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#44 Anhelándose Mutuamente

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 13 de agosto de 2026

Los pasos de la joven con gabardina gris resonaron en la espaciosa sala de reuniones de la mansión de los Logan. Todos sus amigos estaban reunidos en silencio, esperando que ella dijera alguna palabra. Cada uno tenía una expresión distinta, fuera burlesca, confundida, emocionada o pareciera estar esperando por ver sangre correr, pero quien más estaba conmocionada era la hija del medio de la importante familia de Operadores.

—¿¡Un duelo oficial entre Operadores con Andrei Vasíliev!? —Por su expresión pálida, unos pensarían que Lindsy Logan se había convertido en un fantasma. Corrió hacia Rachel para tomar sus hombros con firmeza, mangoneándola en diferentes direcciones mientras le reprochaba por aquella decisión—. ¿¡Estás demente!? No puedes hacer algo como eso así como así. Es demasiado peligroso.

—Me lanzas con una jauría de once Operadores donde dos me odian, dos ya me han roto algo y solo es cuestión de tiempo para que esa lista siga creciendo. ¿Por qué es más peligroso pelear con este pendejo que participar en los juegos?

Lindsy quedó en blanco ante la respuesta de su compañera, que la juzgaba con una fría mirada. Al poseer todo el sentido del mundo, esas palabras fueron armas mortales que desmoralizaron a la princesa de jade.

Lindsy no dijo nada, apartándose de Rachel con vergüenza. De verdad que su compañera invalidó cualquier respuesta que fuera a ofrecerle.

—¿Qué hace tan peligroso a ese ruso de mierda? —Grace no tuvo ningún cuidado al expresarse. Esperaba que Dexter fuera capaz de responder.

El pelirrojo, a punto de hablar, fue interrumpido por la fuerte y contagiosa risa de Lawrence Logan. Había atravesado un portal cerca de ellos, empujó a Dexter para abrirse paso hacia la rubia, siendo él quien ahora la movía de un lado a otro sin parar de reír.

—¡Te quiero tanto, Rachel! Todo lo que ocurre a tu alrededor nunca me decepciona. Por favor, jamás te vayas de esta casa.

—¡Suéltame! Viejo loco.

Rachel huyó del agarre de Lawrence, escondiéndose detrás de Lindsy. Vigilaba a todos los presentes en caso de que quisieran acercársele también. El portal se cerró luego de la aparición de Arthur en escena. Se quitó su gabardina marrón, quedando únicamente con su pantalón largo y camisa blanca mientras lanzaba el abrigo al sofá más cercano. Su expresión revelaba el descontento que sentía ante la repentina noticia; incluso había ido a buscar a Lawrence.

—Aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla. No creo en el destino, pero en caso de que exista, debe ser muy aburrido solo repetir lo mismo con diferentes personajes.

—Oye, ¿acaso estás describiendo el 80% de las películas actuales de romance?

—No es tiempo de bromear.

Arthur empujó a Lawrence desde su rostro con fuerza, enviándolo a sentarse al sofá. Caminó en dirección a Rachel, que alejaba su mirada de Arthur como si su vida dependiera de eso. Él tenía muy claro que ella aún no quería mirarlo siquiera, lo detestaba con toda su alma, pero aún debía cumplir con sus deberes como padre.

—Lo que hiciste fue tonto, recibirás una paliza. Lo mejor es que te rindas públicamente y te ahorres la humillación pública en frente de todas las familias importantes de la Operación; créeme, irán todas a verlo.

No quería ser autoritario ni regañarla, no tenía ningún derecho, pero quedarse de brazos cruzados y esperar que su hija recibiera tal humillación no era algo que ningún padre fuera capaz de aceptar. Solo quería lo mejor para ella.

—Tssk. Bastardo. —Rachel no sintió importancia ante la expresión confundida de Arthur ante aquella respuesta—. ¿A mí qué me importa cómo me vean ese montón de ricos pretenciosos con aires falsos de grandeza? Es muy fácil pedirme que me rinda cuando no fuiste tú el que vio a Violet llorando por culpa de ese infeliz. —Recordar aquel momento avivó la llama de furia en el pecho de Rachel. Solo era capaz de pensar en cómo la pobre niña indefensa había escuchado cosas espantosas.

Arthur mantuvo silencio. Habían omitido ese pequeño detalle muy importante cuando Jazka fue a buscarlo para informarle. Por más que su intención fuera detenerla, supo que sería imposible al ver directamente la mirada al rojo vivo de Rachel Ficks.

—Qué desgracia que seas tan parecida a mí en ese sentido.

Sus murmullos provocaron un leve temblor en el cuerpo de Rachel. Repudiaba por instinto el mero hecho de tener algo en común con aquel hombre además de su aura.

—¡Tú solo arráncale las piernas, Ray!

—Ese presumido maldito. Haces bien en defender a una niña inocente. Solo es un patán.

—¿Quién usa la palabra patán en este tiempo?

Alice, Jesse y Dexter fueron quienes hablaron. Louis dio un paso adelante, inclinándose ante el jefe de familia. Llena de vergüenza, buscó ayudar a Rachel a no recibir ningún regaño.

—Fue mi culpa, lo siento. No puede detener a Rachel. De no ser por mí, la señorita no tendría que ir a pelear.

—Suficiente, Louis.

Lawrence la detuvo con una sonrisa agradecida. Confundida, la rubia enderezó su espalda sin apartar la mirada de su jefe.

—Hiciste bien. Estoy seguro de que también le dijo cosas malas a Luz, y tú no puedes intervenir en esas situaciones entre nuestros mocosos. Permitiste el desarrollo más interesante, así que te lo agradezco.

Louis Velvet asintió con la cabeza, apretando sus labios entre sí. Luego de escuchar aquellas palabras, se retiró de la habitación antes de perder el control y llamar "basura miserable" al Operador más importante, solo por debajo de Arthur. Lawrence fue capaz de notar cómo la guardaespaldas se contuvo, pero dejó eso de lado y se levantó.

—Rachel, será tu primer duelo formal, así que espero no pelees como un salvaje con mordidas y arena a los ojos. Si es posible, sácale un diente o dos, ¿sí? Por mí.

—Si le sacaré un diente, será por Luz y Violet, no por ti, viejo estúpido.

Rachel respondió a regañadientes. Levantó su mano en señal de despedida. Salió de la habitación con una mano en su boca. Su mente estaba hecha un desastre ahora mismo, pero debajo de aquella mano cualquiera esperaría ver una mueca torcida. Se llevarían una sorpresa de saber que había una desagradable sonrisa de emoción.

 

 

Renate golpeó a Rachel en su cabeza con un periódico envuelto. Sabía que era impulsiva, pero después de estos ocho meses juntas tenía la leve esperanza de que hubiera aprendido a pensar un poco más las cosas.

—Lo que hiciste fue una locura. Vas a recibir una paliza.

—Bueno, mi pan de cada día, ¿no? —contestó con una sonrisa burlona. Ambas estaban sentadas en el patio trasero de la mansión Logan.

La chica inexpresiva de ojos grises apretó el tabique de su nariz. Ya había dado a Rachel la fecha y lugar proporcionados por Andrei. Llevarían a cabo el duelo dentro de tres días en el estadio de Operadores de la villa. Ese lugar ya había sido usado muchas veces antes para librar estas contiendas. Los operadores las utilizaban como entrenamientos y como un negocio, pues cuando dos miembros de la clase media o alta peleaban ahí, era lógico que la gente apostara por aquel que considerarían vencedor.

Renate miró de reojo a la despreocupada Rachel, que sostenía una rama que encontró tirada por ahí. Dibujaba círculos en el suelo sin decir alguna palabra. Ya la conocía muy bien, sabía cuándo mentía, cuándo estaba triste, cuándo estaba feliz. Era una sorpresa para Renate tener a una Rachel tan calmada a pesar de no tener oportunidad alguna de victoria.

—Quizás al fin te volviste loca. No eres masoquista, ¿cierto?

Rachel arrugó el rostro y giró lentamente su cabeza hacia Renate. No se dignó a responder la pregunta.

—Bueno, creo que una paliza no está mal, estoy dispuesta a recibirla por mi causa. ¡Aunque tuviera que pelear con el diablo o con cualquiera de las tres grandes familias, lo haría con gusto! —exclamó señalando a Renate con aquella rama. Quedo atónita al ver cómo el rostro usualmente inexpresivo de su maestra ahora formaba una cálida sonrisa; ¡incluso parecía que aguantaba las ganas de reír! Lo que llevó a Rachel a pensar que esta vez sí la había arruinado de forma magistral—. Dios, hasta tú te estás riendo, hasta aquí llegué.

—Deja de ser tan dramática por un rato. No te vas a morir, pero debo admitir que esta parte tuya es... Estúpida. —Renate continuó sonriendo a pesar de que Rachel frunció el ceño con molestia—. Eres tonta e impulsiva, pero no tienes ningún problema en retar incluso al heredero de los Vasíliev por lo que crees correcto. Respeto eso, Ray.

—No me digas estúpida y luego vengas con que me respetas, te contradices a ti misma.

—Quizás esa estupidez es lo que te permite ser tan valiente.

—No estás mejorando la situación.

Rachel bajó la mirada antes de dejarse caer hacia atrás en el suave pasto. Observó el cielo lleno de nubes grises, en cualquier momento empezaría a llover y el frío en aquel pueblo llegaría a temperaturas casi insoportables. Rachel disfrutaba de los climas por debajo de 10 grados, así que pensaba que esta fue la forma en la que el mundo le agradecía por seguir sus ideales.

Las dos permanecieron calladas por un momento, Rachel se veía incapaz de preguntarle lo que quería. Estimaba a Renate, pero jamás estaría de acuerdo con que trabajaras como guardaespaldas de alguien como Andrei. Rachel podía apostar a que Renate Dzelme no era el tipo de mujer que estaría aquí solo por dinero, por lo que algo más profundo debía existir en todo este asunto. Darse cuenta de eso le dio aún más fuerza a las palabras que Ibb soltó en su entrenamiento.

«¿Acaso estás triste casi todo el tiempo, Renate?»

Rachel miraba de perfil el rostro reluciente de su maestra. Volvió a sentarse para dejar caer su cabeza en el hombro de su compañera y armarse de valor.

—¿Por qué trabajas para los Vasíliev? —La voz de Rachel fue tomando fuerza, esperando cualquier tipo de respuesta de Renate. Estaba lista para escuchar la historia más dramática que le pudiera dar y explicase cómo es que seguía con ellos.

—Porque siempre ha sido así. Los colmillos del lobo blanco son el único lugar donde una persona terrible como yo podría estar.

No tuvo el valor de mirar el rostro de Renate, pero estaba segura de que esas palabras fueron dichas con gran pesar. La mano de Renate acarició el cabello de Rachel, entonces fue que la rubia volvió en sí.

—Tú no eres una mala persona. ¿Acaso estás obligada a vivir ahí?

—No. Puedo irme en cualquier momento, pero no sabría qué hacer. Además, mi hermana mayor está casada con el hermano menor de Alexei.

—¿¡Cómo!? —Rachel se alejó con sorpresa. Saber que Renate tenía una hermana era sorprendente, pero que estuviera casada con el hermano del líder de una de las tres grandes casas era aún más inesperado.

Su mente rápido encontró algunas inconsistencias. No veía sentido a que Renate entonces fuera solo una mera guardaespaldas, debería tener mucho lujo al ser la hermana menor de alguien importante.

Renate notó cómo Rachel estaba pensando justamente en eso, así que le jaló la oreja con algo de fuerza.

—No todo es color de rosa, niña. Las mujeres no tienen puestos importantes dentro de la familia Vasíliev. La única forma de que eso sea posible es que sea una hija directa del líder de familia, por otro lado, no son más que trofeos bonitos.

El estómago de Rachel se sintió revuelto por aquel dato. La seriedad renovada en la expresión de Renate le dejaba claro que tampoco le parecía bonito. Rachel empezó a imaginar escenarios de maltratos típicos que había visto en las series inspiradas en hace más de 100 o 200 años, donde las mujeres muchas veces eran representadas como objetos.

—Qué asco. Debe ser una pesadilla vivir ahí. ¿Cómo es que le gusta?

—No le gusta, a mí tampoco. Solo... Se soporta.

Rachel dejó de hacer preguntas luego de aquella respuesta. Se sintió tonta al decir aquello sin ningún tipo de cuidado, entonces abrazó a su maestra por su costado. Aunque no supiera exactamente su situación, y obviamente Renate no quería hablar sobre ella, continuaba teniendo con firmeza que ella no era una mala persona como los Vasíliev.

Renate relajó su cuerpo, correspondido y aquel abrazo con más fuerza. Se sentía orgullosa de su tonta aprendiz, poco después se levantó y limpió la tierra de su traje.

—Rachel, perdona por encargarte esto, pero...

—No, espera, ya lo sé. ¡Quieres que le tire un diente a Andrei por ti!

Rachel se levantó. Al ver a Renate sonreír, se dio cuenta de que había dado justo en el clavo. Ninguna tuvo que decir más, Rachel lo haría con gusto. Extendió su puño hacia Renate, que la miró confundida, pero le regresó aquel gesto.

—Prepárate, porque te haré pasar el mismísimo infierno para que vayas preparada, mi torpe amiga.

—No podía esperar menos de mi estricta maestra.

Rachel inclinó su cuerpo mientras levantaba sutilmente la parte trasera de su gabardina. Renate volvió a jalar su oreja con fuerza, a ella no le quedaba actuar como una joven noble, y eso estaba muy bien.

 

 

—¡Ay! ¡Lindsy! ¡Espera! ¿¡Por qué mejor no vamos a que me curen!? ¡Agh!

—¡No te malacostumbres! —Lindsy presionó con más fuerza la marca roja en la espalda de Rachel, lo que la hizo retorcerse y gritar más—. No puedes esperar que te curen por el más mínimo daño, ahora que estás aprendiendo a ser un Operador y quieres pelear, tendrás que aprender a soportar el dolor.

En la habitación de Rachel, Lindsy levantaba la camisa de la rubia para aplicar ungüento en los moretones de su cuerpo. Renate se había emocionado de más en su enfrentamiento. Quería prepararla para lo que vendría. No podía evitar mirar aquellas marcas con pesar en su corazón, pues, aunque decía esas palabras, era quien menos quería ver lastimada a Rachel.

—Sigo sin creer que hicieras algo tan tonto y sin premeditar antes.

—Un placer, soy Rachel Ficks. El gusto es mío.

Rachel bromeó estirando su mano hacia Lindsy, que terminó por morder uno de sus dedos con cuidado. Rachel alejó la mano sorprendida, mientras que Lindsy empezó a acariciar la espalda de la rubia con gentileza, disfrutando de la suavidad de su piel, aunque el ungüento le daba cierta frescura al tacto.

—Claro que sé cómo eres, pero... ¡Agh!

—¿Incluso conociéndome desde hace casi un año te sigo sorprendiendo? El lado positivo es que nunca te aburrirás de mí. —Exclamó Rachel con una sonrisa, escuchando cómo Lindsy reía en voz baja.

—Jamás podría aburrirme de ti. Eso es imposible.

Rachel fue a bajar su camisa, pero la pelinegra lo impidió manteniendo su mano en el centro de su espalda.

—Espera... Deja que se seque o vas a manchar tu camisa. —Con sus mejillas ruborizadas, observó cómo Rachel asintió y hundió su rostro en la almohada. Lindsy siguió disfrutando un poco más de la vista mientras sus finos dedos largos continuaban dándole caricias gentiles a la espalda de Ray.

—Siempre me estás cuidando, me siento como una niña cuando estoy contigo... No es una queja. —Rachel escondía su sonrisa en la almohada, mientras que empezaba a levantar ligeramente sus pies una y otra vez. Disfrutando aquel suave tacto.

—Tengo que cuidarte. Vives metiéndote en problemas, es mi deber como tu mejor amiga evitar que te mates o te lastimes.

—Qué mentirosa.

—¿¡Cómo!? —Lindsy arqueó una ceja y acercó su rostro a un costado del de Rachel.

—Antes de ser amigas, ya estabas protegiéndome. Querías saber sobre los golpes en mi rostro, te veías tan preocupada.

—Y alguien me gritó y me trató feo.

Rachel se quedó en silencio hasta que Lindsy comenzó a punzar sus costillas con los dedos, Rachel se contorsionó cual gusano y levantó su rostro.

—¡Ya! Perdón, sí. Lo admito, solo estaba muy enojada, pero entiéndeme, una golpiza y un intento de asesinato enojan a cualquiera. —Rachel se calmó al sentir cómo las manos de su amiga se alejaron de sus costillas, pero entonces la dulce voz de Lindsy se escuchó tan cerca de su oreja que podía sentir su respiración.

—Siempre te consideré especial para mí, incluso antes de ese día.

El cuerpo de Rachel fue recorrido por un rápido escalofrío a la par que la suave mano de Lindsy regresó a su espalda para acariciarla.

—¿Po-por qué? Casi no hablábamos, puedo contar con ambas manos las veces que trabajamos juntas.

Rachel forzó sus recuerdos a aparecer poco a poco, no era que recordase mucho de lo que no le interesaba, por eso casi había olvidado todo lo aprendido en la escuela y los sucesos en ella, pero estaba segura de que recordaría si en algún momento ella y Lindsy se volvieron cercanas.

—De verdad no te acuerdas... —Susurró la de ojos verdes. Rachel volteó su rostro y sus miradas chocaron, le era gracioso notar el desconcierto de Rachel—. No pienso recordártelo, usa esa cabezota tuya para descubrirlo.

—Qué crueldad. —murmuró Rachel sin encontrar nada en sus recortadas memorias—. Me esforzaré por hacerlo, ojalá yo no haya hecho nada estúpido o penoso.

—No seas tan dura contigo misma.

Lindsy presionó un poco más la espalda de la rubia, deslizando su mano hacia abajo. Su frente se recostó a la de Rachel. El rostro de la golpeada joven ardió en vergüenza mientras sentía la mano de Logan recorrerla a su antojo, aunque ella no tenía ninguna queja. Hasta que volvió a sentir un escalofrió al escuchar otro susurro de Lindsy, sintiendo como sus labios rozaban el borde su oreja.

—De hecho, desde ese día, me fue difícil quitarte los ojos de encima...

—¡Ah! —Rachel levantó parte de su torso, alejándose un poco de Lindsy. Había recordado ese día en la escuela cuando la descubrió observándola, pensó que se había dado cuenta de que hablaba con su espejo o que hacía trampa, pero resultaba ser por algo que había olvidado por completo—. No puedes decirme eso, ahora solo quedaré con... Más dudas.

Sus palabras se detuvieron gradualmente al sentir la mano de Lindsy acariciar su mejilla. Cual mascota adiestrada, cerró sus ojos, recostado su rostro en aquella mano gentil. Lindsy se dio cuenta de cómo había logrado acostumbrar a Rachel a ese adorable gesto. La pelinegra quedó encantada, continuó acariciando su mejilla hasta que Rachel volvió a abrir los ojos.

La pequeña y golpeada joven acercó más su cuerpo al de la pelinegra. Lindsy cerró sus ojos tratando de ocultar sus nervios, pero repentinamente sintió como las pequeñas manos de Rachel sostuvieron sus costados con firmeza.

—Ah, Rachel, yo...

Fue entonces que los dedos de la rubia se clavaron en sus costillas, regresándole aquellas cosquillas que le había hecho hace un momento. Lindsy empezó a reír mientras que sus manos fueron a las muñecas de su contraria para detenerla. Rachel sonreía complacida al ver aquella divertida expresión ruborizada en la de ropas negras.

—Espera, ¡no! Jajaja, Ray~, para, para, no volveré a hacerte cosquillas, pfff, lo prometo.

—Eso es una trampa, te conozco tanto como tú a mí, Lindsy.

Rachel continuó con sus cosquillas, a pesar del dolor en su espalda y costados, se levantó y obligó a Lindsy a acostarse boca arriba en aquella cama espaciosa. Su sorpresa fue grande cuando el brillo morado apareció alrededor del cuerpo de Lindsy y, sin ningún tipo de esfuerzo, Rachel terminó cambiando de lugares con la de ojos verdes, que sostuvo sus muñecas manteniéndolas en la cama.

—Tramposa. —Rachel dejó escapar media sonrisa, no podía mover sus manos por más que quisiese y la expresión de Logan delataba lo mucho que disfrutaba esto.

—¿Con qué derecho vienes a decirme tramposa? ¿Olvidaste cómo ganaste la segunda ronda del primer evento? —preguntó Lindsy con picardía. Para estar más cómoda, se posicionó entre las piernas de Rachel y acercó más su rostro al de ella— ¿Qué harás ahora, mi pequeña trickster?

Ni bien había terminado de preguntar, Rachel envolvió su cuerpo en aquella aura blanca. Buscó soltarse del agarre de Lindsy, pero por más fuerza que hacía, no podía sacar sus manos. Obviamente, era superada por la princesa prodigio, pero aun así no quería dejarse dominar tan fácilmente. Para sorpresa de la sonriente joven de ojos verdes, Rachel abrazó sus piernas a sus caderas y se giró con toda su fuerza a un costado de la cama, logrando tumbarla y recuperar la cima nuevamente, aunque Lindsy aún sostenía sus manos.

—¿Qué te pareció eso, preciosa? —preguntó Rachel. Trataba de regular su respiración por todo el esfuerzo inútil que había usado para cambiar de posición. No sabría que hacer si un día, tuviera que pelear contra Lindsy, sería aplastada en segundos.

Ser llamada de esa forma destrozó la guardia de Lindsy, aflojó su agarre y ahora fue Rachel quien presionó sus manos contra la cama, solo que, en vez de tomarla de sus muñecas, tomó sus manos, entrelazando los dedos de ambas. Rachel agachó su torso, quedando sentada sobre el regazo de Lindsy. Esta última ladeó a un lado su cabeza con vergüenza. Rachel apreció su hermoso rostro ruborizado más de cerca.

—Sigo siendo mucho más fuerte que tú.

—Eres mi guardiana. Tienes que ser más fuerte que yo para protegerme.

«¿Entonces me dejarás cuando seas más fuerte?». Lindsy rodó sus ojos hacia Rachel, manteniendo su boca ligeramente abierta en total silencio.

—La dramática entre ambas soy yo y jamás te dejaría por algo tan tonto... Tú no dijiste nada. —Rachel quedó tan sorprendida como Lindsy, la de negro no dijo nada, pero con la guardia baja en sus emociones, Rachel fue capaz de percibir lo que pensaba Lindsy a través del aura.

Lindsy no tardó en darse cuenta, pero en vez de reforzar las defensas de sus emociones, solo acabó por bajarlas al mínimo, dejando que la rubia se diera cuenta por sí misma, una de las razones por las que no quería ser ella quien la entrenase.

"Acércate más, por favor".

—Entonces, cuando seas más fuerte, tendrás que protegerme a mí. Espero no ser una carga.

—Jamás te vería como una carga, no seas tonta, princesa. —Rachel obedeció inconscientemente, quizás el aura no permitía leer directamente la cabeza de las personas, pero con una buena interpretación podía saber lo que Lindsy quería en ese momento.

El calor corporal de Lindsy chocó con el suyo. Rachel sentía cómo el cuerpo de Lindsy se presionaba contra ella, su rostro quedó a la altura de su cuello, pero ahora mismo el dulce aroma de Lindsy no le permitía pensar, dejándose guiar por lo que sus auras revelaban.

«Huele tan bien...»

Lindsy cerró sus ojos sin oponer alguna resistencia, disfrutando del choque del aliento de Rachel con su cuello. Sintió como sus manos lentamente fueron liberadas, mientras que los dedos de Rachel recorrieron los brazos de Lindsy hasta sus hombros.

Lindsy trató de controlar sus emociones, pero en ese estado era casi imposible. No podía concentrarse en nada que no fuera lo cerca que estaba Rachel de ella. Acercó su mano a la boca de Rachel para detener el estímulo en su cuello, pero la rubia aprovechó el momento, regresándole aquella mordida anterior. Lindsy sintió como los dientes de Rachel se presionaron con cuidado en un costado de su mano.

La pobre princesa esmeralda volvió a apartar su mirada a pesar de lo hipnótica que era aquella vista, pero al ver cómo los ojos de Rachel se clavaron en los suyos mientras la mordía, no pudo soportar la vergüenza.

«No te detengas».

Rachel había apartado su boca con lentitud, pero ante aquella petición, prefirió seguir su instinto y probar el delicado cuello de Lindsy con una ligera mordida. Ese agradable aroma que desprendía había nublado por completo su juicio, y las peticiones del aura de Lindsy no la ayudaban. Fue entonces que escuchó un adorable jadeo provenir de los labios ajenos. Lindsy abría sus ojos con sorpresa, pero en vez de detenerla, llevó sus manos al cabello de Rachel para enredar sus dedos en él. Rachel continuó con las pequeñas mordidas en el cuello de su compañera.

—Rachel, e-espera, creo que estás... Dejándote, mmmh, llevar un poco. —Jadeó Lindsy con una débil voz. Rachel no parecía escucharla, pues solo continuaba dejando pequeñas marcas de sus dientes en el cuello de su amiga.

Claro que estaba dejándose llevar, y más cuando el aura morada le gritaba que no se detuviera, a pesar de las palabras de Lindsy. Sin darse cuenta, las emociones de Lindsy se mezclaron con las suyas.

Poco después, Rachel alejó un poco su rostro, observando cómo Lindsy tapaba la mitad superior de su rostro con su antebrazo mientras su pecho bajaba y subía sin control. Descubrió un poco sus ojos, dejando ver aquellos iris verdes brillantes mirar de arriba abajo a la mujer que poco a poco dejaba de presionar su cuerpo con el de ella.

—Vuelve... Aquí.

Rachel quedó petrificada. El aura de Lindsy, tanto como la suya, se extinguió gradualmente, ahora que no se dejaba llevar por las emociones de la pelinegra, no sabía qué decir ante lo ocurrido. ¡De verdad se había dejado llevar!

—Lindsy, ah, yo. —Su lengua se trababa con cada palabra, mientras su rostro era consumido por un ardiente tono rojizo— Ay, yo, ya vuelvo.

—Ven. Ya.

Ante aquella orden severa, Rachel dejó caer sus hombros y se rindió a las palabras de Lindsy, acercando su rostro nuevamente al de ella. Los brazos de Lindsy envolvieron las caderas de Rachel mientras que la princesa esmeralda recorrió el pálido cuello de su contraria con su lengua, deteniéndose en su hombro para morderlo con cuidado de no lastimarla, justo como ella la había tratado.

Rachel cubrió su boca sin saber cómo habían llegado a esta situación. Sus constantes muestras de afecto eran abrazos y caricias cada día, después de todo, siempre estaban juntas cuando Rachel no entrenaba su aura. Había formado un vínculo muy especial con ella. No mentiría si dijera que Lindsy era la persona más importante en su vida, incluso más que ella misma.

Pero, a pesar de haber tenido cerca a Lindsy Logan durante tanto tiempo, apenas ahora se había dado cuenta de su deslumbrante belleza, junto a ese deseo en su pecho de permanecer tan cerca de ella como fuese posible.

No supo en qué momento ocurrió, pero de un instante a otro ambas estaban sentadas en aquella cama, mientras que Rachel permanecía sobre el regazo de la mujer que acariciaba sus piernas sin dejar de propinarle mordidas en sus hombros. Rachel aceptó cada una de ellas, abrazando a Lindsy de su cuello sin ser capaz de abrir sus ojos.

—Estamos a mano... ¿Verdad?

Ese susurro en su oído heló su piel. ¿Cómo debía responder a eso? ¿Sí decía que sí, ella iba a detenerse? Aunque, ¿por qué no quería que se detuviera? Esto solo era una nueva forma de expresar su cariño entre amigas, ¿no? Su mente era un desastre, abrió sus ojos para luego responder.

—Supongo, sí, supongo.

—¿Estás segura? Recuerdo que duraste mucho más dándome mordidas.

—No, digo, no lo sé. ¿Acaso lo contaste?

—Sentí que duró demasiado... No es queja, de hecho, pudo haber durado más.

—¿Acaso soy una mala influencia? Cada día te pareces más a mí.

—No veo nada de malo en parecerme a mi linda y rebelde Rachel.

—¿Ahora soy tuya?... Hmm, recuerdo que hace un tiempo también dijiste algo así.

—¿No te gustaría serlo?

Rachel pensó por un momento cómo debería responder, fue entonces que tomó la barbilla de Lindsy para obligarla a mirarla a los ojos. Lindsy quedó en silencio, admirando el rostro de Rachel, buscó acercar sus labios con los de ella, pero la mano de Rachel se interpuso.

—Ni siquiera te he respondido, pero siento que desde hace mucho... He sido tuya —Rachel no creía que palabras como esas salieran de su boca, pero no se arrepentía ni un poco. Todo su viaje todo su esfuerzo, nada habría sido posible de no ser por Lindsy. Incluso casi todos sus momentos de felicidad desde aquel trágico día habían sido causados por Lindsy—, pero eso significa que también eres mía. ¿Cierto?

—Sí. —Lindsy tardó en responder, había olvidado por completo cualquier palabra existente— Soy tuya...

Sin apartar su mano, Rachel besó en la misma zona donde Lindsy lo hacía de lado contrario, los ojos de ambas se mantenían fijos en los de la otra con deseo. Rachel no necesitó leer el aura de Lindsy para saber lo que quería, así que apartó lentamente su mano buscando cumplir el deseo de su contraria.

—Lindsy.

—Ray... Yo-

—¡Rachel! ¿Estás?

Una tercera voz detuvo a Rachel, que saltó a un lado de la cama retorciéndose sin parar con la cara totalmente roja. Había reconocido la voz de Leena, que abrió la puerta asomando su cabeza. Leena con una sonrisa observó cómo Rachel permanecía boca abajo y Lindsy la miraba atónita, con un fuerte rubor que no desaparecería fácilmente.

—Hey, cuánto tiempo, Rachel. ¿Me extrañaste? Escuché que ahora tienes todo un problema. —La mujer entró al cuarto con la extraña sensación de que interrumpía algo, aunque extrañamente Rachel no se movía ni respondía—. ¿Está bien?

—... Mierda, muy bien.

—¿¡Lindsy!?

Leena se sorprendió al escuchar una grosería provenir de la boca de la perdida Lindsy. Rachel empezó a reír con su rostro en la cama, antes de levantarse de un salto animado, ignorando el dolor en su cuerpo.

—Claro que la extrañé, Leena.

Lindsy observó cómo su madre empezó a ponerse al corriente con Rachel, o eso intenta hacer, pero lo único que llamaba su atención eran aquellas marcas rojas en el hombro de la joven que Lindsy había provocado. En su interior admitía qué le encantaba verla con sus mordidas.

 

 

—Eso de hace un momento.

—Por favor, no lo menciones o me voy a morir de vergüenza.

—¡No se te ocurra pedirme que no diga nada! Eso... Eso fue.

—Me mueeeero.

—No seas dramática.

—Ya sabes cómo soy... Lindsy, ¿qué es lo que quieres?

—¿Ah?

Rachel recostaba su cabeza en los muslos de la joven, ambas se encontraban en el jardín trasero, admirando el cielo estrellado en aquella ciudad. Rachel mantenía su mirada en la estrella más hermosa y cercana a ella, que no dejaba de acariciar su cabello.

—Creo que nunca te lo he preguntado, ¿verdad? Me siento mal por eso. Tú sabes que yo quiero matar a Adarza, los otros operadores también tienen grandes sueños, Jesse quiere ver magia, Grace quiere cuidar a Jesse, ni puta idea que quieran Jazka y Alice, pero jamás llegué a preguntarte si tenías algún sueño.

Lindsy se llevó su mano libre a su boca, aguantando las ganas de reír. Rachel le sacó la lengua, se sentía como una tonta y una mala amiga por nunca haber pensado en aquellas palabras.

—Bueno. Te diré, quiero tener una vida normal.

—¿Una vida normal? —confundida, observó como Lindsy asintió con la cabeza.

—Sin asuntos con aura, o sin tener asesinos apuntando por mi cabeza o mi familia. No tener que preocuparme por ese tipo de cosas es mi sueño, solo quiero vivir tranquila... Ya sea con dinero o sin él. No me importaría ser alguien totalmente normal.

Los ojos de Lindsy brillaron ante la vista de una vida pacífica, trabajando de algo que le gustase, volviendo a casa todos los días para disfrutar de una paz que ni todo el dinero de los Logan era capaz de darle. Rachel quedó asombrada, nunca esperó que su deseo fuera tan simple y a la vez tan complicado. Teniendo en cuenta quién era Lindsy Logan, era casi imposible que lograra obtener aquella vida tranquila. Rachel tomó la mano de Lindsy, entrelazando sus dedos con una gran sonrisa.

—¡Sé que algún día lo conseguirás! Podrás ver en paz todas las series que quieras.

—Eso suena como la vida perfecta para ti. —comentó burlona, pero luego prosiguió—. Una vez terminemos con esto de Adarza, me gustaría que tú estés en esa vida.

Rachel apartó la mirada con su rostro enrojecido. Que ahora dijera algo como eso provocó que el corazón de Rachel se acelerara incluso más que cuando corrió por su vida en aquel bosque.

—¿Quieres compartir tu vida perfecta conmigo?

—No puedo imaginar compartirla con nadie más. Además, no sería perfecta si no estuvieras tú... Rachel te-

—¡Espera! Espera, por favor. No lo digas aún, no. Dame algo más de tiempo para asimilarlo, eso de hoy fue muy... intenso.

Lindsy mantuvo aquellas palabras en su garganta. Al fin había tomado valor para decirlas, pero la obligaron a tragarlas de vuelta, golpeó repetidas veces el suelo con una expresión que fue graciosa para Rachel.

—... Me encantaría formar parte de tu vida perfecta, Lindsy... —Sonriente, Rachel cerró sus ojos.

—Entonces nunca te apartes de mi lado.

Lindsy respondió aquellas palabras con un beso corto en la frente de Rachel, la de ojos azules acarició la mejilla de su... No supo cómo llamarla ahora mismo, pero cerró los ojos para disfrutar esa ardiente sensación en su pecho que poco a poco recorrió todo su cuerpo.

Nunca había estado tan feliz.

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