Sin pensar en aquellos que dejó atrás, Jazka subía las escaleras a toda velocidad, pensando en lo abrumadora que actualmente era su desventaja.
Si quisiera, usaría sus habilidades y alcanzaría al hombre. Romperle una extremidad no le resultaría nada complicado.
Una hoja proyectil de seguro atravesaría su espalda, destrozando algún órgano vital, si fuera más directo, reventarle su cabeza de un tiro puede ser lo más fácil, pero no.
Dudaba mucho, incapaz de decidir el momento en el que debería disparar para acabar con esta persecución tan estúpida, lanzar sus enredaderas le resultaba arriesgado. Como intente cualquier cosa y no se encargue del director en un solo movimiento, el cuello de su compañera estaría a la mitad por ese cuchillo que no se alejaba de su piel pálida ni un momento.
«Qué frustrante... ¡Qué humillante!»
Erradicadores y asesinos lo encararon en momentos de su vida donde se sintió acorralado, pero nunca como ahora. Que su compañera, su amiga, fuera quien estuviese en juego, cambiaba todo el tablero de Jazka por completo. No le quedaba más opción que perseguirlo de mala gana hasta que tuviera la oportunidad de arrebatarle a Alice de sus brazos.
Jazka confiaba plenamente en que Lindsy protegería a sus compañeros, él no era necesario, solo un operador bastaba para solucionar todo este problema.
La persecución se alargó hasta el tercer piso, momentos de carrera que para Jazka fueron toda una eternidad. La figura del director recorría el pasillo hasta cruzar en una esquina, pasando por delante del salón de Rachel, volvió a cruzar. Al llegar a las otras escaleras, estas contaban con la subida a la azotea.
Jazka subió unos metros detrás del director, observando el cielo celeste y el sol deslumbrante cerca del ocaso, pronto serían las seis de la tarde.
—De verdad dejaste a los demás tirados. Qué mal compañero eres. —Se mofó el director, dándose la vuelta hacia Jazka, manteniendo el filo del cuchillo en la garganta de Alice mientras su pecho subía y bajaba por esa intensa persecución— Esta perra es muy pesada.
—Vuelve a insultarla y le daré tu lengua al hámster del laboratorio. —Jazka interrumpió, cegado por la rabia. Pretendió dar un paso, pero al notar a su contrario negar con su cabeza, prefirió mantener su distancia.
—Fuertes declaraciones, pero perro que ladra poco muerde... ¿Qué tal si conversamos un poco?
—¿Por qué querría conversar con un asesino?
—Estoy en desventaja. —respondió Daniel con una gran sonrisa sincera—. No tengo posibilidad alguna de ganar. La mocosa de Rachel me revela que hay un mago en su baraja. Mírame aquí, acercándome al borde de un edificio de tres pisos a la merced de quien sin problemas es capaz de arrancarme la cabeza de un tirón.
Jazka chasqueó la lengua, buscando eliminar la mala sensación de la boca que ese hombre le provocaba. Luego de decir todo aquello, para Jazka, era él quien estaba cada vez más contra las cuerdas. Y eso el director lo sabía. Disfrutaba de la desesperación en el rostro del de larga cabellera negra. El sudor frío que recorría su frente junto a su falta de agresividad cuando tenía todo para ganar le dejaban claro al director que, mientras él tuviera a esa chica en su hombro, sería intocable.
—Eres una basura vil y despreciable. ¿Cómo puedes tomar a una dulce e inocente jovencita de rehén? Enfréntame, canalla.
—Hablas como un estúpido.
Jazka mantuvo su mala cara. De forma inesperada para el moreno, el brazo del mago lo apuntó, solo con su puño envuelto en la brillante aura verde.
Daniel hizo lo mejor que pudo para ocultar su frustración al ser apuntado con ese mortal dedo índice. La ilusión de ser invencible fue quebrada ante lo frágil que era su cuerpo en comparación con cualquier habilidad que ese brillo posea.
—¿Sí ves que me la voy a llevar conmigo? Bastardo... ¡No me importa morir si es jodiendo a un pedazo de mierda como tú!
—Nunca podrías vencernos a mi compañera y a mí. —Replicó sereno. Su mirada demostraba un fuerte brillo, confiando en sus propias palabras— Verás. Confío en el lazo que tengo con mi compañera. Ella es todo para mí, estoy totalmente seguro de que juntos podemos vencer cualquier dificultad.
El director apretó la pálida carne de Alice con el cuchillo. El mago le ponía los nervios de punta. Tanta palabrería cursi le causaba náuseas.
—Mi Alice es una mujer grandiosa y fuerte. Nunca moriría en manos de un asesino sádico como lo eres tú... pero no te culpo, de seguro estás bajo el control de alguien muy malvado. Esa persona pagará entre mis manos por lo que te hizo a ti y a cualquiera de nuestros compañeros de la escuela. —dijo Jazka con pena hacia el director. En su pecho se arremolinaron muchas emociones que le fueron complejas de mostrar. No culpaba a ese hombre, ya no.
—Te gusta hablar mucha mierda.
—¡Despierta, Alice! —exclamó Jazka, estirando sus dedos con una gran sonrisa.
El brillo negro de la joven abrió de par en par los ojos del director, que no tuvo tiempo de responder, tampoco es que hubiera podido hacer algo si tuviera tiempo, contra aquel tentáculo emergente de la joven. Su cuerpo fue atravesado sin dificultad alguna, Alice cayó de pie al suelo mientras aclaraba su garganta, ocultándole a Jazka sus mejillas coloradas.
—... ¿Lo más importante para ti?
—No finjas dormir en momentos tan tensos. ¿Qué pasa si te hubiera apuñalado mientras corría?
—¡Nada! Porque me hubieras salvado. —respondió con alegría, sacándole una minúscula sonrisa de alivio a su contrario.
En sus pocos segundos restantes de vida, el director tomó aquel tentáculo. Había sido engañado por completo. Nunca tuvo la ventaja, solo le dejaron creer que la tenía. Le fue imposible no intentar reír a pesar del indescriptible dolor.
Cuando los ojos del mayor se apagaron y su cuerpo dejó de moverse, el tentáculo se balanceó, lanzando el cadáver al suelo. Alice le miró con desprecio, recordando aquel fuerte golpe que recibió en las escaleras, esta fue su forma de desquitarse. Habiendo zanjado todo, se dirigió a Jazka para abrazarlo de su cintura y frotar su mejilla contra su abdomen.
—¿Cómo sabías que estaba dormida? ¿Será que me conoces tan bien?
—Mientras hablaba lindo de nosotros, se te escapó una sonrisa.
Con vergüenza, Alice empezó a dar pequeños golpecitos a su querido amigo. Ambos se abrazaron fuertemente durante unos momentos, luego caminaron hasta el tercer piso.
—Siento matar el ambiente. ¿Pero mataste a dos estudiantes?
—Ajá. Seguí las órdenes al pie de la letra: "Cualquiera que no esté amarrado debe ser una mala persona, ten cuidado".
Pensar en qué le respondería a Lindsy por esto causó un ligero dolor de cabeza. Nadie puede culparlo de equivocarse, pero tener en la espalda la muerte de dos inocentes le remordería la conciencia unas noches.
—Que sepas que nos equivocamos. Esos con los que peleaste eran estudiantes comunes.
—... Oooh.
Prefirieron dejar la conversación hasta ahí. No era momento para lamentarse por los daños colaterales, diría Alice. En su lugar, debían volver lo más pronto posible con Lindsy Logan.
Ambos se preparaban mentalmente para recibir un extenso regaño por parte de su contratante. No solo descuidaron a Lindsy en situación de crisis, sino que Jazka se enfrentó a ella como si fuese otro enemigo más. Mientras caminaba, le dio una pequeña explicación a Alice sobre lo que ocurrió en su encuentro, ella hizo lo mismo.
—Debes dejar de utilizar el fuego. —Su expresión se tornó más severa hacia su compañera—. No importa si eran chicos sin operación; suena a que estabas en problemas y, de haber tenido armas de verdad, te hubieran matado.
—¡Cada vez lo manipulo mejor! Jaaazka. Debiste verme, fui grandiosa. Un maldito lanzallamas de la muerte. —respondió ella apretando sus puños—. Te juro que con práctica puedo dominarlo.
—Solo no uses nada arriesgado mientras peleas de verdad, limítate a tus entrenamientos.
Un llamado los detuvo. La voz proveniente de uno de los salones llamó su atención y Jazka abrió de más los ojos al darse cuenta de que era el salón de Lindsy.
—¿Hay alguien por ahí?... Quien sea... ¿Hola?
La pareja se miró con muecas en sus rostros. Jazka abrió la puerta, encontrando al pobre Albert en el suelo. Amarrado de pies y manos con sus propios cordones. Clara era excelente en amarres.
—¡Gracias al cielo! —gritó Albert con una sonrisa enorme, parecía estar a punto de llorar—. ¡Ayúdenme! Los demás se volvieron locos y me amarraron aquí. Por favor.
Alice posó con las manos en su cintura, conteniendo su risa para observar después a Jazka, quien estaba igual. Albert observó la escena con confusión.
—¿Por qué no hablan?... ¡Vamos rápido! Miren. Hay un maldito cadáver y me tienen aquí amarrado, de seguro acabaremos así si no nos vamos.
Albert gritó Alice no se había percatado del cuerpo frente a la pizarra, Jazka ya lo había visto antes, no era una sorpresa para él. Los tres mantuvieron silencio unos segundos que para Albert fueron eternos. Alice miró a Jazka nuevamente y este último cubrió su boca evitando reír.
—¿¡De qué te ríes!? Sácame de aquí, imbécil. Me golpearon, me duele la cabeza.
—No asumas que soy un tonto. Si ellos te dejaron aquí, entonces tú eres de esos loquitos infiltrados. No trates de convencerme, por favor. Un hombre debe de afrontar sus problemas de frente.
Los ojos de Alice se iluminaron ante las palabras de Jazka, a los ojos de la de cabellos largos y esponjosos, Jazka era un diamante que no dejaba de brillar en cada momento, mientras que, para Albert, era un dolor de culo.
Fue descubierto, su parte en este plan había terminado mucho antes. Cerró sus ojos, amargando su expresión, culpándose a sí mismo de atacar a Rachel de forma tan descuidada. No logró asesinar a nadie, ni disfrutar del juego de captura por querer herir a la rubia.
«La jefa nos advirtió sobre no matarla. Solo quería herirla de gravedad, esto me pasa por ser un idiota impaciente», pensó Albert, notando que Jazka continuaba con su discurso sobre los hombres. Lo ignoró por completo.
—¡Eres tan genial, Jazka!
—Gracias, gracias, Alice. Tú también eres una encantadora señorita. Ahora, ¿qué deberíamos hacer con este villano?
Alice dudó un segundo, llevándose la mano a su barbilla. Una macabra sonrisa en su rostro le reveló a Jazka que sus intenciones no eran nada agradables, y su sonrisa tampoco. El contrario negó con la cabeza y Alice frunció el ceño por no poder llevar a cabo su idea de tortura.
—Ya sé. Lo llevamos en enredaderas para investigar qué le hicieron y si podemos revertirlo. —Alice levantó su índice. Dándole a Jazka una sonrisa... ¿Brillante?
—Bravo, bravo Una idea increíble de una damisela aún más increíble.
—Prefiero que me maten ahora, muchas gracias. —Albert cerró sus ojos. Imaginar pasar más de diez minutos con estas dos personas que acababa de conocer le parecía una tortura peor que caminar descalzo sobre clavos.
No permitiría que le capturasen, sacó su lengua velozmente. Su misión fue cumplida y, al observar la situación, no encontró ninguna salida que le permitiera volver con su ama. El suicidio era lo único que le quedaba.
Pero los fuertes dedos de Alice detuvieron sus dientes antes de poder cortar su propia lengua de un mordisco. La mano de la joven irradiaba un aura negra que le indicó a Albert sobre la naturaleza de esas dos personas frente a él. Trató con ganas de romper los dedos de la chica, pero sus dientes no atravesaban esas uñas negras sin importar el esfuerzo.
—¿A dónde vas, gusano? No vas a matarte en frente de mi grandeza.
La conciencia de Albert se desvaneció al sentir en su rostro el golpe repentino de Alice. Jazka utilizó sus enredaderas para amarrarlo. Se aseguró de amordazarlo bien para evitar un futuro intento de suicidio.
—Estos tipos... son escalofriantes. —dijo Jazka sin apartar su vista del joven inconsciente.
—¿Por qué lo dices?
—No dudó ni un momento en tratar de acabar con su vida. —Observó a su compañera asentir en silencio y prosiguió—. En actos como estos, normalmente siempre hay un momento de duda o en los ojos de la persona se observa su miedo al morir. En él, no noté nada.
—... Pues, está siendo controlado. Dááá. —Alice no tomó mucha importancia a las palabras de Jazka. No veía nada de especial en suicidarse sin dudar. Caminó junto a Jazka, quien cargaba a Albert— Suicidarse es algo muy estúpido.
—Tienes un punto, pero no estás entendiendo a lo que me refiero.
—Tampoco vayas a explicarlo mucho, no creo poder entenderlo.
Jazka soltó un suspiro, rindiéndose por completo en su intento para explicarle su interesante punto de vista. Terminó de contarle todo lo sucedido a Alice mientras caminaban a la entrada del primer piso. Cerca de la salida, la menor dio pequeñas patadas fuertes al suelo, algo molesta por darse cuenta de lo que hizo.
—Entonces maté a la gente equivocada, bueno... es molesto saber eso.
—¿Te sientes mal? —Jazka la observó con preocupación y acarició su cabello—. Lo siento, de verdad. No quería poner ese peso sobre tus hombros.
—¿Qué peso? —preguntó, arqueando su ceja—. Haberlos matado significa que me equivoqué y La gran Yo nunca debe de equivocarse. No puedo cometer errores... pero es verdad, es tu culpa, no mía. Así que no he cometido ni un solo error.
Jazka no supo cómo reaccionar ante el enorme descaro de la sonriente jovencita de negro. Ella inflaba su pecho con total orgullo, convencida de que seguía manteniéndose invicta en su racha imaginaria de genialidad.
Jazka forzó su sonrisa, notándose incómodo.
—Yo tengo la moral muy alta, pero te compartiría de ella si pudiera hacerlo. —Recostó su cabeza gentilmente en el brazo de su compañero, debido a la gran diferencia de altura, no era capaz de hacer lo mismo en su hombro.
—Es bueno saber eso. —Jazka realizó una pausa buscando en su mente cómo hacerle aquella pregunta sin alterar a la joven—. Alice, este. ¿Qué fue lo que te pasó?
—¿Qué me pasó de qué? —preguntó confundida.
—Ya sabes... de eso. —Jazka señaló su propia boca, mostrando sus dientes. Alice palideció y se acercó a una de las ventanas de la escuela.
Quien se consideraba una total belleza perfecta quedó aterrada al notar cómo uno de sus perlados dientes delanteros ahora estaba quebrado, faltaba medio diente, no estaba, se fue. No sabía en qué momento de su pelea contra el grupo de idiotas habían logrado rompérselo.
—¿Alice? —Jazka se acercó a la joven, colocando una mano en su hombro.
—¡Mi diente! ¡Jazka! ¡Jazka! ¡Me falta medio diente! —Era como si el mundo estuviera a punto de acabarse. La llevó a jalar de su propio cabello con los ojos inyectados en sangre— ¡Esos inmundos pedazos de basura inferiores me rompieron un diente!
Alice se alejó del más alto, caminando en círculos con desesperación, su aura fluía y se apagaba debido a su propia inestabilidad mental. Jazka prefirió mantenerse en silencio, negando con su cabeza. Más tarde podrían ayudarla con su problema.
—Hablaremos de eso después. —dijo antes de continuar con su camino y salir de la escuela.

Ambos jóvenes de negro fueron recibidos por las miradas de todos los estudiantes que esperaban frente a la puerta de la escuela. Sentados en el césped, todos aprovecharon para recuperar sus celulares y llamar a sus familias. Lindsy fue capaz de disuadirlos de llamar a la policía, además de convencerlos de solo contarle lo ocurrido cuando estén presentes, obviamente, aclarándole a Rose, Clara y Dexter que le digan a sus familiares que ella es un usuario de magia.
—¡Lindsy! De verdad lamentamos la tardanza. ¡Estoy aquí para protegerte!
Jazka levantó su voz, Lindsy lo miró de reojo. Su vista fue interrumpida por la figura de Grace, que se levantó seguido de William. Ella tomó al último de su camisa para detenerlo, ignorando sus intentos violentos de soltarse.
Alice apretó sus puños con furia al tener a Grace frente a ella. Su humillación contra su grupo se apoderó por completo de su mente.
—Apártate, sucio normal. Ya les ofrecí misericordia antes. Dejemos lo anterior como mi victoria.
—Voy a matarte.
Jazka encendió su aura al notar las intenciones hostiles de Grace hacia su compañera, pero Rachel se interpuso entre los dos. Miró a Grace a los ojos, negando con su cabeza. La determinación en la mirada de la rubia era notable para su compañero, pero ella verdaderamente no podría ser capaz de detenerlo si él propusiera quitársela de en medio.
—Ya estamos fuera. Ya todos estamos a salvo. Que peleemos entre nosotros ya no tiene ningún sentido.
—¡Esto no se trata de buscarle un sentido! No es diferente a tu copia, o al director. —Grace tomó a Rachel de su chaqueta celeste, obligándola a ponerse de puntillas— ¿Por qué no nos encargamos de ella también? ... Rachel, ¿por qué la vamos a dejar ir si ella también ha hecho cosas horribles?
La voz quebradiza de Grace resonó en los oídos de todos los presentes. Quienes mantuvieron sus opiniones para ellos mismos, nadie quería apartar la vista de lo que estaba por ocurrir. Jazka apagó su aura, observando a su apática compañera mirar a otro lado cruzada de brazos, mordiéndose su labio para evitar gritar y refutar al de rosado. Incluso ella entendía que discutir solo empeoraría todo.
—Grace, no te bastará que te diga que todo fue un gran malentendido... así que te voy a dejar en claro que no hay nada que podamos hacer tú y yo si ella quiere irse de aquí. —Rachel mantuvo sus ojos en los de Grace. Ninguno cedería. Ella lo tenía en mente, de hecho, sus palabras lo hicieron enojar incluso más— Si la enfrentaste, sabes qué puede hacer, sabes que no puedes ganar. Lo que te estoy pidiendo de seguro es horrible, pero por favor, por favor... no sigamos con esto.
Grace sintió una mano en su hombro, Jesse lo alejó de Rachel, tomando suavemente la mano del pelirosado. Lo llevó lejos de los magos y la rubia.
—Vámonos, Grace... También estoy molesto con ella. —dijo Jesse con sus ojos cristalizados, observando por un momento a Alice. Su desprecio por aquella mujer era más que obvio, pero se tragó sus palabras e insultos por un bien mayor— Pero ya todos los demás estamos bien... los que hacen el mal, recibirán su castigo algún día.
El sonido de aplausos detuvo a Jesse. Quien volteó a ver quién era el gracioso que buscaba una paliza en este momento. Su confusión fue grande al no reconocer al hombre que aplaudía tan animado.
—¡Sabias palabras! Pero inútiles, incluso los que hacen malas obras salen impunes al tener la suficiente fuerza. —Exclamó el hombre que rondaba los 40 años.
Rachel dirigió su mirada al desconocido, notando su atuendo gris, que de seguro era muy costoso, pero lo que más llamaba su atención era el único mechón de cabello blanco en su pelo negro. Obviamente teñido, pues el negro parecía ser su color natural.
—Si tuvieras la fuerza necesaria, serías capaz de hacerla pagar por las cosas malas que haya cometido. ¿Crees tener la fuerza necesaria, jovencito? ¿De verdad eres fuerte?... o quizás solo eres un pez muy grande en una pecera demasiado pequeña.
—¿Eres otro lunático trabajando para Adarza? —gruñó Grace, cansado de escuchar lo que para él eran palabrerías de un loco.
—Claro que no. Solo soy un padre preocupado porque su pequeña dijo que algo malo estaba ocurriendo. Vine tan pronto como pude.
Rachel dirigió su mirada hacia Lindsy, que salió corriendo hasta quedar frente a aquel hombre. La sorpresa de la mayoría fue grande, pues la de negro abrazó al mayor y este correspondió el cálido abrazo con una sonrisa.
—¡Ha sido un día terrible! Además, tengo muchas cosas que contarte de Jazka.
—Espera, Lindsy, espera. Señor Lawrence, mire, lo que pasa es que ocurrió un malentendido. —Jazka salió corriendo, tirando a Albert por el suelo, acercándose al mayor junto con Alice.
—Estoy ansioso por escuchar lo que ambos tengan que decir. Pero hay que llamar a la policía y enviar a cada niño a su casa.
Rachel observaba al padre de Lindsy con interés. Su sonrisa calmada, su ropa elegante y su presencia tranquila lo hacían lucir como si tuviera el control de todo. Eso llamaba su atención, pero ahora que estaban en una situación más calmada, sacó su teléfono para llamar a su hermana, ansiosa por escuchar su voz. El celular de Chloe sonó sin descanso, hasta que Rachel se cansó de llamar.
La rubia quiso dar un paso, siendo detenida por la imponente figura de Rose. Sus afilados ojos acusadores apuñalaban el alma de Rachel por debajo de esas gafas. La golpeada rubia tragó saliva.
—No tengo tiempo para esto, Rose. Por algo no dejé a Grace pelear.
—Tampoco voy a discutir mucho. —Respondió Rose con amargura—. Te salvas de que Logan esté lamiéndote el culo, pero ten claro esto: No te perdono.
Rachel frunció el ceño. Soportando las ganas de gritarle «Yo no necesito tu maldito perdón», se hartaba de la actitud que Rose ha mantenido todo el día.
—De aquí en adelante, recuerda bien, grábatelo en tu cabeza, si ya te lo dije, te lo volveré a decir... —Rose acomodó sus lentes, luego señaló a Rachel y levantó la voz—. Todo aquel que muera de ahora en adelante, cada persona que Adarza mate, controle, lastime y los que ellos lastimen por consecuencia, serán también tus víctimas. No importa si tratas de corregirlo, hasta que no la detengas, la mano de Adarza será tu mano. Incluso después, sus pecados serán los tuyos.
Rachel tragó saliva sin encontrar en su mente una respuesta adecuada. Rose mantenía su mirada en ella, sin parpadear ni un momento.
—Te deseo la mejor de las suertes, Rachel Ficks. Ojalá no seas un monstruo cínico como para que esto no te afecte, porque si no te afecta el dolor de los otros, ¿cuál es la diferencia entre Adarza y tú?
Al terminar aquella frase, Rose dio una vuelta abrupta y caminó a la salida de la escuela, no tenía intención de esperar a la policía u a otro compañero.
Otros estudiantes hicieron lo mismo, corriendo fuera de las instalaciones tan rápido como podían. Troy y Carl se despidieron de sus compañeros para retirarse, irían al hospital más cercano.
—Rachel. Dale una paliza a tu copia de mi parte. Arrástrala por el suelo y parte sus piernas. —William pasó junto a Rachel, palmeando su espalda. Alcanzó a los hermanos para ayudar a Troy a caminar— ¡Grace, Jesse! Nos fuimos.
La pareja cambió de dirección al escucharlos y decidieron ir todos juntos. Grace le dedicó una mirada seca a la pequeña rubia golpeada, mientras que Jesse se despidió con su mano.
—Rachel, buena suerte... Si necesitas ayuda, puedes contar conmigo. —dijo Jesse con una angelical sonrisa, antes de continuar su camino.
Rachel observó al problemático grupo irse. No era la primera vez que los veía marchar, pero una sensación nostálgica invadió su pecho a pesar de que esto era una actividad normal, pero una espina le decía que esto estaba mal. Faltaban dos espaldas alejándose, dos miembros que no volverían.
Su mirada dio al suelo, y la cálida voz temblorosa de una joven la sacó de sus pensamientos.
—Supongo... Supongo que no iremos al cine después de todo.
Rachel sonrió ante la broma de Clara. La castaña, al notar que había animado a su compañera, sin dudar, la abrazó de su cuello con gran fuerza, obligando a Rachel a apegarse.
Rachel contuvo el aliento, luego correspondió el abrazo cerrando sus ojos. Lawrence le señaló a Lindsy aquella vista, y la pelinegra se acercó a ambas.
—Tengan cuidado, ¿Sí? —murmuró Clara entre su emergente llanto—. Espero volver a verlas, yo las quiero mucho... ¿Por qué tuvo que pasar algo tan horrible como para conocerte mejor, Rachel?
Rachel se separó del cálido abrazo, muda a las palabras de afecto de Clara. Lindsy ayudó a la castaña a limpiarse las lágrimas que caían por sus mejillas.
—Clara, también ten cuidado.
—No vayan a hacer nada estúpido... En especial, no dejes que Rachel haga algo estúpido.
—Hey.
Lindsy reía por la molestia en Rachel, por otro lado, Clara sacó su celular para buscar su número de teléfono.
—Quizás te parezca tonto, pero aún no me sé mi número... Toma, Rachel.
—¿Me vas a dar tu celular?
—No. ¡Mi número! —ella gritó; sabía bien que Rachel se burlaba ahora mismo. Pudo relajar su cuerpo debido a aquella broma— Cuando me necesites... aunque, no creo que alguna vez lo hagas, llámame... Así sea solo para hablar.
Sorprendida por su amabilidad, una cálida sensación se apoderó del pecho de Rachel y ella asintió con una gran sonrisa.
—Suerte.
Clara corrió a abrazar a Dexter, el de rojo gimió de dolor al sentir cómo presionaban su brazo lastimado, luego correspondió aquel abrazo. Poco después dirigió su mirada a la rubia antes de llevarse su mano a la frente.
—Un honor servirle, jefa. Suerte en su cacería de espejos malignos.
No necesitaba que le dijera qué haría al salir de la escuela. Era obvio para todos que Rachel buscaría a Adarza. Dexter salió junto a Clara, ahora los únicos restantes en el patio eran los magos y la pequeña golpeada de ojos azules.
Jazka y Lindsy explicaron al mayor todo lo que ocurrió para ambos en ese ajetreado día. Rachel se sentó en el césped, golpeando su propio muslo con impaciencia, quería ir con su hermana ahora mismo.
—Entiendo. Jazka, eres un imbécil.
—Perdón, señor.
—Alice, ¿por qué te falta un diente? —el mayor estaba algo confundido.
Lindsy observó con curiosidad y una enorme sonrisa se marcó en su rostro al darse cuenta de que es cierto. Cubrió su boca para no reír, mientras que Alice ardía en rabia. Lawrence puso los ojos en blanco, teniendo más en claro la ineficiencia de la joven operadora.
—¡Es que!... Señor, eran como 4 y yo estaba sola y... Y... No hablemos de eso. —Alice se rindió, bajando su mirada, siendo consolada por Jazka.
—Pero ignorando eso, quisiera escuchar también la historia de nuestra pequeña y silenciosa amiga... ¿Rachel?
Lawrence Logan caminó hacia la rubia. Rachel se levantó algo nerviosa, limpiando la arena de sus pantalones.
—Y me encantaría hablar, en serio. No tengo ningún problema en conversar con ustedes, pero si me llevaran a buscar a mi hermana, yo lo agradecería... Mucho.
—Este, papá, la hermana de Rachel podría estar en peligro. Al parecer, todo es causado por un espejo que posee una habilidad sobrenatural para crear copias de las personas. —Lindsy saltó a explicar, mirando repetidas veces a Rachel de reojo en caso de que se esté equivocando en algo—. Mientras tus conocidos se encargan de... limpiar aquí. ¿Puedes venir conmigo a ayudarla?
—¿Y cómo decirle "no" a mi pequeña princesa?
La respuesta de Lawrence hizo brillar los ojos de Rachel. La pequeña princesa de papá terminó con su rostro enrojecido al saber que Rachel escuchó el apodo cariñoso que le tenía su adorado padre. La rubia quería estallar en risa.
Jazka cargó el cuerpo de Albert. Rachel observó con curiosidad cómo Lawrence se alejó y utilizó su celular. Supuso que llamaba a quienes se encargarían de este desastre.
«¿Será que los operadores tienen su propio sistema de limpieza de asesinatos?... No es diferente a una mafia».
Antes de que se perdiera en sus pensamientos, Lindsy jaló a su compañera de la muñeca. Rachel se dejó llevar, observando la espalda de Lindsy. Ambas entraron a un lujoso auto negro, Rachel se sorprendió de entrar a una limusina por primera vez. Se sentaron en los asientos traseros. Mientras que Alice y Jazka fueron a los laterales.
Rachel se sintió en un mundo distinto. Tanto lujo para el interior de un auto le resultaba tan innecesario. Solo resaltaba que Lindsy en verdad era una princesa.
—Adoro el auto familiar. Algún día yo tendré uno incluso más bonito que este. Ya verán. Uno que resalte toda mi magnífica imagen. —Alice se lanzó en su asiento, acomodando una pierna sobre la otra, abrazando por el cuello a Jazka cuando se sentó a su lado.
—¿Entonces le faltará una luz delantera? —Alice permaneció en silencio por el comentario de Lindsy.
Lawrence entró, haciendo un espacio entre Rachel y Lindsy. Obligando a la pelinegra a moverse para que él se sentara en el medio. Lindsy buscó evitarlo, pero accedió de mala gana. Lawrence se sentó igual que Alice, con una pierna sobre la otra, observando a Rachel con una sonrisa brillante.
—Observa esto, niña. —El extravagante pelinegro de ojos verdes presionó un botón en el asiento, sin apartar la mirada de Rachel—. Percival. Ve a la dirección que la señorita va a darte.
—Ni siquiera se llama Percival el conductor, se llama Fred.
—Matas la magia, cariño. —Lawrence frunció el ceño, observando a la burlona Lindsy, que desvió su rostro para ver por la ventana con una gran sonrisa.
Rachel soltó un suspiro. Dio la dirección y se mantuvo en silencio cuando la limusina arrancó. Ansiosa porque Chloe no salía de su mente y sentir la mirada de Lawrence solo aumentaba más sus nervios. Ella lo miró a los ojos, su tono era más apagado que los brillantes ojos esmeralda de Lindsy.
—¿Qué quiere que le cuente? Me va a atravesar la piel con su mirada. —Rachel cedió.
—Creí que tardarías más. Luego podrás contarme bien tu historia. Un espejo mágico que creó un clon asesino. Eso no es algo que ocurra todos los días. —Lawrence hizo un ademán con su mano, chasqueando la lengua con su brillante sonrisa— Quiero preguntarte, Rachel, ¿Qué es la fuerza para ti?
Esa pregunta la tomó desprevenida. ¿Qué era la fuerza? Rachel miró de reojo a Lindsy, esperando su ayuda. La "princesa de papá" negó con la cabeza. Rachel estaba sola.
—Bueno... déjame pensar. —Tomó su cabeza con cuidado, cerrando sus ojos. ¿Alguna vez se hizo esa pregunta? No— La fuerza para mí... pienso que solo es un medio para cumplir objetivos.
—Buena forma de verlo. ¿Y quiénes para ti son verdaderamente fuertes?
Rachel quedó pálida, no esperaba que continuase la conversación. Pensó poco y respondió dudando de sus propias palabras.
—Pues, la gente que... ¿Cumple sus metas? Supondré que no hablamos de una fuerza física, ¿cierto? La verdadera fuerza está en aquellos que pueden generar un verdadero cambio en su entorno.
—¡Yo soy verdaderamente fuerte! —Alice gritó. Cerró los ojos para dormir un rato al sentir a Jazka acariciando su cabeza— Despiértenme al llegar.
—Qué punto de vista sobre la fuerza tan interesante. Casi puedo decir que opino lo mismo. Creo que la gente que puede decir que es fuerte, es solo aquella que controla su propia vida y su destino. Ahora, para terminar, ¿crees que los fuertes siempre han sido así o la fuerza se gana?
—Supongo que... La gente puede volverse fuerte.
—¡Error!
Rachel casi saltó por el grito repentino de Lawrence. Él negaba con un dedo, desaprobando las ideas de Rachel con su cabeza. Luego siguió.
—La gente fuerte siempre ha sido fuerte. El débil siempre será incapaz de cambiar el mundo a su alrededor, tampoco podrá cambiarse a sí mismo. El fuerte siempre podrá hacerlo, aunque tarde en darse cuenta de que puede generar cambios.
Escuchó atentamente sus palabras. Teniendo un pequeño conflicto con ellas. Le resultaba un poco ilógico, pues eso hace que muchas personas sean fuertes. «¿Todos aquellos capaces de cambiar y mejorar son fuertes?» O al menos así entendía las palabras de Lawrence.
—¿A qué viene toda esta conversación, papá? —Lindsy no entendía por qué su padre hablaba de estas cosas de forma tan repentina. Podía notar que estaba más emocionado de lo usual, le resultaba un poco extraño, pero prefirió no mencionarlo.
—¿Por qué me pregunto si será Rachel Ficks fuerte?... Porque si necesitas matar a esa copia tuya, tendrás que ser una persona fuerte si no quieres morir. Podemos garantizar nuestra ayuda, pero no tu seguridad total. —respondió Lawrence. Observando por un momento a su hija, quien negó con la cabeza.
—Rachel no morirá, yo me encargaré de protegerla de cualquier peligro. —Lindsy llevó una mano a su pecho luego de su afirmación, dirigiendo una mirada más seria de lo usual a su padre.
Lawrence no dijo nada. Revolvió el cabello de su hija para sacar su celular. Rachel observó de reojo a Lindsy, inclinándose un poco hacia adelante para que Lawrence no cubriera su vista. Para su sorpresa, Lindsy hizo lo mismo. Ambas se miraron, entonces Rachel se preguntó en su mente «¿Le he agradecido por todo lo que está haciendo?» No recordaba haberle dado las gracias, y si lo hizo, quería hacerlo otra vez.
Ella no tenía ninguna razón para ayudarla, Rachel aún no entendía si es solo porque Lindsy Logan es una persona maravillosa o tenía alguna otra razón, pero, de cualquier forma, estaba agradecida.
El lujoso coche paró frente al hotel. Rachel se bajó tan rápido como fue posible, seguida de los dos Logan. Jazka recibió la orden de quedarse en el auto y cuidarlo.
—¡Chloe!
Al llegar a su piso y tener en frente la puerta de la casa del novio de su hermana, entró sin dejar de sonreír. Lindsy llegó más atrás, llevando una mano a su boca conteniendo un suspiro al ver la escena frente a Rachel.
Un hombre de entre 20 años de vida yacía sobre un charco carmín, juzgando por el color opaco de la sangre, ya llevaba tiempo ahí. La muerte a simple vista era obvia, su cuello estaba abierto.
—...
El rostro de Rachel palideció, su sonrisa se esfumó y por un momento contuvo sus ganas de vomitar. Era otro cuerpo conocido, lo veía al menos dos veces a la semana.
Aunque sus conversaciones no eran muy largas, sabía que era un buen chico, que hacía muy feliz a Chloe.
—Marcus. No...
Con ojos en lágrimas, Rachel caminó al cuerpo del moreno. Lawrence fue cubierto con un brillo azulado y su hija con su característico morado. Ambos mantuvieron inexpresividad en sus rostros, no por apatía, sino porque quien haya hecho esto podría estar cerca.
—No creo que haya alguien aquí, pero más vale prevenir.
—Rachel, quédate conmigo. No te alejes.
Rachel obedeció a Lindsy sin reprochar o pensar en una idea diferente. Se alejó del cuerpo de Marcus. Su pecho, por más que bajaba y subía, no sentía que en verdad estuviera respirando, le era imposible creer que una persona tan buena como él muriera de forma tan horrible. Se preguntaba qué pensaría Chloe al saber lo que ocurrió: «Ella estará inconsolable», pensó Rachel.
—¿¡Chloe!?
Llamó a su hermana, solo el silencio le respondió. Lindsy caminó en dirección a la cocina, llevando a Rachel detrás de ella. Su padre fue en dirección frente al cuerpo, yendo al dormitorio del pequeño departamento.
—Logan, yo creo que Chloe se fue a casa. Vamos a mi casa a buscarla, Adarza debió venir por ella y no la encontró.
Lindsy avanzó en silencio, ignorando las palabras de Rachel. Su sentido mejorado del olfato debido a su aura le estaba llevando a un horrible descubrimiento.
Rachel, al no recibir respuesta, frunció el ceño. Tomó la muñeca de su compañera para moverla con fuerza.
—¡Logan! ¡Que nos vamos! Chloe debe estar en casa. ¿¡Qué pasa si Adarza llega primero!? Podría fingir ser yo.
El peor de los escenarios pasó por su mente, Lindsy la miró a los ojos con remordimiento. Se soltó del agarre de Rachel y cruzó la entrada a la cocina. Tan rápido como entró, salió, deteniendo el paso de Rachel, tomándola de su muñeca.
—Rachel, espera en la sala.
Un escalofrío recorrió su espalda. Esos ojos que antes eran imposibles de descifrar ahora emanaban una desesperación notable para Rachel. Su corazón dio un vuelco, tratando de mirar sobre el hombro de su guardiana.
—¿¡Por qué!?... ¿¡Qué viste!?
—¡Que esperes en la sala! —Su autoritario grito asustó a la rubia. Observó arrepentida cómo los ojos de Rachel se inundaron en lágrimas, alejándose de Lindsy.
—¿Por qué me gritas? —Su voz se quebró. Una mueca de dolor se hizo presente en su rostro al sentir el fuerte agarre de Lindsy en su muñeca.
La de ojos esmeralda la soltó con miedo de haber sido muy brusca, su aura desapareció. En ese momento, Rachel empujó a Lindsy a un lado con todas sus fuerzas, arrojándola al suelo.
—¡Rachel! ¡Espera!
Haciendo caso omiso, entró a la cocina. Lindsy se levantó tan rápido como pudo, entrando después. Rachel, inmóvil, horrorizada y confundida, observaba el cuerpo de una mujer de cabello negro tirado sobre otro charco rojo opaco.
Se le hacía extrañamente familiar.
—Rachel...
—¿Quién es esta mujer, Lindsy?