—¿Con ella? —Rachel esbozó una divertida sonrisa, tan exagerada como sus expresiones corporales— Vamos, Lindsy, si querías que perdiera esta ronda solo tienes que decírmelo.
Lindsy ignoró aquel comentario. Aclaró su garganta, recuperando su enervante tono de presentadora.
—¡Les deseo mucha suerte a todos! Quiero recordarles que una vez terminen con esta ronda ¡Estaremos a mitad de los juegos! ¡Vayan! —Levantó su mano al aire, bajando su mirada con los ojos cerrados— Supérense a sí mismos y compitan por el deseo que anhelan.
—No te salé
—No, para nada. —Taara y Lei Quiang, las dos amigas más cercanas a Lindsy de los miembros de las promesas, expresaron su obvio disgusto ante tales gestos tan forzados.
Lindsy se alejó con rubor en sus mejillas, ya no soportaba la vergüenza de ser criticada por dar su mejor intento para imitar a Lawrence. Maldijo en su interior creyendo que Luck lo haría mejor y entró a la cabaña que Kurt creaba cada que llegaban a esta zona boscosa en las montañas.
Rachel, a punto de marchar para hablar con Joao, sintió su hombro ser tomado sin ninguna delicadeza. Engel se acercó con severidad en su rostro.
—No arruines esta ronda, Ficks.
—¿Qué? No te oigo —Rachel llevó una mano a su oreja para "oír mejor"—. Consigue puntos sin ser la perra faldera de los más fuertes y luego hablamos.
La danesa tomó a su contraria del cuello de su camisa. Rachel estaba por soltarle un golpe al rostro, pero la intromisión de la india entre ambas, separándolas con una sonrisa burlesca en su rostro evitó una pelea innecesaria.
—Hey, hey, esperen a ser rivales de nuevo o búsquense un cuarto donde puedan resolver sus conflictos como mejor les parezca.
Engel rodó sus ojos cruzando sus brazos. Rachel chasqueó su lengua apartando su mirada. Las dos tomaron rumbos opuestos mientras se lanzaban insultos con un fuerte tono de voz para que su contraria escuchase.
—Perra.
—Come verga.
—Pitufa plana.
Taara reía por el ultimo comentario de Engel. Rachel, a unos pocos metros, le dedicaba una fría mirada a su compañera, a la par que negaba con su cabeza, Taara le dio la espalda para aguantar tanto como podía su risa, sentía que estallaría si continuaba mirando a Rachel.
La encorvada chica de chaqueta azul, pues Renate pudo ayudarla en muchas cosas, pero apenas apartaba la mirada Rachel recuperaba su postura de camarón, se acercó al brasileño. Ninguno dudó en chocar los puños por un momento.
—Suerte, Joao, es muy raro no tenerte de aliado, ya me estaba acostumbrando. —bromeó con una pequeña sonrisa.
—No me extrañes tanto, seré un dolor de cabeza para ti. —Joao sacó de su gran abrigo negro con líneas blancas su tan característica cantimplora de metal. Le ofreció a Rachel que negó con la cabeza. Subió y bajó sus hombros antes de beber un largo trago—. ¡Uuff! Este va por tu futuro funeral.
—Bastardo engreído. Utilizas Flow una vez y ya tratas así a los novatos.
Rieron por un momento. El Ambiente reconfortante terminó con la llegada del británico de rizos y profundos ojos verdes inexpresivos. Rachel le regaló una sonrisa confiada. Joao retrocedió unos pasos al ver como sus compañeros se miraban. No quería estar en la línea de fuego en un mal momento.
—¿Vendrás a buscarme? —Sonriente, ella levantó una ceja, mientras estiraba sus brazos, realizando un gesto despreocupado— No sé por qué pregunto. Ven por mí, psicópata del orden
Zachary se dio la vuelta, alejándose con Joao. Rachel parpadeó varias veces, esperaba una respuesta mucho más emotiva y una declaración de superioridad, pero no, no hubo nada. Su provocación fue ignorada por completo.
«Bueno... Es más rencoroso de lo que pensaba, jaja». Pensó cruzándose de brazos.
El toqué suave de un pálido y lardo dedo de una mano con las uñas pintadas de negro la sacó de sus pensamientos. Dejó de ver la espalda del británico alejarse, volviéndose hacia Carol.
—Por lo que más quieras, por favor, combate. —No le permitió decir una palabra. Tomó los hombros del más alto con desesperación, así tuviera que pararse de puntitas por la gran diferencia de altura— Hazme ese favor, esfuérzate al menos en esta ronda.
—Eres una bastarda muy graciosa —Se burló sin ganas, con aquella voz profunda, su único rasgo que la gente mocionaba que era verdaderamente masculino—. Suerte, y no te pongas en peligro por probarle tu valor a esos dos idiotas. —Carol colocó su mano sobre el hombro de Rachel—. No debes probarle nada a nadie.
Rachel, boquiabierta, asintió ligeramente antes de caminar junto a él, chocando velozmente sus manos como una pequeña despedida.
Se sentía agradecida de tener a un amigo como Carol. La comprendía, la respetaba y la ayudaba como podía. Le era ridículo pensar que otros operadores no interactuaban con él por su apariencia y su vagancia, pues era una persona bastante agradable que ayudaba a sus amigos como podía.
Aunque, quizás lo veía de esa forma solo por ser iguales. Era muy probable que si nada hubiera de esta situación mágica hubiera ocurrido y Rachel todavía fuera la asocial adolescente que no disfrutaba de salir de casa, de seguro sería como Carol. No desearía nada demasiado alocado, se la pasaría leyendo, jugando y viendo series, además de no tener un plan con su vida, pues mientras tuviera un trabajo donde ganara el sueldo mínimo y trabajara pocas horas, ella sería feliz.
Pero, incluso de ser ese el caso, no le interesaba. Rachel admiraba a Carol Ardelean y agradecía su ayuda. Lo consideraba un amigo preciado.
El equipo Azul fue dividido por Louis, repartiéndolos en diferentes zonas del bosque. Fred hizo lo mismo con el equipo rojo, dejando a los doce jóvenes operadores repartidos en solitario. Pronto daría inicio el siguiente juego.
Rachel fue la segunda que Louis se llevó y dejó abandonada en alguna parte muy profunda del bosque, ya empezaba a familiarizarse con el terreno. El olor del césped húmedo por el frio de las montañas ya le era bastante agradable, al igual que el sonido de las hojas meciéndose con el viento.
Se miró a sí misma, soltando una risa despectiva a ella. Si le hubieran preguntado hace casi un año si volvería a usar ese estilo de ropa, hubiera dicho algo como "¿Es que eres imbécil o qué? Jamás volveré a usar esa ropa", pero allí estaba, en un bosque, sola, con una chaqueta celeste y unos shorts que no cubrían muy bien del frio, pero al momento que encendiera su aura, su temperatura se regularía un poco.
—Casi podría hacer un chiste —bufó con una sonrisa imperceptible, acariciando la línea verde que recorría su camisa.
"¡La papa es de Alice y Carol!".
Al escuchar la voz de Lindsy, Rachel encendió su aura, a la par que pequeños brillos blancos destelleaban en las iris de sus ojos. En su mente, podía ver un mapa mental bastante improvisado de la ubicación de todo aquel que encendiera su aura. Los reconocía por aquellas características mentales más representativas de cada uno.
—Ahí estás —susurró. No tardó en dar un paso hacia adelante, lista para llevar a cabo la estrategia que esta vez le permitiría obtener la victoria.
Ao Bing no era un abusivo. No imponía su voluntad sobre la de los demás, pero el hombre recostado a un árbol frente a él era problemático. Lo había encontrado por qué no se tomaba la molestia siquiera de esconder sus emociones. Daba las gracias por eso.
—Carol, necesitamos que te levantes y toques a alguien del otro equipo. —Ao Bing se agachó. Creía que estar a la altura de su interlocutor era lo más respetuoso.
El somnoliento Carol, recostado a un árbol sin ninguna intención de levantarse, negó con la cabeza. Era cubierto por su saco de dormir invocado por aura. Solo fue por esto por lo que los participantes sabían que era del tipo invocador. En sus pequeñas salidas con los demás, incluso bromeaban que su Operación era crear sacos de dormir y colchones.
—Quizás en la siguiente... Sí, lo prometo, en la siguiente ronda los ayudaré.
—Me temo que no puedo permitirte eso —Ao Bing suspiró—. Tus acciones provocan que el grupo en el que estas sufra una clara desventaja ¿No crees que es injusto? Todos aquí están esforzándose.
—¿Quién?
—Bueno, Taara, Rachel-
—Que quien te preguntó.
Apretando sus dientes, Ao Bing desistió de la charla. Si Carol no quería colaborar por las buenas, entonces encontraría otros métodos. No aguantaría un minuto más de aquella actitud tan grosera y despreocupada.
Tomó a Carol del tobillo. Este no se defendió, Ao Bing lo arrastraba sobre el pasto y algunas raíces. Usarlo como un bate fue la mejor opción que se le ocurrió en el momento.
—Mantén los brazos estirados.
—Eres demasiado molesto, príncipe dragón —comentó el desganado Carol, obedeciendo las órdenes.
Ao Bing sonrió forzado. Aquella actitud lo estaba sacando de sus casillas. La familia Zhu había inculcado en él la importancia de espíritu competitivo. No solo participaba por él, representaba a toda su familia, al igual que al equipo en el que perteneciese. Dar todo por el grupo y por sus propios logros era una doctrina que seguía estrictamente. Todos los demás seguían al menos una de estas dos normas, menos la afeminada excepción que era arrastrada y no se dignaba en defenderse, como si fuera una muñeca.
Lo cargó como saco de papa en su hombro, sin soltar su tobillo. Con un pequeño salto, Ao Bing cayó sobre una rampa. Se deslizaba en ella y la extendía, tratando de encontrar a uno de sus compañeros para realizar una alianza o encontrar a algún enemigo. No podía darse el lujo de desperdiciar el poco tiempo que tenía.
«Al menos no se queja». Agradeció el asiático de rasgos finos, hasta que el silbido del aire alertó cada uno de sus sentidos. Levantó una pared de hielo a su costado, manteniendo a raya los proyectiles que rápidamente identificó como pequeños y afilados dientes humanos.
A muchos metros de la pared helada, Jack caminaba en su dirección, levantando su brazo cubierto de palpitantes músculos sin piel alguna, en su palma se concentraban leves protuberancias blancas, los dientes que usaba como proyectil. La vista era grotesca para la mayoría, pero Ao Bing no se inmutó.
—Me gusta la idea de ejercicio que Carol está empleando. —bromeó Jack, manteniendo su expresión serena.
—A mí no —Carol resopló con su nariz— Esto cuenta como secuestro.
Ao Bing formó algunas paredes de hielo, todas ellas fueron disparadas en contra de Jack. Aprovechándose de sus paredes, se deslizó sobre su rampa de hielo, rodeando al musculoso motociclista. Bing era consciente de que congelarlo como a Lei Quiang era imposible. Jack compensaba su falta de velocidad con una fuerza abrumadora, además de tener ese revoltijo de carne que puede manipular para romperlo desde dentro. La mejor forma de ganar el combate era golpearlo con la palma de Carol y luego elevarse al cielo hasta que el tiempo se consumiera.
El brazo de Jack creció exponencialmente, siendo esta la única parte de su cuerpo que había incrementado con músculos y carne. Rompió todas las paredes de hielo sin esfuerzo al azotar el enorme brazo que se estiró cual goma, una goma extremadamente grotesca, llena de ligamentos, dientes y agujeros, arrancando varios árboles de raíz. Tomó uno de los árboles y lo acercó retrayendo su brazo, tomando distancia de Ao Bing con un gran salto hacia atrás.
Decenas de estacas de hielo aparecieron frente a asiático de túnicas blancas. Todas fueron disparadas contra Jack, que hizo crecer su otro brazo y formó una pared de carne para protegerse. Ao Bing arqueó una ceja algo pensativo.
«¿Podía hacer eso antes?» Ao Bing se cuestionó por un momento. Siempre que vio a Jack combatir o lo enfrentó él mismo, su cuerpo entero era cubierto de músculos. Esta nueva forma de utilizar sus habilidades significaban que Jack había alcanzado el Flow en algún entrenamiento. Ao Bing no pudo evitar sentirse algo celoso, el Flow era algo que uno podía llamar inusual entre los operadores, pero era muy diferente oírlo que experimentarlo uno mismo.
El americano alargó el brazo con el que sostenía el árbol, barriendo la zona por la que Ao Bing se acercaba hacia él. El de delineador azul se elevó con hielo, aunque la base de la plataforma fue quebrada en miles de pequeños pedazos. saltó sobre la masa de carne en el momento justo, generando una rampa sobre ella mientras la congelaba contra el suelo. Jack soltó un bufido ante la osadía de Ao Bing al usar su propio brazo como una rampa, pero del hielo emergieron brotes de carne como estacas que buscaba perforarlo. Ao Bing saltó a un costado para evitar ser empalado vivo, mientras que brazo de Jack se liberaba agrandando aún más su tamaño, demostrando su gran cantidad de aura. Dirigió su brazo como un látigo hacia su presa que continuaba en el aire, pero un copo de nieve disparado por Ao Bing congeló una parte a la mitad del brazo. La carne que seguía a la zona congelada desapareció. Jack abrió de más lo ojos, formando una sonrisa tan forzada como torcida. Un operador capaz de eliminar ciertas capacidades de manipular el aura era una cosa extraña de ver.
Ao Bing volvió a deslizarse, acortando su distancia contra Jack. El rubio hizo desaparecer el brazo inutilizado con la intención de generar otro. Volvió a saltar hacia atrás para tomar distancia, en ese instante, dos manos de hielo, más grandes que el propio Jack, salieron de los árboles y lo aplastaron en una repentina palmada asfixiante. Ao Bing había preparado este momento con antelación, esperando justo que el americano saltase confiado. Al ser dos objetos creados por aura, no emitirían ningún instinto asesino y el pálido asiático era bueno controlando sus emociones.
Jack gimió de dolor, escupiendo una gran cantidad de sangre. su piel ardía en contacto con las manos congeladas, mientras que estas lo presionaban sin piedad alguna, de no ser que era afín a reforzar su propio cuerpo, de seguro ya hubiera sido aplastado. Estaba casi seguro de que solo hizo un movimiento tan osado porque él era su oponente, pero al ver que Ao Bing estaba por tocarlo, cubrió desesperadamente todo su cuerpo con carne y músculos. La bola de carne que antes era Jack luchaba contra la presión de las manos flotantes de hielo, que Ao Bing forzó a incrementar la presión que ejercían. Mientras lo mantuviera en ese lugar y tocara la masa con las manos de Carol, contaría como tocar un parte de Jack mientras él no se despegase de ella, y eso hizo. Golpeó la montaña de carne palpitante con Carol, el bate humano.
«¡Eso!» Ao Bing cantó victoria. Quedaba poco segundos para la explosión de la papa. Para asegurar su victoria, congeló el bulto de carne donde Jack se encontraba. Esta reventó la capa de hielo, disparando carne y dientes en dirección del sorprendido peli azul, que creó una pared de hielo como respuesta.
—¡Sé un buen perdedor! —Ao Bing sonrió. Momentos después, su costado fue impactado con una fuerza demoledora. El puño de Jack quebró varias de sus costillas. Su conciencia fue superada por el dolor. Soltó a Carol que voló en una dirección diferente.
Ao Bing soltaba fuertes quejidos cada que su cuerpo revotaba contra el suelo múltiples veces hasta detenerse. Quedó boca arriba, tosiendo sangre a montones. Agitó sus brazos para darse rápido la vuelta al sentir como la sangre se acumulaba en su garganta.
Jack tronó sus dedos, intentado ocultar su sonrisa de satisfacción, pero le era imposible. La voz de Lindsy no anunciaba nada, por lo tanto, los planes de Ao Bing habían sido infructuosos. Apenas el peli azul lo había perdido de vista por cubrirse con carne, salió de ella por detrás, expandiendo un poco las manos para salir sin ningún problema. Aunque gastó una excesiva cantidad de aura para mantener la carne sin su contacto, convirtiéndola en una bomba que estallaría poco después de recibir el toque de Carol. Fue arriesgado, por supuesto, su aura podría interpretar lo que hizo como una violación a sus afinidades, pero al tratarse de solamente una subcategoría del manejo del aura, solo gastó una cantidad anormal para mantenerla por unos segundos sin que desapareciera.
—Fue un plan excelente, Ao Bing. De seguro hubiera funcionado con casi todos los demás —No había burla en su voz, de verdad expresaba su admiración— Pero, no soy el mismo idiota que fui ayer.
Jack miró de reojo a Carol, que, boca abajo en el suelo, levantó su brazo para dar un pulgar arriba, indicando que estaba bien.
En ese momento, la papa explotó.
—¡Maldita sea! —Su tentáculo endurecido arrancó un árbol. No encontraba nada más útil con que saciar su frustración. Había recorrido el bosque persiguiendo a Joao, pero de un momento a otro lo perdió de vista, gastando la mayoría de su tiempo en esa carrera inútil. No encontraba a nadie y su tiempo estaba por terminar.
Podía sentir a dos personas enfrentándose, pero por esa cantidad monstruosa de aura dudó en entrar en el combate, estaba segura de que uno de los dos hermanos se batía encarnizadamente con Jack. Una pelea en donde ella no podía intervenir. Ahora era más consciente sobre sus propias limitaciones al enfrentarse a verdaderos enemigos.
Alice apretó los puños en silencio, tratando de regular su respiración agitada, no por correr, su descontrol era causado por la ira. Una rabia generada por conocer esos nuevos límites. No podía ganarle sola a Jack, fue arrastrada la última vez que lo intentó. ¡Obviamente no podía derrotar a ninguno de los hermanos! Dudaba si era capaz de ganarle a Taara, Lei Quiang, Joao o a Zachary sin utilizar su fuego, que obviamente la dejaría descalificada lo demás de la ronda. No sabía dónde estaba Carol para tocarlo y correr, tampoco podía encontrar a Engel y Rachel ni hablar, era un fantasma para ella. Ese nivel de control emocional en el aura únicamente lo presenciaba en gente como Lawrence, Arthur, River o los miembros del colmillo.
¡Lo cual le resultaba injusto! Llevaba mucho más que Rachel practicando con el aura, y solo era superada por unos cuantos años por los demás participantes. El entrenamiento que Jazka le dio cuando se conocieron habían sido sencillo para ella, aprendió a usar el aura en varios meses, dominando la creación de objetos y la super fuerza, aunque ella preferiría ser capaz de manipular el aura a distancia. Se esforzaba mucho, y sabía que tenía más aura que Rachel, pero si alguien le preguntara, ella estaba totalmente segura de que se estaba quedando muy por detrás.
—Que injusto... —susurró. Sus ojos inundados en lágrimas que ella buscaba contener— Yo soy más fuerte, ¿Por qué se siente que ella es mejor que yo?
Olvidándose de referirse a sí misma como la magnífica Alice, ya que no se sentía así, había ignorado muchas veces sobre no utilizar el fuego negro que había creado, varias veces Jazka le dijo que el aura la castigaría, pero eso no tenía sentido, su propia aura no podría castigarla. No consideraba el aura como a un ser vivo que fuera capaz de enojarse o resentirse, solo era una herramienta que ella usaría para hacerse grande y sentirse amada, así como lo fue hace tantos años.
—Que injusto.
El tiempo acabó, dando por terminada la primera parte de la última ronda de este juego. Alice no tenía siquiera que escuchar a Lindsy. ¿De que serviría escucharla si sus puntos seguían en cero?
"Carol y Alice pierden dos puntos".
—Wow, no me digas —Fue sarcástica. Limpió algunas lágrimas de sus mejillas—. Maldita. No sé qué le vas a restar a cero.
Apagó su aura, escuchando pasos acercarse. Se dio la vuelta para vislumbrar el elegante traje negro característico de los mayordomos que trabajaban para los Logan, solo que, en vez de una camisa blanca por debajo, era una de color verde. Louis hacía gala de su porte perfecto, además de su corto cabello dorado y una esbelta figura. Una elegante belleza digna de envidiar.
—Es la segunda vez que la veo tan desanimada, señorita Alice. —Louis posó su mano en el hombro de Alice, con quien no había interactuado en demasiadas ocasiones, pero seguía siendo su compañera de trabajo.
Alice no respondió. Bajó su cabeza mordiendo su labio inferior, hasta sentir el cálido abrazo de su contraria. No supo cómo responder, por lo que prefirió solo quedarse en silencio. Louis acarició el cabello de la joven con suavidad, no era mucho más alta que Alice, pero si le llevaba muchos más años. ¿Qué clase de adulta sería si no consolaba a una joven confusa y triste?
—Vamos, señorita Alice, la siguiente será.
Alice asintió, tomando la mano de Louis para entrar en uno de los árboles, desapareciendo en el acto.
Rachel se detuvo poco antes de llegar con quien sería su compañero. Los consejos de River y Lawrence habían quedado grabados en su cabeza "Ser la perra mayor" o como sea que él lo dijera y "Aprovecharse de la fuerza de tu compañero", el cual no podría aplicar esta vez. Sabía muy bien con quien debía de hacer equipo, el plan A era ganar de forma totalmente honesta, enfrentando a su oponente, que seguramente sería Zachary, pero si no podía ganar, llevaría a cabo el plan de reserva.
La dulce voz de Lindsy llegó a sus oídos nuevamente, ella se detuvo y soltó un "Meeh" al escuchar como Alice había perdido, ya no le resultaba nada nuevo, pero tampoco es que significase mucho para ella. Que su equipo gane o pierda le era irrelevante, sus propios logros eran lo único importante para ella, pues esto era una entrenamiento, no una competencia. Si le pedía algo a Lindsy, lo obtendría, no debía ganar un concurso para eso.
Avanzó pocos pasos. La voz de Lindsy volvió a escucharse.
"¡Ahora la papa es de Jack y Ne Zha!"
«Bueno. Ne Zha está lejos». Agradeció Rachel en su cabeza. Usar su clarividencia en modo radar ya le resultaba algo relativamente sencillo. No tenía que esforzarse mucho, pero a esa distancia le era imposible descifrar sus sentimientos y pensamientos si lo ocultaban, además, no era capaz de hacerlo con múltiples personas. Aunque en la ronda dos de la primera prueba había sido capaz, pero todos disfrutaban del combate, se encontraban cerca y no bloqueaban el flujo de aura tan bien por el todo el desorden, obviamente eso la había ayudado bastante. «Hay varios factores que afectan bastante el resultado de la clarividencia... No importa, la dominaré por completo, seré la puta profesora Xavier de este lugar».
—Hey. —La voz de Rachel llegó a los oídos de Engel. Tuvo que soportar las ganas de burlarse al ver a la danesa voltearse, observándola con confusión. Estaba segura de que Beatrice se había asustado un poco por su llamado tan repentino.
—¿Qué estás haciendo aquí? Somos del mismo bando. —Engel estrechó sus ojos, desconfiada—. Rápido, una de las frases más emblemáticas de Clara Oswald.
—"Corre, chico listo". ¿Suficiente? —Rachel subió y bajó sus hombros.
—¿Cuándo huyen los demonios?
—Cuando un hombre bueno va a la guerra.
Al confirmar que era Rachel y no Ellie con una apariencia diferente, Engel sintió sus músculos aflojar con un suspiro. Los días anteriores reunió información sobre la suramericana luego de su tan buen desempeño, y sabía que no conocía la serie favorita de ambas rubias.
—¿Qué es lo que quieres?
—Convertirte en mi herramienta —Deteniendose a varios pasos, Rachel estiró su mano hacia Beatrice, que la miró aún más confundida—. Jack y Lei Quiang son muy fuertes, de seguro enfrentaran a los más problemáticos, Ellie me es desconocida en muchos aspectos, ni siquiera sé cuál es su Operación y parece ser más de una, Alice es demasiado débil. Por descarte, eres tú mi media naranja en esta ronda.
—Ja... Jaja. —Engel se cubrió la boca, incapaz de creer aquellas palabras, preguntándose si Rachel alguna vez escuchaba lo que ella misma decía. Examinó la mano de Rachel, divertida por su propuesta— ¿No que ganar sin ser una perra faldera?
—Uuuh, un golpe bajo —Rachel frunció el ceño antes de obligarse a sonreír— ¿Hacemos equipo por esta vez?
—Zachary vendrá a cazarte, de eso no tengo dudas... Pero, bien —Engel alejó de un manotazo la mano de Rachel—. Seguiré tu juego, solo por curiosidad, y por esa excepcional habilidad tuya para percibir el aura. Sígueme el ritmo y no me hagas quedar mal.
—Pero si yo no tengo que hacer nada. Tú te humillas sola.
—El elefante hablando de orejas... ¿Esa habilidad tuya es por tu operación? ¿Amplificas tus sentidos sobre el aura?
—Antes de preguntarme sobre mis habilidades, dime cuales son las tuyas —Rachel se sobó la muñeca, aunque el manotazo no le había dolido. Soltó un bufido al ver como Engel desvió la mirada sin responder la pregunta—. Veo que... Estamos en las mismas. Sin operación y-
—¡Basta! Acepto cooperar contigo, pero no quiero saber la historia de tu vida, ni me interesan tus observaciones. —Engel frunció el ceño, sacando su pecho con una mirada orgullosa que no convencía para nada a Rachel—. Sal de mi mente.
—No estoy en tu mente. —Mintió, alejando su mirada con una sonrisa. Abandonó su modo radar, vinculándose con el aura de Engel. La pena y vergüenza que sentía al saber que no tenía un poder único era enorme—. No es tan malo aún no tener una operación. ¿Cuántos años llevas siendo operadora?
Engel gruñó, apagando su aura carmesí. Se dio la vuelta y siguió caminando. Rachel caminó detrás suyo con una sonrisa, aplaudiendo internamente a Engel darse cuenta de que la molestaría en todo momento que tenga el aura encendida.
—¿Cuál es el plan? —Engel la miró de reojo.
—Rezar, confiar y... no sé, pegar muy duro. —Su respuesta no satisfizo a Engel, pero contra oponentes tan superiores y ellas dos sin operación, solo podían confiar en sus puños.
—Me gusta.
El silencio reinó entre ambas... Unos momentos.
—Podrías hacerte una operación que sean nubes que lancen rayos.
—¡Cállate!
Ao Bing se levantó como pudo en el periodo de los diez segundos de descanso luego de que la papa explotara. Jack permanecía en el mismo lugar, inmóvil, con un cansancio apenas notable. Estaba seguro de que aplastarlo con las manos de hielo había generado un daño grave, pero no lo suficiente cuando se trataba de monstruos como él.
—Que mal estado, joven Ao Bing. —Fred, que había emergido de un árbol, recogió a Carol, cargándolo en su hombro. No estaba lastimado, pero esta era la forma más rápida de sacarlo del campo—. ¿Está seguro de que quiere continuar en ese estado?
"¡Ahora la papa es de Jack y Ne Zha!"
Ao Bing calmó su respiración. Se miró a sí mismo. Estaba sucio, muy sucio. Toda su túnica blanca estaba manchada de tierra. Sacudió algunas partes y asintió con la cabeza. Buscó eliminar esa cansada expresión, enfocándose en quien obviamente sería su oponente otra vez.
—Sí, sí puedo —seguida de aquellas palabras, Ao Bing tosió algo de sangre en su mano congeló las pequeñas gotas y con su pulgar las arrojó de su palma.
Fred no dijo más. Cerró sus ojos, aceptando las palabras de Ao Bing, aunque no creyera que pudiera combatir. Salió de la zona de combate a través de un árbol.
—No sé si eres muy valiente o tonto.
—Yo, como tú, quiero ganar, quiero ser mejor. —Ao Bing generó un ancho escudo rectangular de hielo que cubría el costado de su brazo. El borde inferior y superior del escudo se extendían dos puntas heladas—. Solo es sangre un poco de sangre y huesos rotos.
Jack respetó su decisión, dejándole saber a través de su aura el respeto que se formaba en su interior, pero ahora iba a romperle la piernas y los brazos.