguiente piso.
—¿No es mejor permanecer juntos? —preguntó William, frunciendo el ceño. No quería ver a Alice de nuevo.
—Grace no debería de estar solo abajo. Ustedes estarán bien, los tres restantes deben de estar abajo.
El grupo las vio irse. Ningún presente sentía miedo ahora que estaban juntos de nuevo, pero les preocupaba que algo les ocurriera a sus compañeros en el primer piso. Esa preocupación llevó a Clara a juntar sus manos y orar, rogándole a Dios que protegiera a sus amigos. Rose dejó escapar su respiración al verla, sentándose en silencio a esperar.
En el primer piso, Rachel observó el largo pasillo, vacío como se esperaba. Bajó el cierre de su chaqueta; al estar sola por fin, sentía que llevaba una eternidad esperando por este momento. Sacó el afilado cuchillo del bolsillo en su chaqueta, apretando su mango mientras veía su reflejo en la plateada hoja.
No lo necesitó ni una sola vez. Nunca lo mencionó ni lo mostró a nadie para evitar más sospechas a ella por traer un cuchillo, ahora que estaba sola con Lindsy, lo usaría de ser necesario.
—Toda una criminal. ¿Cómo lo metiste a la escuela?
—¿Me ves sacando un cuchillo y lo primero que preguntas es eso? —respondió a la burla de su guardiana.
Lindsy subió y bajó sus hombros sin entender por qué la juzgaba. Era lo más importante que se le ocurrió preguntar. Rachel chasqueó su lengua y tomó rumbo al gimnasio, esperando encontrar ahí a sus compañeros.