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#14 Gracias Y Si Hubiera

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

El silencio en la cómoda habitación de trabajo de Lawrence Logan reinó el tiempo suficiente como para que Rachel se sintiera incómoda. Desde que entró al cuarto seguida por los hermanos mayores Logan, Lawrence no ha apartado la vista de su celular luego de hacerle una señal con su palma.

Su mirada recorrió el cuarto. No era diferente al resto de la casa, decoraciones para ricos y materiales de seguro muy costosos, además de una colección de libros de filosofía justo a un lado de su escritorio.

―También traté de leer filosofía... ―No buscaba hablar sobre el tema, solo quería que el mayor saliera de su celular― Me aburrí unos meses después.

―Una pena, siempre es bueno estudiar y adaptar a tu método de vida una que otra perspectiva diferente. ―respondió Lawrence. Sus afilados ojos chocaron con los de la rubia, que sintió un pequeño escalofrío en su espalda― ¿Cómo te encuentras?

―Mejor, aunque preferiría saber: ¿tendré que viajar con ustedes? No quisiera ir.

Lindsy abrió sus ojos con sorpresa, ya suponía que Rachel no estaría feliz con la idea, pero no que se lo diría directamente a su padre. Lawrence tomó asiento junto al escritorio; Lindsy, igual. Rachel se mantuvo de pie, cruzando sus brazos sin apartar su vista del alto pelinegro.

―Lamento tu pérdida, pero estás más segura yendo con nosotros que quedándote sola en la casa. Además, Francia es un lugar hermoso.

En ese momento, Rachel entendió que Lawrence Logan era el mentiroso más grande del mundo.

―¿Acaso hay algo peor que Adarza? Si no, preferiría quedarme.

Un leve brillo despertó en los ojos del mayor. Sorprendido de que la niña frente a él lo descubriera, aunque Rachel solo había jugado al decir aquellas palabras.

Rachel no vaciló, manteniéndose firme en su pregunta, no sentía ni una pizca de temor al expresar lo que sentía. No sería totalmente egoísta, pero si era capaz de evitar viajes innecesarios, no iría.

―De hecho, sí. Pero no tenemos problemas con esas personas debido a que somos... perros fieles. ―Lawrence estiró sus brazos mientras mantenía su mirada en la rubia―. Por lo que Lindsy me ha contado, ese espejo suena como la décima maravilla del mundo, siendo mi esposa la octava y mis hijos la novena.

Rachel se interesó por aquella frase, no podía imaginar algo peor que Adarza. ¿Eso acaso era posible? Debía de ser un mal sin escrúpulos con una larga lista de muertos a su espalda.

―¿Qué es peor que Adarza? ―Rachel buscó saciar su curiosidad.

―América. ―respondió Lawrence, alzando sus brazos como si fuera algo obvio.

La respuesta fue decepcionante.

―Gracias, papá. ―Lindsy respondió avergonzada, desviando su mirada con una pequeña risa nerviosa.

―Pero, lo que me preocupa es que esa copia tuya desapareció sin dejar rastros, así que pongamos este escenario: En vez de manipular gente, crea réplicas exactas, justo como ella, a cada minuto hay otro psicópata desquiciado que sigue órdenes sin escrúpulo alguno. ―Lawrence chasqueó su lengua con descontento por imaginar aquella situación―. Ahora está escondida; quizás tiene sus propios métodos para deshacerse del cuerpo y no hay forma de reconocer a sus réplicas, así que puede felizmente vivir en el sótano de alguien, asesinar a los vecinos y ahora tenemos un barrio de dementes.

El rostro de Rachel se ensombreció. Por las palabras de Lawrence, entendió la amenaza a gran escala que Adarza representaba. Estos dos días no se había tomado el tiempo para pensar en qué haría Adarza además de arruinarle la vida.

El mayor se levantó luciendo su atuendo gótico, al igual que su hija. El cuello de esa chaqueta negra era cerrado, con un cierto tono militar, elegante e imponente. Incluía una capa verde oscura por dentro, en su pecho, una banda transversal verde cubría desde su hombro hasta su cadera. Como botones, unas piedras verdes brillantes. Junto a pantalones negros ajustados y botas altas de cuero. Hasta ahora, fue la vestimenta que más le gustó a Rachel. Caminó por la habitación en total tranquilidad, quedando frente a la rubia. La diferencia de altura era muy notable.

―¿Qué es lo que ella quiere?

―No lo sé. ―Rachel revisó en su cabeza cada conversación con su réplica, no halló nada.

―¿Qué limitaciones tiene?

―Además de la sangre, tampoco... tampoco lo sé.

―¿Por qué un objeto como ese espejo estaría en tu casa?

―... No lo sé.

Rachel, a medida que entendía que sabía tanto como un recién nacido, fue perdiendo aquella seguridad en su mirada. Observó el suelo en silencio, cual niño esperando un regaño, pero unas gentiles caricias le hicieron mirar al padre de Lindsy.

―No estoy juzgándote o esperando que lo sepas todo. Estas preguntas son vitales para poder encontrar a esa otra Rachel. ―Preocupado porque parecía ser demasiado duro con la niña, continuó revolviendo su cabello de forma juguetona hasta que Rachel se alejó― No eres culpable de nada, solo tuviste mala suerte.

La más pequeña no lo pensó así. Rose dejó tatuadas aquellas palabras en su mente, la mano de Adarza era su mano. Era tan culpable como su contraparte. Pero saber que alguien además de Lindsy le apoyaba, era reconfortante. Ella asintió con la cabeza, el mayor dejó las caricias sin apartar su mirada de la rubia despeinada.

―Ahora, ¿qué crees que ella esté haciendo ahora mismo?

―Planeando en cómo matar a su siguiente víctima.

―Bien, su sed de sangre es insaciable. Eso es un punto. ―Lawrence volvió a tomar asiento en su escritorio, golpeando la fina madera con sus dedos de manera gentil. ―¿Qué es lo que en verdad sabes y sea importante?

―Ve la vida de las personas al sacarles sangre... Y... ah, tiene objetivos, ella dijo que tenía otros objetivos además de matarme o algo así ―trataba de recordar sus palabras exactas antes de correr en el bosque, pero no prestó tanta atención por estar altamente aterrorizada.

―Bueno, eso es preocupante. ―El mayor soltó una pequeña risa―. ¿Eso es todo?

―... Sí.

Lawrence dio un aplauso antes de observar a Luck y Lindsy, quienes mantenían su silencio para escuchar todo atentamente.

―Luck, rápido, ¿qué opinas?

―Por lo poco que sabemos, será difícil encontrarla solo por nuestros medios, debemos pedir algo de ayuda. Como desconocemos sus objetivos, no sabemos si aún está en la ciudad o en el país. Su habilidad representa una amenaza grave, en especial su lectura del pasado.

―Ajá, ajá ―Lindsy apretó sus puños con emoción, atenta a las palabras de Luck.

―Si tuviera que armar un perfil psicológico con lo que Lindsy me contó, es que Adarza disfruta de hacer un alboroto. Tuvo oportunidades de matar a Rachel y ya, pero prefirió hacer todo un juego implicando al salón entero. Adarza quiere hacerlo divertido, tener atención. En algún momento sabremos de ella, el problema será cuándo y qué tan grande será el desastre que querrá causar. Yo diría que es del tipo "maestro de ceremonias" o "showman".

Los aplausos de Lindsy no se hicieron esperar. Luck realizó una reverencia, llevándose la mano al pecho.

Rachel se cruzó de brazos observándolos. Para hablar así de Adarza, ellos también parecían tomarlo como un juego.

―Bravo, Luck. Pero no podemos dejar que el problema crezca hasta que sea visible. Además, falta un detalle. ―Lawrence levantó un dedo, cerrando sus ojos con una sonrisa. Los tres jóvenes le pusieron su atención― Adarza quiere jugar con Rachel, elaborando algo tan problemático en vez de solo matarla, significa que le debe importar mucho...

―No usaría importar como la palabra clave de esa frase ―Rachel arrugó su frente con una horrible sensación en su lengua.

―Pero le importas, en vez de abrirte la garganta en casa mientras dormías, te dio una oportunidad pequeña de sobrevivir, no armó a sus réplicas con nada muy potente y hasta te dio un mensaje por sobrevivir. Solo que algo no me cuadra. ―Luego de esa explicación, Lawrence se dejó caer en su silla, observando con gracia el rostro perturbado de Rachel― Ella tenía una réplica entre ustedes.

Lindsy arqueó una ceja, Luck tornó sus labios en forma de círculo. No había pensado aquello al no resultarle importante qué tan preciada es Rachel para Adarza.

―¿Y quién era?

―Un chico pelirrojo. Desapareció el mismo día, luego de salir de la escuela. Una chica de pelo café dijo que se fue por su lado, pero cuando mis hombres fueron a buscarlo en su casa, su familia no sabía su paradero ni dónde está ahora. Según la historia, él fue parte de su grupo en la escuela.

Rachel mordió su labio inferior. Fue un choque duro contra una verdad cruel. Llevó sus manos a su cabeza mientras que cada palabra dicha por Dexter recorrió su mente.

―No puede ser, no creo que Dexter sea una réplica. Él... No.

Lawrence, con un pequeño bufido, negó con la cabeza ante la negación de Rachel. Lindsy quedó atónita, no podía creer que todo ese tiempo fueron vigilados por un seguidor de Adarza.

―Hay otra posibilidad, pero prefiero tomar la más pesimista, nuestro chico fue secuestrado luego de separarse y ahora es una réplica.

Rachel entendía el punto de Lawrence, Adarza querría saber qué fue lo que hizo, cómo lo hizo y cada ventaja que obtuvo. Ella ahora sabía que Rachel estaba con los Logan, que Lindsy es un operador.

¿Acaso la buscaría?, fue su primera duda. No creía que su réplica fuera capaz de lanzarse contra esta familia luego de que sepa qué tan peligrosos son, pero siempre habrá una forma de ser todo un fastidio.

Los ojos azules recorrieron toda la habitación, mordisqueando suavemente su pulgar. Lawrence colocó todo su mundo patas arriba con aquella verdad.

―Dexter era una réplica. ―dijo Rachel en voz baja― No podemos dejarla causar más dolor. Lo que vayamos a hacer, por favor, que sea rápido.

―Tú no te preocupes, partimos pronto, pero antes, déjame decirte que todo está listo.

La rubia parpadeó varias veces, hasta entender a lo que se refería aquel hombre. Sintió los nervios apoderarse de su cuerpo, hasta el punto de temblar un poco.

No estaba lista, pero desde el primer día, le pidió el favor a Lindsy de darle un entierro digno a su hermana. No pudo estar ahí cuando bajaron el ataúd, no lo soportaría, pero ahora iría a ver a su hermana.

―Llévame, por favor.

 

 

Rachel no cambió su ropa. La última vez que asistió a un entierro, también única vez, fue al de su madre. Chloe le había permitido ir con lo que le fuera más cómodo, en vez de cambiarse por algo de color negro.

El lugar estaba lleno de lápidas, algunas más grandes que otras. Unas llenas de objetos valiosos para quien ahora estuviera dentro de ella, otras tenían flores, juguetes, fotos, pero la tumba frente a ella estaba vacía.

―¿Aquí vas a descansar desde ahora? ―Rachel leyó la inscripción en piedra antes de acariciar el nombre de su hermana en la lápida―. Es tranquilo, siempre te gustó lo tranquilo.

Pidió la inscripción bajo los años que vivió. No pudo pensar en algo mejor, la única forma de describir a su hermana en pocas palabras era "Una hermana maravillosa".

Un cosquilleo recorrió sus dedos. Aún era incapaz de creer que su hermana en verdad ya no estuviera con ella.

―Marcus también fue enterrado aquí, teóricamente están juntos... ―Formó una sonrisa forzada antes de sentarse sobre una manta en el césped que colocó al llegar. No quería ensuciar esa ropa― tengo varias cosas que decirte, Chloe.

»Conocí a una familia muy buena. Son amables y me recuerdan un poco a nosotros, me quedaré con ellos un tiempo. Siendo sincera, me hace sentir como una carga... No es que no lo sea, pero no creo merecer tanta amabilidad. Le agrado mucho a su hija ¡Y te sorprenderá saber que ahora tengo una amiga! Una de verdad.

Me protegió y me ayudó mucho, de no ser por ella, no sé qué habría hecho en la escuela. Estoy muy agradecida, y notarás que me regaló un atuendo bonito. ¿Recuerdas que yo siempre quise ropa del doctor? No sé por qué nunca me animé a comprarla. ―

Rachel levantó los hombros, manteniendo aquella sonrisa. Quería lucir alegre para su hermana, pero antes de darse cuenta, ya sus mejillas eran un mar de lágrimas incontenible.

Cubrió su boca, agachando su cabeza para cerrar con fuerza sus ojos. Su pecho ardía mucho más que todos los golpes que recibió de Adarza o la escuela. Un dolor innombrable que no puedes comparar con moretones.

Ella ya había enfrentado este dolor el año pasado, pensó que no sería tan fuerte como para soportarlo de nuevo, pero aquí estaba.

―Lo siento, lo siento tanto. De no ser por mí, tú y Marcus estarían vivos, mis compañeros y profesores estarían vivos. Hay tantas cosas en las que debí escucharte, debí salir más, debí esforzarme más en todo. Si te hubiera hecho caso, si no me hubiera sentido sola, quizás habría roto ese maldito espejo con ellos, o si te lo hubiera mostrado a ti, ¿qué hubieras hecho? ¿Lo llevabas con la policía? ¿Lo rompías ¿Lo lanzaba al mar? ¡Si tan solo yo hubiera sido más lista! ¡Menos crédula! Tú estarías aquí...

Rachel buscó en los bolsillos de su pantalón, sacó un pañuelo que trajo exclusivamente para limpiar los mocos que llorar dejaría salir.

―Pero el "hubiera" ya no tiene caso, ya me equivoqué, todo salió mal. Ahora debo arreglar mi error, es lo que me hubieras dicho, ¿no?... Sinceramente, no, creo que tratarías de arreglarlo por mí, no me pondrías en peligro. Harías que me sienta responsable y que trate de hacer algo que ayude a compensar el mal que hice, pero esto no puede solucionarse solo con buenas acciones. ―Limpió sus lágrimas. Antes de continuar, solo dejó fluir el llanto por un rato. Ya no le importaba si Lindsy y Lawrence la observaban desde la distancia. Era imposible contener ese enorme dolor, aunque no quería que su hermana "la viera llorar"― ¿Existe Dios, Chloe?... ¿Ahora estás en un lugar mejor? ¿Disfrutas junto a mamá en el cielo?... Tanto que me regañaste por no ser creyente. Espero, en serio, que ahora mismo estés de verdad en un bello y tranquilo lugar... junto a mamá, disfrutando estar juntas otra vez... Perdóname por no acompañarte nunca a la iglesia, por no pasar el tiempo suficiente contigo, perdóname, perdóname por todo.

»Pero, también necesito que me perdones por lo que voy a hacer, Chloe. Para saldar lo que hice, tendré que hacer algo muy malo, realmente malo. Y no sé si estoy lista, pero estarías decepcionada de mí. Quizás deba matar... "Gente" no lo sé, quizás solo mate a esa cosa, pero sé que no hubieras estado de acuerdo en esto y si matar es un pecado y de verdad estas en un lugar mejor, yo no creo que pueda ir contigo... Perdóname también por eso. Pero quizás, ese sea mi castigo por todo lo que ha pasado, no puede haber algo peor que no volverte a ver nunca más.

Rachel levantó su rostro entre lágrimas. Ya tartamudeaba y detenía sus palabras cada cierto tiempo para limpiarse la nariz. No tenía idea de si su hermana estaba escuchándola en el más allá o si solo le estaba hablando y llorando a un pedazo de piedra con un nombre escrito.

El cuerpo de su hermana ahora estaría aquí, no la encontraría riendo en su casa, ni en el jardín, o en la farmacia donde trabajaba. Este era el único lugar ahora donde podía buscar a su hermana para conversar.

―Bueno... Otro día vendré sola y te hablaré durante horas de todo lo que me haya pasado, ¿sí?... No quiero dejar a Lindsy y Lawrence esperando. ―Un toque en su hombro la llevó a mirar atrás. Lindsy Logan la observaba con una cálida sonrisa, limpiándose unas cuantas lágrimas― ¿Lindsy?

―Señorita Chloe... Es un placer, de verdad. ―Lindsy tomó asiento junto a Rachel, ignorando la sorpresa de la rubia avergonzada― Usted fue una persona increíble. La respeto mucho, puede estar tranquila, le prometo que voy a proteger a Rachel. No dejaré que nada malo le pase, confíe en mí.

Rachel desvió su mirada. Limpiando las lágrimas de sus mejillas. Se preguntó cuánto escuchó su amiga, pero al sentir la mano de Lindsy tomar la suya, regresó a mirarla.

―No tienes que pasar por estas cosas sola, Rachel... recuerda que ahora puedes llorar en mi hombro.

Rachel no respondió. Pudo sonreír por un momento antes de recostar su cabeza en el hombro de la de negro, sollozando en silencio. Lindsy empezó a acariciar su cabello, mirándola de reojo con un nudo en su garganta.

―¿Crees que ella puede escucharnos, Lindsy? ―Rachel alejó un poco su rostro luego de unos momentos observando los ojos brillantes de Lindsy―. ¿Crees que ella de verdad descansa en otro lugar?

―Sí, lo creo. ―respondió sin dudar. Observó a Rachel mantenerse en silencio antes de recostar de nuevo su cabeza en su hombro.

―Gracias, Lindsy.

―Tu hermana estaría orgullosa de ver lo fuerte que eres.

―Gracias de nuevo.

―Deja de agradecerme.

―Lo siento... Ya podemos irnos.

―¿No quieres quedarte un poco más?

―¿No están aburridos?

―No, quédate todo el tiempo que quieras, aquí te esperaremos.

Horas pasaron, Rachel pudo contarle a detalle a Chloe todo lo que había ocurrido en esa semana. Ambas chicas le contaron con emoción a Chloe aquella horrible aventura. Al sentirse lista, Rachel se levantó, tomando la mano de Lindsy para alejarse de la tumba de su hermana, despidiéndose con su mano libre.

―Prometo que volveré pronto, Chloe. Vendremos a visitarte, a contarte más historias.

―Le traeremos algo de Francia. ―Lindsy tomaba de la mano a Rachel, caminando delante de ella.

Lawrence se hallaba recostado en un árbol. No quiso interrumpir a las dos jóvenes, así que estuvo en su celular la mayoría del tiempo, miró a Rachel para luego revolver el cabello de ambas.

―¿Cómo te sientes, Rachel?

―Triste. ―dijo alejándole su mano― Pero, hablar con ella me hizo sentir mejor... ¿Tú crees en el cielo?

―No quiero matarte los ánimos, Rachel, volvamos a casa a comer algo y descansar. Mañana te juro que será un día largo.

―¿Jazka y Alice vendrán mañana? ―Lindsy arqueó una ceja, esperando oír un no.

―Sí.

―Qué desgracia.

Todos subieron a la limusina. Archivald, mejor dicho, Fred, los llevó de vuelta a la mansión de los Logan. Lawrence se despidió de ambas para luego irse.

Rachel caminó junto a Lindsy por los pasillos, frente a su cuarto, se detuvo para mirar a su compañera con una sonrisa.

―Nos vemos mañana, Lindsy.

―Descansa, Ray.

Lindsy le dio la espalda para dirigirse a su habitación hasta que las manos de la rubia envolvieron su cintura en un cálido y fuerte abrazo. Su rostro se enrojeció por completo, el rostro de Rachel se clavó en su espalda. Lindsy no supo cómo reaccionar, subió sus brazos manteniéndose en silencio.

―No sé qué decirte si no es gracias.

―Esto es muy repentino.

Rachel se alejó de aquel cálido abrazo, caminando de espaldas hacia la puerta. Lindsy no era capaz de voltearse. Su vergüenza se la comería viva si veía su rostro.

―Buenas noches, Lindsy. ―Rachel entró a su cuarto, soltando un pesado suspiro. Mentiría si dijera que la tristeza había desaparecido, pero estaba muy agradecida de tener a esta familia ayudándola.

―Buenas, buenas... Buenas. ―Lindsy cesó su intento al escuchar la puerta cerrarse a sus espaldas. Sonrió con miles de mariposas revoloteando en su estómago, saltando de vuelta a su cuarto.

Rachel se tiró en su cama, logrando conciliar el sueño minutos después, era la primera noche desde que murió su hermana, que no lloró hasta dormirse.

 

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