¿Cuándo fue que empecé a solucionar mis problemas a los golpes? Creo que... ¿a mis cuatro años? Quizás cinco.
Mis hermanos querían quitarme todo, juguetes, libros, mi turno en la televisión, solo porque eran un año mayores que yo.
Fue entonces que una tarde estaban dando mi programa favorito, mis padres estaban en su cuarto de esa pequeña casa. Aún puedo recordar cómo rechinaban las tablas del suelo con cada paso y el maldito frío insoportable en el invierno. Quizás con algo de trabajo hubiera podido ser más acogedora... ¿Estoy divagando? Sí, lo estoy haciendo. Mientras mis padres veían televisión o dormían, quién sabe qué carajo estaban haciendo, uno de mis hermanos mayores, Xavier, me quitó el control para poner una película al azar.
Quise quitárselo, entonces me empujó y caí al suelo, pero en vez de solo sentarme a ver esa maldita película como siempre había sido, me levanté, lo miré y, antes de que se diera cuenta, lo golpeé en su ojo con todas mis fuerzas.
Aún recuerdo cómo su ojo terminó morado después de aquel golpe, además de la paliza que recibí de mi padre, junto al castigo de no poder salir por dos semanas. Valió la pena, ninguno de mis hermanos intentó quitarme mis cosas de nuevo. Entonces lo entendí: la fuerza conlleva al respeto. Si no demuestras tu lugar, otros solo te pisotearán, ya que no te defiendes.
Ingresé al kínder, luego a la escuela, pero siempre era el mismo chiste. A donde sea que iba, había gente que buscaba a quién quitarle su lugar. Ya sea porque su familia tiene más dinero, porque son más guapos, porque tienen mejores notas. Hay algo en esas personas que despierta apenas alcanzan un pequeño grano de "superioridad", que los lleva a ser totales imbéciles con otros, menospreciándolos, ofendiéndolos. Obligan a otros a verlos como superiores, los obligan a ayudar en el maltrato a los demás, en un extraño círculo vicioso donde solo dañan a más gente para sentirse bien consigo mismos.
Le rompí la boca a mucha gente así.
No sé cuántas veces he ido a detención, o cuántas veces he sido suspendido, pero cada castigo valió la pena, pues preferiría recibir los regaños de mis padres y malas notas a dejar que un pedazo de basura con complejos tratara de hacerme sentir inferior.
Pero, un día, el problema dejó de ser solo conmigo.
Una mañana en la escuela, vi a ese chico flacucho de cabello negro, William. Éramos compañeros, pero no interactuábamos mucho. Él estaba en su mundo y yo en el mío, pues nadie quería acercarse a un chico problemático. Nadie buscaba ser amigo de alguien que iba contra los abusones. "Ya son malos con nosotros, imagínate qué nos harían si nos defendemos" era el tipo de mentalidad que más detestaba. William era uno de esos.
Estaba siendo intimidado en el almuerzo, un chico uno o dos años mayor le estaba "pidiendo amablemente" algo de dinero para comprar comida. Yo estaba sentado en una banca, comiendo tranquilo, escuchando esa conversación por pura curiosidad.
Por más que William lo rechazaba, esa bola de grasa con patas seguía insistiendo, hasta el punto de agarrar a William de su camisa y amenazar con golpearlo si no le daba dinero. Yo no pensaba ayudarlo, era su problema. Aquellos que no podían defenderse solos, simplemente necesitaban un incentivo, y si los golpes no los ayudaban, allá ellos si preferían seguir siendo maltratados.
—¡Te estoy diciendo que luego te los voy a regresar! ¿Crees que soy un ladrón o algo?
—N-no. Pero es que no traje para... para comer hoy, y mi madre me dio dinero por eso.
Entonces esa bola de grasa llevó una de sus manos al cabello de William, jalándolo con fuerza, noté que le dolía.
—¡No seas idiota! Te compras algo barato y ya.
No supe por qué; quizás estas cosas nunca las entiendes al completo. Pero, antes de darme cuenta, ya estaba tocando el hombro de ese chico.
—¿Ah, Grace? ¡Piérdete, estúpido!
Entonces mi puño chocó contra su nariz, me aseguré de tomar una buena postura y utilizar bien mis caderas para darle tan fuerte como me fuera posible. El gordo se abalanzó sobre mí, debo decir que ese día salí con muchos golpes, pero también fue la primera vez que le tiré un diente a alguien en una pelea. Su madre vino a reclamar al día siguiente, y terminó agarrándose del cabello con mamá en el estacionamiento de la escuela.
William no comprendió por qué lo ayudé, incluso una tarde se me acercó a preguntarme.
—Ya nadie me molesta, todos dicen que, si lo hacen, Grace y su madre irán a golpearlo. —William bajó su mirada avergonzada.
Eso sí que me hizo reír.
—Bueno, mejor para ti, ¿no? Solo no te dejes golpear la próxima vez.
—¿Por qué me ayudaste? Si no nos conocemos.
Arqueé una ceja, ni yo lo sabía al principio. Pensé que solo quería golpear a otro abusón más, pero antes yo sostenía que mis peleas eran solamente para mi comodidad. ¿Por qué lo había hecho?
—No lo sé... Había alguien que necesitaba ayuda e hice lo que mejor sé hacer. ¿Qué importa por qué lo hice? —Mi respuesta sorprendió al de cabello negro—. Los que se aprovechan y abusan de otros son una mierda... pero es incluso peor la gente que es capaz de defenderse y solo se deja golpear, amigo, ya te están golpeando, al menos rómpele la nariz, no es como si te vayan a molestar menos por ser un cobarde.
No lo supe en ese momento, pero mis palabras se alojaron en el pecho de William, como si encendieras un interruptor. Algo cambió en él justo en ese momento.
—Grace, ¿quieres ser mi amigo?
—... ¿Ah?
Nunca me lo volví a quitar de encima, le enseñé a pelear, a cómo reaccionar ante las amenazas. Poco a poco, se convirtió en alguien parecido a mí, no es que buscáramos peleas en todos lados, pero no resistíamos en darle una lección de realidad a quien trataba de pasarse de listo con los demás.
Dejé de estar solo, y después de William, esos dos hermanos un día se nos acercaron.
—Señor Kennedy, ¡le traemos una ofrenda!
—Sí, sí. Queremos ser fuertes como usted.
No entendía nada, pero me estaban ofreciendo 20 dólares para enseñarles a pelear. Carl y Troy, ambos eran de barrio igual que yo, cualquiera pensaría que de grandes terminarían en alguna pandilla. Obviamente, no acepté esos 20... no solo para mí, hice que los gastara en comida para los 4, desde entonces, también me siguieron.
Los tres estaban sorprendidos con el tiempo, pues los rumores decían que yo era un total bárbaro, pero no entendían cómo podía pasar todas las materias sin problemas, incluso llegué a ayudarlos con sus tareas.
Me volví un pilar en sus vidas, no busqué serlo, tampoco quería que me adorasen o cosas por el estilo, pero para estos chicos, yo me volví un ejemplo a seguir. Querían ser como yo, querían apoyarme en cualquier cosa que hiciera, si yo me lanzaba de un puente, ellos, muertos de miedo, saltarían detrás de mí. Lo entendí rápido, entonces me dediqué a jamás decepcionarlos. Ser siempre su fuerte y confiable amigo, su líder.
A finales de ese año, se unieron Alex y Richard. Entonces, el grupo estuvo completo.
A los diez años, fue entonces que lo conocí.
Caminaba por la calle después de ir a la sala de computadoras con los muchachos. Compré algo para comer, pero entonces, vi cómo una niña pasó junto a una casa que tenía su garaje algo abierto. Ella no se dio cuenta, pero a un enorme Rottweiler no le gustó para nada que pasara frente a sus dominios. Le ladró a la niña desde el garaje. Ella solo se asustó y terminó cayéndose. El perro salió y yo corrí tan rápido como pude, quedando en medio de los dos, utilizando mi chaqueta como escudo alrededor de mi brazo derecho.
Algo muy estúpido, pero si no intervenía, a pesar de que mis piernas temblaban por el hecho de nunca haber peleado con un perro, nunca podría volver a mirarme en un espejo. Ese maldito can se lanzó, metí el brazo que terminó por morder; entonces me di cuenta de que la chaqueta no fue muy buen escudo que digamos, pero era mejor eso que recibir la mordida de lleno.
—¡Vete! ¡Vete! ¡Maldito!
El perro no quería soltarme por más que le pegara en su cabeza, lo pateara o le gritara. De mis mejillas no dejaban de caer lágrimas por el dolor de que algunos colmillos lograron atravesar levemente mi piel, pero seguía golpeando.
Entonces, alguien llegó por detrás del perro, otro niño, pateando con fuerza las bolas del animal, lo que lo hizo soltarme con un fuerte chillido, antes de huir de nuevo a su casa.
El niño de largo cabello se acercó rápido, quitando la chaqueta para ver las marcas de los colmillos del perro en mi brazo.
—O eres alguien de muy buen corazón o eres un estúpido... hmm, bien hecho. Me miró con una sonrisa.
La niña detrás de nosotros no dejaba de llorar al verme herido, pero algunas personas llegaron al escuchar el escándalo. Antes de darme cuenta, el chico de cabello largo y ropas que parecían ser bastante caras ya no estaba. El dueño del perro terminó con tremendo problema, la niña volvió a su casa y yo grité como nunca cuando le echaron alcohol a la mordida. Además de que tuvieron que inyectarme contra la rabia, no fue lindo.
Al día siguiente, ese chico de cabello negro terminó en mi salón, saludándome con una enorme sonrisa. Resultaba que acababa de mudarse a la ciudad.
—¿Cómo vienes a estudiar si ayer te mordió un perro?
—No vengo a estudiar, vengo a estar con mis amigos, son dos cosas muy diferentes.
—¡Ja! ¿Con ese mal intento de cara de chico rudo tienes amigos?
Lo miré arrugando el rostro, ayer le di las gracias por su ayuda, pero hoy ya quería partir su nariz. La vida da unas vueltas sorprendentes.
—Tengo muchos amigos.
—Bueno, agrégame a tu lista, soy Jesse Miller. Mi papá es abogado y me gusta pintar.
—No tiene nada que ver lo uno con lo otro... Grace Kennedy.
—¡Como el prota de ese juego de zombies!
Los ojos de Jesse brillaron. Ya antes me habían hecho ese chiste, dejó de ser gracioso luego de la cuarta vez. Nos dimos la mano, sin darnos cuenta de que desde entonces estaríamos el uno al lado del otro en casi todo momento.
Jesse se invitó solo a nuestro club de amigos, entró a mi vida sin pedir ningún tipo de permisos y se comportó como si ya nos conociéramos desde la cuna. Su extrovertida personalidad me llegaba a irritar muy seguido, y no parábamos de discutir cada que podíamos. Pero eso no evitó que se volviera mi amigo más leal.
Al igual que los otros, no importaba en qué problema me metiera, él estaba ahí para respaldarme, ya sea contra un grupo de chicos de otro salón, o si faltaba dinero para la comida. Pero había una diferencia: mientras que a los otros los sentía a mi espalda, como si tuviera que protegerlos, cuidarlos, enseñarles como a niños, Jesse estaba a mi lado, se sentía como un igual. Ya había llegado con una personalidad muy definida, similar a la mía, aunque era un chico de familia rica con gustos refinados, se emocionaba incluso más que yo al momento de repartir golpes a quien se lo merece. Eso me gustaba.
Pasó de irritarme a tranquilizarme, cada discusión tonta me resultaba muy divertida. Me invitó a su casa muchas veces, el ambiente de estar rodeado de una amable y amorosa familia era totalmente nuevo para mí, como los lujos que su tremenda casa ofrecía. Tuvimos pijamadas, salimos de excursión, nuestras madres se hicieron grandes amigas.
Jesse se convirtió en mi mejor amigo.
Entonces, en sexto, antes de pasar a secundaria, ocurrió una obra de teatro, el único problema era que yo estaba en detención por tener una pelea fuera de la escuela el día anterior. Leía algún libro de fantasía que Jesse me prestó, mientras pasaba el tiempo en aquel salón solitario, hasta que la puerta se abrió, y el profesor Franklin lanzó a Jesse dentro.
—Aquí te vas a quedar hasta que tus padres lleguen. Reflexiona sobre tus acciones.
Entonces se fue azotando la puerta, mientras que Jesse me miraba con una sonrisa triunfante que me llevó a sonreír de igual forma.
—¿De verdad hiciste algo malo para acompañarme?
—Troy se ofreció a ayudarme, entonces, él ahora tiene una mejilla morada y yo le debo algunas cosas en el GTA Online, pero nada muy grave. —Jesse se sentó junto a mí, acercando su silla con una sonrisa cálida—. Pero, es una pena, no creerás quién está haciendo el papel de una nube en la obra del salón.
—¿Rose?
—Rachel Ficks.
—Vete a la mierda.
Dejé escapar una sonrisa, esa chica extraña de los libros y mangas que apenas hablaba con nosotros estaba haciendo una obra. Mataría por grabar eso para luego molestarla un rato.
—Dime qué le pediste a alguien que grabe.
—Deja en paz a Rachel.
—Te digo que con un poco de burlas y risas terminará saliendo con nosotros. Será una buena amiga; además, siempre está sola. Nadie debería estarlo.
Mis palabras llevaron a Jesse a sonreír aún más, mirándome con ojos brillantes, llenos de orgullo y cariño.
—Sabes, me gusta mucho eso de ti... buscas crear un espacio donde la gente pueda convivir con otros, eso es muy lindo, casi ingenuo de tu parte.
Arqueé una ceja, no entendía qué era lo ingenuo de aquello. Toda persona era más feliz con amigos en su vida, yo mismo había experimentado aquello.
—Todos necesitamos tener a alguien al lado.
—¿Me dejarías estar a tu lado, siempre?
Jesse ni siquiera me dejó terminar. Pero esta vez, esas palabras fueron diferentes. Me causaban... vergüenza, una tan grande como la felicidad de que él fuera quien las dijera, mis mejillas se enrojecieron y asentí sin pensarlo. Claro que lo quería a mi lado por el resto de mi vida.
Entonces, Jesse cerró nuestra distancia, no supe en ese momento qué había ocurrido, pero sentí sus labios contra los míos durante un breve momento, lo suficiente como para dejarme en blanco unos buenos segundos al momento de que ese atrevido chico se separó con un notable rubor.
Los dos estuvimos en silencio. ¿Qué se supone que le iba a decir? Él apartó su mirada, lleno de nervios, lo noté, siempre notaba cuando Jesse estaba nervioso, feliz, asustado, confundido. Yo lo conocía mejor que nadie, pero en ese momento, nada cruzaba por mi cabeza.
Así que dejé mi mano sobre la de él, entrelazando mis dedos con los suyos, que creí que funcionaría mejor que cualquier palabra. Jesse reforzó el agarre, recostando su cabeza en mi hombro.
—No te separes de mí, chico ingenuo, no soportarías dos semanas.
—Te recuerdo que nunca me has ganado una pelea.
—Claro que sí, acabo de ganar en una.
—Eso no fue una pelea.
—Sí, sí, lo que tú digas... m... Me gusta—... También me gustas.
—Mira, estás todo rojo. El gran Grace Kennedy se muere de vergüenza.
Esa tarde fue mi tarde favorita de todo lo que llevaba de vida. Al pasar al primer año de secundaria, mi relación con Jesse se volvió oficial, todo el que nos conocía no podía creerlo, pero al final, la gente empezó a tomarlo como algo normal con el paso del tiempo.
Todo fue mejor: tenía amigos, era respetado, me iba "bien" en la escuela. Un día, Jesse quiso que nos pintáramos el cabello para hacer juego.
Entonces, ocurrió esa tarde y perdí a dos de las personas que más amaba. Jamás los perdonaría, Alice, Jazka. Los odiaba con todo mi ser, obligaron a mis amigos a casi sacar lados de ellos que no debían ni mirar, mataron a dos jóvenes inocentes con sueños y esperanzas que solo buscaban ayudar a sus amigos. Esos operadores eran justo el tipo de persona que más odiaba.
Y ahora estaba aquí.
—Este es para ti, Grace.
Ese cabrón estirado me dio un pequeño envoltorio blanco, al abrirlo, había chicles cuadrados de color rosa.
—¿Me das uno? —Jesse se acercó. Lawrence lo tomó de sus hombros para alejarlo.
—No, no, no. Son Chicles Bomba. Están llenos de aura. Funcionan para reforzar el cuerpo, son mi primer prototipo para que humanos normales puedan utilizar aura, así sea momentáneo.
Sentí un profundo desprecio. No quería ser como ellos.
—¿Entonces podemos crear habilidades como ustedes?
—¡Ya quisieras! —Lawrence soltó una carcajada y prosiguió—. Es imposible crear habilidades con un aura prestada, de hecho, el cuerpo de un operador usualmente rechaza el aura de otras personas si trata de entrar en nuestro cuerpo de forma pura, así que estos chicles no nos sirven para "recargar aura"; solo nos darían una miseria. Esa iba a ser su primera función, de hecho. Pero, si la ingiere un humano sin aura, podrá usarla hasta que la gaste, pero solo reforzará su cuerpo y le dará más fuerza. La mitad de las ventajas de la operación, con la ventaja de que no tienes que tener mucho entrenamiento para usarla.
Jesse asintió, comprendiendo por completo. Su mirada dejaba escapar lo que pensaba: "Lawrence, bastardo, eres un genio". Por otro lado, continúe mirando aquellos chicles, sin estar de acuerdo con utilizarlos.
—Vamos, cómete uno.
—Preferiría no hacerlo de ser necesario. —Respondí cortante. Lawrence me miró en silencio por unos momentos, luego subió sus hombros.
—Allá tú. La única advertencia que te doy es que no uses más de uno a la vez. Espera a que el aura se gaste para comerte otro.
Luego de eso, se acercó a Jesse para darle su regalo.
Las personas deben ayudarse entre ellas, los lazos nos vuelven fuertes y nunca debemos dejar que alguien nos trate como basura para aumentar su ego... ¿Pero por qué recuerdo estas cosas ahora? ¿Por qué trataba de confirmar si aquello que me hacía ser yo seguía ahí?
La lluvia de golpes no cesaba, Grace esquivaba cada puñetazo reforzado en aura como podía. Pero la obvia falta de experiencia le jugaba en contra. Un golpe entró por un lado, chocando con su mejilla. ¿Cómo lo describiría? No sabía, nunca lo habían golpeado con algo tan fuerte.
—Se suponía que no eras un operador. ¿Somos del mismo tipo? —El cuervo se deslizó a un lado de Grace, apuntando a sus costillas. Su golpe falló al chocar contra el brazo del rosado, que apenas logró cubrirse, aunque ese golpe lo envió dos metros lejos.
No se detuvo ahí, el operador corrió detrás de Grace. El de rosado apenas y podía seguirle el ritmo. No entendía cómo controlar esa sensación alrededor de su cuerpo. Era un hormigueo extraño del que estaba seguro de que en algunos momentos, ciertas partes hormigueaban más que otras.
Pero no se veía ganando. Claro que no se veía ganando contra ese demonio de brillo rojo.
Antes de siquiera acomodarse, el cuervo lo golpeó en su estómago con un golpe ascendente. Subió unos metros al aire mientras giraba sin control, su cuerpo era un trompo muy grande. No tenía nada de oxígeno en sus pulmones por ese golpe, pero antes de notarlo, el cuervo había saltado junto a él. Golpeándolo con ambos puños en su pecho, regresándolo al suelo con fuerza.
Grace sintió el cemento debajo quebrarse al momento del impacto, al igual que escupió una gran cantidad de sangre. No estaba muerto únicamente por aquel chicle.
Maldijo a Lawrence en su interior.
El cuervo cayó junto a él. Algo decepcionado de ver cómo el pelirrosado ya estaba esforzándose por respirar. Esperaba una pelea más difícil.
—¿Eso es todo lo que puedes ofrecer? ¿Qué clase de operador eres? —Estaba al borde del enojo. Ese chico se había levantado como un campeón solo para ser utilizado de saco de boxeo—. No sabes dirigir tu aura a donde quieres, no sabes controlar tus emociones, tampoco sabes un estilo concreto de pelea. ¿Se supone que así vas a proteger a la familia Logan? Eres un completo incompetente, no puedes ni protegerte a ti mismo.
Grace sintió la patada del operador en su costado, fue enviada contra la pared. Tosiendo fuertemente al intentar regular su respiración. Además de la obvia paliza, podía sentirlo, utilizar ese chicle esforzaba al máximo su cuerpo, todos sus músculos estaban completamente tensos, cualquier estímulo auditivo o visual estaba incrementado en un 200%. Apenas lo soportaba para intentar pelear, pero no estaba acostumbrado.
Debió hacerle caso a Lawrence.
«Puedo imaginar cómo sonríes burlándote, maldito viejo».
Grace se levantó apoyándose en la pared, su nariz sangraba, su pecho junto a su espalda ardía, de seguro tenía uno que otro hueso roto, además de que su cabeza daba vueltas por el impacto contra el suelo.
El cuervo negó con la cabeza, totalmente decepcionado de este resultado, al final, no era más que pelear contra un niño.
—Si no hubieras mostrado tu aura y te hubieras quedado callado, no tendría que recurrir a esto. Fuiste tú quien buscó una paliza.
—¡Cállate! ¡Cállate! ¡Coño! Si me vas a matar, hazlo en silencio. Estoy cansado de sus malditos monólogos. ¿¡Crees que me importa una mierda lo que tengas que decir!? —Su aura dejó escapar un profundo rencor, el desprecio hacia los operadores, el miedo de perder, el odio hacia él mismo por no estar a la altura para proteger a quienes amaba.
—Eres un remolino de emociones, eso no tiene lugar en un duelo de operadores.
El aura roja del cuervo creció exponencialmente. Grace, por primera vez, sintió cómo el aura del hombre dejó escapar algo parecido a un pensamiento, pero que no lo era, era más como si Grace sintiera lo que ese hombre quería decir.
"Voy con todo"
—... Ven.
Grace lo provocó con su mano, pidiéndole que se acerque. En un parpadeo, la distancia entre los dos fue cortada, el puño del operador bajó con fuerza para golpear el hombro de Grace, el mismo de su mano rota. Sintió el hueso quebrarse, junto a la rotura de sus ligamentos. Ni siquiera fue capaz de gritar a tiempo, antes de que el mayor le diera un rodillazo en su estómago que lo regresó a la pared. Intentó gritar, pero era incapaz, solo salían ruidos inentendibles de su garganta.
Grace fue tomado de su cabello, giró en el aire antes de ser lanzado contra la pared contraria, quedando inmóvil en el suelo, con su espalda hacia el operador.
Ya ni era capaz de moverse. El dolor nublaba todos sus sentidos, tanto su cuerpo como su alma fueron destrozados, humillados por completo ante el poder puro de una de esas personas que tanto detestaba.
Escuchó los pasos acercarse, lo iban a matar, incluso su aura había disminuido a tal punto que ya solo quedaba un leve brillo casi imperceptible, no soportaría el siguiente golpe. Lo reventaría como a un globo de sangre y tripas.
¿Pero iba a quedarse ahí en el suelo a esperar su muerte?
No. Porque así no era Grace Kennedy.
Tirado en el suelo, llevó su temblorosa mano a su chaqueta, sacando aquel envoltorio de chicles. Como pudo, rompió el único consejo que Lawrence le había dado, masticaba con su boca llena de sangre alrededor de cinco chicles. Todos los que quedaban en el empaque.
—¿Tu habilidad se relaciona con los chicles?... Es más estúpido que las nubes guardianas de un compañero.
El operador ya estaba junto a él. Lo tomó de su camisa para levantarlo, quedando frente a frente. La mirada de Grace continuaba llena de odio y desprecio; a pesar de estar tan golpeado, debía decir que le gustaba la tenacidad del joven.
—Solo tuviste un mal día, muchacho, no te culpes por esto.
Entonces, Grace tragó la dulce masa de chicles, sintió la dificultad que tuvo al pasar por su garganta, pronto, ese hormigueo se intensificó y el operador lo vio con sus propios ojos, el aura de Grace creció de forma explosiva. No comprendía cómo, pero llegó a sentir un escalofrío recorrer todo su cuerpo ante tal cantidad de aura. Ese adolescente rosado de un momento a otro había pasado a ser un peligro que lo superaba en aura. ¿Pero cómo?
Grace sintió que su cuerpo iba a estallar en mil pedazos, apretó sus dientes, soportando el intenso calor de los mil demonios, fue entonces que concentró toda esa energía en su brazo por puro instinto. Ambos hombres lanzaron el último golpe que determinaría esta pelea.
Cada uno dio todo en ese golpe, pero Grace fue mucho más rápido gracias a toda la cantidad de aura que los chicles le dieron. La mitad de su brazo atravesó el pecho del más alto como si fuera papel, fue entonces que el cuervo soltó su camisa y Grace quedó de pie, aunque temblando sin control.
El cuervo dejó caer sus brazos, mientras que la vida se extinguía de sus ojos. Le resultaba hasta cómico que el tipo con la apariencia más estúpida que había visto lo derrotara, pero su intento de risa se convirtió en un gorgoteo de sangre en su boca. Quizás era él quien tenía un mal día, no se culpaba.
Grace, sin ya casi aura por poner todo en ese golpe, sacó su puño del interior del pecho del hombre, sin saber por qué seguía con vida. Miró su puño ensangrentado, sin poder creer lo que había hecho, él había ganado, pero...
«¿Gané?... ¿Por qué no se siente bien?»
Sus piernas temblaron, ni siquiera fue capaz de mantenerse de pie luego de eso, cayó hacia atrás inconsciente con todo su cuerpo totalmente destrozado por dentro.
El aura roja del cuervo se apagó, teniendo una ligera sonrisa, no estaba tan mal ser derrotado si su oponente resultaba ser tan asquerosamente fuerte, incluso le era un alivio.
«Sorprendente»
Fue lo último que pensó del cuervo antes de caer de espaldas al suelo. Grace se había alzado victorioso en aquel combate de una manera sorprendente.
Sobre el techo, junto a ellos, Alice se detuvo. El enano, Angus, también lo hizo. Ambos habían sentido cómo ese enfrentamiento de abajo se llevó a cabo. La gótica no podía entenderlo. ¿Quién había peleado? ¿Era Grace? Pero él no era un operador.
—... Colbee.
Angus se negó a aceptar lo que su percepción del aura le reveló, era incapaz. ¿Su compañero había muerto? Él era el más fuerte de todo el grupo; cuando trataba de combate cuerpo a cuerpo, era imposible que un adolescente lo derrotara.
Aquella aura calmada se convirtió en un cúmulo de negación y tristeza. Quería confirmarlo ante sus propios ojos, fue entonces que bajó su bastón de piedra con el que combatía.
—¡Espera! ¡Quiero pedir bandera blanca!
La tan golpeada gótica se cruzó de brazos, también quería ver lo que había ocurrido. Si Grace había muerto, de seguro Jazka la regañaría y el señor Lawrence también.
—¡Solo por esta vez, te lo permito!
Ambos bajaron del techo alejados el uno del otro. Se acercaron únicamente para ver el cuerpo de sus compañeros, fue entonces que Angus se quitó la máscara, debía verlo con sus propios ojos.
El joven blanco de cabello castaño, con alrededor de 21 o 22 años y una cicatriz en su mejilla, se acercó al cuerpo de su compañero, el cual tenía un enorme agujero en su pecho. Entonces observó al pelirosado que apenas respiraba, él lo había derrotado, su mano ensangrentada era la prueba.
Alice sintió un gran alivio al ver cómo Grace seguía con vida, pero no parecía que fuese a durar mucho si seguía así. Corrió para tomar el cuerpo del rosado con un tentáculo y alejarlo del suelo en caso de que el cuervo intentara algo, aunque por su mirada perdida, parecía que se quedaría ahí todo el día.
—¡Dejaré que te lleves su cuerpo y lo entierres dignamente si te vas! Obviamente, será mi victoria. —Grace debía ser tratado con urgencia. Lo llevaría al hospital más cercano y luego buscaría a un operador que lo ayude.
—¿Cómo perdiste contra un niño, gran tonto? —se lamentó con su voz quebrada. Aquel hombre de 1.60. Había escuchado a la perfección el trato de Alice, ¿pero qué se supone que debería hacer?—. Si fuera yo... No te detendrías hasta matar al responsable, ¿cierto?
Alice se preparó. Usaría su fuego. El tentáculo estaba ocupado con Grace, así que la forma más rápida de terminar el combate era calcinar todo, ya lo había logrado antes en aquel pasillo escolar, pero una vez lo hiciera, de seguro ya no sería capaz de utilizar su aura de manera correcta por un par de horas. Lanzaría todo su poder.
—Sí... después de todo, ¡el trabajo debe completarse sin importar los problemas personales!
Se levantó con una convicción renacida. Su aura marrón dejó de emitir aquella tristeza, incluso en este momento, mantenía su mente serena, era un verdadero maestro de la operación. Alice hasta sentía envidia.
Esa aura se extendió por el suelo y las paredes, dejando sin protección su cuerpo. Alice saltó para evitar los pilares del suelo, todo el callejón fue deformado, convirtiéndose en un arma mortal para asesinar a ese chico de cabello rosado.
Alice concentró la mayoría de su aura en su brazo, disparando aquella enorme llamarada negra, que sorprendió por completo al cuervo restante. Estaba casi seguro de que no había otra habilidad escondida, pero apostó todo a que sus pilares aplastarían a Alice y Grace antes de que el fuego lo consumiera.
Los dos apostaron su vida en aquel movimiento. Pero el fuego de Alice fue más rápido que aquellos pilares, alcanzando primero su objetivo. Ambos operadores habían tenido un mal día.
Alice salió del callejón, cargando a Grace en su espalda, dejando atrás los cuerpos calcinados sobre la roca destrozada. Una sonrisa triunfante se formaba en su exhausto rostro. Ya había sacado la mayoría de agujas de piedra en su pierna, pero debía ir a que la sanen también.
—Ja, pobre idiota. La gran yo nunca perdería ante tan patético ser. Aunque... Admito que era impresionante.
Ella observó de reojo a Grace, aún sin entender lo que había ocurrido, pero asintió con la cabeza en señal de aprobación. El chico, a pesar de ser un "insecto patético", había ganado.
—Parece que somos más parecidos de lo que esperaba... No te pongas creído por eso, maldito humano. —Alice sonrió, continuando su camino al hospital más cercano.