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#12 Chloe Ficks

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

Si pudiera elegir un solo momento de mi vida para que me acompañe por siempre, sin duda alguna, elegiría la primera vez que cargué a Rachel.

Puedo recordar ese momento como si hubiera pasado hace tan solo unas horas. Yo era aún muy pequeña, 5 años de edad. Papá ya no estaba para ese momento, pero mamá era feliz con un hombre cuyo rostro y nombre ya no recuerdo. De su amor, un día, llegó a casa una bebé tan tierna y adorable.

Al principio me sentí triste, mamá estaba mucho tiempo en cama, cuidando a la bebé que no hacía más que llorar y comer, llorar y comer. Casi toda la atención se la llevaba ella. Creía que mamá dejó de quererme, hasta que un día, mamá me ayudó a cargarla con mis pequeños brazos.

"Tu hermana te quiere mucho, Chloe. Rachel, al crecer, necesitará siempre de su hermana mayor. ¿Verdad que es la cosita más adorable del mundo? Esta pequeña gordita."

Al tenerla en mis brazos por primera vez, me sentí extraña. Dejé de odiar a esa indefensa criatura. Rachel me necesitaría, y yo la necesitaría a ella. Tan pequeña, frágil y adorable. En un abrir y cerrar de ojos, mi hermana se convirtió en la estrella que iluminaba mi mundo.

"Mi hermana es maravillosa".

Desde una edad muy temprana me di cuenta de que, si mi hermana me necesitaba, yo estaría para apoyarla. Ese es mi deber como la mayor. Ser su guía, un ejemplo y un soporte.

Pensaba cosas muy maduras para ser solo una niña, ¿Verdad que sí? Siempre he sido muy madura para mi edad.

Pronto, Rachel heredó más características de mamá que las mías. A diferencia de mi cabello negro, como el de mi padre, Rachel heredó el hermoso cabello rubio de mamá, al igual que sus ojos.

Recuerdo que su padre también estaba orgulloso de su niña. Sé que la quería mucho, e incluso compró la casa en la que vivimos, dejándola a nombre de mamá, pero, al igual que mi padre, ese hombre se fue y nunca volvió. Mamá lloró durante días, yo era muy pequeña para entenderlo. Nunca pude preguntarle sobre por qué se fue el padre de Rachel, pero ella estuvo dispuesta a contarme sobre mi padre. Al parecer, el bastardo engañó a mamá y se fue con otra familia.

Nunca me importó, no necesité un padre. Mamá nos amaba mucho, se esforzaba en su trabajo, nos cocinaba e incluso así, tenía tiempo para jugar conmigo. Aunque nuestra vecina nos cuidaba mientras mamá salía a trabajar en el hospital cercano como enfermera.

Rachel era una bebé problemática, lloraba por todo, pero ahí estaba yo para animarla.

—Rachel, Rachel, mira, mira.

Agitaba juguetes frente a ella, la hacía reír con muecas graciosas o le pasaba todo lo que no pudiera comerse.

Verla reír se convirtió en mi actividad favorita. Si mamá no estaba, entonces con más razón debía de hacer feliz a Rachel.

Mamá llegaba en la tarde, nos recogía en la casa de al lado para llevarnos a casa y preparar una rica cena para nosotras dos, desgraciadamente, Rachel no podía comer aún, pero esa era nuestra rutina. Excepto en los días que mamá estaba libre. Eran de mis días favoritos, ya que jugaba con ambas todo el día, veíamos series y no nos despegábamos de la otra.

El tiempo pasó. Mi tiempo con Rachel disminuyó una vez empecé a estudiar. Extrañaba tanto cuidarla todo el día, pero lo primero que hacía al llegar, era preguntarle qué palabras nuevas aprendió, para mi sorpresa, muchas groserías gracias a programas de televisión. Por suerte, entendió rápido sobre no decirlas frente a mamá.

Crecimos muy rápido, demasiado para mi gusto. Esa adorable bebé indefensa que necesitaba a su hermana se volvía independiente tan rápido que me daban ganas de llorar. Ya era capaz de hacer su tarea por sí misma, su cabello cada vez era más largo y parecido al de mamá.

Demostró rápido su talento para cantar y actuar. Incluso participó en una obra de teatro como una nube. Fue su último año en preparatoria. Ella estaba taaan avergonzada, tomé tantas fotos como me fue posible.

Mamá adoraba verla de esa forma, por más que a ella no le gustara.

Nuestro pequeño rayo de sol pasó a secundaria, mientras que yo cada vez estaba más cerca de graduarme e ir a la universidad. Tuve mi primer amor en penúltimo año, también mi primera decepción amorosa. ¿Que yo soy demasiado intensa? ¡No! ¡Tú no apreciabas el enorme amor que yo sentía por ti, Mike! Eres un cabrón.

Pero, ya lo superé. Conocí a un chico lindo en mi último año, Marcus, un caballero en toda regla. Amoroso, carismático, con el sueño de ser un abogado. Al principio no me convenció, pero su insistencia y continuos regalos no me dieron muchas opciones.

Por otro lado, mi dulce y amorosa hermana había cambiado tanto que era una persona totalmente diferente. Quien fue antes una amable y carismática niña con una sonrisa en su rostro, ahora solo era una pequeña ermitaña que apenas salía de su cuarto. Vivía con dolores de espalda por su mala postura, solo comía chatarra. No practicaba ningún deporte y lo único que hacía en todo el día era jugar, ver series, jugar, ver series.

A mamá no le molestaba, pero yo trataba de animarla a salir de esa pequeña cueva maloliente, que disfrutara su adolescencia saliendo con amigos, yendo a sitios buenos para comer, que hiciera conexiones, pero todo eso fue ignorado por mi querida Rachel.

No sé qué la llevó a convertirse en una pequeña amargada... o al menos fingía no saberlo, creer que no tenía nada que ver, pero mi madre enfermó por ese tiempo. Su salud se deterioró rápido, y eso nos preocupó a ambas.

Desde que Rachel notó cómo nuestra madre empezó a decaer, ella se sumergió en su mundo de series asiáticas y maldecir hasta la madrugada en los videojuegos, pero eso no significa que haya dejado de pasar tiempo con mamá. Su tiempo con ella era mucho mayor que el que tenía conmigo.

Eran dos personas totalmente distintas, una Rachel sonriente y dulce, que cuidaba a mamá, cocinaba para ella y la ayudaba con sus labores, mientras que la otra Rachel no soportaba el contacto con otros, no buscaba amigos y maldecía por todo.

Conseguí un trabajo de medio tiempo en una farmacia para ayudar a mamá, que cada vez trabajaba menos, pero llegaba mucho más cansada. Agradecía cada día a ese hombre por haber dejado esta casa a su nombre, si no, no sé qué hubiera pasado con mi pobre madre.

Marcus también empezó a trabajar a la par que estudiaba, su padre le ofreció que lo ayudase en el negocio familiar, un taller mecánico. No ganaba mucho, pero, aun así, me ayudaba cada que podía con materiales para la universidad. Claro que entré a una, quería ser enfermera como mi madre.

Además, por más que yo tratara de impedirlo, él siempre compraba medicinas para ayudar a mamá. Ella lo adoraba, yo también. No pude haber conocido a alguien más maravilloso que Marcus.

Pero a pesar de nuestros esfuerzos y de que mamá estuviera en reposo, llegó el día más doloroso de mi vida. Sam Ficks, mi madre, la mujer que nos cuidó con amor y me enseñó todo lo que sé, dejó este mundo.

Ella se veía hermosa incluso dentro del ataúd, y yo lloré como nunca antes. Era un desastre inconsolable. Grité, pataleé. Tiré algunas sillas mientras me preguntaba ¿Por qué Dios tuvo que llevarse a mi madre? Si ella era tan buena, tan joven. Amó a sus hijas y entregó todo por nosotras siendo una madre soltera. ¿Por qué una mujer tan fantástica tuvo que sufrir tanto?

Hasta el día de hoy me pregunto: ¿Te demostré suficiente amor? ¿De verdad te agradecí todo el cariño que recibí? No lo sé. Tampoco puedo preguntarte, pero siempre estaré en deuda contigo, mamá. A pesar de todo, siempre estuviste ahí para nosotras y ahora yo estaré ahí para Rachel. Hablando de ella, la muerte de mamá terminó por encerrarla por completo en su habitación.

Lloró frente a mí en su entierro, pero todo su duelo lo llevó a cabo en solitario. Lloraba sin descanso en su habitación, hasta que se quedaba dormida. Los meses pasaron y sus salidas eran menos habituales. Recogía su comida y se encerraba, iba a la escuela, volvía y se encerraba, del baño al cuarto, del cuarto al baño. Mi linda hermana ahora era una total ermitaña. Traté de convencerla de salir con amigos, cursos o actividades que la sacaran de su cuarto, pero nada funcionó. Ella cerró totalmente su corazón.

Quizás ella lo ocultaba con burlas, sonrisas sarcásticas y sus chistes, pero yo siempre supe que, en el fondo, Rachel escondía su dolor para no preocuparme.

Ocasionalmente, lavaba los platos o limpiaba cuando yo no estaba, y ahora que empecé a verme más con Marcus en su departamento, la dejo sola desde el sábado hasta el lunes por la tarde. He tratado de hablar con ella sobre su problema, pero me evita o cambia el tema. Creí que nunca mejoraría.

Hasta que, luego de la limpieza del ático, ella encontró una foto de mamá junto a nosotras cuando éramos niñas. Ni recordaba que posé para esta foto, pero luego de ese día, Rachel se veía más animada.

A veces escuchaba desde la puerta de su cuarto cómo hablaba con alguien de forma muy entusiasta, saber que ahora tenía amigos nuevamente me alegraba los días. Que Rachel mejorara era todo lo que yo anhelaba desde hace meses.

Ella merece avanzar, es linda, inteligente en muchos aspectos. Además de poseer una hermosa voz para cantar. Si ella se diera cuenta de su potencial, no lo desperdiciaría en no hacer nada todo el día, solo necesita gente que le dé un pequeño empujón para demostrarle que es una persona increíble. No dudo que ella será alguien grande en la vida y cumplirá todas sus metas.

Sé que lo hará.

Mi hermana es maravillosa.

Los golpes incesantes en la puerta despertaron a Chloe. Se talló los ojos, sentándose en la cama. Marcus ya estaba despierto, observando en su celular la hora.

—No son ni las 5 de la mañana. ¿Quién estará tocando?

—¿Y si es un testigo de Jehová? —preguntó Chloe, adormilada con una pequeña sonrisa en su rostro.

Marcus besó la mejilla de la pelinegra antes de levantarse de la cama e ir a abrir la puerta. Chloe buscó su celular, dándose cuenta de que estaba sin batería por escuchar música en el turno de ayer. Lo puso a cargar al levantarse y se dirigió a la sala, acomodándose el cabello.

—¿Quién es?

—¡Chloe!

La voz reconocida sorprendió a ambos. Marcus se apresuró para abrir la puerta, observando a Rachel, cubierta de tierra, su rostro en un mar de lágrimas y su chaqueta azul bañada en sangre a la altura de su hombro.

—¿¡Rachel!? —esa vista de su hermana le quitó el sueño. Corrió a revisar su estado. La ayudó a entrar, tratando de entender algo de lo que buscaba decirle, pero ninguna palabra entendible salía de su boca— ¿Ray, Ray? ¿Qué te pasó? ¿Ray?

—Chloe... Chloe.

La rubia abrazó a su hermana por la cintura. Ocultando su horrible expresión al llorar. Marcus cerró la puerta sin saber qué hacer, observando con extrema preocupación a las hermanas.

—Ay, Dios, tu hombro. Estás sangrando. Ah, Rachel. —Chloe sacó con cuidado la chaqueta de Rachel, horrorizada, miró la herida fresca que continuaba derramando aquel líquido carmesí— Iré por vendas y una pomada, Marcus. ¡Llama a una ambulancia!

—Unos hombres... Se metieron en la casa. —Rachel buscó explicar su situación, a medida que hablaba, su llanto se hizo más fuerte hasta imposibilitar que siguiera. Se tomó el hombro con dolor, apretando los dientes por el ardor insufrible.

—Ya, ya. Todo estará bien, Ray. Vamos a llamar una ambulancia cuando trate tu herida. Marcus, cuídala y llama tú a una ambulancia.

El moreno asintió varias veces, sentándose en el sofá junto a la rubia. Chloe salió corriendo al baño. Preguntándose cómo le pudo haber pasado eso a su hermana. La culpa inundó su corazón por haberla dejado sola, pero ya se lamentaría después. Lo importante ahora era ayudar a su amada Rachel.

—¡Ya voy, Rachel!

Un ruido sordo llamó su atención. Salió del baño a gran velocidad, soltando la caja de medicamentos al ver el cuerpo de su novio tirado en el suelo. Chloe quedó helada, su respiración se detuvo un momento, sus ojos cristalizados se posaron en la horrible brecha que separaba la carne del cuello en Marcus.

—¡Dios! ¡Dios! ¿¡Rachel!? —Por alguna razón, su adorada hermana no estaba en la sala. Se arrodilló para tratar de ayudar a su novio, pero la herida ya era demasiado profunda— Marcus, no te mueras, ¡Marcus!... Por favor, no te mueras.

En medio de los ruegos desesperados, el cuerpo de su amado se mantuvo inmóvil. La vida escapó de su boca en su último intento de no ahogarse en su propia sangre. Chloe quiso agarrarlo con fuerza, pero sus manos se detuvieron antes de hacerlo.

Sin parar de temblar, buscó con la mirada a la pequeña rubia. Preguntándose ¿Qué es lo que acaba de pasar? Su novio ahora estaba muerto, el hombre con quien quería compartir su vida y con quien había dormido tan plácidamente, ahora yacía sobre un charco de su propia sangre.

—¡Rachel! ¿¡Dónde estás!?

—Esta mierda duele como el mismísimo infierno. Carajo.

La rubia salió de la cocina, vaciando en su hombro una lata de cerveza. Apretó sus dientes soportando aquel ardor. Preguntándose si una cerveza también ayudaría a que la herida no se infecte.

Chloe la observó en silencio. Su respiración alterada provocaba que su pecho subiera y bajara sin control. Observó a su hermana recostarse al marco de la puerta de la cocina con tranquilidad, dejando pasar el ardor de usar la cerveza.

—Rachel... ¡Rachel, Marcus!... Marcus.

Detuvo sus palabras. Su vista se clavó en la mano libre de Rachel, con la cual mantenía ferviente un cuchillo bañado en sangre que no tenía ninguna intención de soltar, por más que su hombro doliera como los mil demonios.

—Menos de 50 segundos. Me aseguré de que su muerte fuera rápida y lo menos dolorosa posible... —Rachel le dio una probada a la cerveza, amargó su expresión y la lanzó lejos, cambiando ahora el cuchillo a su mano libre— Bueno, quizás sí le dolió... Qué sabor tan espantoso.

Chloe no tardó en unir el rompecabezas más pequeño del mundo, si Rachel tenía un cuchillo ensangrentado y Marcus una herida en su cuello, obviamente ella lo hizo. Pero por más que tratara de terminar de armar en su mente aquel resultado, le era imposible, pues estaban hablando de su propia hermana.

—Dulce y tierna Chloe. Pasando sus días tranquila con su patético y adorable novio. Mientras que yo me pudro en casa sin recibir tu ayuda.

Rachel jamás cometería un acto tan vil como el asesinato. Chloe estaba segura de eso, apostaría su vida por eso.

"Rachel" caminó hacia "su hermana" sin ninguna prisa, manteniendo una pequeña mueca burlona.

—De seguro debió ser bonito, que esa perra te diera lo que querías, con un departamento y la casa a nuestro nombre. ¿Qué te importaba si mamá moría? A la mierda. ¿Para qué mantener a esa vieja zorra si ya está en las últimas?

La peli negra frunció el ceño. La rubia sintió algo malo con esa mirada, pues esperaba un profundo terror en su contraria, no un creciente odio asesino.

—¡Yo nunca te importé!

—¿¡Tú quién mierda eres!? —bramó Chloe entre lágrimas. Ella se levantó, caminando de espaldas hasta el otro lado del sofá, utilizándolo de pared entre ambas.

La extraña rubia quedó atónita. Sin una respuesta ingeniosa a esa pregunta, su sangre empezó a hervir antes de darse cuenta de lo mucho que Chloe la estaba molestando.

—¿Ya ni siquiera reconoces a tu propia hermana? —dijo la extraña, recostándose en el sofá. Guardó el cuchillo en su short por un momento, para arrancar parte de la manga de su camisa y aplicarla como torniquete en su hombro. No quería morir desangrada.

—¡Tú no eres mi hermana! Rachel no haría nada de esto. ¡Ella no mataría a alguien, no heriría a quien es importante para ambas y nos ayuda!... ¡Y mucho menos le diría zorra a mamá! ¿¡Quién eres!?

—¡Soy Rachel! ¡Acéptalo! —respondió la rubia furiosa. Se cubrió el rostro al ver cómo Chloe tomó el botiquín de metal y se lo arrojó sin dudar.

—¡Mentirosa! Monstruo asqueroso, horrible. Imitadora barata, ¡tú no te pareces en nada! ¡Deja de copiar a mi hermana!

Los insultos de Chloe se detuvieron al sentir un escalofrío en su espalda. La mirada de la rubia penetró hasta lo más profundo de su miedo e ira. Quien tuviera adelante ahora mismo estaba muy enojada.

—Tú. Perra. ¿Crees que esa pequeña perra es siquiera un poco mejor de lo que yo soy?... ¡Vete a la mierda! ¡Tú y ella son igual de estúpidas e inútiles! —Adarza gruñó. Subió rápido al sofá, yendo por Chloe. Que le dio la vuelta, yendo a la cocina— No corras, Chloe, ¡me lo harás más fácil de esa forma!

Chloe buscó con su mirada algún arma. Tomó los platos de cerámica, lanzándolos a la rubia apenas entró a la cocina, pegándole en sus antebrazos con los que se cubre.

—¿En serio? ¿Platos?

—¡Vete! ¡Vete ya, monstruo! ¿¡Qué pasó con mi hermana!?

—De tu "querida y hermosa hermana" me encargaré después. Primero le causaré un dolor tan grande que ella misma me pedirá morir, si es que no se suicida primero.

Chloe le arrojó el calentador de agua, seguido de otros dos platos. Adarza avanzaba, cubriéndose con su brazo sin recibir mucho daño de esos objetos cotidianos.

¿Qué debía hacer? ¿Cómo salía corriendo del lugar en busca de ayuda? Si lograba quitarle el cuchillo, tendría la oportunidad de amenazarla y huir.

—¡Te mataré si le pones una mano encima!

—¡Oooh! Qué fuertes palabras para alguien tan buena.

En pocos movimientos, la distancia entre ambas se acortó. Chloe trató de agarrar otro objeto para lanzar, pero el ardor en su abdomen la dejó totalmente inmóvil.

Bajó su mirada, observando cómo el cuchillo entró casi por completo dentro de su cuerpo. Quiso gritar, pero su voz no salía. Sus ojos marrones se encontraron con esos iris celestes. Por más que le doliera admitirlo, era exactamente igual a su querida Rachel.

—Eres una decepción, hermana. Rachel hizo más que tú.

Adarza detuvo su monólogo al sentir la saliva de Chloe en su rostro. Ella se alejó, sacando su cuchillo. Chloe puso sus manos alrededor de la herida, sintiendo cómo la fuerza en sus piernas desaparecía hasta caer de rodillas.

—Tú no eres mi hermana... no sé qué eres, pero no eres Rachel. —Ella observó el remolino de ira creciente en los ojos de Adarza. Mientras el mundo a su alrededor perdía su forma, notó a la rubia sacar un pequeño espejo de bolsillo dejando caer una gota de sangre del cuchillo encima—Quítate su apariencia... Nunca serás ella, por más que quieras.

—No necesito ser ella —respondió con una sonrisa, pisando la cabeza de la mujer herida—. Tienes razón. ¿Por qué ser ella si obviamente soy muchísimo mejor?

Sentía frío, mucho frío. Todo su cuerpo se congeló a excepción de su herida en el abdomen, la cual continuaba ardiendo sin parar. Chloe logró estirar su mano para agarrar a Adarza de su pie, clavándole parte de sus uñas en la piel.

La rubia dio un brinco por el susto. Dolió, pero no lo suficiente. Miró a Chloe en silencio por unos momentos, antes de negar con la cabeza y reír en voz baja.

—Dios, eres testaruda. Deberías preocuparte más por tu vida que por tu hermana. —respondió para darse la vuelta, marchándose de la cocina.

En eso ella se equivocaba. Chloe siempre tendría por encima la vida de Rachel antes que la de ella, pero ahora su cuerpo no quería responder. No se levantaba para golpear a esa impostora.

«Vuelve aquí... sucia copia».

La voz no salía. Lloró del dolor e impotencia, pronto, todo se oscureció. En medio del frío y la oscuridad, solo pudo tener en la mente a su hermana. ¿Qué haría Rachel sin ella? No lo soportaría, si ella se quedaba sola, terminaría de colapsar.

No quería dejar sola a su único familiar. ¿Por qué no fue más fuerte? ¿Qué hicieron para acabar así?

—Ray...

En sus últimos alientos antes de desmayarse por la falta de sangre, Chloe pensó por última vez en su maravillosa hermana.

 

 

—No sé quién es esta mujer, nunca la he visto en mi vida. —Rachel negaba con la cabeza, caminando de la cocina de un lado a otro.

Lindsy tomaba su propio brazo, manteniendo la mirada en el suelo. No quería responder, sentía que cualquier palabra que saliera de su boca sería peor que un cuchillo.

Rachel estudió el cuerpo de la mujer muerta en el suelo, no era experta en cadáveres, pero por el estado de su piel y el olor, suponía que llevaba un "rato" muerta.

—¿Será un familiar de Marcus? Una prima que estuvo en el momento equivocado cuando llegó Adarza.

Rachel se mordió el labio al pensar en su réplica. El pecho le quemó intensamente. El novio de su hermana había muerto. Adarza acabó con la vida de la persona más amada de Chloe.

—Mataré a ese pedazo de mierda. Juro por Dios o cualquier deidad que la siguiente vez que la tenga en frente, Oooh, Logan, no sabes lo que le voy a hacer. Será tan horrible que la tortura medieval más cruel parecerá una muerte piadosa.

—Rachel.

—Le voy a meter un cuchillo caliente por la garganta y ah... luego... mierda. —Ella quedó en blanco, tratando de pensar mejor en alguna tortura que supere las que ya conocía—. Luego lo pensaré, ahora vamos a mi casa. Chloe debe estar ahí esperando, con suerte, Adarza no estará ahí.

Lindsy reunió el valor para mirar a su compañera a los ojos. Observando el dolor que Rachel Ficks dejaba salir con cada lágrima que caía de sus mejillas.

—¿Qué me miras?

Ella la miró extraña. Se tocó su rostro, notando cómo no paraba de sollozar. Sus esfuerzos por limpiar las lágrimas fueron en vano, pues continuaban saliendo sin parar.

—Maldita sea, me cago en... Oh, Marcus. Eras un buen tipo. No merecías morir por mi culpa... ¿Qué le diré a Chloe?

—Rachel...

—Él era su segundo mundo. Si no fuera por él, Chloe hubiera sufrido diez veces más la pérdida de mamá. Lindsy, él le llevaba regalos, le dio apoyo, cariño. Se amaban mucho... Debemos irnos ya, luego darle un entierro digno cuando Chloe esté a salvo.

—Rachel, por favor. Escúchate.

—¿¡Qué carajo quieres!? Escúpelo ya.

—Esa es Chloe.

Lindsy la había visto algunas veces que ella acompañó a Rachel a la escuela. O cuando en sexto grado, junto a su madre, fueron a ver la obra de teatro donde ambas participaron. Ella recordaba muy bien a la hermana de Rachel.

La rubia no lo tomó bien. Su mirada fue exactamente igual a la de la tarde cuando insinuó el maltrato de Chloe hacia ella.

—¿¡Cómo va a ser Chloe, imbécil!? ¿No la ves? —Rachel se burló, desviando sus ojos para luego ver el cadáver—. Mírala, ¡préstale atención! Ella está muerta, Lindsy, mueeerta. No puede ser, Chloe, mi hermana está viva en alguna parte, posiblemente en la casa. Ya deja de hacerme perder el tiempo y vámonos.

Lindsy se cruzó de brazos. No soportaba ver a Rachel en ese estado. La rubia la miró de pies a cabeza, gruñendo de la desesperación.

—¿¡Por qué tienes que complicar esto!? Yo conozco cómo es mi hermana. ¡Es mi hermana! Yo sabría si esta mujer de aquí es mi hermana. ¡Pero no lo es!

Rachel esperó escuchar la respuesta de Lindsy, pero ese silencio solo provocaba que quisiera golpearla hasta cansarse.

—¡Dios mío! ¿Qué tan obstinada tienes que ser como para insinuar que no reconozco a mi hermana?... Sí, tiene... tiene su cabello negro y largo. Además de llevar esa tonta camisa con dibujos de gatos en la espalda. La camisa, la camisa. —Rachel contuvo sus ganas de estallar en llanto, con una voz más quebrada a cada momento, continuaba examinando el cuerpo de la desconocida frente a ella— La camisa que le regalé hace un año en Navidad... De seguro se le quedó a Chloe y Marcus se la prestó.

—Rachel, lo siento tanto, de verdad. No es tu culpa, Ray.

Lindsy se acercó, dejando su mano gentilmente en su hombro. Los labios de Rachel temblaban. La mujer frente a ella era increíblemente parecida a su madre, solo que su cabello era negro en vez de amarillo. Era tan extraño para la pequeña chica.

—... ¿Por qué se parece tanto a mi mamá, Logan? Esta mujer es igual a mi mamá.

Pero ella no era su madre, solo había una persona en el mundo que se parecía a su madre con un color de pelo diferente.

—¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? —Rachel golpeó el suelo múltiples veces, hasta que el dolor en su mano no le permitió golpear con más fuerza—. Logan. Esta mujer es Chloe... ¡Logan! ¡Ella es Chloe! ¡Ella es Chloe! ¡¡Es mi hermana!!

Lindsy cubrió su rostro. Escuchando los desgarradores gritos de dolor de Rachel. La rubia no aguantó más el llanto, los gritos de Rachel destruyeron el sensible corazón de los ojos esmeralda.

—¡Mi hermana está muerta, Lindsy!... ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué mi hermana está muerta!? Sí, yo hablé con ella por celular. Mira... mira, tengo, tengo sus mensajes de voz y todo.

Trató de aferrarse a lo último que ataba a su hermana a este mundo. Sabía poco sobre cadáveres, pero estaba totalmente segura de que el estado de ese cuerpo no se alcanza en menos de tres horas.

—Esa es su voz. Es la voz de Chloe. ¿Cómo me envió ese mensaje si está muerta? —esperaba una respuesta de Logan, en su lugar, recibió un cálido abrazo. Uno que le permitió a Rachel soltar su dolor acumulado, temblando y llorando con fuerza en el hombro de Lindsy mientras la abrazaba con fuerza.

—... Mi hermana está muerta, Logan... Logan, mi hermanita ya no está. ¿Qué le hice?

—No le hiciste nada, Rachel, esto no es tu culpa.

—¡Sí lo es! ¡Sí lo es! ¿Por qué? ¿Por qué mi hermana está muerta? Si yo no hubiera encontrado ese espejo, si no hubiera soltado a Adarza, si la hubiera matado en el bosque, si en vez de ir a casa como una cobarde hubiera venido. ¡Si yo hubiera tomado la elección correcta, mi hermana estaría viva!

Rachel escondió su rostro en el hombro de Lindsy, sintiendo las caricias en su espalda que buscaban consolarla, pero nada funcionaría y eso lo entendía Lindsy. Ahora mismo, Rachel solo necesitaba un lugar para llorar.

—Yo la maté... Las muertes de Adarza... También son mías. Yo la maté, por mí es que ella y su novio ya no están... Yo maté a mi hermana.

Rachel apretó sus puños, frotando su frente con el hombro de Lindsy. Sus lágrimas mancharon su traje negro; limpió con su propia manga los mocos que se le escurrían de la nariz.

Adarza lo había conseguido, le quitó su vida tranquila, su felicidad, a su hermana. Adarza le había conseguido quitar todo en una sola noche.

—Lindsy, por favor, Lindsy, Lindsy. —Sus manos se aferraron desesperadamente a la de negro, temiendo que esta pudiera alejarse—Ayúdame... Ayúdame, por favor.

Lindsy abrió de más sus ojos cuando su nombre fue mencionado por la rubia. Asintió con su cabeza, acariciando el cabello de Rachel con cariño, evitando que la rubia viera que también estaba sollozando.

—Claro que te ayudaré, Rachel. No te dejaré sola...

—Debo matarla.

Adarza le quitó todo, si no la detenía, le quitaría todo a otras personas. Mataría más. ¿Qué le diría su hermana en un momento así? Chloe quizás no le diría que pelee, pero si ella causó un problema, la obligaría a resolverlo por ella misma y disculparse.

Y eso haría, resolver ella misma el problema. Encontrar a Adarza y matarla antes de que cause más daño.

Y mataría a todo el que la protegiera, a cada secuaz que tratara de defenderla, también los mataría. Mataría a todo lo que se interponga en su camino. Luego se disculparía con su hermana, y si es que hay un cielo, Rachel espera que Chloe la perdone por todo lo que cometería, pero no la acompañaría a descansar en el mismo lugar.

—Ayúdame a matar a Adarza... Mi hermana no merecía esto, nadie merecía morir por mi error. Lindsy, por favor.

Rachel dejó caer su cabeza. Cerrando sus ojos entre sollozos y jadeos. Lindsy la apretó más en aquel abrazo tan expresivo.

—Claro que te ayudaré... Soy tu amiga Rachel, no pienso dejarte sola.

Luego de escuchar aquellas palabras, la rubia siguió llorando a mares por la pérdida de su hermana hasta quedarse totalmente dormida por el cansancio. Lawrence observó toda la escena desde la puerta, así que ayudó a Lindsy a llevar a Rachel al auto para que descansara.

Lindsy volvió dentro junto con su padre, quien ya estaba llamando a algunos conocidos para encargarse de los cuerpos.

—Averigüemos dónde está su madre enterrada...

Lindsy aún no se recuperaba de lo ocurrido, los gritos desesperados de Rachel resonaban en su cabeza. La mano de su padre tomó el hombro de la menor, acercándola más a él.

Ella observó la expresión tan seria de su padre, algo raro en él. Puesto que casi nunca tomaba nada en serio, le era extraño que se mostrara así.

—Ustedes dos... son muy fuertes.

Lindsy mantuvo su silencio, antes de separarse de la muestra de afecto de Lawrence. Quien la miraba de reojo sin expresión alguna.

—Necesitaremos tu ayuda, papá.

Los ojos del hombre brillaron de emoción. Lindsy no supo qué decir ante esa repentina sensación de que su padre esperaba escuchar esas palabras, pero el mayor inclinó su cuerpo para reverenciar a su hija.

—Cuenta con el apoyo incondicional de papá, mi princesa.

Lawrence se encargó de llamar a conocidos que limpiaran el departamento y se llevaran los cuerpos de la pobre pareja. Los prepararían para su funeral. Lindsy regresó a la limusina, sentándose frente a Jazka y Alice, la última ya estaba dormida. Su vista se posó en Rachel, luego de no poder seguir con sus llantos, fue capaz de dormir. Solo inconsciente sería capaz de tener paz en este momento.

 

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