―Son muy caros, así que ni se les ocurra perderlos o dañarlos ―Lawrence tomó asiento delante de la pareja. Lanzándole a Jesse una cangurera azul para que llevara su nuevo regalo―. Espero que disfruten sus nuevos juguetes, niñas.
―Bien, entiendo el de Grace, es simple, pero... ―Jesse revisaba desconfiado aquella cangurera, por dentro estaba llena de esferas de colores un poco más grandes que una canica. Los colores variaban entre el azul, el amarillo y el rojo―. ¿Y esto?
Grace mantuvo silencio, no le gustaba recibir cosas gratis de Lawrence, no le agradaba ni un poco. Sentía que estaban siendo utilizados, pero no había mucho que pudiera decir que convenciera a Jesse de irse. Lawrence le entregó en su mano a Jesse un pincel marrón, más grande que un pincel convencional. Jesse notó que adelante tenía un agujero del tamaño suficiente para insertar esas esferas de colores.
―Es mi Pincel Pistola. La potencia de una pistola en la forma de un pincel. Cada "bala de pintura" tiene una habilidad diferente, de momento tienes estos tres tipos, pero en mi laboratorio estamos desarrollando más colores.
Casi como si supiera su afición por pintar, Lawrence le había dado esta herramienta para defensa personal. Jesse sostuvo el pincel con ambas manos, sonriendo con emoción.
―Bueno... ¡Muchas gracias! ―Los ojos de Jesse brillaron, no sabía cómo agradecerle al hombre alto de cabello teñido.
―No tienes que agradecerme, este prototipo servirá por si las cosas... se llegaran a poner feas, que lo dudo. Eso sí, mantente siempre lejos, no soportarás el golpe de un operador.
―¿Entonces pueden existir objetos con magia? ¿Cómo los crean?
―Digamos que es algo complejo, solo pueden ser creados por operadores afines a dar su aura a objetos o alejarla de su cuerpo. Ellos crean su habilidad y la insertan en un objeto. Así que esta es la habilidad de otra persona ―Lawrence trató de ser lo más claro posible. Adoraba la mirada del chico a su creación―. Pero esa persona no peleará. Además, sirve para crear esas balas de aura con efectos.
―Oh, entiendo. Entonces así se crean los objetos con habilidades... suena sencillo.
―Sí y no. Piensa que la creación de las balas está limitada al aura que pueda generar esa persona cada cierto tiempo, su talento, su práctica, el tiempo que requirió aprender esa habilidad. Además, mantener el aura en objetos de forma indefinida gasta demasiada energía. Es un proceso duro... Así que cuida cada disparo. ―Lawrence endureció su expresión, antes de sonreír de forma infantil y levantarse de golpe―. Pero tengo que ver la cara que harás al probarla, así que vamos al campo de tiro.
―¡Vamos!
Grace soltó un bufido al ver a los dos niños caminar tan rápido como fuera posible a la zona donde probarían aquella pistola extraña. Algo olía mal, y lo enfurecía que Jesse también se diera cuenta, pero lo ignorase. Era un mocoso malcriado.
―Maldita sea. ―Susurró el de cabello rosa, observando el bolsillo de su chaqueta. Llevar su regalo con él sería un recuerdo constante de que ahora le debía a Lawrence. Deseaba que esto terminase pronto.
Jesse apuntó con su pincel en su mano a una de esas nubes, aún manteniéndose en el escondite que le hizo Lindsy. La siguiente bala era roja. Presionó con su pulgar el pequeño botón en la parte superior del pincel. La bala roja salió disparada a gran velocidad, cortando el aire hasta chocar con una de las nubes. Al momento del impacto, la nube reventó junto a la esfera. Alrededor de la zona de impacto se generó una pequeña nube de humo rojo que luego desapareció por el viento.
Lindsy, por su lado, evitó uno de los rayos de aquellas nubes. El dolor en su muslo no le permitía concentrarse en ocultar sus emociones, la ira, el miedo, la angustia, cada cierto tiempo se filtraban a través de su aura. Tomó la tapa metálica de un basurero para arrojarla con fuerza hacia una de las nubes, logrando reventarla, no tenían casi nada de resistencia.
―No es que sean... muy difíciles de destruir. ―Lo siguiente que realizó fue tomar una de las partes rotas del muro, rompiéndola en pedazos para obtener un montón de piedras que empezó a lanzar a cada nube a gran velocidad.
Aquellas piedras en manos de Lindsy no eran diferentes a una bala. Una por una fue reventando sin permitirles siquiera acercarse lo suficiente como para poder realizar un buen ataque, este operador no estaba destinado al combate de casi ningún tipo. Por un momento sintió pena de esa habilidad.
—¡Mantente a cubierto, Jesse! ―Lindsy estrechó sus ojos al ver cómo cada nube que destruía era reemplazada por otra que bajaba del cielo, habían llegado a un punto muerto. Con dificultad saltó a las escaleras de incendios y subió, arrancando los barrotes de la escalera para romperlos y lanzarlos a las nubes que se acercaban.
Llegó a la conclusión de que estaban preparadas desde antes, pero tenía un límite de nubes que era capaz de controlar. Subió aquellas escaleras hasta el techo con una varilla metálica en mano, sintiéndose más tranquila ahora que Jesse de nuevo disparaba a las nubes. Ya encima del departamento, observó los techos de sus alrededores buscando al operador, sin éxito en encontrar a alguien.
―No... Piensa, piensa.
Pero la solución fue muy obvia: no podía solo estar en el techo, si debía ver las nubes para posicionarlas, entonces en el callejón no sería capaz de hacerlo y, si las nubes estuvieran a control remoto para atacar lo más cercano, alguna se desviaría a atacar animales u otras personas a la distancia, también hubieran atacado a pesar de que su compañero estaba ahí.
Lindsy se fijó en las ventanas de los dos edificios que formaban el callejón, buscando entre las ventanas, mejoró su visión con su aura. La mayoría tenía sus cortinas cerradas, pero una emanaba un leve brillo blanco, solo necesitó eso para confirmarlo.
«Debes ser tú».
Antes de que ese brillo blanco fuera capaz de alejarse mucho de la ventana, al darse cuenta de que fue descubierto, Lindsy forzó su cuerpo una vez más, saltando entre ambos edificios, no llegó a la ventana por algunos metros debido a la herida en su pierna. Pero escaló rápido al enterrar sus dedos en la pared.
Al estar en la ventana. Observó cómo el hombre corría destrozando las paredes internas del edificio. Lindsy preparó aquella viga, lanzándola con toda la fuerza que le tenía.
El hombre saltó por la ventana, tratando de llegar al siguiente edificio para huir. La varilla atravesó el pasillo, insertándose en el estómago del hombre desde su espalda en pleno aire, evitando que alcanzara su objetivo, y cayó al suelo del callejón siguiente. Lindsy apretó sus dientes, sintiéndose victoriosa, dejándose caer de la ventana.
—Jesse, ¡el operador está inhabilitado! Ya no hay peligro. —Exclamó, notando que desde que el cuervo empezó a huir, las nubes se habían detenido por completo. Arrancó las mangas de su camisa para aplicar un torniquete en su hombro y su muslo, antes de levantar la mirada y ver cómo Jesse ya no estaba en el callejón— ¿Jesse?
El peli azul entró al callejón sin salida donde el cuervo de las nubes había caído. Este continuaba en el suelo con la varilla metálica enterrada en su abdomen. Tosía de forma violenta mientras buscaba sacarse la barra, cosa que le provocó asco a Jesse al observar toda esa sangre, pero levantó su pincel y disparó una esfera roja a la costilla del hombre. Un tiro efectivo que reventó en su costado, dañando su traje y dejando una horrible marca morada en la piel de su enemigo.
―¡Maldito bastardo! ―aulló de dolor el cuervo. Sin poder levantarse. El impacto de la bala roja había roto algún hueso en su costado, además del intenso dolor que ahora mismo sentía por la barra en su estómago, que nublaba su mente por completo.
―¡Quédate quieto o te lleno de plomo, hijo de puta! ―Jesse mantuvo su distancia, apuntando al cuervo con su pincel, amaba este regalo de Lawrence con toda su alma. Solo debía retenerlo hasta que Lindsy llegara, y no debía preocuparse de la munición, pues quedaban dos balas rojas aún dentro del pincel.
―Bien... Bien... —Respondió el operador entre jadeo y gemido de dolor.
―¡Levanta tus manos donde pueda verlas! ―Jugar al policía malo era divertido, no quería ningún inconveniente. Observó con precaución cómo el operador levantó sus manos, hasta que Jesse pudo notar cómo una sombra se había posicionado debajo de él. Como pudo, saltó a un lado esquivando el rayo de aquella nube, que era seguida por otras más en el cielo―. ¡Que no te movieras!
Jesse abrió de más los ojos, todo su cuerpo se tensó y un escalofrío recorrió su espalda al ver cómo el cuervo sostenía una nube gris en sus manos con la que lo apuntaba ahora. Se apartó a un lado, pero el rayo de aura atravesó su hombro. El dolor fue insoportable, cayó al suelo aferrándose a su pincel mientras se retorcía y gritaba por el ardor. Aquel rayo había atravesado su carne con facilidad.
―Muy bien... ¡Las manos donde pueda verlas, maldito! ―El operador apuntó de nuevo a Jesse, antes de acuclillarse por el infernal dolor en su cuerpo mientras su vista se nublaba. Apretó sus labios conteniendo un grito de dolor, pero cuando pensó que nada podía empeorar, observó a Lindsy Logan entrar a ese espacio sin salida entre los dos departamentos―. No vayas a cometer una estupidez, niña rica... o le reviento el cerebro.
Lindsy observó con horror la herida en el brazo de Jesse. Necesitaba llevarlo con su madre o un centro de tratamiento de operadores. Se mantuvo totalmente quieta, observando cómo el cuervo de las nubes la apuntó con la que sostenía.
—No puede ser que casi nos ganan unos malditos niños... ¡Y el otro imbécil fue lo más patético que vi en mi vida! Y se hacía llamar operador; qué bueno que está muerto, no vayan a creer que somos amigos. —Cómo pudo, el cuervo se levantó, el dolor en su costado permanecía, quizás le habían roto algo—. Los subestimamos, nos sobreestimamos, lo admito. No debimos aceptar este trabajo.
—¡Lindsy!
—¡Cállate, basura!
Jesse llamó la atención de su compañera. Terminó con su frente besando el suelo, quedando sobre sus brazos, retorciéndose por el dolor. Lindsy sintió culpa por permitir que Jesse terminara en ese estado.
—Ignóralo... ¡Ve y mátalo! No importa qué me pase. —No, obviamente no quería morir. Solo trataba de lucir genial, pero, aprovechando su postura, con su mano buena, revisó su cangurera para tomar una de las esferas amarillas.
—Oh, qué humano más valiente, pero, escucha, Logan. Si te quedas quieta, no lo mataré. Hasta permitiré que venga una ambulancia a tratarlo. —El cuervo mintió. Lindsy, con su pierna dañada, seguía siendo una amenaza capaz de evitar sus rayos, si logra alcanzarlo, lo mataría de un golpe. Manipularla era la única forma de salir de esta situación con vida, así que no quería quitarle sus ojos de encima.
Lindsy mantuvo silencio. Permitiendo que Jesse insertara la bala amarilla en el pincel, luego dirigió su mirada al operador.
—Lindsy, déjame cerrar los ojos un rato. Te encargo a este idiota.
—¡Que te calles!
De un rápido y fuerte pisotón cargado de aura, Lindsy quebró el suelo debajo de los tres, que terminó quebrándose y cayendo a los túneles de drenaje que recorrían toda la ciudad. El cuervo había tratado de dispararle a Lindsy, pero su cuerpo se desestabilizó por la caída y falló.
Los tres cayeron al interior del túnel no muy profundo. Jesse entró en los escombros y, con dificultad, aprovechó la distracción que Lindsy le dio para apuntar al hombre con su pincel, disparando la esfera amarilla para cerrar rápido sus ojos. Al igual que Lindsy, que entendió el mensaje de Jesse.
El hombre escuchó el disparo y trató de reintegrarse, no tenía forma de esquivarlo, pero a medio camino, la bala amarilla estalló.
Lindsy emitió una fuerte intención asesina con su aura. El cuervo de las nubes tembló, haciéndose hacia atrás al creer que Lindsy se lanzaría, entonces disparó con la nube en sus manos a su adversaria. Lindsy se hizo a un lado, llevando la mayoría de su aura a su costado derecho en caso de que el rayo la alcanzara, no fue así. Como último acto, cerró sus ojos. El cegador brillo de la bala amarilla aturdió la vista del hombre por completo, todo se volvió negro, quedando solo fugaces destellos multicolores junto al potente ardor en sus retinas.
—¡Lindsy! —Jesse contó los segundos antes de gritar con lo último de sus fuerzas, volviendo a abrir sus ojos, observando a la pelinegra correr a su lado.
—¿¡Agh!? ¡Maldito! ¡No puedes hacerme esto!
Con total desesperación, el cuervo trató de cargar su nube una última vez, pero la mano de Lindsy tomó su cuello mientras él seguía engullido por aquella oscuridad aterradora. Su cuerpo tembló y palideció, negando con la cabeza, buscando obtener algo de piedad de su contraria.
—¡No! Espera. Te diré lo que quieras saber. P-por favor. No me mates. ¡Por favor, no me mates!
—¿¡Quiénes son ustedes!?
—¡Agh! —Intentar hablar con sus ojos ardiendo como si estuviera envuelto en llamas era muy difícil, pero lo haría por su vida—. ¡Un equipo de Impíos!
Lindsy, ante su vaga respuesta, apretó más fuerte su cuello. El hombre tomó su muñeca, negando con la cabeza agresivamente.
—Somos siete... Divididos en grupos de dos, menos nuestro capitán, que está solo contra tu madre. ¡Filtraron la información de sus vacaciones y dónde estarían!... ¡Yo solo estoy aquí por dinero! No creo en esas mierdas de la supremacía de los operadores.
—¿¡Quién lo filtró!? —Esa noticia llegó a su mente. Arthur había sido acusado de traidor por "darles información a operadores terroristas no afiliados al gobierno". Pero él sería incapaz; obviamente, estaba siendo utilizado como chivo expiatorio al ser el único que conoce dónde se celebran todos los eventos y quiénes van a ellos. "Ese viejo gordo", como Lindsy lo llamaba, había encontrado una excusa para tener a Arthur como enemigo momentáneo y probar sus juguetes con él.
—¡No lo sé! ¡Te juro que no lo sé! —al borde del llanto, el hombre recuperaba gradualmente la vista—. Juro que no volveré a hacer cosas como esta, enciérrenme, pero no me-.
Llena de una furia desmedida, Lindsy azotó el cuerpo del hombre contra la pared de aquel túnel, enterrando la mayoría de su cuerpo contra el muro. El cuervo quedó totalmente inmóvil, lo que le bastó a Lindsy para asegurar su victoria y regresar el daño que le causó a Jesse.
Si estaba muerto o no. Ya no le interesaba, no representaba un verdadero peligro, de no ser porque Jesse había venido a buscarlo, lo hubiera dejado retirarse.
—Jesse...
Lindsy se dirigió con el peliazul. Que ya no se encontraba consciente, quedó paralizada un momento, pero al notar que seguía respirando, se lanzó sin duda para cargarlo. No podía llevarlo con su madre, quería creer con todas sus fuerzas que seguía viva, pero ir a otra zona de combate la volvería un estorbo junto a Jesse, que necesitaba ya mismo una ayuda milagrosa.
—Lo hiciste bien, amigo... vamos, no te vas a morir aquí...
Lindsy amarró su chaqueta al hombro de Jesse, luego volvió a cargarlo en su espalda. Pensó en llevarlo sin su aura por la acera, pero la gente los pararía y ella no soportaría el dolor en su cuerpo, así que aprovecharía los túneles subterráneos por mal que oliesen. Daba gracias a Dios que irían con un operador; si no, este lugar le haría más daño a Jesse que la propia herida.
—Muy bien, estoy a tres calles del hotel... —Ella sacó su celular, no tendría señal, pero con el mapa sería capaz de orientarse mejor. Entonces comenzó su carrera entre los antiguos corredores de ese lado oscuro y pútrido de la ciudad del amor. Definitivamente salvaría a Jesse.
Le encargaba a Luz y Rachel a su madre. Sabía que ella sería capaz de protegerlas.
Alice esquivó con dificultad los pilares de piedra que surgían a los lados del cuervo más pequeño. Su velocidad era enorme, aquel "enano" era un hábil maestro de la Operación en el ámbito de imbuir objetos con aura y controlarlos.
Alice maniobró en el aire, utilizando su tentáculo de soporte contra el suelo del edificio donde estaban, evitando ese grueso pilar que iba contra su abdomen. El aura negra cubría su cuerpo. Tensó aquella masa negra girando en el aire para destrozar el pilar y con el mismo tentáculo, bateó el soporte roto con fuerza en dirección al cuervo, que logró cubrirse con un pequeño muro de piedra caliza que levantó.
«Qué reflejos, y ese tentáculo es un problema». El pequeño cuervo le dio un punto. Alice tenía unos reflejos sorprendentes. Además de que él mismo se encontraba en desventaja por pelear en el techo, debía cuidar qué parte utilizaba, era escasa la piedra que podía usar sin tirar el edificio abajo. Si todo se convertía en trozos, estaría acabado a menos que la llevara al suelo.
—Tus patéticos trucos nunca servirán contra la gran y poderosa yo, ríndete ahora, gusano. Prometo que tu muerte será rápida y sin dolor. —Dijo con su característico intento de tener un tono parecido al de la nobleza, de esos que había visto en las series ambientadas en el siglo 18.
Esta vez no era como cuando enfrentó a esos mocosos, no usaría su fuego, así que sus reservas de aura estaban intactas, aunque de verdad quería calcinar al bastardo frente a ella. Pero si lo empalaba como con ese mocoso de hace una semana, estaría satisfecha.
"No uses tu fuego en peleas reales, te amo, Alice, y no quisiera que te pasara nada, aunque eres increíblemente fuerte, hermosa y lista, pero es mejor prevenir". Recordó a la perfección las palabras de su compañero... Al menos ella creía haberlas recordado a la perfección en esa cabezota con la percepción de la realidad totalmente alterada, pero las obedecería.
—Lo admito, eres genial. Con tu tentáculo me recuerdas a ese negro de las rimas que se convertía en un pulpo en un anime. —El manipulador de piedra soltó aquella broma para sí mismo, buscaba relajarse, aligerar el ambiente para mantener su cabeza fría. Podía vencerla, solo debía ser paciente.
—¿¡Me estás llamando zorra!? —Alice frunció el ceño, sin importarle que su aura estuviera desprendiendo su rabia a montones.
—No, ¿qué?... ¿Cuándo yo? ... Ahg
El tono del cuervo se volvió más confuso. Alice corrió a gran velocidad, al estar cerca del cuervo, usó su tentáculo para atacarlo desde un costado. Un pilar de piedra potenciado con aura debía detenerlo, pero no fue así, el tentáculo atravesó, golpeando al joven cuervo. Logró cubrirse con su antebrazo, reduciendo parte del daño gracias a eso y el pilar, pero no evitó ser arrojado unos cuantos metros; mas consiguió mantenerse de pie.
Los restos del pilar junto a Alice explotaron, lanzando pequeñas piedras en forma de agujas que atravesaron partes de su pierna, pero fue capaz de proteger su torso y su rostro con aquella masa negra que salía de su espalda baja.
—Solo puedes hacer trucos sucios y baratos.
—Esa es una canción maravillosa, ¿la has escuchado?
Alice no entendió, pero ese payaso delante de ella la llevó a fruncir el ceño. Sin comprender por qué le tocaba enfrentar lunáticos con mal sentido del humor tan seguido. Pero su oponente tenía algo muy claro: esta chica tenía reflejos excelentes, pero en términos de control del aura, era una completa incompetente. Sus emociones e intenciones de a dónde buscaba atacar se filtraban gracias a la percepción de aura.
Alice, por otro lado, era un libro abierto. Se aprovecharía de eso.
—¡Te haré caer, enano de mierda!
—¡No eres quien para hablar de estaturas!
Alice volvió a correr, debía volver a esta en una batalla a corta distancia, pero ocurrió algo inesperado: el pequeño cuervo también se abalanzó contra Alice. A cierta distancia, una pared se elevó entre ambos, tapando la vista de la gótica por un momento antes de que la destruyera con el tentáculo. El cuervo había dado un salto sobre esa pared, sus extremidades ahora estaban cubiertas de una armadura hecha de piedra caliza. Alice miró hacia arriba, recibiendo un puñetazo de piedra reforzada justo en su rostro. Gruñó endiablada, atacando al hombre con su tentáculo, al ya estar en el suelo, fue capaz de evitarlo con facilidad, agachándose para acercarse a la mujer, regalándole un uppercut explosivo, aunque parte de la armadura en su brazo se quebró por eso.
Alice quedó mareada, pero actuó sin dudar. El tentáculo se dio la vuelta para agarrar al hombre de su cintura, antes de ser lanzado, tomó a Alice de su rostro con ambas manos y saltó, estrellando su rodilla con su nariz, consiguiendo que lo soltara y gritara de dolor. Dos pilares con punta se elevaron contra Alice, logró pararlo con su tentáculo, pero estos fueron impulsados con más aura, atravesando con sus puntas parte de la carne negra. La gótica soltó un aullido de dolor, siendo arrojada algunos metros por la fuerza de los pilares.
—¡Sí! —el cuervo apretó el puño. La estrategia fue efectiva.
Alice pasó sus dedos por debajo de sus fosas nasales, limpiando la sangre de aquellos golpes, pero su nariz continuaba dejando fluir aquel líquido rojo. Apretó sus dientes, gruñendo para sí misma, esta situación no volvería a pasar, no dejaría que un enano idiota la humillara de nuevo, menos cuando su poder estaba al completo.
—Luces muy feliz, pero solo me hiciste sangrar un poco. Pedazo de mierda.
—Tú luces muy confiada para alguien que va perdiendo.
Lo siguiente que el pequeño cuervo creó fue un bastón de piedra, su habilidad le permitía manipularla a la perfección, siendo capaz de mover sus dedos como si la piedra alrededor fueran guantes.
Alice chasqueó la lengua, la sensación de pequeñas agujas en sus piernas no era más que una molestia tan insignificante como ese cabrón frente a ella, un insecto al que debía aplastar.
Mientras, a tan solo unos metros debajo de aquella feroz batalla, el cuervo más alto y musculoso continuaba delante del cuerpo del de cabello rosado en el suelo. Miraba desde abajo aquel combate que ambos estaban llevando, aunque perdió de vista algunos movimientos debido a las filtraciones del aura de Alice, era capaz de entender toda la pelea.
—Pff. Si me dejaras combatir contigo, ya nos estuviéramos yendo de esta puta ciudad horrible llena de ratas. —Estrechó sus ojos debajo de aquella máscara.
Su compañero quería lucirse también, como cualquier buen operador, buscaba demostrar lo que valía, esta era su oportunidad perfecta. A ninguno de los dos le gustaba combatir en equipo, pero para el alto y musculoso, irse rápido a cobrar para luego gastar su dinero en alcohol y mujeres era más importante que derrotar a una niña egocéntrica.
—Está dando más problemas de lo esperado... Le voy a dar cinco minutos o iré a reventarle la cabeza yo mismo.
—¿Y yo estoy pintado o qué?
El alto de aura roja se volteó, sorprendiéndose al ver de pie a ese humano de cabello rosado, que, a pesar del dolor, ya tenía una pose de combate preparada, pero pronto, esa sorpresa se convirtió en un mar de carcajadas distorsionadas debido a la máscara.
—En serio te levantaste ¡Jajaja! "¿Y yo estoy pintado o qué?" es malditamente cómico. —Se mofó de la determinación de Grace, acercándose, mirando al de rosado mantenerse quieto en su sitio sin demostrar temor—. Tienes bolas, pero las bolas no bastan para ganar una pelea, Rosita.
El cuervo se mantuvo de pie frente a Grace, incluso inclinándose un poco, permitiéndole darle un golpe. Grace no dudó y lo golpeó con su mano buena, usando todas sus fuerzas. De nuevo, no había conseguido nada, le había dolido más a él mismo que a ese muro de músculos frente a él.
—¿Ya lo ves?... Eres un patético y frágil mono, no tienes nada que hacer por aquí, simplemente tuviste mala suerte al elegir cuándo relacionarte con estas basuras millonarias, pero hoy... hoy me siento generoso al saber que vamos a cazar a un pez gordo, así que, si te quedas en una esquina en silencio como un buen perro, podrás irte de aquí como si nada. Solo con esa mano rota.
El mayor tomó a Grace del cuello antes de que pudiera insultarlo. Lo arrojó contra un gran contenedor de basura, antes de darse la vuelta para observar la pelea que aún continuaba.
—¿Todavía? —preguntó ya aburrido, arqueando una ceja con disgusto—. Es una maldita niña, Angus. No es el maldito Cosmopolita.
—¡Todos los operadores son el mismo tipo de basura!
La voz de Grace llegó a los oídos del cuervo, que bajo su máscara dejó escapar una sonrisa. No guardó silencio como le había ordenado, así que su muerte sería su culpa.
—Me quitaste el buen humor con esos gritos. Te haré mi distracción hasta que la chica... muera.
Al darse la vuelta, el cuervo se sintió tan confundido como sorprendido. El cuerpo del de cabello rosado estaba cubierto de un brillo conocido para cualquier operador. Aquella aura rosada crecía poco a poco alrededor de Grace hasta terminar de formarse. Incluso era capaz de sentir su ira con la percepción de aura.
La respiración de Grace era más agitada, su cuerpo estaba al límite, sintiendo una electrizante nueva sensación de poder que lo recorría de pies a cabeza.
—No son más que egoístas cegados de la realidad, solo porque brillan como estúpidos.
—Eres una caja de sorpresas.
El cuervo tomó posición de pelea, apretando sus puños con emoción, había encontrado el entretenimiento perfecto.
Grace maldijo en su interior, tanto por lo que iba a pasar como por tener que recurrir a los regalos de Lawrence. Odiaba ese regalo con cada fibra de su alma.