Explorar novelas

#10 Gracias Por Estar Ahí

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

Sin saber qué pensar sobre Rachel, Grace bajó las escaleras hasta llegar al primer piso. Tomó rumbo al gimnasio, ignorando por completo la puerta de salida de la escuela. Salvar a sus amigos era casi lo único en su mente, además de su juicio sobre la causante de todo este problema. Pensaba que solo era una joven que se amargó con el tiempo hasta que no quiso soportarlos más, se volvió una idiota, dando como resultado la muerte de varios compañeros de clases. Quizás esa última forma de verla no cambió mucho hasta ahora, pero Rachel, por más que lo tratara de ocultar, era una persona que se preocupaba por otros.

Aunque seguía siendo una idiota crédula a sus ojos.

«No juzgues el arma, juzga al que disparó... o una estupidez así. Dios». Sería el dicho que Grace utilizaría para resumir todo esto, pero no sabía en qué lugar estaba Rachel y en qué lugar estaba Adarza. Obviamente, debía de culpar a esa última, pero ¿podía de verdad también juzgar a Rachel? Esa duda abriría un espacio en sus intenciones heroicas de salvar a todos, no era capaz de ignorarla.

Cruzó en una esquina, llegando al pasillo donde se encontraba la puerta que daba paso al gimnasio, más adelante, después de otro cruce, se encontraba la oficina del director y otros salones que luego revisaría. Su corazonada le aseguraba que esos dementes no se dieron la molestia de mover a nadie del gimnasio.

Caminó a la puerta y, sin vacilación, entró al gimnasio. Observando con asombro e incredulidad cómo en esa espaciosa sala, en una de las tribunas a los costados del salón, sus demás compañeros estaban amordazados, amarrados de pies y manos en sus asientos. No tardaron en verlo, intentando hablar sin éxito por las vendas en sus bocas.

A simple vista, todos parecían estar bien. El corazón de Grace sintió un gran alivio. Miró detalladamente a todos sus amigos hasta encontrar a quien buscaba, el chico de largo cabello azul. Sus ojos dorados se iluminaron y salió corriendo a las blancas tribunas, con gran agilidad, saltó de una en una sin importar el cansancio de su cuerpo, evitando chocar con sus compañeros que continuaban tratando de llamar su atención. Su atención fue robada totalmente por el único que, en vez de demostrar desesperación, sus ojos denotaban una gran alegría por ver a su compañero.

―¡Jesse! ¿Estás bien? ―preguntó con una mueca extraña, quería tanto sonreír como llorar. Bajó la venda de la boca de Jesse y este asintió.

―Oh, por Dios Te juro que me estaba volviendo loco aquí. Estos idiotas nos han dejado amarrados casi media tarde. El director nos amenazó con un arma y todo.

―A nosotros nos dieron la tarea de rescatarlos a ustedes. ―Grace ayudó a desatar los pies del chico peliazul, luego sus manos.

Tan pronto Jesse fue liberado, se sobó las muñecas con disgusto. Horas en la misma posición causaron estragos con el delgado joven, que ni pudo levantarse de su asiento antes de sentir los labios de Grace chocar con los suyos. Su rostro ardió en vergüenza ante tal inesperada reacción, pero pocos segundos pasaron antes de que siguiera aquel beso desenfrenado, como si se tratara de un reencuentro luego de años soportando la falta del otro. Al momento de separarse, Jesse reía nervioso, sintiendo las miradas de los estudiantes amordazados. Continuaban tratando de llamar su atención y, si fueran capaces, con gusto les gritarían que este no es el momento para besos.

―Qué actividad tan extraña. Ya tenía calambre y como a las cuatro y algo me dio una tremenda comezón en la espalda.

―Ben, Richard y Alex están muertos.

Soltar una bomba así no fue nada fácil para Grace. Desde el momento en el que vio a Jesse, había pensado en cómo decirlo de una forma sencilla, pero no era nada fácil explicar algo como esto. La primera reacción de Jesse fue una sonrisa torcida, creía que jugaba o que por morir se refiere a "ser capturados", quedar descalificados del juego que supuso estaban haciendo los profesores. Su suposición se desvanecía al mirar los ojos cristalizados del contrario, que contenía su llanto.

Tomó ciegamente esas palabras como la verdad absoluta. Cubrió su boca mirando sus pies, mientras que el interior de su estómago se revolvía al solo pensar en lo que les había ocurrido a sus amigos. Ambos se abrazaron con fuerza, Jesse quería echarse a llorar en su estómago, pero los quejidos de los demás lo llevaron a separarse antes de lo querido.

Jesse miró a su alrededor. Los compañeros que antes creyó ilusos por estar tan desesperados en una simple actividad siempre tuvieron la razón. Se sentía como un completo idiota. Golpeó su cabeza con suavidad y, temeroso, observó a Grace antes de preguntar.

―¿Los demás están bien?

―Sí, sí. Es toda una larga historia. Pero te la explicaré después. Ayúdame a desatar a los demás.

Jesse apretó sus labios. Ansioso por saber qué ocurría, fue a la persona más cercana para desatarla, pero antes de que alguno liberase a alguien, el estruendo de la puerta cerrándose llamó la atención de todos los presentes. La pareja volteó en dirección al ruido, observando dos figuras conocidas. Un alto joven musculoso junto a un rubio más pequeño se aseguraban de colocar bien una tabla en las agarraderas de la puerta para mantenerlas cerradas.

―¡Noah! ¡Caleb! ―Jesse levantó su mano para llamar su atención. No esperaba verlos a ellos dos aquí. Miró a Grace, esperando que él dijera algo, pero la expresión de su compañero lo llevó a dudar de qué tan oportuna era la presencia de esos dos.

Grace fruncía su ceño. Tan solo con verlos entendía que ambos tuvieron la mala suerte de toparse con Adarza. No esperaba gente fuera de su grupo de conocidos o los profesores, pero ahora dos alumnos de un salón distinto habían caído en sus garras.

―¿Grace? ―lo llamó el de largo cabello azul en una coleta.

―Jesse, prepárate.

Jesse guardó silencio, siguiendo a Grace, ignorando su preocupación mientras se mentalizaba para pelear de ser necesario. «¿Por qué tenemos que pelear con ellos?», se cuestionó en su mente. Noah, el más alto, con gruesos brazos y rostro amenazante, se adelantó a su compañero para recibir a su invitado no deseado.

―Inoportuno como siempre, fresita de mierda.

―¿Te embrujó una niña, Grandote? ―respondió Grace.

Noah clavó su mirada en Grace, alzando el labio superior antes de bufar. El de dorados cabellos dio un paso adelante, quedando en medio de Grace y su compañero. Su mirada se perdía en la habitación, buscando qué responderle a su contrario. Entonces, un sorpresivo puñetazo lanzó a Grace al suelo.

Jesse al instante suprimió su deseo intenso de reventarle la cabeza al rubio contra el piso, se arrodilló junto a Grace, ayudándolo a ponerse de pie nuevamente y limpió la línea carmesí que brotaba de su nariz hasta su labio.

―¿Qué les pasa a los dos? ―preguntó rabioso Jesse. Extrañado de la repentina sumisión de su pareja. Lo conocía a la perfección, luego de un golpe así, ya debería estar llenando a Caleb de golpes. Antes no se percató por la emoción de verlo nuevamente, pero al prestar más atención, Grace se veía adormilado, lleno de moretones e indudablemente cansado―... ¿Qué te pasó?

―De seguro tuvo mucha diversión ahí afuera. ―respondió Caleb, estirando los brazos a los lados―. Todos podremos divertirnos juntos ahora. No hemos hecho nada más que vigilar a un gran grupo de idiotas.

―Aburridos e inútiles.

―Exacto, Noah. Mientras que todos los demás de seguro ya han tenido el placer de apuñalar a alguno de los pedazos de basura que llaman compañeros. Por suerte, la paciencia es una virtud. No solo vamos a lastimar a los compañeros de Rachel según órdenes de la jefa. Lastimaremos a los dos maricones idiotas a los que más ganas tenía de destripar.

―La vida recompensa a quienes no fuerzan las cosas y esperan que sucedan con naturalidad.

―Las palabras de un sabio.

El más pequeño aplaudió las palabras de su compañero, que asentía con la cabeza en respuesta. Grace no necesitaba seguir escuchando sus conversaciones, que le resultaban absurdas. Ya tuvo suficiente con la demostración del director.

Miró brevemente al confundido Jesse, que ya no sabía si mirarlo a él o a los dos matones delante. Ver sus labios temblando por la desesperación provocó una punzada en su pecho. Repitiéndose en su mente «Solo debo de hacer esto otra vez».

«Solo una vez más»

La situación lo obligaba a buscar cualquier pizca de fuerza en su interior para pelear otra vez. Toda la tarde fue una constante lucha contra su miedo de perder a Jesse, la chica de los tentáculos, su moral, su director. Ahora, con sus amigos a su espalda y su novio al lado, debía ganar una última vez para que todo ese dolor no fuera en vano.

En un inexplicable momento de fuerza. Grace se alejó de Jesse, acortando su distancia con Caleb en un momento. Las pupilas del pequeño se achicaron cuando la mano de Grace agarró su camisa. Le fue regresado dos veces más fuerte ese golpe de antes. Arrojándole al suelo en un mundo que no detenía sus constantes giros.

El gorila que tenía por compañero no se quedó de brazos cruzados. Se abalanzó contra Grace con la intención de terminar el trabajo de sus compañeros, pero fue interrumpido por el empujón que Jesse le propinó con su hombro. Ambos retrocedieron por el choque. El gigantón, al recomponer su postura, lanzó una ráfaga de puños al de cabello azul, quien esquivó cada uno sin mucha dificultad, balanceando su cuerpo a los lados, levantando en guardia sus brazos mientras encorvaba un poco su cuerpo.

Acertar al aire hervía la sangre de Noah, hasta que por fin uno de esos golpes impactó en la blanca mejilla de Jesse. Desestabilizando por un momento su postura, tiempo suficiente como para que el grandote aprovechara en conectar otros dos golpes en su estómago. El interior del pelo pintado se revolvió, el aire escapó de su cuerpo y las náuseas se apoderaron de él. Un golpe de suerte le permitió adivinar que ahora el siguiente puñetazo iba a su rostro, detuvo el puño con sus antebrazos en lo que se acercó al mayor.

Al estar en la distancia indicada, Jesse causó el mayor de los sufrimientos al asestar un rodillazo entre las piernas de Noah, quien abrió su boca en un grito ahogado, cayendo de lado al suelo por la espantosa sensación que recorría todo su cuerpo.

Grace prestó toda su atención a esa escena, ignorando por completo los llantos de dolor de Caleb, quien rodaba por el suelo cubriendo su cara. Pataleó algunas veces hasta que la intensidad del dolor se redujo. Se levantó enrabietado, corrió hacia Grace para golpearlo, el último se sorprendió al ver al rubio de pie. Intentó esquivar el golpe a su costado, pero su deplorable condición lo impidió. El dolor lo recorrió, apenas recibió el impacto de su puño, otro golpe siguió a ese, luego otro, pero en su abdomen, el siguiente fue en su rostro. Cada movimiento brusco despertaba los daños de sus peleas anteriores, atormentando su cuerpo cansado.

A pesar de todo, apretó sus puños y contrarrestó uno de los golpes de su contrario, en el mismo lugar de antes. Caleb tomó el brazo de Grace, acercándolo y manteniéndole pegado contra su costado. Tomó algo de impulso, lanzando un cabezazo al pecho de su oponente. Un movimiento que fue contraproducente, pues Grace golpeó el rostro de Caleb con su puño libre antes de que la estrellara contra el pecho.

El pandillero soltó al de cabello rosa, llevando las manos a su rostro sin evitar gritar adolorido. De su nariz emergió una gran cantidad de sangre. El mundo a su alrededor dio vueltas, solo se detuvo cuando dos grandes manos tomaron sus mejillas sin delicadeza alguna, entonces otro impacto llegó a su rostro. Grace asestó su cabezazo, un golpe definitivo que tiró al rubio al suelo, dejándolo sin fuerzas para seguir combatiendo.

Cansado, Grace se aseguró de que Caleb no fuera a levantarse de nuevo, a simple vista no se veía que fuera capaz de hacerlo. Su atención fue robada por el grito de su compañero, que ahora estaba en el suelo mientras el gorila de Noah tomaba con fuerza su tobillo. Jesse pateó su mano, al estar libre, ambos se levantaron. La sangre del musculoso hervía, sin entender cómo estaba dándole tantos problemas el que consideraba la perra faldera de Grace, pero sus pensamientos se cortaron al igual que su respiración. El de cabello rosa se acercó por su espalda, aprovechando su descuido para asfixiarlo con su antebrazo.

―¿Somos demasiado para ustedes, imbécil? ―preguntó Grace con una burla notoria en su voz antes de lanzar un gargajo en la oreja del gigante.

Sus esfuerzos para desmayarlo por falta de aire no eran muy útiles, la poca fuerza en su cuerpo era insuficiente para evitar que Noah se zafara impulsado por el agobiante dolor en su oído cuando casi se quitaba a la molesta rata rosada de encima. Un puñetazo de Jesse en su estómago nubló su mente, seguido a ese, una lluvia de golpes aterrizó en el rostro y estómago del musculoso.

No fue capaz de oponer resistencia a todos esos destructivos golpes, Jesse remató al mayor con un puñetazo ascendente a la barbilla de su contrincante, que perdió el conocimiento. Grace lo dejó caer al suelo con un ruido seco. Todo se mantuvo en silencio por unos momentos, el de rosado y el de azul no alejaban sus miradas de ambos chicos en el suelo, esperando que se levantaran, ninguno fue capaz.

El pecho de la pareja subía y bajaba sin control, Grace por cansancio, Jesse por la emoción del momento. Emoción que se reflejaba en su rostro con una amplia sonrisa.

―Eso fue intenso. ―dijo Jesse, intentando regular su respiración―. ¿Te encuentras bien?

―Sigo vivo. ―Respondió a secas. Sentándose en el suelo para tomar un respiro.

―¿Qué fue todo esto?

Grace no respondió. Restregó su palma en su rostro. Le pesaba el cuerpo, quería tumbarse al suelo para dormir toda la tarde. Jesse se acercó, revolviendo su cabello de forma juguetona, escuchando cómo sus compañeros volvían a llamarlos, pero fueron ignorados por Jesse, mientras que Grace estaba tan cansado que no escuchaba nada, hasta que la voz de su pareja lo sacó de su trance.

―Desataré a los demás, cuando tengamos tiempo, puedes explicarme todo, ¿sí?... Tú descansa, te lo ganaste por esforzarte tanto, héroe valiente y luchador.

Ignorando su tono dramático, Grace fue inundado con una cálida sensación en su pecho al observar a Jesse sonreírle para luego ir con los demás. Esa sonrisa valió la pena por cada golpe que recibió. Ahora su amado estaba a salvo junto con sus demás compañeros.

Pero su trabajo aún no había terminado, su nueva meta era mantenerlos a salvo a todos y cada uno de ellos, pero se daba el lujo de disfrutar esta victoria.

Jesse desató a cada uno de los estudiantes, quienes se quejaron por todo lo que tardaron en hacerlo.

―¿Qué quiso decir Grace cuando dijo que murieron Richard y Alex?

―No me hagan preguntas, si yo también estuve encerrado con ustedes aquí.

No quería ser abrumado por las preguntas de sus compañeros. Al desatarlos a todos, salieron corriendo para abrazar a su salvador. Grace casi fue aplastado por los jóvenes agradecidos con él.

―¡Gracias, Grace! ¡Gracias! Juro por Dios que nunca volveré a hablar mal de ti.

«¿Y hablabas mal de mí?» Se preguntó arqueando una ceja.

―Todo esto fue tan aterrador, Grace.

―Creí que iban a matarnos. Jesse, ¿cómo estabas tan calmado?

Ante la pregunta, guardó silencio. No quería sonar como un idiota ante todos si dijera que suponía que todo fue una actividad, con mejillas enrojecidas, juntó sus brazos desviando la mirada.

―Experiencia... Ya sabes. Siempre nos estamos metiendo en problemas... Sí. Eso.

Grace contuvo una risa ante la vergüenza que ningún otro notaba. Quedaban maravillados de su gran valentía. El ambiente se apagó cuando la puerta trató de ser abierta. Guardaron silencio, petrificados. Jesse, sin hacer ruido, se acercó a un balón de basquetbol en el suelo, preparándose para arrojarlo en el momento indicado.

La puerta fue abierta de forma brusca por una patada de Lindsy, partiendo por la mitad aquella tabla que la bloqueaba. Desgraciadamente, Rachel fue quien recibió aquel balón en su rostro. Logan cubrió su boca, quedando helada, y el quejido de Rachel llevó a Dexter y Grace a reír descontroladamente.

―¡Ay! ¡Mierda! ¿Por qué?

―¿Quién fue? ―preguntó con un gruñido Lindsy, observando a los estudiantes señalar a Jesse. Resopló al dirigir su mirada al alto de largo cabello. Contuvo sus ganas de golpearlo para acercarse a Rachel― ¿Rachel, te duele?

―¡¿Cómo no me va a doler!? ¿Qué pregunta es esa?

No dejaba a Logan revisarle su nariz, se alejó de los demás mientras pataleaba, cubriendo su rostro mientras maldecía con fuerza. Lindsy la seguía nerviosa, jugando con sus dedos, esperando que su ataque de ira pasase.

―Ray, eh, déjame ver. Quizás rompieron tu nariz. Ven, cálmate.

Grace reía sin control, más que por el dolor de la rubia, era por la expresión de culpa en Jesse. Aún no se borraba de su cara la sorpresa de haber golpeado a Rachel. Grace lo señalaba con su estómago doliendo, quedándose sin aire, por tanto reír.

―Qué bueno. ―murmuró Rose, cruzada de brazos con una sonrisa casi imperceptible.

―¡Todos están bien! ¡Qué bueno!

Clara salió corriendo con lágrimas en sus ojos. Abrazó a sus compañeras sin intención de soltarlas. Ellas correspondieron su abrazo tan fuerte como pudieron, dejando sin aliento a la débil chica.

El grupo que se quedó en el segundo piso no soportaba la idea de que algo le ocurriera a Grace y a Lindsy, por pura suerte, el hermano durmiente despertó. Entonces los ayudaron a bajar las escaleras y se pegaron a espaldas de Rachel y Lindsy. Clara logró convencer a todos de bajar a ayudar tan rápido como les fuera posible, siendo apoyada por Dexter.

―¿Más locos adoradores de la copia de Rachel?

William tomó asiento junto a Grace, manteniendo una expresión imperturbable, la cual, erizaba la piel del alto rosado. Ver a su amigo tan serio le ponía los nervios de punta. Guardó silencio un momento, asintiendo con su cabeza.

―Fueron relativamente sencillos.

―Me alegra que no estés herido.

Ninguno se atrevía a ver al otro. Miraban al frente, observando cómo sus amigos conversaban entre ellos sobre la experiencia tan traumática que acababan de vivir y que, por fin, Rachel dejó que revisaran su rostro para limpiar la sangre de su nariz. Rose tomó algunas de las vendas con las que antes fueron amarrados sus amigos, encargándose de inmovilizar a Noah y Caleb.

―Siento haberme enojado contigo. ―William fue el primero en ceder. Sus ojos se posaron en Grace, aquellas palabras liberaron el enorme peso que cargaba sobre sus hombros.

―No hay problema, tus razones para enojarte no es que fueran malas. ―respondió Grace― Estabas enojado... y yo defendí a la loca que mató a dos de nuestros amigos.

Su mirada apagada fue a dar al suelo. Soltando un pesado suspiro, lo miró al sentir su mano en su hombro, mientras que buscaba mantener su calma a pesar de ser un manojo de nervios por dentro.

―No dejaste que me convirtiera en un asesino. Aunque tú también estabas enojado y del mismo modo que yo, querías matarla. Te mantuviste firme y no nos dejaste cruzar esa línea.

Su corazón se sintió conmovido por aquellas palabras. William abrazó a su amigo, recostando su cabeza en su hombro. Grace siguió aquel abrazo, palmeando su espalda.

―No puedo imaginarme lo difícil que debió ser para ti no matarla, por algo eres el más fuerte de todos nosotros. Estoy seguro de que Richard y Alex pensarían lo mismo que nosotros dos. Gracias, Grace.

Sin encontrar las palabras adecuadas, Grace aplicó más fuerza en aquel abrazo. Conteniendo las lágrimas en sus ojos. La admiración de William llegó a lo más profundo de su pecho. Su amigo le perdonó y le agradeció su ayuda.

―Soy yo quien debe agradecerte a ti.

―¿Debería sentirme celoso por todo esto?... Lo suponía.

Jesse se cruzaba de brazos detrás de ambos, levantando una ceja y manteniendo una sonrisa burlesca. Abrazó a ambos por el cuello. Alegrándose de que cualquier problema que tuvieran, al parecer ahora estaba resuelto.

―Vámonos de aquí antes de seguir con cualquier problema personal, ¿sí? Saber que la escuela está totalmente vacía y llena de asesinos es tétrico.

Grace estuvo de acuerdo con las palabras de Jesse. Cuando estuvieran a salvo, serían capaces de hablar todo lo que quisieran. Se levantaron los tres, entonces, Rachel golpeó sin aviso a Jesse en su estómago. Lindsy le clavaba su intensa mirada al de largo cabello.

―La próxima vez ten más cuidado, imbécil. ―dijo Rachel entre dientes.

―Ya, ya, perdón. ―respondió, luego tomó una gran bocanada de aire, acariciando su estómago. Lo tomó desprevenido.

―Logan, vámonos ya de este lugar y busquemos a mi hermana. Todos están a salvo y ganamos el juego.

Lindsy apretó sus puños de la emoción. Luego levantó su mano dirigiéndose a los demás alumnos. Llamando su atención al levantar la voz.

―Sé que deben estar confundidos, pero, por favor, primero nos iremos de la escuela. Luego sus dudas serán respondidas. Ya no hay ningún problema, todos estarán a salvo.

Confiaban en una de las chicas más amables que conocían. Todos siguieron a Lindsy Logan, saliendo del gimnasio. Rachel se mantenía cerca de la de ojos esmeralda. Hasta que se detuvo abruptamente. Miró a Rachel y realizó un ademán con su mano, fingiendo llamar por teléfono.

Rachel había olvidado que no llevaba su celular. Regresó al gimnasio junto con los demás. Hasta que Jesse levantó su mano.

―El director se fue con la caja, quizás están en su oficina.

Todos estuvieron de acuerdo en ir a la oficina del director. Entonces un suceso robó la atención del grupo al instante. Algo común que ocurría de lunes a viernes sin falta.

El timbre de la escuela estaba sonando, dando por finalizado el día de estudios.

Que el timbre diera un aviso, solo significaba que eran las seis de la tarde. El plazo para rescatar a todos acababa de cumplirse. Rachel y compañía recordaron las palabras del director: los matarían a todos de llegar las seis, pero las amenazas fueron neutralizadas. Ya no deberían preocuparse. Hasta que Rachel recordó que alguien podría estar afuera esperando para que salgan, pero le confiaba a Lindsy su protección.

―¿No deberíamos buscar al señor Jazka? ―preguntó Clara.

―Él se encargará. No se preocupen. Es idiota, pero... Es un idiota. ―respondió Lindsy, entonces miró uno de los altavoces colgado en la pared al escuchar interferencia proveniente de ellos―. Hay alguien en la oficina del director.

―Por supuesto... ―Grace fue el primero en quejarse, quería descansar ya de las peleas. Entonces, una voz conocida sorprendió a la mayoría de los presentes.

"Rachel Ficks, presentarse en la oficina del director en caso de seguir con vida, por favor."

Una voz burlesca canturreaba esa frase repetidas veces. Rachel sintió algo encenderse en su pecho, emprendiendo carrera en sentido contrario a la salida. No lo pensó mucho, ella reconocía esa voz donde fuera. Si estaba ahí, daría fin a todo de una vez.

Grace reconoció la voz de Rachel en el altavoz. Al verla correr con Lindsy detrás de ella, sus piernas casi comenzaban a actuar por sí mismas y seguirlas, pero al notar la preocupación de sus compañeros en sus rostros, aplaudió varias veces llamando la atención de todos.

―Señores, Rachel tiene cosas que hacer con Lindsy, nosotros las esperaremos en la salida. Ellas traerán los celulares si están en la oficina del director.

A pesar del mal presentimiento que todos sintieron, continuaron su camino a la salida.

Rachel cruzó el pasillo, deteniéndose frente a la puerta de la oficina del director. A pesar de no estar cansada, su respiración se agitaba a cada segundo, estrechaba sus ojos frunciendo su ceño al pensar que Adarza estaba detrás de esa puerta. Revisó dentro de su chaqueta y sacó el cuchillo que escondió antes al escuchar a Clara y los demás acercarse.

Sostuvo el cuchillo con fuerza. El mismo que la noche anterior perforó el hombro de Adarza. La llama en su mirada se avivó aún más al tener en frente un recuerdo directo de la traición de su reflejo. No sería como la noche anterior, había una diferencia que Rachel notó, sus manos no temblaban ante la idea de perforar el cuello de una persona.

―Ella no es una persona. Ella es un monstruo.

―¿Y tú eres capaz de matar monstruos?

La voz de Logan sobresaltó a Rachel, llevándole el corazón a la garganta. No se había dado cuenta de que fue seguida. Su ira la nubló por completo de todo a su alrededor. Lindsy tomó la mano de Rachel, la misma con la que sostenía el cuchillo. Acercó su rostro al de ella, sin dejar de mirar sus grandes ojos azules. La pequeña rubia se sintió intimidada ante la abrumadora mirada de su guardiana, pero se mordió el labio inferior, demostrando su firmeza con sus palabras.

―... Déjame entrar ahí y le rebanaré su horrible garganta. ―respondió con determinación, notando la sorpresa en los ojos esmeralda de Lindsy.

El agarre protector de Lindsy se aflojó, soltando la muñeca de Rachel, quien la acarició sin dejar de mirar a Logan. Apartó su vista poco después, tratando de usar un tono de voz más amenazante.

―No se te ocurra detenerme o-

―No voy a detenerte, pero no tienes por qué hacer esto sola si puedo estar ahí a tu lado.

Quedó paralizada por su interrupción. A quien no podía leer en un principio, ahora era un libro abierto en sus ojos. Esa mirada permitía a Rachel saber que estaba preocupada, quería protegerla. Sin saber qué responder, bajó su mirada, colocando la mano de Lindsy sobre la manilla de la puerta, dejando su mano sobre la de su guardiana.

―Ojalá no te incomode ver sangre.

Con su rostro ardiendo, Lindsy bajó la manilla, dándoles paso a la oficina del director. La silla giratoria estaba de espaldas. Rachel apuntó con su cuchillo a la silla y el cuerpo de Lindsy dejó fluir su aura alrededor, preparada para el combate. La silla se giró, permitiendo conocer a una preciosa desconocida para ambas chicas. Una joven de cabellos dorados y una sudadera con decoraciones de corazones estaba sentada al otro lado del escritorio, que tenía la caja con celulares. En la mano de la joven, estaba el celular de Rachel.

―¡Felicidades, Rachel! No podemos creer que hayas sobrevivido estas dos horas. Superaste nuestras expectativas.

Sin saber si sentirse decepcionada o enojada, Rachel miró la oficina del director con detenimiento. La rubia aplaudía chocando su palma con su muñeca para no dañar el celular. Rachel observó a Lindsy, que subió y bajó los hombros.

―¿Quién eres? ―preguntó confundida Rachel. Adarza había convertido en réplicas a personas conocidas, Rachel era capaz de reconocer incluso a los dos matones del gimnasio por sus peleas con Grace, pero esta chica no era nada reconocible― ¿Dónde está Adarza?

―La jefa estaba ocupada, obviamente no iba a quedarse aquí a esperarte dos horas, me dejó como la encargada de ver si seguías con vida al final del juego. Soy Richie Amory. Es todo un honor conocerte, Rachel.

Richie Amory, por más que Rachel buscaba en su mente, no era capaz de conocer ese nombre. La animada joven encendió el celular de Rachel, colocó su clave y mostró las notificaciones a su dueña. Al ver los mensajes sin leer de Chloe, le arrebató el teléfono, desconfiada. Richie levantó sus manos demostrando que iba desarmada.

―No estoy aquí para pelear, no son mis órdenes.

―Si te bajas de esa silla, juro que te entierro el cuchillo en el ojo. ―gruñó Rachel, señalando a su contraria con la punta del cuchillo. Revisó las notificaciones, notando que hace poco su hermana le había enviado mensajes sobre lo que le llevara de comer para cenar.

Entonces, la pantalla cambió. Un número desconocido la estaba llamando, dudó en contestar, pero lo hizo. Su propio rostro apareció en la pantalla, alejándose lentamente con ojos brillantes.

―Qué emoción... Qué emoción, ¡Qué emoción! Sigues con vida. Tú de verdad que no me decepcionaste, eres toda una caja de sorpresas.

―Juro que cuando te vea, iré a matarte.

Lindsy guardó silencio observando el celular de Rachel. Su sorpresa fue grande, aunque lo habían mencionado antes, seguía siendo increíble para ella que fueran exactamente iguales.

Adarza estaba en la llamada. Rachel fue invadida por una incontrolable ira. La causante de todo el dolor en esta escuela ahora le sonreía como una niña a través de una pantalla. Que no se hubiera dignado a presentarse enfurecía aún más a la chica de rostro lastimado.

―Te voy a estar esperando con ganas. No será pronto, pero ansío tenerte frente a mí de nuevo, Ray.

―¿Cómo puedo revertir lo que le hiciste a la gente?

―A mí también me encantaría saber cómo revivir muertos, pero hay líneas que la magia no es capaz de cruzar. Si encuentras la forma, ¿Me la cuentas?

―¡Deja de jugar! ―gritó Rachel furiosa, apretando con fuerza su celular. El escenario tras de Adarza no le daba pistas a Rachel, solo era una pared gris, su esperanza de descubrir dónde estaba solo con ver la llamada fue extinguida― ¿Dónde estás?

―Te dije que pasará un tiempo antes de que volvamos a vernos. No seas impaciente... ―Adarza llevó su mano a su boca. Actuando sorprendida― ¿No será que... Me extrañas, Ray?

―Me arrepiento de no perforar tu garganta.

―Yo también te extrañaré... Pero no puedo ponerte en un pedestal, debo centrarme en mis propias metas personales. ¿Entiendes? Cuidarme, mejorarme y alcanzar mis objetivos. Uno no puede volverse dependiente de las personas. ¡Así que no te encariñes tanto conmigo!

―¡Adarza! ―Ya no era capaz de soportar su show ni un minuto más. Luchaba con sus ganas de arrojar el celular contra la pared.

―¡Mande, general Rachel! Aquí Adarza Ficks reportándose, señora. ―Ella le ofreció un saludo militar, tratando de borrar su infantil sonrisa de su rostro, pero era incapaz.

Rachel bajó la pantalla del celular, cerrando los ojos, aguantando la respiración por un momento para no gritar de frustración. La voz de Adarza tomó un falso tono de temor y empezó a gritar.

―¡Ray! ¡No me gusta la oscuridad! Voltéame, Ray, voltéame.

A su pesar, volteó el celular, llevándose la extraña sorpresa de que la cara de Adarza fue reemplazada por la de un gato negro. La voz de su contraparte empezó a hacer ruidos de gatos, mientras que los ojos de Rachel se inyectaban en una ira asesina e incontrolable. Adarza alejó al gato, volviendo a tener su cara en la pantalla.

―¿Eres más de perros?... Nah, ni sé para qué pregunto, no te gustan los animales.

Rachel se mantuvo en silencio. Sin cambiar una pizca del enfado en su rostro, pero ya estaba cansada de las estupideces de Adarza, no respondería más. Su contraria lo entendió y su expresión cambió tan abruptamente que parecía estar actuando.

―Ahora que sé de lo que eres capaz, no esperes que tenga más piedad contigo... Seré yo quien te mate. Mientras traemos muerte y caos a nuestro paso. Así que, antes de que nos despidamos por un largo tiempo, quería decirte... Gracias, Ray. ―Adarza quedó más que complacida al ver cómo Rachel chasqueaba su lengua― Gracias por haber estado ahí para mí, por estos días donde pude tener una amiga maravillosa que me sacó de la soledad dentro de ese espejo y me permitió tener un cuerpo propio... De verdad no sé cómo pagarte... Adioscito.

―...

La llamada finalizó. Lindsy observaba el vacío en los ojos de Rachel, aunque solo fue por un momento, Adarza tocó un lugar muy sensible en el interior del corazón de su protegida. Ese vacío, pronto, se convirtió en un remolino de rabia e ira.

―Ya conociste a Adarza, Logan.

―Y pensaba que yo te hacía enojar.

Un escalofrío recorrió la espalda de Lindsy apenas Rachel la fulminó con la mirada. No era momento para bromear con ella. Tenía la certeza de que la golpearía si se atrevía a hacer otro chiste.

―Usted y la jefa son el mejor dúo de comedia que puede existir sobre la tierra. ¿Qué tal si abren un canal en internet para hacer chistes? ―Richie se levantó del asiento, dejándoles ver que llevaba un cuchillo en su mano.

―¡Hey!

La rubia blandió el cuchillo, dirigiéndolo a su propio cuello, pero Lindsy, con su cuerpo bañado en aura, detuvo su mano a gran velocidad. No le iba a permitir suicidarse. Desgraciadamente, Richie no tardó en morder sin dudar su propia lengua. Arrancando un gran pedazo.

La sangre empezó a brotar y ella cerró su boca, pronto cayó al piso por el intenso dolor y Lindsy se mantuvo quieta. Ya no había nada que fuera capaz de hacer. Rachel observó con la sangre helada y su boca abierta cómo la joven se asfixió a sí misma con su propia sangre hasta dejar de moverse.

Los seguidores de Adarza les aterraban cada vez más.

―Eso es espantoso... mierda, qué horrible.

En cualquier momento, Rachel vomitaría, mientras que Lindsy observaba con tristeza cómo una joven chica había muerto de forma horrible. No podía evitar sentir una gran impotencia de nuevo.

―Rachel, hay que detener a esa cosa.

―No me lo tienes que repetir. ―Respondió la rubia, tomando la caja con celulares para salir de la sala del director.

Ambas caminaron en silencio. No tenían muchas ganas de hablar luego de aquella escena. Pronto, la salida estaba frente a ambas, mientras que los demás del salón se encontraban sentados afuera.

 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a kappoff00 en el lector de Culto de Papel. Es gratis.