―Los Erradicadores son una facción del gobierno estadounidense que se encarga de controlar a esta gente de aquí. ―Dexter caminó alrededor de la mesa de la sala. Señaló a Lindsy, que estaba sentada junto a Alice y Jazka.
―Creo que eso lo tenemos todos muy claro ―dijo Lindsy con un mal humor bastante notable para luego mirar a las tres personas normales sentadas frente a ella.
―Sí, pero estoy seguro de que ustedes nos llamaron perros miserables, manipuladores, inhumanos que los cazan por diversión. ―respondió el pelirrojo con una sonrisa irónica, negando con su cabeza totalmente seguro de que estaba en lo correcto―. Los muchachos tienen que conocer el otro lado de la moneda también.
―¿Qué tal si mejor nos explicas del tercer lado? ―cuestionó Rachel sin muchas ganas de escuchar esta explicación. No confiaba en Dexter ni un poco.
―Dexter no es una réplica. Ahora silencio. ―El único que de verdad quería escuchar la explicación era el alto joven de coletas azules y camisa a cuadros, Jesse Miller. Uno siempre tenía que conocer las dos partes de la historia para estar de acuerdo.
―Gracias, Jes. Como venía diciendo, nuestra organización fue fundada ya hace bastantes años; no especificaré cuántos, pero fue casi al mismo tiempo que se creó el congreso de operadores. Primero iniciamos con conflictos como la Segunda Guerra Mundial, donde muchos operadores estaban apoyando al ejército alemán y sus aliados. También hubo operadores apoyando a las tropas enemigas en Vietnam. ―Dexter se sentó en un sillón, volviéndose la cabeza de la reunión―. Usualmente hemos tenido conflictos con los operadores no afiliados al gobierno, a los que se les llama Impíos. Porque sí, antes los operadores no tenían ese nombre. Eran conocidos como "usuarios de aura" o magos. El término Impío y Operadores para ellos nació cuando se creó el congreso.
―Eligieron el peor nombre posible para los operadores, cámbienlo. ―La sugerencia de Rachel fue totalmente ignorada por todos los presentes.
Grace arqueaba una ceja con su cabeza recostada al hombro de Jesse. Prestaba algo de atención además de no saber si le importaba, pero no le era ninguna sorpresa escuchar que la mayoría de operadores fueron del bando enemigo en algunos de los conflictos más grandes de la historia, y le daba aún más risa ver la expresión sombría de Jazka y Lindsy. Alice solo escuchaba con ojos brillantes la historia de sus antecesores.
―Nosotros nos encargamos de regular a los operadores en el país, los recibimos de situaciones parecidas a cacería de brujas o les damos nuevas oportunidades a gente que descubrió que puede manipular el aura, así que nuestra relación es de apoyo mutuo.
―Claro, el apoyo es que, si no obedecemos, nos ponen una bala en la cabeza. ―Lindsy se quejó en voz baja, llamando la atención del pelirrojo, que escuchó perfectamente.
―¿Y eso por qué es? Porque los operadores quieren recuperar el dominio que antes tuvieron sobre el mundo. ―El Erradicador miró a Rachel y compañía, haciendo ademanes con sus manos para enfatizar más en sus explicaciones―. Por registros, sabemos que los operadores fueron parte de la nobleza hace mucho tiempo, dos mil o tres mil años atrás. También fueron parte de la iglesia en tiempos relativamente más modernos, pero el problema es que ellos creían que podían tratar a la gente normal como juguetes a los que tirar.
―Me suena como cualquier gobierno o nobleza. ¿Qué tiene eso de especial? ―Rachel mantenía su expresión desinteresada mientras que Dexter se aclaraba la garganta.
―Qué mínimo los gobiernos disimulan mejor, al igual que los nobles, y entienden la importancia de necesitar a la gente para la mano de obra u otras cosas similares, pero los magos de antaño... y algunos de actuales no saben ni hacer una hamburguesa, pero creen que el mundo debería volver a ser dominado por ellos o extinguir a la gente normal.
―... Ya, suena justo como cualquier nobleza de serie, solo que esta es moderna. ―repitió la rubia con una sonrisa burlona―. Aunque yo conozco aquí dos idiotas que deberían ir a la horca.
―Repito, fue un accidente y me disculpé. ―Jazka levantó su índice, llevándose una horrible mirada asesina de parte del pelirrosado.
―No todos los operadores somos sádicos idiotas que apoyan la causa o queremos conquistar el mundo. ―Lindsy se levantó de la mesa para ir a la cocina, no soportaba escuchar las palabras del Erradicador. Tomó un vaso de jugo para volver y sentarse junto a Grace― Hay algunos que solo queremos tener una vida normal como todos.
―Irónico escuchar a una multimillonaria decir que son como cualquier otra persona.
Ante las palabras de Dexter, Rachel no pudo evitar reír. Ganándose la aterradora mirada de Lindsy, que apretó su mejilla con fuerza.
―¡Es que es verdad! Déjame.
―¿No se acerca la hora de trotar, gordita?
Al escuchar esas palabras, Rachel huyó a su cuarto como pudo. Habían pasado dos días desde que empezó su entrenamiento y todas las mañanas debía beber pastillas para el dolor o moriría en alguna habitación de la casa. Todos vieron a la rubia huir repentinamente. Con una sonrisa triunfal, Lindsy se levantó del sofá mientras bebe su jugo, acercándose a Dexter.
―No todos los operadores son iguales. Hay algunos que ni están involucrados con empresas o el gobierno, solo quieren vivir con los demás.
―Y a esos jamás los hemos molestado, pero continuamos manteniéndoles un ojo encima por precaución. Es difícil no hacerlo cuando muchos de ustedes pueden abrirle el cráneo a alguien con solo tocarlo. ―respondió Dexter, alejándose de la camisa verde para sentarse junto a Jazka, aunque este último se alejó un poco de él.
―Al final, ¿para qué usan los Erradicadores a los operadores? ―Jesse levantó su mano. Era lo único que no le había quedado totalmente claro. Sabe que tienen una relación, pero no específicamente qué hacen en ella.
―Creo que es muy obvio. Los que trabajan activamente para el gobierno son mercenarios. Hacen el trabajo sucio, aunque no puedo especificar más. Otros aportan recursos de sus empresas o se encargan de utilizar sus milagrosos dones para el apoyo de la organización más bondadosa de todas.
―¿Cuál es esa?
―El gobierno de los estados unidos. ―Los ojos de Dexter se fijaron en Lindsy antes de continuar― pero claro, hay algunos que, por el privilegio de papi, no tienen que cumplir con este trabajo a pesar de que forman parte de los operadores enlistados con el gobierno.
Lindsy frunció el ceño. Estaba empezando a sacarla de sus casillas. El ambiente quedó en silencio para la mayoría de los presentes, entonces Alice se levantó, dirigiéndose a la puerta.
―Ya me harté de escuchar a esta puta hablar. Igual, que va a hablar una réplica sobre Operadores y Erradicadores. Ni tienes un puesto importante, solo vigilabas a una niña rica.
―No puede ser ―Dexter lucía sorprendido llevando una mano a su boca―. Lindsy tiene razón, después de todo los operadores y humanos somos iguales... Porque tú también tienes el mismo trabajo patético que yo tenía antes.
Antes de que Alice empezara a insultar a Dexter, Jazka la tomó de su muñeca y cubrió su boca, retirándose de la habitación, dejando solo a cuatro personas en ella.
Lindsy dejó morir el tema en ese momento, no tenía sentido seguir discutiendo, así que se acercó a Jesse para preguntarle sobre los demás de la clase, acordando con ellos la fecha para salir todos juntos.
Ese día, Renate llegó a la residencia Logan para continuar con el entrenamiento de Rachel, repitiendo lo mismo que había realizado los dos días anteriores. Esto, junto con su dieta, no le hacía nada feliz.
Sus ojos azules solo podían ver el suelo blanco debajo de ella, ahora se encontraban en el salón de entrenamiento de los Logan, que también era su búnker personal. Con sus débiles brazos trataba de hacer al menos diez flexiones, pero le era casi imposible no caer de cara contra el suelo, y si fallaba, debía esperar un rato para volverlo a intentar hasta hacer bien las diez.
Sintió su estómago rugir luego de caer por segunda vez consecutiva al llegar a la séptima flexión. Ya no comía tanto como antes, todo el día y la noche se sentía hambrienta. Según Renate, le era sorprendente la suerte que tuvo la rubia con su metabolismo, pues para comer como si fuera tres personas en una, no estaba tan gorda como debía.
«¡Maldita sea! ¡Maldición! ¡Maldita sea! ¡La gran puta que...!» Rachel soltó un gruñido, haciéndose bolita en el suelo para luego patalear y darle varios golpes fuertes. Por más que esto tuviera que ver con el manejo del aura, preferiría hacerlo después de haberla controlado, así sería mucho más fácil según sus deducciones.
Renate ignoraba sus quejas, leyendo un libro en uno de los sofás, dijo sin mirar a la rubia.
―Descansa 4 minutos y vuélvelo a intentar.
Rachel se mordió el labio inferior dándole la espalda, pasando sus manos por su cara, intentando no gritar de la exasperación que carcomía su pecho.
«¡Claro! Qué fácil para ti, maldita. No eres tú la que está aquí. Si estuvieras en mi lugar, serías más comprensiva. Maldita sea.»
Rachel se sentó en el suelo, limpiando el sudor de su frente. Cuando se le acabaron los insultos para lanzarle a Renate en su mente, se dio la vuelta sin poder ocultar aquella mirada tan agresiva que tenía.
―¿Y si pasamos al aura de una vez? Podríamos iniciar con lo teórico.
Renate cerró sus ojos, soltando un ligero suspiro. Esperaba esa petición ayer, lo único que la sorprendía de Rachel era que había aguantado un día para decirlo.
―No. Primero entrenaremos bien tu cuerpo, luego tendrás toda la información que quieras sobre el aura. ―respondió impasible la mujer de flequillos negros que resaltaban sus pómulos.
Rachel no habló, pero mantuvo un gruñido en su garganta. Pasó su mano por su rostro con fuerza y rapidez, luego resopló con la nariz y se levantó del suelo, caminando hacia la salida.
―Voy al baño.
―Adelante.
En el espejo del baño, volvió a ver su despreciable reflejo. Abrió el grifo para lavar su cara, manteniendo una expresión molesta para ella. Le daba tanto asco mirarse a sí misma. Que Adarza tuviera su apariencia sería un complejo que nunca podría sacarse de la mente.
Su estómago volvió a rugir, la rubia recostó su frente en el lavamanos, tomando su estómago con fuerza. Soltó un jadeo imaginando un enorme plato de arroz chino con pollo frito, tenía tantas ganas de comer algo bueno. O al menos que estuviera lo más frito y relleno de queso y salsa posible.
―Quiero tanto unas papas. ―dijo casi suplicando. Aunque claro que podía pedirlas, estaba segura de que, si le rogaba lo suficiente a Lindsy, ella no soportaría verla con tanta hambre y le compraría lo que quisiera―... Pero sí hago eso. ¿Entonces para qué me esforcé estos cuatro días?
Quería dejar de hacer ejercicio tan pronto como fuera posible y comer de nuevo todo lo que le gustaba: pizza, hamburguesa, papas fritas, arroz con cerdo frito. Solo pensar en esos platos le hacía agua la boca, pero si abandonara todo ahora, ¿para qué le había hecho malgastar a Lindsy su tiempo y dinero si no lo llevaría hasta el final? Más importante aún, ¿para qué se dijo a sí misma que quería ser más fuerte?
"De verdad que eres fuerte".
Las palabras de Lawrence resonaron en su cabeza, luego a Leena decirlo en su primer encuentro, pero no podían estar más equivocados.
―No soy fuerte, soy una desgraciada con miedo a morir.
Hubiera hecho cualquier cosa por sobrevivir en esa escuela, y no podía permitirse morir si Adarza seguía con vida, eso sería fallarle a Chloe y era lo único que Rachel no podía permitirse hacer.
Debía vivir y aprovechar la "suerte" de tener a los Logan cerca para que pelearan sus batallas. Aprovechar su dinero y sus recursos para saber la verdad, encontrar a Adarza y recibirla lista para darle una puñalada en el cuello. Pero desde que escuchó que ella podía hacer lo mismo que cualquier otro operador, su pecho empezó a sentirse horrible mientras pensaba en estas cosas.
Era verdad que Rachel no podía hacer muchas cosas, y también estaría muy atrás, pero si podía defenderse a sí misma y enfrentar a Adarza con sus propias manos, quizás ese sentimiento de inutilidad por fin desaparecería.
Solo quería sentirse mejor con ella misma, era algo que de verdad necesitaba luego de darse cuenta de que era una idiota inservible que arruinó la vida de unas personas, pero si todo este esfuerzo de verdad era necesario para ver a una Rachel así sea un poco más fuerte, entonces esa Rachel estaba a años luz de distancia. Era un objetivo del cual solo podía ver su sombra debido a una luz cegadora que no le permitiría avanzar.
―Pero según ellos soy fuerte...
Los ojos de Rachel se llenaron de lágrimas mientras veía aquel espejo, escuchando de nuevo cómo su estómago le reclamaba estar tan vacío.
Al regresar con Renate, pudo completar sus entrenamientos con mucho esfuerzo. No recibió ninguna información para utilizar el aura. Luego de completar su rutina, fue a tomar un baño con el agua más fría que saliera del grifo en el baño junto a su habitación. Nunca le gustó bañarse con agua caliente, principalmente porque se acostumbró a despertarse con agua fría luego de solo dormir cuatro horas.
Al tener puesto un pantalón largo y holgado junto con una camisa blanca sin mangas, acomodó su sostén para tirarse en la cama y gritar con toda su fuerza en la almohada, tratando de que nadie la escuchara. Golpeó la cama repetidas veces, hasta estar satisfecha. Revisó el cajón de la mesita de noche junto a su cama y se bebió dos pastillas para el dolor. No tenía ganas de levantarse para buscar agua, y menos molestaría a Percival o Lois, los mayordomos principales de Lawrence. Quizás podía pedirle lo que fuera a Lindsy, pero, aunque ellos trabajan justamente sirviendo a todos en la residencia, le causaba vergüenza ordenarle a alguien más que le cocinara o le buscara agua, después de todo, ella no era nadie especial.
―Mañana a repetir esta mierda...
El día siguiente fue igual que el anterior. Rachel tuvo que soportar el ejercicio de la tarde, el hambre todo el día y el odio que le provocaba ver la espantosa cara de estatua de Renate. Llegó a preguntarse si esa mujer tenía alma siquiera.
Al caer el domingo, tuvo la bendición de saber que era su día libre de entrenamiento. Fue entonces que permaneció en cama, desde que despertó a las seis porque quería ir al baño, pero luego no pudo dormir.
Miraba el techo y se retorcía por toda la cama, observando las paredes de su enorme cuarto, aunque todo se encontraba bastante oscuro.
«No me había dado cuenta, desde que llegué aquí siempre me he dormido antes de las doce. Es tan extraño.»
Una ermitaña que solo salía a la escuela, ya sufría dolores de espalda por su horrible postura y se la pasaba jugando hasta altas horas de la noche. Para Rachel, dormir las ocho horas era algo totalmente nuevo.
Al no tener nada que hacer y no poder dormir, decidió sacar su celular para tratar de leer algún manhwa o manga. Quiso leer sobre un hombre adicto a las apuestas que trataba de vencer a una organización maligna, pero no podía mantener la concentración. Saltó a leer su manhwa favorito sobre un hombre reencarnado en un tipo muy feo que, con ayuda de la ingeniería civil y su guapo compañero peli azul, trataban de hacerse muy ricos, pero tampoco pudo leer mucho antes de aburrirse.
Ya no sentía esa chispa que recorría su cuerpo al releer una obra que le gustaba mucho, tampoco tenía interés en leer algo nuevo. Terminó mirando el fondo de su celular durante un rato.
«Quizás un juego»
Ya casi eran las siete y media de la mañana, cerca de las nueve, Lindsy llegaría a despertarla para ir a desayunar juntas. Buscó los juegos descargados en su celular, pero ocurrió lo mismo que con las novelas. No duró más de 10 minutos antes de volver a ver el fondo de su celular. Empezó a buscar algún juego para descargar desde la tienda, pero no había ningún juego bueno.
Los minutos fueron pasando, hasta que, a través de las cortinas, los rayos del sol empezaron a filtrarse. La mayoría de ese tiempo Rachel estuvo mirando la pared, sin pensar en nada, en nada destacado además de qué podría hacer.
En el sexto día del entrenamiento, Rachel corría en el patio nuevamente. Lindsy acababa de irse y Renate estaba sentada de nuevo en su silla, aunque por las nubes grises junto con el viento frío parecía que en cualquier momento empezaría a llover.
―Qué buen clima hace hoy.
Rachel quedó sorprendida al escuchar a esa mujer por fin decir algo aparte del entrenamiento. Ahora tenían un gusto en común, pero Rachel no podía disfrutarlo, pues no importaba si el viento era frío, su cuerpo ardía como los mil demonios ahora que estaba trotando por 15 minutos.
«¡Llueve! ¡Dios! Haz que llueva, ya, ahora. ¡Solo por hoy consigue que me salte este ejercicio! ¡Juro que rezaré cada mañana!»
No había forma en la que la de ojos azules describiera la desesperación en la que se encontraba. Quería un milagro, cualquier cosa le bastaría. Nadie escuchó sus plegarias y los 15 minutos pasaron como si llevase una hora corriendo. Rachel se dejó caer de culo, usando sus manos para detenerse y respiraba como podía.
―Bien hecho, Rachel. Dentro de 10 minutos iremos a la sala de entrenamiento de los Logan. ―Renate le dedicó una corta mirada a la pequeña, luego continuó leyendo su libro, el cual Rachel por fin se enteró de que era de ciencia ficción.
Poco después de beber agua, Rachel sintió las primeras gotas de lluvia caer contra su cabello. Renate se levantó y caminó dentro de la casa de los Logan. La chica cansada de su propia existencia, miró las gotas de lluvia como si fueran una cruel burla hacia ella, pero no tuvo más remedio que levantarse por más que le dolieran las piernas, siguiendo a la mujer de traje.
Poco después, Rachel se encontraba realizando su serie de flexiones, mientras que Renate había ido a buscar algo arriba. En aquella sala blanca llena de máquinas de ejercicio, Rachel consiguió llegar hasta la décima flexión luego de dos intentos. Perdió por completo su fuerza y se dejó caer con una sonrisa.
―Aah, abdominales, sentadillas y podré irme de aquí. ―suspiró aliviada. En su mente rondaba la duda sobre si en algún momento utilizaría las máquinas de pesas, de hecho, no había una caminadora― No es como si la necesitaran, pero a mí me ponen a correr en el sol en vez de aquí.
Dispuesta por fin a descansar, Rachel escuchó los pasos acercándose y al momento en que la puerta se abrió, un dulce olor se infiltró en sus fosas nasales, lo que llevó a su estómago a rugir como nunca. Lo primero que captó fue el olor a carne frita, seguido de las salsas. ¿Mayonesa? ¿Salsa de tomate? Rachel conocía ese aroma mejor de lo que se conocía a sí misma.
Renate entró con una hamburguesa en su mano. Dos panes dorados, el superior cubierto con semillas de sésamo, en su interior había una carne jugosa, cubierta por tres tipos de salsa junto con dos rebanadas de tomate, un poco de cebolla y lechuga. Renate regresó a su silla, dándole un mordisco a aquella hamburguesa, por su expresión parecía disfrutarla mucho. Luego de tragar, mantuvo sus ojos cerrados y soltó las palabras más ofensivas que Rachel podía recibir en ese momento.
―La señorita Logan es muy amable. A ti te compraron otra cosa, podrás comer luego de hacer ejercicio. Descansa unos minutos más y luego pasamos a las sentadillas.
―Eres una mierda.
Renate abrió un ojo con curiosidad, observando el odio de la rubia. Aunque estaba más concentrada en la hamburguesa que en la misma Renate.
Rachel ya había aguantado suficiente en esta semana de ejercicios, pero lo que no dejaría pasar era el hecho de que ahora mismo, Renate estaba burlándose de ella, aunque ese rostro inexpresivo no pareciera hacerlo. ¡Claro que se estaba burlando de ella!
―¡No soy tan estúpida! Tú, tú, pedazo de mierda ―Rachel rasguñó sus mejillas, apretando con fuerza sus párpados―. ¡Tengo hambre! ¡Tengo demasiada hambre y tu vienes a comerte esa cosa aquí! No me jodas, Renate. ¿No te basta con torturarme con esta mierda de ejercicio? Eres mi maldita maestra de Operación y solo estás sentada en esa silla todo el día viendo cómo me estoy destrozando. ¿¡Qué clase de entrenamiento es ese!?
La de cabello negro volvió a abrir un poco la boca, luciendo sorprendida. Había entendido cómo se sentía Rachel; entonces partió la mitad de la hamburguesa y, con un movimiento rápido, la lanzó a su contraria. Rachel la atrapó por instinto, teniendo cuidado de que nada cayera al suelo, observando con confusión la comida en sus manos.
―... ¿Por qué?
―¿No estás llorando porque tienes hambre y quieres algo que te guste? Cómetelo, lo mantendré como nuestro secreto.
Renate se levantó de su silla y se acercó a Rachel, mordiendo su mitad de hamburguesa. Aun sin entenderlo, la joven exhausta miraba con confusión a su maestra, luego toda su concentración fue a esa delicia en sus manos. De forma inconsciente, se lamió los labios. ¿Hace cuánto no comía algo rico? Esa semana se sintieron como siglos sin comida rápida.
«Ella... ella está mintiendo, ¿verdad? Esto, esto, ¿es una prueba? Debe serlo. No tendría razones para darme comida... ¿Malinterpreté a Renate? Quizás no sea tan mala». Rachel, como un animal desconfiado, miró por un momento a la inexpresiva e imponente mujer frente a ella. Le causaba algo de miedo, pero la ira en su interior había desaparecido y estaba dispuesta a aceptar este regalo divino.
«Bueno... si ella dijo, no es mi culpa.» Pensó mientras una ligera sonrisa se formó en su rostro para morder aquella hamburguesa. El pan salió volando de sus manos junto a los demás ingredientes al momento en que la patada de Renate pasó por en medio de las manos de Rachel. La rubia se alejó asustada y vio caer la comida al suelo, sintiendo una pequeña punzada en su pecho, aunque no había recibido daño.
―¡Loca miserable! ―Rachel se dio la vuelta, quedando paralizada al notar la severa expresión de Renate, que luego se convirtió en una decepción absoluta.
―La parte más importante del aura, de hecho, no es el cuerpo, es el talento y las capacidades con las que nace el usuario. ―Renate acortó la distancia entre ella y su alumna, encendiendo aquella aura plateada, solo que esta era diferente a las anteriores que Rachel había visto, no solo era luz y ya, a veces podía ver algo parecido a la estática alrededor de Renate― Y el cuerpo de verdad puede limitar la fuerza del usuario, pero si tuviera que ponerlo en números, el cuerpo solo representa un 10% de las capacidades de un operador, el otro 40% en su suerte al nacer con habilidades únicas y su cantidad de aura, pero el otro 50% se basa en la mente. He visto cientos de operadores ser imbéciles y desperdiciar su verdadero potencial por no utilizar la cabeza diez segundos.
Renate hizo énfasis al colocar su índice en su frente. Quedando bastante cerca de la rubia, que era capaz de sentir a la perfección la decepción y la rabia de Renate. Ahora mismo, solo veía a Rachel como un desperdicio de tiempo.
―¡Yo!―
―El aura se mantiene encendida en un operador cuando está concentrado en ella, por eso requerimos un arduo entrenamiento para que mantener el aura sea tan natural como respirar, pero si perdemos esa concentración, el aura podría apagarse por un momento, anulando la mayoría de habilidades y dándole al enemigo una oportunidad para matarte a ti y a tus compañeros. También la evolución del aura requiere la evolución misma de la fortaleza mental del individuo, mediante meditación y entrenamiento. Los objetivos de los usuarios de Aura también influyen mucho, aquellos que desean ganar, aquellos que desean proteger. Muchos factores provienen de aquí. ―Renate colocó su mano en la cabeza de Rachel, estrechando aquellos ojos plateados como el metal que parecían atravesar el alma de la rubia―. Y a ti te falta todo.
Ante aquellas palabras, aquella ilusión de una Rachel Ficks más fuerte se quebró como un cristal impactando el suelo a gran potencia. Tragó saliva bajando su mirada. Renate se dio la vuelta sin decir más y caminó a la salida. Hasta que el grito de Rachel Ficks la detuvo.
―¿¡Qué es lo que me falta!? ―preguntó con rabia. Esta vez no hacía Renate, sino a sí misma― ¿Qué es lo que tengo que hacer?
La de ojos plateados parecía pensarlo por un momento, mirando en dirección a Rachel, recostándose contra la puerta.
―Te seré sincera, niña. Eres una mocosa malcriada y llorona. Ese es uno de tus principales problemas. Esperas que todo te venga regalado y fácil. Sé muchas cosas sobre ti, he hablado con todos tus compañeros y esa mirada tuya, junto a lo poco que contaron, me dice exactamente el tipo de persona que eres. ―Renate Dzelme habló sin rodeos, ella no era Lawrence Logan: Que mentiría a Rachel para mantenerla contenta. Ni Lindsy Logan: Que no veía estos defectos en Rachel. Tampoco era algún conocido de la rubia: Que solo la maldecirían por liberar a Adarza del espejo. Renate hablaba desde un punto de vista imparcial. Lo único que mencionaban eran sus hechos―. Cualquier cosa que suponga el mínimo esfuerzo te molesta, y aunque parezca que aceptas tus propios errores, no es así. Te mantienes resentida todo el tiempo. Eres una gorda patética sin motivo alguno más que una venganza que no puedes llevar a cabo por ti misma, porque sin los Logan no eres nadie y de seguro ya estarías muerta en algún callejón o bosque de no ser porque tienes una pizca de suerte.
Rachel sintió las lágrimas caer por sus mejillas. No emitió ningún ruido, solo bajó su mirada aceptando aquella lluvia de insultos. La Rachel de hace unas semanas estuviera ahora mismo gritando y maldiciendo a Renate, pero luego de todos estos eventos, se había dado cuenta de lo patética que era.
―Yo―yo de verdad estoy intentando cambiar...
―¿De verdad? ―Renate levantó una ceja, caminando hacia Rachel con una visible molestia en su rostro― ¿De verdad estás intentando cambiar? Déjame decirte algo, Rachel. No basta con solo intentarlo. Solo intentar no te llevará a lo que quieres, menos si no eres constante, si no tienes ni la más mínima pizca de disciplina y esperas al mínimo vacío legal para romper todo tu esfuerzo. Intentarlo no es quejarse en todo momento y desear que el tiempo pase volando para irte a acostar y esperar los resultados anhelando el siguiente domingo, intentar no es maldecirme con la mirada cada que me ves y te das cuenta de que soy "la perra que me hace correr y morirme todo el tiempo" e intentar no es ser un parásito que espera que todos solucionen sus problemas. Rachel, eres patética. Alérgica al esfuerzo. Si alguna vez de verdad has hecho algo por lo que enorgullecerte, ¿podrías decírmelo?
Rachel escudriñó en lo más profundo de su memoria, pero toda su vida nunca había deseado nada verdaderamente. Jamás pensó en qué sería al crecer, si quería formar una familia o la carrera que escogería. Nunca tuvo un sueño por el que quisiera vivir, solo disfrutaba la comida que su hermana y su madre compraban, esperaba que el Internet fuera bueno y se lanzaba a esa silla a quedarse horas ahí hasta irse a dormir, ir a la escuela y repetir el ciclo.
¿De verdad había algo que la hiciera sentir orgullosa? ¿Había algo por lo que de verdad se hubiera esforzado totalmente?
Fue entonces que ese momento brilló en su cabeza, entre sollozos, una palabra salió de su boca.
―Luz ―Sus ojos se encontraron con los de Renate, que apagó su aura y se sentó en el suelo frente suyo. Rachel la imitó, apoyando sus manos en sus piernas― Estoy orgullosa de haber salvado a Luz.
―¿Cómo fue ese momento?
―Sentí que debía dar la vida si era necesario, así solo le diera un poco más de tiempo.
―¿Por qué?
―Era lo correcto. ―Rachel limpió sus mocos con aquella camisa blanca que utilizaba para correr. ―Aun si yo salía con vida. No podría mirarme en el espejo si no hubiera intentado todo lo que estuviera a mi alcance para salvar a una niña inocente.
La expresión de Renate se suavizó, revelando una ligera sonrisa que desapareció poco después.
―¿Y cómo puedes mirarte al espejo sabiendo que no haces todo lo posible para ser la Rachel ideal que quiere vengar a su hermana?
Rachel quedó sin aliento, pero Renate continuó.
―¿Qué tan descarada eres para disfrutar de estos lujos sin esforzarte para ser la Rachel ideal que busca pagarle a los Logan todo lo que ha hecho? Y más importante, ¿Cómo vives manteniéndote en un ciclo de autodesprecio constante sabiendo que podrías ser mejor? Ves un lugar más brillante a lo lejos, pero cuando te das cuenta que tienes que luchar para llegar hasta ahí, te resignas y permaneces en la sombra: "Ay, qué pereza, igual estoy bien así". "Yo no fui capaz, esperaré a que otro lo haga". ―Renate hizo un vago intento de imitar a Rachel, lo cual provocó que la rubia empezara a llorar aún más, dándose cuenta de aquel error enorme que la mantenía atada―. Un día, aquello que amas dependerá de ti, ya sea algo, alguien, tu nueva familia, tú misma. Cuando el momento llegue, no podrás hacer nada para evitar que eso sea destruido porque nunca te esforzaste en serio en dar un paso más que te hiciera mejorar. En ese momento pensarás: "Ojalá hubiera sido más fuerte", y será ese pensamiento el que te lleves a la tumba.
Rachel apretó sus shorts con fuerza. Mordió su labio inferior a tal punto que, si aplicaba así sea un poco más de fuerza, terminaría lastimándose. Todo este tiempo había jurado a Chloe que haría lo que fuera para alcanzar su objetivo, pero al momento de la verdad, no era capaz de mantener una simple dieta. Rachel Ficks era débil.
―Renate... ¡Renate! ¡Yo quiero ser fuerte! ―Rachel inclinó su cuerpo, no era capaz de seguir mirando a Renate. Las lágrimas cayeron sin parar por sus mejillas, manchando el suelo― Yo de verdad quiero ser esa versión que tanto anhelo, ¡Y es muy difícil!, la veo tan lejana. Tanto que parece ser solo una ilusión. ¡Pero de verdad quiero alcanzarla!... Por mi hermana... por mi mamá. ―Rachel se arrodilló, recostando su frente contra el suelo mientras rasgaba sus uñas contra este mismo― ¿Qué es ser fuerte?
Esas palabras se tatuaron en la mente de Rachel. En otro momento, ya estaría recibiendo los consuelos de su hermana, su madre o Lindsy, pero aquí nadie vendría a decirle que todo estaría bien.
―¿Qué se siente volverse verdaderamente fuerte? ¿Cómo es ver que de verdad alcanzaste a aquella persona en la que tanto deseas convertirte? ¿Cómo se sentirá eso? De verdad quiero... De verdad quiero. ―Rachel fue levantando poco a poco su cabeza, observando a quien continuaba esperando su respuesta con aquel rostro inexpresivo― ¡De verdad quiero saber qué es ser fuerte! ¡Quiero lograr cosas por mí! ¡No quiero seguir dependiendo de los demás para todo! ¡Me gustaría ser yo quien dirigiera su propia vida!... Que cuando vuelva a ver a mi hermana y mi madre, ellas se sientan orgullosas de mí ―Rachel poco a poco fue levantándose, quedando de pie frente a su contraria, que también se levantó―. Quiero mirarme al espejo y sentirme orgullosa de mí.
Un ligero brillo apareció en los ojos plateados de la pelinegra. Las palabras de Rachel la hicieron reflexionar por un momento, entonces se dio la vuelta y se dirigió a la puerta nuevamente. Rachel volvió a mirar al piso, aceptando que Renate ya había escuchado suficiente, pero aquella mujer abrió la puerta y se detuvo.
―Cualquier persona puede cambiar, solo debe de esforzarse. No será nada sencillo, muchas veces querrás abandonar.
Rachel abrió de más sus ojos, regresando a ver a su maestra, asintiendo con la cabeza.
―Lo sé. ¡No lo haré!
―Esto no es algo que puedes hacer solo por tu hermana, por Lindsy o el odio hacia Adarza. Solo mejorarás si de verdad lo haces por ti misma, solo así serás fuerte.
―¡Lo haré! Avanzaré cada paso necesario hasta poder alcanzar a ser alguien en quien yo pueda confiar. ―Rachel limpió sus lágrimas, sin notar cómo Renate había elevado los extremos de su boca en una sincera sonrisa.
―Bien, entonces ve a descansar ―dijo volviendo a su semblante serio―. Mañana podemos continuar con el entrenamiento.
―¡No!... Todavía no he terminado... lo que tengo que hacer hoy. ―Rachel, a pesar de tener sus ojos rojos por todo ese espectáculo de lágrimas que montó, mostró una mirada llena de determinación― No puedo desperdiciar un día solo porque me puse a llorar.
Renate se mantuvo en silencio, caminando hacia las escaleras del búnker, levantando su mano sin mirar a su aprendiz.
―Iré a buscar algo para limpiar el desastre que hice, apenas vuelva, empezaremos de nuevo: flexiones, abdominales y sentadillas.
―¡Sí! ¡Haré las flexiones ya mismo!
Renate se detuvo para observar cómo la rubia volvió a posicionarse para repetir aquellas diez flexiones, aunque se notaba que estaba adolorida ya de sus brazos. Se alejó soltando una pequeña risa, subiendo las escaleras con una pequeña pizca de esperanza.
No sabía si de verdad algo había cambiado dentro de Rachel, pero estaba segura de que había dado un paso.
Por más pequeño que fuera, Rachel había dado un paso para alcanzar aquella persona en la que deseaba convertirse: Una persona verdaderamente fuerte.