El cuerpo de Lei Qiang fue paralizado por completo por la habilidad del caballero de armadura negra frente a ella. La forma Dullaham de Joao había recibido algunas mejoras. Podía usarla para pelear en combate cercano, convirtiendo el látigo en cuchilla; su velocidad y fuerza aumentaron, aunque no había logrado mejorar la parálisis.
—Yo diría que, si esto no fuera un combate escolar, este poder sería muy útil —comentó con una sonrisa el larguirucho brasileño. Debatía qué hacer en estos momentos. Sin la fuerza para noquear a Lei Qiang de un golpe, quitarle la parálisis sería molesto— Disfruta el juego. —Pasó junto a ella corriendo, estirando el látigo emergente de la calavera en su mano. El látigo se estiró, lanzando múltiples ataques a la india de ropa llamativa.
Ellie sonrió al recibir a la caballería, de forma muy literal. Conseguía evitar los ataques de Taara con pequeños saltos espaciales, pero no podría seguir así por mucho tiempo. En todo momento, Júpiter se mantenía cerca de la del punto rojo en su frente, con una gravedad abrumadora, pues la misma Ellie intentó atacarla una vez, pero tuvo que huir con la cola entre las patas debido a la presión. Taara era mucho más fuerte que al inicio del evento; todos se hacían más fuertes.
Entonces la voz de Lindsy anunció la derrota de Engel. La maga analizó rápidamente la situación. La situación no era buena, nada buena, miró de reojo a Joao, disculpándose con la mirada.
Joao esquivaba los cometas, que se detuvieron ante la risa de Taara. Desconfiado y confundido, arqueó una ceja mirando a su alrededor.
—¿Qué te da tanta risa?... ¿Ellie? —Fue que se dio cuenta. La maga no estaba en aquel lugar—. Oh.
La aparición de Júpiter sobre su cabeza obligó a su cuerpo a caer al suelo sin fuerza para levantarse. El impacto del puño de Lei Qiang fue lo último que sintió antes de caer desmayado, perdiendo su armadura de caballero, recuperando esa gran chaqueta negra de rayas blancas.
“¡Lei Qiang se lleva un punto! ¡Joao pierde uno!” Anunció Lindsy.
Lei Qiang agradeció a Taara por liberarla, asintió con la cabeza y, sin perder tiempo, salió corriendo a buscar a Rachel. No les tomó mucho encontrar a la malhumorada rubia de chaqueta azul, sentada en el suelo frente a un podio blanco.
—¿Rachel? ¿Y el pingüino?
—Doña Empanadas apareció y desapareció con él. —Respondió a regañadientes—. Apagó su aura, está escondida en alguna parte del bosque.
—¡Ja! —Taara soltó una risa rápida y burlona al ver cómo Louis se llevaba a la inconsciente Engel—. ¿Le ganaste tú sola?
—No, vino el maldito Batman. —Rachel se levantó, encendiendo su aura nuevamente, retomando una seriedad atípica en ella— El grupo de Zachary nos necesita. No hay tiempo que perder.
—Hmm~ —Taara se cruzó de brazos, observando a la rubia correr en dirección a donde supuso ella que sintió a sus compañeros—. ¿No te parece mucho más guapa cuando se pone seria?
—… —Lei Qiang arqueó una ceja. Ignoró la pregunta de Taara y siguió a Rachel.
—Pero qué amargadas. —Ella las observó avanzar, algo molesta, pero disfrutó un poco la vista antes de seguirlas.
Balas de hielo y agua caían como balas, destrozando los árboles en cientos de pedazos, dejando un enorme espacio vacío en la zona para imposibilitar el escondite del equipo enemigo. Jack protegía a sus compañeros con una muralla de carne reforzada, pero tanta aura no era un juego. Ne Zha se despegó de la seguridad de la barrera, combatiendo los ataques de Ao Bing con una calurosa llamarada gigantesca. El aura de ambos luchó por la supremacía, siendo una batalla bastante igualada entre ambos operadores.
Aprovechando la concentración del grupo en el choque de auras opuestas, un destello azul alcanzó la espalda de Jack y Alice, aún detrás de la barrera de carne. Zachary generó dos lanzas de aura y lanzó ambas estocadas a sus oponentes. Derrotarlos y recuperar el peluche era en lo único que podía pensar. Sus armas fueron detenidas, una por una cuchilla de carne y huesos, otra por un tentáculo emergente de la espalda baja de la gótica. Estas dos nuevas armas se alargaron con la intención de empalar a su oponente, pero con una velocidad abrumadora, el moreno tomó distancia, evitando cualquier daño.
No tuvo tiempo de tomar un respiro, Jack y Alice ahora prestaron toda su atención en el británico con ropa marrón. Del cuerpo de Jack emergieron cuchillas de carne con bocas y dientes. Zachary corrió a un lado. Fue interceptado por Alice, que, con una enorme sonrisa, casi desesperada, dirigió su tentáculo en contra de Zachary, que casi se sintió ofendido por tal burdo intento.
Sin mucho esfuerzo, desvió el tentáculo de Alice, generando una punta en el otro extremo de la lanza. La carne de Alice fue atravesada por esta lanza, obligándola a retroceder, al igual que Zachary lo hizo para evitar los disparos de dientes de Jack.
—¡Agh! —Alice miró de reojo la lanza azul clavada en su hombro. La sangre no paraba de escurrirse por su brazo.
—Eso no será lo único que te haga, maldito monstruo. —exclamó el moreno, alzando su voz para que Jack y Alice escucharan con claridad.
Alice frunció la mirada, apretando sus dientes entre sí como si fuera a romperlos. No sabía cuándo esto se convirtió en un asunto personal, pero así lo indicaba el desprecio en la mirada de Zachary.
—Negro maldito. —Gruñó ella.
—Lenguaje —regañó el americano.
Zachary se detuvo. Ao Bing y Ne Zha de nuevo tenían un intercambio de ataques en el cielo. «No saben hacer nada más». Bromeó para relajarse, Jack era un oponente que le resultaba complicado, de hecho, no creía que fuera capaz de vencerlo en solitario.
—¿Es la hora del té?
Zachary miró detrás de él, llevándose la sorpresa de ver a Carol recostado a uno de los árboles que había quedado de bien cerca del círculo de destrucción que Ao Bing generó.
—¡Dios santo! —exclamó como si hubiera visto a un fantasma.
Alice y Jack se prepararon para recibir al dúo, pero Carol se sentó en el piso, negando con su cabeza.
—No, no. No se equivoquen, yo paso. Solo vine a ver porque olvidé cargar mi teléfono antes de venir y ya se apagó, pensé que duraría más. —respondió Carol, matando al instante las esperanzas de Zachary.
—Luego de Alice y Rachel, eres el tercer operador más repulsivo de aquí. —Soltó el británico sin tapujos.
—Las palabras son como balas —respondió Carol, somnoliento—. Ahí viene tu salvación, princesa.
Al instante en que Carol terminó aquella frase, un agujero de gusano apareció frente a Jack, conectando varios cometas en su pecho antes de que lograra cubrirse con músculos y dientes. Del bosque, Rachel, Lei Qiang y Taara emergieron una tras otra, siendo esta última la primera en hablar.
—¡Zachary, cielito hermoso! ¿Problemas con musculitos? —preguntó burlona, desapareciendo agujero de gusano.
Zachary la ignoró, volteando sus ojos, una reacción bastante aburrida para la india, pero aun así fue con él para darle un golpecito en su hombro.
—Llegaron tus mejores amigas para ayudarte. No tienes que agradecernos.
Alice miró de reojo a Jack, que retrocedió unos pasos. A su espalda cargaba el pingüino de peluche, protegido por una masa de carne y dientes.
—Maldición. —Se quejó la gótica antes de arrancarse la lanza del hombro, llevando aura a su herida con mucha dificultad, buscando que dejase de sangrar. Ver a casi todo el equipo enemigo presente mató sus ganas de combatir— ¿Qué haremos, Jack?
—Te diré lo que va a pasar ahora —Taara alzó su voz, caminando en dirección a sus dos oponentes—. Jacky, me gustan los chicos grandes y rudos. ¿No te gustaría tener una cita ahora mismo? —preguntó formando en su rostro una sonrisa coqueta.
El rubio soltó un bufido antes de sonreír y asentir, incrementando la potencia de su aura rojiza. Rachel mantuvo su posición. No tenía intención de entrometerse en una pelea de Taara.
—¿¡Y yo qué!? —Alice se llevó una mano al pecho. Una oleada de frialdad y desprecio chocó con su propia aura. Detuvo su mirada en Zachary, que había generado dos cuchillas de aura.
—Te daré un tiempo de calidad conmigo.
—Oh, qué celos. —Taara se cruzó de brazos, fingiendo un puchero por las palabras de Zachary— ¿Prefieres a la gótica narcisista? Qué horribles gustos… ¡Por cierto! ¡Rachel! ¡Lei Qiang! Quietas… el grandote es solo mío.
Rachel asintió, mirando de reojo a Lei Qiang, llevándose la grata sorpresa de que la castaña había caído profundamente dormida. «Oh… Hace rato que no pasaba». Pensó la rubia con una pequeña sonrisa.
Alice preparó su tentáculo, cargándolo de aura para endurecerlo y así soportar los cortes del británico. Su enemigo en un parpadeo acortó la distancia, con rápidos movimientos chocó sus dagas de aura repetidas veces con el tentáculo que Alice usaba como una espada protectora.
—Lenta y patética.
Alice frunció el ceño por las palabras de Zachary. La masa azabache rodeada de un brillo negro se alargó, deslizándose por el suelo para barrar los pies del británico, que lo evitó con suma facilidad, colocándose a un costado de Alice, clavando una de las cuchillas en su hombro bueno.
—¡Maldito! —rugió, lanzando un ataque raudo, rumbo al cuello del moreno.
Zachary agachó su cuerpo al último momento, observando aquella masa casi rozar su rostro. Reemplazó su daga por dos sables de aura. Atacó con aquellos sables el tentáculo de Alice antes de que fuera capaz de retraerlo, la masa lo soportó, en un inicio, pero el aura que se desplazaba a través del filo de los sables a gran velocidad atravesó las defensas de Alice. Ambos sables atravesaron la carne como un cuchillo cortando un pulpo.
El grito desgarrador de Alice casi llegó a aturdir los sentidos mejorados del moreno de ojos verdes, que se deslizó frente a la gótica de enormes rizos, conectando una patada en su estómago que la lanzó al piso.
—Fácil de leer, una operación estúpida. ¿De verdad te crees superior a los humanos cuando eres lo más bajo que hay, incluso entre quienes llamas tu gente? —Zachary presionó el estómago de Alice con su pie. Sus ojos no miraban algo diferente a un saco de basura.
—¡Me rindo! —exclamó la gótica, desapareciendo su aura y con ella el punzante dolor de haber perdido esa tercera extremidad—. ¡Por favor! ¡Basta!
—Yo hablé con William, Carl y Troy.
—¿Quiénes? —Alice, atemorizada y confundida, no fue capaz de reconocer esos nombres.
Sin palabras, Zachary sintió su corazón detenerse por un momento. Poco a poco, una sonrisa se enmarcó en su rostro, colocándole su cuchilla cerca de la garganta.
—Eres el ejemplo viviente de lo que son la mayoría de los operadores, Alice. —Antes de que pudiera cortar el cuello de la chica al borde del llanto, una mano algo rasposa tomó la muñeca de Zachary.
—Basta —Fred, impasible, miró a los ojos de Zachary. Su mano presionó con más fuerza la muñeca del británico. La cuchilla desapareció y, con un suspiro, el de ojos marrones soltó al joven—. Señorita Alice, vámonos.
“Zachary gana un punto”. Comentó Lindsy sin su usual ánimo.
Alice se arrastró un poco por el suelo, levantándose, apoyándose en el cuerpo del delgado y alto Fred. El cuerpo de la operadora no dejaba de temblar, estaba segura de que iba a morir en ese instante a mano de Zachary si no llegaba a salvarla. Incluso sin leer su aura, sus ojos lo decían todo.
—Vámonos… Vámonos. —Susurró la joven de camisa negra, aferrándose con fuerza al brazo del mayordomo. Seguido de eso, atravesaron uno de los árboles, dando fin a la participación de Alice en esta ronda.
Rachel se mantenía cruzada de brazos, sin importar lo que hubiera querido hacer, porque en verdad quería detener a Zachary de lo que estaba por hacerle a Alice, sus piernas no se movieron. Su cuerpo no quiso responder para ayudar a la gótica, no porque tuviera miedo de enfrentar al británico.
«No es como si ella de verdad mereciera la pena… digo». Le era repugnante discutir este tema. Alice había matado a dos jóvenes inocentes “por error”, al igual que Rachel liberó a Adarza por mentiras, pero al menos Rachel trataba de expiar su culpa y jamás se burló de las vidas perdidas por su error. Alice, por otro lado, varias veces dejó en claro que no sentía nada por lo que hizo. «Ella es irredimible, simplemente… No merecía que tratara de ayudarla».
No se sentía alguien importante para elegir quién vivía o moría, pero creía estar en todo su derecho de elegir a quién ayudar y a quién no. Un tecnicismo, uno que ella disfrutaría usar.
Su atención fue redirigida al domo oscuro. No sabía qué ocurría dentro, habilidades de enorme condensación de aura como barreras eran capaces de interferir con su clarividencia, pero antes había observado un poco y de seguro le estaba costando bastante domar al americano. Su enorme fuerza bruta junto a su cantidad de aura le permitían ser casi inmune a los efectos de los planetas de Taara, por lo que la india decidió enfrentarlo en la Antesala del Cosmos.
Luego pasó a ver el cielo, donde Ne Zha y Ao Bing continuaban su batalla. Todo un espectáculo de luces bastante disfrutable, pero que no le interesaba en ese momento.
Caminó cerca del rumano andrógino, que seguía sentado en el suelo, siendo solo un espectador más. Rachel se sentó junto a él. Esperaba que le dijera algo sobre su falta de interés en ayudar a Alice, pero Carol solo la miró por un momento y le dio un pulgar arriba.
«Claro… Él es quien menos me juzgaría por mis acciones», pensó aliviada.
—La situación es complicada. Ellie tiene el otro pingüino, pero desapareció del radar. El tiempo se acabará pronto y aún no tenemos nada.
—No me importa. —Carol se acostó en el césped, dirigiendo su mirada al cielo sin nubes.
—Al menos conversa un poco, hijo de perra. —dijo malhumorada.
—Qué pereza.
Rachel chasqueó su lengua, luego sonrió, levantándose del suelo al ver cómo Zachary se acercaba a ellos. Antes de que preguntara, Rachel le dio un resumen rápido de la situación.
—Entiendo… Cuando se rompa el domo de Taara, atacaremos a Jack en conjunto y le quitaremos el pingüino. Forzamos un empate. —Miró de reojo a la castaña dormida. No sabía si ella podía escucharlos bien, pero contaba con que atacase a Jack.
—No creo que yo pueda hacer mucho. —dijo Rachel caminando al otro extremo del domo de Taara.
Estorba. —Zachary se colocó en su lugar, al igual que Lei Qiang.
Esperaron pacientemente hasta que por fin el domo desapareció. Rachel contuvo su respiración ante aquella escena. La nueva ropa de Taara estaba desgarrada, al igual que parte de su piel. Apenas y podía mantenerse de pie en ese estado tan deplorable. Por otro lado, Jack se encontraba con algunas heridas, pero estas se regeneraban, de nuevo estaba cubierto por su armadura de carne y dientes. «En alguna parte de ahí debe estar». Pensó. Concentrando su clarividencia para sentir el flujo del aura, se dio cuenta del hueco vacío en el hombro de la armadura. Ahí es donde debía estar el muñeco.
—¿Saben?... Creo que aceptaré que me ayuden, chicos, solo esta vez. —Taara rompió el silencio, limpiando con su antebrazo la sangre por encima de sus labios.
Ni bien el aura de Jack llegó a los sentidos de la asiática durmiente, Lei Qiang se lanzó sin temor en contra del rubio americano. Jack dio un rápido vistazo a sus alrededores, notando cómo casi todo el equipo enemigo lo tenía rodeado.
«Oh, sí, esto se ve mal». Bromeó con una pequeña sonrisa. A pesar de la desventaja, seguía siendo emocionante.
De los dedos de Rachel emergieron diez hilos, ella blandió sus brazos, usándolos como diez finos, pero resistentes látigos que se aferraron al cuello de Jack desde su espalda. Todos fueron destrozados por dientes emergentes de su carne. Lei Qiang conectó una patada en su costado, mientras que por el otro Zachary clavó una lanza en el otro extremo de Jack, a la par que múltiples cometas se dirigieron a él desde el aire.
Acorralado, Jack se envolvió por completo en una masa de carne y huesos. Dientes y trozos rosados de músculos emergieron de la esfera, atacando en todas direcciones a la vez. El grupo de Taara se vio obligado a tomar su distancia, mientras el americano ganaba tiempo para su equipo.
Rachel evitó los ataques repentinos, sintiendo donde el aura de Jack se reunía antes de salir disparada como carne. Al acercarse a Taara, le tomó un hombro con fuerza.
—Sé dónde tiene el pingüino.
—Oooh~ —la india sonrió con interés. Recibió las indicaciones de Rachel, luego, utilizando a Saturno y la Luna para desplazarse a mayor velocidad, dándole un bono a sus aliados, se acercó a Zachary para transmitirle la información.
El británico asintió, creando dos enormes lanzas de aura, que potenció con puntas giratorias dentadas para atravesar con mayor facilidad la carne de Jack. Evitó los ataques de la masa de carne, clavando ambas lanzas apuntando al centro de la esfera, una de sus lanzas acertó en el antebrazo de Jack, pero la esfera dirigió la mayoría de sus ataques al británico, empalando sus extremidades a la esfera.
—¡Jacky! —Taara gritó con todas sus fuerzas, disparando varios cometas a la carne que sostenía a Zachary, esta desapareció al ser cortada de la esfera. El cuerpo del moreno herido fue jalado lejos de la masa de círculos por los hilos de Rachel.
Sobre la esfera, un agujero de gusano mucho más grande que sus anteriores creaciones apareció. De este, la asiática durmiente cayó, concentrando toda su aura en un puñetazo descendente que reventó la mitad de la esfera. El pingüino salió volando por el impacto, pero Taara hizo desaparecer el primer agujero de gusano y creó un segundo con el que llevó el peluche a sus manos.
—¡Eso! —exclamó la india levantando su brazo, aunque bastante adolorida.
Teniendo a Jack a la vista, Lei Qiang lo golpeó de lleno en su abdomen, utilizando el resto de su aura para acabar con el combate de un solo golpe. A Jack le fue imposible detenerla, su cuerpo salió despedido contra los árboles, cayendo desmayado a varios metros de distancia.
“¡Lei Qiang obtiene un punto! ¡Jack pierde un punto!” La narradora no tardó en anunciar los resultados, pero quien debía escucharlos y animarse por ellos se encontraba profundamente dormida.
Rachel observó el oso en manos de Taara. No recordaba lo bien que se sentía ayudar de forma tan activa en un equipo desde su tiempo jugando videojuegos MOBA 5 vs 5, aunque no se sentía nada orgullosa de su personalidad en esa época ni de las cosas que le gritó a desconocidos a través de la pantalla.
Corrió en dirección a Taara, que alejó con recelo el peluche, desconfiando de las intenciones de la rubia ojiazul.
—Das otro paso y te ametrallo con cometas.
—¿Qué? ¡Yo ayudé! ¡Solo quiero felicitarte!
—Sí, ajá, y yo soy tan estúpida como Engel. —Taara estiró uno de sus brazos hacia Rachel—. Diez metros, fuera, fuera.
Rachel levantó sus brazos en señal de rendición, alejándose de la desconfiada joven. Apenas y podía controlar la risa.
«Dios, de verdad no tenía intenciones de hacer nada malo. ¿Qué clase de reputación me estoy haciendo?». Pensó divertida.
Pocos minutos después, la voz de Lindsy anunció el empate entre ambos equipos, deteniendo el combate que se llevaba a cabo en el cielo entre Ne Zha y Ao Bing.
“¡Lei Qiang y Ellie se llevan un punto de bonificación por tener con ellas el pingüino! ¡Ambos equipos reciben un punto por tener el pingüino en su equipo!”
Primeros puestos:
Ao Bing: 6 + 1 = 7
Jack: 5 - 1 + 1 = 5
Zachary 3 = 1 + 1 = 5
Los demás:
Ellie 3+ 1 + 1 = 5
Rachel 2: +1 +1 = 4
Tarea 2: +1 +1 = 4
Lei Qiang +1 +1 +1 = 3
Ne Zha: +1
Alice: +1
Engel: +1
Carol: +1
Joao +1
Horas después, en la mansión de los Logan, casi todos los participantes, menos Engel y Alice, se encontraban presentes en la sala de reuniones, bebiendo algunos batidos de fruta con leche que Ellie quería darles a probar.
—Ellie, eres una plaga como rival. —Zachary no tuvo vergüenza en admitir aquello. Observó en silencio cómo la venezolana, que llevaba una camisa morada de tirantes, empezó a reír sentándose a su lado.
—Por favor. Vi mi oportunidad y tenía que aprovecharla —respondió entre risas la maga de rizos castaños.
—Me abandonaste, Ellie… Qué traición. —Comentó Joao en un falso tono de decepción, aunque parecía funcionar al ver el contorsionado rostro de Ellie. La culpa se la comía por dentro.
—Sigue sin ser más rata que sacrificar a tu compañero de equipo. —Taara soltó esa bomba, mirando de reojo a la rubia de gabardina gris sentada en las piernas de Lindsy Logan.
—Rachel, felicidades por tu operación. —Ne Zha levantó su vaso con jugo de fresa con leche, guiñándole un ojo a la rubia—. ¿Por qué elegiste hilos?
—¡Son versátiles! ¡Veré hasta dónde puedo evolucionarlos! —respondió animada. Lindsy la abrazaba de su cintura, ya había superado la pena de mostrar cariño en público.
Quién sabe, quizás la lleve a manipular la teoría de cuerdas. —Bromeó Joao, recibiendo las miradas incrédulas de Zachary y Taara.
—Wow, es un placer conocer a la futura diosa del universo —Taara sonrió—. Rachel, cuando puedas manipular el tejido del tiempo y el espacio, me haces ropa bonita.
—¿Podré manipular el espacio?
—Dios santo, Rachel —Lindsy se llevó una mano al rostro, tratando de no reírse—. No, no manipularás el universo.
—Eso dices por ahora. —Comentó con una sonrisa burlona, recostando su cabeza en el pecho de su amada—. “Rachel, maestra del espacio-tiempo”. Me gusta el nombre.
Taara miró a Lei Qiang junto a ella, señalando a Rachel con su pulgar, negando con su cabeza sin poder tomar en serio ninguna de las palabras de la rubia. Lei Qiang asintió sonriente antes de beber de su jugo.
—Ellie, mis respetos. —dijo la castaña asiática, levantando su vaso con jugo—. Es maravilloso.
—Bueno… —Lindsy levantó su voz, moviendo a un lado a Rachel para ver a los demás— Siento matar el ambiente, pero ¿Zachary?... ¿Qué pasó ahí?
Todos callaron, los que presenciaron aquel combate entre Zachary y Alice entendían la gravedad de lo que había ocurrido. Nadie dudaba de que él estaba por matarla.
—¿Qué? —preguntó fingiendo desinterés.
—Zachary, entiendo que tu operación es puramente ataque, pero ¡por favor! ¡Ibas a matar a Alice!
—No. —Solo le quise dar un buen susto —respondió con una sonrisa, mirando de reojo a Rachel—. ¿A que sí, Rachel? Puedo detestarla, pero no mataría a una compañera…
No esperaba ser incluida de esta forma en la conversación. Su palabra podría tener más peso que las de cualquier otro, simplemente porque podía ver la mente de las personas, y obviamente había visto sus intenciones. ¡Él le hubiera cortado la garganta!
«¿Por qué vienes a que yo te salve del regaño?... Bastardo maldito, me vas a deber una después de esta».
—Es verdad. —respondió Rachel sin más—. Nuestro destripador es solo un muy buen actor.
Lindsy dudó por un momento, pero no creyó que Rachel mintiera. No había razones algunas para eso. Los demás se sintieron algo aliviados al saber que Zachary no tenía ninguna doble intención.
—¡Oh! ¡Rachel! ¡Lee mi mente! —Ellie levantó su brazo con emoción.
—Sí. Yo también quiero ver hasta qué punto puedes atravesar las barreras del aura. —Joao levantó su mano, apoyando la curiosidad de la maga latina.
Rachel asintió y todos encendieron sus auras, Zachary entonces sintió como el aura de Rachel le recalcó algo bastante obvio.
“Me debes una”.
De mala gana, Zachary asintió con su cabeza antes de beber de su vaso con jugo. Agradecía que Rachel Ficks le hubiera sido útil una vez, pero aprovechando que ahora mismo ellos dos podían dar a entender cosas a través de su aura sin que los otros se dieran cuenta, le envió sus más sinceros pensamientos a Rachel.
“Sigues siendo una plaga”.
En una de las habitaciones, Zhu Qing se encontraba con una postura perfecta, sentada en una de las lujosas sillas de Lawrence. Frente a ellos, algunos platillos con comida servidos en la mesa.
—¿Sabías que Jan nació en la República Checa?
—¿El miembro de los magníficos? —preguntó el líder de los operadores, llevándose una copa de vino a los labios—. No. No lo sabía.
—Curioso, había escuchado que su taller de armas al fin fue desclasificado para el uso de los operadores —gruñó la hermosa mujer de largo cabello azabache—. Ja, y qué gracioso. Se lo dieron al perro más leal de Baskerville, tú.
—Dios. Las noticias vuelan. —respondió el alto hombre con una sonrisa radiante.
—No te pongas tan engreído, vengo a darte nuevas órdenes. —Zhu Qing soltó su tenedor—. Cualquier objeto o arma especial que haya pertenecido a los magníficos luego de que las Espadas del Nuevo Mundo robaran el taller, debe ser enviado a la residencia de los Zhu.
Lawrence rodó los ojos, ya esperaba esta conversación, aunque no de Zhu Qing, sino del mismo Baskerville.
—Entonces yo solo puedo usar tu taller y tú te quedas con todo lo divertido.
—No son juguetes, Lawrence. Son nuestra historia, y son demasiado peligrosas para que caigan en manos… —Hizo una pausa, mirando de arriba abajo al peli teñido— como las tuyas.
Lawrence soltó una pequeña risa, continuando con su comida en un sepulcral silencio. Esta noticia no lo hacía nada feliz.
Recostada en su cama, Engel se acomodó los audífonos en su oído sin despegar su rostro de la almohada. A pesar de haber sido sanada y de que le confirmaron que no quedaría ninguna secuela del golpe, Engel sentía palpitar su costado. El olor a tierra en las botas de Rachel inundaba sus fosas nasales.
«¿Qué voy a hacer? ¿Qué debo hacer?», se preguntó enterrando las uñas en su almohada. Rodó por toda la cama, pensando en todo lo que ya había hecho para tratar de aumentar su aura, los consejos que había recibido. Nada funcionaba, no importaba cuánto se esforzara.
Terminó sentada en la cama. La música en sus oídos fue interrumpida por la llamada emergente. Paralizada, leyó el nombre de su padre en la pantalla del celular.
—Los malditos videos…
Tomó el celular con sus manos temblorosas. A cada segundo, su respiración se hacía más pesada, no importaba cuántas veces inhalase y exhalase, no sentía que respiraba en lo absoluto.
Lanzó el celular contra el suelo. La pantalla reventó, apagando el celular. Engel se sentó en su cama abrazando sus propias piernas, tomando una de sus muñecas. Por pura costumbre, comenzó a rascar sin cesar su muñeca, hasta que su uña desgarró la piel.
—¿Qué más puedo hacer? —se preguntó a sí misma entre sollozos, pero no hubo respuesta—. Alguien dígame, por amor a Dios…