Grace observó con curiosidad todos los postres al otro lado de la vitrina en aquella panadería. Se preguntaba cuál le gustaría más a Jesse, lo conocía demasiado bien. Uno de tres leches lo mantendría animado todo el día. El único problema era pedir el pastel. ¿Le harían caso? Había escuchado que los franceses ignoraban a quien les hablase en inglés y él obviamente no sabía francés. Junto al regalo de Lawrence, llevaba algunos euros. No sabía exactamente cuántos, pero estaba seguro de que para algo le alcanzaba.
―Ay, maldita sea. ―Se quejó. Todo parecía tener posibilidad de gustarle a Jesse.
Había sido muy rudo con él. Demasiado. Todo este asunto de pasar tiempo con Operadores y arriesgar su vida para derrotar a Adarza lo tenía con los nervios de punta. Lo odiaba. Toda la situación era un desastre donde ellos dos no deberían estar involucrados, pero aquí estaban, ignorando por completo el mínimo instinto de supervivencia. Nunca estaría de acuerdo con esto, pero ayudaría a Jesse en todo lo que necesite.
―¿Por qué le dije todo eso?
La cara desgarrada de Jesse al ser llamado hipócrita fue lo que le dio a entender a Grace su error. Había tocado un punto sensible de su pareja. Desquitó toda su rabia con él y sí, no estaba de acuerdo, pero eso no le daba el derecho a ser una mala persona cuando siempre ha tenido la opción de dejarlo ir solo.
―Pero ¿cómo piensas que te voy a dejar solo?... Egoísta. ―Murmuró el de cabellos rosados con una leve sonrisa.
No era algo de lo que estar orgulloso, de hecho, era algo malo. Jesse era hasta capaz de arriesgar la vida por aquellos que quería, en eso ambos eran parecidos, pero lo que los diferenciaba era hasta qué punto Jesse era capaz de llegar por su curiosidad.
―No me queda de otra. ―Grace suspiró resignado.
―Los gays sí que tienen problemas románticos.
Grace volteó a ver a Alice. Su expresión cambió rápidamente. La resignación en su mente se convirtió en un poderoso odio abrazador que lo llevó a estrujar con fuerza el cuello de la franelilla de Alice sin ningún cuidado.
―¿¡Qué estás haciendo aquí, perra!?
Que no estuviera junto a Jazka le resultaba de lo más extraño, pues para él, Alice parecía ser una versión 100 veces peor de lo que es Lindsy, pues, mínimo, Lindsy le agradaba. Alice le apartó la mano de un manotazo, indignada por aquellas palabras.
―¿Perra?... Tú, pedazo de, agh, mierda ―mordió su lengua. Bajó su mirada buscando calmar su molestia ante el pelirosado, que se dio la vuelta alejándose―. ¡Hey! Espera ahí, la gran yo tiene que hablar contigo.
Grace ignoró sus chillidos, perdiendo las ganas de querer comprar algo. No estaba interesado ni un poco en lo que la pequeña demonio tuviera que decir. Recuerdos de esa infame tarde destellaron en su mente. El rostro de Richard y el cuerpo calcinado de Alexander se tatuaron en lo más profundo del joven. Nunca sería capaz de olvidarlo, nunca sería capaz de ver a Alice de forma diferente a lo que era: Un monstruo demente.
―¡Quiero darte una disculpa!
Grace se detuvo.
Alice mordió su labio inferior. No creía que esas palabras hubieran salido de su propia boca. Ella se percibía como un ser perfecto que nunca cometía errores, era imposible entonces que tuviera que disculparse. ¿Por qué razón se disculparía si el causante de todo el problema fue Jazka? Para ella no tenía una pizca de sentido tener que ofrecerle disculpas a un humano estúpido que estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado. Grace se dio la vuelta, totalmente inexpresivo. Caminó hacia Alice, quien empezó a jugar con sus índices ocultando sus nervios.
―Yo... lamento haber asesinado a tus compañeros, ¿sabes? No quería haberlo hecho. Tú mismo fuiste testigo de que, apenas se descubrió que no eran los malos, yo dejé de pelear. Así que, de verdad, te pido disculpas desde el fondo de mi corazón. Ya con que rompieran mi preciado diente, estamos a mano.
Alice bajó la mirada, sintiéndose totalmente humillada. Las náuseas se arremolinaron en su estómago. «Jazka, ¿por qué me obligas a hacer algo tan bajo?», pensó.
Levantó su mirada, recibiendo directamente el puño de Grace en su rostro. Fue una total sorpresa para ella. Acabó sentada en el suelo por la potencia del golpe, pero Grace no se detendría ahí. Tomó a la enana de su franelilla negra, obligándola a levantarse. Alice apretó sus dientes observando la determinada mirada cegada por la rabia en el pelirosado.
En su interior se alegraba.
Antes de recibir otro golpe, su aura rodeó su cuerpo. La fuerza del pelirosado no causó ningún efecto en la menor, que jaló a Grace dentro de un callejón para evitar las miradas indeseadas. Tomó el brazo del alto y lo lanzó contra la pared sin problemas.
―¡Traté de ser amable! Maldita basura arrogante. La gran Yo se rebaja a tu nivel y tú, como el salvaje que eres, me atacas.
Grace se levantó aturdido por golpear la mitad de su rostro contra el muro, sintiendo la rabia e impotencia acumularse al saber que no tendría oportunidad contra ella si utilizaba su operación La de negro se acercó, Grace gruñó rabioso, ella lo cacheteó tan leve como pudiera. Fue un movimiento demasiado rápido para Grace, además de que sintió haber sido golpeado en el rostro con un bate.
―¡No te arranco la cabeza porque Jazka se molestaría conmigo, ya que enojaría a Lindsy! ―Mencionó el nombre de la última con un tono elegante muy mal fingido, no entendía cómo Jazka estaba tan obsesionado con esa mujer―. ¡Ahora acepta mi disculpa y estaremos a mano! ¿¡Bien!?
―¿Cómo es que puede haber alguien tan perra y estúpida? ―Grace se levantó ignorando el dolor. Llevó sus puños cerrados al frente, tomando su pose característica de combate―. Ni con toda la magia del mundo te perdonaría lo que hiciste ―gruñó antes de escupir sangre al suelo―. Y aunque me muera, me aseguraré de tumbarte más que otro diente.
Alice no sabía si reír por su estupidez o enojarse aún más por tal osadía. No veía posibilidad en la que un humano cualquiera a mano limpia venciera a un operador como ella. Algo así era totalmente absurdo y fantasioso. Habría apagado su aura y se hubiera retirado de no ser por la mirada del contrario. Aquellos ojos amarillos le tenían los pelos de punta. Estaban llenos de determinación, despreciándola a cada instante. Su sangre hirvió de forma incontrolable.
―A ti lo que te falta es una paliza para que respetes a tus superiores, maldito pedazo de basura. Te mostraré misericordia y te enseñaré a respetar. ―Alice se tronó los dedos de ambas manos.
―Lánzate, puta.
Alice estaba por cometer una locura. Materializó su tentáculo antes de lanzarse contra el de pelo rosado. El suelo debajo de ella se deformó. Un pilar puntiagudo de yeso se elevó rápido, chocando contra el tentáculo que Alice, por reflejo, intervino entre la punta y su cuerpo. El impulso la elevó al aire. Ella llevó la mayoría de su aura al tentáculo que de otro modo hubiera sido atravesado por ese pilar bañado en aura.
―¿¡Eres un operador!? ¿¡Por qué no usabas tus habilidades contra mí!?
Gritó Alice furiosa, el pilar dejó de crecer. Usó su tentáculo para agarrarse del techo del edificio de tres pisos que estaba junto a ellos. Subió al tejado para observar las entradas del callejón, llevándose la sorpresa de visualizar a una figura desconocida. Su atuendo era un traje militar totalmente negro, llevando todos los accesorios de uno, como un casco y el chaleco. Su rostro no era visible debido a una máscara con un pico alargado, haciendo alusión a un cuervo.
―¿Y esto?
Grace miraba el pilar sorprendido, luego a Alice rápidamente. Esta situación era bastante desconcertante para el joven hasta que sintió como alguien tomó su brazo. Volteó observando al hombre de la máscara de cuervo, que era cubierto por un brillo rojo. Otro operador.
―¿Tú eres un humano normal, acaso? ―preguntó con su voz distorsionada, aunque por su contextura corporal era claro que era un hombre.
―¿¡Quién carajo eres!? ―Grace golpeó al hombre con toda su fuerza en su costilla, el musculoso y alto hombre no pareció inmutarse.
―Humano arrogante.
Antes de que pudiera hacer algo, el mayor dobló la muñeca de Grace. En el callejón se pudo escuchar perfectamente el crujir de su hueso rompiéndose. El de rosado sintió como esos ligamentos se desgarraron en un parpadeo y su muñeca quedó totalmente inutilizada. Sus ojos se abrieron de más, soltando un desgarrador grito agónico por el dolor.
El de máscara de cuervo lanzó el cuerpo de Grace contra la pared sin prestarle más atención, luego dirigió su mirada a su otro compañero. Ambos vestían igual, siendo diferenciados solo por el color de su aura. El del aura marrón observaba a Alice en el techo, luego miró a Grace retorcerse en el suelo.
―¿No fue muy excesivo? Al parecer no es un operador. ―Ver esa mano le dolía incluso a él.
―¿Y qué importa? Que dé las gracias el normalito porque no lo maté. Ahora, tú ―el musculoso más alto observó a Alice de reojo―. Ven o le reventaré la cabeza al pelo pintado. ―ordenó con una voz severa.
Alice en el techo, no podía percibir las intenciones de aquellos dos hombres, dejando en claro que tenían un control razonable sobre el aura. La mujer sintió como un escalofrío recorrió su espalda, pero ante un desafío, no dudó en preparar su tentáculo, parándose al borde del techo.
―Pff. ¿Solo dos asesinos contra mi magnífica presencia?... No sé quiénes sean, pero una vez termine con ustedes, voy a empalar sus cabezas en la punta de la torre Eiffel. ―La intensidad del aura negra aumentó. Alice mantuvo su posición―. Pero, matenlo si quieren, si necesitan recurrir a esos trucos, no son comparables a mí, no me importa si vive o muere... pero, si quieren enfrentarme, suban aquí.
La sonrisa arrogante de la mujer se hizo presente. El más bajo de aura marrón dudó de sus palabras, pero debajo de él un grueso pilar de yeso se elevó, dejándolo a la altura de la enana arrogante.
―Solo yo basto para encargarme de ti.
La temperatura de su piel descendía a gran velocidad. Que su cuerpo temblase sin control no era algo inusual, cualquiera temblaría ante temperaturas tan cercanas al cero. Rachel disfrutaba del frío, pero esto sobrepasaba el límite que un humano consideraría satisfactorio, aunque, si le dieran a elegir entre esta sensación actual y un día caluroso, no dudaría en elegir este intenso clima helado.
―¿No crees que estás excediéndote? ―Rachel se quejó con dificultad, su dentadura provocaba un ruido que para su brillante contraria era de lo más gracioso.
―No seas llorona. Estás disfrutando de unos refrescantes tres grados de temperatura. ―Luz mantenía su aura celeste. Una sonrisa juguetona se marcaba en su rostro― Lo peor que te puede ocurrir es un resfriado, nada grave.
―Claro, soy yo la que tendrá que luchar por respirar.
Rachel fue quien convenció a Luz de utilizar sus habilidades solo por curiosidad, pero al no soportar el intenso frío, huyó rápido de la niña, yendo a la cocina. Su estadía fue corta. Leena la tomó de sus hombros, alejándola del caluroso lugar donde preparaba algunas galletas en el horno.
―Espera a que se te pase el frío o sufrirás un choque de temperaturas.
―Tengo demasiado frío ―Leena rodó los ojos con una sonrisa. Ver cómo esas dos niñas se llevaban tan bien a pesar de la diferencia de edad le parecía algo supertierno. A pesar de la cara de amargada de la rubia, sus acciones le hicieron darse cuenta de que Rachel al parecer no era más otra niña curiosa con mal temperamento, o al menos eso pensaba sobre la amiga de su hija.
―En un rato estarán las galletas. Compórtense, y Luz, deja de usar tu aura aquí. ―La mayor jaló el largo cabello de su hija hacia un costado― Si tu padre te ve, te diría algo como: "Luz, ya te he dicho que fuera de la casa no podemos utilizar el aura a menos que sea totalmente necesario". ¿Quieres que le diga a tu padre?
―¡No! ¡No le digas a papá!
Rachel soportó la risa ante la mirada aterrorizada de Luz. Leena soltó su cabello y el aura de la joven disminuyó a gran velocidad hasta extinguirse. Todo un show de luces para Rachel, pero su atención estaba casi totalmente dirigida al lindo momento madre e hija que compartían las Logan. Leena era una persona enérgica y bromista, justo como su madre. «Lawrence parece ser muy estricto con todo eso de utilizar sus habilidades en lugares poco concurridos... tendrá sus buenas razones para eso», pensó Rachel sin forzar mucho su mente, que ahora mismo era distraída por el olor de las galletas en la cocina. Ya ansiaba que Leena fuera por ellas.
La elegante mujer mayor se sentó en el sofá a revisar su celular para enviarle un mensaje a su adorado esposo, llevándose la mala noticia de que, al parecer, su marido se había quedado sin señal. Cosa que no le gustaba para nada, no solo porque quiere saber cómo le va, sino que le resultaba extraño. En sus antiguos viajes a esta ciudad, nunca había quedado incomunicada con él.
―Bueno, esperemos que a tu padre le esté yendo bien, no te acusaré si vas y me sirves algo de jugo y me traes unos chocolates que dejé en la nevera.
―¿Me darás chocolate?
―No. ―La expresión decepcionada de Luz fue la más triste que Rachel llegó a ver en toda su vida. Las ganas de reírse cada vez eran más difíciles de contener, y la pequeña Logan fue dando saltos a la cocina para traerle chocolate a su madre. Quedándose junto a ella, observando cómo se lo come. Su esperanza de que le diera un pedazo se extinguió con la última mordida.
―Le voy a decir a papá que me estás maltratando. ―Luz infló sus cachetes con molestia, la risa de su madre no apaciguaba su ira. Aunque no sabía que, en vez de ser intimidante, era adorable.
―Ya deja de pelear. ―Rachel intervino. Abrazó a Luz desde su espalda, cargándola sin mucha dificultad para alejarla de su madre. Debía tener cuidado con las patadas de la menor.
―¡No te metas, Rachel! ¡Esto es entre mi mamá y yo!... A menos que quieras apoyarme, ahí sí puedes intervenir.
Luz dejó de hacer cualquier intento por soltarse. Rachel la sentó en el sofá para luego quedar junto a ella y sacar su celular. Las dos se acomodaron para ver videos juntas en lo que tardaban las galletas en estar listas. Leena se levantó luego de unos minutos y fue a la cocina. Rachel la siguió con la mirada hasta donde pudo, luego dejó su cabeza recostada sobre la de Luz. Acariciando su cabello, cerrando sus ojos.
―¿Sabes, luz? Esto me recuerda a cuando era más pequeña y me sentaba con mi hermana para ver televisión abrazadas ―comentó Rachel con melancolía en su voz. Esos momentos destellaron en su mente como si hubiera sido ayer. Esperó la reacción de Luz, que solo fue mirarla con curiosidad―. Ella era muy parecida a tu hermana, una muy buena persona. ―Luz escuchó atenta. Esperaba un poco más de aquella historia, pero Rachel no pudo seguir hablando. Su expresión, por más que tratara de ocultarlo, demostraba el profundo dolor de hablar sobre aquellos días. La niña no podía entenderla totalmente, nunca había perdido a nadie, ni era lo suficientemente grande como para pensar en lo profundo que era el asunto, pero al ver aquella tristeza, buscó consolar a Rachel con un abrazo cálido.
―Si tu hermana era como Lindsy, de seguro eras lo más importante para ella en su vida... ¡Como yo lo soy para Lindsy! ―Apretó con toda su pequeña fuerza el cuerpo de Rachel, quien la miró con una sonrisa casi imperceptible―. Recuerda eso, aunque ella ya no esté. Tu hermana te quería.
Rachel quedó sin palabras. No halló una mejor forma de darle las gracias que correspondiendo su abrazo con toda su fuerza. Provocando que la niña de cabello ondulado se retorciera tratando de soltarse.
―¡Muy fuerte el abrazo! ¡Rachel! ¡No!
Rachel reía, aflojando su agarre, disfrutando de la gruñona expresión de la menor, que por dentro estaba arrepentida de hacerla sentir mejor si ese iba a ser su pago. Tomó con fuerza las mejillas de la rubia como venganza, pero el estruendo de la puerta reventando en cientos de trozos de madera asustó a ambas jóvenes en el sofá. Rachel dirigió su mirada con pánico, confundida de la situación actual. Notó una esfera negra rodar por el suelo que no duró mucho tiempo antes de generar una potente explosión que cubrió la habitación con un humo grisáceo. Sin pensar, la primera reacción de Rachel fue levantarse del sofá y acercar tanto como le fuera posible a Luz. Buscando protegerla con sus brazos. Por otro lado, la niña liberó su aura por su propio instinto de protegerse, abrazando a Rachel, mirando en todas direcciones, apenas habían pasado unos segundos de todo este escándalo.
Sin importar qué ocurriera, cambió de lugar con luz, usando su propio cuerpo para cubrirla. El sonido de veloces pasos inundó la habitación por casi nada, ella esperaba lo peor, un asesino de Adarza, el gobierno, lo que sea que fuera la mataría, pero nada llegó. Dudó en voltear al hacerlo. La espalda de Leena la llevó a sentir relativa tranquilidad, de no ser que estaba utilizando su aura para potenciar su cuerpo y detener lo que parecía una cuchilla blanca que salía de la parte superior del puño de lo que suponía ser un hombre con extrañas ropas negras al estilo militar, pero casi fantasiosas, con una capa y en su cabeza, un casco que cubría su rostro. Le llamaba la atención la forma de cuervo, recordándole a un médico de la peste, pero más moderno, cubierto de un aura gris, delatando que era un Operador.
―¿Eres miembro de la rebelión o solo un maldito asesino que enviaron a molestar? ―preguntó furiosa la mujer, dedicándole una mirada mortal a la persona que trató de dañar a su querida hija.
―No creo que importe, ¿O sí? Leena.
Rachel se alejó hasta la pared, manteniendo cerca a Luz en aquel abrazo. La niña, sin palabras, observaba a su madre con preocupación. Según las palabras de su padre, en estos casos debía buscar un lugar seguro y dejar que los mayores se encargaran, pero el miedo empezó a nublar sus sentidos, dejándose solo llevar por Rachel.
―¡Aléjate de mi hija, maldito cuervo!... ¡Luz, mantén tu aura en todo momento!
Leena rugió, dirigiendo la mayoría de su fuerza a un brazo, evitando dejar desprotegido el brazo con el que detenía la cuchilla blanca o acabaría con la mitad del abdomen abierto. Dirigió un fuerte golpe cargado al costado de su oponente, al momento de impactar, se dio cuenta de que algo duro recibió la mayoría del daño. El cuervo reaccionó rápido, aprovechando ese momento de confusión en la mujer para propinarle un rápido rodillazo en su estómago que debería haberla desestabilizado, cosa que no logró, pero marcó distancia entre ambos, liberando su arma.
La mujer y el cuervo se observaron por un breve momento, Leena se preguntaba qué clase de operador sería, teniendo en mente que era capaz de fortalecer su cuerpo. Ya eso complicaba mucho el combate en caso de tener una segunda naturaleza. El cuervo corrió a gran velocidad, desatando una lluvia de estocadas veloces a la mujer, que dio su mejor esfuerzo para evitarlas con ágiles movimientos. Rachel, inmóvil, observaba con asombro cómo dos operadores nuevamente trataban de matarse delante de ella, pero poco después, se dio cuenta de que debía hacer algo en vez de solo observarlos.
«¿Me voy del cuarto? No puedo pelear, pero si hay más asesinos, se acaba el juego.» No solo cargaba con su vida en ese momento, su mirada fue directo a Luz, que temblaba ligeramente observando el combate, sin dejar de abrazar con fuerza a Rachel.
La rubia corrió con la niña, alejándose de la sala para no ser un estorbo en el combate de Leena. Fue la mejor opción que se le ocurrió, manteniéndose cerca de la puerta de salida, aunque dudaba ser más rápida que un operador.
―Luz, correremos si esto empeora, ¿bien? Confía en tu madre.
Luz asintió ante las palabras de Rachel. Aunque en su interior creía que debía hacer algo para ayudar a su madre. Lawrence la estaba entrenando para pelear, ¿no? Entonces, ¿escapar de verdad era lo correcto?
El cuervo trató de golpear a Leena con su talón en un ataque descendente. Sin tiempo de esquivarlo, lo detuvo con su mano. Antes de intentar desestabilizarlo, otra cuchilla de color blanco salió de su talón, atravesando la palma de la mayor a pesar de reforzarla con energía. Leena soportó el dolor apretando sus dientes y buscó tirar al hombre, que ágilmente aprovechó para alejar a su adversaria con una patada en el aire al rostro de Leena con su pierna libre. Se reincorporó rápido, al igual que su contraria En términos de poder, aquel cuervo la superaba en fuerza física y poseía la capacidad de alterar su cuerpo para generar cuchillas. Leena maldijo en su interior. Al ver cómo Rachel había llevado a Luz a una zona un poco más segura y alejada, se sintió agradecida.
―Me aseguraré de matar a toda tu familia antes de que este día acabe, Leena Logan.
Sin que su tono de voz se agitara o denotara algo más que aquella calma calculada, los vestigios de un incalculable odio fueron desprendidos por el aura del cuervo. Leena abrió de más los ojos, dándose cuenta de que lo que ocurría, más que un intento de los impíos de acabar con la familia de uno de los más grandes benefactores de los Erradicadores, era un problema personal, al menos con la persona que tenía adelante.
―¿Te conozco de algún lado, pajarito? ―preguntó burlona. Se forzó a sonreír para evitar demostrarle que la herida sangrante en su mano ardía como los mil demonios. Sintió como aquella aura derramó más intenciones asesinas y ese fuerte resentimiento.
―Me conoces muy bien, por culpa del bastardo de tu marido, perdí todo lo que amaba en manos de los Erradicadores.
―Bueno, si me lo pones así, es una larga lista. Ja.
Aquel chiste avivó más el odio en el aura ajena. El cuervo se lanzó con todo para apuñalar a su adversaria. Algo que fácilmente pudo predecir la mujer debido a las intenciones que su aura emanaba por aquel odio. Su corto, pero efectivo plan, dio frutos. Leena esquivó a escasos centímetros aquella daga blanca que se dirigía a su cuello. Tomó el brazo del cuervo para asegurarse de encestar un golpe dirigido con la mayoría de su aura en todo su costado, esta vez, siendo efectivo al escuchar cómo crujía lo que supuso que era una armadura hecha con el mismo material que las dagas: huesos reforzados y alargados para hacer una armadura. El hombre salió volando, chocó contra la pared que atravesó sin problemas. Leena celebró con una sonrisa y apretó su puño antes de darse cuenta del intenso ardor que sentía en su abdomen. Al mirar, observó una de esas cuchillas de hueso enterrada bastante profundo, de seguro había sido disparada al momento del golpe en el costado.
―Oh... qué hijo de perra más molesto.
―¡Señora Logan! ¡Usted es increíble!
Sin darse cuenta de las heridas de la mayor, Rachel extendió sus brazos hacia arriba con ojos brillantes. Admiraba los movimientos refinados y rápidos de Leena, que le recordaban al estilo de pelea de Lindsy, eran madre e hija, al fin y al cabo, de seguro ella fue quien le enseñó a pelear. Luz quiso correr hacia su madre, pero ella le hizo un gesto con su mano para que se mantuviera donde estaba.
Leena empezó a curar sus heridas. Gastando bastante aura debido a la gravedad, en especial con el corte que atravesaba toda su palma. Daba las gracias de que fuera un corte no tan grave, pero de seguro perdería algo de su sensibilidad en aquella zona.
―Rachel, no siento que nadie más esté cerca... Ese tipo sigue utilizando su aura, posiblemente enterró sus huesos en la pared para no caer, quizás pueda extenderlos cierta distancia. ―Miró de reojo a Rachel, asegurándose de que ella estuviera prestando atención―. Si vuelve a subir, vas a alejarte con Luz al pasillo y tratarás de llamar a los otros... Aunque dudo que contesten. ¿Bien? Tu prioridad será protegerte a ti y a Luz. No dudes en abandonarme si es necesario.
―S-sí.
―¡Sin dudar! Me dejarás si es necesario. ―Ante el titubeo de Rachel, Leena alzó la voz en un fuerte regaño, provocando que la rubia temblara y asintiera rápido con su cabeza.
―¡Sí! ¡Sí, señora!
―¡Mamá! ¿Puedo ayudarte?... ―Luz preguntó con su voz al borde del llanto. Nunca espero ver a su madre tan herida, menos en un combate a muerte contra una persona malvada.
―Sí, claro, cariño. Rachel es inútil por el momento, debes cuidarla, pero no busques pelear.
Rachel observó cómo Luz empezó a asentir con la cabeza ante las órdenes de su madre. Dio un brinco cuando aquel cuervo de un salto entró de nuevo al edificio. Leena frunció el ceño, soltando un suspiro de molestia.
Obedeciendo sin dudar, Rachel cargó a Luz de su cintura, llevándola a su hombro con algo de dificultad para salir corriendo del departamento tan rápido como su cuerpo se lo permitía. La pequeña aún era incapaz de reaccionar bien por el miedo y la duda, pero lo último que vio antes de salir de la habitación fue a su madre levantando el pulgar a Rachel. Luz no tardó en sollozar en silencio, sin oponer resistencia a ser cargada por la rubia, temiendo por la vida de su madre.
―No pienses que dejaré que tu hija escape. ―El cuervo sacó cuchillas de ambas muñecas, aclaró su mente, dejando su aura en blanco para no revelar sus movimientos a su adversario, pero la sonrisa de la mujer delante de él lo inquietaba ligeramente.
―Eres un grandísimo estúpido si piensas que en vida vas a pasar sobre mí para ponerle una mano encima a mi hija... Además, creo que empiezo a tener una leve idea de quién eres. ―Como un último acto de burla hacia su adversario, decidió girar levemente su cabeza como calentamiento. Sacando ligeramente su lengua en una sonrisa desafiante― Ven pajarito.
―Por el aura de tu hija, puedo saber que ya está cerca de bajar al siguiente piso utilizando las escaleras... No es muy buena ocultando su miedo y siente mucho.
―.... ¡Ni se te ocurra, maldito!
Incluso a esa distancia, ambos operadores experimentados eran capaces de sentir la preocupación de la niña. Leena dejó de sonreír al darse cuenta de las intenciones del cuervo, que rápido se dio la vuelta y saltó por aquel agujero, deslizándose en la pared con uno de sus huesos como soporte. Al llegar a la ventana del piso de abajo, entró sin ningún problema. Leena miró desde el agujero cómo su peor error había sido alejar a su pequeña.