En una habitación hecha de pelaje morado que se encontraba casi vacía de no ser por la pared llena de pantallas, frente a ellas descansaba una operadora de corto cabello negro hasta sus hombros. Su cuello adornado con pequeñas marcas rojas que revisaba con la cámara de su celular. Su rostro ardía en vergüenza, convencida de no poder engañar a nadie con su bufanda verde.
«Ah, Rachel se emocionó demasiado anoche. Tanto calor que hay y yo con una maldita bufanda». Maldecir en voz alta no era su estilo; Lawrence se encargó en su juventud de que no dijera malas palabras. Aún maldecía ese tiempo donde trató de crear a la princesita perfecta.
—¿Disfrutando las marcas de guerra? —Lawrence habló de golpe. Palmeó el hombro de su hija luego de verla saltar en su silla buscando ocultar sus marcas—. Sí, sí, para nadie es un misterio, querida.
—¿Cómo van las cosas?
Lindsy volteó; no esperaba la visita de Arthur y Lawrence. Sonrojada, guardó su celular y asintió con la cabeza mientras realizaba un ademán contra las pantallas.
—Mírenlo ustedes mismos, oh, grandes exponentes de la operación. —comentó sarcástica. Sintió el leve jalón de cabello que Lawrence le dio.
—Demasiado tiempo con Rachel.
—Ya, ¿podrías dejarla en paz? —Arthur lo miró por un momento. Su concentración pasó nuevamente a las pantallas.
Lindsy sentía cierta curiosidad por su presencia; no dijo nada, pero sabía que ambos tramaban algo. Lawrence se dio cuenta casi al instante de los pensamientos de su hija, la conocía mejor que nadie.
—Vinimos personalmente para darle algo de motivación extra a los muchachos —dijo Lawrence casi gritando. Acomodó la banda verde que recorría su torso y agregó—. Déjanos ser quienes den los siguientes anuncios, ¿sí? Hagamos que los muchachos se luzcan un poco.
—Es una buena idea. —Lindsy asintió sin protestas, tampoco era que le importase mucho ser la narradora. «Aunque es muy fácil solo llegar, presentar e irte, pero ayudarme a diseñar las pruebas, ni hablar, ¿verdad?» pensó, ocultando su molestia con un delicado rostro impasible a la par que lanzaba el micrófono a la mano de Lawrence, que lo atrapó sin problemas.
—¿Qué tal le va a ella, Lindsy? —preguntó Arthur con su voz temblorosa. Sus ojos clavados en su pequeña hija en aquella pantalla.
Lindsy sonrió, no lo admitiría frente a Rachel, pero podía entender un poco a Arthur y casi lo justificaría, pero no tomaría partido en aquella riña familiar. Al menos estaba segura de que Arthur de verdad estaba preocupado por Rachel.
—Ella avanza rápido. Su manejo de la super... La clarividencia —corrigió antes de seguir—. Ahora está intentando algo estúpido, cada día es más rápida y fuerte. Los consejos de Carol Ardelean con el entrenamiento de Renate han hecho maravillas con su físico.
—Y tú lo gozas todas las noches, ¿no? —Lawrence formó una sonrisa burlona en su rostro. Lindsy, despectiva, solo arqueó su ceja e ignoró a su padre. El cuarentón con traje negro negó con la cabeza decepcionado.
—Entonces es muy talentosa, aunque tardó bastante para aprender a manipular su aura. —Arthur casi susurró aquellas palabras.
—Bastante contradictorio, ¿no? —Lawrence se entrometió en la conversación—. Tardó ocho meses, pero su manejo del aura ahora mismo es el de un profesional, su reserva crece exponencialmente y tiene su comodín. Quizás el inicio tardío fue porque es mitad-
Sus palabras se detuvieron cuando una nueva fuente de luz iluminó la habitación. Arthur encendió su aura. Destrozó la mesa frente a él, resoplando por la nariz sin apartar su mirada de los ojos de Lawrence. Este último tragó saliva, no tenía planeado continuar con esa conversación.
Se alejó del dúo con el micrófono en su mano, restándose a la pared en silencio, esperando que Lindsy le diera algún indicio para marcar los puntos.
«Vaya...». Lindsy, pasmada, era incapaz de apartar la mirada de esta nueva faceta de Arthur. Verlo tan molesto, de verdad molesto, no era algo que hubiera visto antes. Además, el plus de ver a su padre callado y obediente era algo que recordaría con gusto. Arthur apagó su aura, regresando la mirada a las pantallas.
—Gracias por cuidar de mi hija, Lindsy...
—No me lo agradezcas —Lindsy respondió al instante—. Ella es preciada para mí.
Lawrence continuó observándolos, cruzándose de brazos ante aquellas palabras. Rodó sus ojos sin emitir sonido alguno.
Las enormes manos de hielo destrozaron el suelo. Jack lo había esquivado impulsándose contra el tercer príncipe. Volver el combate a uno de corta distancia era fundamental para asegurar su derrota, pero Ao Bing se alejaba al ser más que consciente de eso. Paredes de hielo y rampas eran creadas en pro del agraciado peli azul, manteniendo una distancia segura entre ambos.
Sabía que estaba mal combatir en su estado actual, pero Ao Bing poca importancia le dio. Huir y dejar que el tiempo pase sería la opción más sensata a escoger, pero si Jack continuaba en el juego luego de esta ronda, sería cuestión de tiempo que volviera a enfrentarlo o tuviera a un aliado. Eliminarlo aquí mismo era la decisión más razonable para el príncipe dragón.
Sus movimientos ralentizados por el dolor, su interior de seguro con más de una hemorragia interna. Jack poseía nuevas habilidades que lo volvían mucho más versátil. Obviamente, el asiático no estaba en su mejor escenario, pero conservaba una carta con la que podría ganar la pelea, pero mientras más se alargaba el combate y mayor cantidad de aura utilizaba, menos probable sería que lograse ganar.
Masas de carne llenas de dientes quebraban cada obstáculo, persiguiendo a Ao Bing sin descanso. Jack acortaba la distancia entre ambos. Ao Bing se elevó en su rampa de hielo tratando de huir, pero el puño alargado de Jack estaba por alcanzarlo. No tuvo otra opción más que generar una pared de hielo entre él y el puño. Esta barrera no soportó, pero redujo la intensidad del impacto recibido. Su cuerpo salió volando, a la par que escuchaba la voz de Lindsy nombrarlo la nueva papa.
Giró su cuerpo en el aire, aprovechando el impulso para generar otra rampa y deslizarse sobre ella contra su oponente. Recibir la papa con un minuto restante todavía le permitía ver algo de esperanza en la situación, pero en pleno vuelo tosió abruptamente una gran cantidad de sangre.
Se llevaba al límite; seguramente, si apagaba su aura, ya no podría levantarse.
«¡Sí puedo! ¡Maldita sea! ¡Claro que puedo!». Solo tenía su propia motivación y un intento. Su cuerpo no estaba en condiciones para recibir otro golpe, pero Jack también había gastado una enorme cantidad de aura en el combate.
Observando cómo el príncipe se dirigía en su contra, Jack soltó un largo suspiro. Sus músculos tensos, mientras que, con sus sentidos y visión mejorada con su reforzamiento, notó el brillo azul resaltar los iris del asiático de blanco.
«Ao Bing. Bastardo suertudo y persistente». El cuerpo de Jack fue cubierto hasta el cuello con carne y músculos llenos de bocas repletas de dientes. Su forma usual, solo que mucho más fuerte debido al flow que desarrolló en sus arduos entrenamientos en solitario. Maldijo en su mente este desgraciado momento para que Ao Bing despertara Flow, pero entre operadores que no peleaban a muerte, esto siempre sería una posibilidad.
Ao Bing sintió su aura revitalizarse hasta cierto punto, sus reservas incluso crecieron. Olvidó el dolor en su cuerpo, recordando esta maravillosa sensación de éxtasis que pocas veces experimentó al enfrentar a Ne Zha y Madame Zhu. Este era el momento, al igual que Taara, podía mejorar, pero ¿qué? ¿Cómo? Las charlas con Ne Zha y Lei Quiang sobre el flow que demostraron Taara y Joao dejaban claro que ese era el mejor momento para mejorar sus propias habilidades, pero ¿qué debía mejorar? Su operación era el hielo. ¿Cómo podía ser un mejor usuario de hielo?
Del pecho de Jack emergieron masas de carne conectadas a él, en la punta de estas, enormes bocas que se cerraban y abrían múltiples veces. Todas con el objetivo de destrozarlo. Ao Bing estiró su brazo contra Jack, generando pilares de hielo que chocaron con los montículos de carne y músculo. La batalla de fuerza cambió en un parpadeo. Los pilares de hielo cambiaron su masa al completo, el resultado del Flow de Ao Bing.
Corrientes de agua flotante chocaban con la carne y dientes, se separaron en miles de gotas afiladas que atravesaron la carne cual balas. Jack trató de defenderse con más carne, hasta sentir cómo su armadura fue totalmente inutilizada. Punzada tras punzada, agujas de agua se abrieron paso a través de la carne y el cuerpo de Jack con precisión milimétrica. El asiático no quería matarlo, pero gran parte del cuerpo de Jack terminó con cientos de agujeros pequeños.
Jack permaneció de pie. Su aura se descendió al igual que la carne, mientras que Ao Bing descendió sin prisa. Se acercó al alto americano. Palmeó brazo con cuidado, manchando su palma de sangre.
—No soy tan amable como para no golpear algunos de tus órganos... Pero vivirás.
Jack cayó al suelo inconsciente. Ao Bing se preguntó si el dolor de las agujas lo había dormido, pero no podía darse el lujo de respirar un poco. Cuando su aura se apague, caerá rendido al suelo. El flow desapareció, a la par que el dolor volvía.
—Manipular el agua es una buena evolución... Después de todo, soy el príncipe dragón.
Esperó un momento a la llegada de Fred o Louis, cuando esta última apareció, Ao Bing saltó sobre una rampa de hielo que generó para buscar a los demás participantes.
Ellie aparecía y desaparecía constantemente, evitando los ataques de Ne Zha. Cada bola de fuego impactaba contra un árbol o tierra, generando pequeñas explosiones en el área. El asiático de delineador lanzó otra bola de fuego a donde suponía que Ellie aparecería, pero no fue así.
—La última vez que peleamos no pudiste hacer mucho contra mí. ¿Qué te hace pensar que puedes ahora?
Su voz resonó a sus espaldas. Ne Zha se dio la vuelta, enviando su cinta en contra de Ellie, a la par que disparaba más bolas de fuego, pero la figura de la maga de morado y sombrero puntiagudo brillaba por su ausencia.
Tardó un momento en darse cuenta, pero rápidamente saltó hacia atrás, observando cómo donde él estaba hace un instante, Lei Quiang cayó del cielo, destrozando el suelo de una patada. La castaña de ropa floreada le dirigió una rápida mirada antes de correr a toda marcha en su contra.
Ne Zha se elevó, disparando múltiples rayos de fuego contra su guardiana, que esquivaba sus ataques por escasos centímetros. Esto era algo común para los dos. En la residencia Zhu se habrían enfrentado múltiples veces, la explosiva velocidad de Lei Quiang, junto con su agilidad y perseverancia, era un dolor de cabeza para el heredero de los Zhu. A diferencia de Ao Bing, él no podía detener a Lei Quiang sin causarle daños graves o matarla. Lei Quiang no se detendría porque Ne Zha atravesara sus extremidades, había sido entrenada específicamente para seguir luchando, ya sea que le hubieran arrancado los brazos. Mientras estuviera consciente, no se detendría.
—Te atrapé, cariño.
Ne Zha fue envuelto en un enorme manto negro. Conocía esta habilidad, la "Antesala del cosmos" creada por Taara, pero la india estaba en su equipo, no había sentido alguno en el que lo encerrase. La pared oscura del domo chocó en su contra, arrastrándolo de vuelta al suelo, mientras que de reojo captó el manto morado lleno de estrellas de la maga morena, que le dio un guiño coqueto.
El domo se rompió, y antes de que Ne Zha fuera capaz de realizar alguna acción, la castaña de ojos verdes cortó la distancia entre ambos, estrellando su puño en el rostro de Ne Zha. El heredero del clan Zhu cayó inconsciente en el suelo. Lei Quiang parecía querer enterrarle la cabeza bajo tierra con ese puñetazo, pero al ver que había bastado para noquearlo, se levantó, tronando sus nudillos con una sonrisa satisfecha.
—Hacer equipo contigo es una maravilla, Ellie. —Sintió la necesidad de darle aquel cumplido a la maga. Su versatilidad le resultaba admirable.
—¿Qué puedo decir, preciosa? Dime cuándo quieras otra cita —contestó la americana con una radiante sonrisa, su aura era un manto negro, que poco a poco empezó a desaparecer. A medida que su aura se extinguía, su rostro se retorcía de la vergüenza. Con sus mejillas ardiendo, Ellie miró a otro lado, aclarando su garganta—. Dios, Taara... Es demasiado intensa para mí. —Bajó su sombrero de bruja cubriendo la parte superior de su rostro. Escuchar palabras tan coquetas salir de su propia boca le era antinatural.
Lei Quiang no contestó, toda la situación fue extraña para ella. Sabía que Ellie no revelaría su habilidad, pero ya la mayoría se había dado cuenta de que podía copiar operaciones de otras personas, la pregunta del millón era: ¿cuáles eran los requisitos? Dejó de pensar en eso y se sentó en el suelo a esperar pacientemente que Lindsy les diera un punto por su trabajo en equipo, ya la habían escuchado darle la papa a Jack. Miró de reojo a Ne Zha y, como si aún fuese una niña, le sacó la lengua en forma de burla.
El sonido de una bomba explotando dibujó una sonrisa en el rostro de Lei Quiang, luego la voz de alguien que no era Lindsy hizo temblar a casi todos los participantes.
"¡Qué pelea tan movida! Ao Bing consigue dos puntos, Jack pierde dos. Ne Zha pierde dos puntos, Lei Quiang y Ellie ganan un punto cada una!"
Era imposible para ellos no reconocer la voz de Lawrence Logan. El corazón de Ellie dio un vuelco. No era tonta como para no saber que operadores importantes veían esta competencia, pero desde que su familia entró al congreso como "protegidos" de los Logan, llamar su atención para avanzar socialmente y ayudar a su familia era su objetivo principal.
Por otro lado, Lei Quiang no reaccionó al escuchar las palabras de Lawrence. Respetaba al hombre por su posición, pero como persona, le resultaba desagradable por cómo Lindsy lo mencionaba cada que salían juntas. Segundos después, Lawrence habló de nuevo.
"La papa ahora es de Ellie y Taara. Suerte~".
—El jefe vino por sí mismo... Qué sorpresa —comentó Ellie, menos avergonzada, volteando hacia Lei Quiang. Su cuerpo salió disparado al lado contrario de la asiática de ojos verdes. En pleno vuelo, encendiendo de nuevo su aura morada, divisó la causa de su expulsión: Un planeta.
Lei Quiang quiso levantarse para contrarrestar el ataque enemigo, hasta que otro planeta apareció al instante. El peso de su cuerpo aumentó, tirándola contra el suelo. El solo hecho de mantenerse arrodillada le era una ardua tarea.
La Luna y Júpiter cumplieron su labor con excelencia. Antes de que Lei Quiang utilizara más aura para liberarse de la presión del planeta marrón, la luna desapareció a la par que un portal verdoso hizo presencia junto a la mejilla de la china. Una mano fina de piel blanca emergió de ella, acariciando la mejilla de la rabiosa mujer con cariño.
Lei Quiang utilizó más aura, tratando de tocar de vuelta aquella mano, pero le fue imposible. Júpiter aplicó mucha más presión, la dormilona guardiana se vio obligada a usar una monstruosa cantidad de aura para lanzarse a un lado, saliendo de su rango mientras la mano regresaba dentro del portal con tranquilidad antes de ambos desaparecer.
«¿Desde cuándo Taara se hizo tan fuerte?», cuestionó con un gruñido. Buscó con la mirada a la joven del punto rojo en su frente, pero no encontró nada, había aprovechado sus casi treinta metros de distancia. Confío en su percepción, distinguiendo una leve emoción que no duró mucho, pero eso era suficiente para saber dónde buscar.
Ellie regresó con ella en un parpadeo. Siguió sin dudar a Lei Quiang, que corrió entre los árboles. «Ah, pero solo una de nosotras puede darle la papá». Pensó la morena de rizos, disculpándose internamente con Lei Quiang, pues cuando llegase el momento, sería Ellie Orión quien ganara dos puntos más.
—¡Ellie! —Lei Quiang advirtió de un grito. Su compañera la tomó de su hombro, desapareciendo de su posición, atravesando un océano de colores ilusorios regados por todos lados. Al regresar a la realidad, Lei Quiang se percató de su nueva posición, no sin antes mirar de reojo a su compañera rápidamente. Podía jurar que esa habilidad de teletransportación era diferente de la anterior que usaron en su duelo contra Ne Zha.
El hielo cubría tanto árboles como tierra. Hubieran sido congeladas de no ser por los saltos espaciales de Ellie. Ao Bing cayó sobre el hielo, creando una plataforma rectangular donde mantenerse.
—Felicidades, Lei Quiang. ¿Cómo se siente por fin ganarle a Ne Zha? —cuestionó Ao Bing desde lo alto.
—Todavía me falta desquitarme contigo. —respondió Lei Quiang antes de observar a su alrededor. Sobre una de las ramas cercanas a Ao Bing, Taara se recostaba a tomar un pequeño descanso, saludando con su mano a ambas chicas.
Ao Bing evaluó la situación. Podía intentar escapar, pero dejaría a Taara sola contra Lei Quiang. Ellie era un misterio, como un mago, podía esconder cualquier carta bajo sus enormes mangas. En caso de que la maga no lo siguiera, Taara tendría un duelo bastante complicado.
—¿Por qué te matas tanto la cabeza? —Taara se burló. Se dejó caer del árbol, acomodando su cuerpo en el aire para caer de pie, levantando sus brazos cual gimnasta olímpica—. No sería un reto divertido si solo tratáramos de correr.
—Ve por Taara —susurró Ellie a su compañera. Atravesó de nuevo el plano lleno de colores, al salir, la espalda de Ao Bing se encontraba en su mira.
Apenas Ellie desapareció, Lei Quiang de un salto alcanzó a Taara, que estiró sus brazos rodeada de su aura tentacular. No debía subestimar a Lei Quiang, lo tenía claro luego de su primer duelo, donde ganó por motivos externos al combate. El aura negra con puntos blancos se extendió por debajo de ellas, encerrándose junto a Lei Quiang en la Antesala del cosmos.
—Yo jamás había hecho trampa manipulando los resultados de la papa —Lindsy gruñó apretando los reposabrazos de su silla.
—Qué desgracia, no sabes cómo entretener al público. —contestó Lawrence, girando el micrófono en su mano sin apartar la vista de las cámaras.
—¿Por qué?
—Quiero ver a la latina morena pelear. Además, Ao Bing acaba de evolucionar. Quiero ver más de eso —Lawrence se sentó en una silla giratoria luego de aquella respuesta—. Son prometedores, de hecho, de mis favoritos, junto con Jack. Será un buen soldado trabajando para mí.
Arthur ya no estaba en la habitación, volvería cuando fuera el turno de Rachel para actuar. Hasta entonces dijo que cumpliría con algunos favores a varios miembros del congreso.
Lindsy se cruzó de brazos en silencio. Su respiración ahora era más pesada. Preferiría que Lawrence se fuera si iba a comportarse de esa manera. Había jurado no volver a trucar los juegos luego de la primera ronda, por culpa de su padre, esa promesa no importó.
—Ao Bing sufrió todo un cambio en su operación, de hielo a manipular el agua. Es un gran salto. ¿Tienes idea de todo lo que sería capaz de hacer ahora? Será problemático para todos.
—Sí. Ajá.
Lawrence ignoró el mal humor de su hija, tampoco era que le importase mucho. Ya tenía en mente cómo repartiría los siguientes turnos de ser la papa. Apenas y podía ocultar lo emocionado que estaba.
El cuerpo de la maga de morado fue cubierto casi al completo por hielo. Ao Bing logró congelarla luego de tanta teletransportación. Su idea era quebrar sus articulaciones ahora que estaba congelada por completo, pero ese montículo de hielo de un momento a otro se encontraba vacío.
—Tsk —chasqueó la lengua evitando maldecir. Vigiló sus alrededores sin dejar pasar algún detalle, mientras buscaba cualquier pequeña fluctuación de aura a su alrededor. No podía atraparla, por lo que solo quedaba eliminarla rápido. Sus ojos se posaron en el domo negro. Saber qué ocurría en su interior era imposible, no sentía a nadie ahí dentro, un maravilloso agregado de Taara para que quien cayera en su trampa no fuera capaz de pedir ayuda—. ¡Se te acaba el tiempo, Ellie!
Pequeñas gotas de agua flotaron alrededor de Ao Bing, bastante cerca de su cuerpo, todas listas para atravesar a la maga de rizos en caso de que tratara de tocarlo al último segundo.
A su lado, dentro del domo controlado por Taara, Lei Quiang se vio superada por completo. Júpiter la mantenía inmovilizada de rodillas, mientras múltiples cometas la golpeaban desde todas direcciones. Su nariz sangraba, varios de sus huesos se encontraban rotos. En este espacio creado por Taara, todas sus habilidades mejoraban exponencialmente, tanto como para mantenerla quieta y tratarla como si fuera una muñeca de trapo.
—Una maravilla, ¿no? Gasta casi toda mi aura, pero con ayuda de Ao Bing no tendré que preocuparme. —Ella comentó casualmente, revisando sus uñas con desinterés—. Sabes, no tengo problemas con tu tipo de operadores, pero se me hacen tan simples. Solo golpeas muy fuerte y ya. Esto te pone en desventaja contra tantos oponentes. Digo, podemos hacer literalmente lo que queramos con el aura y ustedes son "Pum, te pego duro".
Lei Quiang no respondió. Uno de los cometas golpeó su rostro, arrojándola al borde del domo. La lluvia se detuvo solamente cuando Taara confirmó que Lei Quiang había caído desmayada luego de tanto dolor.
Sintiéndose culpable por todo el daño que tuvo que hacerle, Taara dio un largo suspiro. No quería llegar a estos extremos, pero gente como Jack y Lei Quiang solo podían ser derrotados con estas medidas drásticas. «Ella casi me vuela la cabeza muchas veces, sí, digamos que con esto se perdona todo». Pensó divertida. Entonces nació un inmenso dolor en el costado de su cuello. Ellie la había golpeado con un enorme mazo. El daño fue tan repentino e intenso que su aura se apagó por un momento cuando su mente quedó en blanco.
Toda la zona dominada por la india desapareció, igual que el mazo de Ellie. Antes de que Ao Bing o Taara reaccionaran, la morena tocó la espalda de la india, que desapareció al instante.
Ao Bing estaba por atacar, pero el sonido de la bomba explotando lo detuvo.
"¡Taara Yaadav y Lei Quiang pierden dos puntos! ¡Ellie Orión gana dos puntos!", anunció Lawrence con emoción.
—Con que puedes atravesar barreras de aura. ¿Quién eres, Ellie Orión? —Ao Bing arqueó una ceja con curiosidad, sin apartar la mirada de la maga de respiración agitada.
Ellie le dio una gran sonrisa, ignorando por completo que estaba demasiado cansada. Sus reservas de aura se agotaban demasiado rápido entre tantos saltos y teletransportación.
—Sabes... Creo que este sería un buen momento para que yo despertara un flow también... —Bromeó la de rizos. «No puedo ganar. No con él aquí».
A punto de anunciar a la nueva papa, Ellie decidió tomar una medida desesperada. Ambos sintieron a la perfección cómo la temperatura alrededor de ellos cayó en picada en solo unos instantes, mientras que Ellie cambió su expresión a una sonrisa tan burlona como infantil.