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#13 La Familia Logan

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

La yema de su dedo índice recorría con cuidado las bolsas negras que se formaron debajo de sus ojos. Durante dos días sus horas de sueño se vieron reducidas considerablemente, si es que eso era posible. Solo fue capaz de quedarse dormida cuando el sueño la vencía después de llorar a mares de forma inconsolable sobre su nueva cama.

Mantuvo un silencio sepulcral, observando con desprecio sus propias facciones. Su cabello amarillo, su piel pálida llena de moretones e hinchazón, sus ojos azules. El solo hecho de imaginarse con una sonrisa en su rostro le provocaba náuseas, junto con razones suficientes para romper el cristal delante de ella a punta de golpes. No le importaba que fuera un objeto ajeno.

Llevaba puesta una camisa negra que Lindsy le prestó, junto a unos shorts que le quedaban algo grandes. Ayer le había dado sus medidas, según Lindsy, para un regalo. Le resultaba extraño dárselas, pero supuso que le traería ropa nueva.

—Voy a encontrarte. —susurró. Mantuvo firme su vista en su reflejo, esperando que alguna de sus acciones no correspondiera a las que el cristal le mostraba. Nada ocurrió.

Caminó inexpresiva de vuelta a su cuarto, solo tuvo que abrir una puerta para estar en él. No se acostumbraba a tener su propio baño conectado directo a la habitación, además de que la misma alcoba era casi desconocida. Espaciosa, con una gran cama suave, dos ventanas y decoraciones de mármol, espejos o pinturas lindas, todo este lujo le era extraño.

No estaba su computadora, ni su colección de mangas y novelas que agrandó por tanto tiempo. Nada le era familiar.

A excepción de la mujer de ojos verdes y sonrisa gentil sentada al borde de la gran cama.

—Buenos días, Rachel. Qué bueno verte ya despierta. ¿Dormiste bien? —Logan mantuvo sus esperanzas de tener una mejor respuesta que los días anteriores, pero el rostro inexpresivo de su compañera no le contaba nada, era una piedra. Rachel no respondió, solo asintió con su cabeza, sentándose junto a ella— Me alegra mucho que durmieras bien.

Lindsy soltó una risa nerviosa. No tenía idea de cómo conversar con Rachel en una situación así. Entendía su dolor, comprendía a la perfección que era natural su estado tan deplorable. Solo el tiempo la ayudaría a sanar aquellas heridas en su corazón, pero no era capaz de simplemente sentarse a dejarla sufrir en total soledad.

Señaló la bandeja con comida detrás de ellas, sobre la cama se encontraban unos deliciosos panes tostados con queso y mantequilla. Rachel tomó uno para comer, mientras que Lindsy, de un costado de la cama, levantó dos latas de gaseosa del suelo, dándole una a la rubia.

—Provecho.

—Gracias.

Rachel comió en silencio luego del breve intercambio de palabras, de no ser porque le ofreció su segundo pan a Lindsy y esta aceptó, no hubieran interactuado más en el desayuno. Al terminar, Rachel se levantó de la cama, estirando sus brazos por encima de su cabeza, inclinando su torso hacia atrás para acomodar su espalda.

—Los demás se preguntan cómo estás... Mamá está ansiosa por conocerte. —Lindsy desvió su mirada con una sonrisa imperceptible, escuchó a la perfección el ruido provocado por la espalda de Rachel.

—Hoy saldré. Si continúo encerrada, me voy a volver loca...

—¿De verdad? —su sorpresa fue clara. Con ojos brillantes se levantó de la cama llevando las latas y la bandeja donde trajo la comida— ¡Iré a decirles! Aunque papá estará ocupado hasta la tarde por su trabajo, Luck tiene días libres y mamá está en el sótano.

—Gracias.

Lindsy se detuvo antes de llegar a la puerta, dándose media vuelta para encontrarse con los ojos de Rachel puestos en ella.

—No recuerdo si te di las gracias por tu ayuda en la escuela o por todo esto. Te la vuelvo a dar. Gracias. No sé qué haría sin ti, Lindsy.

Rachel bajó su mirada, apretando sus puños con fuerza. En su interior, sentía que la deuda que ahora tenía con los Logan nunca sería capaz de saldarse. Ella le debía su vida a Lindsy. La seguridad que ella y su familia le dieron en estos pocos días, junto con estas comodidades, le demostraba que la mujer de pie frente a la puerta era una persona maravillosa con un corazón de oro, a diferencia de ella misma.

—Somos amigas, Rachel, pff. No tienes que ponerte tan seria.

—Antes no lo éramos, solo fuimos compañeras de clase. No te dirigía la palabra de no ser necesario, aun así, me protegiste en todo momento. Claro que debo darte las gracias.

Lindsy quedó de nuevo en silencio. Su mente trabajaba a la velocidad de una bala, tratando de encontrar las palabras indicadas para Rachel. No encontró nada. De nuevo estaba totalmente en blanco.

Sus mejillas se coloraron, de no ser por esa bandeja, ahora mismo estuviera jugando con sus propios dedos por los nervios.

—Voy... voy a dejar esto, ¿bien? Te daré un regalo al volver. Quiero que te sientas cómoda al conocer a mi familia. —Vio a Rachel asentir. Entonces salió del cuarto, cerrando la puerta con su pie. Se detuvo justo en frente, mirando al suelo en silencio con su mente revuelta. Luego de unos segundos, continuó su camino a la cocina.

Rachel regresó al baño para lavar su rostro, observando de nuevo su reflejo.

No supo por qué lo hizo, pero apenas vio el peine en un costado del lavamanos, lo tomó para acomodar su cabello.

"Eres una joven hermosa, serías mucho más bella si te arreglaras".

Muchas veces fue regañada por su madre o su hermana. No cuidaba de su propia apariencia, nunca le interesó vestirse bien, arreglarse, incluso era capaz de no cepillarse los dientes por pereza.

—¿No es gracioso?... Ahora que no estás para regañarme, quiero hacerlo por mi cuenta. —dijo con un tono burlesco, observando el lavamanos mientras pasaba el peine por su largo cabello—. Debí tomarte en cuenta cuando podías decírmelo... No volveré a pasar estos pequeños detalles por alto.

Rachel observó su reflejo, se aseguró de cepillar bien sus dientes y peinarse bien, antes de salir del cuarto. Lindsy la esperaba con las manos en frente, sosteniendo una muda de ropa y unas botas marrones que para Rachel fue imposible no reconocer al instante.

—No puede ser. ¿Cómo lo sabes? —incrédula, dio un paso al frente tomando las prendas de las manos de Lindsy.

—Dices que no hablábamos antes, pero llegamos a tener alguna que otra conversación... No sé si aún es tu programa favorito, pero...

—Lo es. En verdad, gracias.

Lindsy pudo observar por momentos cómo Rachel sonreía antes de darse la vuelta con velocidad, llevándose la ropa al baño para encerrarse. Para matar el tiempo, caminó por la habitación. Hasta que la rubia emergió del baño. A cada paso que daba, lucía con orgullo sus pantalones azules largos con cintura alta, casi parecían quedar sueltos por su estilo de pierna ancha hasta la mitad de su pantorrilla y una camisa color vino, que llevaba rayas de colores en su pecho, formando un arcoíris.

La expresión de Lindsy casi provocó una risa en la rubia, que dio una vuelta, levantando un poco la gabardina gris clara. Rachel adoraba este conjunto, además de esos detalles azules en los hombros y el interior de la gran gabardina, que era totalmente azul.

Lindsy buscaba ocultar su avergonzado rostro colorado, pero era imposible. Rachel levantó la punta de sus zapatos, observando con emoción las botas marrones de cuero.

—El atuendo de 13 me queda asombroso. Me sorprende que recuerdes mi serie favorita... ¿Lindsy? —la contraria continuaba embobada, sin perder la vista de Rachel ni un solo segundo. No fue hasta que se dio cuenta de que la llamó, que salió de aquel trance.

—Oh, sí. Sí. Con tan pocas cosas que me has contado de ti, es normal recordarlas, no es mucho trabajo... ¿Te gusta?

—Es de los mejores regalos que me han dado. Me siento mal de no poder recompensarlo.

—¿Desde cuándo se tiene que recompensar un regalo? —preguntó burlona.

Rachel lo pensó por un momento. No podía debatirle su pregunta. Caminó a la puerta del cuarto. Ya con dos días, siendo solo un parásito en la casa de los Logan, era momento de conocer mejor a la dulce familia que la ayudaba.

Dio el primer paso, tomando confianza al notar cómo la pelinegra se le adelantó, observándola de reojo con una felicidad inocultable.

—Ponme al tanto, Lindsy.

—¿Ahora soy tu secretaria?... Los estudiantes involucrados en los juegos de Adarza fueron puestos a salvo junto a sus familias. Se utilizó la excusa de que todo lo ocurrido fue un atentado terrorista, esa es la versión de los medios. Los contactos de mi padre lograron reubicar a nuestros compañeros en zonas seguras, lejos de los medios y de Adarza...

No le cabía duda a Rachel. Lawrence Logan era un influyente hombre con una gran riqueza y poder. El solo hecho de poder hacer todo eso sin dificultad alguna le resultaba asombroso, además de que los largos pasillos de la vivienda, decorados con finos cuadros, lámparas y tapizados, le demostraban a Rachel que no era más que una chica de clase media.

Al pasar por la espaciosa sala llena de muebles, decoraciones, un televisor enorme en la pared y una chimenea, pensó en burlarse del estatus de su compañera como la princesa de papá, pero escuchó atentamente el informe de la chica frente a ella.

—En caso de que alguien más esté siendo controlado, sus nuevas casas tienen cámaras de seguridad en ciertas zonas y micrófonos, todo oculto.

—¿Qué hay de las personas ya capturadas? —Rachel recordó en ese momento a Albert, pero que Lindsy negara con la cabeza disgustada, mató sus esperanzas de recibir información.

—No hablarán nunca, no importa qué se les haga. Además de que en todo momento debemos estar cuidándolos. Tratan de suicidarse en cualquier oportunidad. Es imposible sacarles información.

—¿Por qué dices como si fueran varias?... Oh, sí, el profesor de biología y el director.

—Alice mató al director, además, estaban los dos que Grace y Jesse noquearon... Y yo derroté a la enfermera que también apoyaba Adarza. —dijo Lindsy, inflando su pecho con orgullo. Disfrutó del rostro sorprendido de Rachel, quien le dio un pulgar arriba asintiendo con la cabeza— Jazka y Alice están en su casa, vendrán cuando vayamos a salir.

—¿A dónde?

—Normalmente, viajamos durante unos días a ciertos países cuando se lleva a cabo una asamblea entre los miembros del congreso de operadores.

—Oh, ya, por supuesto... No entendí nada.

—Papá te explicará todo cuando estemos con él, a mí me resultan aburridos los temas políticos. Tú solo ten en mente que viajaremos.

La rubia frunció su ceño ligeramente. Adarza estaba en alguna parte de la ciudad, salir no era de su agrado. Quería atraparla lo más rápido posible, pero si esa conversación la tendría con el jefe de familia, no había necesidad alguna de contarle a Lindsy lo que pensaba al respecto.

Detuvieron el paso frente a una puerta de seguridad, Lindsy ingresó un código en un panel y escaneó su retina en un visor antes de observar a Rachel con la misma sonrisa radiante que su padre tenía en la limusina.

—La más alta tecnología en defensa.

Rachel aplaudió sin muchas ganas, dándole la satisfacción a Lindsy de agrandar su ego. Bajaron unas escaleras raramente largas para llegar a un sótano peculiar para la invitada. Las paredes y el techo eran totalmente blancos, con muchas luces que aseguraban una excelente iluminación. La habitación en la que se encontraban estaba llena de almacenes y despensas con contenido desconocido para ella, además de tener una puerta en la pared izquierda y derecha.

—Como verás, nuestro refugio antibombas es... Especial.

—Los Logan adoran presumir sus lujos, ¿no? —La sonrisa amarga de Rachel fue respondida con otra sonrisa.

—Hay comida enlatada, ropa, secadora y lavadora, gasolina para las plantas de energía que tienen su ventilación hasta la superficie, a la derecha están los cuartos, muy pequeños, de hecho, pero a la izquierda.

Lindsy abrió la puerta, permitiéndole a Rachel escuchar el viento, ser cortado por algún tipo de proyectil, a la par que los aplausos inundaban una espaciosa sala llena de maniquíes, máquinas para hacer ejercicio y una zona apartada de lo demás llena de estantes con libros con sillones al frente.

La causa de los aplausos era una mujer tan alta como Lindsy. Llevaba puesto un vestido negro de una pieza y tacones que resaltaban sus perfectas curvas. En su mente, la rubia la describió como una versión mayor de Lindsy.

—¡Eso! ¡Eso! ¡Continúa!

La mayor daba pequeños saltos de emoción. Rachel observó con interés que las puntas de la parte trasera del cabello de la mujer eran de color blanco, suponiendo que era algo de los padres de Lindsy.

Frente a ella, una niña pequeña, cubierta por un aura celeste, disparaba a gran velocidad lo que parecían ser estacas transparentes que materializaba frente a sus manos antes de expulsarlas a gran velocidad contra aquellos maniquíes móviles, los cuales emanaban también ese brillo característico de la operación.

Las estacas golpeaban siempre en el pecho de los maniquíes que se movían hacia los lados a una velocidad considerable. Rachel mantuvo su silencio, admirando la puntería de la pequeña de cabello negro con ropa elegante.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Eres fantástica! A tu padre le va a encantar esto cuando se lo diga. Te ganaste un helado.

—¡Helado! —la pequeña chica. Se dio cuenta de la presencia de su querida hermana, así que, con una gran sonrisa, salió corriendo para saltar y abrazarla con fuerza— ¡Lindsy! ¿Me viste? ¿Me viste?

—Claro que sí, tu talento es envidiable, mi pequeña prodigio. —Lindsy correspondió el abrazo, revolviendo el largo cabello ondulado de la menor. Acarició los mechones de su frente, inclinándose un poco para darle un pequeño beso en su cabeza.

La rubia quedó encantada con la ropa tan curiosa que llevaba la pequeña Logan. Un abrigo verde oscuro sin mangas con picos a los lados y botones metálicos, junto con una camisa negra de mangas largas. Rachel no era una experta, pero con el cuello alto y cerrado junto a ese lazo, le recordaba mucho a los trajes góticos, pero este era uno mucho más moderno por esos pantalones negros cortos.

«Cuánto estilo»

Rachel observó a la alta madre de Lindsy, que miraba a sus hijas con ternura, hasta que sus ojos verdes se concentraron en ella. La rubia desvió la mirada hasta que escuchó hablar a la mayor.

—Rachel Ficks, conocerte en persona es un encanto... ¿Cómo te sientes?

—¿Ella es Rachel? —La pequeña miró a la rubia con una sorpresa enorme. Luego miró a su hermana, que apartó la mirada buscando que la tierra la trague.

—Lindsy nos ha contado mucho de ti... estos últimos días. —La mujer tardó en agregar eso último. Se dirigió junto con ellas a los asientos cercanos y se sentó en el sofá frente a Rachel— Soy Leena, esa ternurita de ahí es Luz.

Rachel se sentó junto a Lindsy, quien llevaba sentada en sus piernas a su pequeña hermana, que se veía muy feliz de recibir los mimos de la mayor. Rachel se sintió algo extraña, las tres mujeres tenían sus ojos y cabellos del mismo color, era como ver la niñez, adolescencia y adultez de la misma persona.

—Siento haber sido una carga estos días.

—Ay, claro que no. Nosotros estamos felices de ayudar a una amiga de Lindsy. Cuentas con todo nuestro apoyo, nuestra casa ahora es la tuya —sonrió con calidez, disfrutando de la pequeña sonrisa que se formó en Rachel. Sus ojos se estrecharon al fijarse mejor en su golpeado rostro lleno de moretones—Y, hablando de tu casa, ¿no hay algo que quieras buscar?

Rachel lo pensó por un momento, era verdad que le gustaría llevarse algunas cosas de Chloe para mantenerlas a salvo. Unas fotos de recuerdo no le parecían mala idea.

—Bueno, podemos ir luego por algunas cosas.

—Bien, ahora... Si me permites.

Leena se levantó, acercándose a Rachel para inclinarse un poco delante de ella. La rubia se sorprendió un poco, principalmente, si antes envidió a Lindsy por tener mucho más pecho que ella, ahora entendió de quién lo había heredado.

El cuerpo de la mujer fue envuelto en un aura gris, Lindsy mantuvo silencio, recostando su cabeza contra la de su hermana. Sabía lo que su madre haría y estaba agradecida por eso.

—¿Qué hará? —Rachel estaba nerviosa. No le gustaba que una casi desconocida tomara sus adoloridas mejillas, pero lo permitiría sin berrinches por su amable hospitalidad.

—Odio verte toda golpeada. Me especializo en sanar dolores, moretones, heridas profundas, soy la doctora de la familia.

Ella habló entre risas, Rachel notó cómo el brillo en las manos de Leena se intensificó, generando una cálida sensación. Todo su cuerpo empezó a cambiar, aunque no podía verse, el dolor y la hinchazón disminuyeron hasta que la mujer le presionó el rostro con su palma.

—¡Cómo nueva! —exclamó enérgica Leena con una sonrisa.

—Mi mamá es una sanadora muy buena, Rachel. Puede curarte cualquier herida en un instante.

Rachel usó la cámara de su celular para confirmar su rostro, todo a excepción de las ojeras y su autodesprecio había desaparecido. Como si la pelea de aquella noche nunca hubiera ocurrido.

—Gracias... De nuevo.

—Repito, no hay de qué.

Rachel sintió una cálida sensación recorriendo su pecho. No sabía cómo describir el sentimiento de seguridad que la mujer desprendía, llevándola a sentirse segura. Recordó entonces cuando los brazos de Lindsy la envolvieron, era la misma sensación. No era diferente a estar en los brazos de su madre o su hermana. Pensó que quizás era algo natural que las madres y hermanas mayores eran capaces de desprender, no lo sabía, pero tampoco le buscaría una respuesta.

Mantuvo silencio, extrañando a la mayor. Impaciente, chasqueó sus dedos frente a Rachel.

—¿Estás bien?

—Sí, solo estaba pensando. —Notó a Leena relajar sus hombros, regresando al sofá delantero para dejarse caer, desvaneciendo esa aura brillante— El brillo y sus poderes. ¿Cómo es todo eso posible?

Cada vez que los Operadores utilizaban su magia, brillaban. No pudo evitar sentir curiosidad sobre las habilidades de estas personas. Adarza quizás no sabía la respuesta, pero ahora tenía una fuente de información confiable.

Leena se puso cómoda, recostando mejor su espalda al sofá sin apartar la mirada ni un momento de Rachel. Estudió bien las palabras que le diría, pero no veía el caso en explicar detalladamente sus habilidades.

—Somos operadores y esta aura es "energía de operación"; no se sabe exactamente de dónde viene, pero somos capaces de usarla para crear habilidades especiales.

Rachel asintió, no era nada complicado de entender. Una habilidad misteriosa que solo ciertas personas pueden usar era algo que había visto muchas veces en series, novelas y películas. Ahora resultaba ser lo mismo en la vida real, le era decepcionante saber que no es capaz de utilizarla.

—Entonces ustedes, los operadores, crean sus propias técnicas. ¿Cómo lo hacen?

—Se practica un tiempo, dependiendo de a qué eres afín. Demasiada práctica, le pones lo que quieres, las condiciones se le imponen y tú aprendes a usar tu habilidad. Ya viste que soy sanadora, pero también soy muy buena peleando. —Leena apretó su puño. Mostrándole a Rachel sus brazos como si fuese una fisicoculturista. No logró hacerla reír.

—¿Qué hay de ti, Lindsy?

—Puedo crear sustancias venenosas variadas, y otras toxinas. Además de mejorar mi fuerza física más de lo normal con el aura, soy del tipo de combate cuerpo a cuerpo. —respondió acariciando las mejillas de su hermanita. Sus ojos brillaban ante la vista tan adorable de la sonriente menor que observaba atenta a Rachel.

—Entiendo. A ver.

Recordó la pelea de su guardiana contra Jazka. Única vez que vio pelear a Lindsy de forma tan agresiva y usando sus habilidades. Era verdad que solo atacó a golpes a Jazka, pero nunca la vio utilizar venenos. Lindsy brilló en demostración, alejando su mano de las gordas mejillas de su hermana Rachel observó cómo en sus palmas se formaron pequeñas gotas moradas.

—Eso es genial. ¿Puedes crear cualquier tipo de veneno?... Aunque dices crear, ¿lo creas tú o ya debe ser existente?

—Debo conocer su composición química, efectos negativos, practicarlo mucho y bum. Nuevo veneno, pero no puedo alterarlos. —Lindsy detuvo su aura, al asegurarse de que no tenía nada de veneno restante en la mano, la acercó al cabello de Luz para acariciarlo.

—Y yo lanzo hielo. —La Logan más pequeña buscaba incluirse en la conversación. Las otras dos mujeres ya se lucieron bastante; era momento de que ella también recibiera un poco de elogios— Soy la operadora más joven de la familia, cree en mi habilidad hace un año ya. ¡Pronto empezaré mi entrenamiento para unirme al ejército!

—Tener nueve años y ya haber creado su técnica, es digno de un prodigio, Ray. Normalmente, la desarrollamos más en la adolescencia. —Aclaró Lindsy.

Esas últimas palabras de la menor dejaron algunas preguntas en el interior de la cabeza de Rachel. No las haría por el momento, pero saber que la pequeña era un prodigio la llevó a pensar que los Logan eran excepcionales en esto de la operación.

«Aunque no sé nada sobre otros operadores». Pensó. No es que tuviera una tabla de estadísticas sobre eso.

—Podemos ir mañana a buscar tus cosas. Yo te avisaré... pero, dejando de lado nuestras habilidades, aunque sé que te interesan, me gustaría saber más de ti, Rachel. —Leena señaló a la rubia con su dedo índice, por su forma de parpadear varias veces, sintió que la tomó de sorpresa.

—¿De mí? —hizo énfasis en ella misma al señalarse, luego miró de reojo a Lindsy. Las dos hermanas también esperaban su respuesta— ¿Qué quisieran saber?

—Lo normal, tus gustos, tus disgustos, ¿qué haces en tu tiempo libre?... Yo, por ejemplo, en mi tiempo libre de ayudar a Lawrence con el trabajo, me gusta entrenar con mis hijos y ayudarlos a mejorar con sus habilidades, también me gusta ver series mientras pruebo dulces diferentes. —Leena revisó su celular, mostrándole a Rachel una lista con nombres de dulces tachados y sin tachar—. Anoto los que me llaman la atención y los voy probando, también las bebidas.

La rubia no era tan fan de lo dulce, pero entendía el punto. Leena guardó su celular y Rachel aclaró su garganta.

—Bueno, me gustan los videojuegos y las series de manga, novelas o anime asiático... En mi tiempo libre juego.

—A mí me gusta entrenar, ver televisión y comer mucho, además, tengo una PlayStation —comentó Luz con emoción—. ¿También tienes una?

—Sí, pero juego más en computadora... y bueno, no sé qué más decir, es lo que hago todo el día.

—¿En qué materias eres buena en la escuela?

—Lenguaje, tecnología, filosofía.

—No sabes nada de números.

—... No. —Rachel cubrió una pequeña risa, tapándose la boca. Había sido descubierta en un momento— Siempre he sido muy mala con los números.

—Yo en mi juventud lo fui.

—En los tiempos de Cristo. —Lindsy se cubrió de la almohada lanzada por su enfadada madre; abrazó con más fuerza a Luz para utilizarla de escudo en caso de que le lanzaran más cosas.

—No estoy tan vieja.

Rachel notó que tenía razón. Para ser una mujer con al menos 17 años casada, no parecía superar los 30 años de edad. Ella lo atribuyó a su estilo de vida o quizás la operación tenía algo que ver, pero no le dio más vueltas al asunto cuando fue bombardeada con otra pregunta.

—¿Piensas estudiar o trabajar de algo?

La rubia quedó en blanco. No sabía qué responder. Repaso brevemente en sus memorias, pero la última vez que habló sobre eso fue al ser una niña.

—No lo he pensado. —respondió, desapareciendo aquella sonrisa en su rostro.

Leena tardó, pero por su reacción, algo en ella le hizo entender que era mejor dejar ese tema hasta ahí. No buscaba incomodar a Rachel. Lindsy se aclaró la garganta y fingió toser, el cambio repentino en el humor de la rubia fue algo que no esperaba.

—Bueno, creo que ya han sido demasiadas preguntas, ¿no crees, Rachel? Vamos a ver a Luck.

—Sí. —Rachel se levantó, luego agachó su cabeza en dirección a Leena— Fue un placer en serio. Muchas gracias por dejarme estar aquí.

Rachel tembló sorprendida, al sentir que la mayor la estaba abrazando de su cuello con fuerza. Era demasiado repentino, así que trató de alejarse tan rápido como fuera posible, pero no podía huir de esos brazos.

—No hay problema, Rachel. Eres una niña muy valiente, en serio. Puedes contar con nosotros para lo que necesites. —dijo Leena, regulando el tono de su voz. Saber los problemas por los que pasaba, todo lo que perdió. No había otra forma de describirlo. "Rachel Ficks era fuerte".

Rachel no correspondió al abrazo, pero se mantuvo en silencio sin apartarse. La mayor se separó y dejó ir a las dos jóvenes. Ellas subieron las escaleras y, ya fuera, Rachel sonrió en el pasillo.

—Tu madre y tu hermana son muy agradables, Lindsy. —Una sonrisa melancólica se dibujó en su rostro. Estiró una de sus manos hacia la pared, buscando que su mano brillara y disparase una estaca de hielo, fuego, rayos. Cualquier cosa habría sido suficiente, pero no pasó absolutamente nada.

—Me alegra que te agraden. Si no, te hubiera sacado de mi casa.

—"No voy a dejarte sola, Rachel".

—Tengo mis límites.

Rachel siguió a Lindsy, recorriendo la casa nuevamente hasta volver al segundo piso. La rubia pensaba en aquella conversación, Leena tocó temas relativamente sensibles en ella. No tenía una meta fija además de matar a Adarza. No sabía qué podría hacer luego.

—Mi hermano está en la biblioteca, estudia mucho por la universidad, también quiere conocerte.

—Veo que hablaste mucho sobre mí mientras me quedé encerrada. —Rachel arqueó una ceja, la pelinegra evitó mirarla y aceleró el paso.

—No creo que te importe mucho, ¿O sí? —la de negro reía nerviosa.

—Sinceramente, no.

Ambas entraron a la biblioteca, Rachel quedó asombrada al notar la cantidad de libros en aquel gran cuarto. Las librerías estaban repletas, asemejando la habitación a una biblioteca real por la gran cantidad de estantes llenos.

Supuso que todos en la familia disfrutaban de la lectura, ojeó algunos libros, reconociendo un par de clásicos que luego tomaría el tiempo de leer, pero su atención fue robada por un delgado y alto joven sentado junto a unas mesas pequeñas.

Rachel supuso que rondaba los 20 años de edad, además de notar que incluso sentado se notaba bastante alto. Envidiaba la genética de los Logan y esos trajes.

—Lindsy, su sastre es una maravilla.

—¿Te gusta nuestra ropa? A veces es un infierno llevarla si hace tanto calor. —Respondió el joven, levantándose de la silla. Se acercó a Rachel, dándole un firme apretón de manos— Luck Logan para servirte, Rachel. Toda amiga de mi hermana es amiga mía.

Rachel lo estudió detalladamente, su traje era una combinación de la actualidad con el pasado. Un abrigo largo junto a un chaleco negro que cubría su camisa blanca, además de su pantalón oscuro.

—Amigo, su ropa me encanta.

—Y la tuya a mí, aunque no soy mucho de los diseños coloridos, pero te queda bien.

Lindsy tosió un par de veces, aclarando su garganta. Rachel arqueó una ceja y Luck fue rápido a darle palmadas en su espalda, luciendo preocupación en su mirada. Todos los Logan tenían los ojos verdes sin excepción, la única diferencia que notó Rachel, es que los de Lindsy, Luz y Leena son mucho más claros que los de ambos hombres de la familia.

—¿Estás bien?

—Oh, sí, mejor que nunca. —Lindsy respondió cortante, observando cómo Luck, al confirmar que su hermanita estaba bien, le dio una sonrisa radiante a Rachel.

—Bueno, Rachel, tengo muchas cosas que quiero preguntarte. Principalmente, tu versión de los hechos.

La rubia sintió una extraña sensación. La expresión y los gestos exagerados de Luck le recordaron al padre de Lindsy. No ayudaba para nada que fueran tan parecidos.

—No creo que Rachel quiera hablar de esas cosas ahora que apenas va saliendo, qué grosero, pensé que papá te enseñó más modales que a nosotras. —Lindsy cruzó sus brazos fingiendo molestia. Disfrutó del asombro en el rostro del delgado pelinegro.

—¡Cierto! Mis disculpas, Rachel.

—No tienes que ser tan... estirado.

—Así nació.

—Cállate. —Respondió Luck, molesto.

—Y me mandas a callar frente a la invitada. Grosero, mal anfitrión, mal educado.

No fue hasta que el mayor llevó su mano envuelta de aura al hombro de Lindsy, dándole un pequeño choque eléctrico, que la de verde gritó y se alejó, escondiéndose detrás de Rachel mientras toma sus hombros.

Rachel se sintió como un escudo de carne. Se preguntó a dónde había ido la guardiana sobreprotectora que la cuidó contra todo hace apenas dos días. Luck cubrió su boca para no reír. Aquella situación le sacó una sonrisa pequeña a la rubia.

«La familia Logan es muy unida. Qué lindo». Pensó. Recordó sus tardes de juegos los domingos con su madre y Chloe. Terminaban gritándose o estallando en carcajadas por las burlas y situaciones que ocurrían.

La calidez en su pecho le reconfortó por un momento antes de volverse una profunda grieta cuando Adarza apareció en su mente. Su sonrisa se esfumó y tomó asiento en la mesa donde Luck leía.

—De hecho, quizás si cuento todo a la perfección eso ayude, ¿no? —Rachel miró a Lindsy, quien se sorprendió un poco—. El espejo es un objeto mágico, supongo que entonces ustedes podrían saber algo.

—Me temo que es imposible, Rachel. —respondió Luck—. Hay objetos con habilidades de otras personas, cientos de ellos. No es como si preguntaras sobre la Excalibur o el Santo Grial. Pero, un espejo con tales habilidades es algo raro, incluso para nosotros. —dijo llevándose una mano a su barbilla, frunciendo un poco su frente—. Necesita cantidades enormes de aura para poder crear una forma de vida, el solo hecho de poder hacerlo es todo un logro. Por lo que me contó Lindsy, no suena a algún tipo de títere o un clon manipulado... es todo un ser vivo, demente, pero vivo. Eso es algo nunca antes visto.

La molestia en Rachel se hizo evidente bastante rápido. Entendía que el espejo al parecer era un objeto revolucionario y milagroso incluso entre los operadores, pero si seguía hablando tan bien del espejo, lo golpearía en el rostro. Lindsy le apretó el hombro a Luck, pues notó la cara amargada de su compañera.

—Mantengamos hasta ahí la emoción por el espejo maligno, ¿sí? Recordemos que creó a una demente.

—Gracias, Lindsy. —dijo Rachel, tomando un pesado suspiro.

Luck asintió en silencio, pero antes de que pudiera sentarse, Lindsy revisó su celular, que vibró, miró a Rachel, levantando su barbilla un poco para que la siguiera.

—Rachel, papá nos llama. 

 

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