Engel tronó sus nudillos, estudiando a la rubia delante de ella. No le fue difícil saber que su respiración se encontraba agitada, su cuerpo estaba lleno de heridas y raspones, además de que aún mantenía algo de sangre en su rostro.
«Ella está demasiado herida. ¿Por qué vino a enfrentarme en primer lugar?». Consideraba eso como un intento desesperado de vengarse por sus malos tratos, pero asumía demasiado peligro solo para eso. «¿Siquiera ha pensado que tendrá que enfrentar a Taara en caso de que me...? No, es imposible, esto solo es un estúpido berrinche de su parte, sabe que no puede ganarme».
—¿Por qué estás esperando tanto? Pedazo de mierda. ¿Tienes miedo de pelear conmigo si Taara no te respalda? Cobarde. —Rachel forzó una sonrisa, dando un paso más cerca de su rival.
Engel no se dejó llevar por esas burlas ridículas, pero aceptó tomar la iniciativa. Acabaría con su problema de una vez por todas.
—No sé si eres demasiado estúpida o muy valiente, pero si tanto quieres que te gane, como soy generosa, te lo concedo.
La danesa tomó carrera con una gran sonrisa. Rachel levantó sus puños, lanzándose al ataque; al estar a cierta distancia, llevó la mano al interior de su gabardina y lanzó un puñado de arena a los ojos de Engel, que logró cubrir su rostro a tiempo con su antebrazo.
—¿¡Eres una puta niña!? —gritó confundida, considerando esa estrategia bastante patética.
Las tres lograron escuchar el silbante sonido del viento siendo cortado a gran velocidad. Rachel se alejó de un salto, mientras que Taara materializó Júpiter para detener varios cuchillos de aura cuyo rumbo terminaba en el costado de Engel. La de abrigo rojo abrió sus ojos con sorpresa, ese ataque repentino la hubiese dejado fuera de combate si la hubiese alcanzado.
Mientras la dueña del aura negra con estrellas recibió un par de árboles cayendo del cielo hacia ella por detrás. Taara los miró de reojo, disfrutando el pequeño truco que les habían tendido.
Como le fue posible, evitó los árboles con la velocidad aumentada entregada por la aparición repentina de Saturno, que reventó poco después por el impacto de una garra negra disparada desde una dirección diferente de donde vinieron los árboles.
—¿¡No se supone que todos estaban...!?
Engel fue callada por el impacto en su mejilla de una roca del tamaño de un puño a gran velocidad. Volteó su mirada y observó cómo Rachel se había acercado solo unos pocos metros, estirando su pie hasta sentir que era más pesado.
—¡Sí, son 15 metros!
Al recibir la confirmación, Zachary y Joao salieron de los árboles, flanqueando a la india que los miró con emoción. Se habían tomado las molestias de preparar así sea un pequeño plan para recolectar algo de información de la forma más segura posible.
—De seguro esto es obra tuya. —Dijo en un tono divertido, observando al moreno británico de reojo.
Los dos se mantenían a poco menos de 15 metros en caso de que Júpiter apareciera. Aprovechando su oportunidad, Joao empezó a disparar sus garras contra Taara, quien las esquivó por poco, pero al ver que la velocidad de Zachary era muy superior a la suya y estaba por cortarla con una lanza de energía, hizo desaparecer Júpiter para invocar la Luna cerca de ella y mover las posiciones de ambos para no sufrir grandes daños. La lanza chocó con el suelo, enterrando parte del filo en la helada tierra. Zachary miró de reojo a Taara, chasqueando su lengua con frustración.
—Un dúo problemático. Me gusta, ¡puedo con ambos! —El manto negro con estrellas que era su aura comenzó a brillar más, quizás sus oponentes no eran tan fuertes como Lei Quiang, pero si se confiaba solo por eso, terminaría desmembrada sin saber cómo ocurrió.
Engel observó cómo su compañera estaba en problemas, pero tardó en darse cuenta de la ausencia de Júpiter. Al darse cuenta de que ya ni contaba con su protección, miró en dirección a Rachel, solo para presenciar el pálido puño de la joven estrellarse contra su nariz con todas las fuerzas de su proclamada rival. Engel logró mantenerse de pie mientras era arrastrada por la fuerza de Rachel, pero no pasó mucho para darse cuenta de su nariz fracturada.
—¡Agh! —gritó de dolor y confusión, tocando con cuidado su nariz, sintiendo un extremo dolor al hacerlo.
Un chorro de sangre emergió de sus fosas nasales mientras ella se cubría sin quitarle la mirada a su oponente. Rachel no pudo soportar una pequeña risa que escapó de su boca, parecía estar extremadamente feliz de romperle la nariz.
—Ahora sí podemos pelear solas tú y yo. —Comentó Rachel con un tono extrañamente engreído, levantando su mano para pedirle que se acerque.
Engel frunció el ceño, aumentando la intensidad de su aura. Estaba dispuesta a dejarla medio muerta antes de que los cuatro minutos concluyeran.
—Voy a romperte todos los malditos huesos, Rachel Ficks.
Jack destrozó la tierra con un potente impacto. Con sus largos brazos de músculos rojos y palpitantes trataba de aplastar a la ágil Lei Quiang, que evitaba todos sus ataques sin problemas entre deslices y volteretas.
La castaña había aumentado su velocidad, fuerza y reflejos ahora que había entrado en el Caos Primordial. Incluso el americano estaba sorprendido por cómo esa joven había mejorado de un momento a otro, dándose cuenta de que la india había enfrentado a esta versión de Lei Quiang en su anterior ronda.
«¡Primero ese británico miserable y ahora esta!». Los contratiempos empezaban a amontonarse uno tras otro. Suponía que nadie, además de Ne Zha y Ao Bing, sería un problema. Ahora se estaba tragando sus palabras con cada combate nuevo en el que participaba.
Lei Quiang se posicionó a su lado, esquivando de nuevo esos puños que tratan de aplastarlo como un martillo a un clavo. Pateó al americano en su costado, impulsándolo antes de ser mordida por las horrendas bocas que gritaban al recibir dolor. Persiguió el cuerpo de Jack, que estiró uno de sus brazos tratando de envolver a la castaña con toda la intención de despedazarla a mordidas, pero la extensión roja con bocas era destrozada con cada paso que avanzaba Lei Quiang, reventaba la carne extensible a puñetazos y patadas hasta quedar de pie frente a Jack.
Los dos se detuvieron, esperando el movimiento del otro. El rubio estudió de frente a la joven dormida que se aventuró a dar el primer movimiento. Ella dirigió un puñetazo a su estómago, el golpe no fue muy efectivo al estrellarse contra la resistente fila de enormes dientes. La boca de su estómago soltó una grotesca risa burlona, mientras que el mayor se abalanzó contra ella tratando de abrazarla, abriendo las bocas de su cuerpo rápidamente. Lei Quiang dirigió mucha más aura a su brazo bueno y, con una velocidad abrumadoramente superior, empujó a la montaña de carne lejos con un explosivo golpe.
Jack gruñó con furia. Se impulsó de un salto contra su oponente, que lo esquivó a tiempo pateando el costado del rubio, arrancando más de esa carne roja. Jack arrancó algunos de sus dientes y se los lanzó en un intento desesperado de herirla. La asiática buscó evitarlos, pero debido a la distancia, algunos lograron enterrarse en su brazo bueno, junto con dos que se incrustaron en su abdomen.
Múltiples ataques de los brazos de carne fueron en su contra, Lei Quiang los evitaba con más dificultad mientras arrancaba los dientes de su piel. Al tenerlos todos en su mano, los lanzó con toda su fuerza, pero desaparecieron antes de impactar con su objetivo. Entonces una tercera persona se lanzó al combate, aprovechándose de que Jack solo tenía ojos para la castaña de aura verde.
—¡También soy parte de esta pelea, basura!
El tentáculo endurecido de Alice por fin conectó con la parte posterior de la cabeza de Jack. Desestabilizando al rubio por un momento. Al fin la gótica pudo causar algo de daño en su oponente, que la miró con desprecio mientras ella sonreía de manera arrogante. Lei Quiang se acercó para aprovechar la distracción de Alice, reventando la carne del abdomen del hombre con un codazo cargado con aura. La piel blanca de Jack quedó al descubierto mientras esa capa roja carnosa se regeneraba con velocidad.
La castaña evitó otra serie de golpes, pero no podía encontrar una brecha que le permitiese aprovechar la oportunidad de golpear a Jack sin su armadura de carne. Antes de que se cerrara por completo, Alice atacó desde un costado con su tentáculo aquella zona más blanda que el resto. El aire escapó de los pulmones del estadounidense, y Lei Quiang buscó terminar con el combate con un fuerte golpe a su barbilla, pero la masa de los brazos de Jack se deformó rápido y creó un muro de carne que abrió una enorme boca. Buscaba masticar su brazo a tal punto que, incluso si lo regenerase la misma Mary Scott, no volvería a ser tan útil como ahora, pero su plan falló al momento de que Alice endureció su tentáculo tanto como pudo, dejando que esa boca llena de dientes enormes lo atrapara para salvar el brazo de su compañera, solo que esa masa negra fue hecha trizas y el grito de agonizante dolor de la gótica no se hizo esperar.
—¡Estorbo! —exclamó furioso. Alice solamente estaba ahí para ser una molestia para él. Entonces sintió el choque del puño de Lei Qiang contra su barbilla. La carne fue atravesada junto con el tentáculo de Alice, lo que lo envió volando por los aires mientras jalaba a la pelinegra.
En pleno aire, Alice desapareció su tentáculo y dirigió su mano abierta hacia Jack, que seguía aturdido por el impacto que hizo rebotar su cerebro en todas direcciones. Una bola llameante de color negro se generó en su palma, con la cantidad de aura que le quedaba, estaba segura de que no lo mataría, pero necesitaba urgentemente calcinar a quien estuvo toda la pelea burlándose de ella y tratándola como a una basura.
—¿¡A quién le decías estorbo!? Pedazo de inútil con poco cerebro. —Se burló con una sonrisa diabólica en su rostro.
La llama negra salió disparada contra el rubio, reventando al momento de impactar su pecho e impulsándolo aún más fuerte contra el suelo, alargando más su recorrido mientras su piel ardía envuelta en la llama oscura de Alice, que cayó al suelo sin aura. Recibiendo una gran cantidad de daño por los múltiples golpes que recibió al estrellarse, pero aún mantenía una sonrisa triunfante en su rostro. El dolor valió totalmente la pena.
Estaba totalmente segura de que habían ganado con aquel movimiento. Mientras, Carol estaba en un nuevo árbol, sentado en sus ramas, observando a la castaña dormida debajo de él. Trató de no hacer ruido, pero en tan solo un momento, Lei Quiang lo alcanzó de un salto y lo durmió de una patada en su cabeza, tirándolo del árbol. Pocos segundos después de que Carol quedara inconsciente, la voz de Lindsy resonó.
"Lei Quiang obtiene dos puntos".
Alice esperaba recibir un punto compartido por haber ayudado a derrotar a Jack y darle el golpe final, pero no fue así. Por alguna razón, los puntos que tanto deseaban no fueron repartidos.
—¿¡Lindsy!?... ¡Dame mi punto!
Ignorando el dolor, Alice levantó la parte superior de su cuerpo apoyando sus brazos en la tierra, solo en ese momento pudo ver con asombro al rubio que creyó derrotado.
—... Me está jodiendo. —Alice dejó salir esas palabras de forma inconsciente, quedando con la boca abierta.
Se encontraba de pie, caminando con una expresión ensombrecida, parte de su cuerpo ya no estaba cubierta por aquella carne, mientras que otras zonas, como sus piernas y sus brazos, buscaban regenerarse de forma desesperada. Aunque muchas partes de su cuerpo habían sido brutalmente quemadas, sus alrededores mantenían una piel de tono marrón mientras el centro era de un tono amarillo pálido, una vista verdaderamente grotesca. Incluso con este dolor recorriendo su cuerpo, caminaba hacia las dos mujeres.
Alice no podía creerlo, pero el aura de Jack estalló con toda su fuerza. No se estaba conteniendo. Las presentes podían sentir que ahora mismo no le interesaba si mataba a alguien con sus propias manos y ahora la gótica ni podía mantener bien su aura.
Lei Quiang se lanzó, pero incluso con sus reflejos, no pudo evitar el rápido golpe a su mejilla, sintiendo como los dientes arrancaron un pedazo de esta y lo escupieron entre risas. Las manos de Jack se envolvieron con dos masas de carne con bocas alrededor. Lei Quiang no se despertó, pero su aura también fue llevada al límite, evitando el siguiente golpe y conectando un rodillazo en el costado de Jack, escuchando cómo sus costillas se rompían mientras él hacía todo lo posible por mantenerse en esa posición.
Golpe tras golpe fue lanzado. Con cada puñetazo de Lei Quiang, Jack sentía cómo su carne era destrozada y sus huesos demolidos.
Mientras que cada golpe impactado por Jack contra Lei Quiang arrancaba más pedazos de su carne, siendo un festín sangriento para esas bocas hambrientas.
La lluvia de golpes entre ambas partes fue aumentando en intensidad, ninguno tenía intención de ceder. Jack recibió una patada de talón en el aire, que sacó volando algunos de sus dientes. Lei Quiang fue mordida en su costado, pero antes de que Jack pudiera arrancar un gran pedazo de su abdomen, rompió el brazo del hombre con una patada ascendente con todas sus fuerzas.
Las bocas se detuvieron, pero antes de que Lei Quiang siguiera con sus ataques, su brazo que había sido mordido anteriormente fue cortado por los dientes de Jack en la mano que no le había roto aún, que mordieron en el mismo lugar de antes para terminar de arrancarlo.
Lei Quiang despertó. Confundida, adolorida, ligeramente asustada.
De nuevo, no sabía lo que había ocurrido, pero el dolor insoportable recorriendo su cuerpo junto con la debilidad por la falta de sangre fueron suficientes para cancelar su estado de sueño.
Se dio cuenta de la monstruosidad desesperado frente a ella, junto con sus instintos asesinos. El mundo empezó a ir más lento, y el dolor fue bloqueado por completo debido a los pensamientos de la mujer que estudió la situación.
«Ah, no tengo un brazo... Y ese golpe me está apuntando al cuello». Pensó, observando cómo la esfera de carne del brazo de Jack iba lentamente hacia su garganta. «Sí que dejan que nos excedamos con esto. ¿Podré esquivarlo?... No lo sé». Después de todo, su aura se había reducido por alguna extraña razón que desconocía.
Siempre había sido así, por eso Madame Zhu prefería a la Lei Quiang dormida. No opinaba, no pensaba, solo obedecía y cumplía su deber con una fuerza envidiable para muchos operadores. La Lei Quiang despierta era la máscara de la guerrera implacable que llevaba en el interior de su mente.
Preparada para recibir aquel golpe, Lei Quiang tomó un profundo suspiro, llevando toda su aura de su brazo a su torso. Sus ojos brillaron en un intenso rojo, sentía que volvía a estar en esa sala con pilares dorados donde había nacido el Caos Primordial, pero aquí no sentía miedo, tampoco soledad ni mucho menos lástima por quien estaba tratando de matarla. No pensaba, solo actuaba y, a diferencia de la guerrera durmiente, esta era Lei Quiang, la guardiana de las perlas del clan Zhu.
Esquivó el golpe a su garganta. Mientras su aura verde empezaba a llenarse de pequeños puntos rojos. En un movimiento audaz. Eliminó toda el aura de su cuerpo y la dirigió a su brazo. Arrancó el brazo de Jack antes de que lo acercara a su cuello otra vez. Solo le fue necesario un golpe para que la carne reventara y su extremidad se desprendiera.
Jack arrugó su cara, una nueva y extraña sensación lo recorrió. Se sentía como un animal pequeño frente a un depredador mucho más grande y peligroso, que podía volarle la cabeza si quisiera, pero en el rostro de Lei Quiang y su aura, no había ni una pizca de malicia o intenciones asesinas. No había nada y eso era lo que más aterraba el corazón de Jack.
El brillo verde volvió a cubrir su cuerpo, entonces ella se agachó, evitando una patada lateral de su adversario, la cual había sido demasiado lenta para la castaña actual, que se levantó de un salto y estrelló su puño con la barbilla del rubio. Un último golpe que obligó a Jack a caer al suelo, extinguiendo su consciencia por más que hubiera tratado de soportar. Había sido totalmente superado en su propio terreno.
Lei Quiang volvió en sí, sintiendo su respiración agitarse, mientras que su cuerpo se sentía mucho más pesado. Su aura volvía a ser de un verde oscuro, desapareciendo los brillos rojos junto a la intensidad de sus iris. Había llegado a su límite, pero estaba satisfecha de haber ganado estando consciente.
«En ese momento... Fue extraño. ¿Qué fue lo que acaba de ocurrir? Je, fue genial... Pero tengo sueño otra vez».
Lei Quiang miró de reojo a Alice con una sonrisa, la de cabello rizado de igual forma se preguntaba qué acababa de ocurrir, pero su compañera no soportó más y cayó al suelo. Mantenía su conciencia, pero toda su fuerza la había abandonado.
«Qué raro... Sentí que era más fuerte».
—¡Lei Quiang!
Alice gritó desesperada, con esas heridas de ambos se le hacía muy difícil que pudieran sobrevivir, pero a la par que la voz de Lindsy se escuchó, Louis y Fred salieron de un árbol junto con Kurt, el último sostenía una aspiradora que en su boca tenía orejas de gato. Empezó a recoger los trozos en el suelo y las extremidades de ambos mientras que el dúo de mayordomos se los llevó con urgencia, mientras Kurt se llevaba a Carol a rastras.
"¡Lei Quiang y Alice obtienen un punto cada una!"
Al escuchar que había obtenido su punto, Alice se dejó caer al suelo con una gran sonrisa. Habían ganado y eso era lo importante. Se dio la vuelta quedando boca arriba, observando cómo en el cielo Ne Zha y Ao Bing continuaban con su enfrentamiento.
Su cuerpo no daba para más, así que decidió solo quedarse tirada ahí, pensando en todo lo ocurrido en el anterior combate.
—Nah, de seguro yo le ganaba. —Dijo Alice sonriendo. Fue entonces que se dio cuenta de que su aura no servía ahora mismo, así que se levantó para acercarse a un árbol y empezar a golpearlo para que vinieran por ella. Odiaría morir por terminar en el fuego cruzado.
—Esto es una completa locura. ¿Cómo van a permitir que se lleven hasta este punto?
La mujer con bata blanca de doctora y cabello teñido era envuelta por un aura turquesa, esta misma aura cubría a Lei Quiang de pies a cabeza, tratando de regenerar todas las heridas que había obtenido en esa batalla tan sangrienta, pero incluso siendo la mejor sanadora existente en el congreso, esto era ridículo.
—¡Somos como un maldito evento escolar! No romanos en Cannas, Lindsy. Jamás pensé que te gustara ver estos eventos sádicos. —Su aura no ocultaba nada. Estaba realmente molesta con la anfitriona. Toda batalla que involucraba a Jack terminaba en una carnicería.
La hija del medio de los Logan, con sus ojos rojos, se sentó en una silla junto a ella. Había dejado al mando a Louis mientras era regañada, aunque por su expresión no parecía importarle mucho.
—Esta gente está mejorando constantemente y llevándose al límite porque les concederemos un deseo, lo que no puedo creer es que una compañera de mi padre y Arthur sea tan ingenua. —Lindsy talló uno de sus ojos, observando cómo Lei Quiang permanecía inconsciente—. Esta es la única forma en que pueden superar sus límites y seguir avanzando. ¿O acaso esperas que se den abrazos o mejoren en una partida de dominó?
—Deberías dejar de imitar a ese bastardo. No te queda hablar como tu padre, Lindsy, déjale eso a Luck.
Mary negó con la cabeza. Lindsy mordió su labio inferior, engañarse a sí misma no le era útil. Tampoco quería que sucedieran eventos como estos. Lei Quiang había sido su amiga desde hace años, verla en este estado destrozaba su corazón y la llenaba de culpa.
—Son Operadores... No saben otra cosa que usar el aura para pelear. Lo único que podemos hacer es rezar.
Lindsy juntó las manos, esperando que Lei Quiang no tuviera ninguna complicación. Jack ya había sido curado sin problemas, pero el estado de la china era mucho más complicado.
«No hagas nada estúpido, Rachel». Pensó Lindsy, llevando una mano a su pecho, rezando por el bienestar de su adorada amiga.
Ibb, recostada a la pared, observaba de reojo a Lindsy, sintiendo algo de lástima por ella.
—Qué mentira más tonta. —Susurró, negando con su cabeza.
La batalla había transcurrido como sus anteriores encuentros. Una danza de hielo y fuego que causaba destrucción a su paso, ahora volando entre los árboles mientras trataban de alcanzarse el uno al otro con sus habilidades. El fuego que se extendía por el bosque era apagado por Ao Bing, mientras sus estacas venían desde lugares inesperados para el de moños. Uno de sus brazos estaba inmovilizado por el hielo escarchado, que anulaba la capacidad de utilizar aura en la zona afectada al volverla inutilizable.
«Los combates han casi terminado, si derroto a Ne Zha rápido, podría ir a enfrentar a Taara y Engel». No conocía el paradero de Rachel, pero supuso que no intentaría enfrentarlas por su cuenta.
Ne Zha lanzó su cinta roja, que se camufló entre los árboles buscando el momento perfecto para inmovilizar al peli azul de rolas blancas. La cinta se lanzó por su espalda, pero algo terminó por aplastarla y llamar la atención de los dos presentes. Un gran mazo morado con una estrella amarilla en sus lados aplastó la cinta, evitando que pudiera lanzarse contra Ao Bing. La dueña de este mazo no era nadie más que la bruja morena con sombrero de punta, que soltó el martillo y dejó su pie sobre él con una sonrisa.
—¿Cómo era? "Un mago nunca llega tarde ni temprano". —Ellie Orión citaba aquellas palabras mientras dos nuevos mazos enormes iguales al primero se materializaban en sus manos—. No podía quedarme sin hacer nada. ¡No por segunda vez!
El mango de ambos mazos se alargó, chocando con el suelo, impulsando a la maga de aura morada en contra del de delineador rojo y flores en su ropa. Giró en el aire alargándolos de nuevo, dirigiendo las cabezas en contra de Ne Zha. Estas herramientas arrasaban con el suelo a su paso, dejando líneas de tierra arrancada mientras buscaba alcanzar a Ne Zha.
—¿¡Qué tienen que ver los martillos con la ropa de bruja!?
Exclamó evitando los ataques de Ellie, que empezaron a ser respaldados por las cuchillas de hielo de cuatro aspas que se formaron cerca de Ne Zha y buscaron atravesarlo. Él las destrozaba con fuego y lanzaba ataques en contra de la morena, quien desviaba sus ataques con los mismos mazos giratorios.
—¡Ellie!
Ao Bing gritó, creando una enorme pared gruesa de hielo que se levantó al frente de Ne Zha, que cubrió sus costados y arriba de él, la única salida que tenía era regresar contra Ao Bing, pues tratar de abrir un agujero lo dejaría a merced del control del hielo. Ellie cayó de frente y lanzó rápido ambos mazos, que se agrandaron aún más, siendo del tamaño de una persona adulta. Ne Zha no tuvo tiempo de evitar los mazos. Así que apuntó su lanza contra ellos, liberando una potente descarga de fuego como un rayo que chocó con los martillos tratando de detenerlos.
Ellie utilizó mucha más aura para alargar más sus mangos, mientras que detrás de Ne Zha, dos estacas de hielo que salieron de la pared atravesaron sus hombros a traición. Los mazos avanzaron ignorando la resistencia del aura del adolorido asiático de rojo, que fue impactado por ellos, siendo estrellado contra el muro de hielo y atravesándolo a gran velocidad sin poder oponer resistencia.
Al salir por el extremo opuesto de la pared de hielo, rodó por el suelo cubierto de heridas y empezó a toser sangre violentamente. Ao Bing se dirigió a través del agujero mientras Ellie subía con su martillo extensible y gritaba con emoción.
—¡Eso fue fantástico! ¡Qué buen equipo hacemos, Bing!
Ao Bing apenas pudo escucharla por las gruesas paredes de hielo, pero un rayo de fuego atravesó su estómago a gran velocidad, llevándolo a toser algo de sangre y tapar su herida. Ne Zha. Aun en el suelo, había reclamado el aura de la cinta roja para poder seguir en el combate. En medio del dolor de Ao Bing, una esfera de fuego apareció cerca de él y reventó, causándole un gran daño dentro de aquel túnel.
—¡Bing!
Ellie cruzó el muro de hielo, solo para ver cómo Ne Zha empezó a huir, dirigiéndose a la bandera del equipo rojo, la cual estaba totalmente sola.