«Concéntrate en mantener estables tus emociones y ocúltalas bien. No quieres encontrarte con nadie problemático».
Rachel corría con pasos ligeros entre los árboles. Su vista mejorada gracias al Aura exploraba todo a su alrededor y procuraba tener cuidado de no caerse por culpa de alguna rama en el suelo; sería demasiado patético hasta para ella.
Su plan era bastante sencillo de seguir: Encontrar a Engel sin involucrarse en alguna otra batalla y evitar a los demás sería la primera parte. La segunda sería vigilarla sin ser notada hasta que llegue su turno de ser la papa caliente o, en otra posibilidad más desventajosa, el turno de Engel. Por último, mantenerla con la papa hasta el último momento o darle la papa en los últimos segundos y huir.
«Esto no es por venganza o algo... Sí, quiero humillarla, pero la elegí a ella por un motivo en específico».
Rachel se detuvo junto a un árbol al sentir el choque de auras tan imponente que provenía de otro lado del bosque. Dirigió su mirada a esa dirección, torciendo su boca en una ligera sonrisa. Daba las gracias de que empezara lejos de donde estaba.
«El problema es que la siguiente podría ser yo... O Engel. Debo encontrarla rápido".
Rachel continuó con su camino, teniendo en cuenta que no se dejaría llevar por las emociones. Esto era su meta principal. Casi todas sus malas elecciones habían sido causadas por su bajo nivel de control emocional, pero para controlar su habilidad latente que la separaría del resto de operadores mediocres, tenía que aprender a controlarse o sería consumida por las emociones de sus adversarios y eso la llevaría a morir o a nunca ganar.
Esta fue la principal razón para elegir a Engel, con quien peor se llevaba. La segunda razón es que era de las pocas que podía enfrentar sin ser aplastada en segundos. Había analizado con quiénes sería capaz de pelear y la conclusión fue "Engel, Alice, Joao". Ese era el orden, aunque todavía dudaba si sería capaz de derrotar a Joao Paulo en un enfrentamiento en solitario.
Decidió que solo enfrentaría a estos tres en solitario, y como Joao actualmente era de su equipo, solo quedaba enfrentar a Alice o Engel.
«Ni loca buscaré pelea contra Jack o Ne Zha en este estado. Ni con nadie además de Alice que sea capaz de atacar a larga distancia». Pensó con una expresión burlesca hacia ella misma.
Minuto y algo había pasado desde que empezó con su carrera en búsqueda de Engel. Se detuvo al darse cuenta de que, solo corriendo por ahí, era poco probable encontrarla a ella directamente. Tomó un suspiro y despejó su mente antes de recostarse en un árbol.
«No seas tonta... Tengo algo más para encontrarla».
Solo debía concentrarse mucho y sería capaz de atravesar las barreras mentales del aura. Quizás no era capaz de controlar esta habilidad en combate, pero ella era tan buena que incluso sin conocerla la había activado de forma inconsciente algunas veces. Incluso sin usar aura, Rachel era tan sensible a ella que pudo leer a Jazka y al Impío que la apuñaló sin ella saber siquiera que era una operadora.
Tomó un profundo suspiro, vaciando su mente. Esto era igual que sentir cualquier otra filtración de aura, solo que de una forma mucho más exacta y profunda. Primero posó su atención en uno de los dos combates que se llevaban a cabo.
«Esta Aura... Es explosiva, enérgica...» En su mente, pudo percibir los pensamientos de esta persona y su intensa emoción. Frente a ella, había dos formas más; una buscaba huir a toda costa, podía sentir su preocupación, pero aun así mantenía cierto aire arrogante, mientras que la última de las tres se sentía molesta, no quería hacer nada. «Lei Quiang, Alice y Carol».
Sin contener una enorme sonrisa triunfante, Rachel apretó sus puños con fuerza. Le había tomado más de diez segundos descifrar sus auras, pero ellos ya estaban peleando. Ahora debía encontrar a alguien que pasaba mucho más desapercibida.
Primero sintió los dos combates, luego buscó más allá. Si su aura estaba encendida, y de seguro lo estaba, podría hallarla. Esta vez, trataría de concentrarse en cómo había percibido antes la forma del aura de Beatrice.
Esta vez tomó más tiempo antes de dar frutos. Percibió, cual radar, a quién buscaba. No estaba tan lejos, se mantenía alerta, pero caminaba tranquilamente. Rachel, a esta distancia, apenas fue capaz de sentirla un poco y fue lo único que necesitaba.
Saltó lejos del árbol y aceleró el paso, teniendo cuidado con sus propias filtraciones. No pasó mucho antes de que tuviera que esconderse detrás de un árbol. Aguantó su respiración, clavando su mirada en la danesa de vestido rojo y botas negras que caminaba apacible entre los árboles.
«Si funcionó, ¡Bien! ¡Bien! Maldita sea... Ahora solo queda esperar». En un principio, pensaba que podría intentar meterse en su mente para ver qué pensaba al momento, pero había posibilidad de ser descubierta, pues, según Arthur, su percepción del aura en ese estado formaba un "vínculo" entre ambos. Así que mientras no hiciera las pruebas suficientes para saber todos sus pros y contras, Rachel Ficks milagrosamente empezaría a apostar solamente a lo seguro.
—¡No corras, Alice! Será mucho mejor para ti. —Lei Quiang gritó sonriente en plena carrera entre los árboles. Algunos troncos arrancados o rotos volaron en su dirección, grandes regalos que la gótica pulpo enviaba, y ella se centraba en evitarlos o simplemente apartarlos con golpes explosivos cargados de energía. No desaceleraba ni un poco. —¿¡No que "La gran y poderosa Alice!?
—¡No te escucho! ¡Mi asombro ser no caerá en tus provocaciones mundanas y sin fundamentos!
A pesar de que la distancia estaba siendo cortada cada vez más, Alice trató de mantenerse calmada. No sería capaz de vencer a Lei Quiang en un combate cercano, así que optar por encontrar ayuda era lo mejor. Maldijo en el fondo a la carga que sostenía con su tentáculo, pues, a pesar de ser un competidor, sus intenciones de ayudar eran nulas.
—Ten más cuidado mientras me-
—¡Cállate! ¡No tienes derecho a hablar!
Envuelto por aquella masa azabache, el andrógino de ropas y delineador color negro observaba sin ánimos a su perseguidora. Quedó envuelto en este problema solo por casualidad, y a pesar de estar dispuesto a dejarse tocar por Lei Quiang, fue "secuestrado" por la gótica a último momento.
—¡Carol! ¡Haz algo! ¡Lanza misiles, balas, una pala! —suplicó Alice por ayuda. Su sorpresa fue grande cuando la asiática de ropa florida aterrizó frente a su camino luego de un salto. Usar sus llamas fue lo primero que cruzó su mente, pero quedaría en desventaja el resto del juego y, si fallaba, sería presa fácil de la guardiana de la familia Zhu.
En un intento desesperado por salvarse a sí misma, lanzó cual proyectil al joven pálido contra su adversaria. Si debía elegir entre sus propios puntos o el equipo, sin dudar sacrificaría al único que no aporta para nada en el juego.
Ella solo tenía un punto, pero lo atesoraba con su vida, no dejaría que nadie se lo arrebatase de sus manos. Cambió de rumbo al instante que lanzó al inmutable Carol, pero este solo siguió de largo al ser totalmente ignorado por Lei Quiang. Esta acción arruinó por completo el plan de la otra vez perseguida Alice.
—¿¡Por qué!? Él también es un competidor. ¿Qué problemas tienes conmigo, perra?
La distancia entre ambas por fin fue cortada. Costado a costado, Alice frunció el ceño y apuntó a la costilla de su contraria con su tentáculo reforzado. Lei Quiang tomó la punta con fuerza, inmovilizando el arma principal de la pequeña gótica.
Antes de que se decidiera a utilizar su fuego, porque luego de la pelea contra Jack, había entendido muy bien que el método de pelea de Alice era carbonizar al enemigo si todo lo demás fallaba, tocó ligeramente su costado. Ambas se detuvieron al escuchar la voz de Lindsy anunciar que Alice era la nueva dueña de la papa. Esta última hizo desaparecer su tentáculo para volver a sacarlo de su espalda baja, trató de tocar a Lei Quiang antes de impulsarse y ganar distancia, pero cuando la china esquivó su mano, lo único que ganó fue una repentina patada en su barbilla que la envió volando decenas de metros de distancia por encima de los árboles.
—Y allá va. —Lei Quiang se llevó una mano a su frente. Observando volar a su compañera hasta perderla de vista. Miró a Carol, que ahora estaba recostado contra un árbol sin hacer mucho. Río a carcajadas antes de dar un paso hacia atrás para acercarse en caso de que le tocara a uno de ellos, pero sus párpados repentinamente cayeron a la par que su conciencia se sumergía en un sueño profundo.
Carol, rodeado por su aura color gris, se mantuvo inmóvil contra aquel duro roble. A pesar de que sintió una pequeña molestia al chocar con él, se había puesto cómodo sobre el césped. Por un momento pensó en levantarse e ir a noquear a Lei Quiang aprovechando que estaba dormida, pero su pereza lo venció al momento que Alice salía de los árboles con sangre sobre sus labios. Había vuelto corriendo hasta que se dio cuenta a la distancia de que Lei Quiang estaba dormida.
«Mierda. Podría tratar de pasarle la papa, pero está en ese modo de nuevo... Ah, a la mierda, ¡Sí puedo! La enviaré a volar de un golpe y saldré corriendo, estamos a nada de que la papa explote».
Alice escupió al suelo, se impulsó contra Lei Quiang para llevar a cabo su plan, la asiática reaccionó al instante, esquivando por escasos centímetros el toque de la chica pulpo. Alice se horrorizó, viendo cómo el puño de su rival se dirigió a su rostro a tal velocidad que apenas se dio cuenta. Con el impacto, volvió a salir volando en la misma dirección que antes, mientras que uno de sus dientes volaba en otra dirección.
La Lei Quiang en Caos Primigenio soltó un pequeño hilo de baba, mientras se daba la vuelta y corría en otra dirección, lejos de aquella zona.
—Qué alivio —suspiró Carol. Agradeció no ser presa de semejante bestia. Frotó sus hombros antes de acomodarse en el suelo. Quería aprovechar para tomar una pequeña siesta.
A la par que se llevaba a cabo la persecución entre la china durmiente y la pulpo con cabello rizado en afro. Ao Bing evitaba como podía los constantes ataques de Taara Yadav. Sus cometas aparecían casi siempre en sus puntos ciegos, a la par que ella lo mantenía alejado para no recibir la papa.
—¡Te veo muy desesperado por obtener puntos, Bing Bing~! ¿No crees que te iría mejor cazando a Rachel, Ellie o Joao?
Taara estrechó sus ojos con una ligera molestia. No había razón verdadera para derrotarlo en combate. Al menos contra él, había más posibilidades de ser tocada si lo intentaba. Matar el tiempo y mantener sus distancias era lo mejor.
Ao Bing no respondió. Detuvo varios de aquellos cometas con escudos de hielo que aparecían apenas otro era destruido. Se deslizaba entre rampas para ganar velocidad y acortar sus distancias. Fue entonces que en los alrededores de Taara la temperatura bajó a gran velocidad mientras pilares de hielo aparecían para atraparla en una habitación hecha de hielo, incluyendo el techo. De esta prisión, estacas de hielo salieron volando contra la india, que, sin mucho tiempo para reaccionar, invocó a la Luna y Júpiter. Las estacas disminuyeron su velocidad y luego fueron arrastradas por una fuerza invisible. Todos volaron en dirección contraria, agrietando la pared de hielo al impactar con ella.
Por órdenes del heredero de los Zhu, la prisión de hielo empezó a encogerse para aplastar a Taara. Una docena de cometas aparecieron mientras sus otras dos invocaciones se desvanecían, destrozando las paredes, una forma de usar su lluvia de cometas como protección.
«Los poderes elementales son tan molestos». Taara buscó a Ao Bing con la mirada, su cuerpo tembló al encontrarlo a un costado, detrás de ella, a punto de tocarla. El peli azul había encontrado una abertura para acercarse lo suficiente y poner fin al enfrentamiento. Un copo de nieve del tamaño de una palma fue expulsado de la mano de Ao Bing. Ella conocía, gracias a los videos, el efecto de esa habilidad, pero debía agradecer que no tratara de tocarla al instante.
El espacio se deformó frente al copo de nieve, un vórtice verde por donde apenas cabría una cabeza humana brillante fue el salvador de Taara. La entrada de Agujero de gusano se llevó el copo de nieve, mientras que en la salida apareció detrás de Ao Bing, impactando con su espalda mientras una gruesa capa de hielo se formaba y, por unos momentos, todo el flujo de su aura fue desestabilizado.
Ni bien el blanco joven gruñó e intentase desaparecer su propia habilidad, fue golpeado uno tras otro por varios cometas. Fue arrastrado por el suelo cual trapo sucio. Sin su aura activa, cada impacto que recibió fue más doloroso que el anterior. Sintió como algunos de sus huesos se rompieron, pero a pesar del intenso dolor, los efectos del copo de nieve desaparecieron.
Ao Bing encendió su aura, el daño seguía ahí, pero ahora era mucho más soportable. El agujero de gusano volvió a abrirse junto a su rostro, saliendo de este un cometa que lo arrastró aún más lejos de Taara.
—¿¡Fue suficiente para ti, tercer príncipe!?
Taara llevó las manos a sus caderas con una sonrisa victoriosa. Si no le fallaba su memoria, en la historia china, Ao Bing era el nombre del tercer hijo del rey dragón del mar del este. Ella dudó si llamarlo así, pues la familia Zhu solo tenía a Ne Zha y a Ao Bing.
—Bueno... Sí, supondré que sí. Es mejor que llamarte príncipe del hielo.
Ao Bing no escuchó los desvaríos de la india. Sus oídos pitaban y su cuerpo se sentía debilitado. Taara era un oponente formidable con muchas cartas a su disposición. Subestimarla saldría muy caro.
«Si no estoy equivocado, deben quedar 50 segundos antes de que pasen los tres minutos. En mi estado, no creo poder encontrar tan rápido a otra persona». Ao Bing escupió coágulos de sangre sobre la tierra debajo de él. Levantó su mirada y observó a Taara, que no tenía intención de huir. «Claro, uno del bando rival menos. Ahora soy yo el que debería tratar de huir».
Ao Bing dio por sentada su derrota. No conocía con exactitud cuánta cantidad de aura le quedaba a su oponente. Hubiera preferido solo tirarse al suelo hasta que Lindsy anunciara la pérdida de su único punto, pero sus ojos lograron divisar una oportunidad para salir victorioso de esta.
Taara escuchó una serie de pisadas acercándose, además de sentir un aura. Saturno apareció y ella se alejó hacia un costado por precaución de saber si era aliado o no. Ao Bing aprovechó la oportunidad para impulsarse con una gran cantidad de hielo, levantándose sobre una rampa que lo deslizaba a Taara con velocidad.
—¡Muy persistente!
La sonrisa de la energética joven con un punto rojo en su frente se desvaneció al instante que Ao Bing pasó sobre ella, ignorándola mientras generaba paredes de hielo para atraparla.
—Ay mierda. ¡Así no se deja a una chica!...
Taara reventó las paredes con cometas y corrió utilizando la mejora de velocidad que le daba Saturno. Debía detener a Ao Bing de tocar a su verdadero objetivo, Lei Quiang, que había llegado corriendo. Ambos se dieron cuenta de que la castaña se encontraba dormida, por lo que era mucho más peligrosa, pero Ao Bing confiaba en que funcionaría.
Lei Quiang adoptó una pose de combate, babeada, pero lista para evitar ser tocada por Ao Bing. Buscó alejarse de un salto hacia atrás, pero fue bloqueada por una pared de hielo que se agrandó alrededor de ambos, dejándola sin vía de escape. El hielo se expandió por dentro de aquellas paredes, principalmente en las zonas cercanas a Lei Quiang, atrapando sus piernas con gruesas capas reforzadas. Ao Bing se elevó con su rampa mientras su rival era congelada por completo, con sus dedos, tocó la cabeza de Lei Quiang.
Ao Bing continuó alejándose, entonces escuchó el fruto de su esfuerzo.
"¡La papa ahora es de Lei Quiang del Azul!"
Taara buscó detenerlo, pero si intentaba destruir una prisión tan gruesa, de seguro agotaría casi toda su poca reserva de aura, prefirió dejar que Ao Bing se llevara esta victoria. Lo observó en silencio hasta que desapareció de su vista entre los árboles.
—Ay, mierda. —Taara tocó el hielo, dándole unos pequeños golpes al cubo gigante. Se preguntó cuál sería la razón por la que no lo usó contra ella, pero supuso que tuvo miedo de intentarlo y que fuera contrarrestado por la Antesala del Cosmos—. ¿Y cómo te saco de aquí?
El sonido de una explosión a través de altavoces llegó a los oídos de todos, indicando que el tiempo de tres minutos había llegado a su fin. La papa había explotado.
"¡Alice, -2 puntos! ¡Ao Bing, +2 puntos! ¡Lei Quiang termina igual al ganar dos y perder dos, las nuevas papas serán elegidas en diez segundos!"
La india asintió con la cabeza. Al menos estaban en igualdad de condiciones, con suerte, le tocaría a ella y podría perseguir a Ao Bing, no debió de ir muy lejos.
—Su cantidad de aura es enorme, me supera por mucho, pero es muy limitado en lo que hace... Oh, Ibb tiene tanta razón. Cuánto talento desperdicia la juventud. —Miró a sus alrededores, nadie había llegado. Frunció el ceño y luego alzó la voz— ¿¡Puede alguien venir a sacarla!?
No pudo evitar esbozar una sonrisa burlona con cierto nivel de lastima al ver a Lei Quiang congelada, no se imaginaba cuanto frio debería tener, pero entonces el hielo desapareció.
—Oh, qué amable, Ao Bing solo quería asegurar la distancia...
—¡Qué frío!
La china se abrazó a sí misma con su cuerpo tembloroso. Había despertado al momento de ser congelada por completo.
Rachel caminaba con cuidado. Se aseguraba de no pisar rama alguna, manteniendo una distancia razonable entre ella y su objetivo. Engel caminaba observando sus alrededores, calmada, sin demostrar expresión alguna más que ese rostro amargado y arrogante que siempre colocaba al ver a Rachel.
«¿Por qué ella tiene eso?» Rachel aguantó la respiración al fijar su mirada en las muñecas de la joven Beatrice. Pudo ver claramente leves marcas rectas, decenas de ellas, todas bajaban por su brazo. «¿Será un tic nervioso?»
Otros escenarios pasaron por su cabeza, pero prefirió ignorarlos para concentrarse en su misión. Después de todo, los problemas de Engel eran solamente de ella, Rachel no tenía intención de entrar en su vida cuando no le importaba para nada.
La voz de Lindsy hizo eco en el bosque, fue entonces que Engel se detuvo para escuchar atentamente y luego chasqueó la lengua.
—¿Piensas seguir observándome en secreto o vas a salir y enfrentarme? Siento que me acosas.
El cuerpo de Rachel tembló ante su provocación. Su rostro se contrajo y permaneció detrás de un árbol en total silencio.
«¡Maldita!... ¡Estoy segura de que no he dejado filtrar nada! ¿Cómo se dio cuenta?... ¿Sigo siendo tan inexperta?» Sus ánimos decayeron un poco, pero relajó su mente, manteniéndose escondida. «Está mintiendo, solo lo dice al azar para ver si alguien es tan tonto como para caer».
—Rachel, sé que estás ahí, sal o voy a buscarte yo. —Molesta, Engel tomó una piedra del suelo y la lanzó con fuerza contra el árbol que usaba Rachel como camuflaje.
«Sí lo sabe». Con una sonrisa forzada, Rachel tomó un profundo suspiro y salió de su escondite. Quería concentrarse para usar la percepción avanzada del aura, pero le tomaría mucho tiempo.
—Qué coincidencia encontrarte por aquí... ¿Qué tal la vida?
—Llevas siguiéndome un buen rato, las posibilidades de que te toque ser la papa siguen siendo cuatro a una. ¿No crees que es un plan lleno de fallas?
—Oh, ¿Ahora te preocupas por la calidad de mis planes? Eres adorable.
Engel frunció el rostro por la sonrisa de Rachel, que se acercó solo un poco. Ambas siguieron caminando en la misma dirección sin apartar su mirada de la otra.
A pesar de su cara de póker, Rachel estaba nerviosa, lo ocultaba bastante bien, pero a pesar del incremento de sus habilidades en estos últimos días, seguía con dudas sobre si podía vencer a Engel.
«Esto es problemático... Quizás debí huir».
"¡Reinicio! La papá ahora es de Joao del azul y Zachary del rojo".
Fue entonces que el corazón de Rachel se relajó. Engel se dio cuenta de aquella expresión y llevó una mano a su boca para cubrir su risa fingida.
—¿Agradecida de que no hay razones para que peleemos? Eso es ser muy cobarde, hasta para ti.
—¿Qué quieres que te diga? Trato de jugar con las cartas que tengo. ¿Acaso quieres arriesgarte a pelear conmigo y que alguien llegue?
—Lo mismo para ti. —Engel se detuvo. No caería ante provocaciones tan simples. Lo que Rachel le dijera, se aplicaba también en su contra— Si te derroto ahora, solo será una molestia menos para mi grupo.
Intentando usar su superpercepción para descubrir las verdaderas intenciones de Engel, Rachel se dio cuenta tarde de lo que estaba ocurriendo. Intentó apartarse del lugar donde estaba. Ella era quien estaba siendo cazada.
Fue interceptada en el aire por la segunda persona que menos quería encontrar en estos juegos. Se maldijo internamente por ser una crédula estúpida, las cosas iban demasiado bien como para ser orquestadas por ella, pero había sido cegada por la emoción de probar algo único en ella. La mano del moreno tomó su cuello a una velocidad aterradora para Rachel, lo siguiente que sintió fue el puño del británico estrellarse contra su estómago, alejándola unos metros antes de poder contraatacar.
Ella cayó al suelo, levantándose poco después con velocidad, debía decir que, para ser un golpe de un operador mucho más experimentado, no le dolió mucho.
—¿Estás teniendo problemas, Rachel?
Engel estrechó sus ojos con satisfacción, mientras que la voz de Lindsy era escuchada otra vez por todos.
"¡Ahora la papa es de Rachel del azul!"
La incrédula rubia de gabardina resopló molesta por su nariz. La figura imponente del moreno rodeado por un aura azul cubría a su presa original. Engel salió de la espalda del sonriente Zachary, levantando dos dedos en señal de paz.
—Wow, qué alegría, las dos personas que más me quieren terminaron volviéndose amigos por mí, soy toda una Cupido.
—¿Es usual que uses el sarcasmo y las burlas como método de autodefensa? Debo decir que es patético.
Zachary levantó su mano, indicándole algo a Engel. Ella asintió sin más y le regaló una última mirada de desdén a Rachel antes de salir corriendo en la dirección opuesta a ellos. Zachary dio unos pasos más cerca de la rubia, a la par que dagas de aura azul se formaban en sus manos.
—Ahora tenemos casi tres minutos solo para nosotros... ¿Quieres que resolvamos nuestros problemas?
—¿Qué problemas tengo yo contigo? ¿Vas a empezar a hablar de tus engranajes y lo mucho que me desprecias otra vez? —Rachel levantó sus puños a la par que retrocedía lentamente. Zachary estaba de último en la lista de los más peligrosos a los que ella no debería enfrentar, su velocidad era algo a lo que ella debía temerle, además de la creación casi instantánea de armas afiladas.
—No hay razones para explicarte lo mismo otra vez. —Zachary se detuvo, estirando una de sus manos a la par que continuaba con su monólogo. —Ya estuviste mucho tiempo debajo de un reflector, así que es mi trabajo regresarte a la realidad, Rachel Ficks.
—No entiendo a qué te refieres.
—Estás empezando a creer que eres especial, demostrando una gran confianza en tus habilidades y aprendes mucho más de cómo funciona nuestro inestable sistema... No dejaré que te conviertas en lo que nos hunda a todos. —Sin previo aviso, Zachary arrojó una de sus dagas al pecho de Rachel.
Reaccionó al ataque y lo esquivó por poco. Zachary, en un instante, acortó la distancia entre ellos y dirigió un ataque a su cuello. La de gabardina tomó su muñeca antes de que el filo la alcanzara, pero un corte lateral en su costado proveniente de una cimitarra creada en la mano libre de Zachary rompió su abrigo largo, su camisa y parte de su abdomen sin mucho esfuerzo.
La rubia apretó sus dientes y se alejó de un salto hacia atrás. Zachary no la siguió, solo observó en silencio el rostro adolorido de su adversario por el ardor de su piel y carne cortada. La sangre brotó sin parar, quizás no había sido atravesada, pero al mirar su propio pecho y ver ese corte profundo, su respiración se cortó por el pánico.
—¡Agh!... Loco hijo de perra. ¿¡Me quieres sacar las tripas!? —rugió adolorida. Contuvo sus lágrimas tan bien como pudo, pero al notar la inexpresividad en el rostro de Zachary, no supo cómo sentirse.
Había sido lastimada por muchas personas: Adarza y las réplicas dañaban por diversión, el cuervo en Francia lo hizo por ira, Jazka creía que estaba salvando a otros, incluso Renate mostraba determinación y preocupación al entrenarla, pero no había ninguna emoción en el rostro aura de Zachary. No sentía nada por hacer esto.
—Beatrice Engel no es tu problema más grande aquí, Rachel. —Zachary juntó ambas armas, convirtiéndolas en una gran alabarda que él manejó con destreza, la hizo girar para luego dirigir su filo hacia Rachel—. Yo seré el encargado de cortar tu esperanza de raíz. Ni pienses que nos arrastrarás contigo, maldita plaga.