La niebla cubrió a sus dos acompañantes, provocando que Lawrence soltara una pequeña risa. Luck y Jazka de seguro no tendrían muchos problemas para enfrentar a ese ejército de juguete que se aproximaba. Confiaba en las capacidades de su hijo. Él era más que capaz de encontrar una manera de ganar sin su ayuda.
Ahora tenía que preocuparme de otros asuntos.
—Lawrence, ¿Qué es lo que está pasando?
—Oh, no sé. Quizás ahora que estoy lejos de suelo estadounidense, sin apoyo, solo con mi familia, se dieron cuenta los Impíos de que es el momento perfecto para eliminar a uno de los activos más grandes en el mundo de la operación. —Respondió Lawrence con un tono burlón sin ocultar su obvia sonrisa, que apenas se notaba por la distancia entre ambos.
Violet intentaba calmarse. Como toda hija de un operador de renombre, había recibido así sea algo de entrenamiento para situaciones como estas, pero solo era una frágil niña que no era capaz de ver nada. No entendía por qué los operadores e Impíos peleaban, ni las tensas relaciones entre las Naciones Unidas y su gente, pero sabía que algo estaba mal en todo eso.
Se aferró con fuerza a la única persona en la que podía confiar en ese momento, su padre, pero grande fue su sorpresa al sentir cómo la mano del mayor temblaba ligeramente. Saber que él también tenía miedo agitaba el corazón de la pequeña de cabellos dorados.
—Papá, tengo miedo. ¿Qué va a pasar?
—Te diré qué pasará, niña.
No fue su padre quien le respondió, esta voz era la del padre de su mejor amiga. Ya había escuchado a otras personas hablar sobre él, muchos de los niños con los que se reunía en las casas de descanso de los operadores o a quienes visitaba por motivos de relaciones de la empresa de su padre decían que, si fueran capaces de desear ser como un operador, desearían ser Arthur... Pero quien no mencionaba al legendario cosmopolita, elegía ser Lawrence Logan.
—Tu padre se quedará ahí cuidándote, así que mantén tu aura. El tío Law se encargará de la gente mala. Luego irás a jugar con Luz.
Su tono de voz era arrogante, sonaba tan confiado de sí mismo, tanto que hasta la pequeña le creyó que se encargaría de todo con facilidad, lo que la ayudó a relajarse un poco. Después de todo, Lawrence Logan nunca fallaba.
Varios osos de peluche corrieron en dirección a Lawrence, que estaba más cerca de la calle, Henry apretó sus labios entre sí, asintiendo con la cabeza. Sudando a mares por los nervios, pero confiaba en Lawrence, que se encargaría de la situación.
Fingiendo que su mano era una pistola, Lawrence apuntó a uno de los osos, disparando un potente ataque de electricidad. No quedó rastro de su cabeza. La calcinó por completo, y ese mismo destino sufrieron los otros osos que se acercaron. Las marionetas tan simples lo llevaron a sentirse algo indignado, esperaba algo mejor de parte de los Impíos ahora que tenían esta oportunidad, pero los informes de que el grupo ahora pasaba por su peor momento eran en serio.
—Operador de segunda.
Para jugar un poco, corrió a gran velocidad. Henry quedó con la boca abierta ante la demostración de su compañero operador, notó una abismal diferencia entre ambos. El más robusto no era del tipo que combatía, pero Lawrence solo podía ser catalogado a sus ojos como un monstruo.
El cuerpo de Lawrence desprendía pequeñas chispas al moverse a esa velocidad debido a la naturaleza de su aura. Tomó a uno de los osos, arrancándole la cabeza con facilidad, luego saltó unos metros en el aire, disparando rayos a los carros controlados que se acercaban, provocando que exploten. Ahora mismo, solo estaba presumiendo. Al caer perfectamente de pie, el aura alrededor de su mano parecía girar en los bordes de esta con gran velocidad. Como si su brazo entero fuera una espada de electricidad, cortó por la mitad a uno de los osos, esperando a los demás que corrían en su dirección.
Dejó que los soldados se acercaran tanto como quisieran, no quería alejarse mucho de Henry y Violet. La niña de seguro resultaría lastimada... Bueno, no, pero no quería alejarse de ellos dos. Los soldados apuntaron sus armas, y, cual concurso de desenfunde, Lawrence llevó su mano a su bolsillo, deteniendo el giro de aura que le daba la habilidad de cortar. La levantó a gran velocidad, disparándole a uno, luego a otro y, por último, al tercero antes de que alguno fuera capaz de atacar. Una puntería perfecta a sus cabezas. Sopló su dedo índice antes de llevar su mano de vuelta a su bolsillo para acabar con el juego.
—Es sorprendente. —Henry quedó embobado ante el espectáculo de poder de Lawrence. Quizás derrotar marionetas no era la gran cosa, pero ese hombre demostraba que estaban a rascacielos de distancia entre ambos.
Lawrence Logan, aquel que está en la cima de la operación, el dinero, el poder y el estatus. Henry sintió una fuerte envidia y admiración ante semejante ser. Preguntándose si solo con esfuerzo uno podía llegar a donde él estaba.
Violet, por otro lado, se preguntaba cuándo sería que el señor Lawrence pelearía. Asistió antes a varios combates de práctica o coliseos a los que su padre asistía por diversión, cuando utilizaba su aura, era capaz de sentir el momento donde se lanzaba un golpe, las intenciones de dañar, el ansia de victoria, miedo o rechazo a la derrota. Tantas emociones sueltas le permitían darse una pequeña idea de lo que estaba ocurriendo, pero ahora solo escuchaba el viento ser cortado, no había emociones, ni miedo, ni nada. Confiaba únicamente en sus sentidos, lo que le resultaba aterrador. Nunca había presenciado un operador capaz de ocultar por completo sus emociones.
—Papá, ¿el señor Lawrence está ganando?
—Sí —Henry tragó saliva, tartamudeando un poco antes de seguir su respuesta—. Lo... Lo está haciendo.
Violet sonrió. Tomó a su padre más fuerte de su brazo, no había razones para preocuparse si el señor Lawrence estaba presente. Fue entonces que un fuerte viento levantó el largo cabello amarillo de la joven. Lawrence observó en su dirección, notando cómo una masa amorfa de niebla giraba en torno a Henry y su hija.
Lawrence corrió hacia ellos, alejándose del interior de esa masa de niebla viviente, aunque al pasar entre ella, sintió cómo calentó su piel. Había sido una extraña sensación.
—¡Ay!
La pequeña niña dio un ligero grito. Lawrence la tomaba de su ropa, al igual que había jalado a Henry, que estaba confundido observando aquella niebla que se cerró poco después de que ellos fueron alejados.
—Hasta que te apareces, mal nacido. —Lawrence soltó a la niña y a su padre. El plato fuerte de la tarde había aparecido, o debería referirse al usuario de la niebla como "El intermedio", pues no sería nada para él.
De entre la niebla, un hombre con un traje militar negro con capucha emergió, cubriendo su rostro con una máscara de cuervo. El diseño de la máscara le gustaba, pero aquel tono moderno de su ropa mataba la magia que la capucha y la máscara intentaban transmitir.
—¿Y si en vez de la ropa militar, utilizas algo más antiguo que haga juego? Un abrigo largo, quizás.
No recibió una respuesta verbal, pero el operador, ya con su aura color gris rodeándolo, envió una gran cantidad de niebla en contra de Lawrence. La temperatura se elevó por un momento, y aquel hombre contraatacó con electricidad que expulsó de sus dedos.
Ambos ataques chocaron a mitad de camino, Lawrence no podía esquivarlo o terminaría por dañar a Henry y Violet, así que enfrentarlo directamente era su mejor opción. Mientras sus habilidades chocaban, ambos aumentaron la cantidad de aura, reforzando sus ataques. Lawrence llevaba una clara ventaja, pues esa niebla empezó a ceder contra su maestría. Obligado a retroceder, el cuervo detuvo su ataque, saltando a un lado para evitar una muerte espantosa.
—1 a 0. Ustedes dos, aléjense un poco y no estorben, por favor.
Henry tomó de la muñeca a su pequeña hija, que empezó a caminar para alejarse de la espalda de Lawrence. No quería acabar en medio del fuego cruzado. El operador de rayos asintió con la cabeza, dando unos pasos en dirección contraria a donde Henry había ido, sabía que estaría a salvo mientras no se acercara a la zona de combate.
—Muy bien, ahora que tenemos tiempo, ¿No quisieras hablar un rato? Podemos sentarnos y tomar café. —Lawrence saltó hacia atrás, evitando otro de esos ataques de niebla, el cual aumentaba la temperatura por donde pasase, había destrozado el suelo frente a Lawrence—. Ay, perdón. Supondré que eres más del té o los refrescos, pero a mí no me gusta el té y ya tuve mucha azúcar por hoy.
El cuervo no era muy conversador, notaba cómo lo estaba estudiando. Cada paso que Lawrence daba era analizado por su oponente, su respiración, incluso si su cabello se movía por el viento. La niebla cubrió alrededor de ambos, permitiendo un terreno circular que sería el estadio perfecto para su duelo. Tenían el suficiente espacio sin niebla para estar a distancias razonables y ver al oponente en casi todo momento.
Pero por más que luciera arrogante y el campo permitiera ver mejor, el cuervo no hallaba nada. A pesar de no estar en ninguna posición de combate, ese hombre no tenía ninguna debilidad, de hecho, él era quien estaba en desventaja. Esta jaula de niebla era su propia jaula, Lawrence Logan era el monstruo con el que se había encerrado.
—¿De verdad tengo que matarte?... No creo que paguen lo suficiente.
—Aaah —Lawrence silbó ante las primeras palabras de su adversario—. Es algo decepcionante que lo primero que escuche sea sobre dinero, ustedes los mercenarios nunca son divertidos. ¿Es que no apoyas la causa?
Lawrence empezó a caminar en círculos, cerca de los bordes del escenario donde estaban ambos. El cuervo caminó en la misma dirección que Lawrence, manteniendo siempre su distancia y sus ojos puestos en él.
—La supremacía de los operadores se perdió hace mucho. No tiene sentido que sigamos aferrados a algo tan arcaico. —El modulador de voz hizo su trabajo, impidiendo a su adversario que descubriera detalles sobre él, pero al notar la expresión de Lawrence, descubrió que su respuesta le fue insatisfactoria.
—Debes ser muy joven, ¿quizás 20 años? No creo que llegues a los 30 por esa forma de hablar... Supongo.
El cuervo terminó con los pelos de punta. Ocultando por completo la sorpresa ante su deducción, se asegurará de ser más ambiguo y neutro al hablar con él, pero que descubriera su edad no era motivo para alarmarse.
—Ignorando el hecho de que los Impíos están enviando niños a hacer el trabajo de los adultos, antes de que yo te mate horriblemente, responde algunas preguntas para mí. —Lawrence se inclinó un poco, señalando a su contrario, que saltó a un lado por instinto—. Vamos, vamos, no estés nervioso, no hay respuestas incorrectas.
—Maldito anciano. —Estaba inquieto. Alerta ante el más mínimo cambio en Lawrence. Un oponente que no podía ser leído y además era tan poderoso no debía ser tomado a la ligera.
—Tengo 40, espera a que llegues a mi edad. —El anciano frunció el ceño con descontento, luego recuperó aquella sonrisa radiante que lo caracterizaba—. ¿Qué es más peligroso, un operador frío que hace lo que se le dice por dinero o un operador que está cegado por las viejas costumbres?
—El segundo tipo, ¿verdad? Los que nos movemos por dinero estamos menos dispuestos a sacrificarnos por la misión, pero quien está siguiendo sus ideales daría la vida por ellos.
—Te doy 20 puntos; ahora, ¿cómo llaman a quienes no los mueve de verdad su gran causa, pero aceptan trabajos que saben que no pueden completar e incluso morir no les garantiza que cumplirán la misión?
El cuervo se mantuvo en silencio, sin saber qué responder, pero sabía que la pregunta estaba destinada a ser respondida por Lawrence, algo en su interior lo sentía.
—Te lo diré, son idiotas. —Lawrence levantó ambos brazos, moviendo sus manos para enfatizar la idiotez que cometían—. Luchas una guerra que no es tuya, defendiendo ideales que no son tuyos, creyendo que esa miseria de pago que tengas es suficiente, pero en el fondo sabes que no. No lo es. Estás hasta el cuello de mierda, mientras esos hombres que "darían su vida por la causa" están escondidos como ratas. Ningún impío ha demostrado jamás que busca una mejora en la forma de vida de los operadores; solo buscan recuperar el poder que sus ancestros les contaron que tenían hace años. Solo persiguen un fantasma que nunca han visto, pero no pueden dejar de pensar en él.
—¿Y qué? ¿Acaso tratas de demostrar que eres diferente a la gente que me contrató? —El cuervo arqueó una ceja por debajo de la máscara, deteniendo sus pisadas al mismo tiempo que Lawrence detuvo las suyas—. Yo solo veo un perro, cuando tu país te dice que te sientes, lo haces, si te pide que te levantes y ladres, no dudas en cumplirlo para mantener los beneficios que ya tienes. Al menos esta gente busca generar un verdadero cambio.
—¡Mira, mira, mira! Resultaste ser todo un activista, pajarito. —Lawrence fácilmente descubrió su teatro, sabía que nadie cumpliría una misión tan peligrosa solo por dinero.
—¿¡Qué es lo que quieres ganar con todo esto!? —Ya cansado de escuchar toda esa mierda que no los llevaría a ningún lado, preparó dos lanzas de humo que se formaron a su espalda. No había necesidad de continuar esta conversación inútil.
—Te voy a pagar el triple de lo que estés ganando por este trabajo. —Por primera vez en todo el combate, Lawrence bajó por completo su guardia, pero su oponente aun así dudó en atacar—. Tu identidad se mantendrá en secreto, serás solo otro de mis trabajadores, pero me contarás quién es la persona que filtró la ubicación de la reunión en Alemania.
Helado, el cuervo perdió su concentración. Las lanzas brillantes a su espalda casi regresaban a ser solo niebla común por aquel descuido, pero espabiló al último momento, manteniendo sus armas. Ninguna de las palabras que salían de la boca de aquel hombre le fue de fiar. No era más que una serpiente esperando para morder a su presa en el menor de los descuidos.
—¿Te parece que nací ayer, Lawrence Logan? No vas a cumplir nada de lo que dices.
—Mi mejor amigo murió al ser inculpado por las filtraciones de las reuniones. —La sonrisa de Lawrence se esfumó con el mero hecho de mencionar lo que le ocurriría a su amigo, su mejor amigo. Alguien por quien sin duda arriesgaría su vida para ayudarlo—. Sí tengo pruebas y llevo al culpable, él al menos tendrá su nombre limpio.
La mirada determinada de Lawrence hablaba por sí misma. No mentía, de verdad tenía intención de mantener aquella promesa para ayudar al Cosmopolita.
—Estamos tratando de matarte a ti y a tu familia.
—Solo te dejaré vivir a ti, que intentas matarme a mí. No es como si antes no hubiera perdonado a quien ha ido contra mi cuello. Después de todo, les rindo cuentas.
—¡Estás mintiendo!
—Por favor...
Lawrence extendió su brazo con la palma levantada. Esperando la respuesta de aquel operador. No perdía nada con intentarlo de esta forma, de hecho, le pesaría menos en su conciencia que recurrir al primer plan que tuvo en mente.
¿Alguna vez se había rebajado como para suplicar en algún momento de su vida? No recordaba la última vez, pero fue antes de conocer a Arthur.
El cuervo dudó, tembló, sudó. Y al final sus acciones decidieron cómo terminaría este enfrentamiento. Con un rápido movimiento de su brazo, las lanzas de humo giratorio obedecieron, disparándose en contra de su adversario a gran velocidad. No podía permitirse aceptar algo como esto, era demasiado arriesgado. Además de que detestaba a la gente como Lawrence, ¿cómo un tipo que nació en cuna de oro podría entenderlo? Un perro que eligió suprimir sus deseos para obedecer a sus amos jamás cumpliría su promesa. Era lo más bajo entre los operadores.
Pero ahora, ese hombre lo miraba con decepción. O quizás era lástima Los ojos de Lawrence se escabulleron hasta lo más profundo de su alma, lamentando la existencia de un ser tan patético como él mismo.
¿Por qué se sentía así?
Entonces se dio cuenta de la sensación extraña de pérdida tan repentina. ¿Lawrence había hecho algo? No lo notó, pero movió su brazo derecho para seguir lanzando más ataques de niebla.
—¿Ah?... ¿Dónde está?
No era capaz de ver o sentir su brazo, fue entonces que se dio cuenta de la desaparición total de su brazo derecho hasta su hombro. Además del olor a carne quemada en su cuerpo.
No había sido capaz de ver el potente rayo que Lawrence disparó y desintegró por completo su extremidad, además de que quemó el área afectada para que no muriera desangrado.
Los ojos del cuervo bajo esa máscara se inyectaron en sangre mientras caía de rodillas al suelo, soltando desgarradores gritos de dolor. ¿Cómo llegaron a este resultado? Lawrence había estado jugando con él, desde un principio lo tuvo en la palma de su mano y había sido estúpido al creer que podía ganar.
—Esa fue mi advertencia —Lawrence dio varios pasos hacia el Impío. Pero en vez de terminar con su sufrimiento. El despreciable hombre de negocios extendió su mano hacia él—. Te daré otra oportunidad, niño. Sírveme y te dejaré continuar con tu vida. No me importa si intentas vengarte más adelante, pero prometo que vivirás hasta el día que decidas hacerlo o mueras de vejez.
Su sonrisa casi angelical le causó náuseas al cuervo, que apretaba sus dientes entre sí y sostenía su costilla. Ese demonio le extendía la mano como si nada hubiera pasado. Había entrenado y creía estar listo para vencerlo, pero eso jamás ocurriría.
—Yo... Yo acepto. —Entre jadeos y gruñidos, el cuervo se rindió ante el monstruo, que sonrió plácidamente.
—Es una maravillosa decisión. No te arrepentirás, e incluso podemos dejar impune a tu familia mientras más colaborador seas... Sí es que me entiendes. —dijo Lawrence entre risas.
Al momento en que el cuervo estiró su mano, Lawrence la tomó sonriente. Con esto podría cumplir su objetivo, pero la intención hostil del cuervo frente a él creció de una forma anormal y notó aquel brillo plateado en los ojos del hombre bajo la máscara.
El cuerpo del impío explotó con gran potencia, soltando sangre y carne en todas direcciones. Además de una gran cantidad de niebla y aura. Le había dado un buen susto a Lawrence, que acabó con parte de su ropa rota y cubierto de sangre. Esto había sido totalmente inesperado.
—... Jaja, maldita sea. Me engañó. —se burló de sí mismo con una sonrisa tonta en su rostro, hasta que notó su mano temblar, le dolía un poco debido a aquella explosión.
Su mirada se afiló. Al final, continuaba siendo más ingenuo de lo que creía. Soltó un suspiro pesado debido a este fallo tan grande. Estaba dispuesto a darse la vuelta y volver con Violet y Henry hasta que escuchó los gritos de ambos.
—¡Aléjate! ¿¡Qué mierda crees que haces!?
—¡Papá! ¡Papá!
Los gritos de Henry y Violet llegaron a sus oídos, entonces soltó un suspiro pesado antes de correr a donde habían volado por el impacto del viento. Ahí vio cómo la menor gritaba y pataleaba mientras otro de esos cuervos la sostenía de su cabello, con Henry a unos metros de ellos.
—¡Aléjate de mi hija! ¡Maldito idiota! ¿¡Qué se supone que haces!?
Rodeado por un aura plateada, este cuervo era diferente, su ropa era totalmente negra, llevando algo mucho más moderno, pero tenía puesta la misma máscara. De su abrigo largo sacó una jeringa con un líquido misterioso, que inyectó en el cuello de la inocente pequeña, quien chilló adolorida sin poder escapar de las garras de su depredador.
—¡Papi! ¡Papi!
En total oscuridad, la niña anhelaba que su guardián viniera por ella, pero aquel apenas y había recibido un golpe muy fuerte de parte de este nuevo cuervo y ya había caído arrodillado sin fuerzas. Ella no podía saberlo, y era lo que más le asustaba, solo podía escuchar los gritos desesperados de su padre llamándola.
Lawrence fue quien atendió a ese llamado, antes de que el nuevo cuervo se diera cuenta, ya lo tenía enfrente a pocos metros de distancia. Sacó la jeringa, utilizando a la niña de escudo, Lawrence no pudo apuntar a un punto vital debido a ese movimiento tan sucio. Entonces la pequeña fue arrojada con gran fuerza hacia el aire mientras gritaba aterrorizada a todo pulmón.
—¡Lawrence! ¡Lawrence! ¡Mi hija!
El cuervo empezó a huir al callejón más cercano. Lawrence chasqueó la lengua ignorándolo. Saltó para atrapar a la pequeña en el aire y volvió a caer con la niña en sus brazos, que repentinamente había dejado de gritar. Los ojos de Henry brillaron al ver que había atrapado a salvo a su adorada hija; entonces, como pudo, se levantó para acercarse a Lawrence.
—Dios santo... Lawrence, gracias... ¡Gracias, Lawrence! De verdad.
—Henry... Lo siento. Ellos... Le hicieron algo.
El apagado tono de Lawrence congeló la sangre del robusto. Logan se dio la vuelta, sosteniendo el cuerpo de la niña, que sufría pequeños espasmos, los cuales cada vez eran menos notorios. La respiración de Henry se detuvo por un momento, mientras su corazón parecía haberse detenido. Cargó a su hija antes de caer de rodillas de nuevo, observando cómo la pequeña dejó de moverse, con sus ojos entreabiertos, dejando ver cómo aquellos brillantes ojos de color amarillo se apagaron poco a poco.
—No... ¡No puede ser, Lawrence! No puede ser, ¡hay que ayudarla! ¡Lawrence!
A pesar de que lo llamaban con desesperación, Lawrence permaneció inmóvil, no había nada que pudiera hacer. Entonces bajó su mirada, escuchando cómo su propio hijo lo llamaba, confirmando que estaba a salvo, lo que calmaba un poco su dolido corazón.
—¡Papá! ¿¡Están bien!? ¿Qué pasó?... —Luck corrió seguido de Jazka, quedando de pie a unos metros del dolido padre, cuyas mejillas eran ríos de lágrimas que por nada del mundo se detendrían.
—Luck, los demás podrían estar bajo ataque, llévate a Jazka y asegúrense de protegerlos, primero ve con tu madre.
—¡Señor!
Luck no dudó de las órdenes de su padre y partió de inmediato con Jazka. La situación aquí había acabado; además, ninguno quería llorar frente al hombre que respetaban y admiraban, pero Luck no podía describir el remolino de emociones al ver a esa niña sin vida en los brazos de su propio padre.
—Por Dios, Jazka.
—Siga, señor Luck... No podemos hacer nada. —Jazka mordió su labio inferior. No había manera en que hubieran cambiado lo que pasaría, entonces colocó su mano en la espalda de Luck, tragándose su frustración— ¡Vamos! ¡La señorita Leena y los demás deben estar en el hotel!
Lawrence observó cómo ambos jóvenes salieron corriendo a pesar de las heridas, llenos de espíritu y listos para continuar con la pelea, a pesar de que su aura esté cerca de acabarse, Luck era un buen chico, estaba orgulloso de él. Pero los llantos del padre arrodillado le sacaron de sus pensamientos. Violet ya no se movía, y su pulso se había detenido. Su pequeña se había esfumado.
Lawrence sacó su celular, mientras el robusto hombre recostó el rostro de su hija contra su pecho.
—.... Esto no tenía que ocurrir de esta manera, Lawrence... Dios, ellos no debían tocarla. —Ya nada importaba. Su amada hija, su familiar más cercano y la principal razón por la que el hombre era capaz de levantarse cada mañana a pesar de sus actos, se había esfumado; solo quedaba un cascarón vacío.
—¿A qué te refieres?
—... Ellos me dijeron que solo te matarían... Yo les di la ubicación y la fecha de tu salida, prometieron que no nos dañarían en el fuego cruzado.
Merecía morir, por su culpa, su hija había muerto; la sangre de su propia descendencia manchaba sus manos. Solo por su culpa.
—¿Tú eras el espía?... ¿Entonces fuiste tú quien le brindaba información a los Impíos?
—Lo siento, de verdad lo siento. Primero me amenazaron con dañarnos, luego me pagaron una gran cantidad y si lo hacía un par de veces, yo... —Henry North mantuvo silencio ante las inquietantes respuestas serenas de Lawrence. Al levantar la mirada, el de puntas blancas lo observaba con una escalofriante sonrisa de satisfacción mientras grababa con su teléfono—. ¿Lawrence?
—Lo admitiste, tú mismo lo dijiste. Eres el topo. Todo este tiempo tú fuiste el topo, no Arthur.
La verdad llegó a la mente de Henry como un rayo, entonces apretó sus dientes y, con sus ojos inyectados en sangre, miró al responsable de la muerte de su hija.
—¡Lawrence! ¿¡Mataste a mi hija, maldito!?
Su diabólica sonrisa lo decía todo, y por si no bastaba, asintió con la cabeza sin ningún tipo de vergüenza. Ese último acto había sido una treta donde Henry cayó redondito.
—¡Mataste a una niña! ¡Mi niña! ¿Solo para descubrirme?... Eres, eres un monstruo, ¡lunático! ¡Maldito demente!
Lawrence levantó su mano, apuntando al hombre que cerró sus ojos con fuerza esperando su final. Pero la descarga fue al pecho de su hija, que convulsionó ante la electricidad; entonces, como por arte de magia, o un milagro divino, la pequeña empezó a respirar agitadamente, aún con una apariencia bastante desastrosa, pero viva. Su padre abrió los ojos, incrédulo ante lo que ocurría.
—Lawrence... ¿Cómo es que tú?
—Una variación de la tetrodotoxina en mi laboratorio actúa más rápido, emula la muerte, luego salta a fallos en los músculos, fallo respiratorio y un paro cardíaco, tú solo quédate con que era suficiente con una pequeña descarga para reanimarla.
Apenas y entendía lo que decía, pero la pequeña movía con dificultad sus brazos, totalmente perdida en aquella oscuridad, le era difícil respirar aún, pero el de ojos cafés arrugó su rostro, sin contener estas nuevas lágrimas de alegría de ver a su hija con vida.
—Aún está en peligro, lo que hice fue temporal, debes llevarla rápido al hospital o morirá en serio. Iré contigo... luego podrás contarme a detalle todo.
Lawrence guardó su celular, sin señal, no podía enviar el video aún, pero lo había conseguido justo a tiempo para frenar que ese demonio ejecutara a su amigo. Aunque había tenido que sacrificar su humanidad para lograr este cometido.
—Lo supiste todo este tiempo, ¿Verdad? —Henry no sabía cómo sentirse en este momento ante tal imponente ser. Desde el principio lo tuvo bailando en la palma de su mano; ahora su destino de seguro sería el infierno mismo, condenado por ese cruel juez de cabello negro, pero ese mismo monstruo no dejó que su hija muriera, aunque él mismo la puso en peligro en primer lugar—. Gracias por perdonarla.
Lawrence levantó una ceja, obligando a su contrario a levantarse, empezando a caminar hasta la base del congreso de operadores en París.
—Yo no dejaría morir a una niña. No soy un monstruo.