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#34 Dando Un Paso Hacia Atrás

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 12 de agosto de 2026

Ao Bing utilizaba el hielo debajo de sus pies para impulsarse a gran velocidad entre los árboles. Se había convertido en la presa de la lluvia infernal provocada por su hermano.

Teniendo en cuenta que su camarada ahora estaba ocupado con quien seguramente era Jack Grimm, Ao Bing no vio otra solución que no fuera enfrentarlo.

Eso era lo que había querido desde un principio.

El hielo bajo sus botas negras lo elevó rápidamente sobre los árboles. Fue capaz de divisar a Ne Zha, flotando sobre el aire mientras se mantenía impulsado por dos ruedas giratorias de fuego debajo de él. La sonrisa del de delineador rojo no se hizo esperar, dando las gracias de que ya en la primera ronda sería capaz de enfrentar a alguien fuerte con todo de sí.

—¿Estás molesto, Bing? No harás ni un solo punto en esta ronda.

Envuelto por un aura carmesí, Ne Zha extendió su mano mientras aquella fuente de energía recorría su cuerpo a gran velocidad, dirigiéndose a sus uñas. Una vara de aura roja enorme se formaba a unos cuantos centímetros de la palma del alto chino con dos cebollitas en su cabello, siendo mantenidas por listones rojos.

La vara translúcida de aura roja se convirtió en una preciosa lanza blanca con patrones dorados que la recorrían. La punta de esta misma era de un color rojo ardiente. Al igual que la leyenda, Ne Zha había nombrado esta lanza como "Punta de fuego". Así que le había dado ese tono rojo característico como si fuera metal ardiendo.

—Eres bastante presumido para alguien a quien le he ganado 33 veces.

—¡Cómo si yo no te hubiera ganado la misma cantidad de veces! —replicó Ne Zha con molestia, provocando una ligera risa en su hermano de ropas blancas como perlas.

Inclinando ligeramente su cuerpo, Ne Zha se propulsó velozmente contra Ao Bing. Que, rodeado de un aura celeste, detuvo el ataque con relativa facilidad. Un escudo más o casi tan grande como él se había materializado en su mano. Su herramienta característica para los combates. Su fascinación por la historia le había llevado a crear un escudo de doble filo en la parte inferior y superior, lo que le permitía tanto atacar como defender.

Ne Zha se deslizó a un costado, evitando las estacas de hielo que fueron como balas contra sus extremidades; algunas que hubieran causado un daño grave fueron destruidas por la fuerza de los golpes de la lanza punta de fuego, que Ne Zha giraba para contrarrestar a su oponente, quien lo seguía con la mirada manteniendo arriba su escudo.

Bolas de fuego se generaron alrededor del chino con ropa roja, contrarrestando el sinfín de estacas mientras Ne Zha volvía a lanzarse contra su oponente. Ao Bing detuvo nuevamente la lanza, moviendo el enorme escudo como si fuera papel, mientras intentaba cortar a Ne Zha con los filos inferiores.

Una leve herida fue causada en el abdomen del de cebollitas negras en su cabeza, pero lo ignoró. Ao Bing buscó atravesar a Ne Zha impulsando su escudo, pero una cinta roja que se deslizó a través de él se amarró a su muñeca y tiró de ella, alejando su arma y protegiendo a su amo. Haciendo honor a su nombre, la cinta del cielo recorrió el brazo de Ao Bing dirigiéndose hacia su cuello, de no ser porque este lo cubrió con hielo, mientras cientos de agujas salieron disparadas desde el borde de su piel, obligando a la cinta autónoma a retroceder y al mismo Ne Zha a usar fuego para cubrirse.

La cinta regresó flotando con su dueño, enrollándose en su cuello, luciendo como una gargantilla roja, a través de aquella pared de fuego, una estaca enorme se dirigió en contra del de rojo. Ne Zha la esquivó por poco, acelerando mientras evitaba las amenazas congeladas que se generaban cerca de su cuerpo para tratar de atravesarlo. Ao Bing repitió estos movimientos, mientras el de rojo calentaba el ambiente a su alrededor, contrarrestando la habilidad de Ao Bing. Los dos volaron por el ilimitado cielo mientras sus ataques totalmente opuestos chocaban entre los dos, dando la ilusión de que dos dioses combatían en lo alto.

—¡Empieza a ponerte serio! —gritó Ne Zha, generando un látigo de fuego emergente de la punta de su lanza. Atacando a Ao Bing desde cierta distancia mientras el hielo y el fuego colisionaban alrededor de los dos Operadores.

Ao Bing utilizó su escudo, creando con su mano libre algunos copos de nieve de un mismo patrón muy estructurado, que fueron lanzados contra Ne Zha. Al ver los copos hizo lo posible por esquivarlos. Estos explotaban en el aire congelando 5 metros alrededor de ellos. Uno logró congelar parte de su pie al momento de explotar. Su Estabilidad de vio comprometida un momento, manejándose unos pocos segundos erráticamente en el aire, pero fue lo único que Ao Bing necesitó para estrellar su escudo contra el de rojo a gran velocidad, llevándolo contra la tierra. Ne Zha soltó su lanza, recomponiéndose del impacto con el escudo.

Dirigió una gran cantidad de fuego hacía atrás, luchando por ser quien ahora empujará a Ao Bing, pero ambas fuerzas se mantuvieron en el aire. Anulándose una a otra. El de cabello azul miró el rostro de extrema felicidad de su hermano, la cual era muy contagiosa y dentro de poco, los dos tenían la misma sonrisa.

—¡En casa no podríamos hacer esto con tanta libertad! —Gritó Ao Bing, ciertamente serian regañados por su abuela, pero en este terreno no tendrían que contenerse.

—¡Que se joda la casa! ¡Y también la vieja! —respondió Ne Zha luciendo sus caninos.

Ambas partes brillaron con más intensidad, liberando de sus extremos una gran cantidad de ataques qué fueron en contra del otro en una danza de hielo y fuego qué parecía jamás iba a terminar. Todos en el escenario fueron capaz de ver esa zona en el cielo volverse un espectáculo de aura.

Por más que Ne Zha quisiera, no podía destruir el hielo en su pie. El copo de nieve había paralizado su flujo de aura en aquella zona y estaba bastante reforzado, si ahora mismo dirigiera una gran cantidad de aura a él, volvería a ser impulsado y se estrellaría contra el suelo. Fue entonces que, con un rápido movimiento, Ao Bing sintió como una patada con su mismo hielo había impactado en su costilla, colocando una divertida cara de dolor, permitiéndole a Ne Zha escapar hacia un costado.

Ao Bing con su mano libre creó una esfera de hielo alrededor de Ne Zha, llevó la mayoría de su aura a ella, por dentro, decenas de estacas volaron en todas direcciones contra el de rojo, que contrarrestó liberando fuego desde todo su cuerpo, protegiéndose de las incontables estacas qué salían cada vez más rápido mientras la esfera se achicaba.

Por fuera, con su gasto de aura al tope, Ao Bing generó dos enormes martillos de hierro qué atacaron desde direcciones opuestas a Ne Zha, buscando aplastar al molesto Operador quien estaba por romper la esfera de Ao Bing.

Al momento en que los martillos impactaron, dos gigantescas manos hechas de fuego detuvieron cada uno con esfuerzo, mientras que la esfera helada desaparecía, mostrando a Ne Zha con algunos pequeños cortes en su cuerpo, pero nada muy grave. Manipulando esas manos gigantes de aura como si fueran sus propias manos.

—¿Tratas de ganarme o esperas que me mate la hipotermia? —se mofó Ne Zha, disimulando el cansancio qué empezaba a sentir por el inmenso uso de aura.

El rostro angelical e inexpresivo del pálido asiático de cabello largo no le demostró nada a Ne Zha, pero haciendo uso de sus pocas reservas, varias espadas de hielo comenzaron a rodearlo tanto a él como a sus manos que emanaban un intenso calor. Los ojos del de cebollas negras brillaron con intensidad y emoción, fue entonces que todas esas espadas se dispararon en su contra.

Su hermano sí que sabía darle una pelea vistosa y entretenida

 

 

—Son unos presumidos. —exclamó Taara mientras miraba el cielo. Ignorando a las dos víctimas de su habilidad que aún eran afectados por Júpiter.

Todos los presentes eran capaces de sentir aquel despilfarro de energía, como si ambos fueran baterías inagotables. La india soltó un ligero suspiro y negó con la cabeza.

—Sí yo tuviera esa cantidad de aura, de seguro no estaría lejos de convertirme en la nueva Arthur de nuestra generación.

—Ya eres una gran operadora sin tener tantas reservas, Taara. —Respondió Beatrice Engel, mientras caminaba alrededor de Rachel, luciendo qué ella podía caminar sin muchos problemas en la zona de Júpiter.

—Sigo enojada contigo, que me adules no te ayudará. Si te disculpas con Rachel te perdonaré.

«¡Malditas! ¡Voy a romperles las piernas a las dos!». Rachel apretó sus dientes con la sangre ardiendo. No era capaz de hacer nada mientras sus rivales conversaban tranquilamente frente a sus narices, además del esfuerzo que necesitaba aplicar para no comer tierra era exorbitante. Sentía el sudor bajar por su cuello y su frente.

Beatrice mantuvo silencio ante aquella petición, negándose rotundamente en pedirle una disculpa a esa Operadora a sus pies, de hecho, solo la miró con una sonrisa aún más burlesca.

—Consideré pedirte perdón si besas mi pie, Ray.

Rachel buscó escupir el zapato de Engel, pero la saliva cambió de dirección abruptamente y fue contra el suelo.

«¡Es demasiado fuerte! ¿¡Que se supone que debo hacer ahora!?».

Rachel de primera mano pudo sentir el poder directo de una Operadora de las diez promesas. Jóvenes que tenían el talento para convertirse en diez de los operadores más fuertes en el futuro.

La superaba en experiencia, cantidad de aura y en que ella no había desarrollado su Operación. No tenía nada como luchar en contra de estos monstruos. Eso le resultó frustrante. Le resultó injusto. A pesar de que se había esforzado tanto, no era capaz de levantarse de la primera habilidad que utilizaron sobre ella.

Esperaba ser capaz de hacer más.

Frente a la rubia que aceptó su derrota, Joao utilizó sus recién transformados brazos, impulsándose con ellos fuera del círculo imaginario que representaba el rango del planeta. Su forma de hombre lobo le otorgaba mucha más fuerza que simplemente reforzar su cuerpo con aura. Solo que en pleno aire fue alcanzado por un cometa creado por Taara, el cual lo arrastró a gran velocidad, estrellándolo contra varios árboles. Beatrice quería seguir burlándose de Rachel, pero corrió en dirección a Joao para encargarse ella.

La danesa, al ver a Joao en el suelo, quiso terminar el trabajo, noqueándolo de un golpe en su rostro. Joao movió a un lado su cabeza rápido, evitando el golpe, y con sus garras rasgó la camisa y parte del estómago de Engel, aunque no muy profundo.

Sin dejar reaccionar a la rubia, Joao barrió sus pies de una fuerte patada lateral, utilizó sus brazos como soporte, pateándola hacia el suelo con fuerza. El de ojos castaños se puso de pie y, con el costado de su palma, golpeó con fuerza el hombro de Engel, escuchando crujir sus huesos mientras la rubia gritaba de dolor. En un momento había conseguido neutralizarla con grandes reflejos y fuerza bruta.

—¡Tú...! ¡Agh!

El brasileño se guardó su opinión sobre Engel, pero tenía bien en claro que los rumores eran solo eso, rumores. Levantó a la rubia del césped para luego soltarla, antes de que llegara a caer unos centímetros, Joao con una patada giratoria la envío volando de regreso con Rachel y su contrincante. El cuerpo de Engel se estrelló repetidas veces contra el suelo hasta detenerse, pero incluso con un brazo roto y lastimada, volvió a estar de pie mientras jadeaba de dolor.

Taara no había interrumpido por las anteriores acciones de Beatrice, no veía mal que recibiera una lección que le bajara los humos, pero ya había sido suficiente.

Joao empezó a correr entre los árboles, perdiéndosele de vista a ambas oponentes, rodeando aquel campo de combate, sus pasos no provocaban el más mínimo ruido en el césped, además de que sus intenciones se mantuvieron ocultas por su manejo del aura, pero Taara miraba a su alrededor con calma.

«¿Qué tal si utilizo la mayoría de mi aura por un momento? ¿Puedo imitar lo que hizo?». Rachel, aún presa del júpiter, quiso intentar lo mismo que su compañero. Con una gran cantidad de aura en sus brazos y piernas, trató de alejarse de la misma forma, consiguiéndolo por un momento de distracción de Taara qué buscaba a Joao con su mirada. Engel se dispuso a atacar a Rachel, pero el cielo sobre ellas fue cubierto por sombras qué Rachel miró al caer al suelo, observando aquellos cometas rodeados por un aura azul que se dirigieron contra el piso, destrozando los árboles a su paso y el mismo suelo al impactar con gran fuerza.

Rachel quiso correr, evitó los primeros dos por suerte, pero al momento de ser impactada en su espalda por un cometa y caer al suelo, solo pudo quedarse quieta mientras otros más chocaban con su cuerpo, destrozando algunos de sus huesos y robando su conciencia por el extremo dolor sin darle siquiera tiempo de maldecir o lamentarse.

—Debiste quedarte ahí tirada. —Susurró Taara, sintiéndose algo mal por haber sido tan ruda, pero en este lugar no venía a preocuparse por el bienestar de los demás. Aunque sí se aseguró que ninguno volviera a caer sobre ella.

Joao evitaba los cometas. Llevando sus sentidos al límite. Uno de ellos rozó la punta de su nariz, pero para evitarlos, corrió directamente a la única zona sin riesgos. Donde Taara y Engel se encontraban. El único problema era la existencia de Júpiter. Entonces disparó una de sus garras en contra de la esfera, destrozándola y eliminando el campo de gravedad aumentada de seis metros. Taara le regalo una pequeña sonrisa mientras que Engel se acercaba, fue entonces que otra esfera apareció sobre el dúo de chicas. Engel pudo sentir como su cuerpo estaba recibiendo un pequeño cambio, entonces se lanzó contra Joao.

Se sentía más rápida, Joao también lo notó, pero por alguna razón, Taara no parecía tener interés en participar en la ofensiva. Fue entonces que el brasileño supuso que era porque quería ver la operación de Engel.

«Parece inocente, pero es bastante astuta, quiere asegurarse de ir planeando ventajas a futuro».

Joao agachó su cuerpo evitando una patada de Engel qué luego bajó de golpe tratando de aplastar su pecho, Joao ladeó su cuerpo y estuvo a punto de rasgarle la pierna de Engel, pero la rubia fue empujada unos metros atrás por una fuerza invisible, entonces Joao observó que otra esfera había aparecido en el campo, la luna. Joao quiso dispararle una garra, pero entonces él también fue arrastrado, fallando el disparo y terminando cerca de Engel qué logró conectar un puñetazo en su rostro con el brazo bueno. Esa fuerza invisible volvió a arrastrarlo lejos y el utilizó más aura para tratar de cancelar sus efectos, enterrando una mano en el suelo para mantenerse quieto

—¿Ah? —Confundida, Engel miró las dos nuevas habilidades creadas por su compañera, que levantó sus hombros divertida y lanzó varios golpes al aire indicándole que pelee—. A sus órdenes.

—Qué servicial, eres un encanto. —dijo Taara con una sonrisa inocente mientras daba varios aplausos—. Destrózalo.

Joao dudó si pelear o correr, no sabía que otros trucos fuera a tener Taara Yadav debajo de su manga. Debía de respetar el ingenio qué había tenido al crearla. Mientras que él solo tomaba algunas características de los hombres lobo.

—Debí hacer un mejor poder.

Se lamentó mientras Engel corría en su dirección, tomando uno de los árboles cortados por los cometas para usarlo como un enorme bate con su brazo bueno. Joao saltó esquivándolo. Garras negras rompieron sus zapatos y las utilizó para aferrarse al árbol y recorrerlo rápidamente hacia Engel, saltando con gran fuerza en contra de la danesa, quien abrió mucho los ojos y soltó el árbol. Joao disparó en contra de Engel otra de sus garras, pero tanto él como su proyectil cayeron al suelo de forma repentina y a gran velocidad. Júpiter había vuelto a aparecer, eliminando los otros dos planetas anteriores.

Engel aprovechó ese momento y dirigió la mayoría de su aura a su brazo, conectando un poderoso uppercut a Joao qué intentaba levantarse, noqueándolo en aquel instante.

Joao cayó al suelo y la danesa soltó un suspiro pesado, escuchando como la voz de Lindsy habló por todo el bosque.

"Engel recibe dos puntos, Taara recibe dos puntos".

—Qué injusticia, yo te ayudé a derrotarlo, deberían darme uno de tus dos puntos. —se quejó Taara, cruzándose de brazos, apagando su aura negra.

—Qué avariciosa... ¡Agh! —Engel apagó su aura un momento, pero entonces el dolor en su cuerpo se convirtió en algo insoportable, encendiéndola de nuevo—. Mejor mantenerla así... ¡Qué buen equipo hacemos, muchas gracias, Taara!

Taara bajó la mirada, soportando las ganas de mencionar que el 80% del trabajo había sido de ella, estaba muy segura de que hubiera podido ganar si solamente hubiera venido ella, pero no quería ser una mala persona.

—Deberías regresar. Estás muy lastimada.

—¡No! Yo puedo seguir. —Engel gritó al instante, luciendo ligeramente desesperada. Taara no dijo nada y asintió con su cabeza.

El dúo siguió con su camino. Engel le sacó el dedo de en medio a Rachel mientras se retiraba, fue entonces que Percival hizo presencia para llevarse el cuerpo de Rachel y Joao.

Taara observó aquella escena con curiosidad, guardándose una pregunta para sí misma. No le importaba qué ocurría entre esas dos rubias, después de todo, si Engel estaba totalmente centrada en Rachel, en caso de que ambas fueran enemigas, podría utilizar a Rachel como carnada y obtener puntos fáciles.

Avanzaron a través del espeso bosque, dirigiéndose a buscar la base enemiga.

Ne Zha evitó los pilares de hielo que salían del suelo, haciendo gala de sus rápidos reflejos y excelentes habilidades acrobáticas. La batalla en el aire había pasado a ser una mucho más simple en tierra pues no eran capaces de seguir gastando gran cantidad de aura para hacer alarde. Ao Bing disparó pequeñas estacas y todas fueron destruidas al momento que la lanza punta de fuego abrió su filo, la punta de la lanza se abrió cual flor, disparando una potente llamarada, aunque no fue suficiente como para detener otro repentino pilar que atravesó el fuego y golpeó a Ne Zha en la costilla, enviándolo contra un árbol.

Ne Zha se reincorporó rápido, pero al abrir los ojos, frente a él notó el arma de triunfo de Ao Bing, un tercer copo de nieve. De su boca exhaló una llamarada de fuego, buscando contrarrestar sus efectos mientras se alejaba, destrozando el árbol detrás de él, pero parte de su torso y un brazo fueron afectados por el hielo de Ao Bing, inutilizando la mayoría de su cuerpo.

El de piel pálida había gastado básicamente toda su aura en ese último ataque, pero al notar que había resultado, fue a terminar con el trabajo. Entonces notó que la gargantilla roja no estaba en el cuello de Ne Zha, quien lo miró con una sonrisa triunfante.

—Jódete.

Ao Bing se dio la vuelta. Sosteniendo una goedendang para detener la cinta de su hermano, sin esperar que esta saliera de una de las mangas de Ne Zha y envolviera su cuello, haciéndose más larga, atrapando también sus brazos evitando que pudiera cambiarlos de posición. Ao Bing maldijo internamente, había caído en un truco barato y tonto. Ni siquiera tenía suficiente aura como para crear más hielo. Su respiración se cortó hasta que cayó desmayado, fue entonces que la cinta regresó con su maestro, entregándole el aura que la hacía autónoma, permitiéndole descongelar la mayoría de su cuerpo.

—¡Ja! Eres un iluso, Bing.

Ne Zha levantó su puño orgulloso, aunque decepcionado de que su participación en el primer evento había terminado solo con el primer combate.

—Bueno, no puedo tragar más de lo que puedo masticar o algo así dicen.

Ne Zha se dejó caer junto al cuerpo desmayado de su hermano, observando el cielo con calma hasta que una figura lo cubrió. Era Louis.

—¿Cansado, joven Ne Zha?

—Nah, podría hacer esto todo el día.

Louis asintió sonriente, para cargar a Ao Bing y retirarse del lugar a través de un árbol. El mundo se distorsionó por momentos hasta salir en una habitación llena de camillas de hospital, rodeados por pelaje morado. Acostó con suavidad a Ao Bing en una camilla, dirigiéndose junto con Lindsy a una sala llena de cámaras que se activaban con el movimiento y el aura. Este era el "Ojo de Odín". La operación creada por Fred.

—Los combates han sido más rápidos de lo esperado.

—Arreglé el primer juego, después de todo. —respondió Lindsy casualmente. Disfrutando de un sándwich de huevo—. Diseñe el "casi peor escenario". No tengo intención de hacerlo de nuevo, pero tampoco esperaba esta masacre.

—... ¿Por qué arreglaría el escenario? —Louis ante tal revelación no supo qué pensar. Su ama había diseñado todo esto simplemente para entrenar a Rachel, pero que la lanzara a un combate tan injusto buscando que perdiera era contradictorio.

Lindsy no dijo nada, y Louis aceptó ese silencio como respuesta.

 

 

—No puedo creer que esto sea tan sencillo.

En la base del equipo azul, la dolida Engel observaba cómo Carol jugaba en su celular, acostado en el césped. A unos metros de él, el cuerpo de la china castaña se encontraba de pie, pero inmóvil. Fuertes ronquidos escapaban de su boca, junto a una pequeña línea de saliva. Estaba profundamente dormida estando de pie.

—... Ella sufre de narcolepsia.

Taara no entendía qué significaba eso, así que llevó sus brazos a su espalda, observando a Engel con una cara suplicante.

—Ah... Que se puede dormir en cualquier momento. —dijo brevemente para luego dirigir su atención a Carol, cruzándose de brazos—. Hey, ¿Hola? ¿Vas a defender tu base siquiera?

—No, hagan lo que quieran, yo no pienso pelear. —dijo el rumano sin despegar la mirada de su celular mientras continuaba con su juego—. Si tanto quieres ganar, muéveme.

—¿¡Por qué aceptaste venir si no querías participar!?

—Que estoy obligado, rubia estúpida.

Engel tomó un profundo suspiro para relajar su ira. Además de que Taara tapó su boca para que no gritase y despertara a Lei Quiang. Que Carol no participe solo les beneficiaba, así que no debían prestarle atención.

Engel asintió y se acercó a Lei Quiang buscando moverla con cuidado. Fue entonces que un brillo verde cubrió a la castaña. Sin que Engel se diera cuenta, recibió una patada ascendente en su barbilla que la levantó del suelo, seguida de un explosivo golpe en su abdomen que la lanzó varios metros lejos. Al momento de intentar levantarse, cayó al suelo sin fuerzas, escupiendo una gran cantidad de sangre antes de caer al suelo.

—¿¡Cómo!? ¡Beatrice! —Taara gritó con preocupación, encendiendo su aura. En ese momento, la castaña la "miró".

Aun con sus ojos cerrados y aquella expresión somnolienta, Lei Quiang tomó una pose de combate en dirección a Taara, saltando en su dirección, cortando la distancia en solo un instante. Taara apenas y pudo darse cuenta cuando ya tenía a la asiática junto a ella, a punto de reventarle la cabeza mientras tenía dulces sueños.

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