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#23 Luz

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

El sonido de sus pisadas en aquella alfombra roja que cubría el suelo del pasillo junto a sus jadeos era todo lo que Rachel era capaz de oír. Luz continuaba inmóvil en su hombro. Siendo una buena carga para la pobre muchacha que era considerada "Gordita" por la hija mayor.

Pero no importaba el peso en aquel momento, ni el dolor en su espalda o incluso si tenía que bajar escaleras. Corrían peligro, y Luz posiblemente trataría de hacer alguna estupidez o no sería capaz de moverse, era una niña pequeña. No reaccionaría como sus padres o hermanos.

«Justo en este momento que estamos solas. ¡Esta mierda no puede empeorar más!», maldijo Rachel para sus adentros. Apretando sus dientes, extrayendo cada gota de fuerza en su cuerpo para poder llevar ese adorable saco de papas en su hombro.

—Rachel, debemos ayudar a mamá —Luz habló luego de unos segundos que parecieron eternos. Suplicó para que la rubia diera la vuelta.

Rachel ignoró su petición. Bajando las escaleras con rapidez, tratando de tener todo el cuidado que le fuera posible. Usar el ascensor era pedir una muerte espantosa, así que no había más opción que bajar todos los pisos a pie.

—Rachel, detente, mamá no puede quedarse sola. ¿Y si le pasa algo?

No soportaba oír aquellas palabras, Rachel mordió su labio, estrechando sus ojos al sentir la voz quebrada de Luz atravesar su pecho, clavándose profundamente en su corazón y su conciencia. Las posibilidades de Leena eran más altas si no tenía que preocuparse de dos estorbos, Rachel ni aguantaría un solo golpe si llegase a intervenir. Esto es lo que Leena quisiera, que se pusieran a salvo.

—¡Rachel! ¡Maldición! ¡Date la vuelta, hay que ayudar a mamá!

—¡Cállate!

Luz no esperó que quien la cargaba le alzara la voz con tanta rabia. Sus labios temblaron y entonces echó a llorar, aún inmóvil por el hecho de no saber qué hacer. Si lo intentara, podría fácilmente zafarse de Rachel e ir con su madre, pero era capaz de hacerlo, algo extraño la detenía, algo que no conocía.

—Tú y yo no podemos hacer nada, Luz. Así que llora todo lo que quieras, pero encontraremos a los demás, de seguro ellos ayudarán. —Inmediatamente luego de gritarle, su conciencia casi se la come viva. No quería hacer llorar a Luz, pero ahora mismo estaba tan estresada que si la seguía escuchando gritarle, iba a golpearla... Bueno, no, pero sí pensaría en hacerlo—. Lo que mejor podemos hacer es estar a salvo. ¡Tu madre dijo que era una buena peleadora! ¿No? Lo dijo cuando entrenaban tu puntería.

—S-sí. —La pequeña tartamudeó. Su madre era muy fuerte, de seguro, una de las mujeres más fuertes que conocía.

—Entonces confía en que ella saldrá bien de aquí e irá a buscarnos.

La niña apretó sus labios, asintiendo con su cabeza de forma violenta. Confiaría, claro que lo haría. Estaban hablando de su madre. No había una mujer más confiable en el mundo. Leena saldría de esa situación tan complicada, ambas chicas se aseguraron de mantener esa verdad en sus corazones.

Entonces, Luz tembló al sentir cómo su piel se erizaba ante un aterrador sentimiento que no era de ella. Esa mortal sensación vino de una de las habitaciones del nuevo piso al que estaban por bajar. La pared junto a ellas reventó en pedazos de un momento a otro, del polvo emergió aquel cuervo, que dirigía toda su intención asesina a la más pequeña. Luz actuó por instinto, desatando una gruesa pared de hielo que las separó por completo de aquel hombre. Rachel, por el susto, casi terminaba cayéndose, pero quedó anonadada al ver cómo al otro lado de la pared de hielo el hombre clavó con fuerza aquella cuchilla blanca, agrietando bastante.

—¡Luz, otra vez!

Luz tardó en procesar la orden, pero obedeció. Reforzó aquella pared con otra más gruesa que obstruyera el paso a su lado del pasillo. Rachel retomó su carrera aprovechando el corto tiempo que le dio la joven en su espalda.

—¿¡Cuántas veces más puedes hacer eso!?

—Este... Varias.

—¡Bien!

Rachel sonrió, quizás por la adrenalina del momento, pero ahora que podían hacer algo más que correr, la situación tomaba otro giro.

El cuervo había quedado atrás, no solo Rachel había sido tomada por sorpresa ante la demostración de la excesiva cantidad de aura que Luz poseía, sino que incluso había dominado la operación a tan temprana edad. Algo que solo un prodigio era capaz de hacer. El operador sintió un fuego incontrolable recorrer sus venas. Contener aquella furia le era imposible, entonces dirigió una gran cantidad de aura a sus puños recubiertos con aquella armadura de sus propios huesos y golpeó dos veces, destrozando la primera pared, la segunda tomó incluso un tercer golpe para abrir un espacio tan grande como para que él pasara.

Entonces sintió aquel puñetazo atronador en su costilla. Leena había saltado de las escaleras apenas lo vio. La fuerza del impacto lo lanzó a la pared más cercana. La Logan no se detuvo, corriendo hacia su adversario para dirigir un golpe a su cráneo con toda la intención de reventarlo. El cuervo reaccionó, apartándose por unos centímetros antes de patear a su contraria en el abdomen con ambas piernas para alejarla.

—¡Soy tu oponente! ¡Deja en paz a esas pobres niñas! ¿Qué clase de cobarde eres como para no enfrentarme? —rugió Leena. Intentar golpear el ego era algo fundamental en batallas de operadores. Debía poner a las niñas a salvo.

El cuervo no respondió; en su lugar, propinó un explosivo pistón al suelo, que lo destrozó y cayó al piso de abajo, golpeando la siguiente capa para avanzar más rápido a donde el aura de Luz se encontraba.

Leena se lanzó sin pensar en el agujero, siguiendo al operador que salió corriendo en contra de Rachel, que iba apenas bajando las escaleras a ese piso, pero ahora llevaba a Luz mirando hacia el frente, cual bazuca en su hombro. Luz creó otro muro de hielo que las cubrió, pero esta vez alteró su forma. Formó púas de hielo delante del muro que empezaron a alargarse, tratando de herir al operador, que se lanzó a un lado para evitarlo. Leena tuvo que saltar hacia atrás también, esquivando aquel ataque que la sorprendió y enojó un poco, pero pronto sintió un gran orgullo por el ingenio de su pequeña consentida.

Rachel dio marcha atrás apenas Luz formó el muro. Este se creaba a centímetros de la palma de la joven, así que no podía encerrar al cuervo o intentar congelarlo sin ponerse en peligro, así que huir seguía siendo lo más sensato.

—¡Casi le doy a mamá! —La voz de Luz tembló. Ya temía el regaño que le vendría encima más tarde.

—Eso significa que está defendiéndonos.

Rachel tranquilizó a Luz, pero quien ahora empezaba a alterarse era ella misma. Su cuerpo estaba al límite, había bajado alrededor de 4 o 5 pisos, ya ni lo contaba, cargando a esa pequeña en su hombro. Ahora estaba subiendo uno. Sus músculos ardían por el excesivo esfuerzo. Llegó al piso anterior, corriendo por el pasillo hacia el otro extremo. Usaría la escalera de incendios para salir del hotel, pero a mitad de camino, tuvo que detenerse. Su pecho subía y bajaba sin descanso, apenas regulaba sus alteradas exhalaciones en un intento por tomar aire. Luz notó que la pobre había llegado a su límite, entonces bajó de su hombro, observándola con algo de culpa, pues ella estaba así porque en un inicio, Luz fue incapaz de moverse por sí misma.

—Ray...

—Estoy... Bien. Tú-Tú calma... —Luchaba más por articular sus oraciones que cuando peleó con Adarza en el bosque, este era un verdadero esfuerzo inhumano.

De un momento a otro, Rachel sintió como Luz la tomó de la cintura para colocarla en su hombro, aunque fuera algo incómodo para ella. La de gabardina quedó con la boca abierta hasta que recordó que cualquier operador era mucho más fuerte que un humano.

La niña corrió a las escaleras, entonces sintió aquel combate ser retomado. Su madre subió las escaleras detrás del cuervo, que esquivaba por escasos centímetros cada golpe letal de Leena. La niña se detuvo en seco, entonces sintió las palmadas de Rachel en su espalda ordenándole que siguiera corriendo. Cosa que Luz no hizo.

Leena giró en su lugar, tomando impulso para una patada que conectó contra el antebrazo del cuervo, que logró cubrirse, entonces varias cuchillas emergieron de golpe del brazo del de negro, perforando la pierna de la mujer. Ella alejó su pierna, dejando una pequeña brecha que sin dudar su rival aprovechó, golpeando a la mujer en su estómago, enterrando una cuchilla que emergió de su muñeca. Antes que levantara su brazo y abriera en dos a la mujer. Leena conectó un potente cabezazo en el rostro del cuervo, destrozando parte de su máscara, obligándolo a alejarse por el extremo dolor. Cuando la daga ya no atravesaba su interior, ignoró el río de sangre que fluía de su cuerpo, empezando a dirigir grandes cantidades de aura para evitar desangrarse y curar su herida.

—¡Mamá! —Luz no fue capaz de moverse, sintiendo como una helada sensación recorrió su cuerpo al momento de que su madre fue apuñalada. Dirigió sus manos hacia aquel hombre, desatando una lluvia de estacas de hielo en su contra.

La niña le resultaba una casi genio, pero el manejo de sus emociones era deplorable. Esquivaba los ataques de la joven, prestando atención de igual forma a su madre, que era el verdadero peligro en la sala, pero aprovechaba la distracción que daba su hija para curarse. Tomó una decisión rápida, lanzándose contra la mujer, pero un grueso muro de hielo que atravesó todo el pasillo justo en el medio se formó, dándole tiempo a Leena para alejarse.

Rachel se mantuvo en silencio, observando cómo la expresión de Luz había cambiado por completo, el miedo en sus ojos poco a poco se desvanecía, dejando una voluntad ardiente mezclada con ira y el deseo de proteger a su madre. Luz estaba superando sus propios límites, lo que llevó a la de gabardina a sentir una profunda admiración por la dulce niña de solo nueve años.

El cuervo cambió a su plan inicial, cargó contra Luz. Eliminar esas molestas paredes y causarle un irreversible daño psicológico a Leena sería matar dos pájaros de un tiro. La elegante mujer mayor, ya con su herida en mejor estado, corrió del otro lado de la pared al darse cuenta de lo que haría el hombre, pero no llegaría a tiempo. El dolor acumulado y la pérdida de aura ya habían reducido mucho su velocidad. Su corazón cayó en la desesperación, pero su hija una vez más volvió a sorprenderla. Cortando el pasillo con otra pared de hielo que usó de escudo, pero esta siguió expandiéndose en gran medida y velocidad del lado donde el cuervo corría. Buscaba aplastarlo. Este último saltó hacia el techo, con gran fuerza, quebrándolo de un golpe para subir al siguiente piso, evitando por poco ser aplastado por esa pared, lo había rozado en su pie.

Leena en su interior se preguntó cuándo Luz había aprendido a hacer todo eso. Su formación tampoco era tan avanzada, pero en un momento como este, la pequeña estaba adaptándose y demostrando que por algo Lawrence la llamaba "La futura Logan más poderosa". Antes pensaba que esas palabras eran las típicas que dirías para motivar a una niña pequeña, pero con este nivel que demostraba para solo tener nueve años, quedó claro que cuando fuera adulta, sería más poderosa que su padre.

—¡Luz! ¡Viene por arriba! —Rachel levantó el brazo de Luz. Terminó cayéndose de su hombro al alejarse cuando una gran cantidad de hielo creció de su palma, atravesando el techo sobre ellas. Pero era bastante obvio que el hombre fue capaz de esquivarlo porque Luz continuaba dejando fluir sus emociones a través de su aura.

Fue entonces que la madre de la pequeña prodigio atravesó el muro de hielo que las separaba y corrió para abrazar con fuerza a su niña por un momento, cosa que sorprendió a Luz, tanto que su aura terminó por apagarse un momento, desapareciendo el hielo en los diferentes pisos. Los ojos de Luz se inundaron de lágrimas, sintiéndose totalmente segura en el amoroso abrazo de madre.

—¡Estoy tan orgullosa de ti! Eres increíble, sigue así. Mamá promete que saldremos a salvo de esta, ¿Bien?

—Mamá, Mamá.

Luz lloró en el pecho de su madre. Aferrándose con fuerza a su cintura con aquel abrazo. Rachel las observó por un momento, por la expresión de Leena, notaba que seguía a la espera de aquel cuervo, el cual brillaba por su ausencia. Entonces Leena cruzó miradas con Rachel. Asintiendo con la cabeza, luciendo una pequeña sonrisa.

No tenía cómo pagarle a esa joven que no dudó en llevarse a Luz, así sea a la fuerza. Parecía también ser quien la guiaba un poco en el uso de sus habilidades, de verdad estaba agradecida de que Rachel estuviera presente. La de ojos azules asintió en respuesta. No necesitaba un gracias o algún pago, incluso rechazaría uno si se lo ofrecían. Ya los Logan hacían demasiado por ella, lo menos que podía hacer era proteger a la hermana menor de Lindsy, que también había pasado a ser su pequeña amiga en estos pocos días que la había conocido. Aunque ella protegería a cualquier niño sin dudar.

—Rachel, no te alejes mucho. Luz, utiliza tu aura solo para defenderte, si te digo que nos aplastes a ambos de ser necesario, debes hacerlo. Te aseguro que me las arreglaré para salir bien de eso. —Leena observó a su hija asentir, separándola de aquel abrazo para limpiar las lágrimas en sus mejillas— Eres valiente, Luz, estoy orgullosa.

Las palabras de su madre eran el mejor premio del mundo, fue luego de ese momento que el suelo debajo de Leena se quebró y una cuchilla de hueso atravesó su pie desde abajo. Antes de quebrarse el suelo debajo de ellas dos, Rachel se lanzó de inmediato a agarrar a Luz por puro instinto, pero no contó muy bien con la fuerza de la gravedad y que el peso de Luz no la ayudaría para nada. Cayendo con ambas al piso de abajo.

Las dos Logan utilizaron su operación para asegurarse de no recibir daño. Leena acercó a Luz, al momento de caer, la pequeña las encerró a ambas en un domo de hielo, deteniendo la cuchilla de huesos del cuervo. Mientras que Rachel había recibido un fuerte golpe en su brazo al caer de lado sobre él, algo alejada de Luz. Por suerte no se había roto nada, o eso creía ella.

El cuervo se alejó frustrado, evitando los pilares de hielo que se formaron del domo. Ella era demasiado fuerte. Tomó distancia, Luz dejó de atacar para ahorrar su aura. Acababan de llegar a un punto muerto del combate donde todo ataque de Luz sería inútil, pero ninguno de los dos peleadores cercanos era capaz de acercarse.

Rachel se levantó con dificultad, sintiendo todo su cuerpo adolorido, temblando ligeramente, miró a su alrededor los escombros y el domo de hielo frente a ella, lo rodeó, quedando sin aliento al mirar a ese cuervo alejado de ellas. Recuperó su compostura poco después, si ninguno de los dos bandos continuaría el combate, entonces ganaría algo más de tiempo.

—Oye, cara de cuervo. —Rachel llamó la atención de todos los presentes. El cuervo no le respondió, pero a ella no le interesó— ¿Por qué estás tan obsesionado con matar a una niña pequeña?

Era su principal fuente de enojo. Podía entender que quisiera matar a Lawrence o Leena. Ambos eran personajes importantes del bando contrario al cuervo, pero Luz solo era una niña de nueve años que poco o nada tenía que ver con las decisiones de los operadores o cualquier cosa que se hubiera llevado a cabo contra los Impíos.

—Eres de esos... Impíos, los operadores no afiliados al gobierno, ¿Verdad? Si se supone que buscan el bien común para tu gente, ¿por qué estás atacando a una niña pequeña que no te ha hecho nada? —El cuervo no respondió, lo que enfureció a la rubia—. ¡Contesta! Pedazo de mierda. ¡Es una niña! ¡Y también es una operadora!

—Su padre llevó a mi hijo a la muerte.

La respuesta del cuervo era la pieza del rompecabezas que le faltaba a Leena para saber quién estaba debajo de la máscara rota. Luz no comprendía de lo que hablaba, pero él se quitó su máscara, luciendo su cabello castaño algo largo, sus ojos marrones y las facciones de su rostro junto a una descuidada barba en crecimiento. Debía rondar entre los 40 y 50 años.

Rachel se sorprendió al recibir la respuesta; entonces miró brevemente a Leena, esperando que negara sus acusaciones, pero esta agachó su cabeza sin lucir nada orgullosa de aquellas palabras.

—... Continúa. —Rachel volvió a ver al hombre que frunció el ceño.

—No es de tu incumbencia, niña. No busco matarte. Ni siquiera eres una operadora. —Respondió con molestia el hombre. Extrañado al ver cómo Rachel le sacó el dedo del medio.

—Ajá, sí. Ya estoy aquí. Los Logan son mis amigos, claro que es de mi incumbencia, así que dímelo de una maldita vez.

Rachel arrugó el rostro. Colocando una expresión un tanto graciosa para Luz, que luego miró a su madre.

—Mamá, ¿Papá mató a su hijo de verdad?

—No, él no... No lo mató directamente. —Leena bajó su tono, sin notar cómo sus palabras enfurecieron aún más al cuervo.

—¡Qué descaro! Tu maldito marido entregó a mi hijo a los Erradicadores. Es lo mismo que si él le hubiera abierto la garganta. ¿Y saben qué fue lo peor, niñas? Mi hijo no era parte de este grupo. ¡No había hecho nada malo!

Rachel quedó más que extrañada, mientras que Luz escuchaba intrigada aquella historia. Nunca hablaban bien con ella sobre sus negocios o su trabajo como parte de los operadores. Su padre únicamente le decía que debía entrenar para pertenecer al ejército, pero no estaba enterada verdaderamente de nada.

—¡Mi papá no es una mala persona! Ustedes son los villanos. ¡Deja de mentir! —Luz pateó el suelo con fuerza, aun abrazando a su madre.

—¿Los villanos? Déjame decirte que tu padre es el perro principal de los verdaderos villanos de esta historia. Los Erradicadores nos mantienen bajo su yugo, si desobedecemos, simplemente nos matan como si nuestras vidas no valieran un carajo. ¡Mi hijo murió por eso! —aumentó el tono de su voz mientras hablaba, hasta que su cara se tornó roja—. ¡Él buscaba hacer pública la existencia de los operadores! ¡No quería que regresara la vieja orden!... Solo quería una vida normal.

Rachel se mantuvo inexpresiva, escuchando atentamente sus palabras. Desconocía por completo la otra cara de la moneda, así que esta información era muy valiosa.

—Quiso organizar un grupo de operadores que pensaran igual que él. Si se revela la operación, podrían utilizar a las masas para crear conciencia sobre lo que estaba ocurriendo, al menos podrían cambiar algo, aunque fuera mínimo... Entre esas personas estaba la serpiente rastrera de Lawrence Logan. —Apretó sus dientes entre sí. El solo pensar en Lawrence hervía su sangre como si fuese lava— Fingió apoyar a mi hijo, fue entonces que reveló todo el movimiento del grupo de mi hijo a los Erradicadores y ellos... Ellos mataron a mi muchacho.

Los ojos del cuervo se cristalizaron. Bajó su mirada antes de alzarla con una furia renovada, estos recuerdos eran el empujón que necesitaba para mantener la llama del odio ardiendo.

—Él quería una vida normal para pecadores como nosotros, pero gente como Lawrence sigue con vida mientras él está bajo tierra.

—¿Y por eso quieres matar a Luz delante de su madre? —Rachel habló como si no fuese totalmente obvio, sus palabras se aseguraron de marcar el asco que sentía por aquel hombre—. Vaya. Entonces no te importa cagarte en la memoria de tu hijo, que obviamente no habría querido esto. Te hundes en este ciclo estúpido, buscando matar a una niña que, al igual que tu hijo, ¡No tiene nada que ver en el conflicto entre Impíos, Operadores y Erradicadores!

Los ojos de Luz brillaron por un momento, observando a esa magnífica chica fuera del domo. Había entendido por qué su hermana estaba cautivada por ella. Rachel Ficks tenía un gran corazón bajo todo ese mal humor.

—¡Es estúpido! Solo estás actuando por venganza y te vuelves tan malo como aquellas personas que tanto odias. ¿¡Cuál es la lógica entonces de continuar con esto!?

—¿Piensas que con cursilerías baratas podrás hacerme cambiar de opinión? —El aura del hombre brilló con más intensidad. Apretó sus puños mientras miraba los ojos azules de la rubia, que no vaciló ante su presencia— Quizás tienes razón... No, de hecho, tienes razón. Soy un hipócrita que es tan malo como las personas que detesta. Pero aceptar y perdonar no regresará a mi hijo. —Antes de que Rachel pudiera hablar, él robó las palabras de su boca— Y matar a esa niña tampoco... Pero al menos así estaremos a mano, aunque eso no me haga sentir mejor.

Rachel tragó saliva. No había forma de voltear esto con palabras. No era como en series animadas donde un discurso llevaba al malo a entender que estaba equivocado y que solo necesitaba hallar paz dentro de él para aprender a perdonar. Esto era la vida real, y en la vida real las personas son obstinadas, aunque le demuestres hechos y argumentos válidos, su versión de las cosas no cambiará solo porque sí. Era un ideal imperturbable que no sería borrado hasta que cumpliera su objetivo.

—Tú eres muy joven... No entenderías jamás el dolor de un padre al perder a su hijo, ni siquiera eres una operadora, a ti no te afecta que nuestra gente sea sometida y asesinada por estos cerdos.

Rachel no encontró mentiras en las palabras del castaño. Sostenía un punto irrefutable, fue entonces que Leena se alejó de Luz, quien desapareció el domo alrededor, observando cómo su madre ya había curado mejor sus heridas y se acercó al dolido cuervo.

—Ya deja de sermonear a mis niñas... —No podía debatir sobre lo que el hijo del hombre realizó, después de todo, tampoco estaba de acuerdo, pero era algo que debía hacer Lawrence, por más que ambos compartieran en verdad el objetivo de que operadores y humanos convivieran— Esto es entre nosotros dos, adultos horribles que detestan el podrido sistema al que están sometidos. Los niños no tienen que cargar con los pecados de sus padres.

Leena levantó sus puños, preparándose para concretar por fin este combate. Con su hija y Rachel a su espalda, no podía darse el lujo de perder otra vez. En aquel pasillo del hotel es donde culminaría el enfrentamiento.

—Luz, si te digo que nos mates con estacas, disparas.

—¡Leena!

Leena parpadeó algunas veces, dándose cuenta de que había recibido un regaño por parte de Rachel, que la miraba sin poder creer lo que le estaba pidiendo a su hija. Luz apretó sus manos y las levantó, ayudaría a su madre en caso de que su vida peligre.

Leena llevó una mano a su pecho, cerrando con fuerza su puño antes de ver a Rachel.

—Eres una mocosa tan valiente... Hazle un favor a esta horrible madre y cuida a Luz, llévatela de aquí.

Rachel no tuvo que responder, esas eran sus intenciones desde un inicio, después de todo, protegería a Luz con su propia vida. Se acercó a la pequeña de cabello ondulado, dejando una mano sobre su hombro, con solo verla sabía que uno tenía intención de moverse.

—Luz, por favor. —Rachel suplicó a la niña que la acompañase. Ver que ella bajó sus brazos la llevó a sentir un alivio enorme— Vámonos por la escalera de incendios.

El cuervo dirigió casi toda su energía a sus piernas, lanzándose en un parpadeo en contra de Leena. No permitiría que esa niña escape de su cruel destino por nada del mundo. No le importaba lo que su hijo tuviera que decir al respecto, cobraría la deuda de sangre de Lawrence Logan con la misma moneda que ese bastardo larguirucho había utilizado. Leena intentó detenerlo, pero la velocidad del cuervo fue superior, antes de darse cuenta, su costado había sido herido de gravedad por su cuchilla de huesos. Trató de contraatacar, pero el castaño detuvo su puño con su mano, golpeando a la mujer en el rostro antes de patearla con fuerza a unos metros del pasillo.

—¡Leena!

—¡Mamá!

Ambas niñas llamaron a la mujer con preocupación. Luz entrecerró sus ojos, disparando estacas de hielo contra el hombre que esquivó algunas y destruyó otras. Luz estaba por crear un muro como defensa, pero ya estaban demasiado cerca, de no haber lanzado antes las estacas, hubiera sido capaz de hacerlo. El operador se lanzó, apuntando a la cabeza de Luz, a quien Rachel empujó con su cuerpo al estar junto a ella, sintiendo cómo la daga atravesó su abdomen.

—¡Rachel!

Ambas Logan gritaron el nombre de la chica con gabardina. Leena aún era incapaz de pararse, su regeneración ya era demasiado lenta por la falta de aura. Solo podía ver cómo la rubia había sido empalada desde su abdomen.

A pesar del dolor, Rachel apretó con toda su fuerza el brazo del cuervo, aunque a él le tomaría el mínimo esfuerzo zafarse de su agarre. Sus miradas se cruzaron por un momento antes de que una gran pared de hielo empujara al Impío. Luz gritó con todas sus fuerzas, mientras que el hombre se alejó rápido, evitando ser aplastado por una pared de hielo que lo separó de la rubia. Luz se acercó a Rachel, que cayó al suelo, colocó su mano sobre su herida para colocar una capa de hielo sobre ella, sin importarle que su contraria gritara de dolor y arqueara su cuerpo.

—Rachel, ¡Tonta! Tú no eres un operador.

—Muy frío, Luz, esa mierda, ah, duele. ¡Duele mucho!

Era lo mejor que Luz pudo hacer para ayudarla, al menos podía confiar en que su madre la trataría rápido en caso de que hubiera sido herida en un punto demasiado grave.

—¡Luz! ¡El cuervo!

La pequeña escuchó el grito de su madre y observó con horror cómo su oponente destrozó el muro, acercándose a ella de nuevo, su aura dejaba saber las enormes ganas que tenía de atravesar el cuello de la niña. Luz quedó paralizada ante aquella horrible sensación. Leena trató de levantarse, pero apenas dio unos pasos, terminó cayendo por un mareo repentino, después de todo, su poder regenera tejidos, pero la sangre faltante no aparecería sin más.

Luz se cubrió el rostro; fue entonces que el muro repentinamente explotó. Aquel hombre observó rápido lo que había ocurrido, pero el hielo destrozado terminó por llenar la habitación de una espesa neblina. Rachel no entendió muy bien lo que ocurría, pero aprovechó la confusión para empujar a Luz contra la pared. Entonces el hombre volvió a darse la vuelta, los intentos de la rubia fueron inútiles, pues él era capaz de sentir su miedo y sus sentidos mejorados escucharon a la niña arrastrarse.

—Te respeto, niña.

El cuervo caminó en dirección a Luz. Al verse totalmente sola, se cubrió con un pequeño domo que tapaba su cuerpo por completo. Aunque no le tomaría más de dos golpes romperlo. El problema es que detuvo su paso al sentir cómo Rachel se agarró a él por su espalda, envolviéndolo con sus brazos. El castaño la miró a los ojos, sorprendiéndose por aquella mirada rabiosa, en la que faltaba cualquier pizca de duda o miedo.

—Aléjate de la niña... Maldito.

Ella ignoraba su propio dolor. Siendo una persona normal, había sorprendido por completo al operador, que sentía cómo las pupilas de Rachel juzgaban su propia existencia, pero ella no pudo hacer nada cuando este decidió lanzarla algo lejos, teniendo cuidado de no ser muy brusco.

—No te entrometas, luego de esto te dejaré en un hospital.

Rachel golpeó con fuerza el suelo antes de levantarse como pudo, tratando de pensar en cómo ayudar a Luz sin importarle consecuencia alguna, entonces, en su interior brilló la idea más desesperada que se le ocurrió.

—¡Eres tan estúpido como el idiota de tu hijo! —Cuando el hombre detuvo su andar, Rachel entendió que había funcionado. Con un paso lento, se acercó al Impío, aguantando sus ganas de llorar por la ardiente sensación en su piel— Persiguen metas sin sentido... ¡Morirás de forma tan patética como él!

Entonces un golpe con su mano libre de aura se estrelló contra la nariz de Rachel, tirándola de nuevo al suelo. El cuervo se había dejado llevar por la rabia, pero no quería matar a una humana que no tenía nada que ver o eso pensaba, hasta que escuchó una pequeña risa que escapó de la boca sangrante de la rubia en el suelo.

—Pff... Pegas como... Una perra. ¿Tu hijo también era una?

El cuervo se acercó a Rachel, golpeando múltiples veces su rostro con su mano descubierta de aura. Entendía lo que pretendía, llegaba a respetarla un poco, pero solo compraba pocos segundos de vida para Luz, y aunque no le gustaba herirla, no le dejaría ofender la memoria de su hijo.

Las débiles manos temblorosas de Rachel volvieron a aferrarse a su bien trabajado brazo, con la intención de mantenerlo con ella. Su rostro lleno de moretones, su nariz y su boca rotas no le eran de importancia, llena de sangre y lágrimas, mantenía aquella aterradora luz en su iris, dispuesta a hacer hasta lo imposible por su pequeña amiga.

—No... Vas a tocar... A esa... Niña.

Fue entonces que la idea de matarla cruzó por la cabeza del cuervo. ¿De verdad era una chica humana? No creía que fuera posible encontrar a un no-operador que pudiera tener la presencia de uno. Recubrió su brazo con aura, sacando una cuchilla desde su muñeca.

—No quería hacerlo, pero tú misma te lo bus-

Antes de poder terminar, una enorme estaca de hielo cargada de aura atravesó la cabeza del hombre y varias paredes más en su camino, manchando a Rachel de su sangre y líquido cefalorraquídeo. Fue asqueroso y, si fuera la Rachel de hace unas semanas, vomitaría, pero ahora su cerebro se preguntaba qué fue lo que había pasado.

La niebla se dispersó rápidamente, entonces Luz se acercó con lentitud a Rachel, manteniendo una expresión de pánico inamovible en su rostro. Su mirada estaba perdida, mirando algo en la lejanía que no existía, quizás la cabeza del hombre que había volado en pedazos, pero por alguna razón, ni Leena ni Rachel ni aquel hombre habían sentido el miedo intenso en Luz. De hecho, tampoco habían sentido su intención de atacar. Había ocultado por completo todas sus emociones, incluso después de atacar.

No sabía cómo fue capaz de hacerlo, pero ver que Rachel estaba a punto de morir para darle así sea unos segundos más de vida la llevó a intentar cualquier cosa para salvarla.

—Ray... ¿Lo hice bien, Ray?...

La niña preguntó, antes de perder la fuerza en sus piernas, cayendo de rodillas junto a la maltratada rubia, que negó con la cabeza. Sentándose en el suelo como podía. Caería desmayada en cualquier momento.

—No... Lo que hiciste... Fue horrible, está mal, muy mal y nunca más debes... Hacer algo como eso.

Obviamente, era beneficioso, el tipo había intentado matarlas, sí. Pero ¿En qué mundo estaba bien decirle a una niña que matar era un acto noble? Para Rachel, eso era una locura. Los labios de Luz empezaron a temblar, hasta que rompió en llanto, abrazando a su moribunda amiga, que correspondió débilmente ese abrazo. No creía aún que lo hubiera logrado, de hecho, no se acreditaba nada de lo que había ocurrido. Buscó consolar a Luz hasta que su conciencia se desvaneció, dejando caer su cabeza en el hombro de la pequeña Logan.

—¡Rachel! ¡Rachel! ¡Despierta! ¡No te mueras, Rachel!

Leena tampoco creía lo que había pasado, entonces se arrastró, escuchando los llantos de su hija hasta llegar con la rubia, empezando a sanar sus heridas, aunque la suya no había sanado por completo y era otra más que estaba al borde de colapsar. Luz abrazó a ambas con fuerza, continuando con su mar de llantos incansable.

—Soy una pésima madre. —Había escuchado su conversación. Tenía que estar de acuerdo en que en ningún mundo estaba bien decirle a un niño que matar estaba bien, pero en esta cruel realidad, debían hacer todo lo posible por sobrevivir, aunque signifique ir en contra de cualquier moral y principios— Gracias, Rachel... Luz, luego hablaremos mejor de esto.

Leena sintió un remolino en su estómago, agradeciendo de todo corazón al cielo por la existencia de Rachel Ficks, la salvadora de la pequeña Luz Logan. 

 

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