En medio de la total oscuridad, Rachel sintió una cálida y agradable sensación en su frente... Bastante agradeble. Chloe algunas veces la despertaba de esa forma. Un adorable beso en su frente junto con un "Buenos días, Rachel, ¿Dormiste bien?".
Pero era imposible que su hermana la hubiera despertado esta vez. Luchó por abrir sus ojos, se sentía mucho más cansada que cualquier otra mañana común. Todo su cuerpo pesaba y dolía levemente, pero al momento de estar completamente consciente, llevó su mano a su abdomen, recordando cómo su carne fue desgarrada por aquella cuchilla de huesos.
—¡Luz!
Rachel tomó asiento en la cama. El mareo que recibió por levantarse tan rápido dejó el mundo borroso por un momento. Llevó su otra mano a su frente, sintiendo cómo alguien se negaba a soltar su muñeca.
Rachel observó la habitación amueblada donde se encontraba, no era nada del otro mundo en comparación con los lujos de los Logan o el hotel donde se quedaba, pero era incluso más reconfortante para ella. Los lujos excesivos la hacían sentir como una aprovechada. Entonces, miró a su lado, sorprendiéndose al ver a Lindsy Logan sentada sobre una silla de madera. La primera pregunta de la de ojos azules fue: "¿Cuánto tiempo estuve dormida?"
—Lindsy, ¡Lindsy! ¡Fuimos atacadas por un tipo que manipulaba huesos y-!
—Yo sé, no te alteres. La herida de tu abdomen fue bastante grave, tienes suerte de estar viva.
Esas palabras golpearon fuerte en el rostro a Rachel. Claro que tenía suerte de estar viva.
Tuvo suerte con Adarza, Jazka y ahora con este hombre. En dos de esos momentos fue gracias a las personas a su alrededor que logró salvarse por el pelo de una rana calva. Con Adarza solo fue capaz de sobrevivir por un descuido de su réplica.
También tuvo suerte de que Lindsy fuera una operadora y una buena persona, tuvo suerte de que su familia no se negara a ayudar. Si había algo que no abandonaba a Rachel Ficks, además de Lindsy Logan, era la suerte. Quizás era la forma del universo de compensarle por encontrar aquel espejo maldito.
Lindsy ladeó su cabeza ligeramente al notar cómo Rachel se sumergió en su mente; de seguro a despreciarse a sí misma, lo hacía a menudo. Entonces volvió a sonreír, llevando su mano a la mejilla ya sanada de Rachel. Casi moría de un infarto al escuchar cómo había sido golpeada sin piedad por aquel cuervo.
—Mamá me contó todo. Cómo ayudaste a Luz para sobrevivir y le conseguiste más tiempo, gracias a eso ganaron.
Rachel arrugó su rostro, negando con la cabeza.
—No merezco tanto crédito, Luz hizo todo el trabajo junto con Leena. De no ser por ellas dos, de seguro hubiera muerto.
Entonces, recordó cómo aquel cuervo le ofreció una salida fácil. Solo debía abandonar a Luz, cosa que se rehusó a hacer. Rachel se había lanzado al peligro por su propia cuenta, pero no era algo que ella diría, aunque Lindsy ya lo sabía gracias a su hermana.
—Fuiste valiente, de verdad te agradezco que protegieras a mi hermana.
—No me agradezcas, es lo menos que podía hacer por ustedes, me han ayudado mucho. Además, Luz es una niña, claro que ayudaría a una niña pequeña.
Los ojos esmeraldas de Lindsy brillaron, no pudo contener sus ganas de abrazar a su contraria por el cuello, teniendo cuidado con su delicado estado, incluso aunque hubieran utilizado magia, mientras Rachel no fuera una operadora, seguía siendo mucho menos resistente que cualquiera de sus conocidos. Imaginar que aquel impío hubiera golpeado a Ray con aura le era devastador, no la tuviera de frente en este momento. Entonces sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Perdóname por haberte dejado sola, debí haber estado ahí para protegerte —dijo la más alta, manteniendo el rostro de Rachel contra su pecho sin notar cómo la rubia trataba de respirar, siéndole difícil por dos grandes razones.
—No te disculpes, carajo. Ni que hubieras podido saberlo... Aunque puedes dejarme respirar, claro. —Rachel apartó un poco a Lindsy antes de corresponder aquel abrazo, observando el adorable estado de su guardiana, que parecía querer estallar en llanto, pero se aguantaba— ¿Cómo estás? ¿También estuviste en peligro? ¿Qué hay de los demás?
—Bueno, todos lo estuvimos, pero nadie murió y ahora todos fueron tratados, así que todo está bien. —Lindsy forzó una sonrisa, hasta que recordó un detalle importante—. Oh, sí. Hay alguien que quedó bastante grave.
Rachel se separó de aquel abrazo, escuchando atentamente los demás combates de los demás, al menos lo que Lindsy sabía sobre esas peleas. Saber que nadie había muerto le resultó la mejor noticia de la semana. La familia Logan era bastante competente, también le fue sorprendente saber que Jazka y Alice seguían vivos.
—Entonces, el más afectado es Grace... pobre de él. —Rachel se dio cuenta de que ahora solo llevaba su camisa roja con el estampado de colores en el centro, ahora dañada. Buscó alrededor hasta encontrar la gabardina en una silla en la esquina del cuarto, sintiéndose más calmada.
—Según lo que me dijeron, llevó tan al límite su cuerpo que, incluso luego de curarlo, le sería difícil realizar cualquier habilidad física que requiera esfuerzo. Ni puede correr, así de mal quedó.
—Pensé que la magia curativa se encargaba de todo.
—Operación —Corrigió Lindsy, que tocó el abdomen de Rachel, justo donde fue apuñalada, recalcando aquella cicatriz que la acompañaría por un largo tiempo—. No todo, hay límites, depende del talento de cada operador y la cantidad de aura, pero esa herramienta que le dio papá es ridícula, casi lo mata... Por cierto, no le menciones a nadie sobre las herramientas de Grace y Jesse.
Rachel asintió, luego se levantó con ayuda de Lindsy, yendo a buscar su gabardina, se sentía incompleta sin ella. Al tenerla puesta y darse cuenta de que también tenía una abertura, bajó la cabeza en dirección a la de camisa verde.
—Siento ya haber roto el regalo que me diste.
Lindsy, ya sin ganas de llorar, soltó una pequeña risa mirándola.
—Siempre podrá arreglarse o comprarse otra, pero sin una Rachel que la use, perdería todo su valor, así que no te arriesgues tanto la próxima vez.
Aquellas dulces palabras llevaron a Rachel a sonreír. No creía valer más que su tan preciada gabardina, pero se acercó a Lindsy, extendiendo su puño hacia ella.
—Tengamos más cuidado ambas.
Lindsy asintió, en algún momento, Rachel notaría las heridas en sus piernas, pero por el momento, no le robaría esa sonrisa confiada. Chocó su puño con el de Rachel, riendo en voz baja. Lo importante era que ambas se habían vuelto a ver en una pieza, sus amigos y familiares estaban vivos y quienes hicieron tal atrocidad, la mayoría estaban muertos, así que podía darse el lujo de disfrutar este momento con su adorada amiga.
—No vuelvo a acompañarlos de excursión. No solo Francia es horrible, me apuñalaron.
—Si te pasó eso aquí, no quiero imaginar si pisas Londres.
—Tan rápido haciendo chistes. Qué cruel.
—Ya, "córtalo".
—Ese fue malísimo, no vuelvas a bromear en tu vida.
Lindsy abrazó su estómago, riendo sin parar mientras Rachel negaba con la cabeza, frunciendo el ceño ante el horrible sentido del humor de su compañera.
—Prefiero otra puñalada a otro chiste así. —De hecho, no, claro que no lo prefería, pero al notar cómo Lindsy empezó a reír con más fuerza, cerró sus ojos satisfecha, con una ligera sonrisa— Ay, ni da tanta risa. Vamos a ver a los demás.
Rachel caminó delante de Lindsy, quien limpiaba las pequeñas lágrimas de su risa, tratando de controlarse. La de negro no quería que los demás la vieran así.
—A propósito, ¿dónde estamos?
—Se podría decir que es un hospital de operadores... Pfff.
—Ya para.
—Ay, perdón, es que la cara que hiciste... uhum... Ahg —Lindsy aclaró su garganta, al fin controlándose—. Hay unas cuantas habitaciones, y los operadores, en caso de recibir heridas por combates contra impíos, otros operadores o algo que no pueda ser tratado por la medicina moderna, prefieren venir aquí. Hay sitios así repartidos en las ciudades con más operadores.
—Entonces, digamos... Si un operador pierde un brazo, sale corriendo para ver a la doctora Juguetes y que se lo vuelva a pegar.
—Efectivamente.
Rachel sintió que era un poco injusto, los operadores tenían medicina muy avanzada que solo ellos podían usar. Caminó fuera de la habitación, notando que estaban en un segundo piso de una casa no tan grande, pero tenía otras habitaciones a lo largo del pasillo de madera.
—Qué lujos es ser un operador... ignorando, bueno, ya sabes.
—¿La amenaza constante de muerte? No, tranquila, te acostumbras —respondió Logan con sarcasmo y una sonrisa.
—Estás bien payasita hoy. —Dejó que Lindsy se adelantara, ella era la que sabía dónde estaban los demás—. Vamos con Leena y Luz.
—Mi Rachel y mi familia están bien, no veo por qué debería estar menos feliz.
Ante su respuesta, quedó paralizada un momento. Lindsy no parecía notarlo, pero Rachel sí escuchó claramente cómo colocó "Rachel" delante de "Mi" en vez de "Familia". Aunque lo dejó pasar, cualquiera se equivocaba.
Lindsy abrió la puerta más cercana a Rachel; entonces la Logan más pequeña salió corriendo del sofá donde descansaba, saltando hacia la rubia, casi lanzándola al suelo por su poderoso abrazo.
—¡Rachel! ¡Rachel! ¿Estás bien? Qué bueno que estás bien. Llevas durmiendo casi todo el día.
Luz al borde del llanto, se aferraba a la gabardina gris de su salvadora. Era una tormenta de emociones, desde gratitud hasta culpa, pero nunca encontraría la forma de agradecer totalmente a Rachel por lo que hizo.
—Ese hombre... Su nombre era Jack Owens.
Luz sintió como su abrazo fue correspondido, entonces Rachel acarició gentilmente su cabeza. Miró hacia arriba, observando la expresión de la rubia, que había relajado por completo sus facciones en una sonrisa agradecida. Una profunda calma recorría el cuerpo de la casi siempre gruñona joven. Ver a Luz tan enérgica como siempre era lo que necesitaba, además, escuchar que incluso se tomó la molestia de recordar el nombre de ese operador le demostraba que Luz quería recordar siempre que lo que hizo estuvo mal.
Luz no dijo nada, solo recostó su cara en el estómago de Rachel, sollozando en silencio sin soltar su ropa, como si temiera que Rachel fuera a irse.
La de ojos azules dirigió su mirada a Leena, que permanecía en cama ese momento, reposando por la pérdida de sangre, falta de aura y todas las heridas que había recibido en el combate, pero se levantó con cuidado para caminar hasta estar frente a Rachel.
—Qué bueno que esté bien, señorita Leena.
—Solo dime, Leena, Rachel.
Los brazos de la mayor envolvieron a la joven que salvó a su hija. Rachel ahora se veía abrumada por el fuerte abrazo de ambas, su calma fue evaporada, no sabía cómo responder a tanto afecto. Fue entonces que un tercer par de brazos la atrapó. Las tres mujeres Logan mostraban su agradecimiento de la única forma en la que podían hacerlo. Rachel no creía merecerlo, pero poco a poco cerró sus ojos, aceptando aquel cariño con una sonrisa, mientras que una extraña calidez recorrió todo su cuerpo, tratando de abrazar a las tres, aunque le era difícil e incómodo. Por primera vez en esas semanas, Rachel volvía a sentirse como si estuviera en casa, y daba gracias por eso.
Solo, en aquella cama en su cómoda habitación, Grace no dejaba de observar su brazo, el cual ahora estaba limpio, como nuevo, al igual que la muñeca de su otro brazo, que ya no estaba quebrada. Había sanado casi por completo, pero el mero hecho de extenderla con velocidad le provocaba un gran dolor en su hombro. Era bastante molesto, todos sus músculos habían quedado en un grave estado. Aquella joven enfermera le había dicho que era un milagro que su cuerpo no hubiera estallado por la acumulación extrema de aura, cosa que ella tampoco entendía muy bien, pues los operadores que había atendido antes nunca se habían lastimado por usar tanta aura. No creía fuera posible, aunque no averiguó mucho del caso de Grace, pues este se negaba a responder.
No estaba allí, su mente le jugaba una broma pesada, pero aún era capaz de sentir la cálida sensación de la sangre de ese hombre recorriendo su brazo. El interior de su cuerpo, la dureza de sus huesos y carne siendo destrozados. Aún podía escuchar en sus oídos cómo desgarró su carne para alargar su vida. Estaba preparado para morir en ese momento, pero no fue así. Logró ganar por poco, arrebatando la vida de otro ser humano.
Había matado.
Asesinó por miedo a ese operador, no dudó en usar todo lo que tenía. Debía hacerlo, ¿verdad? Después de todo, era él o aquel operador. Ese hombre lo hubiera matado sin remordimientos, pero incluso entendiendo todo esto, Grace quería vomitar.
—¿Qué me dirían William y los otros si se enteran?
Ya sabía que no sería juzgado, le darían toda la razón, pero en el fondo, él jamás sería capaz de aceptarlo. Ahora no era más que un hipócrita.
El sonido de la puerta llamó su atención. Alguien estaba tocando, pero no tenía la energía o las ganas como para responder, ignorando la falta de respuesta, Jesse entró a la habitación.
Grace lo miró de reojo un momento antes de darle la espalda. Preguntándose: ¿qué debería decirle?
Jesse, ante ese gesto, no dijo nada, en cambio, se acostó detrás del de cabello rosado y lo abrazó de su cintura, recostado su rostro contra la espalda de Grace. Pasaron unos momentos hasta que el más lastimado fue el primero en hablar.
—Maté a alguien.
Jesse acarició el estómago de su pareja, dándose cuenta de que Grace temblaba ligeramente. ¿Qué podía decirle? Bueno, ya lo había pensado antes de que fueran atacados él y Lindsy. Iba a retirarse de todo este asunto. No dejaría que Grace se sienta mal por acompañarlo.
—Dijiste que te quedarías aquí conmigo o sin mí —Grace continuó, dándose la vuelta para ver el rostro de su pareja—. No pienso dejarte solo aquí, ahora menos... Aunque parece que te fue mejor que a mí.
Jesse volteó la mirada en dirección a su hombro, levantó la manga de su camisa mostrando aquella enorme cicatriz que quedó luego de ser sanado. Grace frunció el ceño, no la tenía él y le dolía el hombro de solo verla.
—Bueno... Ni tanto.
—No me duele, pero se siente raro mi brazo cuando lo muevo; tardaré en acostumbrarme.
Jesse habló con una sonrisa. El de rosado no entendía cómo es posible que, después de recibir tal herida, pudiera hablar de ella con tal expresión. No era diferente a cuando ambos salían golpeados de una ardua pelea, pero muertos de risa.
—Jesse, si quieres quedarte, me quedaré contigo. —Dijo, acariciando la mejilla del contrario. Podía soportar a Jazka y Alice un rato más, pero abandonar a Jesse no era opción.
Por otro lado, el alto joven quedó perplejo. La expresión de Grace ya no dejaba ver ese asco al mencionar que quería quedarse ahí. Era casi milagroso. Aunque ya había aceptado que se fueran, después de todo, así sería más fácil para ellos.
—Yo. —Jesse hizo una pausa, cerrando sus ojos para organizar los pensamientos en su cabeza; luego, con decisión, miró directamente a Grace— Sí. Quiero quedarme y ayudar a los Logan.
Grace soltó un suspiro de resignación. Ya daba por perdida esta pelea, solo debía ignorar a Jazka y Alice el tiempo que estuvieran juntos. Sería la mejor forma de acompañar a su amado en su travesía. Un corto beso de Jesse en su mejilla lo hizo sonreír un poco, tratando de ignorar el espantoso acto que había cometido, aunque esa sonrisa no duró mucho.
—No quiero ser como Alice y Jazka.
—Jamás serás como ellos. —No dudó en responder aquello—. Yo también ayudé a matar a dos personas horribles, pero no soy como esos dos estúpidos.
—Le di todo un discurso a William y a los otros sobre no matar. —A medida que hablaba, los ojos de Grace se llenaron de lágrimas.
—Un error lo comete cualquiera. —Jesse acercó a Grace para abrazarlo con ternura, recostando el rostro del pelirosado en su cuello—. No eres un monstruo. Está bien lo que hiciste.
Grace sollozó en el cuello de su pareja, después de todo, si él lo decía, estaba seguro de que no era un monstruo, aunque desconocía el hecho de que ahora mismo, Jesse diría lo que fuera necesario para que Grace estuviera cómoda con la idea de quedarse.
Él vería su hermoso mundo mágico junto a la persona que más amaba. ¿Qué más podía pedir?
En la sala del primer piso, Rachel agradecía a la joven enfermera de quizás unos treinta y algo de edad. Aunque descubrió que la mayoría de sus heridas habían sido sanadas por Leena antes de llegar aquí. Observó a la enfermera retirarse y una mano tomó su hombro desde atrás.
—Bienvenida al club de guardaespaldas de la familia Logan, Ray~ —Alice lo dijo con una gran sonrisa—. De seguro la gran yo hubiera derrotado a aquel hombre, pero, para ser una humana normal, lo hiciste bien.
—Tienes nuestro respeto, señorita Ficks. —Jazka reverenció a la joven sin habilidades. Su valor y tenacidad eran envidiables para el de cabello largo—. Muchas gracias.
La cabeza de Rachel daba vueltas. La abrumaba saber recibir tantos agradecimientos cuando no hizo mucho. Además, no es como que le interese mucho viniendo de estos dos, pero les dio un pulgar arriba.
—No hay de qué. Por cierto, si quieren ver a Lindsy, está arriba con su madre.
—Ya hablamos con ellas, gracias.
No pudo sacárselos de encima, desgraciadamente para ella. Pero al parecer habían cumplido su trabajo, así que no debían ser tan malos guardaespaldas, ¿Verdad?... ¿Verdad?
—Hey, Jazky, mi misión fue cumplida. Di mis honorables disculpas a Grace, además de que salvé su patética vida. —Alice se dio varios aplausos a ella misma, luciendo satisfecha.
—No deberías decirle patético, pero bien, me alegra que cumpliera. Es importante que ahora nos llevemos mejor si queremos colaborar como un verdadero equipo. —Jazka no lo sabía, pero para Rachel, era un milagro que él dijera palabras tan lógicas con las que estaba de acuerdo.
Quizás esta vez trabajaron por separado, pero Rachel sabía que, en algún momento, lucharían lado a lado contra Adarza y sus Réplicas. Para entonces, debían entenderse si querían trabajar juntos. También se dio cuenta de una cosa.
—Ah, Jazka, Alice. Quisiera pedirles un favor.
—La gran yo te alaba una vez y ya vas de aprovechada.
—Alice —Jazka la regañó antes de asentir con la cabeza en dirección a Rachel—. Puedes pedirnos lo que sea, señorita Ficks.
Antes de que Rachel pudiera hablar, la puerta de entrada a la acogedora casa de madera se había abierto. Luck se llevó las miradas del trío, pero luego fueron dirigidas a su desconocida y acompañante, al menos desconocida para Rachel.
—Qué bueno verlos aquí, muchachos Y me alegra saber que estás bien, Ray.
Luck se acercó para abrazar a Rachel, quien lo esquivó por completo, luciendo como un gato gruñón que odiaba las caricias.
—Me duele el cuerpo, así que no te acerques. —Mentía, estaba cansada ya de recibir afecto. Además, no es que se llevara tan bien con Luck.
—Ah, perdón. Ten cuidado de no hacer mucho esfuerzo. —Luck no notó el claro desprecio, y le regaló una sonrisa gentil a Rachel antes de presentar a su acompañante, que los observaba en silencio, solamente habiendo saludado a Jazka y Alice con una leve inclinación de su cabeza—. Ray, una vieja amiga mía y de Lindsy.
Rachel la estudió rápidamente a la mujer que se acercó con paso firme, era incluso más alta que Lindsy, superando el metro ochenta de estatura. Su cabello era oscuro, con un flequillo largo y desornado qué llegaba a su frente. Llevaba una camisa morada oscura de cuello alto, con un pantalón largo debajo de un cinturón con una hebilla dorada, al igual que las hebillas de sus botas negras, y una gabardina, que por dentro tenía un tono púrpura más claro. Lo que más llamó su atención, además de la altura, fueron aquellos ojos grises que casi parecían estar muertos. No podía decir nada sobre su mirada. No sabía qué pensar sobre aquella seriedad ilegible en su rostro.
Y claro, otra cosa que llamó su atención, pero no preguntaría nada al respecto, era que en su otra mano llevaba una enorme maleta negra, mucho más grande que Rachel. Quizás era tan grande como la mujer misma.
—Renate Dzelme.
Rachel, al ver cómo la de flequillo negro extendió su mano, le dio un ligero apretón. Sentía una gran presencia que emanaba de aquella mujer, presencia que la hacía sentir diminuta, y eso no le gustaba.
—Rachel Ficks. Soy amiga de Lindsy.
La elegante señorita de morado asintió con la cabeza sin cambiar su expresión, alejando su mano de Rachel para voltear a ver a Luck un momento.
—Lléveme con la señorita Leena, por favor.
Luck asintió, despidiéndose del trío para luego subir las escaleras. Rachel observó de reojo a la mujer, a pesar de infundirle miedo, le gustaba ese estilo de cabello con un flequillo y mechones a los lados. Apenas esos dos se perdieron en las escaleras, Rachel miró a Jazka.
—¿Esa quién es?
—Una guardaespaldas como nosotros, pero esa hermosa señorita trabaja para la familia Vasiliev. Cuida al hijo de un importante socio de nuestro jefe. —Jazka parecía totalmente perdido ante la peligrosa belleza de Renate. Aquel aire de misterio y elegancia de la mujer lo volvía loco cada que la veía.
Alice frunció el ceño con molestia al notar que Jazka parecía incluso más imbécil que de costumbre, entonces lo golpeó en su costado con su codo.
—Pff, no es la gran cosa, Rachel. Ni es tan linda o poderosa como la gran Alice.
Jazka sobaba su adolorido costado, ignorando la mirada de muerte propinada por la enana maligna. Rachel los ignoró y asintió con la cabeza. Suponiendo que se enteró de lo que había ocurrido y venía a ver si su amiga estaba bien.
Rachel observó cómo los dos guardias estaban a nada de pelear, o al menos, Alice estaba a nada de lanzarse contra Jazka. Ella sonrió, escuchando cómo la puerta fue abierta de nuevo, y Alice junto a Jazka recobraron una postura recta delante de Lawrence Logan, quien portaba una sonrisa más real que las anteriores.
Rachel fue quien se acercó, tenía unas cuantas cosas que decirle.
—Pensaba que estaría más segura con ustedes.
—Todo el mundo se equivoca, Rachel, te perdono, pero que no vuelva a pasar.
La pequeña no supo si enojarse, patearlo o insultarlo, en su lugar, soltó una pequeña risa mientras negaba con la cabeza. Se sintió... Rara, esta familia estaba pegándole sus malas costumbres. En especial Lindsy.
—¿Cómo te fue a ti?
—Solucioné un gran problema, pero hablaremos de esto en la reunión, así que ponte bonita, que tienes el pelo hecho un desastre. —Lawrence ni saludó a sus guardias, que le dieron un saludo militar; él arqueó una ceja ante el innecesario gesto, pero lo ignoró. Caminó hasta las escaleras y se detuvo a la mitad observando a la rubia que se acomodaba el cabello con sus manos—. Cuando quieras algo, así sea lo más mínimo, tienes todos mis recursos a tu disposición, Rachel. Es mi forma de agradecerte por salvar a mi hija.
—Tengo una petición, sí. Antes de que Luck llegara, iba a pedírsela a ellos dos —Rachel levantó la mano, casi lo olvidaba a pesar de ser tan importante— cuando lleguemos con Adarza, pido ser yo quien dé el golpe de gracia. Así que sí pudiera decirle a los demás que se aseguren de no matarla yo sería muy feliz. Hiéranla, mucho, eso sí.
Lawrence contuvo su risa, luego asintió con la cabeza ante aquella petición tan simple, aunque le preocupaba que Rachel no tuviera ningún interés en el dinero o lo material, eso la dejaba en el grupo de personas más complicadas de tratar.
—Te lo prometo, Rachel. Ella es toda tuya.
Lawrence siguió con su camino. Rachel se sonrió satisfecha al darse cuenta de que Lawrence cumpliría su palabra. Entonces se sentó en el sofá de aquella sala de espera, sacando su celular para matar el tiempo mientras esperaba a los demás.
El tiempo pasó rápido, entonces Rachel fue sorprendida por Lindsy, que trajo un cambio de ropa idéntica para Rachel. Ya habían traído sus pertenencias del destrozado hotel, por el cual Rachel ni preguntó qué dijeron en los medios sobre él. Cambió su ropa en el baño y descansaron en aquellas habitaciones hasta el día siguiente.
Al día siguiente, en la tarde, Rachel caminaba junto a Lawrence por un gran pasillo con paredes muy bien decoradas con tela fina. Los demás miembros del grupo habían ido por un pasillo diferente. Estaba bastante nerviosa por solo estar acompañada de aquel hombre, preferiría que Lindsy estuviera aquí para bromear un poco con ella.
—Te noto bastante nerviosa. ¿Preferirías que solo hable yo? —Lawrence la miraba de reojo sin aflojar el paso, asintió al ver cómo Rachel siguió caminando en silencio.
Dos hombres altos y con traje abrieron las puertas al final del pasillo. Rachel cruzó el umbral, observando cómo a su alrededor, en esa enorme y espaciosa habitación circular con techo de cristal, se encontraban en algo parecido a un estadio. Las paredes de piedra se alzaban, dejando por encima los asientos llenos de personas con atuendos similares al de Lawrence. La gran cantidad de voces no le permitía escuchar de qué hablaban con exactitud, pero de seguro eran chismes o ese tipo de cosas.
—Qué extraño lugar es este.
—Es multipropósito, un día es una sala de reuniones, otro día es un estadio de peleas. —Lawrence hizo un ademán con su mano, luego señaló hacia el frente.
Rachel miró en esa dirección, observando asientos mucho más sofisticados, una zona bastante espaciosa donde pocas personas se encontraban, entre ellos distinguió a la tal Renate, junto a otros guardaespaldas con la misma ropa, todos en fila detrás de un fornido hombre rubio con un traje blanco. Del otro lado, en aquella zona, guardias vestidos con ropa tradicional asiática, mientras que una mujer un tanto mayor lucía su vestido rojo de enormes mangas con decoraciones de joyas y bordado negro. En sus orejas portaba zarcillos dorados con una perla roja en el medio y una cinta descendiente del mismo color.
En el medio de aquella zona, de seguro VIP o algo así, Lindsy Logan estiraba su brazo con energía, buscando llamar la atención de Rachel. Sentados junto a ella, Leena, Luz y los otros cuatro se encontraban ahí. Junto a una mujer desconocida de cabello celeste. Rachel se sintió más calmada al ver a Lindsy y los demás, al menos no estaría sola.
—Si me permiten su atención, yo, Lawrence Logan, doy inicio a la reunión del consejo de Operadores.
Rachel tragó saliva cuando todas las miradas cayeron en ellos dos, su piel se erizó por completo. Ya estaba cansada de ser el centro de atención últimamente.