«Qué injusto».
Rachel limpió la sangre que salía por su nariz. Con tristeza observó las manchas rojas en sus dedos, una prueba irrefutable de que ella era frágil.
«Esto de verdad es tan injusto».
Su vista lagrimosa apuntó al cielo, observando decenas de explosiones que ocurrían debido a la pelea de los hermanos de hielo y fuego. Rachel apretó sus puños reuniendo algo de césped en sus delgados dedos. Buscó levantarse, ignorando el espantoso dolor que recorría todo su cuerpo, en especial su costado. Pensaba que tenía algunas costillas rotas.
«Se supone que me hice más fuerte para lograr hacer algo en momentos así».
La pelea de Jack volvió a llamar su atención. Lei Quiang fue herida gravemente en su brazo, mientras que el hombre cubierto de carne roja y bocas parecía cada vez más enojado. Rachel intentó dar un paso al frente, cayó de rodillas, colocando sus manos en el suelo para no golpear su rostro. Su aura le permitió saber lo que pensaban esas personas en aquel momento, sus emociones desbordantes que trataban de ocultar.
"Voy a matar a esa maldita china".
"¡Qué horrible poder! Casi arranca mi brazo".
"¡La gran yo no puede ser superada!"
"Que interesante está la situación... Casi me convencen de querer unirme".
"No puedo seguir cayendo en el juego de gastar el aura".
"¡No hay nadie mejor para pelear que tú, Ao Bing! Gracias".
Todos esos pensamientos y emociones llegaron a su cabeza y su pecho. Ira, orgullo, odio, ego, asco. Emociones que no eran suyas se arremolinaron en su débil cuerpo, que estaba a nada de caer rendido de nuevo sin poder hacer algo destacable. Rachel terminó olvidando cuáles eran sus propias emociones debido a esto, pero poco a poco, se recuperó a sí misma, dándose cuenta de que, a pesar de lo diferentes que esas personas eran, la realidad es que en su interior todos mantenían una emoción en conjunto. Un pensamiento impartido por aquellos operadores que Rachel no podía comprender.
"Esto es tan divertido".
«¿¡Qué tiene de divertido!? ¿¡Dónde ven la maldita diversión!?»
Alice usó su tentáculo para latigar el rostro de Jack por un costado. Lei Quiang se deslizó por su otro costado y conectó un golpe rápido sobre una de las bocas en sus costillas, antes de que su mano fuera atrapada por otra boca que se generó. El americano trató de tomar a la castaña de su cabello, pero logró evitarlo por escasos centímetros y, de un salto, Lei Quiang alargó la distancia entre ambos. La que no tuvo tanta suerte fue Alice, que terminó en el suelo cuando la masa de carne humana la golpeó en su rostro.
«¿Cómo soportan eso y se levantan para pedir más?... Mínimo, si yo soportara el primer golpe».
La última vez que Rachel se había cuestionado de esta forma al borde de las lágrimas había sido enterrada en sus recuerdos; creía que nunca volvería a pasar. Su arduo entrenamiento junto con las enseñanzas de Renate fueron casi como una bendición con la que creía que nunca volvería a suplicar de rodillas ser un poco mejor de lo que ya era. No sabía cuán ingenua fue en ese momento.
—Con aura, sin aura, sigo siendo tan patética. Pero qué desperdicio de tiempo fui para Renate y Lindsy.
Esas dos mujeres habían depositado su confianza en Rachel. Pero ella no sentía que de verdad estuviera cumpliendo con lo que ambas esperarían. Con dificultad se puso de pie, recostándose a uno de los árboles. Notó el sello del ojo de Odín. Sabía que ella la estaba mirando; no le cabía duda alguna.
—Es... Es difícil, Lindsy —dijo con voz quebradiza—. De verdad me estoy... Me estoy esforzando, pero no logro nada.
No sabía si ella siquiera podía escucharla; tampoco le importaba. Estaba hablándole a Lindsy y estaba segura de que eso era lo único que podía ayudarla ahora.
—Si vuelvo allá a ayudar, ni siquiera seré un estorbo. Zachary tenía bastante razón al respecto. No puedo compararme a ninguno de ellos... No sé si de verdad puedo llegar a ser la persona que quiero. —Rachel bajó la cabeza, limpiándose una lágrima Últimamente, cada que estaba en una situación así, tenía el abrazo reconfortante de su mejor amiga, pero aquí estaba sola en una batalla campal donde todos estaban tratando de derrotar a los demás; nadie vendría a ayudarla o preguntarle si estaba bien. Ni Carol, a quien empezaba a considerar un aliado y amigo, había venido a confirmar cómo estaba. No le molestaba; eran enemigos, al fin y al cabo; además, los dos conocen muy bien los riesgos de estas peleas.
Había olvidado cómo era sentirse de esta manera, aunque antes estaba muy mal acostumbrada a sentirse así, ahora le generaba un gran vacío en su pecho.
Rachel estaba sola.
—Solo tener sueños y ganas no bastan para cumplir lo que quiero... La vida no funciona de ese modo.
Rachel se fue deslizando en el árbol hasta quedar sentada. Permanecer de pie le generaba dolor, esperaría a que pasara un poco. Entonces se dio cuenta de que no habían anunciado los puntos de haber sido derrotada por Lei Quiang.
—¿Qué estás haciendo?... Apenas y puedo estar de pie, dale los putos puntos y envía a Percival por mí.
Se había dado por rendida. Esto no tenía sentido. En uno o dos meses que durase este enorme juego no iba a alcanzar a nadie de aquí; todos ellos estaban a un nivel diferente.
—Siento de verdad haberte hecho perder tu tiempo y dinero... Pero no creo que pueda, Lindsy.
Aun así, la voz de la pelinegra no se escuchaba, Rachel tomó la certeza de que entonces Lindsy podía oírla. Si viera que simplemente se tiró al suelo, ya hubiera dado los puntos. Esta era su forma de apoyarla.
—Me duele todo... ¿Por qué me pides que me levante? —se quejó mientras limpiaba sus lágrimas, en medio del llanto y la derrota, su compañera le estaba dando todo su apoyo—. ¿Qué es lo que harías tú en mi situación, querida amiga?
Solo pudo imaginarse a su adorada compañera enfrentarse con todas sus fuerzas a sus rivales, consiguiendo una cantidad exorbitante de puntos, de hecho, no la imaginaba perdiendo.
Luego pensó en Grace y Jesse, esforzándose por dar todo y levantándose por más lastimados que estuvieran.
Pensó en Jazka peleando en su elemento, manipulando las plantas y árboles a su alrededor para combatir y ser un apoyo.
Pensó en Luz, que sería una versión más débil de Ao Bing, solo limitada por su edad.
Todas las personas que ahora eran importantes para ella y la estaban acompañando hubieran logrado hacer algo en este momento, todos tenían ese algo que los volvía especiales y capaces, pero Rachel no tenía nada de eso.
En un último instante, entre las sombras de su mente se hizo una pregunta que le resultó asquerosa. No solo era asquerosa, era un insulto hacia ella misma. Algo por lo que debería romperse un brazo o ahorcarse hasta perder el conocimiento.
"¿Qué haría Adarza en esta situación?"
No pudo darle un resultado a esa pregunta, no por falta de conocimiento, sino porque le resultó espantoso.
—¿Qué tan... Patética puedo ser?... ¿En qué se supone que estoy pensando?
Rachel se abofeteó a sí misma, utilizando el árbol para levantarse, dirigió parte de su aura a la zona con más dolor para tratar de reforzarla y disminuirlo. Mordió su labio inferior, apretando con fuerza el estampado de arcoíris en su camisa.
—¡Él no se rendiría!... Esto es solo un poco de dolor. Matarme la cabeza no tiene sentido, ¿Verdad? —Rachel levantó su cabeza, mirando directamente al ojo de Odín, forzando una sonrisa, manteniendo en su mente al personaje de su serie favorita que tanto admiró desde pequeña—. Si no puedo soportar un poquito de dolor, no podría enfrentar a Adarza yo misma... Yo...
Rachel se maldijo, agachando su cabeza hacia el árbol, sintiéndose totalmente avergonzada de ese momento de debilidad.
—¡Lo siento! No quería ofender lo que han hecho por mí... Jamás volveré a pensar en algo como eso. Lo juro.
Esa camisa simbolizaba esperanza, después de todo, era una de las apariencias del personaje que tanto admiraba y era el regalo que inició con la amistad de la persona más preciada para ella.
—Claro que puedo hacer algo... ¡Quizás no hoy!... Ni mañana, pero un día, sé que un día, miraré atrás y veré a esta Rachel ¡Y me reiré mucho! Diciendo cosas como "Dios, de verdad era torpe y patética, qué bueno que cambié, te agradezco eso, Lindsy".
La mirada de Rachel se dirigió al trío que combatía como animales salvajes en un duelo territorial, pero entonces fue que Rachel miró mucho más allá. Aceptando totalmente su inutilidad.
—Mírame, Lindsy. Sé que soy patética, pero este pedazo de basura va a lucirse esta vez. ¡Y sí! Soy una inútil aquí, por supuesto, pero solo esta vez... Lo juro.
Una radiante sonrisa se plantó en el pálido rostro de la rubia, que miró en dirección al árbol antes de darle un pulgar arriba a su mejor amiga, ya sea que la escuchara o no. Rachel empezó a caminar, aclarando el paso gradualmente, acostumbrándose al dolor de estar de pie y existir en ese momento. Era verdad que era inútil contra estos monstruos, pero en algún otro lugar, ella podría realmente brillar como la estrella del show y, aunque no sea así, al menos demostraría su existencia y gritaría al mundo "¡Estoy aquí!".
Aprovechando que Carol no la seguiría y que Ne Zha estaba muy ocupado, al igual que Lei Quiang y Alice, continuó con el rumbo anterior al enfrentamiento, iría por la bandera. Tenía una pequeña suposición sobre lo que estaría por ocurrir, pero si ocurría, entonces había una ligera oportunidad de ganar.
«¡Por favor! ¡Debe funcionar!... Y aunque no lo haga, no pienso rendirme aquí. ¡Nunca más volveré a esos espantosos pensamientos!». Rachel estaba dispuesta a renacer por completo, dando paso a esa "Yo" idealizada quería tanto anhelaba. No volvería a sumergirse en desesperación o auto desprecio como excusa.
Entonces, pudo sentirlo de nuevo, aquella agradable sensación alrededor de su cuerpo, una que solo podría describir como un cálido abrazo familiar. Esto era lo que necesitaba para crecer, podía comprenderlo mejor. Ella no era un Operador como otros, no fue criada desde pequeña para ser una máquina de combate y menos tenía la experiencia. Lo que debía hacer era encontrar su propio estilo que la llevara a la victoria.
Solo entonces, Rachel Ficks podría permanecer fiel a sí misma.
«¡Es mucho más fuerte que yo! Tiene una mayor cantidad de aura y, para ser tan grande y musculoso, casi iguala mi velocidad y reflejos. ¿Qué clase de monstruos cría USA?». Lei Quiang era arrastrada por el suelo, arrancando la tierra por donde pasaba gran velocidad. El golpe de Jack era el responsable de aquella situación.
Sobre aquella fría tierra llena de verde césped y algunas rocas. Rodeados por árboles de roble, un gigante rojo se alzaba por sobre aquellas dos Operadores rivales.
Por más que trataban de rivalizar contra él, se veían brutalmente superadas, una lo sabía, mientras la otra forzaba su corazón a creer que era inigualable bajo los cielos, pero era notable para cualquiera que Alice y Lei Quiang se encontraban en pésimas condiciones. Sus ropas rasgadas, sus cuerpos llenos de moretones y marcas por aquella paliza, además de las mordidas en sus brazos o piernas. El mero hecho de atacar era bastante peligroso para ambas, un mal cálculo y esas horrendas bocas con enormes dientes triturarían tu brazo, y si eso no era suficiente, reventarte contra el suelo con una fuerza capaz de demoler rascacielos fácilmente te dejaría inmóvil en el piso.
Jack permanecía inmutable, caminando sin prisas hacia la castaña, dejando atrás el cuerpo de Alice, que luchaba por levantarse y no ceder dos puntos tan fácilmente.
«¡Solo tengo un punto! Prefiero morirme a dártelo, basura».
Hasta que no quedara inconsciente, Alice se levantaría una y otra vez, pues, aunque su fuerza no era capaz de dañar a Jack, pues nada parecía hacerlo, aún podía ser un soporte para Lei Quiang.
Por otro lado, la de ojos rojos se levantó del suelo tan rápido como pudo. Llena de tierra y con raspones por todos lados, lanzó una mirada retadora a su contrario, aún podía continuar, y perder no era una opción que pudiera seguir.
«¿Por qué parece que no lo lastimo? ¿La carne absorbe el daño? ¿Es implementen tan poderoso que no podemos herirlo? No. Lo último no es realista, ya hubiéramos perdido».
Lei Quiang pensaba más rápido que nunca, no era tan lista como Ao Bing, pero seguía sus corazonadas, que usualmente no fallaban... Usualmente. Si ella tuviera que apostar, iría por la primera hipótesis.
«Pero si tuviera que poner mi vida en juego, diría que está fanfarroneando para desmoralizarnos».
El aura siempre ha estado ligada estrechamente a la mente de un operador, y estaba muy claro que, si el Operador se daba por vencido, su aura se debilitaba en plena pelea. Presentía que Jack estaba haciendo justamente eso, su nivel de aura era superior al de Lei Quiang, sí, pero nada que no fuera capaz de manejar con sus reflejos y velocidad.
«Es el primer loco que veo que cambia estética por usos, me agrada».
Alice arrancó un árbol de raíz con su tentáculo, golpeando a Jack con él para tratar de enviarlo a volar, pero no pudo moverlo ni un poco de su posición inicial a pesar de conectar el golpe, lo único que ocurrió es que el árbol terminó siendo destrozado. Lei Quiang tomó algunos trozos de madera y astillas para lanzarlos a la única parte del cuerpo no cubierta de bocas y músculos, su cabeza, pero el rubio lo esquivó moviéndose a un lado. La asiática se lanzó en su contra, conectando un golpe en un costado evitando las bocas de Jack para luego saltar y tratar de patearlo en su rostro. Por mera lógica, su punto más débil debía ser el único no cubierto por la masa roja grotesca, pero su patada fue detenida por el más alto. Lei Quiang lamentó su movimiento tan precipitado; fue estrellada de espaldas al suelo. Alice corrió para tratar de detenerlo, pero el rubio rápido aprovechó el leve aturdimiento de la asiática para tomarla de su cabeza y rápido golpear con sus palmas abiertas sus costados.
La fuerza utilizada fue tan grande que sus oídos expulsaron un chorro de sangre, dejando aún más mareada a la de ojos rojos. El mundo perdió el equilibrio y sus sonidos. Dejando un agudo pitido.
Alice, al estar cerca, fue golpeada por el mismo cuerpo de Lei Quiang que Jack utilizó como bate. Decidió que había sido suficiente, así que estrelló el rostro de la mujer que sostenía contra el suelo, para dirigirse a Alice, que luchaba por ponerse de pie.
—¡Si no fuera un evento amistoso, ya te hubiera matado, basura! Créeme, solo eres un cabrón muy suertudo.
Alice se levantó, preparaba su tentáculo a la par que retrocedía sin darse cuenta. El aura de Jack fue fría, inexpresiva. El miedo en Alice creció, no quería perder el único punto que tenía.
«Me duele todo».
Lei Quiang se sentía extrañamente cómoda, la tierra estaba fría y no quería mover su cuerpo por el extremo dolor. De verdad pensaba quedarse ahí acostada todo lo que quedaba del evento hasta que las emociones de Alice llegaron a su aura. No podía escuchar nada, al fin y al cabo. Levantó su rostro y miró a la masa de músculos acercarse a la aterrorizada gótica que buscaba lucir fuerte.
«Alice está en problemas... Tengo que ayudarla». Su trabajo era proteger a la gente junto a ella, después de todo, era una guardiana. Quizás trabajaba totalmente para la familia Zhu, teniendo que proteger a los hermanos de hielo y fuego, pero ahora que Alice era parte de su equipo, temporalmente también debía cuidarla.
—... Alice, espera.
Ella trató de levantar la voz, pero no le fue posible, con gran esfuerzo se levantó e hizo más intensa su aura, provocando que Jack la mirase de reojo. Era admirable para él cómo en ese estado todavía era capaz de ponerse de pie. La castaña corrió en su dirección, pero a medio camino, terminó cayendo al suelo inconsciente. El rubio soltó un suspiro y detuvo el ataque sorpresa de Alice, que iba a la parte posterior de su cabeza.
—Maldita mocosa.
Lei Quiang abrió sus ojos. Miró a su alrededor y, algo somnolienta, notó cómo la alfombra blanca del enorme salón lleno de pilares dorados se había manchado de un líquido rojo. No pudo comprenderlo al momento, pero dio unos pasos hacia atrás con confusión.
—¿Ah? ¿Derramé jugo en la alfombra?
Su aura color verde gradualmente desapareció, y una mano con uñas pintadas de rojo y dedos largos de mujer la tomó de su hombro con suavidad.
—Bien hecho, Lei Quiang. Tuviste un maravilloso desempeño en esta ocasión.
Madame Zhu, la líder del clan Zhu, una de las tres grandes familias del congreso, lucía un hermoso y largo vestido de color bermellón con decoraciones doradas, justo los colores de la gran sala de entrenamiento donde se encontraban. Detrás de la mujer de cabello negro, varios miembros del clan cargaban en camillas a un grupo de niños, compañeros de estudio de la pequeña castaña.
—¿Qué les pasó?...
La niña, con alrededor de diez años, quiso acercarse a uno de sus compañeros, que la miró aterrorizado, estallando en llanto, buscando que los trabajadores alejaran a Lei Quiang. La castaña arrugó el rostro. Confundida, sus ojos se abrieron de par en par al notar cómo el brazo derecho de su compañero estaba torcido.
—Son nimiedades, mi niña. No tenían la fuerza suficiente y por eso terminaron así. —Madame Zhu buscó consolar a la confundida y pequeña. Acarició su mejilla con cuidado— Sigue así y pronto tendrás un lugar en esta familia, Lei Quiang.
La niña observó a la mayor. Ni siquiera sabía cómo tenía que seguir actuando. Después de todo, no recordaba nada de lo que había ocurrido.
Hay partes de mi niñez que no puedo recordar, aunque esto no es raro para mí. Casi toda mi vida he hecho cosas de las que no me acuerdo, pero soy alabada por ellas.
Llegué a la familia Zhu cuando tenía cuatro años, según lo que me dijeron, fui comprada por ellos en un mercado negro que capturaba Operadores jóvenes y los vendía. Se creía que mi familia fue una de las pocas que permaneció en China luego de que su división secreta en contra de los Operadores empezara a cazarlos sin descanso. Era muy probable que hubiera sido vendida a algún traficante de humanos luego de que mi familia fuera descubierta.
Desde que obtuve conciencia, siempre había escuchado hablar a todos los trabajadores de la familia sobre lo afortunada que había sido por la magnanimidad de Madame Zhu. Ya que por "hacer una buena acción" compró a una pobre niña que hubiera terminado en pedazos o en algo peor de no ser por ella.
Desde que cumplí seis, empecé a trabajar para el clan, así sea como personal de limpieza, pero debía pagar lo que hicieron por mí de cualquier forma. Me sentía feliz, a pesar de no tener padres, los trabajadores y sirvientas del lugar se volvieron mi familia y eran muy buenos conmigo. Debido a mi personalidad servicial y trabajadora, las sirvientas me decían que mientras permaneciera así toda mi vida, no tendría problemas si realizaba bien mi trabajo y nunca hacía nada que perjudicara a los Zhu.
Indagué más sobre nuestra historia y por qué estábamos en Estados Unidos. Entonces descubrí que la familia también fue expulsada hace unos siglos, a pesar de ser un poderoso clan de nobles Operadores. Incluso antes de que la cacería de nuestra gente fuera algo que el gobierno llevó a cabo, otros clanes de Operadores sacaron a la familia Zhu del poder y los obligaron a abandonar el país. El honorable abuelo de Madame Zhu terminó en Estados Unidos, trabajando para el congreso, y desde entonces el clan empezó a recobrar sus fuerzas.
Su objetivo era simple, y todos lo tenían claro, esta familia valoraba el talento y la perfección por sobre todas las cosas. No importaba de quién fueras hijo, o si tenías un pasado que quisieras borrar, si demostrabas tu lealtad con el tatuaje del clan en tu espalda y dedicabas tu vida a él, podrías tener una buena vida, pero si incluso resultaba ser un poderoso Operador, podrías aspirar a estar en los puestos políticos más importantes que el congreso había otorgado. Así que los niños del clan que fueran capaces de usar aura eran llevados al límite para encontrar algún talento oculto que llegara a ser equiparable con el heredero del clan, que llevaba el nombre del niño demonio y otro huérfano adoptado que, por su talento, se volvió el hermano jurado del nieto de Madame Zhu.
Jamás aspiré a llegar a puestos tan importantes, solo quería vivir una vida normal, y lo único que me hacía diferente al resto era mi extraña condición que me dormía en los momentos más inoportunos, pero lo dejaban pasar mientras no causara desastres.
Entonces, un día, alrededor de mis nueve años, Madame Zhu personalmente me pidió que tratara de probarme en los entrenamientos de combate, debido a que desperté mi aura a una edad temprana y supe dominarla con naturalidad. Sentí muchos nervios, pero si la gran señora lo pedía, no era quien para negarme.
Terminé durmiéndome a mitad del combate mientras recibía una paliza. Nunca había tenido una pelea, así que fue natural para mí fallar... Solo que, cuando desperté, me encontraba en mi cuarto, acompañada por la líder del clan.
"Tu desempeño fue excepcional". Dijo mientras mantenía una sonrisa gentil, pero su mirada parecía estar observando una gema preciosa. Podía notar esa extraña sensación.
No volví a ver a ese niño con el que peleé por primera vez, pero los demás empezaron a temerme y yo no lo entendía. Prueba tras prueba, mis compañeros me decían que yo era demasiado violenta y fuerte, que no tenía sentido enfrentar una fuerza tan abismal. ¡Yo no podía recordarlo! ¡Quería saber! ¿¡Por qué me temían!? Sí, yo solo cumplía con las órdenes de Madame Zhu.
Cuando cumplí doce tuve una respuesta. Me llevaron a un cuarto donde pude ver alguna de las grabaciones de los combates y no pude creer lo que veía. Era como una bestia salvaje sedienta de violencia que, no importara cuánto suplicaran los demás, no se detenía hasta que sus rivales quedasen inconscientes. Tuve miedo de mí misma.
Era espantoso. Había lastimado a mis compañeros de las peores formas sin siquiera saber, además de que no tenían permitido explicarme completamente lo que ocurría. Rompí piernas, brazos, huesos, narices. Todos mis golpes estaban cargados de una fuerza devastadora.
Entonces pedí ver el video de mi primer entrenamiento y, aunque los demás no parecían seguros, Madame Zhu les ordenó colocarlo, fue entonces que pude ver el trágico destino del niño, siendo atravesado en su pecho por uno de mis puños. Dormida; mi cantidad de aura había superado por mucho la suya. Lloré, lloré a mares, aunque no había tenido control de mí misma, maté a alguien en ese estado de sueño.
Quise pedirle a Madame Zhu que no me permitiera participar por mi descontrol, pero ella se negó. Poco a poco entendí que, luego del primer entrenamiento, pasaron a ser extrañas pruebas para confirmar mi estado, al que nombraron "Caos primordial". Incluso era capaz de distinguir a quién atacar mientras se me hubiera dejado claro antes de dormirme, si una nueva persona era introducida al combate de la nada, mi cuerpo reaccionaría a sus intenciones hostiles. Así que sabían muy bien cómo controlarme.
Por más que mi corazón no quería seguir, las órdenes lo fueron todo. En ese tiempo me sentí sola y temida por los chicos de mi edad, además de que, por mis nuevas labores, ya casi no tenía tiempo para hablar con quienes fueron mis amigos cuando solo era una trabajadora de limpieza.
Me sentía como un arma, una herramienta triste que no podía llevarle la contraria a su dueño.
Entonces, a los 14 conocí al señor Ne Zha y Ao Bing. Me dieron el título de "Guardián de las perlas del clan". Mi trabajo consistía en ser su amiga, entrenar con ellos e informarle de todo a Madame Zhu, yo sería sus ojos y oídos.
Ellos no me temieron, de hecho, decían que cuando dormía era un guerrero digno de enfrentar, y por más veces que yo despertara, los tres estábamos llenos de moretones y seguían sin temerme. Con ellos, me sentí como si tuviera dos hermanos mayores que me comprendían a la perfección, incluso cuando conté todo sobre mi pasado y las pruebas, ellos me aceptaron.
Dejé de considerar mi habilidad como si fuese una carga y decidí que usaría toda mi fuerza para protegerlos a ellos y a Madame Zhu. Por fin había encontrado otra forma para utilizar los colmillos de una bestia salvaje. Mi vida obtuvo un propósito nuevo, uno que me hacía sentir feliz: Cuidar a mi familia.
Y cumpliría mis labores de guardián hasta el día de mi muerte. Para pagarle al clan y a mis hermanos todo lo que hicieron por mí. Le dieron una segunda oportunidad para vivir a una niña que lo había perdido todo.
Jack estrelló a Alice contra un árbol, pero la de enormes cabellos rizados permanecía consciente, gruñendo mientras trataba de morder el brazo espantoso del rubio.
—Lo único bueno de ti es que sabes aguantar golpes.
—Te sacaré las putas tripas.
Alice le escupió al rostro. Jack frunció el ceño y tomó a la pelinegra de su cabeza. Agrandando un poco más su brazo de carne. Aplicaba presión, provocando que Alice pataleara y soltara algunos jadeos de dolor, pero antes de dejarla inconsciente, el estadounidense se dio rápido la vuelta al sentir un punzante peligro fugaz aparecer de repente. La castaña ya estaba a su lado, con los ojos cerrados y sin una expresión clara en su rostro, además de algo de baba que caía por su boca. Jack conocía ese estado al haberlo visto en las grabaciones, pero no esperaba tal aumento en su velocidad. Soltó a Alice y buscó aplastar a la asiática, que esquivó su golpe sin problemas hacia un costado, luego evitó el segundo. Y antes de que se diera cuenta, su rostro fue impactado por el puño cargado de la china durmiente, que lo lanzó varios metros más dentro del bosque.
Alice levantó su mirada mientras tosía, soportando el espantoso dolor de cabeza. Frente a ella, Lei Quiang tomaba su pose de combate, quedando de pie en una pierna mientras levantaba la otra que permanecía flexionada. La gótica quedó en blanco, pero lo primero que pensó con una sonrisa en su rostro es que su compañera ahora mismo parecía un demonio.
Taara se cruzaba de brazos, recostada a la asta bandera de su equipo. Debido al berrinche de Alice, le permitió ir esta vez y Engel se quedó a acompañarla. Veía justo que todos tuvieran su oportunidad de brillar al menos una vez.
—Dios, allá es un caos. Cómo se nota que todos quisieron divertirse en esta ronda.
Observó de reojo a Engel luego de decir aquellas palabras, pudo notar cómo la danesa soltó un suspiro de alivio. Le era curioso, no era una operadora que superase el promedio, pero aquí estaba tratando de dar todo de sí.
—Sabes, eres muy parecida a Rachel Ficks en ciertas cosas.
Engel se dio la vuelta, mirando a la chica con un punto rojo en su frente. Decidió no decir nada y regresó su mirada al montón de árboles frente a ella, el silencio volvió a apoderarse de aquel lugar. Engel no quería hablar luego de la humillación que vivió en la ronda anterior.
«Caí de solo un golpe... Ah, qué patético fue eso». ¿Cómo podía siquiera tener el valor de mostrarse luego de eso? Era lo que pensaba la joven, pero el sonido del viento siendo cortado la alertó para encender su aura rojiza y detener una piedra que fue lanzada en su dirección. Engel quedó confundida, pues pensaba que todos estaban combatiendo ahora mismo, pero no pudo evitar sonreír ligeramente al ver a la rubia de gabardina gris salir de entre los árboles totalmente sola.
—Cuánto valor, Rachel. ¿Tuviste que huir con la cola entre las patas del campo de batalla? Demasiado audaz para ti venir aquí luego de la última vez.
Taara observó ese repentino cambio de actitud, alejándose del asta bandera mientras sonreía y saludaba a Rachel con su mano.
—Elegí el camino largo después de todo. Tengo que aguantar ahora este camino sin dudar.
La respuesta de Rachel confundió a la danesa de abrigo rojo, pero miró de reojo a su compañera y se señaló con su índice.
—Déjamela, ella es mía.
—Sácala del área y haz lo que quieras entonces, no pierdas.
Engel caminó hacia la pálida joven, tratando de leer su aura, pero la hija del más fuerte tenía un excelente control sobre ella. Lo único que podía leer era una intensa determinación de victoria en los ojos azules de Rachel.