—¿Qué es lo que más te gusta de ser una Operadora, Taara? —Preguntó gentilmente la mujer con un vestido negro ajustado en su torso, con un corsé integrado. Se acomodó su cabello lavanda, sentada en una silla reclinable con sus ojos dorados puestos en su aprendiz.
Taara buscaba calmar su respiración. Su cuerpo sudoroso solo llevaba una camisa roja junto a unos shorts negros. Había practicado toda la tarde para refinar las características del Manto Estelar; al fin había creado su operación según lo que le gustaba. Gracias a que su padre era dueño de una empresa de investigación espacial, su gusto por el vasto cosmos se arraigó en ella desde muy pequeña.
Rodeada por aquella aura negra con brillos blancos, sus ojos al borde de las lágrimas miraban con emoción aquella esfera de aura que imitaba la forma de un cuerpo celeste rodeado por un gran anillo, podía sentir sus efectos en su cuerpo, los cuales eran hacerla mucho más rápida.
No escuchó las palabras de su mentora y amiga, pero gracias a la situación, la respuesta inconsciente que escapó de su boca calzó a la perfección con el momento.
—Superar los retos que te propones... Es la sensación más maravillosa de este mundo.
Ibb no dijo nada, regresó la mirada a su celular, alegrándose de que su aprendiz fuera por buen camino.
—Tienes tanto que aprender, Taara, pero iniciaste con el pie derecho. Mejor que la mayoría de operadores. Le debes eso a tu fabulosa maestra.
Taara seguía sumergida en sus pensamientos, esbozando una gigantesca sonrisa. El brillo en sus ojos se apagaba poco a poco, recuperando su usual tono marrón.
Sus ojos se agudizaron, emanando un brillo inusual, mientras que las comisuras de su boca se curvaron en una sonrisa que era incapaz de demostrar toda la emoción de la joven con un punto rojo en su frente. Saturno se materializó a unos metros, al igual que la Luna. Taara esquivó la patada, moviéndose hacia atrás mientras La Luna jalaba a la china durmiente. Con aquella combinación apenas fue capaz de evitar la patada que se clavó en el suelo, que por el impacto fue destrozado en cientos de fragmentos mientras una gran cantidad de polvo se levantaba.
Aun con el conocimiento bien claro de que esa patada pudo haberla dejado con alguna incapacidad, Taara mantuvo aquella emoción insana y desbordante, utilizando a la Luna para evitar el siguiente puñetazo mortal de Lei Quiang, que apenas se veía afectada por la fuerza gravitatoria, que solo la movía un poco a cada momento.
—Eres un monstruo, ¡Y me encantas! ¡Me gustas mucho!
La distancia entre las asiáticas se cortaba y alargaba en cada momento, debido a los escapes constantes de Taara y la insistente persecución de Lei Quiang, quien lanzaba una serie de puñetazos y patadas a su contraria. La india forzaba al máximo su cuerpo para esquivar cada ataque por escasos centímetros. No había posibilidad alguna de contraataque en aquel momento. Taara utilizó la Luna para alejar a Carol Ardelean de la bandera Azul, lanzándolo no muy fuerte lejos de aquella pelea, pues no parecía tener intención de moverse.
—Qué amable. —respondió sin ganas, bajando su celular para disfrutar a ambas mujeres combatiendo, ya se había aburrido de jugar.
«Su fuerza es casi tan devastadora como la de Jack, pero todos sus movimientos son incluso más veloces, si desactivo la Luna, incluso será más precisa en cada golpe, si desactivo Saturno, me será imposible esquivarla».
"Lei Quiang suma dos puntos".
Ninguna de las dos combatientes prestó atención a la voz de Lindsy. La de camisa floreada soltaba ligeros ronquidos a la par de una tanda de golpes cargados de un aura verde. Sus patadas y puños cortaban el aire como potentes látigos, buscando destrozar a su oponente sin darle descanso. Incluso dormida, la narcoléptica sentía las intenciones de combate de Taara y reaccionaba a ellas. En un intento fallido de barrido con sus pies, sus manos tomaron algunas rocas en el suelo que fueron lanzadas desde una posición incómoda para cualquiera, pero esta joven parecía no tener ningún problema gracias a su asombrosa flexibilidad y rápida reacción.
Taara esquivó algunas de las rocas, hasta que una atravesó su antebrazo como una bala, quedándose alojada en él. La india se mordió el labio, ese dolor no era más que gajes del oficio. Dirigió más potencia a Saturno, mientras buscaba alejarse del demonio durmiente que retomo su persecución, buscando aplastar la cabeza de Taara con múltiples patadas descendentes que destrozaban el suelo.
«¡No tiene intención de contenerse!» Pensó Taara: sería un insulto para su oponente y un suicidio para ella si no daba todo de sí de igual forma. Por un momento quiso utilizar cierta carta bajo la manga, pero aún no estaba totalmente segura de ganar incluso si la usaba.
Decenas de cometas se formaron en el cielo. Lluvia de estrellas se desató con furia sobre la china, quien cazaba sin parar a su presa. Un cometa fue contra su rostro, pero un golpe rápido de la china lo hizo desaparecer en pedazos como un globo chocando con una aguja. Con rápidos movimientos, cada patada y golpe detenía cualquier cometa que se dirigiera a ella, reaccionando con tiempo incluso a los que venían por sus costados y espalda. Taara se detuvo con asombro, admirando embobada aquella demostración de talento innato de aura y artes marciales. Cuando pensaba que Ne Zha y Ao Bing eran monstruos, había llegado esta mujer a dejar la vara más alta estando dormida, literalmente.
Pero este era el mundo que adoraba Taara.
Un mundo lleno de gente sorprendente que podía llevar las cualidades humanas a un nivel totalmente nuevo, ya sean artistas que en un mes lograban lo que otros se esforzaban por conseguir en un año, hombres que sin aura levantaban así sea por unos segundos cientos de kilos llevando al máximo su cuerpo, Operadores que ya fuera por esfuerzo o la bendición de algún dios, sobrepasaban el límite de lo posible y se alzaban sobre la cima.
«¡Los límites del mundo están hechos para romperse!»
El brillo en sus iris se intensificó. Una descarga repentina de aura recorrió su cuerpo, sintiendo más poder que nunca mientras aquel manto negruzco alrededor de su cuerpo comenzaba a retorcerse como una bestia tentacular buscando ser liberada. Los cometas aumentaron su brillo y velocidad, obligando a la china a ir incluso más rápido, pero en un movimiento casi estúpido o demasiado osado, la pelinegra había cerrado distancia entre ambas, esquivando sus propios cometas qué continuaban dirigiéndose hacia Lei Quiang. Quería actuar antes de que sus cometas se acabaran.
El puño de la india buscó impactar la mejilla de su adversaria, que, con baba en su mentón, llevó la cabeza hacia atrás, evitándolo por poco. Tomó el brazo de Taara y la jaló con fuerza, conectando un destructivo rodillazo que expulsó el aire de su cuerpo, obligándole a escupir una gran cantidad de sangre.
En medio del desbordante dolor, Taara Yadav, que había cazado retos la mitad de su vida, continuaba manteniendo aquella sonrisa de emoción.
—¡Júpiter!
Su planeta por excelencia hizo acto de presencia, teniendo que sacrificar a la Luna por este arriesgado plan. Con esta nueva descarga de aura qué había incrementado sus reservas, le era posible utilizarlo a una potencia superior a la anterior. Lei Quiang sintió su cuerpo más pesado enterrando parte de sus pies en la tierra e impidiéndole terminar con el trabajo. Había sido paralizada.
Taara incrementó su distancia, estirando sus brazos mientras exclamaba con gratitud.
—¡Creía que todo aquí sería superaburrido si no era contra ese trío de monstruos! —Con cada palabra, varias gotas de sangre escapaban de su boca, pero ella no le tomó importancia—. ¡Gracias, Lei Quiang! Llevaba tiempo sin sentir esta maravillosa sensación. Romper mis límites, incrementar mi fuerza. Cada reto es como una enorme estrella en el cielo, ¡Y hay cientos! Mi cielo está repleto de aquellas estrellas.
El cuerpo inmóvil de Lei Quiang recibió de lleno nuevos cometas que se generaron, causando un daño significativo en la castaña, pero la intensidad de su aura se incrementó ante el peligro que ahora Taara representaba. Lei Quiang, con esfuerzo, dio el primer paso, luego el siguiente y a medida que avanzaba hacia Taara, le era más fácil caminar. Pronto sería inmune a la nueva fuerza de Júpiter. Era un monstruo que, sin importar cuántos cometas impactaran su cuerpo, seguía avanzando sin dudar, luego de acostumbrarse aún más, empezó a destruir los cometas que se dirigían hacia ella para minimizar el daño.
—Por más que quisiera alcanzarlas, muchas estrellas estaban demasiado lejos, otras eran demasiado grandes para mantenerlas entre mis dedos —dijo con melancolía, observando sus pequeños y frágiles dedos—. Otras eran tan deslumbrantes que ni podía verlas... Pero, ahora hay una estrella que puedo alcanzar.
Lei Quiang se liberó de la presión de Júpiter, dando un salto en dirección a Taara, dirigiendo una monstruosa cantidad de aura a aquella patada descendente con toda la intención de reventar a su rival.
—¡No dejaré ir esta estrella! ¡Aunque me mate!
Porque Taara temía más a la oscuridad de un cielo sin estrellas que a la misma muerte. No veía la pena vivir en un mundo sin ellas. Decidida a darlo todo, tomó aquella estrella. Brillante, preciosa, infinita, a la cual le preguntó con suavidad.
«¿Qué es lo que podré hacer contigo?»
Taara cargó su puño con toda su aura, lanzando un golpe al aire por instinto, hacía mucho tiempo que había decidido qué haría con la siguiente estrella que tomara en sus manos.
Frente a Taara, la realidad se quebró, creando un espacio distorsionado con brillos morados alrededor, su puñetazo entró directamente en aquel vórtice, mientras que otro apareció frente a la china que estaba a punto de destrozarle el cráneo, pero el puño emergente de Taara la golpeó en el rostro, enviándola varios metros hacia atrás, regresándola al área de efecto de Júpiter que la tiró al suelo de forma inmediata.
Taara sacó su mano de lo que llamaría Agujero De Gusano. Ignorando todo a su alrededor, como si flotara en un vacío infinito, Taara miró su puño con asombro, el mismo asombro qué había sentido al crear cada una de sus habilidades anteriormente e incluso en aquel momento. Su ego le exigió no perder el tiempo e ir por su siguiente estrella.
El brillo en sus ojos desapareció, regresando a su tono normal de marrón, había recuperado una gran cantidad de aura, pero reforzar Saturno y utilizar Agujero De Gusano agotaron esa nueva reserva recién nacida.
—Vamos... No te levantes.
Había golpeado a Lei Quiang con casi todas sus fuerzas. Aunque no fuera afín al combate físico, estaba segura de que su golpe había sido muy efectivo. Ella rezaba que así fuera.
Lei Quiang abrió sus ojos, confundida por aquella situación, pero a pesar de no recordar nada, aceptó con rapidez el problema en el que estaba. Reforzó su cuerpo para levantarse, sintiendo un intenso dolor en su rostro, sin haberse percatado de que su nariz no paraba de sangrar.
—¿Golpeando a una indefensa damisela mientras duerme? Eres despreciable. —Exclamó burlona, empezando a caminar fuera del área de Júpiter con dificultad.
Taara soltó un suspiro, luego su espalda sintió un choque eléctrico por el miedo naciente de ver a su oponente caminar como si nada hubiera pasado. Esta era la barrera entre combatientes de cuerpo a cuerpo contra combatientes de media y larga distancia.
—¿Indefensa? Casi me dejas en coma como 15 veces. —Estaba a punto de utilizar todas sus fuerzas en Saturno, pero apenas Lei Quiang dio un paso fuera de júpiter, un agudo pitido se llegó a los oídos de ambas.
"¡La primera ronda ha terminado! ¡La victoria es para el equipo rojo! Todos consiguen un punto y Taara obtiene un punto de bonificación por mantenerse 4 minutos en el área de 15 metros y ganar el evento".
El anunció terminó luego de eso, Taara tardó en entender la situación, manteniendo su silencio hasta por fin comprender que había ganado, no sentía que hubieran pasado cuatro minutos, pero consiguió lograr mantenerse en el área. Por aquella emoción había olvidado que ese era su plan desde el inicio.
Taara cerró sus ojos, dejándose caer de rodillas al suelo, sintiendo como todos sus músculos se relajaban al instante. Bajó su cabeza y levantó su mano al cielo, cerrándola con fuerza como si acabase de atrapar algo. Gritó con toda la fuerza que le quedaba. Escuchando los aplausos resignados de la otra asiática.
—¡Victoria!
Sin que estuviera presente, Taara podía imaginarse a Ibb apartando la mirada con una sonrisa, orgullosa de que su amiga y aprendiz estaba cada vez más cerca del cielo.
Los combatientes fueron trasladados por Louis y Fred, llevando a los heridos a la enfermería, donde fueron tratados por una mujer con bata de doctora, pero lo más característico en ella era su liso cabello turquesa que llegaba a los hombros, las puntas de este estaban teñidas de blanco y aquella mujer rondaba entre los 35 y 40 años.
—Vete de aquí. Busca otro lugar para estar de vago.
Golpeó la cabeza de Carol con un libro grueso, el afeminado no estaba lastimado, pero se había acostado en una de las camillas del cuarto de enfermería del equipo azul. Carol cubrió su cabeza y se deslizó como una serpiente de la cama para salir de la habitación con velocidad.
—Vaya. Un milagro que el bastardo pueda correr.
—Parece que sí se esfuerza cuando le conviene.
Zachary y Joao estaban sentados en una camilla, la excelente habilidad de sanación de la señorita Mary Scott curó por completo los daños en todos los heridos, quedando como remanente un leve entumecimiento molesto que se iría a más tardar mañana. Todo el equipo azul estaba en aquella enfermería improvisada en la casa gatuna de Kurt Bradley.
Lindsy había llegado hace un momento, con ella había traído una pizarra que tenía las calificaciones actuales de todos:
Taara: +4
Ne Zha: +3
Jack: +3
Ellie: +1
Alice: +1
Engel: +1
Lei Quiang: +1
El resto de los nombres se encontraba en un desalentador cero. Joao observaba la tabla como un niño que sabía que cuando sus padres vieran aquellas calificaciones solo podría esperar una paliza y dos semanas de castigo.
—Qué suerte que soy el único de mi familia interesado en esto. —Susurró con una sonrisa desgastada. Solo le quedaba burlarse de su propia incompetencia.
—No seas tan duro contigo mismo. —Zachary palmeó la espalda de su compañero, levantándose de aquella camilla—. Solo fue la primera ronda, esto puede cambiar en cualquier momento. ―Con un tono más entusiasta de lo usual, Zachary señaló la puerta con su mentón, indicándole qué salieran a caminar ambos— Esforcémonos más para la siguiente ronda y consigamos algunos puntos.
—¡Sí! —Joao asintió con decisión, levantándose de un salto de aquella camilla, mirando al resto del grupo—. ¡Gracias por su esfuerzo! Demos lo mejor en la siguiente ronda, ya seamos aliados o rivales.
—¡Sí! Digo lo mismo. —Ao Bing fue el único que respondió con una determinación y totalmente renovada. Los demás mantuvieron su silencio.
Luego de aquellas palabras de aliento, el dúo salió caminando por el pasillo morado y Zachary, con esta nueva privacidad, no tardó en preguntar con interés.
—¿Qué me puedes decir de Rachel Ficks?
Mary soltó un bostezo, curar a tantos heridos le había dejado algo cansada. Observó a la juventud con algo de envidia, pero le alegraba saber que la nueva generación de Operadores estaba llena de espíritu. Además de que había ciertas joyas escondidas en ella.
«Esa india, Taara, no me extrañaría que en diez o quince años esté reclamando el puesto de Arthur. Tiene un talento innato para comprender su propia aura».
Al otro talento que le había echado un ojo era a esa mujer con ropa tan peculiar de bruja. La latina Ellie poseía un increíble potencial que bien utilizado podría superar a la mayoría de operadores jóvenes que conocía.
—¡Aagh! No puedo creer que hayamos perdido. La mayoría del enfrentamiento estuve dormida. No pude disfrutar nada. —Lei Quiang se quejó junto a Ao Bing, tomándolo de su hombro para empezar a mangonearlo de un lado a otro—. ¡Y ese bastardo se nos adelantó un montón! ¡No puedes perder contra él de nuevo, Bing! ¡Si queda en un puesto más alto que ambos tendrá los humos llegando al sol por un año, Bing! ¡Debemos romperle las piernas para que no participe el resto de los juegos, Bing!
—Solo deben curarlo y reposar dos días para volver a ser una lacra. —respondió el de delineador azul, deteniendo los brazos de su compañera—. La siguiente vez no tengo intención de perder, así tenga que dejarle caer un iceberg encima.
El solo hecho de imaginar a Ne Zha veinte veces más insufrible le era suficiente como para considerar la idea de mudarse por un año entero. Debía encontrar una forma de vencerlo, toda su derrota había recaído en su ingenuidad por caer en el engaño de la cinta. Pero en su familia no existían los "pero" o "si hubiera". Aceptó su derrota y pensó en cómo debería mejorar para la siguiente ocasión.
—Ahora solo queda felicitarlo. Adelántate, ya me imagino como está.
—¡Voooy! Perro bastardo, si se burla le sacaré dos dientes. ―Aceptó Lei Quiang de mala gana.
—Mejor voy contigo.
Ao Bing y Lei Quiang se inclinaron ante Mary Scott y Lindsy Logan para demostrar su agradecimiento, luego salieron a toda prisa para buscar a Ne Zha en la enfermería del equipo rojo.
Lindsy los vio irse, pero luego su mirada pasó a la rubia sentada en una camilla junto a un espejo. Observando la sábana con la que cubría la mitad de su cuerpo. Su rostro no le permitía a Lindsy saber en qué estaría pensando, pero ahora mismo Rachel estaba totalmente perdida en su propia mente.
«Ray, lo siento tanto».
Lindsy se lamentó en el fondo de su corazón. Buscaba mostrarle a Rachel lo injusto que el mundo de la Operación podía ser. En cualquier momento podías encontrarte a alguien del bando contrario que te supere en todo y te mate. Obviamente los Logan no buscarían involucrarla en conflictos tan peligrosos, pero uno nunca sabía las vueltas que el destino tiene preparadas para las pobres almas que buscaban seguir con su día a día.
Lo único que le daba consuelo a Lindsy y evitaba que ella pensara que era un monstruo sin corazón era que Rachel seguía siendo una inexperta sin operación que apenas estaba gateando en aquel mundo desconocido. No importa a quién se enfrentara en esa ronda, el resultado, obviamente, sería una derrota aplastante contra la rubia con estampado de arcoíris en su camisa roja oscura.
Lindsy sintió que su corazón dio un vuelco, no podía soportarlo y dio pasos rápidos hacia Rachel, siendo detenida por la doctora Mary, que la tomó de su hombro.
—Son amigas y quieres apoyarla, pero esta derrota fue únicamente de Rachel. Ahora mismo su cabeza podría ser un revoltijo, así que tú espera un rato más... Yo me encargo. —Mary apartó a Lindsy. Acercándose a Rachel.
Lindsy estuvo de acuerdo, asintió con la cabeza antes de colocar sus dedos sobre sus labios y lanzarle un beso rápido a la rubia para retirarse al pasillo.
«Sé fuerte, Rachel. Esto apenas es el principio».
Mary se detuvo junto a la camilla de Rachel, acercando una silla para sentarse. La anterior parecía estar hipnotizada, apenas pestañeaba cada cierto tiempo, hundida en sus pensamientos.
«¿Qué era lo que debía hacer? Si me hubiera mantenido ahí, solo hubiera recibido un cometa y me hubieran noqueado. ¿Quizás debí soltarme al mismo tiempo que Joao? Tardé demasiado decidiendo que hacer en pleno combate, si hiciera eso contra Adarza, me arrancaría la garganta antes de que yo del primer golpe. ¡Qué frustrante! Si él hubiera tenido a alguien más como compañero, hubiera podido ganar y avanzar para enfrentarse a Ellie y Alice. Si tan solo tuviera más aura. ¡Ah! Hubiéramos ganado, maldita sea».
Su mirada azul se clavó en su nombre sobre aquel pizarrón, más específicamente, en ese horrendo "cero" que está junto a su nombre. No ganó ni un punto y, más importante, no había aprendido nada que no fueran técnicas para escupir el polvo y la tierra de la boca.
«¡Necesito seguir avanzando! Este lugar está aún muy lejos de donde está esa Rachel que quiero».
—Rachel Ficks.
Con un pellizco en su mejilla que la regresó a la realidad, Rachel dio un pequeño salto, volteando a ver a la mujer que la sacó de sus pensamientos.
—Ah, perdón ¿Me estaba hablando?
—No, es que por tu cara pensé que un cometa había dañado algún lugar importante en tu cabeza.
La expresión en el rostro de Rachel se endureció. Por el tono de la doctora no sabía si lo decía en broma o era en serio.
—Bueno, dejándome de bromas, ya estás recuperada. Solo fueron algunas fracturas, nada muy grave, pero te digo, tuviste bastante suerte.
—Creo que su definición de "suerte" está en un mundo diferente al mío.
—Pudiste haber enfrentado a alguien peor. —Mary dijo aquello con una ligera sonrisa. Rachel trató de mantener su expresión, pero terminó riendo un poco mientras negaba con su cabeza.
—Me di muchas esperanzas, no sé en qué estaba pensando desde un inicio. —Agregó, alejando su mirada a algún lugar distante de la habitación—. Que idiota fui.
—No está mal tener una estima alta y esperanzas, pero también debes mantener claro tus límites, Rachel. Conocer las habilidades del rival antes de cualquier acto apresurado sería lo básico. No solo ganas con fe y voluntad.
—Estuve entrenando duro casi un año, es normal que crea tener alguna oportunidad.
—Estos niños llevan entrenando la mitad de su vida. —la doctora se sentó con una pierna sobre la otra, observando como Rachel bajó su mirada sin más excusas—. Nada te garantiza que tu esfuerzo te permita ganar, es bueno darlo todo de sí, pero si por confiarte te matan, entonces tu entrenamiento y esfuerzo no habrá servido para nada.
Rachel sintió su pecho estrecharse. Si algo malo le llegara a ocurrir por su inconsciencia, todo lo que Lindsy había hecho y las únicas esperanzas de solucionar su error ante Chloe desaparecerían solo por su estupidez. No había tenido ese pensamiento en batalla.
—¡Pero es que ni siquiera pude hacer nada! Antes de darme cuenta, ya estaba teniendo un festín de tierra.
Con desesperación, arrastró sus dedos por todo su rostro, llevando su cuerpo hacia atrás mientras soltaba un pesado suspiro. El resultado de su esfuerzo de casi un año había sido ese, aunque luego miró hacia atrás en su pasado y se preguntó.
«¿Acaso la yo del pasado habría soportado eso?». La conclusión más obvia era un rotundo no.
Mary se mantuvo en silencio, notando por el cambio de expresión de Rachel qué había concluido algo.
—Es verdad, todo lo que he hecho me ha ayudado a avanzar, así sea lentamente... pero quiero seguir aprendiendo de ellos, son increíbles. Y la única manera es estando en el mismo campo de batalla.
Mary cerró sus ojos y asintió ante la conclusión de la rubia, levantándose de aquella silla.
—Si eso es lo que tú crees, está bien. Pero cuídate mientras lo intentas, no llegarás a ningún punto si te parten en dos. —Mary se rascó su mejilla, ahora tendría que estar preocupada por la joven en todo momento. Esperaba que desistiera al ver que aún no era rival para estas personas—. Eres tan obstinada como él.
Rachel no se sorprendió ante aquellas palabras, pero sintió una ligera molestia al ser comparada con Arthur. Esas puntas blancas en su cabello y su nombre le habían dejado claro que era la M de A.L.L.M.A. Una compañera de Lawrence y Arthur en su juventud.
—Escuché que la relación entre ambos es horrible, pero te comprendo. Ese bastardo y el señor eléctrico siguen siendo niños. Niños malcriados con un gran poder, desgraciadamente.
Los ojos de Mary se estrecharon mientras pensaba en Lawrence. Para Rachel era bastante obvio por sus gestos que ninguno le agradaba mucho, pero parecía tenerle cierto cariño a aquella época.
—Odio a ese tipo, es un bastardo idiota que no pensó en las consecuencias de sus actos.
«Y eso solo hace que yo sea más parecida a él». Pensó Rachel con asco bastante notable. Mary soltó una pequeña risa y se alejó hacia la puerta.
—Veo que también te diste cuenta, pero hay algo positivo en el mundo del aura, y es que la manzana casi nunca cae muy lejos del árbol, Rachel... Así que quizás deberías preguntarle a él como avanzar.
Mary salió de la habitación luego de aquellas palabras, observando a Lindsy estar recostada junto a la puerta. Rodó sus ojos, jalando a Logan de su oreja, alejándola del lugar mientras la joven se quejaba de dolor.
Rachel negó con la cabeza. Su corazón no aceptaría recibir la ayuda de Arthur, recurriría a todo menos a eso. Su mirada fue al espejo a su lado, sintiendo desprecio hacia su propia imagen, pero a pesar de lucir casi igual, solo que con unos músculos más y unos kilos menos, muchas cosas habían cambiado.
—Sí, supongo que en todo viaje a veces se tiene que retroceder un poco para luego seguir avanzando. —Dijo con mejores ánimos, recordando a su querida maestra, pues de seguro era algo que Renate diría si estuviera aquí—. Pero, al final, voy a llegar a mi destino.
Rachel apretó su puño sin dejar de verse al espejo, se levantó de la cama y, con un horrible entumecimiento en la mayoría de su cuerpo, avanzó paso a paso hasta salir de la enfermería.