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#57 El Vacío Que Queda

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 05 de septiembre de 2026

—Mi adorada maestra me dijo que hay algo especial con los operadores que pueden materializar objetos. —Taara ganó la atención de todos. Solo Rachel, Engel y Carol brillaban por su ausencia, pero el resto quería discutir sobre lo ocurrido en el anterior juego— ¡Son los que más aura tienen!

—¿Por qué? —Ne Zha levantó su brazo, pidiendo permiso para hablar.

—Porque también son los que más aura gastan, da. —Sonrió burlona, llevándose las manos a sus caderas—. Ellos ya tienen mucha, pero diría que Carol está bendito por el aura.

Zachary mostró más interés por la conversación y ese nuevo término. Sus ojos se cruzaron, sacándole una ligera sonrisa a la india. Se levantó del sofá, aclarando su garganta.

—Muy bien, ya les explicaré, como veo que me están rogando.

—Nadie te está rogando. —Ellie levantó su mano; apenas y pudo esquivar la almohadilla que Taara le lanzó.

—Un bendito por el aura es una persona con muchas afinidades en las categorías del aura, que además desde nacimiento su reserva de aura era enorme. —Taara caminaba a pasos lentos en el medio de la habitación, levantando dos dedos— Rápido, díganme qué piensan de las habilidades de Carol en términos de estudio.

—Creación y manipulación. —Zachary respondió al instante— Es afín a controlar el aura fuera de su cuerpo, pero por el golpe que le dio a Rachel, diría que también es bueno en combate físico. Además, tiene esa rara superpercepción del aura que Rachel llama “clarividencia”.

—Jueputa. A ese mardito le dieron de to’ para ser un operador de poder mamastrófico. Le debí copiar la operación a él y no a River —Ellie dejó salir aquellas palabras en su idioma nativo. Frunció el ceño, lamentándose de gastar la habilidad de River en una ronda que perdería—. Ah.

Todos la observaron con curiosidad; nadie aparte de Joao había entendido qué fue lo que dijo. El español no era un idioma que ninguno dominase, pero hasta el brasileño levantó una ceja.

—Ellie, ¿qué carajo es mamastrófico?

—Aish, qué pereza explicar.

—Dependiendo de lo que sea que Ellie haya dicho. —Taara aplaudió dos veces—. Debemos tener en consideración el poder de Carol entre nosotros. —Rechinó los dientes al decir aquello último; durante mucho tiempo pensó que ella era la mejor usuaria de Aura entre las promesas; esto era casi una cachetada de realidad.

—No hay que preocuparnos por eso. —Jack tomó la palabra. En sus piernas tenía una laptop con la que revisaba el video ya editado del combate— No creo que tenga intención de seguir combatiendo.

—Apoyo sus palabras —Lei Qiang se unió a la conversación, asintiendo con una pequeña sonrisa—. Las acciones de Carol fueron impulsadas por la debilidad de Engel; creo que simplemente adelantó lo que quería hacer más adelante para ayudar a Engel a darse cuenta de algo.

—Vaya, qué emoción. —Ao Bing por alguna razón los miraba con una gran sonrisa— Entonces, cada que tengamos a Carol de enemigo, estaremos jugando a la ruleta rusa, porque si se aburre porque se le acabe la batería, entonces es una derrota total.

Ne Zha reía por sus palabras. Taara se llevó una mano a la barbilla, pensativa, poco después miró a Alice. Chasqueó sus dedos con una sonrisa revitalizada.

—Alice, ¿quieres ser útil?

—¿Qué? —No quiso hablar durante toda la reunión. Había mantenido su cabeza gacha, con una mirada perdida.

—Haznos un favor a todos: cada noche recuérdale a Carol que cargue su celular.

—… ¿Está bien?

Zachary rodó sus ojos, sorprendido de que esa fuera la gran solución de Taara. Su sorpresa más grande fue que todos asintieron con la cabeza, como si fuera un excelente plan infalible.

Después de esa rápida reunión, todos se retiraron. Zachary permaneció sentado en el sofá, conversando con Taara sobre algunos de sus gustos de comida y las pocas películas que había visto. Luego se levantó, retirándose del cuarto para subir al segundo piso.

«La situación es… Desfavorable». Pensó el moreno, dirigiéndose hacia su cuarto por el pasillo del segundo piso. Entonces la voz de Lei Qiang, proveniente del cuarto de Ellie, llegó a sus oídos.

—Eres una operadora competente, Ellie. No hay nada por lo que debas preocuparte.

Zachary caminó hacia la puerta sin realizar ruido alguno, deteniéndose a un lado para escuchar la conversación entre la asiática y la sollozante maga latina.

—No quiero volver a casa con las manos vacías. —Ellie, sentada en su cama, limpió las lágrimas en su rostro— Si desperdicio esta oportunidad única… no habrá otra, y mi familia… Quiero darles una vida mejor.

Zachary desvió su mirada al darse cuenta de la presencia de Lindsy Logan. La princesa esmeralda sin hacer un solo ruido se encontraba junto a Zachary. El moreno estrechó sus ojos al ver una sonrisa parecida a esas muecas burlonas que Rachel también hacía a veces.

Los dos caminaron a la par, alejándose del cuarto para no interrumpir la conversación.

—No sabía que fueras un pervertido. —dijo Lindsy sin dejar de sonreír.

—Solo fue mera curiosidad, no soy de ese tipo de persona. —Zachary cerró sus ojos, ignorando aquel comentario.

—Es hermoso ver a los operadores esforzándose, ¿verdad?

—Si disfrutas verlos caer en desesperación por no cumplir sus metas, debo decir que eres más sádica que tu padre, Lindsy. —Zachary abrió sus ojos, deteniendo sus pasos para mirar a la joven de camisa verde con cuello de tortuga.

—No lo disfruto para nada. —Lindsy se detuvo, llevándose las manos a su espalda— Pero no porque te esfuerces más significa que recibirás algo a cambio. Parte de esto es lidiar con el miedo al fracaso. Lo vale por tu sueño, ¿no?

—Tiene un punto.

—¿Y cuál es tu sueño, Zachary? —Curiosa, jugó con sus dedos. Él era el único que todavía no le comentó qué pediría al final.

—Tenga buena tarde, señorita. —Zachary sonrió. Siguió su camino hasta la puerta, entrando en su habitación.

Lindsy se llevó los puños al rostro, apretándolos con desesperación en un pequeño puchero. Que continuara ocultándolo solo provocaba que su interés por ese secreto creciera aún más. Su padre de seguro se lo contaría, pero aún faltaban cerca de tres días para que eso ocurriera.

Lindsy se dio por vencida. Caminó a las escaleras de la sala blanca en el sótano. Escuchaba el intercambio de golpes que se llevaba a cabo. Bajó en silencio, no quería interrumpir el entrenamiento de Rachel que, si la viera, dejaría de combatir para abrazarla.

Se sentó al final de la escalera, con su mirada perdida en la tonificada espalda de la pequeña rubia. Recubierta con su aura, Rachel bloqueó con su antebrazo una patada de Renate que iba a su costado. Aprovechó la abertura, lanzándose contra Renate y dirigiendo un golpe a su pecho. A pocos milímetros de impactar, abrió sus ojos en sorpresa. Su puño salió disparado hacia atrás por una presión invisible, pero con su excelente habilidad de percibir el aura fue capaz de darse cuenta de la concentración anormal en el lugar donde Rachel golpearía.

Con parte de su cuerpo siendo impulsada hacia atrás por ese “rebote”, los ojos de Rachel se clavaron en el puño rodeado de aura gris. No pestañeó a pesar de recibirlo en toda su nariz, parte de su entrenamiento era perder el miedo de recibir golpes.

Generó hilos con su otra mano, moviéndola con brusquedad, dirigiendo sus hilos a la mejilla de su oponente.

Renate atrapó todos los hilos en un fugaz movimiento, demostrando su excelente reacción rápida. Sus ojos grises observaron de reojo aquellos finos hilos cargados de aura. Sonrió satisfecha y los soltó. Ambas apagaron su aura dando fin a la sesión de entrenamiento.

Llena de sudor, Rachel se dejó caer al suelo, sentándose con la respiración ligeramente agitada.

—Carajo… ¿Por qué no puedo leerte? —Rachel soltó un pesado suspiro, limpiándose la frente.

—No lo sé. Nunca he hablado con un clarividente o leído sobre ellos. —Renate acomodó su flequillo. Fue a una silla para tomar su gabardina oscura y colocársela.

—¿Qué fue eso que hiciste en el último momento? —Rachel hizo sonar su cuello, cerrando sus ojos con su cuerpo ardiendo debido al combate.

—Un rebote. Te lo enseñaré luego. —Renate se dio la vuelta y sonrió—. Si te lo explico ahora, tratarás de hacerlo y, créeme, si no lo haces bien, te podrían matar o dejar con secuelas.

Rachel aceptó las palabras de Renate y asintió, pero ya tenía una vaga idea de lo que su maestra hizo para conseguir que su aura le hiciera rebotar el golpe.

—¿Qué piensas de mis hilos, Renate? Lawrence no deja de quejarse como una zorra.

—Es Lawrence. —Renate subió sus hombros— Él es así. No le hagas caso. Confío totalmente en los consejos de Sketchman sobre el aura, es el operador más capaz que conozco.

—Awww, qué lindo es el amor. —Se burló la rubia tomándose las mejillas.

—¿Ya le dijiste a Lindsy que vas por ahí diciendo que creaste tus hilos para amarrarla en las noches?

—Ah. —Rachel apartó su mirada, recorriendo toda la habitación con una sonrisa torcida— ¿Yo? Sería incapaz.

—¿De verdad? —Lindsy jaló el cabello de Rachel, jalándolo con cuidado de no lastimarla—. Creo que tenemos que hablar, cariño.

Rachel tembló. Su risa nerviosa emergió sin que ella pudiera controlarla. Se puso de pie, esperando que su maestra dijese algo en su ayuda. No fue así. Rachel apartó su mirada, tratando de alejarse de Lindsy, que no soltaba su cabello.

—Hola, amor. ¿Cómo estás?

—Bien, ¿Y tú?

Rachel soltó una risa, acercándose a la princesa para abrazar sus caderas y alzarla del suelo. Lindsy soltó su cabello, colocando sus manos en los hombros de la de gabardina, dejándola girar tanto como quisiese.

—¿Cuánto llevas viéndome? —Rachel se detuvo poco después, bajando a Lindsy. Juntó su frente con la de ella, frotando la punta de su nariz con la de Lindsy, que cerró sus ojos.

—Llegué para ver el final. Te ves hermosa cuando te concentras tanto. —Tomó las mejillas de Rachel, pellizcándolas con suavidad— Bueno, te ves hermosa en todo momento.

Renate se cruzó de brazos. Aquella vista le resultaba simplemente adorable. Para ella, ver a la elegante y perfecta Lindsy Logan comportarse como una niña pequeña era algo que solo podía ocurrir con Rachel de por medio.

«Son tan lindas cuando están juntas… Sí, Lindsy era justamente lo que Rachel necesitaba». Pensó la usualmente inexpresiva mujer.

Al inicio no tuvo ningún tipo de esperanza en que Rachel llegara a este punto. Solo era una niña malcriada que no sabía nada, pero se esforzó como cualquier operador para avanzar, ya sea por venganza o no. Renate podía afirmar que conocía a Rachel y, si le preguntaran: ¿Qué le da fuerzas a Rachel para avanzar? Ella respondería sin duda: Lindsy Logan.

«Y tú también la necesitas, ¿verdad, Lindsy?» Renate recuperó su semblante usual. Aclaró su garganta, interrumpiendo a Rachel, que acercaba sus labios a los de la Logan.

—Rachel Ficks.

Que Renate la llamara por su nombre completo disparó sus alertas. Tomó distancia de Lindsy, aunque al darse cuenta de que fue demasiado fría, se acercó por un momento para besar su mejilla.

—No sabes qué tan feliz me haces. —Lindsy se llevó una mano a su mejilla.

—Feliz no es lo único que quiero hacerte —susurró la rubia, guiñándole un ojo a Lindsy antes de alejarse, sintió la mirada de Lindsy recorrerla de arriba abajo.

Renate mantenía sus brazos cruzados. En aquella espaciosa habitación blanca, su presencia elegante oprimió a Rachel. La misma sensación que en su primer encuentro la hizo temblar, ahora solo provocaba un sincero respeto por ella.

Renate y Lindsy fueron los motores de su crecimiento como operadora. Junto con Chloe, se volvieron su razón para seguir avanzando sin detenerse. Lindsy: La chica con la que quería compartir su vida. Renate: La operadora que le dijo lo que debía escuchar y ayudó a cambiar la figura a la que Rachel aspiraba ser como una operadora.

—Rachel Ficks

—¿Sí?

—¿Qué es ser fuerte? —su expresión se suavizó, tornándose en una tranquila sonrisa. Sus ojos grises brillaron ligeramente.

Rachel quedó muda. Se llevó una mano al pecho, exclamó emocionada.

—¡Dar lo mejor de mí para proteger lo que quiero y en lo que creo! —Rachel apretó el estampado de su camisa roja.

—¿Cómo te sientes ahora al verte al espejo?

—Con orgullo… Me siento orgullosa de mí.

—¿Por qué quieres ser fuerte?

—Para no decepcionar a los que creyeron en mí. —Rachel soltó su camisa, mirando de reojo a Lindsy por un momento— Y para no decepcionarme a mí misma.

Lindsy, sentada en el suelo, abrió la boca para decir algo, pero en su lugar, le lanzó un rápido beso que hizo enrojecer el rostro de Rachel.

—¿Qué es lo que harás una vez termines los juegos? —Renate dejó de sonreír, Rachel hizo lo mismo.

Lo pensó por un momento: ¿qué era lo que haría después? Entonces frunció el ceño, dando un paso adelante.

—Voy a usar todo lo que aprendí para cazar a Adarza y ser yo misma quien le abra la garganta. —No titubeó en su respuesta— Nunca podría perdonarme a mí misma si alguien más lo hace.

Renate asintió, ignorando cómo Lindsy, detrás de Rachel, bajó la cabeza con decepción. Renate caminó hacia Rachel. A pocos centímetros de ella, se agachó un poco para abrazar con fuerza a la rubia de su cuello.

La pobre Rachel sintió su cerebro detenerse. Este abrazo era diferente a cualquier otro, las manos de Renate estrujaron su gabardina gris.

«Esto… se siente mal». Rachel cerró sus ojos, recostando su cabeza en el pecho de Renate, escuchando el latir de su corazón. Dudó, pero correspondió el abrazo, aferrándose al abdomen de su maestra, deseando no soltarla nunca.

—Gracias, Renate.

—Eres una niña maravillosa, Ray. —Renate frotó su cabeza con la de la pequeña niña a la que abrazaba— Sigue así, mi torpe y densa niña.

Rachel miró de reojo a Renate, el temblor en su voz confundió a la pálida joven. Subió su mano, acariciando la espalda de Renate hasta introducir los dedos en su cabello.

Con ojos aguados, Rachel deseó que este momento fuera eterno. Ella podía darse el lujo de decir que conocía a Renate. Esto no era una simple felicitación.

Renate se estaba despidiendo a su manera. «Claro…  Ella se está despidiendo. Sí. No trabaja para los Logan. Es el fin de mi entrenamiento con Renate, varias veces te preparaste para este día». Trató de convencerse a sí misma, pero las palabras de Renate atravesaban su corazón en forma de un adiós, no un hasta pronto.

Trató de ocultar el temblor de sus labios, frotando su rostro contra el hombro de Renate para limpiar sus lágrimas. Todavía seguía siendo una niña llorona.

—Ya no hay mucho que yo pueda enseñarte. —Renate se separó, Rachel se aferró a aquel abrazo por unos momentos, hasta que fue perdiendo poco a poco su fuerza— Solo las experiencias que tendrás podrán ayudarte a mejorar.

—Rena... —Rachel bajó su mirada, mordiendo su labio inferior—. Me alegra haber sido tu aprendiz.

Rachel levantó su mirada, regalándole una enorme sonrisa. Renate acarició su mejilla, se acercó, besando su frente por un momento fugaz.

—Fue divertido ser tu maestra… Cuídate. —Renate pasó junto a Rachel. Ignoró cómo Rachel se dio la vuelta, había algo que quería decir. Ella se detuvo, pero no escuchó nada. Rachel calló. Cosa que Renate agradeció, su corazón se relajó— Lindsy, por favor, lléveme con Arthur.

—Espero que te vaya bien de vuelta en tu trabajo, fue un placer tenerte aquí. —Lindsy se despidió de Rachel, avanzando junto a la guardaespaldas. Obviamente, no quería dejar a Rachel sola ahora mismo, pero Rachel volvió a darles la espalda a ambas, sabía que quería un tiempo a solas.

Lindsy subió las escaleras primero. Renate se dio la vuelta y miró a Rachel de reojo. Al instante que se dio cuenta de sus hombros temblorosos, estrujó sus labios entre sí, soportando la necesidad de correr a verla. Entonces, vio a Rachel subir su brazo, levantando su pulgar. Renate ladeó su cabeza ante aquel gesto, no dudó más y subió las escaleras.

Rachel miró la enorme pared vacía, lo único que rompía el espacio totalmente en blanco era la silla de madera donde Renate dejó su gabardina. Bajó su brazo acercándose, acariciando el borde con una ligera sonrisa, con ojos llorosos, le fue imposible contenerse más.

—¿Por qué te tienes que ir? —Otras palabras que quiso decir en aquella conversación, pero no podía, no debía. Estaba segura de que cualquier otra respuesta acabaría por lastimarla. Las lágrimas recorrieron sus mejillas y, sin fuerza en sus piernas por el cansancio, acabó por sentarse en el suelo delante de la silla—. Rena… Gracias.

Rachel encendió su aura, sollozando sin apartar la mirada de la silla vacía. Encontraría la manera de enorgullecer a Renate, aunque no sabría cuándo volvería a verla. Muchas veces se preparó mentalmente para este día, pero ahora que su maestra se había ido, recordó el vacío que queda en el corazón cuando alguien que amas se va, y es incierto que no lo volverás a ver.

Ese era el único problema que Rachel detestaba en querer a las personas, nunca soportó verlas marcharse, jamás se acostumbraría a algo que le resultaba tan doloroso.

No dijo nada más. Lloró en soledad en aquella habitación, deseando lo mejor para su maestra, a quien llegó a considerar como otra hermana mayor.

 

 

Lindsy buscó a Rachel en la sala blanca luego de que Renate y Arthur se fueran. Quería correr lo más rápido que pudiera a consolar a Rachel. No esperaba que la partida de su maestra la hiriera tanto, de hecho, estaba completamente segura de que Rachel actuaría de una forma mucho más enérgica.

No la encontró ahí, tampoco en su espacioso nidito de amor, ni en las salas que utilizaron para las reuniones o su cumpleaños.

—Ah… Ray.

Lindsy desistió en su búsqueda luego de preguntarle a las promesas más cercanas a Rachel: Carol, Joao, Ellie y Lei Qiang. Pero ninguno la había visto.

Su preocupación disminuyó solo un poco, luego de ver en su celular un mensaje de Rachel, que le informó que estaría caminando por el pueblo un rato.

Ese rato se convirtió en horas. Lindsy pasó su día en el cuarto, preparando el último evento de los juegos. Sentada en la cama, escuchó la puerta abrirse. Rachel entró con una pequeña sonrisa, saludando a Lindsy con el gesto de paz que le gustaba hacer.

—Hola… —Ella se veía obviamente avergonzada. Temía que Lindsy se enojara con ella por esa desaparición, pero sinceramente quería un tiempo a solas.

—Hola, cariño. —Dejó su celular en la mesa de noche del espacioso cuarto— ¿Quieres ver una serie o jugar algo?

Trató de sonar tal cual cada noche le hacía esa pregunta. Entendía a la perfección que existieran momentos donde Rachel necesitaba su espacio, respetaba esa decisión, de hecho, era esperable. Lo que no esperó fue que, luego de esa simple pregunta, Rachel bajara su mirada. Lindsy se levantó, acercándose a Rachel.

Trató de tomar sus mejillas como siempre, pero por primera vez, Rachel huyó de su agarre. Negó con la cabeza, forzando una sonrisa.

—No, no. Todo está bien, Lindsy… —Se tiró en la cama, sacando su celular— ¿Un capítulo de Doctor Who? —mantuvo aquella sonrisa mostrándole su celular a Lindsy— Estoy de ánimos para dos o tres. Si no, veamos otra serie, ¿hay algo que tengas en tu lista para ver?

—Ray…

—¡Un juego!... Sí, podemos jugar algo en el celular.

Lindsy mantuvo silencio ante la joven alterada, solo había visto este lado de Rachel una vez, en esa horrible noche que las unió.

—Dime…   Dime algo. —Rachel se cubrió el rostro, afincó sus uñas contra su piel— Solo hagamos cualquier mierda, por favor.

—Rachel.

Rachel levantó la mirada. Su rostro fue presionando contra el suave pecho de Lindsy. La habitación quedó en silencio nuevamente, mientras que Rachel negaba con su cabeza.

—Lindsy, solo quiero ver algo…  —Soltó entre llantos. Dejó caer sus brazos sin fuerza alguna.

—Volverás a ver a Renate.

Rachel negó con la cabeza sin apartarse del pecho de Lindsy.

—¿Por qué no?

—Hay algo que está… Está mal, estoy segura de que está mal. —Sus manos subieron a los costados de Lindsy, aferrándose a su suéter—. No sé si es con los Vasíliev o algo con Renate, pero yo ya he visto ese rostro, esos ojos al momento de despedirse…  Ella sabía que posiblemente no vuelva a verme. No necesito clarividencia para darme cuenta de eso. ¡Y no me digas que no pasa nada! ¡No soy estúpida!

Lindsy tomó algo de distancia, sorprendida por aquella hostilidad tan repentina. Rachel bajó su torso, negando con la cabeza, con sus lágrimas cayendo a la cama.

—Lo siento… No quería gritarte, solo… Solo déjame dormir, estaré mejor mañana.

—No solo tienes que hablarme sobre lo feliz que estás, Ray. —Lindsy se sentó a su lado, acariciando su espalda sobre aquella gabardina. No tardó en ayudarla a quitársela— Estoy aquí para ti.

Rachel la miró de reojo. Sintió asco de sí misma. «Contrólate… Contrólate». Tomó un profundo suspiro, no aceptaría jamás tratar de esta forma a Lindsy, no le importaría hacerlo con cualquier otro, pero nunca a Lindsy.

—Mamá nos ocultó su problema hasta que fue muy tarde y… no pudimos hacer mucho. —Rachel levantó su torso, mirando a los ojos de su pareja— Odio cuando… cuando pasa esto, cuando la gente se va, cuando sé que no los volveré a ver. Hay algo en mi pecho que sufre, sufre como si lo apuñalaran cuando alguien a quien quiero solo… Solo se va.

Lindsy asintió con su cabeza, tomando la mano de su querida Rachel. La rubia apretó sus dedos con los de Lindsy. La rubia acortó la distancia, escondiendo su rostro en el cuello de la pelinegra.

—Odio eso.

—Entiendo… —Sin saber qué decir, Lindsy acarició la cabeza de Rachel otra vez. No encontraba palabras adecuadas para este momento, por lo que prefirió guardar silencio, brindándole un hombro a Rachel para que pueda llorar hasta desahogarse.

—Soy estúpida, lo siento.

—No lo eres.

—Claro que lo soy. No te merecías que explotara contra ti.

—Bueno… Sí, eres algo… inestable cuando tratas con una emoción negativa muy fuerte.

—¿Algo inestable?

—Más que nada, gritona.

Rachel alejó su cabeza, observando nuevamente el brillante rostro sonriente de Lindsy, que no estaba para nada enojada.

—A veces siento que no te merezco, Lindsy. —dijo con una pequeña sonrisa.

—Oh, vamos… No me imagino con nadie que no seas tú. —respondió tomando las mejillas de Rachel, limpiando gentilmente el rastro que dejaron sus lágrimas— Te amo.

Rachel colocó sus manos sobre las de Lindsy. Sus ojos brillaron, deslumbrada ante la belleza gentil desbordante de su adorada novia. Acercó su rostro, chocando su aliento contra el de Lindsy, que cerró sus ojos a la par de Rachel. Los labios de ambas chocaron con ternura, diferente a los besos que usualmente compartían en sus noches tan animadas. Fue corto, pero el corazón de ambas aceleró su ritmo, olvidando por completo todo lo que las rodeaba. Rachel colocó sus manos en el hombro de Lindsy, profundizando más en aquellos carnosos y amables labios.

Al separarse, una tímida Rachel bajó la mirada, recibiendo gustosa las caricias en su rostro. Lindsy la acostó en la cama, recostando su cabeza contra el pecho de su llorona, pero adorada Rachel.

—Duerme, Rachel. Mañana tendrás que esforzarte mucho.

—Te amo. —Rachel las arropó a ambas, permitiéndole a Lindsy dormir cómodamente sobre su pecho.

Lindsy no respondió, no había necesidad. Pasó un rato antes de que cayera dormida, pero Rachel se mantuvo despierta. Ya sea preocupada por esa expresión en Renate, o su propia forma de actuar con quien más apoyo le había dado.

La noche para Rachel sería muy larga.

 

 

—El equipo rojo: ¡Jack, Ne Zha, Engel, Taara, Lei Qiang y Alice! Mientras que el azul será conformado por: ¡Zachary, Joao, Carol, Ao Bing, Rachel y Ellie!

Sobre aquella colina, los grupos se dividieron, preparados para el penúltimo juego. Los nervios de quienes se encontraban en el medio y los puestos más altos eran casi palpables. El único que estaba tranquilo era Carol Ardelean, que se llevaba las miradas de la mayoría, recelosas, curiosas o ardientes, dispuestas a derrotarlo si fuera necesario.

—Oh, maldición. —Carol bufó. Presentía que tratarían de cazarlo para obligarlo a pelear. Ya se arrepentía de haber ayudado a Beatrice Engel en la anterior prueba.

Su mirada pasó rápidamente por Beatrice, que deslumbraba con un nuevo porte, más seguro, capaz, con una mirada desbordante de determinación.

Por otro lado, al ver a Rachel, se dio cuenta al instante de que algo pasaba con su querida amiga. Sus ojeras eran más notables que a las que se habían acostumbrado todos, su expresión caería de su carisma cotidiano antes de iniciar alguna de las pruebas.

«Si ella quisiera hablarlo, ya hubiera venido…» Pensó. Aunque le preocupaba, y le daba mucha pereza estar preocupado, le daría algo de tiempo a Rachel hasta que ella misma estuviera dispuesta a ir a hablar con él.

—¡El juego final será entretenido! Hay diez esferas de colores regadas por el campo. —Lindsy levantó en su mano una esfera del tamaño de una pelota de Golf— No hay límite de tiempo. El objetivo es insertar las esferas en la base del rival. Las bases cambiarán de lugar cada que un punto sea anotado, las identificarán porque brillarán en azul o rojo. El equipo que inserte más esferas es el ganador. +1 punto por derrotar al rival, -1 por perder. +2 por ganar al equipo, +1 por empate. Cada persona que inserte una esfera recibirá un punto extra y aquel que inserte la esfera de la victoria para su equipo, otro punto extra.

«Perra miserable, no ha dicho nada sobre si las esferas pueden ser destruidas». Zachary estrechó sus ojos, estaba cansado de los tecnicismos, por lo que tomaría la falta de información como uno, pero dudaba de ser el único que había llegado a esa conclusión.

Ambos grupos siguieron a sus respectivos mayordomos, quedando en alguna parte de aquel bosque. Ellie y Joao miraban con preocupación a Rachel, que no había dicho ni una sola palabra.

—¿Pasa algo? —Ellie se animó a ser quien rompiera el hielo.

—No. Solo fue una mala noche. —dijo Rachel negando con la cabeza.

—Pues olvídate de esa mala noche. —Zachary interrumpió— Te necesitamos concentrada, porque a diferencia de ti, hay personas aquí que queremos ganar y nos hemos esforzado mucho.

Rachel en otro momento lo hubiera insultado, o respondido con sarcasmo. En lugar de eso, asintió con la cabeza obediente. Zachary sintió su estómago revolverse, incrédulo de aquel gesto.

«¿Qué le pasa a esta?»

—Yo puedo rastrear el olor de las esferas. —Joao levantó la mano, llevándose las miradas de todos en el grupo—. Seré su radar personal.

—Yo seré un radar. —Rachel levantó su mano.

—Ellie, tú y yo, junto con Zachary, enfrentaremos a los demás. —Ao Bing sonrió, llevándose la sorpresa de la negación de Ellie.

—Tengo una mejor idea. —La morena de rizos se frotó las manos— Vamos a ganar sin pelear, con los poderes de Rachel y Joao, podemos tomar las esferas en silencio, evitando a todos los demás. El único problema será Ne Zha, quizás Jack, que pueden elevarse para buscarnos.

Zachary llevó una mano a su mentón, estudiando el plan de Ellie.

—Entiendo, si copias los poderes de Joao, tendríamos dos rastreadores. Me gusta. —Zachary asintió, observando a Ellie saltar con emoción— Bing, encárgate de enfrentar a Ne Zha en el aire, nadie los interrumpe cuando pelean, así nos quitaremos una de las amenazas. Carol.

Carol, ya acostado en el suelo sobre una manta, se recostó a uno de los árboles, ocultando su presencia. No iba a hacer nada.

—Sí, perfecto. Tú serás nuestro punto de reunión.

—No, espera. —Ellie lo interrumpió— Puedo servir como radio con el poder de Violet North, lo obtuve en el cumpleaños de Lindsy. Con eso, puedo hablar entre todos y Rachel servirá como nuestro radar de personas.

—Bien, entonces yo iré junto a Joao para protegerlo. Rachel, haz lo mejor que puedas.

Rachel asintió con la cabeza. Ellie cambió su habilidad, tocando a cada uno, incluyendo a Carol por si acaso, explicando cómo funciona la habilidad de Violet.

—La palabra clave será: Patacón.

—Recuerden también buscar cuál es la base enemiga activa para recibir las esferas —dijo Rachel, mirando a su alrededor. Ni siquiera los habían dejado en una base.

«Vava. Claro que lo haremos». Pensó Ellie.

«Puedo oler también algunos de esos lugares». Joao se unió a la conversación.

«Joao, Joao». Ellie aguantaba la risa, entonces habló por el teléfono mental. «¿Te gusta oler bolas?»

Zachary rodó los ojos, ignorando las risas de Ao Bing, Joao y Ellie. Rachel sonrió un poco, levantando su pulgar.

“¡El juego comienza ahora!”

Tras el anuncio de Lindsy, el grupo se dispersó, dejando cómodamente a Carol ahí tirado. Este sacó su celular para ver algunos videos, pero por pura curiosidad, utilizó su clarividencia para observar a todos en el campo.

 

 

En el cielo, Ao Bing se deslizó hasta encontrarse con Ne Zha, que obviamente se encontraba desplazándose a gran velocidad. Ambos se detuvieron a varios metros de distancia, observándose con una gran sonrisa.

—¿Qué no te cansas de buscarme para pelear? —Ne Zha arqueó una ceja, burlón— Hermano, consíguete una vida o algo.

«Bing, Taara está debajo de ti, es una trampa».

Ante las palabras de Rachel, Ao Bing generó dos enormes martillos de hielo, preparándose para enfrentar a Ne Zha, mientras que bajó sus pies, toda la plataforma que utilizó para llegar hasta ahí se transmutó hasta convertirse en gotas de agua rodeadas por aura, que salieron disparadas hacia el suelo en una incesante lluvia de balas.

Ne Zha, sorprendido por ser descubiertos, se lanzó a la carga contra su hermano, invocando su lanza a la par que enviaba a su cinta para combatir. Taara, por otro lado, tuvo que huir de la zona, siendo impulsada por sus planetas para no acabar empalada por la lluvia de balas.

 

«Joao, Zach. Jack y Alice están cerca de ustedes, a unos 100 metros a la derecha».

«Entendido».

 

«Ellie, ¿cómo te va?»

«No he tenido ningún problema, ¿hay alguien cerca de mí?»

«No, tranquila, Lei Qiang está en otro lugar».

 

 

Rachel avanzaba entre los árboles, distrayendo su mente con la ubicación de todos los presentes menos Carol, que ahora empezaba a usar su clarividencia.

Detuvo en seco sus pasos, sorprendida de ver incrustada en uno de los ojos de Odín grabados en los árboles una esfera de color amarillo. Rachel corrió a tomarla, informándoles a los demás sobre haber encontrado la primera.

«Excelente»

«¡Eso! ¡Bien hecho, Ray!»

Rachel estudió la esfera. Dio media vuelta para correr de vuelta con Carol, pero al concentrarse de nuevo en los demás, el aura de Engel actuó de manera extraña, dentro de la mente de Rachel, esa aura brillaba con más intensidad. Rachel se concentró, captando el mensaje que la danesa le daba.

“Estoy en la base activa de mi equipo. Ven tú sola, por favor".

Rachel se detuvo, mirando en dirección del aura de Engel, que se encontraba totalmente sola. No mentía, eso podía confirmarlo fácilmente.

«Carol, hazme un favor».

«Solo si me cuentas al salir de aquí qué te ocurre».

«Es un trato, reemplázame en el trabajo durante un rato, ¿sí?»

«¿Qué carajo harás, Rachel?» Zachary se entrometió en la conversación.

«Que sepas que donde pelearé está la base enemiga, no se entrometan a menos que Carol les informe, pero lleguen rápido para anotar el primer punto».

«¿Qué vas a hacer?»

«Saldar cuentas, no se entrometan, por favor». Rachel apretó sus puños, tomando rumbo a la base enemiga. «Carol, ¿aceptas?»

«Hecho».

Aceleró el paso, corriendo a gran velocidad, ocultando a la perfección su presencia. En unos cortos minutos, Rachel llegó al lugar indicado. Al cruzar algunos arbustos, Engel se encontraba de pie sobre un podio de color blanco. Encima del podio había un agujero donde colocar la esfera. A un lado, una gran lámpara de un avivado color rojo.

—Gracias por cumplir con mi petición —dijo Engel, bajando de un salto de aquel podio, caminando a la perfección con tacones negros. El equilibrio mejorado de un operador era maravilloso.

—Solo vengo a desquitarme un poco —respondió. Largo hilos emergieron de los dedos de su mano izquierda, arrastrándolos por el suelo—. No es personal.

—De hecho, lo es, Rachel. —Engel frunció el ceño— Es algo que volví personal, y quiero ofrecerte mis disculpas.

Rachel se detuvo, ladeando su cabeza extrañada. La repentina amabilidad y cortesía de Beatrice Engel resultó tan antinatural para ella como ahora lo era la falsa amabilidad de Adarza dentro del espejo. Incluso llegó a pensar que Beatrice tendía una trampa, pero al confirmar con la clarividencia, todos estaban lejos de aquí, ocupados en lo suyo.

—¿Qué es lo que quieres?

—Primero que todo, disculparme por mi pésimo comportamiento… No es la mujer que soy.

Rachel asintió, entonces Engel cruzó un brazo sobre su pecho, levantando dos dedos. Las coloridas uñas de Engel, pintadas de azul con estrellas, se despegaron de su piel, dejando correr la sangre entre sus dedos, girando a gran velocidad, aún conectadas a la danesa por un hilo de carne y sangre. Ella ni siquiera pestañeó.

—Dos: Quiero zanjar lo nuestro aquí y ahora. —Una sonrisa confiada se formó en su rostro, con ojos brillantes de la emoción— ¿Aceptas?

Atónita por el espantoso momento proporcionado por Engel, Rachel extendió ambos brazos, a los lados, generando diez hilos rodeados por aura.

—Acepto.

Engel relamió sus labios y, con sus ensangrentados dedos, formó en su mano la silueta de una pistola, apuntando a Rachel.

—Repito… Gracias, Rachel Ficks. En verdad te debo mucho.

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