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#53 La Estrella De Los Perdedores

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 28 de agosto de 2026

Rachel fue atraída al escándalo como una abeja hacia una flor. Atravesó el pasillo, saludando a Taara, que se asomaba con una sonrisa, atenta a los gritos de la conocida voz furiosa proveniente del piso de abajo.

—¿Qué hace aquí la líder de la familia Zhu? —susurró a Taara.

—Ja, les están dando un regaño enorme a Ne Zha y Lei Qiang —respondió burlona. Cruzó sus brazos recostándose a la puerta, mirando de arriba abajo a Rachel—. Pobres diablos, se los están comiendo vivos.

—Dios. Qué bueno no ser Ne Zha. —Levantó una mano a la par que seguía su camino, chocando las palmas con Taara. Silenciosamente se acercó a la baranda para recostarse. Con su asiento en primera fila, gozó del espectáculo que estaba más abajo.

Zhu Qing caminaba de un lado a otro, levantando un poco su brazo, moviendo su muñeca en círculos como una ligera manía. Frente a ella, Ne Zha y Lei Qiang yacían inmóviles, con sus cabezas gachas y manos temblorosas. Casi parecía que ver el rostro de su “abuela” los mataría. Ao Bing, por su lado, destacaba por tener su mirada al frente, siempre en Madame Zhu. Su espalda recta y sus ropas blancas permanecían impecables.

«¿Qué se siente ser dios, Bing?», pensó Rachel divertida.

—No hay un solo punto. Un fracaso absoluto. Se supone que tú eres el heredero de nuestra familia —Zhu Qing señaló a Ne Zha. Se acercó, presionando múltiples veces su dedo contra la chaqueta roja con flores de loto doradas estampadas en ella—. Serás la cabeza de nuestra familia. ¿Y esta es tu presentación? Es patética. La esperaría de un Vasíliev, pero jamás de un Zhu.

—Gracias a Dios no tengo el apellido. —Ne Zha sonrió. Recibió una sonora bofetada que se marcó en el rostro perlado. Esa diminuta sonrisa desapareció.

—Dame resultados… Haz lo que quieras con tu tiempo libre, no me interesa lo que hagas en privado, pero si te dejé participar con la condición de que no humilles a la familia, ¡cúmplela! Si no quedas en los primeros 3 puestos, verás lo que te pasará al volver a casa. —Apartó su mirada de Ne Zha, que asintió sin más. Al voltear hacia la castaña de falda roja y camisa blanca, chasqueó la lengua— Lei Qiang, esfuérzate más, por amor de Dios. Ayuda a este idiota.

Zhu Qing juntó sus manos, escondiéndolas dentro de las enormes mangas de su vestido. Sus ojos rojos como la sangre se desviaron de Ao Bing. Unos metros más arriba, Rachel apretaba con fuerza la barandilla con sus dientes casi rechinando.

—Me retiro a hablar con Lawrence.

La dama de rojo apartó su mirada, saliendo del recinto. Ao Bing miró a Rachel, levantando su mano con una visible incomodidad. La rubia de gabardina bajó corriendo con los tres.

—No es por ofender, pero su madre es una-

—Rachel —Lei Qiang la interrumpió—. Te aprecio, pero no termines esa frase o me veré obligada a golpearte. —Sin pestañear, entabló contacto visual con su compañera. Esta se quedó callada.

—Yo sí lo diré. La abuela es una maldita perra. —Ne Zha completó las palabras que Rachel cayó. Pateó el suelo con fuerza, caminando por la habitación mientras sobaba su ardiente mejilla— Vivir con esta mujer es una tortura, Rachel.

—Me lo imagino —ella soltó un pesado suspiro—. Y veo que la mayoría del peso recae en ti.

—Puedo explicar eso —Ao Bing interrumpió, levantándose de su silla, siendo el único en la habitación con un humor no tan malo—. Ya sabes que no somos hermanos.

—Sí, sí, no es necesario. Hijo directo, adoptado, pero bien cuidado, y la protectora. —Rachel los señaló uno por uno—. He visto suficientes series chinas para entender por dónde va el asunto.

—Vaya. Sí que tienes interés en nosotros. —Comentó sarcástico el de delineador rojo, cruzándose de brazos.

Rachel casi se burló; se contentó con sacarle el dedo del medio. Lei Qiang se recostó al hombro de Rachel con una ligera sonrisa.

—Dejemos eso de lado. Ya fuimos regañados y no quiero seguir con el tema. ¿Qué tal tu entrenamiento?

—La primera versión de mi operación está lista… Jesucristo, decir eso es tan horrible. —Rachel juntó sus manos, analizando aquella frase, buscando una manera de decirlo sin que le causara incomodidad—. ¿Saben? Jódanse. Le voy a empezar a decir “habilidad única”.

—Estos gringos son muy quisquillosos —Ne Zha le susurró a Ao Bing. Ambos rieron— ¿Por qué primera versión?

—Según Carol y Renate: Empezar con una habilidad única, sencilla pero útil y bien pensada, puede permitirte evolucionarla de una mejor manera. Renate dijo que me vendría bien sabiendo que mi cantidad de aura es decente.

—A ver.

—Jaja. No. Cuando peleemos. —Rachel formó una “X” con sus brazos, negando con su cabeza.

El trío de asiáticos se vio decepcionado, pero asintieron. Tampoco era que faltase mucho para que las dos semanas de descanso terminaran. Una cuarta persona irrumpió en la conversación, dándole golpecitos a la cabeza de Rachel. River estaba de pie con una maleta.

—¡River! —Rachel gritó con una sonrisa—. ¿Ya te vas?

—Desgraciadamente, no hay nada mejor que comer y darme lujos a costa del dinero de Lawrence. —Comentó burlón— Hay trabajo que hacer. Con suerte podré volver a ver los últimos juegos.

Rachel y el velocista se despidieron realizando el gesto de paz. Arthur bajó las escaleras, saludando a los cuatro jóvenes. Rachel desvió su mirada al instante, frunciendo ligeramente su ceño. No se volteó hasta que los dos hombres más fuertes del mundo de la operación se marcharon con un portal. Suspiró luego de eso, pero volteó a ver a sus compañeros, que la miraban extrañados y anonadados.

—¿Qué?

—La facilidad con la que hablas con el destello blanco e ignoras al Cosmopolita es… Fascinante —respondió Ao Bing, cubriéndose la boca con su mano.

—Bueno. Es la hija del más fuerte; para ella es normal codearse con las estrellas. —Ne Zha recibió un codazo en su costilla de parte de la malhumorada joven de gabardina.

—Perras.

—Bueno. ¿Quieren salir un rato para pasar el regaño? —propuso Lei Qiang sonriente—. Claro, a no ser que nuestra honorable Rachel tenga asuntos más importantes que hacer. Se nota que es una persona influyente y ocupada.

Rachel rodó los ojos tratando de no sonreír. Aceptó con gusto la salida. Los cuatro salieron de la mansión, pero el saludo de una desconocida llamó la atención de Rachel.

—¿Y esa? —Lei Qiang le susurró a Rachel.

—Ni idea.

Rachel concentró aura en sus ojos, aprovechando que, si no fuera un operador, no lo notaría por la distancia. Examinó a la chica de arriba abajo. Un poco más baja que ella misma, sus ojos eran de un marrón oscuro, su cabello de color castaño con un corte de hasta los hombros. Llevaba una chaqueta beige sobre una camisa marrón con cuello blanco, pantalón negro y botas altas.

—Repito… Ni idea. —Rachel, extrañada, continuaba observando cómo trataban de llamar su atención— Creo que les habla a ustedes.

Rachel mantuvo su distancia del grupo que se acercó a la joven de ojos oscuros. No le era extraño que operadores más jóvenes los interrumpieran para hablar con los participantes del evento o con Lindsy y Luck. Ellos eran bastante famosos para los demás operadores.

«Qué estresante es ser algo parecido a una celebridad». Pensó Rachel con una sonrisa, llevándose las manos a la cintura. Daba las gracias de ser ignorada por la mayoría, ya que para otros ella era un unicornio. Algo mítico, pero extraño. La hija del más fuerte, siendo más débil que la mayoría.

Entonces, su sonrisa se borró cuando la extraña chica de rasgos asiáticos señaló a Rachel. Gesto que la rubia imitó con extrañeza.

—¿Yo?

—Rachel. Quiere hablar contigo. —Ne Zha se apartó burlón con el grupo, avanzando un poco con su ruta para que Rachel hablara en privado con la desconocida.

Desconfiada, Rachel se acercó a pasos cortos. Entrecerrando ligeramente sus ojos, parándose en frente de la joven.

—… Lo de la postura de camarón era cierta —dijo la chica en voz baja. Soltó una risa pequeña al ver a Rachel acomodarse de forma instintiva.

—¿Quién eres?

—Sí… ah, sí. Mi nombre es Anzu. Anzu An. —Jugando con sus dedos, la de ojos oscuros sacó un cuaderno del interior de su chaqueta— Verá… ¡La admiro mucho!

Con un inglés bastante regular. La asiática hizo una reverencia. Rachel quería salir corriendo para evitar esta conversación, pero luego de aquel gesto, tomó el cuaderno y lo examinó con cuidado.

—¿Cómo? —creyó haber escuchado mal—. ¿Me admiras? —Al verla asentir, volvió a quedar sin palabras. Las náuseas nacientes en su estómago le confirmaron que aún quedaba parte de la vieja Rachel que no sabía cómo responder a las demostraciones de cariño—… ¿Gracias?

—¡No me agradezca! —Anzu levantó su torso. Mordía su labio inferior, con las mejillas ligeramente sonrojadas— ¡Verá! ¡U-usted representa a muchos operadores jóvenes que la admiramos! —Al ver que Rachel duró varios segundos sin responder, incluso sin parpadear, solo continuó—. Verá… ¡Somos débiles! Y-y no somos muy importantes en la jerarquía del congreso… ¡Pero no somos diferentes a usted! ¡Usted también es débil y no quiere nada que ver con el congreso! Es una… Inspiración ver a alguien débil como nosotros esforzarse. ¡Incluso tiene un apodo!

—Oh —Rachel sonrió. Rezó porque tuviera que ver con Doctor Who.

—¡La estrella de los perdedores!

«Soy la favorita de los que están en la esquina… ¿Eso es un halago?... Sí, digamos que sí». Rachel se burló de sí misma. Colocó una mano en el hombro de Anzu.

—Señorita An.

—¡Dígame Anzu! No tiene que ser tan formal.

—Bien, bien, tú dime Rachel. No soporto que me traten de “usted” —Vio a Anzu asentir y ella apretó ligeramente su hombro—. No soy buena con las palabras, así que te diré algo que dijo mi maestra… Si eres débil, busca la forma de ser fuerte, lo suficiente para proteger lo que te importa, o se hará tarde y te terminarás arrepintiendo… ¡Mira, es raro para mí que alguien venga a decirme que tengo fans! ¡No esperes mucho! ¿Sí?

Rachel se alejó a pasos rápidos. Anzu revisó el cuaderno, notando cómo Rachel, mientras ella hablaba, dejó su firma junto con el dibujo de un símbolo anti-posesión. Ella saltó con fuerza y agitó el cuaderno para regresar con sus amigos. Moría de ganas de contarle lo que acababa de pasar.

Rachel alcanzó a Ne Zha, Lei Qiang y Ao Bing. Con sus orejas ruborizadas, continuó caminando junto a ellos sin decir palabra alguna. Ignoraba la mirada de los otros tres.

—¿Y bien?

—… Soy la Estrella de los perdedores —respondió en voz baja— Me encanta.

 

 

Los puños de la Engel chocaron con la pared. Su aura se apagó momentos antes del impacto. La piel de sus nudillos sangraba debido a los constantes impactos con fuerza desmedida utilizada por la joven en top rojo con tirantes y un pantalón largo color blanco.

—¿Por qué? ¡Haz algo! Maldita sea. —Gruñó con fuerza. Sus ojos lagrimeaban por el dolor en sus muñecas, pero aún no tenía intenciones de parar.

—¿No puedes usar una operación?

Engel se limpió las lágrimas con su antebrazo antes de voltear y ver a Ibb. Bajaba las escaleras, utilizando su paraguas como bastón, luciendo aquel vestido negro gótico y aquella capa que para otros la hacía ver ridícula.

—Señorita Ibb.

—Para, para. La peli morada la interrumpió. Aquellos ojos curiosos de color dorado examinaron el cuerpo de la danesa. Su bien trabajado abdomen, los músculos en sus brazos—. Linda, un cuerpo bien trabajado. Tu cantidad de aura es decente para alguien que la despertó recientemente.

Petrificada al escuchar aquella afirmación, Engel quiso preguntar cómo sabía lo de su reciente despertar, pero la pálida mujer, semejante a un fantasma, levantó su mano con una sonrisa.

—Son cosas que con la suficiente experiencia puedes darte cuenta —Ibb aplaudió— Ahora, es momento de una prueba. Dime, Betty, ¿las tres cosas más importantes para un operador?

Engel dudó, pero respondió.

—Aura, cuerpo y mente.

—Mente, cuerpo y aura, en ese orden. No lo olvides —Ibb se acercó—. ¿Qué te atormenta, Betty?

—… Me estoy viendo muy superada por la novata, y estoy muy por detrás de mis compañeros. —Engel bajó la mirada. No disfrutaba que una extraña le hubiera puesto un apodo, pero si estaba por compartirle algún conocimiento, no tenía intención de regañarla.

—Oh, sí. Los jóvenes más talentosos del aura en esta generación… Así que dices que te atormenta tu falta de talento. Oh, tan importante la suerte en el mundo del aura; la cantidad con la que naces y tu talento definen todo en ti. Esa es la mentalidad actual de la gente como Soren Engel o Lawrence Logan. Tu padre debe estar muy decepcionado de su patética niña sin talento. ¿Verdad?

Beatrice, al escuchar el nombre de su padre, sintió su estómago revolverse. Se acercó a la bruja de cabello morado y la tomó del cuello de su camisa con brusquedad, pero antes de que pudiera decir algo, en un parpadeo Ibb le tomó de su barbilla y la miró a los ojos.

—Esa es una forma estúpida de ver el aura y la operación. El talento influye, sí; la cantidad de aura te limita mucho, pero lo más importante es tu estado mental. —Con una sonrisa arrogante, los dedos de Ibb estrujaron la mandíbula de la danesa— Repito. ¿Qué te atormenta que no puedas enfrentar? Maldita cobarde, ¿tanto te atas a tu pasado que tienes que desquitarte con una recién llegada? Pues déjame decirte algo, patético intento de operador: Un operador que no puede soltar sus traumas nunca va a avanzar en el aura.

—¿¡Tú qué sabes!? —Engel se apartó, dándole la espalda a la bruja que reía con fuerza y tomó de nuevo su paraguas— ¡Vete!

—Ya, ya. Yo solo quería ayudar… Pero ni siquiera permites que te ayuden.

—¡Largo!

—Bien. —Satisfecha, Ibb fue rumbo a las escaleras, acariciando la baranda metálica en la pared—. Oye, Engel… Ya olvídate de esto. Mocosa cobarde. —Fueron las últimas palabras que dijo con una gran sonrisa antes de subir las escaleras.

Engel apretó sus puños, cubriéndose de un aura carmesí. La mayoría de su aura fue dirigida a su puño, que estrelló contra la pared, generando enormes grietas que recorrieron la mayoría del muro. Con la respiración agitada, apagó su aura, sentándose frente a las grietas de la pared. Las miró por un instante antes de darle la espalda y abrazar sus piernas.

—Qué injusto… —Susurró al borde del llanto.

 

 

Acomodando su enorme sombrero morado, Ellie observó con nervios a la organizadora del evento; la rueda de equipos giraba para decidir cómo sería el inicio del tercer juego. Compartía puntos con Zachary, pero ella tenía el cuarto puesto. Si continuaba así, podría ganar.

«Tengo que hacer lo posible para ganar. No importa qué tan rata sea. ¡Debo ganar! ¡Por mamá!» La morena de rizos apretó sus puños.

Seguido de eso, miró a los demás competidores, dándose cuenta de que algunos tenían ahora un traje diferente. Quedó encantada con el vestido de Taara. Un corsé morado que resaltaba sus atributos, además de una chaqueta negra con mangas moradas translúcidas que se acampanaban mientras más se acercaban a la muñeca, un pantalón negro largo con decoraciones doradas. El pantalón incluía una capa que iba desde su cintura hasta sus pies; esta, por dentro, tenía puntos blancos y otras decoraciones que la asemejaban a una noche estrellada.

Al darse cuenta de que era vista por Ellie, la india posó con una mano en su cadera, guiñándole el ojo a la maga.

—¿Encantada?

—¿Dónde compraste esa ropa? —Ellie ignoró sus juegos, concentrada por completo en esa maravillosa vestimenta.

—Ibb la hizo para mí.

—¡Es hermoso! —exclamó la maga con emoción— Pero ¿pelearás con tacones?

—Nada más rico que un taconazo potenciado por magia. —Bromeó divertida.

Poco después, anunciaron a los dos equipos de esta ronda.

Rojo: Ao Bing, Lei Qiang, Taara, Rachel, Carol, Zachary

Azul: Ne Zha, Ellie, Engel, Jack, Alice, Joao.

Rachel apretó el puño con una sonrisa. Taara y Lei Qiang eran de las mejores operadoras que un equipo podía tener. «Empezamos de maravilla… Claro, Carol no hará un carajo, pero Zachary tampoco me estará cazando». Casi aplaudía por aquel inicio.

Luego de acomodarse la bufanda, Lindsy estiró sus brazos a los lados.

—Ahora que estamos a la mitad de la competencia, es momento de que las reglas cambien. Hemos evaluado el desempeño personal en la anterior fase, pero ahora habrá un cambio. ¡Derrotar y ser derrotado solo restará un punto, mientras que la victoria del equipo sumará dos y su derrota restará dos!

Zachary asintió con la cabeza. «Un cambio tan repentino. Esto es para enseñarle a Rachel sobre el trabajo en equipo; significa que las pruebas también cambiarán bastante, dejando como segundo lugar los combates individuales. Esto es interesante». Zachary sonrió ligeramente.

—Otras dudas para aclarar —Lindsy prosiguió— Si dos personas enfrentan a un solo enemigo, aquel que dé el golpe final se llevará el punto.

Jack asintió con la cabeza. Nadie parecía estar en desacuerdo. Alice, por otro lado, sintió como su corazón se aceleraba ante la idea de robarse los puntos de otras personas para por fin ascender en la tabla por su propia cuenta.

—¡Ya sin más nada que decir, el tercer evento es Mantener al pingüino! —Divertida por la cara de sus oyentes, Lindsy continuó con una gran sonrisa—. Habrá dos pingüinos en alguna parte del bosque, es simple. Esta ronda tendrá una duración de 20 minutos, si un equipo consigue los dos pingüinos, se llevará dos puntos y, claro, quienes tengan los pingüinos recibirán puntos adicionales. Si ambos equipos se quedan con un pingüino, los dos recibirán un punto, por lo que sería un empate, pero también pueden optar por destruir al pingüino del equipo contrario. Eso es todo, no me queda más que desearles mucha suerte.

Fred y Taara fueron los encargados de llevar a cada grupo a sus respectivas zonas de inicio. Luego regresaron a través de los árboles. Rachel por fin se había dignado a preguntarle a Fred cómo Louis atravesaba el ojo de Odín, al igual que ella, y es que todos a los que Fred les da permiso pueden hacerlo.

Apenas Louis los dejó solos, Rachel encendió su aura y señaló al este. Los demás tambien encendieron su aura.

—¡Todos los demás están en esa dirección! Bastante lejos.

—Esa clarividencia tuya es una maravilla. —Taara le dio un aplauso a la rubia, quien se llevó una mano a su camisa blanca con una línea verde que la cruzaba— Te queda mejor la gabardina.

—¿Para que la rompan? No, gracias.

—Nos dividiremos en equipos de tres. —Zachary interrumpió la conversación, cuando estaba por dividir los equipos, Rachel alzó un brazo.

—Esperemos que el otro grupo se divida, de seguro también lo harán. —Ella se sentó sobre el prado, sin apartar su vista de Zachary— Así, podremos repartirnos de forma óptima para enfrentar a ambos grupos.

Sin querer admitir que era una buena idea, Zachary asintió con la cabeza en silencio, esperando que la clarividente diera la orden. «Rachel Ficks dando un buen plan… ¿Hasta dónde estamos llegando?» cuestionó Zachary, mirando de reojo a la rubia que le sacó la lengua. Obviamente, sentía su disgusto, por lo que apagó su aura.

—Deja de violar nuestra privacidad a tu antojo.

—Cómo lloras, Zach —respondió burlona. Poco después, se levantó, cambiando por completo su sonrisa a una expresión más determinada— Engel, Joao y Ellie. Jack, Alice y Ne Zha.

—Bendita seas, Rachel Ficks. —Ao Bing le agradeció sonriente— Zachary, ven conmigo.

—Esa loca genocida no representa ningún problema para nosotros dos, será lo mismo si Carol no nos acompaña. —Zachary no tenía dudas de que enfrentarían a Ne Zha y a Jack— Si terminan rápido sus combates, agradecería… Una pequeña ayuda.

—Aaw, Zachy le tiene miedo a Musculitos. —Taara trató de acercarse y pellizcar la mejilla de Zachary, pero este le pegó en su mano, alejándola.

—Me gusta cómo piensan. —Ante las palabras de Zachary, Carol se tiró al suelo como en casi todas las rondas. Sacó su celular para jugar algún juego sin conexión.

Rachel miró a sus dos compañeras. Esperó unos momentos e indicó por qué dirección iban ambos grupos. Luego de eso, ambos grupos se separaron.

 

 

—Ella ahora mismo debe saber a dónde estamos yendo. —Engel corría junto a Joao y Ellie, que escuchaban atentamente su explicación sobre la clarividencia.

—¡Qué aterrador! Es el mejor radar humano… ¡Quisiera usarlo alguna vez! —Ellie apretó sus puños con emoción.

Las dos seguían a Joao, que utilizaba su forma de hombre lobo y las dirigía directamente hacia el pingüino.

—Debo decir que mi mejor idea fue grabar bien el olor de Fred. —comentó Joao con una sonrisa, sin darse cuenta de que Engel lo miró arqueando una ceja.

—Como digas, Scooby. Llévanos al peluche, que pronto tendremos compañía.

—¡Corrección! ¡Ya tenemos compañía! ¡Sigue adelante, Engel! —Joao terminó aquellas palabras y saltó en otra dirección, evitando la patada descendente que Lei Qiang intentó conectar. El suelo estalló por la explosiva y aterradora fuerza de la asiática, que levantó la mirada con una sonrisa.

—¡Qué alegría verlos, muchachos!

Seguido a la aparición de la guardiana con ropas blancas y rojas, decenas de cometas cayeron del cielo, obligando a Joao y a Ellie a mantenerse en movimiento. Sobre uno de los árboles, la astromante lucía su nueva vestimenta, manteniendo sus ojos en la maga de rizos.

—¡Ellie! ¿Recuerdas lo que me hiciste en el evento pasado? —preguntó risueña antes de endurecer su expresión—. A mí no se me ha olvidado, desgraciada.

—¡Ja! ¡Rencorosa! —exclamó la maga con una ancha sonrisa, mientras su aura morada brillaba con más intensidad.

Unos metros más adelante, alejándose de aquel combate que le confiaba a sus compañeros, Engel divisó el peluche de pingüino. Le resultó casi cómico cómo este pingüino llevaba puesta la misma ropa que la hermana pequeña de Lindsy. Ya tenía una idea de quién lo había diseñado.

«Ellos pueden encargarse de los tres». A unos metros de tomar el oso, sus vestiduras se vieron más presionadas contra su abdomen. Algo la había atrapado y envuelto, comprimiendo su cuerpo en un instante. Sus pupilas se dilataron y abrió los párpados en sorpresa. La presión la obligó a soltar todo el aire de sus pulmones. Dirigió sus manos a su torso, que estaba envuelto con finos, pero resistentes hilos que brillaban con un aura de color blanco.

«¿¡Qué es esto!?» Antes de poder romper sus ataduras, otra ronda de varios hilos envolvió sus brazos, manteniéndolos contra su abdomen. La convertían en un capullo humano. Los hilos se enterraron en su cuerpo, Engel utilizó más aura. Trataba desesperadamente de romper los hilos que mantenían inmóviles sus brazos. Al instante de lograrlo y levantar sus manos, antes de reaccionar, por el rabillo de su ojo notó cómo se meció una larga cabellera dorada, en ese momento descubrió quién era la dueña de esta operación.

En un parpadeo, antes de que pudiera reaccionar, su costado fue impactado por un puño cargado de aura. Su adversaria, aprovechando la abertura, cargó la mayoría de su aura en su cuerpo. Sus costillas se rompieron. Su cuerpo voló por el aire, dejando de estar amarrada.

Rodó por la tierra al caer. Inmediatamente, la danesa trató de levantarse. Detuvo cualquier intento de hacer fuerza al toser una gran cantidad de sangre espesa, sus movimientos restringidos por el intenso dolor que nublaba su mente. Incluso en ese lamentable estado, trataba de entender lo que había ocurrido.

—¿Qué fue eso?... ¿Qué hiciste? —Engel levantó la mirada, apenas capaz de respirar. Tosió más sangre, manchando su alborotado cabello que cubría parte de su rostro.

Rachel se alzaba frente a ella, pero su vista fue interrumpida cuando la rubia posó su pie contra el rostro de la danesa.

—Dar un paso a la vez —contestó sonriente—… Y este será el más satisfactorio que voy a dar. —Pisó con fuerza el rostro de Engel, que gritó adolorida. Restregó la planta de su pie contra su pálido y hermoso rostro ensangrentado.

Pronto, Engel perdió la lucha contra el dolor y Rachel, al ver el aura roja desaparecer, se alejó con cuidado de no lastimarla más de lo necesario. Agitó la mano con la que golpeó a la ahora desmayada joven, incluso con la mayoría de su aura, atravesar las defensas de la danesa era un reto.

—Uff… ¡Con eso quedamos a mano, perra!

¡Rachel Ficks obtiene un punto! ¡Beatrice Engel pierde un punto!”, exclamó Lindsy a través de todo el bosque, anunciando con orgullo la primera victoria de su amada en un combate 1 vs 1.

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