―¡Entonces Alice atraviesa su pecho con uno de sus tentáculos y adiós al director! Una escena realmente grotesca, pero todo salió bien luego de eso. Lo demás es innecesario de narrar. ―Jazka tomó un sorbo de su té sabor cereza antes de ceder la palabra a su contraria, que por alguna razón que no entendía, lo miraba con desprecio puro.
―Fue una muerte innecesaria. Si estuvo despierta todo el tiempo, solo tenía que usar su aura y no saldría con ningún daño. ―Mantenerse serena le era difícil, Lindsy no quería alterarse frente a toda su familia y Rachel, pero esos dos guardaespaldas le sacaban de sus casillas.
―Nah ―Alice rodó sus ojos, levantándose, casi tirando el té de Jazka en el proceso―. Ese bastardo me había insultado ya por mucho tiempo. Su castigo fue apropiado por atreverse a tocar a la poderosa Alice.
―¡Pero pudo no ser consciente!
―De hecho, Lindsy, a partir de ahora los seguidores de Adarza quedarán catalogados como réplicas del original. No se preocupen en utilizar métodos letales.
Ante las palabras de su padre, Lindsy dejó caer su cabeza en el respaldo del sofá. Rachel, junto a ella, empezó a darle palmadas en su hombro como consuelo, sacándole una leve sonrisa a la de camisa verde.
La familia entera se reunió para almorzar. Sobre la mesa central de la sala se encontraban distintos tipos de platillos a los que la mayoría, Rachel ignoró, pues fue directo a comer todo el arroz y pollo que su plato soportara. Ahora su estómago sufría las consecuencias y la de negro junto a ella lo notó.
―Por eso estás medio gordita.
―Cállate.
"Gordita" resonó en su mente tan fuerte que terminó por apretar su estómago, notando que, en efecto, tenía unos kilos de más. Lindsy soltó una risa pequeña, alejando rápido su mirada, no esperaba que le afectase tanto.
―Algo de ejercicio no te vendría mal.
―Ya.
―Lamento interrumpir, señorita Rachel, pero aún no hemos podido presentarnos de forma acorde. ―Jazka se levantó de su asiento, al mismo tiempo que Alice, cual coreografía ya ensayada, inclinaron sus torsos a la par que estiraban el brazo contrario a su compañero como si formasen dos alas con ellos―. ¡El dúo Grieschnack a su servicio! Señorita.
Rachel guardó silencio, ignorando la reacción de los Logan, que variaban entre la sonrisa de la mayor y menor de la familia y la inexpresividad de los dos hombres. Ni hablar de la cara asqueada de Lindsy, que parecía haber visto un acto de lo más desagradable.
―¡Alice Grieschnack a su servicio! Soy una operadora que se basa en la creación y refuerzo de objetos, se me da muy bien crear tentáculos.
―Yo, Jazka, puedo manipular el viento y controlar la naturaleza en cierta medida cuando imbuyo mi aura en ella. ¡Por órdenes de nuestro jefe, Lawrence Logan, juramos protegerla a usted y a la preciosa Lindsy Logan ante cualquier tipo de peligro!
Sin saber qué responder ante tan pintoresca declaración, Rachel arqueó una ceja, limitándose a no decir nada.
―Rachel, ellos son mis guardaespaldas ―dijo Lindsy con pesadez―. Me acompañan desde que entré a la escuela... bueno, Jazka. Alice llegó hace tres años.
―Estar sin la gran Alice los demás años debió ser toda una tortura. ―Alice acomodó su cabello, sonriendo orgullosa. No le importó que Lindsy la ignorara.
―Ustedes dos causaron todo un desastre en la escuela por sus errores, no me parece que sean muy eficientes. De hecho, deberían estar en prisión.
Rachel recordó aquella vista en el corredor. Los pobres Alex y Richard que murieron a manos de Alice. Quizás nunca olvidaría lo horrible que era la carne quemada de Alexander o cómo era capaz de ver la pared a través del cuerpo de Richard. No entendía cómo es que dos personas así de descuidadas no estaban en prisión, sino que cuidaban a la hija de un multimillonario.
Si Rachel fuera Lawrence, ya tendría claro que esos dos estuvieran en lo más profundo de un pozo con púas, pero la mente del líder de familia era un misterio.
―De verdad lamentamos mucho lo ocurrido con sus dos compañeros ―respondió Jazka bajando la cabeza―. Lo que hicimos fue algo descuidado, pero la situación ocurrió de forma tan repentina que no supe qué hacer. Imaginar a mi preciosa Lindsy como una de esas réplicas casi destroza mi corazón.
La sangre de Lindsy ardió. Mientras que Jazka no encontraba la forma para expresar su arrepentimiento, algo muy curioso para Rachel, pues la causante de las muertes solo regresó a sentarse de brazos cruzados con una expresión desinteresada.
«Tú deberías ser quien esté disculpándose», pensó la rubia, no podía evitar sentir un agrio sabor en su lengua mientras se mordía el labio para no decir lo que pensaba. Después de todo, serían ahora sus guardias.
―Jazka y Alice cometieron errores... pero son perros leales, y yo valoro la lealtad, ante todo ―Lawrence se alejó del sofá, soltando la cintura de su esposa, a la que abrazaba, para caminar por la sala luciendo aquel traje militar―. Espero que no les moleste y podamos dejar estas cosas enterradas.
―Jamás perdonaré a esa vulgar mujer y a su imbécil amigo.
Rachel abrió de sorpresa sus ojos. Una voz conocida fue quien respondió antes, podría reconocer su varonil tono molesto a kilómetros de distancia. Se sentó en el sofá, irguiendo su espalda para ver al de cabello rosado cruzar la puerta de la sala. No venía solo, detrás, su novio caminaba con una expresión ilegible, a diferencia de la furia notable del contrario.
―Y ahora presentamos a los dos nuevos integrantes de la guarda personal de Rachel Ficks. Grace Kennedy y Jesse Miller. Un aplauso, señores.
Lawrence estrechó sus ojos con una sonrisa de satisfacción. Cualquiera que lo conociera sabría que esa entrada había sido planificada de antemano; todos en esa sala lo sabían menos Rachel Ficks. «¿Cómo es que ellos están aquí con Alice y Jazka presentes?» Fue lo primero que se preguntó la rubia en su mente.
Leena y Lindsy mantuvieron silencio. El cuarto se llenó de tensión de un momento a otro cuando las miradas de desinterés y odio se cruzaron. Alice quería bromear un poco con el de rosado, pero sabía que no sería nada bueno con Lawrence presente. Suprimió sus instintos de insultar a una basura inferior y abrazó a Jazka por su brazo. El antes mencionado chasqueaba su lengua, soltándose de la muestra de afecto para acercarse a Grace, demostrando su altura superior, antes de inclinarse tanto como pudo.
―No hay nada que podamos hacer para que nos perdones, pero, al menos, quiero que entiendan que nuestras acciones no fueron en su contra solo porque sí. Alice solo seguía mis órdenes, toda la culpa recae en mí.
Grace no dudó en abofetear a Jazka con toda su fuerza, dejándole marcada la palma de su mano. No le interesaba recibir las disculpas de un demente. Llevándose la sorpresa de todos los presentes, que quedaron boquiabiertos, a excepción de Lawrence, que parecía disfrutar el espectáculo.
Rachel mantuvo su boca abierta, totalmente sorprendida. Ni siquiera se dio cuenta de la enorme sonrisa de satisfacción en la cara de Lindsy.
―¡Tú! ¡Pedazo de mierda!
―¡Alice!
La de negro ya estaba por lanzarse contra el rosado, hasta recibir aquel fuerte regaño, que la hizo lucir como una niña a la que su padre le gritó con fuerza. Se mantuvo quieta y Jazka aceptó el golpe sin problemas.
Jesse posó una mano sobre el hombro de Grace, no era necesario hablarle para hacerle entender que ya era suficiente. Grace cerró sus ojos y suspiró profundamente, rogándole al cielo que le diera fuerza para aguantar a estos bastardos. Tomó asiento junto a Rachel, quien rápido les dio espacio a ambos. Jesse se aclaró la garganta antes de iniciar.
―Sentimos... bueno, no, no lo sentimos. Jesse Miller y Grace Kennedy para ayudar.
El de coleta celeste miró a Rachel, regalándole una pequeña sonrisa. Ninguno esperaba verse tan pronto, pero Rachel le regresó aquel gesto.
―¿Qué están haciendo aquí?
―¿No escuchaste? Vinimos aquí para ayudarte ―Jesse jaló a Grace, acercándolo para abrazar su cuello―. Yo mismo le pregunté a Lawrence si necesitaba apoyo, entonces me dijo que sí. Vine corriendo para ayudarte a parar la muerte de los inocentes... y este tontito me siguió para cuidarme.
―Esto es una pésima idea. ―Dijo Grace sin ocultar que la situación no le gustaba ni un poco. Su expresión malhumorada lo decía todo.
―Yo les pedí ayuda ―Lawrence robó la palabra y atención de todos―. Mientras más manos ayuden, será mejor. Estos valientes jóvenes, a pesar de sus diferencias, están aquí para llevar a cabo una buena acción, algo que respeto. Sus familias fueron puestas a salvo y obviamente recibirán una generosa suma por su ayuda. Hasta que Adarza sea cazada, todos estarán trabajando para mí.
―¿Me pagará? ―preguntó Rachel, levantando su mano.
―No, tú causaste el problema. Yo debería cobrarte a ti.
Lindsy revolvió aquel discurso en su cabeza. No estaba del todo convencida de aquellas palabras, y mucho menos de tener a más humanos sin Operación ayudándolos a cazar a la réplica de Rachel, pero si su padre los trajo, debía ser por alguna razón importante de la que se enteraría tarde o temprano. Era un hombre excéntrico que siempre buscaba sacar provecho de cualquier situación, esta no sería la excepción.
Rachel observó a su grupo. La élite diseñada por un poderoso operador constaba de: Un idiota obsesivo, una enana con problemas de ira, Lindsy, un buscapleitos enojado con los dos primeros y su novio.
No era que esperase un grupo de élite con asesinos expertos entrenados para matar, pero ella solo podía pensar: «¿Me están jodiendo?» Dos de su grupo no tenían poderes y los otros dos de seguro sufrían alguna especie de retraso mental o síndrome de segundo grado. Se suponía que cazaría a la asesina psicópata y a sus réplicas indetectables con este grupo.
A cada momento entendía más que la vida la odiaba. Calló y aceptó aquel odio sin oponerse.
―No cometeremos otro tipo de error como el anterior. Tienen nuestra palabra. ―dijo Jazka con una mano en su pecho, Alice lo imitó, aún visiblemente molesta por el golpe a su querido Jazka.
Jazka soportó el dolor. La culpa era por completo suya. Y un hombre debía hacerse responsable de sus problemas, esa era su filosofía.
Grace bufó. Nada de lo que hicieran lo convencería de que eran de fiar. Detendría cualquier actividad sospechosa que ellos planeen realizar. No quería estar rodeado por estas personas que les arrebataron a sus dos hermanos, pero Jesse vendría con o sin él. No le dejaría venir solo.
Había sido una acalorada discusión entre ambos, donde al final decidieron juntos ayudar para darle una paliza a Adarza, pues según Jesse, si alguien debía ser culpado, debía ser ella como la causante de todo este alboroto. Ella era la pieza que tiró a todas las demás.
―¿Cómo se defenderán? ―Leena no quería entrometerse mucho en esto, pero entrometer a más gente sin habilidades le resultaba exceder límites, incluso para su esposo―. Supondré que no los enviarás como si nada al campo de batalla.
―Si lo dices de esa forma, me haces sonar como un general demente. Claro que tienen su método para pelear. Yo mismo lo fabriqué.
La jefa de familia pudo relajar sus hombros y se acomodó en el sofá. Esas palabras fueron un gran alivio, aunque su rostro le revelaba a Rachel que continuaba inquieta.
En ese momento, Rachel se preguntó desde cuándo empezó a fijarse tanto en las expresiones de las personas. Antes de Adarza no prestaba mucha atención al físico, pero desde la traición de la Réplica, empezó a desarrollar la manía de buscar cualquier discordancia entre las acciones, gestos y palabras de las personas. Aunque no era muy efectivo si no conocía bien con quién estuviese hablando.
Luego se dio cuenta de que ella nunca recibió un arma o algo con lo que pudiera defenderse, cosa que no recalcó, pero le molestó por un momento. Llegó a la conclusión de que por algo tenía a los cuatro guardaespaldas y a la hija de papá ayudándole.
Y claro, supuso que Lawrence, Leena y Luck apoyarían a su modo. Luz era una pequeña todavía; obvio, no la involucrarían en esto.
―Bueno. Ahora, con todo aclarado, ¿¡cuándo iremos por esa burda copia maligna!? ―Jesse dejó escapar un extraño entusiasmo repentino. Sus ojos brillaban y sus palabras iban cargadas de emoción.
―Luego de conversar con el congreso de operadores. Por los momentos, todos viajaremos a Francia por un asunto oficial. Duraremos tres días allá, luego de hablar con mis compañeros y solicitar ayuda para encontrar información del espejo, continuaremos aquí para encontrar a Adarza. ―Lawrence respondió y notó el descontento de Rachel, que no ocultó en su rostro.
―¿Por qué no directamente vamos por la copia antes de que cause más estragos? ―Grace tomó la palabra, no le gustaba la idea de dejar a Adarza suelta por más tiempo.
Lawrence dudó por un momento antes de responder con esa sonrisa tan característica suya.
―América, ¿recuerdas?
Esa explicación fue suficiente para que Rachel entendiera que Lawrence estaba bastante regulado por el gobierno. No podía hacer a su antojo lo que quisiese.
―Siendo esa la principal razón por la que los formo a ustedes como equipo, si moviera a mis chicos grandes, sería extraño y supongo que todos estamos de acuerdo en que la existencia de ese espejo no debe llegar a oídos del gobierno... ¿Verdad? ―explicó Lawrence con calma, llevándose una mano al mentón.
Rachel, como era de costumbre, imaginó el peor escenario posible, donde las fuerzas armadas trataban de usar el espejo con fines malignos. No era difícil entender a Lawrence, pero sabe que incluso superhumanos como los operadores eran tan cuidadosos con sus movimientos a pesar de poseer esas habilidades debido al miedo de tener problemas con las fuerzas gubernamentales, que le llevaba a replantearse la idea de que eran invencibles.
«¿Ahora debo preocuparme del gobierno?»
―¿Qué hay de Rose y Clara? O los Patterson —preguntó la rubia.
―Oh, ellos están bien, todos con sus familias en un lugar seguro. ―Lindsy fue quien respondió la pregunta.
Rachel se sintió aliviada, no quería ni preguntar por William, pero de seguro estaba a salvo. Entonces, un destello rojo cruzó la mente de la pequeña adolescente. Miró de reojo a Grace y Jesse. Quienes mantenían su silencio.
«¿Ellos lo sabrán?...» Si Lawrence ya habló con ellos, es posible que sepan que Dexter probablemente haya sido una réplica todo este tiempo. Luego encontraría el momento oportuno para sacar el tema, ahora no necesitaba generar más tensión o problemas... menos si serían problemas con ella.
Rachel dejó caer su cabeza en el hombro de Lindsy, otra vez recibiendo las caricias de la sonriente pelinegra.
―Supongo que ya están todos listos.
Dijo una nueva voz, pero esta vez le era totalmente desconocida. Sin querer abandonar el hombro de Lindsy, la rubia terminó por acomodarse de nuevo y observar al hombre desconocido, parado frente a lo que parecía ser una brecha en el mundo, rodeada de una luz blanca que la hacía lucir como una puerta angelical a un lugar que ella desconocía.
El hombre rondaba los cuarenta, llevaba una gabardina café junto a una camisa blanca y un pantalón largo, lo que más le interesó a Rachel es que las puntas de su cabello estaban todas pintadas de blanco, justo como el mechón blanco de Lawrence o la parte trasera del cabello de Leena.
Jazka y Alice se levantaron de sus asientos con velocidad, querían demostrar respeto al hombre que recién llegó. Lawrence aplaudió, observando detrás del invitado cómo su sala ahora conectaba con alguna habitación lujosa de un hotel 5 estrellas en París.
Tras el hombre, una brecha ovalada que flotaba a escasos centímetros del piso se había formado, al igual que el mayor, emanaba un aura blanca. A través de la grieta se observaba una planta que Rachel no reconocía sobre un florero de cerámica bien decorado, una pared roja tapizada y un suelo de cerámica blanca.
―Llegó el taxi, señoritas. Siempre es un placer verlos por aquí. ―Exclamó el animado hombre con una sonrisa. Leena se levantó y fue a abrazarlo por un momento, seguida de Luz.
―¡Arthur! ¡Arthur! ¿Qué tienes para mí? —preguntó Luz emocionada. Leena pellizcó su mejilla.
―Primero se saluda.
―Ay, deja a la niña. Luz, hoy no tengo nada interesante, tuve unos percances con lo que me está pasando, te prometo que a la siguiente te traeré algo, ¿de acuerdo? Promesa del tío Arthur.
El mayor se hincó en una rodilla, quedando a la altura de su pequeña contraria, que asintió sin problema, confiaba en que él le traería un regalo, siempre lo hacía.
―Para quienes no lo conozcan, damas y caballeros, Arthur el cosmopolita. Uno de los operadores más poderosos de nuestro congreso y mi mejor amigo. ―dijo Lawrence levantándose. Fue junto a Arthur para darle la mano.
El cosmopolita observó a los jóvenes de pelo teñido que lo examinaron con curiosidad. Luego su vista se posó en Rachel por unos segundos, la rubia se sintió estudiada, pero con timidez levantó su mano y lo saludó desde lejos.
―Arthur, ¡hola!... ―Lindsy saludó al mayor desde el sofá, manteniéndose junto a la rubia, luego le susurró al oído― es un gran tipo, bastante gracioso. Es algo así como nuestro tío.
Rachel asintió por la explicación, de un momento a otro, Lawrence recibió un explosivo golpe en su estómago de parte de "su mejor amigo". De no ser porque encendió su aura, de seguro habría terminado muy herido.
―¡Hey! Sin pelear. ―Leena los regañó.
―¡Bastardo! ¿¡Por qué tan fuerte?... Ooh, mierda... pfff. ―Lawrence no sabía si llorar o reír. No era capaz de decidir entre ambas, pero el rostro de sorpresa de Arthur lo dejaba sin opciones. Había sorprendido al gran cosmopolita, eso era una hazaña.
Arthur negó con la cabeza sin saber qué responderle a su más viejo amigo, pero sin tomarle mucha importancia, se volteó a ver a las caras desconocidas.
―Ojalá tengan sus cosas listas, porque ya se van.
―¿Eso es una especie de portal o algo así?
Jesse se acercó con ojos brillantes, trató de tocar el borde de aquella grieta espacio-temporal, pero Arthur le dio un manotazo, alejándole su brazo.
―¡Hey! ―Jesse miró mal a Arthur, sorprendiéndose al darse cuenta de que ese hombre era el más alto de la sala, además de tener un cuerpo muy bien entrenado.
―Sí tienes algún problema con tus extremidades, con gusto te dejaré tocar el borde del portal; si no, entonces mantén lejos tus manos, azul. ―Arthur sacó un encendedor, antes de que Leena le pegara ahora en su mano, obligándolo a guardarlo―. Déjame fumar, mujer.
―Nada de cigarros en la casa, además, hay niños cerca.
Rachel ignoró aquella conversación. Se levantó para tomar una mochila color morado, ahí tenía algunas prendas para cambiarse y algunas otras cosas que buscó en su casa. Lawrence y Lindsy la acompañaron a buscar esas cosas.
Era extraño, la casa en total silencio usualmente no le era una situación ajena, pero este silencio era diferente. Chloe no volvería a hacer la cena, o la llamaría en las mañanas para que fuera a desayunar. El lugar al que llamó hogar le era ahora completamente ajeno, sin su madre o su hermana, solo era una casa muy grande donde se quedaba.
Los Logan se harían cargo de cuidarla y vigilar si Adarza volvía, pero, por otro lado, Rachel no quería quedarse ahí más tiempo. Dejó incluso su amada computadora, lo que para ella durante años fue su mayor felicidad, ahora no le generaba casi ningún sentimiento.
Los demás buscaron sus bolsos, Luz corría por la habitación con una gran sonrisa, ya quería viajar. Entonces Rachel observó el portal. Esa habilidad le resultaba extremadamente útil, y no tardó en darse cuenta de que estaba viajando de Estados Unidos a Francia en solo unos segundos, le daba la vuelta al mundo sin problemas.
―¿Te gusta el portal? ―Arthur caminó, quedando junto a Rachel.
La rubia dio un pequeño salto, no esperaba que el hombre le hablase, pero asintió con su cabeza en respuesta.
―Suena muy útil... ¿Tiene alguna distancia o límites?
―Vas directo al punto, ¿no? ―preguntó burlón―. Si te lo dijera, algún demente trataría de arrancarte esa información de tu frío cadáver.
Rachel levantó una ceja, por alguna razón sintió que lo que decía no era una broma. Estuvo de acuerdo en no saber más, pero no es que pueda opinar mucho sobre la Operación siendo solo una humana normal.
―Tú debes ser Rachel Ficks. Lindsy y Law me contaron un poco sobre ti.
«Qué sorpresa.» Pensó Rachel con una sarcástica sonrisa. Todos los conocidos de Lindsy le comentaban lo mucho que ella hablaba de Rachel.
―Lamento saber lo que le ocurrió a tu hermana. En serio ―el tono de Arthur cambió por completo, la seguridad en su voz se esfumó. Una de sus manos terminó en el hombro de Rachel. Ella se apartó por instinto―...
―Este... Gracias, señor Arthur. ―Rachel observó los ojos azules del pelinegro. El aura aún lo rodeaba, supuso que para mantener el portal, pero había algo extraño en el aire. Algo emanando del mayor que le expresaba a Rachel una profunda tristeza. Ella no lo entendía, pero lo dejó pasar, alejándose de él para ir con Lindsy.
―¿Estás bien, Arthur? ―preguntó Lindsy confundida. Había visto su pequeña interacción mientras los demás cruzaban el portal. Además de ser capaz de sentir la misma tristeza en el mayor.
―Siempre me pongo sentimental cuando se trata de la pérdida de un ser querido, ahora no seas chismosa y váyanse rápido. Cuida a la niña Lindsy.
Arthur les dio un pulgar arriba. Rachel lo observó de reojo antes de cruzar con cuidado aquel portal. La habitación ahora era diferente, un tapizado rojo en la pared con un suelo de cerámica blanca. Ya no había tantos cuadros lujosos, pero sí un montón de muebles, una chimenea y un balcón.
Lindsy fue la última en cruzar. Lawrence se asomó al portal, despidiéndose de su viejo amigo con una sonrisa de oreja a oreja. Este último señaló a Lawrence con un dedo. El carismático Logan entendió lo que le quiso decir y, más rápido que un parpadeo, la brecha desapareció sin más de la enorme sala.
―Pero qué hombre más estirado. ―Bromeó Lawrence. Mirando de reojo a Leena, que besó su mejilla.
―Ya sabes cómo es. Aunque por su situación es normal que esté incómodo.
―¿Por qué Arthur no viene con nosotros? ―Luz preguntó confusa. Esperando una respuesta, exploró con la mirada el nuevo hotel donde se quedarían aquellos días de relajo. No tendría que saber nada de entrenamientos o tareas.
―Unos problemitas con el gremio. Muy graves, pero estará bien. Siempre sale bien parado. ―respondió Lawrence con seguridad.
Rachel se acercó junto a Grace y Jesse al balcón. Cruzando una puerta corrediza de cristal. El viento revoloteó su cabello, pero la vista de la ciudad fue un deleite.
Era la primera vez que estaba en otro país, también, la primera vez fuera de su ciudad natal. Agradecía no tener que viajar 14 horas en un avión.
La estructura diferente de los edificios era una que Rachel había escuchado antes, pero que ahora mismo no recordaba su nombre, si gótica o renacentista.
Su vista pasó de lo convencional de una ciudad cualquiera a la maravillosa torre Eiffel que se alzaba no muy lejos, aun así, el corazón de Rachel se mantuvo tranquilo. Su rostro no demostraba mucha expresividad más que una ligera sonrisa.
―La torre, ¡Grace! ¡La torre! ¡La torre! ¡La torre! ¡La torre! ¡Rachel, mira!
―¿La torre?
―¡Sí! ¡La torre Eiffel!
Jesse demostraba ese entusiasmo que, según Rachel, ella debería de manifestar ahora mismo, pero simplemente no ocurría. Lindsy se paró junto a Rachel, chocando su hombro con el de ella.
―Luego podemos ir a verla, tenemos estos dos días libres antes de hablar con el congreso... así que, si quieres, podemos ir juntas a explorar... si tú quieres.
―¿Has estado aquí antes? ―Rachel ya sabía que respondería.
―Sí, por eso sé que hay lugares donde podremos comer cosas ricas.
―¿Y habrá ratas?
Lindsy la miró confundida, a diferencia de Luck y Lawrence, que rieron al escuchar el comentario de Rachel.
A todos se les dieron habitaciones, dejando a Jazka y Alice en una, Grace y Jesse en otra, Luck en la suya propia, Rachel, Lindsy y Luz en una con dos camas y los Logan mayores en la más grande. Rachel lanzó su mochila por ahí, sentándose en la cama, observando cómo Luz guardaba de forma ordenada su ropa en una pequeña mesa de noche en medio de ambas camas.
―¿Hablas francés, Lindsy?
―No lo suficiente como para entablar conversaciones, pero me defiendo con algunas palabras.
―Lindsy se especializa más en hablar chino.
Rachel miró a Lindsy con una sonrisa incrédula. La mayor le guiñó un ojo a Rachel antes de sentarse en la cama de la rubia y abrazarla por el cuello. Rachel no dijo nada ante aquel gesto, pero cerró sus ojos.
―Es que tengo varios amigos operadores que son de China Creo que podrás verlos en el congreso, de seguro te agradarán.
―Sí, tú lo dices.
Rachel cerró los ojos, Lindsy era la única persona a la que le permitía mantener aquellas demostraciones de afecto, aunque Luz no tardó en saltar entre ambas camas y lanzarse sobre ambas para abrazarlas a las dos con fuerza.
―¡Lindsy! ¡Llévanos a comer! ―ordenó la Logan más pequeña, Rachel era aplastada por ella.
―Sí, sí. Ya vamos, ve a decirle a mamá que saldrás con nosotras. Creo que ellos iban a ir a un museo con Luck y Jazka.
―Qué extraño, ¿para qué quieres ir a un museo en un viaje? Hay más cosas que ver.
Luz quizás era muy buena en el ámbito de la operación y las cosas referentes a su gente, pero no le importaba la historia, política o cultura de otros países. Era demasiado pequeña aún para apreciar ese tipo de cosas, aunque a Rachel le hizo gracia.
La pequeña salió corriendo del cuarto. En el pasillo logró ver a Grace y Jesse. Levantando su mano al verlos acercarse a las escaleras.
―Hey, ¿no quieren venir con nosotras a comer?
―Niña, este... ¿Cómo era? ―Jesse miró a Grace avergonzado.
―Luz. ―respondió Grace.
―Sí, Luz. Luego los alcanzamos. Ya tus padres nos dieron chips para tener datos. Ahí avisan dónde nos vemos. Corre, corre, corre.
Jesse jaló a Grace, que no tuvo tiempo ni de despedirse. El de celeste era devorado vivo por su propia curiosidad. Luz se cruzó de brazos con una sonrisa y retomó su camino al cuarto de sus padres.
―Ahora que Luz no está... ¿Ya me dirás cómo te sientes? ―preguntó Lindsy, regresando a aquel abrazo cálido que habían interrumpido―. Aunque, creo que ya sé lo que piensas.
―Sorpréndeme.
―Solo puedes pensar en Adarza. Crees que esto es una pérdida de tiempo y que se puede hacer algo más útil que irnos de viaje. ―Lindsy cerró sus ojos, dejando caer su cabeza en el hombro de su amiga.
―¿Segura que tu habilidad no es leer la mente? ―Rachel se burló. Su mano acarició la cabeza de Lindsy, mirándola de reojo―. Esos días que pasé llorando, el funeral, los días de preparación y ahora lo que duremos en el viaje. Siento que le estamos dando demasiada... libertad.
Como dijo Lawrence. Adarza era capaz de matar y replicar a la gente sin fallos, con suerte para la psicópata, un barrio completo en una noche podría convertirse en réplicas a su mando. No quería darle tiempo de hacer planes, reunir gente o siquiera descansar, pero sin los Logan no sería capaz de hacer nada.
―No te puedo decir que dejes de pensar en eso, pero créeme. De seguro papá trata de resolver esto lo más rápido posible. Ten algo de fe.
"Algo de fe"
Lindsy acarició con la punta de sus dedos la mejilla de Rachel, disfrutaba más su delicado rostro cuando no estaba lleno de moretones. A esa distancia era capaz de apreciar a la perfección su pequeña nariz puntiaguda. Su rostro algo regordete y sus ojos azules. Además de esos dientes blancos y sus labios pálidos
Los ojos de ambas se encontraron, Rachel frunció su expresión desanimada, quejarse no aceleraría el proceso de búsqueda.
―Creo que tienes razón.
―Siempre, deberías hacerme más caso.
―Ahora se te está subiendo el ego.
―¿Si se te subiera a ti, seguiría siendo un ego muy bajito?
―... Eso fue un golpe bajo.
―¿Tanto como tú?
Lindsy trató de huir cuando Rachel la tomó de sus costillas en un abrazo, manteniéndola cerca para empezar a torturarla con cosquillas. Luego de un rato, ambas salieron junto con Luz. Lindsy las llevaría a comer a uno de los puestos cercanos de comida.
Lawrence las vio irse. En su mente saltaron un montón de situaciones peligrosas, pero confiaba en su hija mayor, también tenía algo de fe en la joven rubia.
―Bueno, aprovechando que todos se fueron...
Leena abrazó a su esposo por la espalda, acariciando su abdomen. Solo que Jazka, de pie junto a la puerta de los jefes de familia, aclaró su garganta, cortando de raíz cualquier intención extraña que tuviera la mujer, que lo observó algo decepcionada.
―Ah, sí... Ustedes dos.
―¡Será mi primera vez yendo a un museo en otro país!... Debería hablar con el encargado para que haga una exhibición sobre mi grandeza. Incluso esta gente fanática del pan tiene derecho a saber lo increíble que soy.
Alice caminó frente a Jazka, seguida de su amigo y de los Logan mayores. Dirigiéndose todos a explorar la magnífica ciudad donde el congreso secreto entre Operadores se llevaría a cabo.