El olor de tocino frito invadió las fosas nasales de Grace. De no ser porque estaba despertando de un agradable sueño de cinco horas, saldría corriendo a la cocina. Se sentó en la cama y buscó a su compañero con la mirada. No estaba ahí, además, dejaron la televisión encendida. Con gran esfuerzo se levantó de la cama, fue a buscar una de sus camisas tiradas por el suelo. No quería bajar sin camisa y encontrarse con los padres de Jesse, si es que estaban.
―¿Jesse?
Preguntó al salir del cuarto y bajar las escaleras. No estaba acostumbrado a la gran y lujosa casa de los Miller. Por más que recorría sus pasillos y cuartos, se preguntaba cada día: ¿Cuál es la necesidad de tener cosas tan caras? Muebles finos de lujo, enormes pinturas que solo la gente con una gran cantidad de dinero puede darse el lujo de comprar. El padre de Jesse es abogado, de seguro ganaba un montón, pero Grace no entraba en detalles del trabajo cuando conversaba con él.
Al llegar a la gran y blanca cocina, del otro lado de la barra, Jesse cocinaba con música de fondo. Grace se recostó al borde de la puerta en silencio y observó al de azul caminar de un lado a otro. Por el olor dedujo que preparaba tocino, y al mirar una gran olla, se dio cuenta de que preparó espaguetis con queso y salsa, algo extraño.
―¿Por qué? ―preguntó repentinamente Grace. Sonreía por el pequeño sobresalto de Jesse, quien lo miró molesto.
―¿Puedes hacer más ruido al caminar? Casi me da un infarto. ―Continuó con su cocina luego de aquellas palabras, escuchando a Grace jalar un taburete al otro lado de la barra y sentarse― Mamá y papá no están. Volverán en la noche, creo que están en una cita.
―¿Por qué espagueti para desayunar?
―Me gusta el espagueti.
Su respuesta tan simple y natural no satisfizo su curiosidad. Era extraño para él, y de seguro, para cualquier persona normal. Jesse era de gustos extravagantes a la hora de cocinar. La mente de Grace divagó por unos momentos y recordó cuando Jesse de pequeño mezcló frijoles con una malteada; el resultado fue desastroso. No le sería extraño que lo consideraran un atentado contra la comida y la humanidad.
Jesse le sirvió la comida. El espagueti venía acompañado de queso, salsa rosada, tocino y un chorizo. El de rosa tuvo que aguantar la risa, llevándose una mirada mortal del extraño cocinero con delantal.
―Muchas gracias.
A pesar de que le terminaría doliendo el estómago o se sentiría lleno como si fuera a reventar, Grace empezó a comer con gusto la comida que se le preparó con cariño. Nunca rechazó nada que fuera preparado por Jesse, ya había comido cosas peores, pero si era junto a él, nada podía saber mal.
Jesse tomó asiento junto a Grace, ambos tomaron su desayuno. Conversaron sobre lo que harían al salir de la escuela, y quedaron en quizás invitar a los demás de su grupo íntimo de amigos a comer o simplemente vagar por las calles y ver qué llamaba su atención.

Grace blandió el palo de escoba contra el director, que se quitó evitando lo que sería un fuerte golpe. Sin vacilar, Grace continuó con los desesperados intentos de asestar. No le importaba que ninguno de sus golpes diera al moreno que retrocedía veloz sobre sus pasos con una gran sonrisa y sus ojos bien abiertos. El fuego en los ojos del pelirosado lo emocionaba. Provocaba saltos en su pecho por esa mirada repleta de odio. Quería continuar jugando con él.
―¡Señor Kennedy! En serio, es un joven muy impaciente.
―¡Te voy a partir tus lentes de estúpido! ―espetó Grace sin cesar con sus intentos de golpearlo. Su hombro le dolía y su cuerpo empezaba a sufrir por todo ese sobreesfuerzo. Lanzarse a pelear luego de los golpes de Alice no fue muy lógico de su parte. Cada movimiento brusco, desde correr para seguirle el paso al director y mover con fuerza el trozo de madera, le provocaba un dolor insufrible. Sentía su piel ardiendo con el roce de su camisa y cómo sus músculos rogaban que se detuviera por un descanso.
Observando en primera fila. El profesor de biología, Francis, demostraba su interés al silbarle a aquella escena entre su compañero y el estudiante. Sintió que fue dejado de lado por el pelirosado a pesar de ser una amenaza también.
Por otra parte, William y sus compañeros dudaban de qué debían hacer a continuación.
«¡El idiota se lanzó!», pensó William asombrado y un tanto molesto. «Está muy lastimado, esto es una locura, esa tipa pulpo despertará en cualquier momento y nos matará a todos. No es tiempo de pelear.» Volteó su rostro para ver a los hermanos Patterson. Parecían estar listos para apoyar a Grace en caso de que lo necesitara, pero luego de recordar el golpe que recibieron, no sería raro que ambos estuvieran escondiendo el dolor que sienten para no decepcionar a su líder e ir por los demás.
Los respetaba más por sus intenciones.
«No creo que el profesor de biología nos deje correr como si nada, y no podemos dejar a Grace peleando solo».
Lanzar a Alice por la ventana y luego pelear se le ocurrió como un plan excelente, pero Grace no estaría de acuerdo. No había otra opción que no fuera pelear hasta ganar... o morir. «¡Mantente positivo, William S. Yadier!»
―¿Creen que pueden seguir luchando? ―preguntó William. Sabía la respuesta, se sintió algo tonto por preguntar.
―Claro que sí. ―dijo Carl apretando su palo de escoba.
―Sin duda. Yo esperaba que tú gritaras a la carga o algo así. ―contestó Troy.
No contuvo su sonrisa a pesar de que lo llevaba a sentirse como una persona horrible. No imaginaba el dolor que cargan y aun así se levantaban con total intención de apoyar. Pero ¿quién era él para evitar que dos hombres lucharan por lo que consideraban correcto? No tuvo otra opción que no fuera dejarlos combatir.
―Entonces, a la carga.
Al escuchar que William les dio permiso, tomaron la delantera y se lanzaron contra Francis sin dudar. Aprovechando que el profesor no les prestaba nada de atención por observar a Grace y al director, Carl golpeó con su palo un costado del corpulento hombre de mediana edad. Antes de siquiera poder gritar por el dolor, Troy asestó un potente puñetazo en el costado contrario. Quizás no tenía su escoba, pero sabía usar sus puños.
Con un grito de dolor, Francis se giró y tomó del cabello a Troy antes de que se apartase y lo jaló con fuerza, obligándolo a interponerse entre su hermano y él. Había sido tomado por sorpresa, pero no volvería a ocurrir. Eso pensó hasta sentir cómo William le daba otro golpe con su palo por un costado.
―Mocosos malditos... Los voy a matar a los tres. ―Maldijo el hombre con dolor y una débil voz.
Troy apretó sus dientes y tomó el brazo del mayor con fuerza. Aprovechando que estaba distraído con los otros dos, pateó al hombre en su entrepierna con fuerza. Los ojos de Francis parecían querer salir de sus cuencas por el dolor. Con un doloroso grito agudo, soltó el cabello de Troy que, al no sentir esos dedos, no dudó en estrellarle con fuerza su codo contra la nariz, provocando que retrocediera unos pasos.
Sus sentidos fallaban por el dolor, trató de recuperar su postura. El grupo de infantes lo superaba en número y armas. Ahora se lamentaba de no haber tomado un cuchillo de la cocina, pero tenía la intención de matar a unos aterrorizados estudiantes con sus propias manos. Quería quebrar sus cuellos mientras suplicaban por ayuda y lloraban a mares. Esa era la visión que el profesor tenía sobre el grupo, pero no podía estar más equivocado. Los chicos frente a él no lloraban a mares ni suplicaban y, a diferencia del director, no encontraba placer en los desafíos arduos.
En un intento desesperado por cambiar la situación, previno el siguiente golpe de William con la escoba. Logró detenerla aferrándose a ella con fuerza. El pelinegro no tenía intención de soltarla, no aflojó para nada el agarre, forcejeando un poco contra su profesor por aquella escoba.
―¡Suelta! ―En lo que el profesor peleaba contra William por el palo. Carl aprovechó para golpear con fuerza su costado unas dos veces. El mayor gritó adolorido, sin embargo, no era suficiente para que soltara el arma del de negro.
Su fuerza fue superior y logró su cometido al arrebatar la escoba de William. Lució su perlada sonrisa siniestra y, con el palo, golpeó de regreso al dueño anterior de este. Sintió una gran satisfacción al regresarle un golpe, que logró cubrir con su antebrazo, pero por su expresión de sorpresa era obvio que le había dolido. William se alejó por un momento. Como si fuesen espadas, Francis chocó su escoba contra la de Carl, deteniendo su ataque. Aprovechó la sorpresa del antes mencionado y cargó hacia él. Lo empujó con su hombro, lanzándolo al piso sin muchos problemas gracias a la diferencia de altura y peso.
Troy no se quedó de brazos cruzados y se lanzó a la espalda de su profesor, colocándole su antebrazo en el cuello en un agarre. Francis, rápido, blandió el palo de escoba por encima de su hombro con fuerza, golpeando a Troy en su cabeza, obligándolo a soltarlo. Al darse la vuelta al atontado joven, lo pateó en su estómago y volvió a pegarle con la escoba. Un grito advirtió al profesor, pero antes de que lograra hacer algo, William lo derribó desde un costado, cayendo en el suelo sobre él. La sorpresa del joven duró un momento al ver que funcionó, y seguido de la sensación de victoria, golpeó con toda su fuerza al profesor en su rostro. Nunca imaginó que golpear al profesor de biología se sentiría tan bien, pero no evitaba sentirse mal al saber que alguien lo estaba controlando... aunque solo era un poco de culpa, nada más un poco.
―¡Quítate, maldito niño! ―exclamó el profesor. Llevó su mano libre al rostro del de ojos grises y con sus dedos buscó presionar su rostro para enterrarle los dedos en los ojos, pero William levantó más su torso, provocando que solo lograra apretar su mandíbula y su nariz.
El joven soportó por momentos el fuerte agarre del profesor. Lo golpeó en el rostro una vez más hasta que, por un lado, sintió estrellarse esa escoba de nuevo. Arqueó su espalda por el punzante dolor y Francis, de un empujón, se lo sacó de encima. William cayó con su trasero sobre el suelo, poco a poco, el ardor en su rostro se desvanecía, algo que lo aliviaba por ese pequeño momento.
El hombre intentó ponerse de pie, un intento que falló por la patada de Troy en su costado, regresándolo a estar en el suelo boca arriba. Con rabia se abrazó a la pierna de quien lo pateó y la jaló hacia él. Troy perdió el equilibrio, cayendo de espaldas, golpeando su cabeza contra el piso. Francis quiso levantarse, pero sintió la escoba de Carl chocar con su cabeza.
―Deja en paz a mi hermano, maldito idiota enfermo.
Carl blandió de nuevo su escoba, chocando con la del profesor. Por fin pudo levantarse y los choques de madera se volvieron repetitivos. Carl detuvo todo ataque dirigido a él con gran habilidad. Quizás era tonto de su parte, pero sintió algo de nostalgia, recordando cómo jugaba de esta forma con su hermano cuando eran pequeños.
Francis blandió esta vez más fuerte que las anteriores. Su ataque fue contrarrestado y eso fue justo lo que esperaba. Pateó uno de los costados del joven concentrado en detener aquellos palazos. La patada aturdió a Carl por un momento debido al dolor y a lo inesperada que fue. El profesor subió su escoba y la bajó con fuerza, impactando en el hombro del menor. Carl gritó antes de recibir un puñetazo en su estómago. Perdió el aire y cayó de rodillas al suelo. ¿Su brazo iba a desgarrarse de su cuerpo? Eso era lo que sentía al caer de lado en el piso. El insufrible dolor lo obligaba a gritar sin descanso, soltando el palo de escoba para agarrarse el hombro afectado.
―¡Mierda! ¡Mierda!... ¡Ah!
―¿Te duele? ―preguntó con sarcasmo Francis―. A mí también me dolió mucho cada golpe que me han dado y no me ves llorando en el suelo, estúpido.
Francis, sonriente, observaba a Carl retorcerse de dolor en el suelo. No importaba cuánto lo viera sufrir, estaba seguro de que eso dolía menos que la patada en su entrepierna. Tuvo una idea al ver la escoba de Carl en el suelo, la recogió con cuidado, observando a William y Troy, que apenas estaban de pie nuevamente.
―Ahora, sí se está volviendo una pelea justa, ¿no creen? ―preguntó moviendo un poco las escobas. Tenía el presentimiento de que disfrutaría mucho lo que sigue a continuación.
William se mantuvo en silencio. Tragó saliva al entender que ahora solo serían dos peleadores, en total desventaja.
Grace falló de nuevo el furioso palazo. En vez de acertar al estómago del hombre, golpeó la blanca pared del pasillo con tal fuerza que rompió parte de la escoba. El trozo roto salió volando y Grace atacó al director con la punta rota. El moreno, al último momento, se deslizó a un costado, evitando por poco un golpe que pudo ser severo. Grace no se estaba conteniendo, y a diferencia de la chica pulpo, el director y él se encontraban en igualdad de condiciones, ignorando que el pelirosado estaba sumamente herido.
El director sostuvo el palo de madera con una mano y se acercó peligrosamente a Grace con un cuchillo en su mano libre, el de rosado lanzó un golpe al centro del rostro del mayor. Daniel lo esquivó y, con un movimiento de sus caderas, usó su cabeza para impactarla contra la nariz de Grace. La postura del chico se quebró unos instantes, pero ignoró el dolor y evitó una cuchillada a su hombro al lanzarse a un lado, sosteniendo firmemente su escoba.
El mundo dio vueltas por unos momentos más hasta que todo volvió a ser claro para el pelirosado. Jaló la escoba hacia él. Daniel se acercó más a Grace y quiso acabar con su estudiante de un ataque directo al pecho. Grace soltó la escoba y esquivó el ataque, abrazando el brazo del director por un costado, y el director gritó adolorido al sentir una sorpresiva mordida.
El ardiente dolor repentino lo hizo soltar el cuchillo y la escoba. Golpeó a Grace en su mejilla, liberándose de aquella mordida, pero entonces el pelirosado alejó de una patada el arma blanca. Daniel lo imitó y pateó rápido la escoba. Ambos tomaron distancia del otro y quedaron en igualdad de condiciones. Grace estrechaba sus ojos con una determinada mirada que no poseía una pizca de vacilación. Nada más existía ahora mismo para el pelirosado, solo él, Jesse y el director.
Mantuvieron su mirada en el otro por un momento. Fue Daniel quien apartó la vista para levantarse la manga de su saco y su camisa blanca. Ahí observó la marca de los dientes de Grace, que estaba por atravesar su piel. Era doloroso, y Grace no se sentía nada orgulloso de aquel movimiento, pero fue lo que le funcionó.
―Esperaba algo menos salvaje. Quizás boxeo o artes marciales callejeras.
No tuvo respuesta, pero Grace pensó: «¿Quién crees que soy? ¿El maldito Bruce Lee?»
Al no obtener ninguna respuesta por su comentario, el director dejó de sonreír. Para luego hacer un ademán con su mano, moviendo en círculos su muñeca hacia él.
―Vamos, vamos, haz de esto más interesante, más entretenido. ―Esas palabras casi sonaron como una súplica― Desde que me miraste como una bestia sedienta de sangre por asesinar a Ben, supe que serías el estudiante que más traería problemas. Tu historial en la escuela es sorprendente: Peleas callejeras, mal lenguaje a estudiantes y profesores, peleas en las instalaciones. Siempre has sido un verdadero buscapleitos ―agregó con una pequeña risa. Como si recordara los buenos tiempos con un viejo amigo, pero Grace se mantuvo inexpresivo― Perdonamos todas tus faltas porque, a pesar de ser un problema, mantuvo unas notas excelentes, señor Kennedy.
No hubo efectos en su rostro. Grace aprovechaba el monólogo para tomar algo de aire con disimulo. Relajar su cuerpo y dejar pasar el dolor en su abdomen por los golpes de Alice. Al pensarlo mejor, soltó un suspiro y relajó su cuerpo.
―¿A qué quieres llegar?
Tal cual fue la emoción del director que, por debajo de esos lentes, sus ojos desbordaban un brillo de alegría y acomodó sus mangas mirando su brazo con una sonrisa tranquila.
―No, nada ―respondió rápido―. Solo quería recalcar las razones que te hacen un joven brillante y peligroso... Serías una fantástica réplica en la colección de la jefa. ―dijo para luego revisar dentro de su saco, sacando esa pistola que heló la sangre de Grace.
Pudo esquivar o soportar antes los ataques de Alice, pero una bala era imposible de esquivar. Cerró sus ojos esperando su inminente final, pero al escuchar el ruido del gatillo, nada ocurrió. Esperó por un momento para abrir los ojos, mientras que el director continuaba jalando el gatillo con una sonrisa juguetona.
―¿Verdad que los engañé?
―Pero por supuesto.
Grace se sintió estúpido, pero suspiró con alivio al ver que todo este tiempo había sido engañada con un arma sin balas. El director rio con fuerza al observar la molesta expresión de Grace y le lanzó su arma al pelirosado justo al rostro. Grace lo esquivó sin dificultad.
―¿Ustedes son controlados por la otra Rachel o algo así? ―preguntó. No fue lo mejor que se le ocurrió, pero no sabía qué creer de la boca de ese hombre.
―Controlados es una palabra muy fea, digamos que seguimos a la jefa ciegamente. Es una joven carismática y graciosa, ¿cómo no seguirla?
Su respuesta no lo llevó a nada. Que dijera esas cosas con tal orgullo no fue algo que le agradase a Grace. Suponía que eso era parte del control mental o lo que fuera que les ocurre a los afectados. Una nueva pregunta cruzó su mente, y esta era la más importante.
―¿Los demás están en el gimnasio? ―La voz de Grace se oscureció más, y esperó con impaciencia la respuesta. Observó reír al director y negar con su cabeza mientras se acomodaba los lentes.
―No puedo decírtelo, le quita diversión al juego. No seas un tramposo. ―respondió el director, que disfrutó el asco reflejado en el rostro contrario―. ¿Qué te molesta, mi chico?
―¿Cómo esto puede ser un juego para ustedes?... Mataste a un inocente. Mi amigo. ―El asco se convirtió rápido en furia. Grace apretó sus puños observando al moreno de arriba abajo― No les importó matar a Ben, esa mujer mató a Richard y Alex. ¿Cuál es su problema? ¿Por qué creen que pueden matar como si nada?
―Tú eres el único que tiene un problema aquí ―dijo el director. Estiró sus brazos a los lados para hacer énfasis en sus palabras― ¡Nosotros nos encontramos muy bien con lo que hacemos! Matar a personas insignificantes que no afectarán en nada aparte de entristecer a sus familiares no es tan malo, de verdad. ¿Acaso te sentirías igual de mal si esos tres jóvenes que murieron fueran unos completos desconocidos? De seguro no me odiarías tanto como ahora.
Grace apretó sus dientes. Trató de ignorar aquellas palabras que llevaban algo de razón, estaría molesto, pero no tanto, ¿O sí estaría igual de molesto? Él no lo sabía. ¿Cómo se supone que debía saberlo? Nunca pasó antes por una situación tan confusa y desesperada como esta. El mundo en una tarde estaba patas arriba y todo se iba al carajo con tanta facilidad que le era difícil mantener el ritmo de todo lo que sucedía a su alrededor.
―Ahora no dices nada. ―El director se cruzó de brazos con una sonrisa. En su rostro dejaba notar el sentimiento de victoria en esa conversación― Eres un pequeño hipócrita que actúa por su propia definición de lo que está bien y mal, pero no eres el tipo de persona que mataría, ¿verdad?... esa mujer. ―Al momento que Daniel señaló a Alice con su barbilla, Grace sintió un escalofrío recorrer su espalda―. Un héroe hipócrita que pelea por la voluntad de los caídos, pero solo vas a darle un par de golpes a quienes acabaron con la vida de "personas inocentes" que, según para ti, son muy importantes, pero ojo: "Incluso así no puedo asesinar a quienes cometieron tales actos". ¡Eres un imbécil! ¿Cómo permites que los asesinos de tus amigos vivan? Ella mató a esos dos. ¿Verdad? Y tú, teniendo la oportunidad, la dejas vivir por tu absurdo ideal.
La sonrisa del director se agrandaba más a cada momento. Y Grace sintió en su pecho un dolor más fuerte que los golpes propinados por Alice. El dolor de la "Verdad" no mataría al director, no mataría a Alice. No era capaz de llegar al extremo.
―Solo estás lanzando un discurso barato sobre ideales o ese estilo ―respondió Grace. La sensación de culpa que provocaron esas palabras se marchó tan rápido como aparecieron― Es un discurso vacío, y más si viene de un asesino. Honraré a mis amigos a mi manera, así que métete tu opinión por el culo, ¿sí?
No ocurrió como lo esperaba. Grace no se quebró emocionalmente y su mirada regresó a esa determinación inquebrantable que llevaba desde el inicio. La voluntad del de ojos verdes no flaquearía solo por unas cuantas palabras duras. Fuertes aplausos provinieron del director hacia Grace. Lo que confundió al chico.
―Bravo, magnífico, increíble, sorprendente, como lo esperaba. Eres todo lo que yo quería matar ―dijo antes de dejar de aplaudir―. Te mataré, romperé esa mirada decidida tuya y luego voy a matar a todos tus amigos de formas espantosas, señor Kennedy.
―No, si te parto los brazos primero.
Grace descansó lo suficiente, y el director no tenía mucho más para hablar con el atlético chico. Se lanzaron contra el otro, al igual que dos imanes, siendo atraídos entre sí. El primero en lanzar un golpe fue el director. Grace dobló su cuerpo a un lado, evitándolo, y conectó dos puñetazos rápidos en su estómago, antes de recibir uno en su mejilla. Recuperó su compostura, usando sus antebrazos, deteniendo un potente golpe contra su rostro.
No era Alice, la fuerza del hombre terminó por lastimar en gran medida sus antebrazos, pero al menos no lo recibió en su rostro. El de Rosado acercó con velocidad su puño, el director desvió su cuerpo al lado contrario, sin esperar que fuera una finta en la que cayó por completo, recibiendo un golpe directo en su nariz. Ni bien llevó su cabeza hacia atrás con un grito ahogado, Grace lo tomó del cuello de su camisa y le regresó el anterior favor.
Estrelló su frente contra el rostro del director. Ambos escucharon cómo esos lentes se quebraron ante el impacto. Por suerte, para el director, ningún cristal logró entrar en sus ojos y Grace no terminó con nada clavado en su frente. Ambos se alejaron y Daniel cubrió su rostro con ambas manos mientras gritaba.
―¡Gran golpe, señor Kennedy! ¡Excelente!
―Maldito masoquista.
Grace corrió en dirección al director, que alejó sus manos y se lanzó a un lado repentinamente, antes de que Grace entendiera por qué, el moreno ya sostenía en su mano libre un pedazo roto de escoba. Quizás era menos de la mitad del tamaño original, pero seguía siendo peligrosa.
Para aprovechar la distancia entre ambos y la posición actual de su contrincante, Grace se dio la vuelta y corrió a buscar la escoba y el cuchillo. Al agarrarlos, se dio la vuelta. Observando el error que cometió.
El director sostenía la cabeza de Alice en el suelo, tiraba de su cabeza y le acercó la punta rota de la escoba a su pálido y delgado cuello, presionando ligeramente la punta sobresaliente en su carne.
―Luego de escuchar tus respuestas, es fácil saber el tipo de persona que eres. Así que tiene dos opciones, señor Kennedy. ―Grace exhaló molesto por su nariz y el director se dio cuenta de su victoria garantizada―. Acércate y déjame las armas, o le atravieso el cuello. Sabes muy bien que lo haré sin dudar.
―Eres una basura sin honor.
―¡Gracias! Pero no tengo todo el día para que me halagues. Te doy diez segundos. Uno, dos, tres...
¿Qué debía de hacer? Ella mató a sus dos amigos, fuera por error o no, ella los mató. ¿Importaba su muerte? ¿Él se debería culpar por qué fuera asesinada? Sí, lo haría. Conocía qué tipo de persona era. La salvaría para luego llevarla ante la justicia y que se le diera un juicio, lo que sea, ya sabría luego qué hacer con ella.
―Seis, siete, ocho.
―¡Eres una mierda! ―espetó Grace. Lanzó el cuchillo por el suelo y el palo de escoba en dirección al director. Encontraría la forma de ganarle sin ellas.
Exploró las armas de Grace con detalle. Tomó el cuchillo y la escoba para soltar a Alice contra el suelo. Se acercó a una ventana, la abrió lanzando ambos palos de madera. Luego regresó con Alice, balanceando sonriente su recuperado cuchillo. El alto joven de cabello rosado gruñó en respuesta, esperaba que el director cumpliera con no hacerle daño.
―Usted es un gran hombre, señor Kennedy. Defiende a esta asesina porque cree que es lo correcto... y yo respeto eso. ―Sus palabras confundían al de rosado. Lanzó lejos el cuchillo y Grace quedó boquiabierto― Acérquese.
No quería obedecer sus órdenes, pero la mano del moreno envolvió el delgado cuello de la joven, Grace no pudo evitar resignarse y caminar lentamente hacia el director. Había lanzado su cuchillo, entonces algo tenía planeado. Grace no entendía lo que podía ser, pero sin el arma blanca, no era tan peligroso.
Al acercarse, con su mano libre, el director le hizo una señal para que se arrodillara, Grace obedeció y al hacerlo recibió un fuerte puñetazo en su rostro. Antes de reaccionar, las manos del director tomaron su cuello. Quedó boca arriba en el suelo, sintiendo el peso del director encima de él. No podía moverse y rápidamente quedó sin aire.
Llevó sus manos a las del moreno, que lo miraba a los ojos con una enorme sonrisa de oreja a oreja. Sus ojos parecían que iban a saltar en cualquier momento de sus cuencas y algo de saliva cayó sobre el rostro de Grace.
―¡Gmmghk!... ¡Mmmmgh! ¡Agh!
Luchaba por liberarse. Jalaba las muñecas del director con fuerza, buscando que lo suelte. Trató de rasguñarlo, pero el agarre permanecía igual de fuerte. Olvidó la idea de alejar sus manos y, en un intento desesperado, trató de tomar el rostro del director. Este último levantó un poco más la parte superior de su cuerpo, volviendo inútil su último intento de sobrevivir en algo patético.
«¡Suéltame! Mierda, ¡suéltame! ¿¡Cómo me suelto!? ¡Debo soltarme!»
Giró un poco su cabeza, al voltear, sus ojos buscaron esperanza en sus compañeros, dándose cuenta del horrible estado del grupo que lo acompañaba. La mitad del rostro de William estaba cubierta de sangre, Troy recibía una oleada de dolorosos ataques de parte del profesor de biología y Carl estaba tirado en el suelo sin moverse.
¿Cómo llegaron a este punto? No podía creer que iban a morir en este momento. ¿Carl estaba bien? ¿Ellos podían ganar solos?
Mientras luchaba por alejar al hombre, el mundo empezó a desvanecerse a su alrededor. Se volvió tan borroso y su mente era un revoltijo de gritos de auxilio y súplicas: «¡No quiero morir! ¡No puedo morir! Debo de ayudar a los demás». Jesse estaría en peligro sin él y su grupo. No es que no confiara en el equipo de Rachel, pero si todos eran asesinados ahí, era cuestión de tiempo para que el grupo más débil también cayera.
El director apretó más fuerte el cuello de Grace. Humedeció sus labios con su lengua, disfrutando de la expresión aterrorizada del rosado. Sus desesperados intentos de respirar al abrir la boca tanto como fuese posible, le eran algo sumamente divertido. La cereza del pastel fue colocada cuando la determinación del pelirosado se quebró y ríos de lágrimas brotaron de sus lagrimales. El miedo a morir dominó su mente.
Había decepcionado a Jesse y a sus amigos, quienes confiaron en él ciegamente. ¿Y por qué? No lo entendía, pero no quería ver a nadie morir ante sus ojos. Fuera amigo o enemigo. Dejar morir a la chica pulpo sería igual a que él mismo la mate con sus manos.
―No se preocupe, jo,ven, ke,ne,dy. La jefa lo adorará luego, y a sus amigos les espera el mismo destino que a usted.
Grace no prestó atención a sus palabras, creía que perdería su conciencia en cualquier momento. Cuando dio todo por perdido, sintió cómo el peso sobre su cuerpo fue enviado a un costado y el aire recorrió un corto camino a sus pulmones.
Su pecho bajó y subió con intensidad, terminó por toser varias veces y se arrastró en el suelo un poco hasta levantarse. Lo primero que notó fue a un preocupado William acercarse a él, sosteniendo uno de los palos en su mano. Pronto, para sorpresa de Grace, recibió una mirada desconcertante de parte de su amigo. ¿Era asco? ¿Se había enojado? Nunca William lo había mirado de esa manera.
―¿William? ―preguntó Grace, pero el de negro observó al director de nuevo.
El director tomó rápido el cuchillo en el suelo, acercándose al cuerpo de Alice, colocándole el filo en su garganta. William lo golpeó con fuerza en su cabeza y ahora un hilo de sangre le corría junto a su oreja. Estaba furioso y su exaltada respiración lo delataba.
―Maldito niño. Te voy a regresar al kínder, por eso. ―dijo molesto, pero intentando mantener su característico humor―. Ahora no se muevan o mataré a la jovencita.
―¡Adelante! ―contestó William al instante―. ¿Qué importa si lo haces?
―¡A mí me importa!
Una voz desconocida resonó en el pasillo. El confundido Grace observó en la dirección de la voz y no pudo creer quién había llegado en el momento perfecto. Rachel estaba detrás de Logan, tratando de esconder el asco que sintió al ver el cuerpo de Richard y Alex. Rose le pegó con su bate a Francis, aprovechando que había sido atado por lianas verdes que el rosado no comprendía de dónde salieron.
Con curiosidad, observó la lúgubre expresión del alto joven de cabello largo y oscuro que llevaba un traje. Otra persona que no era de su salón, pero, las pupilas de Grace se encogieron y apretó sus dientes al ver el brillo verde alrededor de su cuerpo. Sintió un nudo en el pecho y un profundo terror.
―¡Un mago!... pero qué maravilla. ―clamó el director. La presencia de Jazka volteó el juego que su jefa preparó, pero su mente trabajó rápido para salir de esta situación. Con un gruñido, jaló a Alice de su cabello y notó cómo la expresión de Jazka se endureció aún más y lo apuntó con su brazo.
―¡Suéltala, gusano! Aleja tus manos de mi compañera o te enviaré al círculo más profundo del infierno. ―Que su compañera fuera tratada sin nada de cuidado, llevó a arder la sangre de Jazka. No le permitiría salir impune. Lo único que evitaba un certero disparo al pecho del director, era ese cuchillo en el cuello de su compañera y, al observar la gran sonrisa burlona del director, Jazka entendió que él también sabía lo que evitaba su muerte.
―Esto es lo que pasará, señor mago... Deje de usar su magia, baje el brazo o, antes de que logre hacerme algo, abriré de par en par la garganta de su amiga. ¿Entendió?
«¿Su amiga?», se preguntó Grace. ¿Cómo que su amiga? ¿El otro hombre brillante era amigo de la mujer que mató a sus dos compañeros? Sintió su estómago revolverse, estaba tan confundido por la situación actual, no podía apartar la mirada de la situación, nadie podía.
―Lindsy... llegamos tarde, ¿Verdad?
La de ojos verdes no quiso responder a la pregunta de Rachel. Pero, sí, llegaron tarde. Alice había matado ya a dos de sus compañeros, y Rachel no debía recibir una respuesta para entender que había sido así. El cuerpo carbonizado y el agujero en el estómago no podían ser causados por personas normales.
―No estás en condiciones para exigirme nada, asesino ―respondió Jazka, tratando de hacer énfasis en la palabra "asesino", tratando de que sonara como la cosa más asquerosa y repulsiva del mundo―. Suéltala y te juzgará un tribunal en vez de mi mano.
―No, no, no. ―Daniel se hizo a un lado de Alice con una sonrisa. No apartó ni un solo momento el cuchillo de su cuello y, con facilidad, cargó a la delgaducha joven. William no podía cerrar la boca, observando toda la escena con asombro― Hagamos esto en un lugar con menos gente, señor mago.
El director cargó a Alice como a un saco de papas, sobre sus hombros, en una extraña postura, tenía que inclinarse ligeramente hacia adelante para que la mujer no cayera. Con un brazo la mantenía y acomodaba, mientras el otro sostenía el afilado cuchillo de cocina cerca de su cuello. Jazka arrugaba su frente y, en un momento inesperado, el hombre echó a correr. El trajeado entendió que el cuerpo de su compañera estaba siendo utilizado como un escudo humano para la cabeza del director.
―¡Vuelve aquí, basura! ―exclamó Jazka. Su aura desapareció y salió corriendo para seguir al director, que fue a las escaleras subiendo al tercer piso.
Jazka y él se perdieron de vista de todos. El pasillo se mantuvo en un incómodo silencio.
―Y ahí fue nuestra ayuda. ―comentó Ray en voz baja, siendo audible solo para Lindsy. Quien la miró de reojo y levantó sus hombros curvando sus rosados labios.
La rubia no se preocupó demasiado y observó al profesor de biología. Otro seguidor de Adarza había caído desmayado. Era una victoria para su grupo, al menos, pero no entendía por completo lo que había pasado.
«Alice enfrentó al grupo de Grace y mató a dos, pero luego estaba tirada en el suelo. ¿Ellos lograron derrotarla? ¡Eso es impresionante!», pensó Rachel. Ella misma fue testigo de la pelea tan intensa que Lindsy y Jazka tuvieron hace poco. La sola idea de derrotar a algún Operador sin utilizar magia era sorprendente. Grace y su grupo lo hicieron posible.
―¡Grace! ¡William! Ay, Dios... ―Clara salió corriendo hacia el golpeado par y su atención fue a William, quien era el que tenía más moretones visibles por todo su rostro y brazos― Ay, están tan... aah. ¿Les duele?
―Yo nunca los había visto mejor. ―dijo Dexter.
―¡Cállate! ―bramó Rose. Dirigió su mirada a Dexter, no podía creer que incluso en este momento pudiera seguir con sus chistes, pero su expresión se suavizó y observó cómo Dexter se arrodilló a un lado de Richard.
El pelirrojo bajó su mirada en silencio y arrugó su rostro, conteniendo el llanto ocasionado por el dolor de perder a un preciado compañero, no, a un hermano. Conoció a Richard hace años, visitó su casa incontables veces, conocía a sus padres y habían compartido tiempo juntos viendo series, jugando videojuegos o saliendo a hacer cualquier actividad divertida. Ahora su amigo se encontraba con un agujero en su estómago sobre un espantoso charco de su propia sangre, y en su rostro se marcaba la expresión de confusión y miedo que sintió al momento de morir.
―Están bien... lo siento, Rose, yo no quería... ya me callo. Lo siento, lo siento.
Dexter acercó su mano al cuerpo de su amigo, deteniendo sus dedos justo antes de tocarlo. ¿Qué podía hacer por él? Nada. No tenía con qué cubrirlo, y por más que se odiara por esto, sentía un profundo asco de mancharse de sangre. Alejó su mano y prefirió dejarlo ahí inmóvil. Permaneció ahí al no tener la fuerza suficiente en sus piernas y su mente como para levantarse a ver el deplorable estado de Richard.
Rose se acercó al pelirrojo por su espalda. En silencio rezó por el alma de sus compañeros y luego acarició el cabello de Dexter en forma de consuelo. Rachel, que los observaba, apartó la mirada y soltó un pesado suspiro. No quería pensar en los muertos a su alrededor.
―¿Quién era ese hombre? ―preguntó Grace. Llevó su mirada a Lindsy y Rachel. Sabía que ellas, en especial Rachel, le darían una respuesta más compleja, pero fue Clara quien respondió al instante.
―¡Es un mago!
Rachel notó cómo Lindsy tragó saliva. Ya ambas esperaban que su secreto fuera revelado a más personas, pero, Clara ocultó cualquier detalle sobre que Lindsy fuera una Operadora. En su versión, llegaron rápido a un acuerdo. La rubia se sorprendió porque Clara mintiera, sí que había prestado atención a las palabras de Jazka.
―Pues, su amiga fue la que mató a Richard y Alex... ―Grace no lo creía. ¿Sus dos amigos fueron asesinados por un malentendido? Era la peor explicación que se le pudo dar. Su molestia aumentó― ¡Esa maldita pulpo disfrutaba en cazarnos!
Clara se alejó un poco y separó sus labios con temor. Grace le había gritado fuerte, como si fuera la culpable de algo. El mayor se dio cuenta y cubrió su rostro, sentándose en el suelo.
―Lo siento, Clara, yo no quería gritarte.
Rachel se acercó a los hermanos Patterson, ambos estaban malheridos e inconscientes en el suelo. Supuso que no les fue tan bien. Después de todo, al cruzar el pasillo, solo vio de pie a William contra el profesor de biología. Sintió lástima por ellos y luego volvió a sentir una punzada de dolor en su rostro. Soltó un suspiro pesado y Lindsy le tocó el hombro, sorprendiéndola.
―Iré por vendas, medicinas y lo que encuentre en la enfermería. ―dijo con una pequeña sonrisa. Todos estaban graves y, si los dejaban como si nada, algo peor podría ocurrir. Aunque no le gustaba para nada la idea de dejar a Rachel sola, ya estaban reunidos con los demás.
―Oh. ―Y a Rachel tampoco le gustaba que Lindsy fuera a dejarla, pero entendía que era necesario, de encontrarse a un oponente, ella era la única que podía derrotarlos con facilidad y regresar a salvo. Asintió con su cabeza y palmeó el hombro de Lindsy en respuesta.
Lindsy avisó a sus demás compañeros de que iría por medicina y todos la observaron.
―Manténganse aquí, por favor. Volveré lo más pronto posible, y ustedes quédense juntos.
―¡Ten cuidado, Lindsy! ―Clara fue la única en responder. Aunque también le dolía la muerte de sus compañeros, debía de permanecer fuerte, como Rachel le aconsejó antes. Si se tiraba a llorar desconsolada, perderían a más compañeros. No significaba que las lágrimas no se le escapasen cada que podía, o que sus piernas temblasen ante la espantosa vista, pero reunía toda su voluntad para ayudar en lo que pudiera.
Lindsy salió corriendo por donde vinieron. La enfermería quedaba en el primer piso, solo debía bajar las escaleras por las que Rachel y su grupo bajaron al segundo y estaría casi en frente de su destino. Rachel la vio alejarse, y con ella, la seguridad que sentía bajo su cuidado.
―Tu ojo está horrible. Te dieron una paliza. ―dijo Grace a su compañero al notar todas sus heridas.
William no le dio ninguna respuesta, había adoptado una actitud distante y seca con él por alguna razón. Grace frunció el ceño y le tocó su hombro.
―Grace, ¿por qué la defendiste? ―El dolor en la voz de William fue notable para Grace. El de ojos grises se sentía traicionado por su líder, el hombre en quien más confiaba― Te vi, la salvaste... ¿Por qué?
Sin palabras, Grace bajó la mirada en total silencio. Ya no tenía el coraje de ver a su compañero a los ojos luego de aquella pregunta. ¿Quedaría satisfecho si le respondía? De seguro no.
William tomó ese silencio como respuesta. Continuó sentado en silencio, apartando su mirada de Grace. No le importaba la razón. Él prefirió salvar la vida de la mujer que mató a sus amigos y arriesgar la suya propia. No sabía si era un idiota o alguien de gran corazón, pero en estos momentos, no quería verlo ni seguir hablando con él. Rachel, recostada a la pared, observó y escuchó toda la conversación de forma disimulada. No se entrometería en algo como eso, ya tenía suficientes problemas.
Clara trataba como podía las heridas de los Patterson, limpiando su sangre con la camisa de uno de estos, y Rose seguía junto a Dexter. Que milagrosamente llevaba callado por una cantidad considerable de tiempo para él.
El reencuentro del grupo no fue tan conmovedor ni esperanzador como lo habían imaginado. Había sido el grupo de Grace quienes más bajas obtuvieron, no habían encontrado a nadie, además de dos Operadores idiotas que atacaron sin pensar y ahora se encontraban en silencio, perdiendo valioso tiempo para salvar a los demás y huir de la escuela. Aunque nadie, además de Grace y Clara, pensaba en el tiempo que les quedaba.
Grace debía tenerlo muy en cuenta, encontrar a Jesse antes de que el tiempo se acabe era prioridad. Cuando fuera la hora normal de salida en la escuela, el grupo de Adarza matará a todos los secuestrados. Cada segundo era oro si era posible que Jesse estuviera en alguna otra parte que no fuera el gimnasio, pero la mitad del grupo había sido vencida. Los hermanos y William no soportarían otra pelea más y, contando que son siete los villanos, solo habían vencido a dos, y el mago de pelo largo perseguía a uno, eso dejaba a cuatro peligrosos asesinos libres por la escuela.
Debía tomar medidas desesperadas, donde ya ningún de sus amigos acabe lastimado o muerto, y que le permitieran seguir con su misión. Así que se puso de pie, caminó a las escaleras. William, con una expresión vacía, lo miró, pero no dijo nada. Rachel fue quien le llamó la atención.
―Ya escuchaste a Lindsy. Todos debemos permanecer juntos.
―Estoy bien, puedo seguir combatiendo. ―respondió el de rosado. Ni él mismo sabía si lo que decía era verdad.
―Regresa, Grace. Esperemos a Lindsy y luego podemos bajar juntos.
Clara se levantó del suelo. Observando al pelirosado irse sin importar lo que dijeran. Ella se sintió algo molesta, pero más que nada temía por la vida de Grace.
―Yo no quiero que ninguno de ustedes muera. Déjenme encargarme del gimnasio, yo solo. Si todos están ahí, con suerte solo habrá un seguidor de Adarza cuidando a los demás... luego nos iremos todos juntos de este maldito lugar. ―Grace levantó la voz. Todos los conscientes escucharon al de rosado. Él verdaderamente quería protegerlos, no soportaría perder a nadie más― Confíen en mí.
―Estás dando el escenario más optimista del mundo. Si mueres sin lograr salvar a nadie... eso solo lastimará más a todos... nosotros. ―Rachel dudó si incluirse. Pensó que le reprocharían, pero nadie dijo nada y Grace se detuvo― Tienes que ser más consciente. ¿Qué harás? ¿Solo vas a pelear sin más?
Grace la miró por sobre su hombro. Rachel no tuvo que escucharlo para entender que era imposible convencerlo de detenerse. Así que se acercó a Clara y le quitó su bate con cuidado, la castaña lo cedió sin problemas. Luego Rachel lanzó el bate junto a Grace.
―Al menos usa tu cerebro un poco. Tenemos bates, un picahielo y palos, no solo te vayas a los golpes como un salvaje. ―dijo Rachel con algo de molestia. Observó cómo Grace tomó el bate y siguió su camino. Algo dentro de su pecho la llevó a abrir la boca y llamar a Grace, aunque no tuviera algo que decirle― ¡Grace!...
El de rosado volvió a detenerse y resopló con su nariz, volteándose en dirección a Rachel, quien le daba un pulgar arriba. Grace abrió de más sus ojos.
―No te mueras ―ordenó Rachel―. Aún tengo que evitar que tú y Jesse me pateen.
―Pff.
Grace frunció el ceño. Dándole la espalda para ocultar una pequeña sonrisa en su rostro. Lo perdieron de vista al momento que cruzó en las escaleras y, ahora contándolo, tres ya habían tomado caminos diferentes con objetivos similares: Ayudar a los demás.
―Qué cursi fue eso. ―Comentó Rachel para sí misma, luego se recostó de nuevo a la pared y se dejó caer con lentitud, hasta quedar sentada en el suelo.