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#45 Las Aburridas Repeticiones Del Destino

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 13 de agosto de 2026

Rachel salió volando luego de recibir una patada en su mejilla. Rodó por el suelo de la habitación blanca donde usualmente entrenaba con Renate. Recibió un fuerte golpe de su maestra, que llevó los brazos a su cintura.

―¡Rachel! ¿Qué te pasa? Casi parece que has olvidado ocho meses de entrenamiento en dos días. ¿Estás bien? ―Renate esperó una respuesta que nunca llegó. Soltó un suspiro y caminó hacia su aprendiz; sentía que estaba siendo demasiado dura con ella―. De seguro estás muy nerviosa, pero no te preocupes. Sé que... Sé...

Renate se detuvo junto a Rachel, observando aquella enorme sonrisa en su rostro. Su aprendiz parecía estar perdida por completo en sus pensamientos, lo que eliminó por completo toda la culpa que Renate llegó a sentir. Luego de pisar varias veces el estómago de Rachel, ella por fin reaccionó y se levantó abrazándose a sí misma.

―¡Ya va! Espera, ¡Que eso sí dolió!

―¿Qué ocurrió luego de nuestro entrenamiento? ―Renate cruzó sus brazos. La vergüenza en la cara de Rachel expresó todo lo que ella no podía decir. La de ojos grises dejó caer sus brazos, tratando de no lucir tan sorprendida―. Oh... Debió ser algo muy bueno... ¿Lindsy?

Renate le dio la espalda cubriéndose la boca, escuchando cómo la joven terminó retorciéndose y balbuceando. Era algo que esperaba. Le bastaba con ver aquellas miradas que se lanzaban, además de ese extremo cariño. De hecho, se habían tardado bastante en llegar a aquel resultado.

Una sonrisa pequeña se marcó en el rostro de la de cabello negro, luego se dio la vuelta para mirar cómo Rachel se había sentado en el suelo abrazando sus piernas, aún con aquella sonrisa torpe.

―Es que no sabía que Lindsy tuviera esos sentimientos por mí.

―Eres la tipa más torpe y densa que conozco. Era más obvio que la muerte del protagonista en "Crónicas de una muerte anunciada".

―No sé qué es eso, yo leo puro manga y novelas asiáticas.

―Dios, dame paciencia.

Renate jaló el cabello de la rubia solo para molestarla un poco. Decidió darle este pequeño descanso para sentarse junto con ella y abrazarla del cuello con un brazo.

―¿Y qué hay de lo que sientes tú?

―Lindsy lo es todo para mí. ―No dudó al responder aquellas palabras, incluso había cambiado su expresión torpe a una más decidida―. Creo que, desde hace mucho, yo... También sentía lo mismo, y ahora es tan, tan, bueno... Tan raro. ―Rachel llevó sus manos a su pecho, cerrando sus ojos, sin percatarse de cómo Renate miraba las marcas más cercanas a su cuello― Pero también estoy tan feliz, no sabía que, que, ah. No sé cómo decirlo.

―¿Que amar y ser amado se siente de esa forma? Eres bastante dramática, no creí que fueras del tipo melosa.

―¡Es que es tan linda! Aaagh, ahora no puedo dejar de pensar en-

―Detente. ―Renate la interrumpió, alejando su brazo.

―Pero si no es-

―Detente.

―¡No es nada raro! ―Rachel trató de jalar el cabello de Renate, pero terminó siendo atrapada de su brazo y tirada al suelo para ser víctima de una llave de presión―. ¡No! Basta.

―Creí que estarías entrenando, pero solo estás jugando aquí. Eso baja muchos puntos sobre lo que pensaba de ti, Rachel.

Lei Quiang bajó las escaleras. Llevaba puesta una gorra verde con una estrella dorada. Detrás de ella, Ellie Orión hacía gala de su ropa de bruja junto a ese enorme sombrero puntiagudo. Renate liberó a Rachel y se alejó rápido, fingiendo que no torturaba a la pequeña joven en el suelo. Realizó una reverencia recuperando aquella inexpresividad habitual. Las dos chicas correspondieron el saludo a la par que Rachel se levantaba adolorida.

―¿Qué hacen ustedes dos aquí?

―Saluda primero, ¿no crees?

―Ay, qué mala. Venimos a verte para darte ánimos y nos tratas así. ―Ellie apretó sus puños, realizando un pequeño puchero para luego acercarse a Rachel con una sonrisa y darle palmadas en su espalda.

―Perdón. Qué bueno verlas, chicas. —Luego de aquellas palabras, se dio cuenta de cómo Ellie estudiaba las marcas en su cuello con preocupación.

―Hey, tienes sarpullido en el cuello. Tómate algo para eso ―comentó Ellie con algo de preocupación, ignorando por completo cómo Rachel sonrió con su cara enrojecida.

Renate hizo lo posible por no reírse. Se acercó a Rachel para explicar la situación.

―Ambas vinieron a mí luego de que terminaste tu entrenamiento. Quieren ayudarte a mejorar, considero que está bien, ya que así no generarás manías extrañas por luchar tanto conmigo.

Rachel asintió, pero no pudo evitar pensar que esto era inconveniente por motivos muy obvios, ambas eran sus rivales. En algún momento tendrían que enfrentarse en el evento de Lindsy, así que revelar sus cartas a Rachel no era muy conveniente.

«Aunque es más inconveniente que para mí. Ellas sí pueden ganarme ahora mismo». Rachel recordó el golpe en su nariz que reventó varios árboles junto a alguno de sus huesos. Estrechó su mirada observando a Lei Quiang, quien se rascó la nuca avergonzada.

―Pff, toda ayuda es bienvenida. Agradezco mucho que se preocupen por mí.

―Te debo una, Rachel, me llevaste a la victoria. Además, así podremos conocernos mejor. Hasta traje comida para compartir. ―Ellie juntó sus brazos sin saber que automáticamente se había convertido en una amiga preciada para la rubia.

―Yo, por mi lado, admiro tu resiliencia. Avanzas sin importarte lo que otros digan, digo, te lancé a volar 20 metros con todo destrozado y aun así ganaste. De seguro serás más interesante si te ayudamos. ―Lei Quiang estiró su mano a su contraria. Dando un firme apretón a la mano de Rachel. Ambas asintieron luego de eso.

―Entonces no perdamos tiempo. Empecemos ya mismo.

Renate fue a sentarse a una esquina. Corregiría a Rachel desde lejos en caso de que necesitara instrucciones. Estaba segura de que nuevos aires la ayudarían a mejorar más rápido, además, debía tener mucho cuidado en caso de que Lei Quiang se durmiera. Le informó sobre su condición y que, incluso dormida, parece que su Caos Primigenio puede recordar su objetivo, pero prevenir no estaba de más.

«Igual, si no deja de pensar en Lindsy, será un problema... ¿Qué le diré a Sketchman si resulta que Rachel no gana?». Renate soltó un suspiro. Su buen sueño dependía de que Rachel ganara el combate.

―Ese loco se come los fideos crudos en la madrugada, es tan molesto. ―Se quejó la no tan inexpresiva mujer de ojos grises, manteniendo una sonrisa sincera en su rostro.

 

 

Los días pasaron volando, entonces la noche tan esperada en Velké Hvězdy llegó sin avisar. El estadio había sido diseñado para el uso exclusivo de los Operadores, un lugar diseñado para llevar a cabo combates por orgullo, gloria o mera diversión. Era muy utilizado por los miembros de segunda clase, concurrido a veces por los miembros de la primera clase, y era considerado un milagro que algún miembro de las tres grandes familias participara en un duelo.

Por eso, el estado ahora rebosaba de Operadores ansiosos de ver a los hijos de quienes eran la cúspide de su mundo. Apuestas que involucraban cientos de miles estaban en juego, las ansias se podían ver en el aire, pues no habían visto nada así desde hace más de 20 años.

―Es casi como si hubiese sido ayer que tú y yo pisamos esta arena. Qué casualidad, ¿no lo crees? Quizás es cierto que existe el destino.

―Sí existe, debe ser un niño que no se aburre de repetir siempre lo mismo.

Sentados codo a codo en un balcón especial, diseñado justamente para la clase más alta entre los Operadores. Alexei Vasíliev disfrutaba de la vista de un estadio lleno de gente. Su hijo estaba por lucirse, claro que sí, debía estar emocionado, aunque en su interior esperaba que el "bastardo idiota", como lo llamaba usualmente, no arruinara todo con esa personalidad tan problemática.

Llevando su gabardina marrón sobre aquella camisa blanca, el hombre de cabello negro con puntas blancas levantó la mano, atrapando una cerveza arrojada por su compañero, tomando asiento junto a Arthur, Lawrence Logan se sentó con una emoción visible en su rostro.

―Alexei, ¿cuánto quieres apostar?

―¿Qué tal el apoyo de Arthur? Si mi niño gana, él pasará a apoyar incondicionalmente a los Vasíliev y a ser mi taxista.

―Jaja, primero te cortaría la garganta.

Ambos hombres se miraron a los ojos, debajo de aquellas sonrisas fingidas, era muy obvio para cualquiera que en cualquier momento serían quienes saltarían a combatir en el estadio. Arthur quedó entre las miradas asesinas, levantando sus manos en caso de que algo ocurriese, pero una cuarta voz elegante y femenina rompió la tensión.

―Compórtense como hombres, deberían infundir respeto en los demás, en lugar de eso, son una burla andante. ―Con un galante vestido rojo, una mujer anciana que aparentaba tener treinta años tomó el último asiento vacío al lado de Alexei. Con Madame Zhu presente, los cuatro operadores más importantes de la actualidad se habían vuelto a reunir para presenciar un mero combate.

―Cariño, solo nos divertimos un rato.

―Antes de ustedes, las cabecillas del mundo de la operación eran verdaderos monstruos. Se ganaban el respeto ―espetó Madame Zhu, rodando sus ojos con mala cara―. Isaac Newton, El conde de Saint Germain, Napoleón Bonaparte, mi abuelo, Claudio Gerónimo. Todos ellos fueron grandes figuras entre nuestra gente.

―Todos esos son de siglos diferentes. ―Se quejó Lawrence, cansado del mismo discurso de siempre.

―¿Y quién carajo es Claudio?

―¡Eres un cerdo ególatra inculto! ―Madame Zhu levantó la voz con furia. No podía creer que Alexei, siendo tan poderoso e importante, no reconociera a tal ilustre persona—. ¡Claudio fue de los operadores más poderosos que existió! Toda mi familia le tuvo miedo en su tiempo.

—Joder, pero asustar a los Zhu no tienen mérito. —Alexei no dudó en bromear sin miedo alguno.

Por otro lado, el dúo a su lado prefirió no meterse en el tema, pues tampoco conocían su nombre, así que también serían regañados, fingieron reconocer a cada persona mencionada anteriormente.

Leena se sentó sobre las piernas de su esposo, sintiendo cómo Lawrence la abrazaba de su cintura y acariciaba su estómago sobre la ropa. Observaba al grupo con una sonrisa burlesca a la par que negaba con su cabeza.

―¿No podemos reunirnos un día sin tener que pelear?

―Ah, dulce Leena. ―Antes de que pudiera empezar con sus halagos, Leena se llevó un dedo a la boca.

―Cállate, Alexei, tírate de un puente. ―Leena no ocultó su desprecio, aunque notó la ligera sonrisa que Madame Zhu trató de ocultar con su abanico―. ¿Quién creen que gane?

―Andrei. ―Respondieron las cabecillas y el taxista al unísono.

El corazón de Leena se agitó, pero supuso que era algo bastante obvio. Observó la enorme puerta de entrada por la que esa joven entraría, y juntó sus manos para rogarle al cielo que le diera algo de suerte a Rachel Ficks.

―Yo creo que ella puede ganar. ―dijo Leena en voz baja.

―Bueno, a pesar de lo irrespetuosa, inexperta y torpe que es, sigue siendo tu hija, Arthur. No sabemos qué sorpresas pueda darnos.

Quien dio esas palabras de "aliento" fue nadie más que Madame Zhu, que iba acompañada del joven con delineador azul. Junto a él, un hombre de poca barba y con traje morado oscuro parecido al de Renate cuidaba la espalda de Alexei. En el extremo izquierdo, Fred se mantenía inmóvil tras Lawrence y Leena, mientras que Arthur era el único sin algún guardaespaldas detrás de él.

―Tengo fe en que la señorita Rachel dará un espectáculo. ―Exclamó Fred con una sonrisa en su rostro― la hija del señor Arthur... No, Rachel, ella puede sorprender a cualquiera.

Ao Bing quiso compartir algunas palabras y estar de acuerdo con Fred, pero sin el permiso de Madame Zhu para hablar, solo asintió con la cabeza. Conocía las limitaciones de su compañera, pero si debía elegir si apoyar a una basura como Andrei, prefería dedicar su aliento a Rachel a pesar de que perdiera estrepitosamente.

Unas gradas más abajo, Alice observaba junto a Jazka aquel balcón donde las grandes estrellas se habían reunido. Anhelaba estar sentada en esas cómodas sillas, siendo alabada por los demás Operadores. Junto a ellos dos, Dexter, Grace, Jesse y la misma Renate se encontraban expectantes. El de coleta azul levantaba una bandera con el rostro de la rubia estampado en ella, ninguno sabía de dónde la había sacado, pero buscaba demostrarle todo su apoyo a Rachel.

―¡Mata a ese cabrón presumido, Ray!

―Te recuerdo que estás rodeado de Operadores. No llames mucho la atención.

―Cállate, mierda.

Jesse le sacó la lengua a Dexter. Luck, Luz y Violet subieron las escaleras para sentarse junto al grupo. Grace lo saludó moviendo su barbilla, mientras que Luck asentía con la cabeza. La niña mordió su labio inferior, sentándose junto a la rubia de coletas sin soltar su mano. Sentía que los nervios la devoraban por dentro.

―Ah, ojalá que Rachel gane.

―¿Qué gane? Esto será una masacre unilateral, me sorprendería más que-

―¿¡Por qué carajo te metes en todo!? Desaparece cinco minutos. ―Luz gritó furiosa a Dexter, que dejó de hablar al darse cuenta de que la niña sinceramente estaba molesta. O eso aparentaba, pues solo había tratado de sonar como Rachel.

Luz apartó su mirada de quien ella creía era solo una pérdida de tiempo, luego desde el fondo de su corazón, apoyó a su protectora y ejemplo a seguir. «Vamos, Ray. Tú puedes».

―Jazka, ¿qué sabes sobre Andrei? ―preguntó Luck con una expresión inusualmente seria. Jazka negó con la cabeza, avergonzado.

―Perdone, sé tanto como usted. Tengo mis contactos, pero es la primera vez que este hombre entra a un duelo formal. Aunque los rumores dicen que es un niño mimado, sabemos que mimado es lo menos indicado para describir a los Vasíliev.

Por explicación de Jazka, todos entendieron que cualquier cosa podría pasar, en el mejor de los casos o, mejor dicho, en un caso tan probable como un milagro, Rachel sería capaz de estar igualada o superar al descendiente de los Vasíliev. Violet dejó fluir su aura, preparándose para presenciar aquella batalla.

―Esto es mi culpa, Luz. Si Rachel no hubiera ido a defenderme, no tendría que estar aquí peleando. ―Se lamentó Violet North, pero un pellizco suave en su mejilla la sacó de hundirse en un abismo de culpa.

―No seas tonta. Ni se te ocurra lucir arrepentida, lo mejor que puedes hacer por Rachel es tener una sonrisa enorme y apoyarla sin importar qué ocurra. ―Luz conocía a Rachel, la conocía demasiado bien. Al ver cómo Violet asintió y limpió algunas lágrimas, esperaron pacientemente la entrada de los participantes.

Ne Zha maldijo a la vieja cabecilla del clan Zhu. Acompañaba a los demás miembros de las jóvenes promesas en las gradas. Ninguno quería perderse un enfrentamiento tan importante, aunque, para sorpresa de todos, Zachary no estaba presente en el estadio.

―Dijo que no tenía interés en ver algo con un resultado tan obvio. Si ocurría algo interesante, que yo se lo contara. ―Explicó Joao, sentado junto a Jack. Ambos no dejaban de ver cómo Lei Quiang y Ellie realizaban una excelente coreografía donde agitaban los banderines de Rachel Ficks mientras gritaban a todo pulmón.

―¡Rachel! ¡Tú puedes! ¡Andrei es un pendejo! ¡Haz que mis golpes te hayan servido de algo!

―¡Go! Rachel, ¡go!

Taara junto a Ibb aplaudieron en silencio aquel compañerismo hacia la hija del más fuerte, aunque la de vestido negro y cabello lavanda preferiría estar en su casa de reposo leyendo un libro, pero se vio arrastrada por su aprendiz. Jack, sentado junto a ellas, mantenía una calma imperturbable mientras esperaba paciente el enfrentamiento.

―Rachel se está llevando demasiado al límite. Constantemente se encuentra entre la línea de lo absurdamente peligroso y una verdadera experiencia.

―¿Te estás preocupando por ella, grandote? Qué bonito. ―Ibb se burló con una sonrisa. Sus intentos de molestar al americano fueron en vano al no obtener ni un cambio de expresión de su parte―. Eres aburrido. ―agregó decepcionada.

―Da igual el resultado, esto será interesante de ver. ―Carol salió de su habitual silencio. Mantenía su mirada fija en el celular, esperando que su amiga saliera.

Se encontraba preocupado, eso le resultaba bastante molesto. Desde que se hizo amigo de Rachel, ahora debía preocuparse si ella saliera viva de sus enfrentamientos o sin algún daño en su cerebro. Hoy en la mañana por fin había enviado los detalles sobre lo que conocía del estado de Flow en los Operadores, así que esperaba que lo hubiera leído todo.

«Pero, incluso conociendo todo eso, nada le garantiza que pueda usarlo».

Al final, su destino dependía de ella misma. Lo único que el andrógino era capaz de hacer por ella era desearle suerte.

―Ahí viene. ―Descansando en su silla, Beatrice Engel observó impaciente a la figura que emergía de una de las dos entradas al estadio. Obviamente, ella iba a estar aquí, no podría perderse una humillación hacia su despreciada rival.

La atención de todos fue robada cuando el ruso de cabellos dorados entró en escena, desbordado de confianza y una magnífica aura de color rosado consigo. Los gritos de emoción de los Operadores no se hicieron esperar, pues ya solo faltaba que la hija del más fuerte entrara en el escenario. Andrei Vasíliev observó el cielo estrellado, luego aquel balcón donde su padre juzgaría cada uno de sus movimientos.

―Mírenme, malditos viejos. Esta noche, yo soy la estrella del show. ―Luego de declarar aquellas palabras solo audibles para él, sacó una goma de mascar, empezando a masticarla para matar el tiempo. Su mirada fue hacia la enorme entrada contraria, en algún momento su rival cruzaría ese umbral.

No estaba nervioso, no sentía nada. Sabía que era un duelo sencillo de ganar al haber visto los videos donde Rachel participó. La hija del más fuerte solo era un cero a la izquierda en comparación con cualquiera de los presentes.

«Apuesto que está muerta de miedo, ¡ja! Haré que te arrepientas de ese golpe, defensora de mocosos».

Con una sonrisa despreciable, Andrei mantuvo una burbuja con su chicle, imaginando a la rubia temblando de miedo en su sala de espera. Mientras que todos los operadores encendieron sus auras para poder disfrutar incluso mejor del combate, concentrándose únicamente en aquella persona en el escenario.

 

 

―¿No te preocupa llegar tarde a tu combate?

―El idiota puede esperar.

Rachel trataba de terminar su lectura sobre el estado de Flow. Según las anotaciones de Carol, cuando un Operador encontraba un reto que lo superaba, mas no lo agobiaba, había una posibilidad de entrar en la zona, donde todos sus sentidos o aura aumentaban exponencialmente. Luego de superar aquel estado, las mejoras en su aura permanecían, así que era una buena forma de aumentar la capacidad de aura.

―Entonces esto va de la mano con mantenerse. Mmmg, mantenerse... fiel a sí... a sí, ¡Lindsy!... Trato de leer.

Rachel jadeó, sintiendo cómo la princesa esmeralda, ahora con una bufanda verde en su cuello, no dejaba de brindarle pequeñas mordidas a su oreja. Mantenía a la rubia sentada sobre ella mientras abrazaba su cintura. No quería soltarla por ninguna circunstancia.

―Creo que fue contraproducente que te enteraras del Flow. Tratar de entrar en él por voluntad es estúpido, de hecho, ni siquiera es posible.

―Es mejor ser consciente de todas mis cartas... ¿Crees que utilice su Operación? ―Rachel comprendía que mostrar sus habilidades sin razón era tonto. Mantenía cierta esperanza en que Andrei tratara de demostrar superioridad y solo la enfrentara con fuerza bruta. El problema es que ni sabía a qué era afín su aura.

―Probablemente, pero si sales muy lastimada, me encargaré de sanarte personalmente. ―Bromeó Logan con picardía, disfrutando de la avergonzada expresión de la rubia, que asintió sonriendo.

―Así que es un ganar-ganar para mí... Bien. ―No pudo evitar pensar en lo que ocurrió aquella noche que supuestamente Lindsy la "ayudaría" con sus heridas y moretones, aunque llevaba días sin poderlo sacar de su cabeza.

Las caricias entre ambas habían escalado de nivel, pero desgraciadamente para ellas, no tenían mucho tiempo para estar juntas además de la noche.

Rachel volteó su rostro, besando gentilmente la mejilla de Lindsy Logan antes de tratar de levantarse. La de chaqueta negra quiso abrazarla más tiempo, pero accedió a soltarla y la siguió al enorme pasillo gris que daba al escenario.

Rachel observó desde la mitad del pasillo. Lindsy se sentía extrañamente orgullosa, no notaba una pizca de temor o nervios en Rachel, aunque sabía a la perfección que ella misma se dirigía a una paliza.

―Dices que no quieres ser como los Operadores, pero cada vez te pareces más a uno.

Rachel volteó su rostro y le guiñó el ojo con una media sonrisa. Acomodó su gabardina gris y continuó con su camino, levantando un pulgar a Lindsy para tranquilizarla.

―¡Sabes que te apoyo! ¡Claro que puedes ganar! ―gritó con entusiasmo, observando la espalda de Rachel alejarse. Sintió un ligero cosquilleo en su cuerpo, pero por alguna razón, Rachel ahora mismo le resultaba más linda y genial que nunca.

Las voces de los Operadores volvieron a alzarse al momento en que Rachel hizo acto de presencia en aquel estadio. La de gabardina y brillantes ojos azules encendió su aura blanca, esta vez no sentía nada al saber que todos los ojos del lugar estaban sobre ella. Después de todo, la única mirada que le importaba la esperaba detrás de ella.

«¿No es normal que quiera lucirme frente a la chica que me gusta?»

Rachel se detuvo a unos metros de Andrei, encendiendo su aura blanca; la primera sensación que vino del ruso fue un ego extremadamente alto. No poseía ninguna inseguridad y solo albergaba un sincero desprecio hacia su contrincante. Rachel no se inmutó y levantó sus brazos con una expresión burlesca.

―¿Llevas parado media hora ahí manteniendo eso? Vaya, eres tan considerado.

―Es obvio que eres la hija de Arthur. Son igual de patéticos, no entiendo tu insistencia en negarlo. ―Andrei imitó el mismo gesto de Rachel, aunque su sonrisa desapareció cuando la rubia levantó los puños― Por amor al cielo, ¿eres un animal? Primero debes darles un espectáculo. Emociona a este montón de imbéciles.

―Lo siento, me cae mal la gente que solo vive de la apariencia. Los considero hasta más patéticos que yo.

―Pff.

Andrei bufó antes de mirar a todos los presentes. Alexei tuvo un mal presentimiento sobre lo que estaba por ocurrir, pero se mantuvo callado.

―¡Miembros del consejo y Operadores que gastaron una fortuna en las apuestas! Soy un alma generosa, así que le concederé a esta mestiza patética la ventaja de solo utilizar mi brazo derecho para golpearle, después de todo, ¡ganaré este combate sin recibir un solo golpe de tu parte! ―el ruso se pavoneó por la arena. Nadie dudó de que hablaba en serio.

Su mirada mejorada con aura fue hacia el rostro de su padre por un instante, Alexei había dejado de sonreír y ahora solo mantenía una mirada vacía. No estaba de acuerdo con sus palabras, pero ya no podría retractarse.

«No me mires así, maldito viejo». Andrei frunció el ceño, regresando su atención a Rachel.

―¿Qué piensas sobre mí bondad, sucia mestiza?

―Eres una imitación barata de Gilgamesh, solo que más feo.

Andrei no entendió a lo que se refería, pero la hora de conversar había terminado. No tomó una pose de combate, solo estiró su brazo hacia ella y la retó a acercarse.

―Mujeres ignorantes como tú deberían postrarse a los pies de verdaderos Operadores. Te daré una dosis de realidad para que aprendas la lección; quién sabe, quizás termines enamorándote de mí.

La distancia entre ambos desapareció en un parpadeo, Andrei ladeó su cabeza, evitando la sucesión de golpes que buscaban volarle la cabeza. Su contrincante había empezado con todo, y debía decir que era ligeramente mejor de lo que había visto en los videos.

―No te vengas tan arriba.

Andrei tomó una de sus muñecas; mantendría sus palabras de solo pelear con una mano. Empujó a Rachel hacia adelante para luego jalarla de su cabello, disfrutando de su gruñido molesto. Rachel buscó golpear su brazo, pero la velocidad de Andrei la superó con facilidad. El ruso se apartó rápido y fue ahí que Rachel notó un rastro de aura que iba de la mano de Andrei hacia la parte posterior de su cabeza.

Ese rastro estaba formado por una masa rosada y pegajosa, Rachel se llevó las manos a la cabeza para tratar de arrancarla, pero fue inútil.

―¡Y hasta aquí llega la pelea!

―¿Chicle? ¡Tu poder es crear y manipular chicle! ¡No eres una burda copia de Gilgamesh! Eres un plagio de hiso-

El chicle se tensó. Entonces Andrei levantó su brazo, jalando el chicle junto a Rachel para usarla como un martillo humano. Era capaz de manipular la elasticidad y densidad del chicle creado por su aura, además, un Operador del nivel de Rachel jamás podría soltarse, así que podría usarla como pelota de ping-pong a su gusto.

El cuerpo de Rachel salió volando contra la pared del estadio, chocando con ella, generando grietas muy visibles. La rubia escupió sangre ante tal impacto, pero no pudo ni siquiera pestañear antes de que Andrei empezara a girar, arrastrando su cuerpo por todo el estadio, levantando una nube de polvo mientras la tierra rojiza bajo sus pies salía desprendida. Muchos pensarían que incluso el suelo tendría que ser de algún material caro, pero se mantuvo la tierra para dejar en claro que en el estadio no importaba el estatus o el dinero, solo el poder de un Operador y el que ganara era mejor que su adversario. Se suponía que ese lugar estaba diseñado para mostrar una especie de "igualdad", solo que ahora mismo no existía, pues Rachel estaba volviendo a comer arena por parte de su rival.

Lawrence se cubrió los ojos tratando de no estallar en risas por la presencia de su esposa, que de verdad mostraba preocupación hacia Rachel. Si decía lo que pensaba, de seguro sería regañado.

―Bueno, esperaba algo mejor.

―Arthur, tu hija es una vergüenza para las grandes familias. La culpa recae en ti por no darle la educación necesaria y por tenerla con una humana normal. ―Madame Zhu negaba con su cabeza, demostrando su descontento con el de puntas blancas en su cabello―. De seguro su habilidad es limitada por ser una mestiza.

Arthur se mantuvo en silencio, cruzado de brazos mientras bebía su segunda cerveza de la noche. No responderías ante ninguna de las provocaciones de sus iguales.

―Percival, tráeme otra, por favor.

El mayordomo de los Logan no dijo nada, salió rápido en busca de la bebida del estimable Operador.

«¡Tengo que crear urgente una habilidad! ¡Maldita sea!» Rachel se sostuvo del mismo Chicle para estabilizarse en el aire y colocar sus piernas para detener aquellos impactos. Comenzaba a acostumbrarse a ser lanzada por todos lados.

―Sí, esto es todo lo que puedes hacer. ¡Tu habilidad es una mierda!

―¡Es que esto es todo lo que necesito contra ti! No lo malinterpretes.

Rachel plantó sus pies en la tierra a la par que jalaba aquella masa rosada con toda su fuerza. El ruso fue jalado junto con ella, manteniendo una sonrisa arrogante en su rostro. Rachel levantó algunos trozos de tierra del suelo con una patada y los tomó para lanzarlos al rubio, que con la misma mano que creaba esa masa de chicle, empezó a moverla para detener las piedras.

«En serio, solo usará su puto brazo derecho». Rachel corrió rápido en su dirección, tratando de aprovechar entonces la abertura en su flanco izquierdo, buscó patear su costado, pero el ruso de ropas blancas esquivaba sin problemas cada uno de sus inútiles intentos. Esto era frustrante para Rachel, no se trataba de habilidad ni nada, simplemente su oponente era demasiado superior. Mantuvo la calma y continuaba con aquellos intentos, hasta que volvió a jalar el chicle en su cabeza con uno de sus brazos. Andrei fue atraído de forma repentina, entonces Rachel trató de golpear su pecho, hasta que el joven la detuvo con su mano derecha y la rodeó, jalándole su brazo ahora atrapado en aquel chicle.

―Qué patética. Si te arrodillas y me pides perdón por tu falta de respeto, prometo que detendré tu paliza.

Rachel escupió los zapatos negros del rubio, quien dejó de sonreír al instante. Rachel entendió que, por su mirada, el tiempo de jugar había acabado.

―Sí, mejor así, hablas demasiado.

Rachel recibió un golpe justo en su costilla que la envió volando. El dolor nubló su juicio un segundo, lo recuperó justo a tiempo cuando ese chicle se retrajo y Andrei volvió a golpearla en el rostro con su brazo derecho. El cuerpo de Rachel fue impactado contra la tierra, levantando otra gran nube de polvo.

Luz mantuvo la mirada fija en el campo por más que le doliera el corazón al ver cómo Rachel era golpeada de esa forma. Apretó la baranda con fuerza y, sin saberlo, esa aura celeste comenzó a rodear su cuerpo.

―Ese maldito.

―Luz, compórtate ―reprendió el hermano mayor, acariciando ligeramente la cabeza de su hermana. A pesar de su expresión calmada, su interior ardía tanto como el de su pequeña hermanita. No soportaba ver esto.

Al otro lado de las gradas, Engel sonreía de oreja a oreja. Daba algunos aplausos disfrutando de aquel espectáculo, por más que los demás miembros del evento la miraran confundidos.

―Esto se acabó aquí.

Cuando fueron capaces de ver a los dos Operadores, Rachel había reunido la mayoría de su aura en su frente, con la cual había sobrellevado ese golpe tan devastador. Un hilo de sangre recorrió su rostro, pero de no ser por su rápida reacción, ya estaría noqueada en el suelo.

Andrei chasqueó la lengua. No tenía nada que recalcar sobre ese movimiento audaz. Trató de acabar con esta farsa de una buena vez dirigiendo su pie al cuello de Rachel, pero repentinamente ella disparó de su boca una pequeña piedra a gran velocidad apuntando al ojo del ruso. Andrei se echó para atrás por instinto, lo que le permitió a Rachel levantarse rápido con pesados jadeos y volver a tomar distancia. Aunque era algo estúpido, pues él podía jalarla en el momento que quisiera.

Andrei apretó y abrió la mano repetidamente, tratando de disimular que no sintió una pequeña molestia luego de golpear la cabeza dura de Rachel. Soltó una risa entre dientes y le guiñó un ojo.

―Eres una muy buena mujer. Sabes cómo soportar golpes.

―Insertar diálogo machista genérico.

―Búrlate lo que quieras, quizás tenía una mala visión de ti. Estás empezando a agradarme más, guapa.

Rachel sintió un horrible escalofrío al ver la expresión de Andrei. Debía decir que ya no podía pelear muy bien por todo el daño acumulado, pero su cerebro trataba de buscar alguna salida, una forma de noquearlo rápido, pero sus limitaciones hacían desaparecer cualquier esperanza. Levantó la mirada, tomando un profundo suspiro para relajar su tenso cuerpo.

―Sí, sigo siendo tan débil... Pero supongo que está bien, aún tengo más camino por delante.

―¿Ahora hablas sola?... Quizás el golpe en la frente sí te afectó.

El aura de Andrei dejó de transmitir cualquier tipo de emoción. Eso les indicó a todos que estaba por terminar este combate con un golpe decisivo. Rachel se sintió algo nerviosa, pero forzó su rostro a sonreír, esperando el siguiente movimiento.

Renate se recostó en la entrada por donde vino Andrei, cerró sus ojos esperando que el combate finalizara con ese último movimiento, aunque sabía que este sería el resultado desde un inicio, estaba feliz de que Rachel no perdiera la compostura.

«Quizás sí está madurando poco a poco».

Andrei acercó a Rachel con el chicle a la par que él cortó la distancia personalmente. La mente de Rachel fue un enredo, preguntándose de dónde vendría aquel golpe. Todo su cuerpo terminó tensándose nuevamente, pero de un momento a otro, surgió una revelación repentina en su mente, sentía odio, odio hacia sí misma por aquel golpe en la mejilla. Alguien como ella no debía siquiera soñar con llevarle la contraria.

«Estos sentimientos no son míos».

"Te regresaré la humillación que me hiciste pasar, perra".

Andrei jaló a Rachel a un costado; cuando estuvo frente a ella, dirigió su puño a su mejilla derecha, justo como ella lo había golpeado hace unos días. Grande fue su sorpresa cuando su oponente logró evitarlo justo a tiempo, entonces Rachel dirigió la mayoría de su aura a su brazo, logrando conectar su primer puñetazo en todo el combate, golpeando por segunda vez la mejilla del ruso.

El estadio quedó en silencio, Rachel recuperó el control de sus emociones al sentir cómo su conexión con el aura de Andrei se cortó, pero había logrado asestar así fuera un golpe. No pudo evitar sonreír observando cómo el ruso había retrocedido con confusión.

―Maldita zorra ―gruñó Andrei. Fue a terminar lo que empezó, pero el grito de uno de los hombres más poderosos del lugar lo detuvo al instante.

―¡Andrei! ―Alexei Vasíliev fue quien gritó desde su balcón, potenciando su voz para que su hijo pudiera escucharlo―. ¿Qué crees que estás haciendo?

―¡Voy a terminar el combate! ¿Qué parece que hago?

Rachel los miró confundida, hasta que pudo entrar en cuenta sobre lo que ocurría. Rachel empezó a reír, dejándose caer de espaldas al suelo mientras señalaba al rubio molesto.

―¿De qué carajo te estás riendo? ¡Párate!

―Si no te acuerdas mal, porque no creo que tengas algún problema mental, prometiste terminar el combate sin recibir un solo golpe, ¿verdad?

El cuerpo de Andrei se petrificó. Eso era lo que había dicho, pero solo estaba alardeando en aquel momento. Rachel continuaba riendo incluso más fuerte, sin dejarlo pensar con claridad. Él rugió molesto, acercándose a la rubia para levantarla por el cuello de su camisa.

―Tú, sucia mestiza. ¿De qué te ríes?

―Tanto que alardeaste y te logré pegar. Pff, parece que los Vasíliev al final son mucho ruido y pocos resultados. ¿Ahora quién es el patético entre ambos?

Rachel dijo aquellas palabras mientras una gota de sangre recorría desde sus fosas nasales hacia su barbilla. Andrei apretó con más fuerza aquella camisa, estaba a punto de golpearla hasta sentir cómo el aura de su padre reveló un enorme descontento. Andrei sintió cómo sus piernas temblaron y soltó a la rubia.

―No vale la pena malgastar mis golpes contigo, mestiza vulgar.

―Ya sube aquí y deja de pisotear nuestro apellido, maldito niño.

―Qué resultado más patético. Vámonos, Ao Bing. ―Madame Zhu se retiró del balcón, sentía que había perdido totalmente su tiempo en aquel evento, pero notó la ligera sonrisa en el rostro de su segundo discípulo favorito, quien parecía muy feliz por la victoria de su compañera.

―¡Jaja! ―La risa de Lawrence fue la siguiente en estallar. Incluso había quitado a Leena de sus piernas para caminar por el balcón y quedar detrás de la silla del decepcionado Alexei, dejando sus manos en sus hombros― ¿No querías apostar el apoyo de Arthur al inicio por estar totalmente seguro de tu victoria? ¿No estabas tan confiado de tu mocoso? ¡Esa es mi Rachel, mierda! ¡Sí!

Lawrence se alejó levantando su puño al aire. Alexei resopló con su nariz, apagando su aura, manteniendo su severa mirada en su pequeña decepción que lo miraba con temor. Andrei no tuvo más opción que apagar su aura, desapareciendo aquel chicle mientras caminaba rumbo a la salida.

―Me rindo. Vete a la mierda, Rachel Ficks.

―Siempre al mismo lugar, consideraré mudarme allá.

Rachel se levantó con una sonrisa. No estaba orgullosa de sí misma, no sentía que de verdad hubiera ganado aquel combate. En términos generales, ya estuviera en el suelo sin poder moverse de no ser por la personalidad de su rival. Pero el aura de los presentes le había hecho darse cuenta de algo.

"Sorprendente, yo no pude sentir su movimiento".

Estaba totalmente segura de que casi todos en las gradas habían pensado lo mismo al momento de conectar su golpe, pero ella había logrado superar las defensas de Andrei, al igual que había mezclado sus sentimientos con los de Lindsy o entendido cómo los operadores al luchar se divertían tanto.

―Al fin... Un arma que puedo usar. ―Susurró con una sonrisa. Fue entonces que las risas estallaron entre los Operadores. Seguidas de burlas incesantes.

―Pero si solo ganó por un tecnicismo.

―No hay mérito en algo como eso.

―Vaya, decepcionado resultó este combate.

―¡Hey! Aposté un montón de dinero. ¿Cómo va a acabar de esta forma?

Rachel ignoró aquellos comentarios, limpiándose la arena de su gabardina. Empezó a caminar rumbo a su salida, donde una alta joven de cabello negro y ojos verdes la esperaba en el borde con una sonrisa encantadora y ojos llenos de lágrimas de emoción. Rachel inclinó su cuerpo lastimado, llevándose una mano a su pecho mientras fingía un tono respetuoso.

―Le dedico esta victoria, mi princesa.

Lindsy no tuvo palabras para contestar aquello. Soltó un grito de felicidad antes de abrazar con fuerza a la ganadora del combate. Rachel se recostó a ella, cerrando sus ojos para disfrutar de su momento de paz. Caminó junto a ella ignorando las quejas de las personas en las gradas, hasta que los ojos de todos dejaron de estar sobre ella.

Solo que antes de llegar a la puerta del área de descanso, una rubia de abrigo rojo y paraguas morado la esperaba con una mirada enfurecida. Lindsy no supo qué decir ante la presencia de Beatrice Engel, pero Rachel solo la saludó con su mano.

No dijeron ni una palabra, Rachel continuó con su camino acompañada de Lindsy, hasta que Engel por fin habló.

―Bien hecho, espero que para nuestro siguiente encuentro encuentres la forma de enfrentarme sin tecnicismos.

Ninguna de las dos se miró, Engel se retiró luego de aquellas palabras. Rachel siguió avanzando, recostando su cabeza en el hombro de Lindsy.

―¿Por qué todos quieren matarme?

―No creo que quieran matarte, solo quieren darte una golpiza.

―No me animas, preciosa.

―Quizás mis palabras no... Pero sé de algo que te animará luego de que comas un montón. Digamos que es tu regalo por ganar.

Rachel no dijo nada, pero asintió con la cabeza de manera obediente mientras sus mejillas se teñían de rojo. Si la recompensa era lo que esperaba, trataría de ganar mucho más seguido.

 

 

En el comedor de la mansión de los Logan, el grupo entero de Rachel, junto con la mayoría de las jóvenes promesas, a excepción de Engel y Zachary, disfrutaban de un delicioso festín con todo lo que pudieran comer. La familia Logan también estaba presente, pues esta no solo había sido una victoria para Rachel, una derrota para los Vasíliev, sino que era una victoria para todo Operador que no estuviera de acuerdo con sus métodos extremistas de ser.

―Ese último momento fue asombroso, Rachel. Tu percepción del aura es una maravilla. ―Ellie dijo esas palabras luego de tratar la carne de las costillas de cerdo bañadas en salsa que devoraba con mucho gusto.

―Solo tuve algo de suerte. Eso no es nada.

―¡Es mucho! ―Jesse golpeó la mesa sin ocultar su emoción, recibiendo un regaño por parte de Leena y Grace―. Ganaste en su propio juego, así que siéntete orgullosa y mantén la frente en alto.

―A comparación de cómo empezaste, cada día estás más cerca de enfrentar de verdad a esta gente que te rodea. ―mencionó Renate, había acabado con su plato a una velocidad casi inhumana. Rachel le había hecho pasar nervios enormes que solo podían ser calmados con comida. Al menos ya podía estar feliz de mantener bien sus horas de sueño.

Rachel observó cómo aquellas personas la fueron felicitando uno a uno, manteniendo las lágrimas en sus ojos, no podía negar que estaba emocionada.

―Saliste toda golpeada, pero felicidades.

―Yo digo que debiste ponerle más fuerza al golpe, quizás arrancarle un diente.

―¡Yo siempre confié en ti!

Dexter, Grace y Jesse le dieron sus más sinceras felicitaciones antes de seguir comiendo.

―¡Rachel! Bien, ¡bieeen!

―Muchas gracias, señorita Rachel. Y felicidades por su victoria. Ni siquiera yo me di cuenta de qué tipo de golpe usaría Andrei para terminar todo.

―Estoy tan orgullosa de mi adorable niña. Estás irreconocible a cuando te conocí.

—Felicidades.

—Esto es lo más increíble que he visto. Muchas gracias por ese espectáculo, señorita Rachel.

Luz, Violet, Leena, Luck y Louis fueron los siguientes en celebrar la victoria de Rachel. Lawrence se levantó, revolviendo el cabello de la rubia que ya había sido sanada por Mary Scott.

―Rachel, luego de esto, pídeme lo que quieras. Nunca he estado más feliz de que estés en esta casa. Ver la cara de decepción de Andrei y Alexei no tiene precio. Por hoy, eres mi Operadora favorita en el mundo. ¡Felicidades!

Lawrence levantó una botella de ron. Estaba dispuesto a disfrutar esta maravillosa noche que recordaría por el resto de su vida. La rubia acomodó su cabello con mala cara, mientras miraba a Carol, que tocó su hombro.

―Bien hecho...

―¡Sigue así y ven por mi cabeza, Rachel! Tendré que empezar a estar pendiente de ti si sigues así. ―exclamó Ne Zha mientras masticaba un trozo de pollo frito.

Los demás miembros del evento de Lindsy le felicitaron. Horas después, Rachel iba rumbo a su cuarto con su estómago lleno y una gran sonrisa en su rostro, no podía pedir más de esta vida. Casi parecía que estaba soñando.

―Ah, tengo que esforzarme muchísimo más luego de lo que pasó hoy, no voy a quedarme atrás, prometo que alcanzaré a todos.

―Eso que sentiste en el combate.

En aquel pasillo poco iluminado, Rachel se detuvo observando al Cosmopolita, que caminó en su dirección. La rubia chasqueó la lengua, dándole la espalda hasta llegar a la puerta de su cuarto.

―Ódiame todo lo que quieras, está bien... ¿Pero quieres mejorar de verdad? ―Arthur habló con tranquilidad, recostándose a la pared.

Rachel se detuvo antes de abrir la puerta y miró al hombre cuarentón. Escucharía por esta vez lo que tuviera que decir.

―Se llama percepción del alma, o al menos yo lo llamo así. Es una característica única. Imagínala como una versión mejorada de la percepción del aura habitual, pero para nosotros es más fácil traspasar las defensas mentales, por más fuertes que sean, a menos que de verdad sea alguien muy talentoso. Mientras que la percepción de aura usual solo te permite saber lo más básico: Emociones fuertes, algunas intenciones y pensamientos. La percepción del alma va más allá, es como si te unieras al aura de la persona con la que la utilizas.

―No la llamaré así. Entonces... Resumiendo. Si domino eso, puedo predecir los movimientos de mi oponente y saber casi en todo momento qué es lo que hará. ―Rachel se llevó una mano a su barbilla, asintiendo con la cabeza mientras parecía entender esta "Superpercepción del aura"―. ¿Cómo sabes que la tengo?

―Fuimos los únicos que sabían lo que haría Andrei en el último momento. Claro, sin contar a los operadores más poderosos que fueron capaces de leer su aura.

―Vaya, por supuesto. ―Rachel se cruzó de brazos. Darse cuenta de la existencia de algo tan útil podría ayudarla a mucho, aunque era consciente de que, incluso con esa percepción del alma, no tenía garantía de ganar en las batallas en las que participara.

―Para activarla, debes concentrarte en los oponentes a tu alrededor, dejar que su aura y la tuya se entiendan. Pero debes tener en cuenta que esas emociones siguen siendo ajenas, o te dejarás llevar por tu oponente. ―Arthur no lo sabía con exactitud, pero suponía que Rachel ya se había dejado llevar por lo menos una vez.

«Oh, eso explica muchas cosas». Rachel asintió con la cabeza mirando a Arthur, fue su último gesto antes de entrar al cuarto y tirarse en su suave y cómoda cama. Había ansiado descansar todo el día. Y eso es lo que haría mañana, pronto empezaría la segunda ronda y tendría que estar más que preparada.

―La siguiente serás tú, Engel. ―Rachel lanzó sus zapatos cerca de la cama antes de ponerse cómoda, entonces, escuchó la puerta abrirse y vio a Lindsy Logan entrar a la habitación con una sonrisa. Rachel se sentó rápido en la cama, había olvidado por completo que ella vendría, después de todo, había sido la única que no la felicitó en la cena.

Lindsy dio pequeños, pero rápidos pasos hasta estar de pie junto a la rígida y avergonzada rubia. Verla de ese modo le resultaba adorable, agachó su cuerpo para acomodar el cabello de Rachel detrás de su oreja y susurrarle al oído.

―Felicidades, mi preciosa Ray.

Rachel volvió a sentir su cuerpo temblando, pero en vez de permitirle avergonzarla. Jaló a Lindsy a la cama tomando su muñeca, acostando a la de ojos verdes encima suyo.

―Empieza a dormir conmigo todas las noches... Creo que es un premio perfecto luego de lucirme hoy.

Lindsy no tardó en asentir con la cabeza luego de aquellas palabras, abrazando a Rachel por el cuello sin apartar la mirada de los ojos azules de su contraria.

―Concedido. Seré toda tuya en las noches luego de cumplir con mis labores del día.

―Creo que cambiaste un poco mis palabras, pero me gusta más tu forma de decirlo... ¿Puedo decirlo yo?

―Adelante. ―Lindsy aguantó las ganas de reír luego de aquella pregunta. Sintió como Rachel pellizcó sus mejillas, algo avergonzada.

―Sé mía todas las noches desde hoy, quiero que ese sea mi premio.

―¿Entonces cuando sea de día dejo de ser tuya?

―¡Aaagh! ¡Sé solo mía desde hoy! ¿Eso era lo que querías oír?

―¡Pero claro que sí! ―Lindsy escondió su rostro ruborizado en el pecho de Rachel. Aunque quería escuchar esas palabras, no pudo soportar verla a su rostro mientras lo decía.

Rachel sonrió, arropando a ambas antes de abrazarla y cerrar sus ojos. Duraron en silencio por un buen rato, hasta que la débil voz de Lindsy se escuchó en la habitación.

―Bueno... Sí, ahora soy tuya y tú eres mía, eso significa que puedes hacer lo que quieras... ¿No?

No obtuvo respuesta de Rachel, extrañamente. Levantó su mirada luego de unos momentos, observando cómo la rubia se había quedado rendida en un profundo sueño luego de todo el estrés que había pasado estos días. Se había esforzado muchísimo para no hacer el ridículo, y aunque fue arrastrada, ya podía descansar. Lindsy sonrió, reposando su cabeza en el pecho de la rubia para cerrar sus ojos.

―... Sí, mereces un descanso, mi preciosa chica problema. Duerme bien... ―Lindsy volvió a sentir aquel nudo en su garganta, pero poco a poco, fue armándose de valor hasta poder soltar aquellas palabras que tanto anhelaba decirle, aunque no estuviera consciente en ese momento―. Te amo.

Escuchó los latidos del corazón de Rachel, disfrutando de aquel relajante sonido para dormir con su amada.

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