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#18 Charco Azul

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

Lindsy tomó un trago del jugo que había comprado en una tienda de camino a la pequeña plaza cerca del hotel donde estaban hospedándose. Agitó en círculos la lata esperando que Jesse fuera quien iniciara la conversación, pero al mirarlo se daba cuenta de que estaba perdido en los nervios y el paisaje a su alrededor.

―Me gusta mucho el jugo de durazno ―soltó Lindsy.

Jesse guardó silencio. Se acomodó en la banca frente a una fuente en medio del pequeño parque, mirando a su alrededor, detallando algunas plantas. Más que nada, no sabía cómo iniciar con aquella conversación, así que Lindsy trató de relajar el ambiente.

―Al jugo de naranja siempre termino encontrándole un sabor agrio que no me gusta para nada y dejo de beberlo. Pero el de manzana también me gusta... Casi siempre, para acompañar el desayuno, tomo jugo de durazno o cola.

―¿Y qué sueles desayunar?

―No voy a seguir con esa conversación. Obviamente, tú tienes un problema que quieres consultar conmigo, ¿no?

Jesse soltó una pequeña sonrisa. No era una sorpresa que se diera cuenta, pero no podía evitar que le fuera muy graciosa su forma de romper el hielo. Tomó aire antes de cambiar por completo su reflexivo comportamiento a uno más alterado.

―¡Es que estoy teniendo problemas con Grace! Dije cosas, dijo cosas y ahora me siento mal porque creo que soy un... mal novio, pero más que un mal novio, no tuve para nada en cuenta sus sentimientos al tomar decisiones y siento que lo estoy arrastrando conmigo a lugares donde no quiere estar, pero se queda ahí para ayudarme.

Lindsy guardó silencio, mostrando sus dientes en un leve chasquido de lengua. Apartó su mirada del de coleta azul mientras se daba cuenta del problema en el que se estaba metiendo. No era la más experimentada al tratar con asuntos románticos.

―Bueno, supondré que te refieres a estar aquí. ¿Es por Jazka y Alice? ―Sintió que su pregunta fue estúpida. Obviamente, era por ellos dos, así que continuó―. Bueno, él tuvo que presenciar lo que hizo Alice, además de que intentó matarlo, es natural que esté más enojado que tú... ¡No quiero decir que no estés enojado! Claro que también debes tener problemas con ella. ―Aclaró rápido y con nerviosismo, aliviándose al ver cómo Jesse asintió con la cabeza cerrando sus ojos en un pesado suspiro―. Tú eres un poco más... comprensivo que Grace.

―Bueno, no es que pueda decir: "Hey, Alice, Jazka, todo bien, hermanos. Cualquiera se equivoca y mata a dos personas por error", pero la situación en la escuela era un caos total... Bueno, no tanto como para que pasara eso.

Defenderlos era una tarea titánica e imposible para Jesse, de hecho, para cualquier ser humano con dos dedos de frente le sería imposible defenderlos lógicamente.

―Grace los odia. Yo tampoco quiero verlos, pero puedo soportarlos porque estoy a punto de ver un mundo fantástico y totalmente desconocido. ―Los ojos del chico brillaron con emoción ante el escenario que su mente desenvolvía, un mundo lleno de color―. Operadores, operación, poderes inimaginables. Todo eso siempre me ha gustado desde pequeño.

Lindsy sonrió cálidamente ante el rostro de emoción que fue formándose en Jesse mientras más profundizaba en su explicación. Lo entendía sin problemas. Ella se sentía igual que él mientras exploraba sus propias capacidades y las de sus conocidos.

―Soy fan de todo lo relacionado con magia, ¿sabes? Dragones, reinos medievales, elfos.

―De esos ya no tenemos.

―¿¡Hubo!?

―Sigue con lo tuyo.

Jesse la miró inconforme, rodando sus ojos antes de seguir hablando.

―Bueno, estando aquí, con la posibilidad que tengo de por fin ver algo tan ¡increíble y maravilloso!... estoy arrastrando a Grace a un lugar que, para él, solo es estar junto a quienes mataron a dos de nuestros amigos y gente que no le agrada ni un poco... Sin ofender a tu familia, a mí me caen muy bien.

―No, no. Tranquilo. Lo entiendo. ―Para Lindsy, Grace acababa de bajar 20 escalones en su top de gente que le agradaba.

Jesse llevó su mano a una pequeña cangurera, abriéndola para observar aquel regalo que Lawrence Logan le había dado antes de viajar. Un objeto que lo ligaba como nunca a este mundo de fantasía que tanto deseaba experimentar.

―Es confuso. Grace y yo siempre nos apoyamos en todo, pero perseguir este sueño que me trae una gran felicidad aleja a la persona que más me hace feliz y no quiero soltar a ninguno.

Lindsy acomodó todo aquello que dijo en su mente. Tratando de pensar en una respuesta idónea. Aunque ni ella misma sabía cuál era la respuesta ideal para una situación tan compleja en esa relación. Pero entendía muy bien que debía escuchar a su corazón cuando se trataba de estos temas. Obviamente, sin ignorar los sentimientos de cada uno, usando un poco su cabeza para no sonar como la chica cursi que adoraba los romances dulces.

―Bueno, en una opinión totalmente objetiva, entiendo los puntos de los dos... ¡Pero es que son incompatibles! No llegas a un acuerdo con eso. Grace odiará la operación y a los operadores porque dos les quitaron a sus amigos. Además, debe sentir que este conflicto por el que pasamos ni siquiera es su problema.

―Bueno... eso también es algo que me dijo. Que esto solo era un problema de Rachel. ―Jesse rascó su nuca, apartando la mirada al cielo. En eso estaba totalmente de acuerdo, ahora mismo solo era un chismoso que aprovechaba la situación para ver el desenlace.

―Pues, tiene razón. Adarza es un problema de Rachel. Mi familia se involucró para que no ocurran tantas muertes y porque yo les pedí ayuda.

―De seguro Rachel es tan importante para ti como Grace para mí ―Jesse soltó un bufido al ver cómo el rostro de Lindsy se enrojeció y apartó su mirada rápido―. Digo, fuiste la primera en saltar a ayudarla, le das alojamiento, el apoyo de toda tu familia. Eso a mí me parece mucho cariño.

―Bueno, bueno Hablamos de "tu" problema ¿Verdad? Continuemos con ese tema.

―Pero si ya lo dijiste todo, es incompatible. No puedo estar en esta aventura sin mantener a Grace triste y enojada en todo momento.

Lindsy se arrepintió en su interior por haber sido tan directa desde el inicio, pero aprovechó para cambiar el tema rápido.

―Sí, las opciones que tienes son pocas. Te quedas y le dices que se vaya, cosa que no hará porque Grace es de los más tercos que conozco y no te dejaría solo. Te vas con Grace y olvidas por completo todo este asunto, o se quedan los dos e ignoras cómo se siente Grace al respecto de todo esto.

Aquellas palabras fueron algo duras. Jesse se sintió deprimido nuevamente al darse cuenta de que solo tenía dos caminos. La de ojos esmeralda bebió de su jugo, dándose cuenta de que fue algo dura, pero funcionó para cambiar por completo el tema.

―Qué duro es amar a alguien con un mal temperamento, ¿no crees?

Aquellas palabras se clavaron en el alma de Lindsy, obligándola a sonreír por un momento. Extendió su lata de jugo a Jesse, que la tomó y bebió de ella.

―Sí... Amar siempre es difícil. Pero apenas ves a esa persona siendo feliz por el mero hecho de estar a tu lado, sabes que vale la pena superar la adversidad. ―Lindsy bajó la mirada, sin darse cuenta de que Jesse la estaba mirando mientras tomaba del jugo.

―¿Está bien sacrificar un sueño por amor?

―No fue lo que quise decir. Claro que no sacrificarás tu sueño, si hicieras eso, entonces, ¿de verdad podrías llamarlo amor? Pero piensa que tu sueño te llevará a las garras de lunáticos sin remordimiento que querrán matarte, eso es algo que estás ignorando y Grace lo tiene bien claro. ―Ella extendió su mano para que le regresara el jugo, pero Jesse le mostró que se lo había acabado― ¿Qué piensas ahora de tu situación?

―Bueno... Te lo agradezco, Lindsy; sabía que serías la única que entendería esto y podría ayudarme.

―¡No tienes que agradecerme! ―Lindsy llevó sus puños a sus caderas, levantándose de golpe de la banca para posar heroicamente―. Solo hice lo que cualquier buen amigo haría. Los sentimientos como estos no deben enfrentarse solos cuando empiezan a lastimarte, siempre busca un hombro donde llorar y te sentirás mejor, hasta encuentras soluciones a tus problemas... pero, ¿sabes qué es mejor que hablar esto conmigo?

Jesse quedó intrigado por el silencio dramático de Lindsy, negó con la cabeza y ella pellizcó su mejilla.

―Háblalo con Grace, tonto. Sin peleas, sin gritos. Escucha, comprende, pero también demuestra cómo te sientes. Eso es incluso mejor que hablar tu problema con un tercero.

―¡Gracias, psicóloga Logan!

―80 dólares la hora.

―¡Eso es un robo!

Ambos rieron un momento. Con una nueva perspectiva de su situación, Jesse observó con convicción la lata de jugo. ¿Este sueño valía la felicidad y comodidad de Grace? ¡Jamás! Ya tenía un mundo lleno de color con Grace, no necesitaba la magia para ser feliz.

―Entonces, supongo que esta será la única aventura que llevemos juntos.

―No seas dramático, apenas ayudemos a Rachel y todo esté en calma, nos reuniremos para ver el jardín de Clara. De seguro también estás invitado. Y todos iremos al cine con Rachel.

La sonrisa de Logan, junto con esas palabras positivas, le hizo entender cómo Rachel aún no se había desmoronado por completo ante todo lo que le estaba ocurriendo. La princesa de verde, además de su habilidad con los venenos, poseía el poder de comprender y animar con facilidad a quienes tenía a su alrededor.

―Gracias, Lindsy.

Jesse se levantó de la banca. Arrojando la lata hacia el basurero más cercano, encestando por poco. Con el asunto resuelto, empezó a caminar detrás de Lindsy, en dirección hacia el hotel. Si Grace aún no había vuelto, lo esperaría para hablar mejor las cosas con él.

―Ojalá no sea un problema que ese tal Arthur nos abra un portal de regreso.

―Podrá, pero ya tendrá que ser mañana. Es un hombre bastante ocupado y el único que puede contactarlo es papá, que creo llegará tarde hoy por reunirse con un conocido.

La pareja caminó rumbo al hotel. No estaban muy lejos, incluso eran capaces de verlo a la lejanía. Jesse continuaba maravillado ante la arquitectura de las calles de París, algo que Lindsy ya no tomaba en cuenta por todos los viajes que realizó, pero ver tan animado a Jesse era realmente gracioso para ella.

—¿Sabes qué es lo único que no entiendo? ¿Por qué tu padre contrató a dos completos incompetentes para cuidarte? —Jesse se llevó una mano a la frente con incertidumbre—. Te atacaron, mataron inocentes, uno está obsesionado contigo y la otra cree que es la reina Victoria ¿Por qué no tienes mejores guardias?... O mejor pregunta: ¿Por qué solo tú tienes guardias?

—No me hago la segunda pregunta. Más que guardias son —le costó decirlo, pero con una amarga expresión, soltó esa frase—. Amigos. Y las razones de que papá no los lance a la calle son desconocidas hasta para mí.

—Tu padre tiene un exquisito gusto para la ropa, pero, para elegir trabajadores, se muere de hambre.

―Bueno, pero quejate con él, no conmigo. ―Lindsy respondió con una sonrisa burlona que desapareció poco después de notar cómo alrededor de ambos se formó una gran sombra. Levantó su mirada, observando una extraña nube gris a unos metros sobre sus cabezas, sin pensarlo dos veces, tomó a Jesse de sus ropas para lanzarse dentro de un callejón a su lado.

Jesse no entendió por qué se dio ese jalón tan brusco y repentino, pero el fuerte impacto de un rayo proveniente de la nube justo al lugar donde estaba parado, soltó un grito de terror momentáneo.

―¡Detrás de mí! ―Lindsy cubrió su cuerpo con aura. Fijándose por un momento en cómo la nube volvió a ser blanca, flotando a una velocidad no muy alta, buscaba posicionarse de nuevo sobre ellos.

―¿Qué es eso?

Jesse preguntó confundido. Observando cómo otras nubes hostiles bajaron del cielo. El de coleta azul contó rápido, dándose cuenta de que eran alrededor de 10. Estas nubes se colocaron por la calle y en las salidas del callejón, cambiando su color gradualmente, preparándose para aquel rayo de energía cuando fuese necesario.

Fue entonces que Lindsy lo sintió. Era breve, pero lo suficientemente fuerte como para alertar sus sentidos, saltó a un lado, observando cómo una figura masculina con un aura plateada, más alta que ella, se impulsó a gran velocidad en dirección a donde estaba. No había logrado ocultar por completo sus intenciones de matar.

―¡Por poco! ―La figura con ropa negra y máscara de cuervo giró hábilmente en el aire, estrellando sus pies contra la pared. Una sólida pared de piedra que por alguna razón se hundió unos centímetros. Sus propiedades habían sido alteradas. El hombre rebotó en la pared como si fuese un trampolín, dirigiéndose nuevamente hacia Lindsy, preparando dos cuchillas bañadas en aura.

«Rebota.»

Lindsy evitó por poco este nuevo ataque, el hombre pasó junto a ella, repitiendo la misma estrategia que hace un momento, solo que en vez de ir hacia Lindsy, comenzó a saltar entre las paredes, aumentando cada vez más su velocidad. La princesa de verde lo seguía con la mirada tanto como podía, mientras trataba de vigilar aquellas nubes y si Jesse estaba bien.

«Son dos, uno debe estar escondido manipulando las nubes.»

Los entrenamientos con su padre siempre fueron intensivos, la obligaba a pensar rápido y con lógica, preparándola justamente para este tipo de situaciones donde darse cuenta rápido de las cosas era asunto de vida o muerte. El hombre cargó contra ella de nuevo, pero esta vez no fue tan rápida como debía y su costado pagó las consecuencias, recibiendo un corte no muy profundo que rasgó su camisa. El ardor era soportable, aunque la sangre que empezó a brotar dañaría la ropa y pantalón que tanto le gustaba.

―¡Esta vez sí te di! Lindsy Logan ―Con alegría, el hombre rebotó para llegar al techo de uno de los edificios y observar a su presa desde ahí. Su tono de voz delataba aquella sonrisa debajo de la máscara―. Te prometo que la siguiente será más profunda. Te hubieras quedado con tu madre y habrías tenido un poco más de posibilidad para sobrevivir.

Lindsy estrechaba sus ojos, anulando el veneno que ahora mismo recorría su cuerpo. Aquella acción le dejaba en claro que este hombre no era un peleador de corta distancia, buscaría debilitarla con el pasar del tiempo.

«Elegiste al peor oponente, idiota.»

Con su cuerpo tembloroso, Jesse se armó de valor acercándose más a su compañera. Sintiéndose inútil al no poder ayudarla con aquella herida, pero al menos, vería las nubes a su alrededor para avisarle de ser necesario.

―Confíame las nubes. Tú rómpeles el rostro, ¿sí?

Lindsy quedó sorprendida ante su rápida respuesta, que le daba cierta ventaja, confiaría la posición de las nubes, ahora solo debía cuidarlo a él y encargarse del saltador.

―No voy a ponerte en peligro, Jesse, así que olvida eso. ―Lindsy golpeó con su puño reforzado la pared junto a ella. La orden era clara, pero Jesse se sentía insatisfecho; aun así, entró en aquella habitación para refugiarse de las nubes. Por lo menos, esos dos Impíos ignoraban a Jesse por completo―. ¿Qué ocurre con mi familia? ¿Ustedes son enviados por los Impíos?

―Pff, ya crees que te voy a responder ―se burló con su voz aguda mientras hacía un ademán con su mano―. Pensaba que eras más lista. Tampoco trates de ganar tiempo, nadie va a venir a ayudarte, maldita niña.

Lindsy volvió a sentir esa intención asesina. El cuervo atacaría pronto, o podría ser una finta elaborada desde antes. ¿Quién sabe? Lindsy apostó por la primera opción, entonces el hombre empezó a rebotar entre las paredes alrededor de Lindsy. Ella trataba de atraparlo como si fuese un mosquito, pero ningún golpe lograba ser tan rápido como para asestar. Eso la frustraba, cada fallo era una herida para su cuerpo. Heridas que, de no ser porque Lindsy tenía más aura que ese molesto cuervo, podrían llegar a ser letales.

―¿¡Esto es lo mejor que puede hacer la hija de Lawrence Logan!? Esquivar mientras cuida de ese bastardo inútil. ―El cuervo relamió sus labios por debajo de la máscara al observar el odio de Jesse incrementarse en su mirada. Eran jóvenes, presas fáciles que no poseían su experiencia; de seguro era seis años mayor que Lindsy. Pero una cacería fácil también era bienvenida para saciar sus ganas de combatir.

Y más si era un pez gordo como un miembro de la familia Logan. Llevarse su cabeza y colgarla en un estante le traería años de suerte, estaba seguro.

Lindsy empezó a verse abrumada por una de las nubes que la seguía, algunos rayos trataban de acertarle, pero ella los esquivaba. Desgraciadamente para su compañero, estos rayos entorpecían sus ataques, cosa que le molestó; en cualquier momento terminaría matándolo a él en vez de a su presa.
Detuvo sus saltos, agarrándose de una escalera de incendios que no estaba desplegada hasta el suelo.

—Deja de usar esa mierda. Me estás estorbando. Yo puedo con esto. —susurró el saltador, de forma inaudible, menos para su compañero y el superoído mejorado de Lindsy.

―¿¡Qué es lo que quieres!? ¿Por qué estás haciendo esto? ―exclamó Jesse con furia, apartando su mirada de las nubes por un momento. Se sentía tan inútil por solo estar escondido como una damisela en apuros.

―¡Pues los quiero matar! Mejor haz una pregunta menos estúpida. Maldito simio. ―Su tono cambió a un obvio desprecio, una persona normal le exigía respuestas y levantaba su voz contra él. Solo crecían las ganas de enterrarle una de sus dagas en el pecho.

—Tú no eres muy listo, ¿verdad, saltador?

—Ese es un nombre espantoso.

Lindsy notó aquel cambio en su aura, la superioridad y el desprecio típico de un operador de la vieja escuela. Ese tipo de operadores no olvidaban tiempos que ni siquiera habían llegado a vivir, pero se jactaban de ellos como si hubieran estado allí dirigiendo reinos y siendo parte de familias nobles importantes.

«Le daré una falsa confianza... No debo preocuparme por el veneno, mientras que él está confiado totalmente en que pronto me debilita. Lo derrotaré tarde o temprano, pero mamá, Luz y Rachel están en peligro, debo volver con ellas.» No tenía que preocuparse de su padre, iban junto a Luck y Jazka. Solo con algunos cuantos impíos no serían capaces de vencerlos, pero Leena debía cuidar a Rachel, que no tiene poderes, y a Luz, una niña pequeña. Obviamente, estaba en una enorme desventaja y más si también enfrentaba a dos personas.

—¿Es que todos los operadores son unas perras? —exclamó Jesse con fuerza, sin darse cuenta de que había ofendido a Lindsy.

La ira del cuervo creció mucho más, tanto que regresó a saltar entre las paredes del callejón de forma errática. Lindsy sabía muy bien lo que ocurriría a continuación. Su aura lo había revelado antes de moverse. La única pregunta era: ¿En qué momento y por dónde? Lindsy actuó por instinto, lanzándose a uno de los costados de Jesse. El saltador hizo lo mismo, en ese momento, la joven lo interceptó antes.

«¡Aquí! ¡Toda mi fuerza!»

Decidiría el combate con un solo movimiento. Lindsy reunió gran cantidad de aura en su brazo, lanzando un fuerte golpe hacia el cuervo, que debió golpearlo en uno de sus costados o eso esperaba Lindsy. Antes de ser impactado por la pelinegra, con una inesperada pirueta en el aire, cambió su posición por completo, chocando su zapato contra el puño de Lindsy. En ese momento, la princesa esmeralda sintió como toda la fuerza de su brazo había desaparecido por un momento. De hecho, toda su morfología había cambiado por un instante. Su brazo se había vuelto elástico, hundiéndose su piel, carne y huesos, doblándose cual goma que evitó cualquier daño en contra del cuervo.

―Niña tonta. ―Se burló al momento de que el brazo de Lindsy se convirtiera en goma. Había preparado esto desde antes, no había operador entrenado que filtrara sus emociones de forma tan descuidada.

Lindsy sintió una fuerte patada en su rostro que causó una gran cantidad de daño, la sorpresa de ver su brazo convertido en goma o un material elástico no le dejó tiempo suficiente para balancear sus reservas de aura a través de su cuerpo, teniendo una baja defensa.

Lindsy voló contra la pared, su vista fue nublada, a la par que cayó en una fatal desorientación. Lo siguiente que sintió fue como una daga afilada atravesó su hombro. Soltó un grito de dolor mientras recuperaba la visión. No tuvo mucho tiempo antes de sentir de nuevo esa daga, ahora atravesando y saliendo rápido de su muslo.

―¡Ahora te voy a cortar hasta que quedes en partes, niña rica!

El saltador, ya de pie sobre el suelo, lanzaba aquella cuchilla amarrada a un cable que se conectaba con su traje. Había sido modificada para tener una ranura y poder lanzarlo a gusto. Tenía toda la intención de convertir a Lindsy en un código de barras a punta de cortes.

Jesse dudó en qué hacer, quería dejárselo a Lindsy, eso habían acordado, pero al verla incapaz de evitar los cortes por más que tratara, decidió intervenir en aquella despiadada tortura.

—Tú no puedes ser más subnormal, ¿cierto? Primero me matará lo estúpido que eres.

―Hazte la dura todo lo que quieras, no me importa. ¡Deberías alegrarte! Serás tú a la que descuartice en vez de a tu hermanita o a tu querida madre. Siéntete feliz al saber que ellas morirán de formas menos dolorosas.

Antes de continuar con los cortes siguientes, escuchó cómo un arma fue disparada, el susto lo llevó a voltear y ver al compañero de su objetivo, alguien que no debería ser un peligro y que llevaba escondido toda la pelea. Ya habían investigado luego de verlos salir ayer. Era un humano totalmente normal, aunque debía suponer que estaría armado.

Jesse apuntaba a los pies del hombre, no con un arma, o quizás, no un arma convencional. Portaba un pincel de color marrón, pero no tenía cerdas al final, sino un agujero. Además de ser un poco más grande que un pincel normal.

―¿Qué es lo que hiciste? No trates de hacer una locura y quizás te deje ir.

No había daños en su cuerpo, lo que le resultaba extraño, hasta que notó cómo sus zapatos estaban cubiertos con una extraña baba azul brillante, que formaba un pequeño charco debajo de él.

―¿Qué hiciste? ―preguntó con un tono más alterado. Observó a la herida mujer recostada a la pared antes de intentar levantar uno de sus pies para salir del charco, ese líquido se estiró pegado a su pie. No le permitió levantarlo por más que llevara aura a su pierna, estaba pegado al suelo por ese charco―. ¡Maldito humano!

A Jesse le temblaba la mano, asomándose por aquel agujero en la pared, no estaba seguro de que funcionaría, pero una sonrisa empezó a marcarse en su rostro. Era más útil de lo que esperaba.

―¡Los voy a matar a los dos!

Luego de aquella frase, el saltador pudo sentirlo, la sensación de peligro recorrió su cuerpo como un tren bala. Miró en dirección a Lindsy, que ya estaba junto a él, preparando su siguiente golpe.

―¡Espera! ¡Espera! ―gritó con total terror, pero fue ignorado. El explosivo golpe cargado de la princesa esmeralda impactó en su costilla antes de poder defenderse. Tan fuerte que logró arrancar el líquido azul y arrojar al hombre contra un muro.

El costado del hombre quedó totalmente destrozado, sintió como sus costillas habían destrozado parte de la carne y poco a poco empezó a sentir como su propia sangre inundaba sus pulmones, impidiéndole respirar, desmayándose poco después por la falta de aire.

Lindsy, con la respiración agitada, dejó escapar un suspiro. No lo notaba, pero su expresión sombría atemorizaba a Jesse. No había tenido ningún problema en dejar al hombre tener una muerte dolorosa. Ella sabía que esto acabaría cuando conectara el primer golpe fuerte, los operadores que no eran del tipo combate cercano rara vez soportaban un golpe a máxima potencia de un operador que era afín a reforzar su cuerpo.

―Bien hecho, Jesse. —Ignoraba el ardor por todo su cuerpo, y apenas era capaz de moverse bien por la herida profunda en su muslo, pero al observar ese pincel, se dio cuenta de que su padre no había enviado desarmados a sus nuevos compañeros, pero hubiera sido útil que les hubieran avisado de antemano sus capacidades, por ese lado, estaba molesta.

El de coleta azul asintió rápido con la cabeza, sin querer mirar al cuervo. Ya sabía cuál era su destino. Quería tomar un descanso antes de poder continuar, pero las nubes alrededor del callejón marcaron rumbo, acercándose a la operadora. Lindsy levantó su mirada, todas las nubes estaban más que listas para lanzar sus rayos y reventar a sus presas.

 

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