—Primero que nada, debo agradecer mucho a todos los presentes aquí. Es muy valiente de su parte estar lejos de sus amadas patrias y esposas, en especial a cualquier español presente. Cada día hay más marroquíes en España. ¿Estarán bien sus esposas?
Las risas de la mayoría no se hicieron esperar, mientras que Lawrence levantaba un micrófono para que todos fueran capaces de oírlo. Rachel tuvo que aguantar la risa ante el showman que tenía enfrente. El dueño de L.L. Corp. esbozó una enorme sonrisa con una expresión radiante, todos notaban que amaba esto.
—Veo que mis amigos ingleses se están riendo de más, ¿Quieren que les dé su palabra del día? Nigerianos.
Lawrence bajó su mirada, cerrando sus ojos a la par que algunos abucheos e insultos provinieron de algunas personas en las gradas. Pronto, las voces se perdieron entre las risas de otros miembros del consejo.
—¡Vete a la mierda, Logan!
—Yanqui asqueroso ¿¡No tienes recursos que robarles a otros países en vez de estar haciendo el payaso aquí!?
Rachel no sabía cómo expresar lo que sentía en este momento. Su expresión de asombro decía todo lo que su boca no podía. Miró a Lindsy, tratando de averiguar si esto era normal, pero la chica de verde cubría su rostro con ambas manos, inclinando su cuerpo, esperando que la tierra se la comiera para así ocultar su vergüenza.
«Ay, mierda, que esto debe ser muy normal».
Con algo de sudor en su nuca y una sonrisa idiota, Rachel observó a Leena, que mantenía una expresión serena mientras acomodaba el cabello de Luz, que estaba sentada junto a ella. La menor de los Logan no entendía aquellos chistes, pero suponía que eran muy importantes si Luck los estaba anotando en los documentos de su celular.
—Muy bien, muy bien. Antes de continuar con la sección de comedia, mi querido congreso, hoy hablaremos de algunos asuntos importantes, digo, no vinimos a vernos las caras... Al menos yo a ustedes no, pero de seguro algunos ya estaban ansiosos de escuchar mi voz, ¿Cierto? —Lawrence quedó satisfecho al escuchar cómo casi toda la grada negó, entonces dio unos pequeños aplausos—. Bueno, ya, ya, Madame Zhu Qing me está mirando muy feo.
Varias miradas se posaron en una mujer que a pesar de ser muy mayor, presumía una maravillosa bellezade una joven de 30 años, obviamente gracias a los beneficios de una vida sana y la ligera longevidad extra que el aura otorgaba. Su cabello era negro, tan largo que llegaba a su cintura. Portaba un llamativo vestido rojo con decoraciones doradas. Sus bellos ojos rojos se clavaban en Lawrence como si fuera a apuñalarlo apenas lo tuviera cerca.
—Primero que nada, quiero hablar con ustedes sobre cosas que ya todos saben. Las filtraciones de reuniones de operadores no tan... Agraciados como nosotros. —La sonrisa de Lawrence se convirtió en una mueca burlona mientras caminaba de un lado a otro, extendiendo sus brazos de vez en cuando—. ¡No una! ¡No dos! ¡Tres reuniones no consecutivas filtradas en menos de un año! Cuyo resultado fue que esas ratas impías mataran a algunos de nuestros empleados... ¿Y qué hacen las Naciones Unidas? Lo mismo que han hecho desde su fundación: sentarse en sus cómodas sillas y rascarse el culo con el esfuerzo de nosotros, los pobres operadores.
Rachel se cruzó de brazos. Lindsy le había comentado un poco sobre aquella situación, pero al no ser su problema, prefirió no pasar de ese comentario. Además de que en ese momento seguía demasiado sensible por la muerte de Chloe, así que menos le iba a importar, pero por lo visto, no tendría forma de escapar de escuchar la versión resumida de todo este conflicto, lo cual no le molestaba.
—No sé qué es más patético, que suframos tres filtraciones y mueran nuestros camaradas a pesar de estar respaldados por la mayor fuerza política del mundo o que la organización que consiguió todo esto lo hizo estando en la ruina y al borde de desaparecer. Me da tanta lástima como la situación de los franceses, dios, ¿Es que ya no pueden mantener un primer ministro por un año?
El mismo Lawrence tuvo que aguantar la risa para poder continuar con su monólogo. Usualmente no sentía envidia hacia gente a la que consideraba inferior a él, pero quería estar en esas gradas riéndose mientras alguien contaba chistes tan buenos como ese.
—En fin, no cambiemos tanto el tema, no seamos como Francia con sus ministros. Algunas personas sobrevivieron, otras murieron en esos ataques y la situación para los operadores se ha vuelto más insegura. Para nadie es un misterio que a los grandes del mundo como el tío Sam, Rusia y China les hace felices cuando hay un operador muerto. Debemos arreglárnoslas por nuestros propios medios. ¡Dios! ¿Cómo pueden ser así? ¡La mayoría de muertos era gente blanca!
Rachel cerró sus ojos, uniéndose a las risas de la grada, acercándose un poco más a Lawrence. Le resultaba un idiota, pero uno bastante gracioso. Sintió una mirada desaprobatoria en su nuca, podía saber de quién era.
—Como otro simple operador más, debo decir que me preocupaba un poco la situación. ¿Cuánto tiempo tardarían en involucrar a la gente de arriba? A aquellos que de verdad colaboran y se esfuerzan para que nuestra organización siga a flote, mejorando cada día, y luego pensé: "Ay, mierda, también debo preocuparme por los Vasíliev".
Entre la multitud, el hombre de traje blanco y cabello rubio con puntas blancas en la zona VIP de las gradas levantó un poco las comisuras de sus labios, Lawrence llevó una mano a su frente para fingir que buscaba a alguien.
—¿Alexei se dignó a venir? Y mejor pregunta: ¿Está sobrio ese maldito alcohólico?... —La expresión de Lawrence fue endureciéndose poco a poco, apretando un poco más fuerte aquel micrófono—. Mi familia fue atacada hace poco, pero fueron capaces de lidiar con el problema. —Guardó silencio. Muchos en las gradas quedaron petrificados ante aquel anuncio. Nadie esperaría que Lawrence Logan fuera atacado— Por suerte, también, los Impíos están tan faltos de gente que enviaron un equipo pequeño. Imagínense tener la oportunidad de matarme, eso sería un alivio para ustedes, ¿No? —La sonrisa de Lawrence volvió, mientras cerraba sus ojos y su tono pasó a ser más arrogante—. Ahora, si estos imbéciles fueron capaces de mandar gente por mi cabeza, imagínense qué será de ustedes, pobres diablos.
La gente en la grada empezó a hablar entre sí. Muchos estando de acuerdo en parte con las palabras del imbécil presentador. ¿Qué pasaría si fueran por más peces gordos? No todos tenían la fuerza de combate del gran Lawrence Logan. Aunque no todos lo admitirían, era verdad que parte de los presentes no hubieran salido con vida si hubieran estado en la situación de Lawrence.
—Pero ya no tienen que preocuparse, mis niños, papi Lawrence se encargó de hacerles el trabajo a los de arriba. Encontrando al desgraciado que filtraba la ubicación de nuestros hermanos y puso en peligro a mi familia. Siendo Henry North el culpable.
Ese nombre fue desconocido para la rubia junto a Lawrence, pero muchos operadores empezaron a insultarlo como si fueran enemigos jurados. Como era de esperar, Rachel mantuvo silencio.
—¡Ese gordo bastardo tuvo las bolas para vendernos!
—¡Dinos que le abriste su puta panza!
—Por dios, qué salvajes —dijo Lawrence con un disgusto fingido—. ¿Somos como esos humanos horribles o somos operadores? ¡Tenemos una sociedad estable con normas y leyes a respetar! Algo como eso debía ser llevado a juicio... y entre todos elegir qué le haremos a ese hijo de perra.
Rachel se sintió decepcionada ante el cambio repentino de la elegancia de Lawrence. Aunque todo el público apoyó aquella idea.
«Es un hombre que sabe cómo ganarse a la gente», pensó Rachel con una sonrisa. Se sentía agradecida de conocer a esta tan animada familia.
—¿Cómo lo descubriste? Rey de los payasos —Zhu Qing levantó su voz. La gente inmediatamente calló, entonces ella se vio obligada a repetir la pregunta al notar que Lawrence no la escuchó— ¿Cómo fuiste capaz de descubrirlo? Gran payaso. No creo que nadie tenga esa duda.
—Jaja, ya sabes. Un poco de sonrisas, un poco de aquello y la verdad sale a la luz. —Lawrence levantó sus hombros antes de aclarar su garganta y proseguir—. Bueno, lo cierto es que sufrió una traición en medio del combate, por pura coincidencia, quedamos en vernos en el momento de la emboscada. De seguro los Impíos se dieron cuenta de que mi muerte sería el golpe más duro para el congreso, aunque no tengo las razones, ellos debieron pensar que sería bueno acabar con dos pájaros de un solo tiro.
—Pero él era su informante. —Zhu Qing frunció el ceño, algo desconcertada—. Y estaba llevando a cabo de manera excelente su trabajo, tanto que se inculpó al Cosmopolita. —el cento inglés le falló por un momento al pronunciar el apodo autoimpuesto de Arthur. Este también era un tema que todos en la reunión querían tocar, incluyendo a la operadora china más conocida entre las grandes familias.
—¡Sí! ¡Lawrence! ¿¡Qué pasó con Arthur!?
A ojos de todo el mundo, el Cosmopolita había desaparecido durante varias semanas. Rumores indicaban que él había sido el culpable de filtrar la información, cosa que nadie además del gobierno creería. Las malas lenguas insinuaban que aquel hombre estaba durmiendo cómodamente a tres metros bajo tierra o en lo más profundo de un lago.
—Primero lo primero —Lawrence detuvo la lluvia de preguntas al levantar su palma hacia las gradas; luego dirigió su cálida sonrisa a Zhu Qing—. En el combate su hija fue herida y yo los salvé. Quizás fue por arrepentimiento o porque fue traicionado, pero en la desesperación, Henry confesó sus crímenes antes de que lleváramos a la pequeña Violet al centro de rehabilitación de operadores más cercano.
La dama de bermellón asintió, aún sin estar satisfecha con aquella respuesta, pero seguir preguntando a Lawrence directamente le era una pérdida de tiempo. Extendió un abanico plegable para ventilar su fino rostro maquillado.
—Ahora que la curiosidad de nuestra hermosa emperatriz de la llama fue saciada en parte, puedo responder algo que todos querían saber. Arthur está vivo y feliz. De seguro en algún bar gay de Copenhague. Ya saben, ¿40 años y nunca lo hemos visto con una mujer? Uy... ¿No se les hace raro? —Lawrence ya casi podía sentir un golpe en su costilla, apenas volviera a ver a Arthur, debía encender su aura lo más rápido posible—. ¡Así que no se preocupen! En cualquier momento Arthur volverá a llevarlos con sus amantes sin que sus esposas o esposos se enteren, gente, ese maldito es peor que las cucarachas. Tiene más suerte que un restaurante chino junto a una veterinaria. —Lawrence sintió nuevamente la mirada asesina de Madame Zhu, pero no pudo evitar hacer el chiste.
Rachel asintió con la cabeza. Ahora, con todo el panorama completo, le era más fácil entender todo lo que había pasado. Entonces llevó su mano de forma inconsciente a la herida de su abdomen. Aunque sobre su ropa. Aunque uno de esos asesinos fue más por razones personales que por "la causa", como lo llamó ese hombre. En esta minoría había un grupo incluso más pequeño que estaba en contra del gobierno. Rachel asintió, esa información era valiosa si estaría relacionada más tiempo con estos operadores. Aunque ya se estaban cansando del show de comedia, quería hablar sobre el espejo de bolsillo, pero solo estaba aquí como una invitada a la que le harían un favor, así que no quería exigir.
—Ahora, su humilde servidor propone no asesinar al traidor... Y No solo soy yo quien lo propone, informé a los de arriba, y obviamente no quieren matarlo... Aún. Primero se le sacará información y luego, quizás, solo quizás, nos permitan hacer lo que queramos con él.
Los operadores en las gradas expresaron sus opiniones entre ellos, estando bastante de acuerdo en que era muy poco probable, pero de ser el caso, deberían acordar desde ya qué hacer con él.
Lawrence trataba de escuchar entre el sinfín de voces, pero le fue imposible. Entonces su mirada se posó en la joven a su lado, llegando a tener una magnífica idea.
—Oh, claro. Antes de que empecemos a hablar sobre presupuesto, actividades semanales y cosas aburridas que Alexei no va a hacer y pondrá a alguien más a realizar su trabajo, tengo que dar un pequeño mensaje, aunque, más bien, es preguntar si en sus bondadosos corazones pueden ayudar en algo, especialmente las familias principales.
Rachel sonrió. Por fin Lawrence acabaría con este circo y ella podría ir a sentarse con Lindsy y los demás. Encontrar información del espejo y Adarza sería sumamente fácil con la ayuda de todo el congreso. Aunque suponía que las intenciones de Lawrence iban más allá de saber dónde estaba Adarza, pero, sinceramente, no le interesaba qué hicieran con ese espejo mientras ella misma le rompiera el cuello a Adarza.
Por puros reflejos, Rachel fue capaz de atrapar aquel micrófono que voló en su dirección. Ella lo miró confundida, entonces observó a Lawrence guiñar un ojo.
«¿Cómo?» Su pobre mente quedó en blanco, Lawrence le había dado el micrófono, cosa que no entendía porqué, si se supone que él era quien contaría los sucesos, omitiendo algunas cosas importantes.
—Adelante, Rachel Ficks. Es tu turno de brillar —dijo Lawrence, llevando sus dedos a sus propias mejillas para mostrarle a Rachel cómo debía sonreír—. Un chiste o dos no molestarán a nadie, adelante.
Rachel cubrió el micrófono, mientras que Lawrence se alejaba con pasos largos. Las manos de Rachel empezaron a temblar sin poder levantar su mirada, pues ahora mismo sabía que estaba siendo observada por todo el congreso.
—¡Lawrence! ... Lawrence, hijo de puta. —Rachel frunció el ceño, buscando acercarse a su horrible benefactor, pero este se alejaba cada vez más si la veía acercarse.
—Adelante, lo harás bien. ¡Confía en ti misma! —dijo Lawrence levantando ambos pulgares en dirección de la pálida rubia de gabardina.
Rachel se mantuvo en silencio. Escuchando los murmullos entre los Operadores sin poder distinguir algo, claro, suponiendo que estaban hablando sobre ella ahora mismo. En sus rostros se mostraba interés, confusión. Ella suponía que todos se preguntaban quién carajo era y por qué estuvo junto a Lawrence en todo momento. Buscó calmarse, observando de reojo a la princesa de verde. Que casualmente levantaba sus pulgares en su dirección, siendo muy similar a su padre. No sabía si sentirse mejor con eso o hundirse en su miseria. Seguido, tomó un suspiro profundo antes de levantar su mirada, aún con su cuerpo totalmente tenso.
—Soy, soy Rachel Ficks. Es todo un, un honor pararme en frente de las grandes casas del mundo de la operación, de verdad. —Era mentira. No sentía nada además de horribles nervios que la devoraban desde dentro, pero supuso que adular a esta gente era el primer paso para recibir su apoyo—. Soy una humana común, que está bajo el cuidado de los Logan por el momento.
Lawrence negó con la cabeza apenas escuchó "humana común", llevándose una mano a su frente. Esperaba que la rubia fuera lo suficientemente inteligente para saber que era de las cosas que no debía decir. Había sobreestimado la inteligencia de Rachel Ficks.
Muchos en la grada cambiaron su expresión, como si miraran a un perro sarnoso que se paraba en la puerta de sus casas a pedir comida, entonces los murmullos se volvieron más fuertes. Obviamente, todos se preguntaban: ¿Por qué una humana normal estaba en este lugar tan importante para los operadores?
—¿Lawrence? —Alexei Vasíliev, un ruso de cuarenta y tantos años, se levantó de su asiento. No mostraba asco o confusión; mantenía un semblante sereno. Se acercó más a las gradas mirando a su igual desde arriba, de nuevo, todos se callaron para que su voz llegara a Lawrence— ¿Por qué hay una chica normal ajena a nuestro mundo aquí? ¿Es alguna clase de broma?
—Este... Señor, puedo explicar eso yo misma —Rachel levantó su dedo índice. Acercando más su micrófono a su boca, observando al hombre de traje blanco—. Vivía con mi hermana hasta que encontré un espejo de bolsillo guardado entre las cosas de mi madre, ¡Y era un objeto mágico! Creó una copia exacta de mí que salió del espejo y mató a varias personas.
Alexei guardó silencio, arqueando una ceja con algo de intriga ante la historia de Rachel. Observó de reojo a la asiática de vestido rojo al otro lado de la zona VIP, que se mantenía atenta a sus palabras, aunque ocultaba parte de su disgustado rostro detrás de su abanico de mano con decoraciones rojas y doradas, entonces Rachel prosiguió.
—Creo que ella manipuló a varias personas para que siguieran sus órdenes, atacaron a otros estudiantes y se llevó a cabo un juego horrible. No entraré en detalles de ese horrible día.
Lawrence le aconsejó ocultar la mayoría de habilidades del espejo, puesto lo peligrosas que podrían ser. Si lo hacían lucir un poco menos problemático, era mucho mejor para evitar el interés de otros operadores. Rachel estuvo de acuerdo, si Lawrence se quedaba el espejo, al menos ella sabía qué tipo de loco lo tendría, pero si alguien más se lo quedara, solo Dios sabía qué cosas serían capaces de hacer.
—El punto es que los Logan me ayudaron, pero están tratando de conseguir información del espejo y supongo que la búsqueda no fue muy útil, ya que no me ha dicho nada. —Ella se mantuvo callada por un momento al escuchar algunas risas y murmullos, observó de reojo a Lawrence, que negaba con la cabeza. Al parecer, si él quedaba como un tonto, dejaba de ser gracioso el show—. Así que, por favor, sería muy útil si el congreso colaborase para hallar información, de dónde vino y cosas así.
La corte de operadores se mantuvo en silencio. Rachel los miraba confundida, se preguntaba si había dicho algo malo, pero luego recordó aquella caja en la que el espejo venía.
—Ah. Sí, sí. Casi lo olvido. El espejo venía en una caja cerrada con candado. Había un encendedor, una foto de mi madre y un grabado, creo que las letras eran... A. L. L. M. A. Tengo la caja en la residencia Logan en caso de que sirva de algo.
Rachel no fue capaz de verlo, pero Leena dio un sobresalto al escuchar aquellas iniciales. Luz la observó confundida, pero en los ojos de su madre podía notarse que aquella revelación fue más que impactante.
—¿Mamá?
—¿Por qué Lawrence no me dijo eso? —Leena cubrió su boca, antes de que aquella sorpresa se convirtiera en una ira asesina dirigida hacia su esposo, que la observaba desde lejos. No era necesario que hablaran para saber que alguien debía muchas respuestas.
Alexei Vasíliev estalló en risas incontrolables luego de escuchar a la rubia. Esta situación era casi impensable para él, muchos operadores lo observaron con curiosidad y, antes de que ese ataque de risa empezara a infectar a las demás personas, poco a poco, otros operadores reían con fuerza. Rachel bajó el micrófono sin entender muy bien la situación, pero en el fondo, sabía que esas risas iban dirigidas hacia su persona, cosa que la molestaba.
—Logan, eres despreciable. ¿Cómo vas a traer a una chica normal para que nos burlemos de ella? Tan inocente que se ve la pobre idiota.
Un operador alzó su voz, Rachel frunció su frente y apretó con fuerza el micrófono, antes de observar a Lawrence, que se había recostado al muro, con su mirada dirigida al suelo. La de gabardina lo maldijo internamente.
—¡Eso es un nuevo nivel de cinismo, Logan!
—¡Ya salte del escenario, niña!
Rabiosa, Rachel apretó sus dientes, resoplando con fuerza por su nariz antes de volver a levantar el micrófono y gritarle, cosa que provocó interferencia, siendo una molestia momentánea para todos.
—¿¡Qué les da tanta risa!? Esta mierda es en serio. ¡Allá afuera hay una loca hecha de magia con un espejo matando a gente inocente!
Lindsy chasqueó su lengua. Esperaba que este escenario no ocurriera, pero desde el momento en que Rachel tomó el micrófono, se había vuelto inevitable. Por otro lado, Jazka tuvo que jalar a Alice de la oreja para que dejara de reírse.
Ante el desinterés de aquellas personas y algunas risas restantes, Rachel empezaba a entender mejor el comportamiento de Alice y Jazka. Este era el mundo de los operadores. Se sentía más tonta al pensar que ayudarían amablemente por un sentido del deber que en ninguno de ellos existía. Quizás había esperado demasiado de esta gente.
—¡No da risa!... ¡No hay de qué reírse! ¡Malditos estúpidos!
Lawrence se sorprendió, de nuevo, había sobreestimado otra capacidad de Rachel: su autocontrol. Intentó acercarse, pero esta vez fue Rachel quien se alejó tan rápido como pudo, observando a los operadores en sus gradas, quienes dejaron de reír al ser insultados por una humana normal.
—¡Esa maldita está matando familias inocentes! Niños y mujeres, de seguro. ¿Quién sabe qué está haciendo? ¿¡Por qué se ríen!? Banda de enfermos.
—¡Basta!
Un torbellino de fuego voló desde la zona VIP, aterrizando delante de Rachel, quien recibió un golpe en su mejilla de parte del abanico de mano de Madame Zhu Qing. Que ahora estaba delante de la rubia con una expresión endemoniada, había alcanzado su límite.
—Ninguna mocosa malcriada va a insultarme o darme un sermón, mucho menos si es una humana. —La mirada de la brava asiática fue directo a Lawrence, que ahora estaba cerca sin intervenir—. No me interesa quién esté respaldándote, pero entenderás tu posición aquí.
—Uy, ahora sí que se puso mejor la reunión, nos faltaba una así. —Alexei expresó su emoción con cortos aplausos, mientras volvía a recostarse a la baranda de la zona VIP, poco más y se lanzaba para ver el problema más de cerca.
Rachel, al igual que todos los demás operadores, quedó en silencio, impactada por esa cachetada, pero la rubia no redujo su intensidad para nada y le regresó la misma mirada a la mujer de vestido rojo.
—¡Vieja de mierda! —Entonces volvió a recibir otra bofetada con el abanico, pero eso no la detuvo—... ¿En verdad no van a ayudar? Ese espejo posee habilidades de operación, ¿No? ¡Eso lo vuelve su problema! No sean cínicos.
—Esta vez te daré la razón, Vasíliev. Parece que todas las rubias tienen severos problemas mentales. —Zhu Qing rodó sus ojos, alejándose un poco de Rachel antes de responder. Dándole la espalda por unos momentos—. Nosotros no nos encargamos de pequeñeces como esa, mocosa estúpida. Siguiendo tu lógica, de seguro vas a ir corriendo a ayudar a ese montón de drogadictos en ese país tuyo, ¿verdad? Porque como son los Yankees quienes hacen drogas, tú, al ser una Yankee, irás corriendo a detenerlos... ¿Lo harás? ¿Verdad? Porque es tu moral.
Madame Zhu se acercó a Rachel, quedando peligrosamente cerca de la rubia, que echó su cuerpo hacia atrás manteniendo su mirada en los ojos de aquella mujer mayor, aguantando las ganas de gritarle; no sabía cómo responder a sus palabras.
—Arrogante y estúpida. Vienes a pedir un favor, nos insultas y aun así quieres que solucionemos tus problemas. Dime, rubia estúpida, ¿Cómo fue que ese espejo creó un clon tuyo en primer lugar? —Ella dirigió su abanico al mentón de Rachel, que lo alejó de un manotazo, tomando distancia entre ambas—. Adelante, niña, que para ayudar necesitamos todos los detalles.
—Yo... caí en sus engaños y la saqué del espejo. —Contestó Rachel a regañadientes.
Podía mentir, claro que podía. Decir que apenas vio el espejo, salió un clon maligno, pero la voz de Rose apareció en lo profundo de su conciencia. Aquellas últimas palabras que le dijo antes de marcharse. No podía negar jamás que era solo culpa, si llegaba a hacerlo, no se perdonaría.
—Así que fuiste una ingenua, y por ti, hay un ser maligno matando gente inocente, creo que omitiste eso en tu explicación.
Los labios de Rachel temblaron, bajando su mirada al darse por vencida. Lindsy quería saltar a ayudarla, pero si se llegaba a meter en aquella discusión, sabía que su padre no se lo dejaría pasar. La princesa de verde tuvo que apretar sus puños impotentes y tragarse la ira.
Zhu Qing abrió su abanico empezando a ventilar su cara otra vez , no creía que se había rebajado tanto para poner en su lugar a una humana normal. Al dar por terminada la discusión, un aura parecida a llamas de color bermellón envolvieron a la mujer. Regresando a su asiento como una nube de fuego volador.
Rachel miró de reojo a Lawrence, que colocó su mano en su hombro para tratar de consolarla. Por su expresión, adivinaba que las cosas no salieron como él esperaba. Tendrían que arreglárselas solos y todo esto había sido para nada.
¿Pero podía permitirse que esto acabara de esta manera? Si los Logan no eran suficientes, ¿solo dejaría a Adarza libre? ¿Hasta este punto llegaba lo que la simple Rachel Ficks podía hacer para vengar a su hermana?
Maldijo su propia inutilidad, maldijo a ese espejo, maldijo mil veces a Adarza, a los operadores, a Lawrence, pero luego de desquitarse con ella misma y el mundo que la maltrataba, solo podía seguir avanzando. Aún tenía ese micrófono en la mano, aún había algo que podía hacer.
—Bueno, quizás sí me excedí... De hecho, lo hice. Me excedí. No es culpa de los operadores, todo es culpa mía, pero pónganse en los zapatos de la gente que ha salido lastimada.
Rachel acercó de nuevo el micrófono, lanzando lejos su arrogancia. Su soberbia. Ahora solo era la joven y patética chica que siempre ha sido, una que solo podía suplicar por ayuda a quien era más fuerte que ella.
—Familias enteras, niños y ancianos que pagarán mi error con sus vidas. Fui patética y no pude hacer nada cuando tuve la oportunidad, no fui fuerte... —Trató de suprimir las lágrimas en sus ojos, pero fue incapaz—. No soy nadie, y necesito de verdad su ayuda. Ustedes son las únicas personas que de verdad pueden hacer algo para descubrir dónde está Adarza y qué es ese espejo. Tienen los contactos, gobiernos de su lado y de seguro no les costaría nada más que mandar gente a conseguir información.
Lawrence contuvo su respiración, observando a la patética niña que cayó de rodillas, juntando sus manos ante los dioses en las gradas, esperando que se apiaden de ella.
—Ayúdenme... No quiero que haya más sangre en mis manos, sé que es egoísta, pero se los suplico... Ayúdenme. —La rubia bajó su cabeza, dejando caer algunas lágrimas en el suelo mientras el abrumador silencio inundaba el lugar.
Nadie quería ayudarla, porque no era su problema. ¿Por qué deberían ayudarla y desperdiciar recursos por una desconocida? De nuevo, Rachel se maldijo a sí misma y su inutilidad.
—Yo ofrezco mi ayuda.
Rachel levantó su mirada buscando a esa voz cercana que se había apiadado de ella, no era Lawrence, pero sentía que la reconocía. Entonces observó a su lado cómo un hombre de cabello negro y puntas blancas extendía su mano hacia ella, buscando levantarla.
Todos lo reconocían: aquella gabardina marrón, sus pantalones negros y su camisa blanca, irradiando seguridad como ningún otro operador, él era la definición de poder entre esta gente arrogante.
Arthur el cosmopolita.
—Levántate, Rachel. Humillarte no te servirá de nada con esta gente, si es que les podemos decir así.
Rachel abrió con sorpresa sus ojos, al igual que todos los presentes. Los operadores se levantaron de sus asientos, como si hubieran visto a un fantasma. El Cosmopolita estaba más que vivo.
Los operadores gritaron su nombre, otros su apodo. Alexei sonrió con satisfacción. Sabía que era demasiado bueno para ser verdad, era imposible matar a ese desgraciado. Zhu Qing se mantuvo en su asiento, aún ventilando su rostro, sin tomarle mucha importancia a la aparición repentina del Cosmopolita.
—... Gracias —con lágrimas en su rostro y algunos mocos casi cayendo por su nariz, Rachel miró a Arthur, que acarició su cabeza con cariño.
—No me agradezcas —dijo en un susurro, antes de tomar el micrófono de la rubia. Lawrence se acercó, hasta que Arthur fue el siguiente en mirarlo con la intención de matarlo si se acercaba mucho—. Mi situación fue resuelta, puedo retomar mis actividades de forma normal. Cualquiera que necesite mis servicios puede contactarme donde siempre.
Los operadores no ocultaron su emoción en sus rostros. Cosmopolita era necesario demasiado, pero el operador más fuerte continuó.
—Por otro lado, independientemente del apoyo de la familia Logan, Rachel Ficks tiene mi total colaboración en cualquier cosa que necesite. —Su mirada luego fue dirigida a Madame Zhu, la expresión del Cosmopolita era inusualmente más seria de lo normal—. Ahora, le pido, por favor, que disculpe a mi niña. Es grosera, pero no tiene derecho a golpearla, cualquier problema que ella cause, hablen conmigo.
Sus palabras confundieron a la mayoría de las personas presentes. Incluso a la asiática de ojos rojos tenía incógnitas respecto a sus palabras, pues dejó bastante en claro que no era por ayudar a Lawrence.
Alexei levantó su mano, llamando la atención de Arthur antes de gritar.
—Arthur, ¿qué tiene de especial esa humana para que la ayudes tanto? —esperó ansioso la respuesta, cada segundo era una eternidad para el ruso, que se deleitó al ver la sonrisa torcida de Arthur.
—Todos los padres vemos a nuestras hijas como lo más importante en la vida. Es natural que yo quiera ayudar a mi hija. —Exclamó Arthur con una sonrisa, llevando una mano a su pecho, sin apartar la vista de Madame Zhu.
Rachel quedó en blanco, junto a todos los presentes levantando la mirada con confusión, no, no era confusión, estaba segura de que había escuchado mal. El de gabardina marrón buscó algún cigarrillo en sus bolsillos, pero no encontró ninguno.
—¿Qué fue lo que dijiste? —Rachel miró a los ojos de Arthur. Tenía que volverlo a escuchar.
Pero, incluso si volvía a escucharlo, no le creería para nada.