Jesse recorría la calle con gran asombro. No era la primera vez que salía de Estados Unidos, pero sí era la primera que visitaba un lugar como Francia. Detenía sus pasos cada que algo llamaba su atención, lo cual era cada diez pasos. No dudaba en sacar su celular para tomar fotos a las tiendas, edificios y lugares que llamen su atención.
―La última vez que salimos del país mis padres y yo fue porque mi papá tuvo unos negocios en México. Fue entretenido, aunque la comida es muy picante.
―No tienes ningún derecho a opinar de comida. ―Respondió Grace. Rodó sus ojos recordando más de una atrocidad culinaria que su amado había preparado.
―Qué cruel, ahora párate delante de esa tienda de postres y posa o saluda a la cámara.
―Voy, mamá.
Grace siguió las órdenes, levantando su mano sin muchos ánimos. Jesse tomó algunas fotos sin quedar satisfecho, la expresión de Grace golpeaba con fuerza el entusiasmo del celeste hasta matarlo. Guardó su celular y se acercó al más bajo para estrujar sus mejillas con cuidado. Esa expresión la conocía perfectamente, cada que Jesse lo obligaba a algo que no quería, Grace colocaba esa cara.
―¿Aún estás molesto?
―¿Que si aún estoy molesto? ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Pero claro que estoy molesto! ―Su repentina explosión de emociones llevó a Jesse a retroceder con sorpresa―. Montaste todo un show para que ese larguirucho bastardo te dejara venir. Tenemos que verle la cara a esa zorra pulpo y a su estúpido novio. ¿Crees que quiero estar aquí?
Jesse cruzó sus brazos, desviando su mirada sin saber qué responder a las quejas del de pelo rosado. No había forma en la que pudiera debatir ese tema tan complejo cuando sabía lo mucho que odiaba a Alice y Jazka. No es que él no los odiase igual que Grace. Jesse los detestaba, no necesitó estar presente en la muerte de sus compañeros como para odiar a Alice Grieschnack hasta el punto de querer su muerte. Ella era una asesina despiadada, ni fue capaz de disculparse ella misma.
―Ahora me tengo que sentar a compartir cuarto con ella, decir que somos parte del mismo y estar con ese idiota noble con ropa rara. ―Grace levantó su índice frente a su pecho, luego señaló a Jesse―. Esto será peligroso como no imaginas, tú no me estás escuchando, estamos rodeados de locos y tú estás "¡Ooooh! Pero mira, Grace, ¡una pastelería! ¡Una fuente con palomas! ¡Una rata enorme en plena calle!" ... Y no. No está bien... no está bien.
Mordió su propio labio para detener ese remolino intenso de odio descargado en contra de su novio. Grace solo quería protegerlo, pero su deseo de saciar aquella enorme curiosidad lo estaba llevando por un camino peligroso donde ni siquiera Grace sería capaz de mantenerlo a salvo. No quería gritarle, no quería tratarlo mal, pero había límites que él no sería capaz de superar. Notó cómo el brillo en el rostro de Jesse había desaparecido por completo. El de cabello celeste desviaba su mirada, siguiendo las líneas de su manga larga como si fueran a llevarlo a cualquier otro lado menos a esta discusión.
―Quiero ver este nuevo mundo, Grace.
―Otra vez con eso. Suenas como Dexter... Y mira qué le pasó. ―El tono de Grace se endureció más, pero no hablaría de Dexter en ese momento.
―¡Lo vale! ¡El riesgo lo vale! ¡Soportar a los Grieschnack lo vale! ―Jesse apretó sus puños. Incapaz de mirar a los ojos de su contrario. Sus hombros temblaban al no saber si lo que decía era correcto o solo era su egoísmo tomando lo peor de sí― Lo vale... La magia existe, hay todo un mundo fantástico por ver aquí. Espejos que clonan gente, manipuladores de la naturaleza, gente que abre portales de un continente a otro. Todo esto es tan genial, es increíble.
Jesse estaba por romper en llanto. Reunió el valor suficiente para mirar a Grace, que mantenía silencio; él no compartía su interés por este nuevo mundo que veía solo como un peligro más para la gente normal. Ellos eran extraños indefensos en una tierra extranjera con gente que los reventaría tan fácil como un niño pisando un globo, aun sabiendo eso, Jesse quería permanecer ahí.
Grace negó con la cabeza. No lo comprendía, tampoco lo alentaba. Aunque también habían acordado que viajarían con ellos para detener la ola de asesinatos y vengar a sus compañeros caídos, no tenía sentido exponerse ante tanto peligro. Jazmín, Ben, Richard y Alex no hubieran querido que se lanzaran al peligro, eso no los regresaría a ninguno de ellos.
―No lo vale, Jesse.
―Te dije que si no querías, no me acompañaras. Yo sabía que te comportarías así. ¡Yo también los odio!
―No lo suficiente si lo único que haces es mirarlos feo, le hubieras sacado dos dientes a Jazka y aún no estaría satisfecho.
―¿¡Estás diciendo que soy un hipócrita!?
―Te estoy diciendo que prefieres seguir investigando esta... Magia, Operación o como mierda se llame, y utilizas a nuestros amigos de excusa... así que sí, Jesse, lo estoy haciendo.
Jesse observó a su alrededor cómo algunas personas llegaron a detenerse para observar aquella discusión, aunque no parecían ser capaces de entender mucho o nada, mejor dicho.
Sus peleas con Grace jamás escalaron a un punto tan alto, incluso habían llegado a tener enfrentamientos a puños por desacuerdos como "qué hacer el fin de semana", pero todo eso era diversión y juegos. Ahora ninguno había golpeado al otro, pero las palabras de Grace junto con su mirada decepcionada lo hirieron más que cualquier moretón en su vida. Lo peor era saber que en verdad el equivocado era él, y aun sabiendo que estaba mal, no quería dar el brazo a torcer.
―Tú puedes irte cuando quieras.
―Jesse...
―No, ningún Jesse. Lo tengo decidido. Yo ayudaré a Rachel con su problema, vengaré a nuestros amigos y descubriré aún más sobre este mundo mágico. ―respondió más decidido, su cuerpo dejó de temblar. Dio media vuelta para dirigirse de vuelta al hotel, aunque apenas habían pasado una hora o dos desde que habían salido.
Grace guardó silencio, observando la espalda de Jesse alejarse. No esperaba hacerlo cambiar de opinión, pero debía intentarlo. Siguió al de coleta azul hasta el hotel en completo silencio.
―Jazka, Jazka. Mira esto ―Alice posó frente a la blanquecina estatua con una sonrisa―. Si así era la diosa de la belleza, supongo que entonces soy más bella que una diosa. ¿No crees?
―La figura no representa totalmente la inalcanzable belleza de la diosa. De hecho, solo se sabe que era la más hermosa. No hay manera de saber qué tan linda era.
―De seguro no más linda que yo.
Jazka abandonó la discusión, rodando sus ojos con una sonrisa. No le daría la razón para evitar que su ego aumente, pero no seguiría discutiendo, pues terminaría en Alice gritando. No le parecía correcto molestar a los demás visitantes del museo.
Alice tomó fotos de la Venus de Milo, la falta de los brazos en la estatua le era sumamente graciosa por alguna razón que ella misma desconocía, pero su atención fue robada por Lawrence. Él se encontraba algo alejado de ellos, siendo acompañado por su esposa, que lo tomaba del brazo. Los dos, muy sonrientes, conversaban con un hombre de mediana edad, algo bajito de estatura y con un poco de sobrepeso para ser un operador, pero su ropa elegante, tan característica de los compañeros de trabajo de los Logan, lo hacía lucir como un aristócrata de los que Jazka le habló hace tiempo.
―¿Quién es ese hombre?... ―susurró Alice. Ella estaba segura de que Jazka sabría quién es.
―Un británico, Henry North ―respondió Jazka, alejándose un poco más junto a Alice, fingiendo que observaba de forma más detallada el área de exhibiciones romanas. La cual no era su favorita, pero le resultaba muy curiosa―. Es un socio de Lawrence, dueño de una empresa pequeña, pero que apoya a L.L Corp. Me parece algo curioso que también esté aquí en París.
―¿No que aquí se celebrará una reunión del congreso? ―Alice no tomaba muy en cuenta toda esa información, la dejaba en manos de su confiable compañero.
―Sí, pero solo los miembros más importantes de los operadores que trabajan para la unión entre países aparecerán en ella. Es ultrasecreta.
―Si dices ultra, le quitas lo importante.
―Las familias más importantes que representan a las tres ramas de los operadores se reunirán todas, tú has estado ya en reuniones no tan importantes, pero esta... bueno, es raro verlos a todos reunidos en un lugar. Es todo un espectáculo cuando los Zhu, los Vasíliev y los Logan se encuentran todos en una sala. ―Jazka notó cómo su compañera arrugó la frente al escuchar el apellido de la familia Vasíliev. Ese era el gesto normal que la mayoría de las personas que los conocían lo suficiente tenían en su rostro al nombrarlos.
―El hijo mayor de los Vasíliev es un pedazo de mierda, me dan unas ganas de atravesar su garganta.
―Volvamos al punto. Henry es un miembro importante... pero no tan importante como para aparecerse con las 8 grandes familias. Quizás es una coincidencia que esté aquí. Más con todo el problema que ocurre con Arthur.
―No puedo creer que de verdad consideren a Arthur un traidor luego de todo lo que ha hecho por el congreso y por esos bastardos de las Naciones Unidas.
La sangre de Alice hervía, sí había un hombre al que respetaba y consideraba un igual, era a Arthur. Para muchos, era considerado la cúspide de la fuerza y la mente entre los operadores. Un hombre que nunca falló una misión, que ha dedicado toda su vida a su trabajo, ahora no era más que un "sucio traidor" que proporcionaba información de las Naciones Unidas y los operadores a los Impíos.
―Tienes toda la razón, Alice. Es un sistema podrido, pero sé que el jefe está trabajando en la forma más rápida de demostrar su inocencia.
―¿De dónde vino toda esa mierda de que es Arthur quien les vende información a los impíos?
Jazka subió y bajó sus hombros a la par que observaba otra de las esculturas romanas en aquella espaciosa sala. Cuidaba el tono de su voz tanto como podía, en este mundo de operadores nunca era claro quién podría estar escuchando. Su bando en los operadores era el más pequeño. No muchos como el señor Logan buscarían estrechar los lazos entre la humanidad y los operadores, pero era esa visión la que llevaba a Jazka a darle su lealtad, era un visionario... Y no tenía problema en darle dinero para sus experimentos locos. Él lo respetaba.
Alice cruzó sus brazos, insatisfecha con la conversación. Continuó con su disimulada vigilancia hacia sus jefes y aquel compañero, dándose cuenta de que Henry no iba solo. Una pequeña niña rubia, casi del mismo tamaño y edad que Luz, iba a su lado, denotando elegancia con su vestido lleno de decoraciones, el cual lucía con una postura perfecta.
―¿Tiene una hija?
―Sí. También sé que es la compañera de juegos de Luz.
―Eres tan genial, Jazka. Estás informado de todo, no hay nada que no sepas.
Alice jaló la manga de su compañero, su rostro brillante se tiñó en carmín de la vergüenza. El mayor no se dignó a voltear a verla, estaba absorto en sus pensamientos. La de negro lo miró enfadada y mordió su antebrazo no muy fuerte.
―¡Hazme caso!
―Había algo más que quería hablar contigo, Alice. Algo de suma importancia y esta vez quiero que sigas mis instrucciones al pie de la letra. Aunque no te guste la idea o termine muy mal.
Alice alejó su cabeza, claramente sorprendida por aquella petición tan inusual. Su forma de decirlo junto a esa expresión tan seria le revelaron que era un asunto muy importante para Jazka.
―Por supuesto que puedes contar con la gran Alice, Jazky~. Ordéname lo que quieras.
Siempre sería capaz de contar con ella. Se lo debía, Alice haría lo que fuera por Jazka. El de cabello largo colocó sus manos en los hombros de la pequeña chica, pidiéndole que hiciera lo impensable.
―Vas al otro lado del mundo, te quedas en una de las ciudades más famosas que existen, puedes elegir cualquier cosa para comer... Y eliges pizza.
Incrédula, Lindsy observaba a la rubia. Le dio a elegir varios restaurantes y puestos de comida francesa, pero eligió comer en el único lugar que no era atendido por un francés. Ahora las tres comían en frente de un pequeño restaurante. Sentadas alrededor de una mesa color verde cubierta por un pequeño porche junto a otros clientes.
―Tú estás comiendo patas de rana, eres una demente.
―Te juro que sabe rico.
Lindsy buscó ofrecerle a Rachel aquellas ancas, pero la rubia se alejó como si tratara de inyectarla o sacarle sangre con una aguja.
―¡Atrás! Demente. Al menos Luz solo se está comiendo un sándwich con un nombre gracioso.
―Se llama "El Croque Monsieur" ―la niña se aseguró de utilizar un intento de tono francés al nombrar su sándwich―. Es una comida típica de Francia. ¡Y el queso es lo mejor! Frito, derretido, gratinado, queso, queso, ¡queeeeeso!
Lindsy quedó maravillada por la ternura de la menor, mientras que Rachel continuaba dándole mordidas a una de sus rebanadas como si no hubiera comido en días. La de negro, en las veces que comió con ella, se dio cuenta de sus malas costumbres para comer, por alguna razón, masticaba poco y rápido antes de tragar, luciendo como una total desesperada.
La observaba en silencio, le era adorable y algo tonto. No quería regañarla por algo tan insignificante. Rachel se dio cuenta de la mirada de Logan, tomó una de las rebanadas para ofrecérsela a su amiga.
―Si no querías las patas de rana, no te la hubieras pedido entonces.
Ella no quiso mirar a Lindsy. La más alta observó la pizza con ilusión en sus ojos, sus mejillas se enrojecieron y, aunque no lo notara, su hermana menor se reía en silencio de la sonrisa tonta que la mayor ahora tenía en su cara. Rachel movía la rebanada impaciente.
―Agarra, pues.
―No, no, come. Yo sí quiero las ancas de rana.
―Una rebanada de pizza no te caerá mal.
―¡Yo sí tengo una dieta!
―Ya no te doy nada por restregármela en la cara.
Luz no pudo soportar más su risa. Ambas adolescentes le eran demasiado graciosas, en especial la actitud malhumorada de Rachel. Ya entendía mejor por qué su hermana siempre le hablaba de Rachel durante tanto tiempo. Le resultaba agradable.
Al terminar su comida, se marcharon de regreso al hotel. Fueron el segundo grupo en volver, después de Grace y Jesse. Luz les contó a sus padres apenas llegaron qué fue lo que comieron. Rachel, por otro lado, observó cómo Jazka caminaba preocupado junto a una Alice con un instinto asesino notable en su mirada. La rubia tuvo miedo de siquiera acercarse a preguntar qué es lo que le ocurría, prefería mantenerse a salvo.
«¿Qué carajo les habrá pasado?»
Los dos operadores entraron al cuarto que compartían. Rachel ignoró la situación. Más tarde en la noche, todos comieron juntos en la sala donde Arthur los había dejado, que era el departamento de Lawrence y Leena. Compartieron sus experiencias, a excepción de Grace. Rachel no dijo mucho, pero era verdad que estaba disfrutando del viaje a pesar de que no quería venir.
Además de la expresión de enojo de Alice, notó de igual forma cómo Jesse parecía estar decaído. Había desaparecido la mitad de su energía al hablar, junto a su gran sonrisa. Apenas y comía o respondía, mientras que Grace estuvo en silencio toda la cena. Rachel pensó todas estas cosas luego, acostada en su cama en aquel cuarto oscuro, iluminado por la tenue luz que entraba por la cortina proveniente de la luz de la ciudad.
Sacó su celular para matar el tiempo. Ya era algo tarde en la noche, pero no podía dormir. Era su segunda cama desconocida en la que dormía, se sentía tan extraño. Apenas empezaba a habituarse a su cuarto en la residencia Logan y ahora debía acostumbrarse a esa nueva habitación. A unos cuantos metros de su cama, se encontraba donde Lindsy y Luz dormían. A veces miraba de reojo. Luz dormía de una forma incómoda para su pobre compañera, estiraba su cuerpo tanto como le fuera posible, debía ser un horror para la pobre Logan mayor.
Siguió revisando su celular, dudó en entrar a los mensajes, al entrar, revisó de nuevo sus conversaciones con Chloe. Sus ojos no tardaron en cristalizarse ante los mensajes de cariño de su hermana. Sus conversaciones casuales. Cuando le preguntaba dónde estaban las cosas que no encontraba. Estos mensajes, la casa y los demás objetos en ella eran los últimos recuerdos de su hermana.
Pero, algo aún no le era claro.
Ella lo había ignorado por completo. Los últimos mensajes con Chloe, fueron alrededor de las cuatro de la tarde del lunes y, según la información de Lawrence sobre la autopsia, ella estaba muerta desde la madrugada. No debía ni dar a entender qué significaba eso.
―¿Entonces hay una réplica de Chloe suelta por ahí? ―susurró.
Apagó la pantalla, concentrando su visión en un punto fijo del techo.
Imaginar a su querida y buena hermana como una de esas desalmadas réplicas le hacía hervir la sangre. Debía matarla, a ella, a Adarza. El solo hecho de pensar en que la apariencia y los recuerdos de su hermana sean utilizados para los malignos fines de esa perra mentirosa reavivaba el fuego interno que la ayudaba a no quedarse llorando en cama. Adarza merecía morir junto con toda réplica que ella cree.
«Solo cuando rompa su cuello estaré en paz.» Pensó.
Al cabo de unos minutos, se sentó en la cama sin poder dormir. No sacaba a Adarza de su mente.
―¿Te pasa algo?
Aquel susurro de Lindsy la obligó a mirar. La peli negra se sentó de igual forma, denotando un pequeño ápice de preocupación en sus ojos que Rachel quiso calmar.
―Solo no puedo dormir... ¿Qué hay de ti?
Lindsy no respondió, en su lugar, extendió los brazos, demostrándole a la cómoda Luz disfrutar de un placentero sueño. Rachel negó con su cabeza, soltando una pequeña sonrisa que tranquilizó a Lindsy.
―Ven acá.
Rachel se movió a un lado en la cama, dándole un espacio a la de negro. Rara vez solo la veía con su camisa verde sin mangas. Lindsy no parecía estar segura, pero de un momento a otro fue corriendo a la cama de Rachel, acostándose junto a ella. Estando cerca, Rachel apreció mejor el brazo bien trabajado de Lindsy. Era verdad que cuidaba mucho de su cuerpo, según ella, todos los operadores estaban siempre en óptimas condiciones.
―¿No te molesta?... Si estás incómoda, puedo regresar con luz. ―Estaba mucho más nerviosa de lo normal. Principalmente, no creía que Rachel la estuviera invitando a dormir con ella.
―Chloe decía que a veces pateo mientras duermo. ―respondió sonriente.
―Mejor regreso a mi cama.
A pesar de lo que dijo, tomó el valor suficiente para abrazar a Rachel por el cuello. Ambas disfrutaron en silencio de la agradable calidez. Rachel cerró sus ojos, sin darse cuenta de que, a su lado, esa chica no dejaba de contemplar su rostro. Su rostro ardió con fuerza ante ciertos pensamientos que cruzaron su mente y ella trató de ignorarlos.
―Buenas noches, Ray.
―Descansa, Lindsy.
―Te quiero.
―Nos vemos mañana.
Rachel desvió su rostro al lado contrario donde Lindsy abrazaba. La de ojos verdes esperaba un gesto de cariño en respuesta, pero esto ya era una cantidad de felicidad enorme que la dejaba satisfecha.
Cerró sus ojos esperando dormir pronto, hasta sentir cómo el brazo de Rachel cubrió su cintura. Le era difícil creer que, era la misma chica que no le hablaba a nadie de su salón.
Lindsy Logan durmió cómodamente esa noche, ignorando que dos patadas, no muy fuertes, la despertaron en la madrugada. Entendió que Rachel no bromeaba, incluso se aseguró de que estuviera dormida. Sí lo estaba.
A la mañana siguiente, Rachel disfrutaba de un plato de cereal junto a Luz, siendo una silenciosa testigo de un extraño evento.
―¿Me estás invitando a salir? ―Logan levantó una ceja sorprendida, observando al alto de cabello celeste.
―Lo haces sonar como si fueras Rachel, quisiera hablar contigo, Lindsy. ―Jesse se cruzó de brazos ante esa dramática pregunta. No es como si antes no hubieran salido juntos a comer en el recreo o caminar por el patio de la escuela un rato antes de volver a sus casas.
Lindsy miró a Rachel de reojo, la rubia desvió la mirada, pues no tenía nada que decir ni tenía intención de acompañarlos. Al verse abandonada, asintió con la cabeza.
―Claro. ¿Salimos ya entonces?
―Por favor.
―Nos vemos, vuelvo luego.
Lindsy se despidió sonriente de su hermana y Rachel, luego se fue con Jesse. Luz, al terminar de comer, lavó su plato y observó molesta cómo Rachel le dejó el suyo para que lo lave también.
―Qué extraño que Jesse no salga con Grace. De seguro pasó algo y no tiene con quién hablarlo.
Rachel se llevó una mano a la barbilla. Aquella cara que tenía ayer de seguro era por eso mismo. Debió de haber discutido con Grace. La única con la que podría conversar sobre esas cosas era Lindsy, pues las otras opciones eran o totales desconocidos o ella misma.
Le daba gracias a Dios que no tendría que escuchar drama romántico de parte del celeste.
―Pues, pregúntale luego. Se ve que eres bien chismosa.
Rachel giró rápido su cabeza y Luz fingió no haber dicho nada, continuó lavando sus platos mientras tarareaba una canción. La rubia se acercó por la espalda, si era familia de Lindsy, las cosquillas también serían su debilidad.
Solo que, apenas intentó atacar sus costados, la menor se alejó rápido y salió corriendo, dándole la vuelta a la mesa de la cocina. Rachel salió corriendo detrás, persiguiéndola por todo su departamento. Era una niña muy escurridiza, o simplemente Rachel estaba en muy mala forma. La menor pasó por debajo de la mesa y usó muebles como escudo, sin dejar de reírse en todo momento.
Leena entró al cuarto, quedándose frente a la puerta, disfrutando del feliz panorama de ambas. El resultado de aquella persecución fue Rachel sentándose en el sofá. Aceptando su derrota ante la pequeña.
―No, ya. Me rindo. ―Luz se acercó lista para burlarse seguramente. Apenas estuvo tan cerca como para que le fuera imposible escapar, Rachel la jaló para torturarla con cosquillas.
―¡No! No. ¡Rachel! ¡Te voy a congelar! ¡Rachel! ¡No! ―Suplicaba entre risas, no le parecía justo que la atrapara luego de rendirse― ¡Tramposa! Jajaja.
―No vuelvas a decirme chismosa.
―Se ve que se están llevando bien. ―Leena se llevó la atención de ambas chicas. Con tranquilidad fue a sentarse en el sofá más grande―. Lawrence salió con Jazka y Luck a ver a un amigo. Hoy tendrás una visita especial, Luz.
Luz quedó intrigada, acurrucándose en el pecho de Rachel con un cálido abrazo. Repasó en su mente quién sería aquella visita, luego sus ojos brillaron.
―¡¿Está Violet aquí!? Qué bueno.
Rachel cerró sus ojos sin interrumpir la conversación o interesarse demasiado por ella. Los asuntos familiares como ese solo eran problemas de la familia Logan. Continuó acariciando el cabello de Luz, no tardó en darse cuenta de que lo tenía mucho mejor cuidado que ella. Siendo una niña tan enérgica, educada y amable, de seguro Chloe hubiera estado encantada de conocerla.
Rachel no era buena tratando con gente mayor o de su misma edad, no sabía qué hablar con la gente mayor que Chloe le presentaba en muy rara ocasión que iban a casa, sus compañeros de universidad o reuniones con su novio y sus amigos. Los de su misma edad le resultaban idiotas que la sacaban de sus casillas.
Pero los niños son un caso aparte. A la mayoría de niños, los que no son pequeños demonios encarnados que dejan destrozos a su paso, les resultaban adorables. Luz entraba en la cima de la categoría de los pocos niños que conoció.
¿Quizás era el favoritismo por ser la hermanita menor de Lindsy? De seguro.
Luz se acomodó en el pecho de Rachel, dándole una imagen que a la mayor en la sala le parecía de lo más adorable posible.
―Tu padre luego traerá a Violet, no vayan a hacer nada estúpido con sus habilidades.
―Ni que fuera Lindsy utilizando sus habilidades en la escuela. ―dijo Luz burlona.
Rachel permaneció abrazándola en silencio. No le causó gracia aquel comentario, de no ser por Lindsy, todos estarían muertos.
―¿Vemos qué canales hay en la televisión francesa? ―Luz levantó su mirada, observando a la extrañada Rachel.
―¿Quién ve televisión aún?
―Muy peculiar.
Luck caminaba a la par con su padre. El desfile a su derecha había robado totalmente su atención. Era algo de lo más curioso. Dirigiéndose a la calle donde quedó Lawrence en encontrarse con el señor Henry. Para un desfile tan enérgico, era extraño que no hubiera nadie caminando por la acera, supuso que se dirigían al lugar donde se llevaría a cabo todo. Los protagonistas de este desfile eran enormes osos de peluche de diferentes colores, acompañados de soldados de juguete, mejor dicho: personas dentro de trajes de soldados de juguete. Luck quedó fascinado por su vestimenta color roja y los rifles de plástico que llevaban, aunque no fuesen tan realistas.
―¿No falta demasiado para Navidad? ¿Por qué estarán haciendo un desfile? ―se preguntó a sí mismo, sin percatarse de que esas palabras salieron de su boca.
―Quizás van a alguna obra o evento para niños. ―Jazka se apresuró en responder.
El guardaespaldas también quedó perplejo, sentía que Alice hubiera disfrutado mucho de ver marchar a esos cuantos osos y soldados, pero la pequeña enojona debía cumplir un trabajo totalmente distinto.
Lawrence miró por un breve momento, contando a gran velocidad la cantidad de soldados y osos. Luego de eso no prestó más atención. Ya era capaz de ver a su compañero de negocios a la distancia, esperando frente a la entrada de un hotel junto a su pequeña hija.
―Sigo pensando: ¿por qué vinimos a pie?
―Luck, esas preguntas tan estúpidas hazlas cuando estemos en casa... o mejor, no las hagas.
El menor asintió con la cabeza repetidas veces. Siguiendo las palabras de su padre como órdenes estrictas a seguir, su rostro se coloró un poco ante la vergüenza. ¿De verdad preguntó algo tan estúpido? No se había dado cuenta aún de un detalle importante que su padre esperaba que ya supiese.
Pero, sin pistas, era muy difícil averiguar qué cosas quería su padre que él entendiera. Era lo más molesto de su relación maestro-aprendiz Según Lawrence, "hay cosas tan obvias que se explican por sí mismas. Solo esfuérzate un poco para no quedar como imbécil."
―¡Bienvenidos! Señor Luck, Señor Lawrence.
Quien los recibió con una radiante sonrisa fue la pequeña chica de ojos cerrados. Los tres estaban familiarizados con la condición particular de la niña de coletas marrones. Para Luck, era triste pensar que para los operadores también era posible sufrir de las mismas condiciones que los humanos más desafortunados.
―Hola, Violet. Es bueno verte de nuevo.
―¿Cómo están Luz y Lindsy?
―Ellas están en el hotel. Después de que hable con tu padre, podrás ir con nosotros.
El rostro de la pequeña se iluminó, jalando la manga del saco marrón de su padre, quien se aclaró la garganta mirando al trío. El único con el que no tenía una relación relativamente cercana era Jazka, pero no tenía problemas con que los escuchara.
―Lawrence, de verdad agradezco que vinieras. Estos días han sido un caos.
―Y que me digas, North. Con lo ocurrido con Arthur, estuve de muy mal humor por unos días. Además de que Jeremy era muy buen amigo mío.
Lawrence frunció ligeramente el ceño, en lo que el contrario asintió con la cabeza. Luck sabía a lo que se referían. Una filtración de información sobre una reunión de algunos operadores no pertenecientes a las grandes familias. Sus identidades fueron reveladas a los Impíos. Fueron asesinados todos los participantes, los Erradicadores y operadores empezaron a buscar cómo la información pudo revelarse.
Luego de una exhaustiva búsqueda, no se pudo encontrar al verdadero culpable. Entonces a los altos mandos del gobierno les llegó cierta información: "Arthur era el único que conocía la ubicación de aquella reunión". Por falta de pruebas, se le utilizó como el conejillo de indias y se le lanzó la culpa. Nada de eso tenía sentido. Arthur era el operador más fiel que Luck conocía, además de ser el mejor entre las filas del ejército. Incluso, si hubiera sido él. No cree que sería descubierto tan fácilmente.
Pero los Erradicadores aceptaron muy rápido que el único con relación al crimen era el culpable.
La menor se mantenía en silencio, no estaba enterada de nada. Tenía la misma edad que Luz, pero era mucho más sobreprotegida.
―Bueno, no hablemos aquí. Vamos a tomar y comer algo, muero de hambre.
―Señor, le mostraré que conozco un fino restaurante no muy lejos de aquí, déjeme pido un taxi.
Henry sacó su celular, moviéndolo de un lado a otro buscando obtener señal, mientras que Lawrence miró de reojo a Jazka, que tocaba el brazo de uno de esos osos marrones de peluche enorme. Luck miraba curioso cómo ese oso se apartó de los demás, quienes se acercaban al final de aquella calle.
Luck se acercó curioso, aunque no quería perderse la conversación de su padre y su asocio, se preguntaba por qué una de esas personas se había acercado. Le resultaba lindo aquel traje.
―Hola, amigo. ¿Necesitas algo? ―Luck levantó su mano como saludo. Le causó gracia cómo el oso lo imitó antes de tomar el brazo de Jazka con su gran pata.
―Para ser tan grande, es suavecito. Pero estamos ocupados, no podemos ir a ver el desfile.
Jazka dio unas palmadas al brazo del oso. Su expresión cambió por completo. Dejó escapar un grito de dolor al sentir cómo su antebrazo fue perforado en segundos. Del brazo de peluche, tres cuchillas retráctiles en forma de garras salieron del interior, rompiendo parte del traje, pero atravesaron sin problema la carne de Jazka.
Luck actuó por instinto, encendiendo su aura, ignorando por completo el agónico grito de su guardaespaldas. Antes de que pudiera hacer algo en su ayuda, la cabeza del oso reventó en pedazos por un ataque eléctrico en forma de rayo. No salió sangre, en su lugar, el suelo se llenó de los restos calcinados del algodón en su interior.
Jazka arrancó el brazo del oso sin problemas antes de que el peluche cayera al suelo, apretó sus dientes, soportando el dolor para sacar aquellas garras tan rápido como pudo. Envolvió su brazo en lianas para cerrar tanto como pudiera aquellas heridas, aunque el dolor fuese insoportable a tal punto que varias lágrimas escaparon de su rostro.
―¿Qué es lo que ocurre?
La pequeña castaña era cubierta por un aura amarilla, junto con su padre, que era cubierto por una verde más clara que la de Jazka. Ambos estaban sorprendidos, la niña no entendía muy bien lo que pasaba, pero el hombre frunció el ceño mirando en todas direcciones, manteniendo más cerca a su hija.
―Mantén tu aura, Violet.
―Papá... ―La niña habló con temor y una voz temblorosa.
―¡Mantenla!
Lawrence fue envuelto por un brillo azul, notando cómo aquellos peluches y soldados se habían detenido al final de la calle. Todos dieron la vuelta con lentitud, observando al grupo de operadores. El mayor de traje militar resopló molesto con su nariz. Buscó en los altos edificios de la espaciosa calle algún rostro observándoles, pero no había nadie. Toda la calle estaba totalmente vacía, ningún auto o persona cruzaba. Habían sido emboscados con antelación.
―Luck, parecen ser títeres.
―El usuario debe estar cerca, papá.
Ninguno demostró mucha preocupación ante la herida de Jazka, que se sentía totalmente estúpido por dejarse lastimar gravemente de forma tan estúpida. No se preocuparían por él, o si lo harían, no sería demostrado hasta salir del peligro.
Luck confiaba en que saldrían de esta situación, solo eran un grupo de juguetes controlados, pero para su sorpresa, la calle entera empezó a ser menos visible a una velocidad alarmante. Una gran cantidad de niebla empezó a cubrir la vista de los presentes y, antes de darse cuenta, ya estaba totalmente solo.