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#07 Estúpido Y Extraño

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

―¿Por qué debería soltarlos? ―preguntó el mago con su curiosidad clavada en la decidida mirada de Clara―. ¿Entiendes que ellos son malas personas? Escuché que van a dañar a los demás.

A Rachel ya no le era posible escuchar su conversación. Todos los sentidos de la aterrada rubia luchaban por encontrar una forma de soltarse de las enredaderas que la asfixiaban. Lo único que se oía eran aquellos desesperados intentos por respirar que escapaban de su boca.

―¡Porque ellos no son los malos!... ¡Usted se equivoca! ¡Por favor!, ¡por favor! Ya no lastime a mis amigos...

Las súplicas de Clara ablandaron un poco el corazón del trajeado hombre, pero no fue suficiente como para hacerlo cambiar de opinión sobre lo que estaba por hacer. Negó con su cabeza en dirección a la castaña y luego tocó con su dedo una de las flores a las que Clara se aferraba.

―Están engañándote, mi niña. Son malas personas ―respondió con un tono gentil y paternal―. Hermosa y pequeña señorita, puedo apreciar que su enorme corazón está lleno de nobleza. Lo sé porque reconoció lo mucho que cuidé estas flores.

―¿Por las flores?... ¿Ah?

Que fuera el dueño de aquellas flores fue una sorpresa para Clara, aunque no importaba en lo absoluto en este momento.

Ella miró hacia atrás sobre su hombro y observó a sus compañeros retorcerse en el suelo, anhelando probar algo de aire para evitar su desgraciado destino. Trató de entender las palabras de esa persona adelante, pero su cerebro no fue capaz de entender cómo el hombre llegó a esa conclusión. Dexter era un payaso, no un asesino. Rose era amargada, no una mala persona... y Rachel parecía una mala persona, pero estaba segura de que era buena por dentro. Ella le dijo que salvarían a todos los demás. No importa cómo Clara lo viera, ninguno de ellos era una mala persona.

―¿Cómo puedes saber si son malas personas? ―Su voz se intensificó. Con labios temblorosos y las palmas sudadas por el miedo, tomó al hombre de su saco― ¡incluso siendo malas personas, ¿qué le da derecho a decidir si viven o mueren!? Suéltelos... ¡Suéltelos! ―Clavó su intento de mirada amenazante en los ojos amarillos del mago, algo que no causó ningún impacto en el contrario.

No podía hacer mucho más que suplicar por la vida de sus amigos. Era débil, cobarde y no podía cambiar ninguna de esas dos cosas. Derramaba lágrimas sin parar y trató de golpear con fuerza el estómago del mago. Había dejado su bate donde cayó después de la explosión. No pasó por su mente recogerlo al ver que todos estaban siendo asfixiados menos ella.

Esos golpes no le hacían nada. No movían al hombre ni causaban la más mínima reacción en su rostro, como si golpeara una pared brillante e indestructible. El tormento de ser una completa inútil nubló su mente y, poco a poco, sus puños se detuvieron por completo. La castaña cayó al suelo de rodillas, cubriéndose el rostro con sus débiles y pequeñas manos, llorando aún más fuerte.

Rose maldijo en su mente: "Todo esto es culpa de Rachel". Ahora estaba asfixiándose en el suelo, intentando jalar las plantas alrededor de su cuello, al igual que Dexter. Era imposible, no cedían ni un centímetro aquellas serpientes con hojas dispuestas a estrujar el cuello de los chicos hasta que su último aliento fuera exhalado.

―Todo estará bien; una vez acabe con todas las malas personas de la escuela, ayudaremos a la gente que fue capturada. Déjalo todo en mis manos. ―El hombre le sonrió con dulzura a Clara, un intento inútil de consolarla.

Clara, otra vez, golpeó al mago tratando de detenerlo. Sus puñetazos no llegaban a mover la pierna del hombre ni un poco, y en su frustración, trató de morderlo. El de traje se sorprendió y le alejó la cabeza con cuidado de no lastimarla.

―¡Hey! No puede morder a los demás, eso es muy antihigiénico, no actúes como un animal. Una linda señorita no debe actuar de esa forma, ¡deténgase!

Y de la nada, un punzante ardor junto a la sensación de ser impactado con un objeto extremadamente duro en su costilla. Confusión y dolor se marcaron en su expresión, poco después, voló contra la pared, se estrelló con fuerza en el muro, generándole algunas grietas.

Al momento de que su cabeza golpeó la pared, el mago por un momento perdió sus sentidos, y aquellas enredaderas que estrujaban a los tres adolescentes se aflojaron, dejándolos en libertad y permitiendo que el dulce oxígeno circulara hasta sus pulmones otra vez.

Rachel respiró de forma violenta, tomando su cuello por el ardor que esas enredaderas dejaron. Alejó rápido esas serpientes con hojas y se levantó mirando a su alrededor sin entender por qué el ataque se detuvo. Sus ojos azules se abrieron con sorpresa ante la increíble vista. Clara estaba de rodillas en el suelo, limpiándose las lágrimas mientras observaba cómo el extraño mago trataba de pasar el fuerte golpe que recibió. Frente a Clara, una chica conocida era cubierta con el mismo brillo que cubría al de negro antes de chocar con el muro, solo que este brillo era de color morado y no verde.

La expresión furiosa de Lindsy Logan sorprendió a Rachel, quien quedó paralizada por sus afilados ojos y su muy notoria indignación. Ese brillo le dejaba más que claro a Rachel la conexión entre Lindsy y ese extraño sujeto. Ambos eran usuarios de magia.

―Lindsy...

Todo cobró sentido para la golpeada rubia en ese momento, eso explicaba la confianza de Lindsy en todo momento.

La brillante chica se lanzó a gran velocidad contra el trajeado, lanzando una patada a su rostro. Falló y golpeó la pared, provocando más grietas. El de cabello largo logró reaccionar a tiempo y ese brillo verde cubría su cuerpo otra vez. Lindsy no trató de dejarle ni un momento en paz, y patada tras patada, buscaba golpear al hombre, que evitaba a toda costa ser golpeado.

―¡Lindsy! ¡Espera! ―exclamó el hombre con voz temblorosa mientras esquivaba cada intento de Lindsy por golpearlo.

Rose y Dexter observaban con asombro aquella escena, y Clara aún no entendía muy bien lo que ocurría, así que se mantuvo en silencio, aún arrodillada.

En un intento desesperado por alejar a Lindsy, el alto hombre llevó su mano al interior de su saco y lanzó una esfera de color negro. Lindsy reaccionó de inmediato, pateó aquella esfera que estalló a unos metros detrás del hombre, liberando una fuerte corriente de viento, enviando a volar a Lindsy y su rival junto más cerca del grupo de Rachel. Esos cuatro también recibieron un poco de ese impulso, pero al no estar tan cerca, esta vez no salieron volando.

Ambos magos rodaron por el suelo. Lindsy detuvo el impulso con sus manos y, apenas pudo, se reincorporó. Corrió de nuevo hacia su oponente sin darle descanso. Jazka hizo lo mismo, solo que en vez de correr en dirección a Lindsy, fue al lado opuesto para alargar la distancia entre ambos.

Rachel no podía creerlo.

No, sí podía creerlo. Justo delante de ella, Lindsy era rodeada por ese extraño brillo, al igual que cuando el espejo fue rodeado por esa aura roja, o el hombre de negro al crear esas enredaderas.

«¿¡Por qué no lo dijo!?», pensó molesta. ¿Cómo había ocultado un detalle como ese en una situación así? Además de demostrar una increíble velocidad y reflejos sobrehumanos que fácilmente pudo utilizar para tratar de salvarla de Albert hace minutos atrás.

Se sentía traicionada en cierta medida. Y entendió por qué la mujer podía estar tan confiada en estos momentos. Su fuerza, su velocidad. Si quería, masacraría a todos en el salón en segundos, pero no lo hizo, tampoco salvó a Ben, pero ahora estaba ayudándolas.

―¡Tienes que salir de su control! ¡Lindsy! ¿No me recuerdas? ―preguntaba el hombre con suma tristeza en su voz y su rostro― ¡Soy yo! ¡Jazka! ¡Tu mejor amigo!

―¡Tú nunca serías mi mejor amigo! ―respondió ella.

Continuaban con el juego del gato y el ratón, donde Lindsy demostraba ser el gato. El de traje, Jazka, sería alcanzado por la mujer. En un intento desesperado, lanzó tres pequeñas semillas envueltas en el brillo verde. Estas germinaron a gran velocidad y tomaron una forma bastante extravagante. En vez de convertirse en un majestuoso árbol, siguiendo los deseos de Jazka, al estar cerca de Lindsy se convirtieron en una especie de prisión.

El tronco de esos tres árboles pequeños era delgado, y se curvaban alrededor de la joven de negro y verde, mientras que sus raíces se clavaban en el suelo con firmeza. Las ramas a gran velocidad crearon una cúpula alrededor de la chica.

―¿¡Árboles!? ¿¡Cómo es que hizo aparecer Espinos Paraguas de la nada!?... ¡Increíble!

Rachel miró a Clara por un momento, sorprendida de esos conocimientos sobre árboles. Luego dirigió su mirada nuevamente al tal Jazka, que al parecer conocía a Lindsy desde antes y eso llamó la atención de la rubia.

―¡Claro que soy tu mejor amigo! ¡Nos conocemos desde pequeños! Y estoy tan enamorado de ti. ¿Eres capaz de lastimarme? ―preguntó llevando las manos a su pecho.

Las enredaderas recobraron su vida y se deslizaron por el suelo hasta volver a Jazka, subiendo por sus piernas hasta regresar a esconderse dentro de las mangas de su saco, enrollándose en sus brazos.

Un puño emergió de la cúpula destrozando las ramas recubiertas del brillo verde. Lindsy a golpes hizo un agujero y salió de la prisión de árboles. Mirando a Jazka con mucha más rabia que antes, apretando sus dientes, manteniendo sus manos en forma de puños.

―¡Esa mirada! ¡Tú nunca me miraste de esa forma! ¡Todo es culpa de esa gente maligna que te utiliza para sus fines!

Lindsy tomó un momento para respirar. Trató de calmar sus nervios y esos incontrolables impulsos de golpear a Jazka. No estaban llegando a ninguna parte y ahora mismo le era imposible acercarse lo suficiente como para golpearlo sin que él la detuviera.

―Jazka, todo lo que pase por tu cabeza en este momento es un error. ―Optó por razonar, o al menos intentarlo―. Escúchame, por favor... Usa tu cabezota solo esta vez.

Jazka asintió desconfiado, estirando sus brazos a Lindsy en caso de que fuera todo un engaño. En su interior estaba seguro de que aquellas palabras eran totalmente falsas, era imposible que Lindsy lo odiara.

―Estamos buscando a los demás estudiantes capturados por un grupo de profesores y estudiantes ―explicó Lindsy. Por su forma de hablar, cualquiera creería que estaba explicándole algo a un niño―. Jazka, estás confundido.

―¿Quién es ese loco, Lindsy!?

―¿Y qué es ese brillo en tu cuerpo?

Dexter y Rose interrumpieron a la joven de negro. Lindsy dirigió una mirada rápida en su dirección, lo que le permitió a Rachel contemplar su angustiada expresión. Esos finos labios temblaban ligeramente y sus ojos pararon en ella. Retrocedió unos pasos por aquella mirada y esa expresión en Lindsy se hizo más notoria.

No era necesario que Rachel explicara las emociones que sentía en aquel momento, Lindsy las entendía todas a la perfección por su mirada desconfiada y la clara molestia que desprendía en su rostro.

―Rachel... ah, yo. No sé... Cómo explicar esto sin que suene mal.

Lindsy balbuceó un poco. Antes de recibir una respuesta de sus compañeros, sintió un fuerte impacto en su estómago que la dejó sin aliento y la empujó unos metros junto a sus compañeros. Clara corrió preocupada y quedó sin palabras al notar que el objeto con el que Lindsy fue golpeada era un gran puñado de hojas en forma de esfera. Que desapareció poco después.

Lindsy llevó sus manos a su estómago y se abrazó a sí misma. Cerró sus ojos con fuerza por el creciente dolor. Había sido su culpa por descuidarse y bajar la guardia. Su padre siempre le recordaba cómo en las peleas sus ojos debían centrarse en el oponente, pero confió demasiado en que Jazka no la atacaría y el antes mencionado se llevó una mano a su rostro, sonriendo con arrogancia mientras contenía lo que sería una gran risa.

―¡Casi me lo creía! En serio que eres igual de hermosa que mi bella Lindsy, pero hay algo que no te aprendiste bien. ―Jazka alejó su mano del rostro, levantando un dedo mientras su sonrisa desaparecía― Mi hermosa Lindsy nunca se equivoca al hablar, ella es perfecta en todo sentido. ―Aclaró con total seguridad.

Logan arrugó su cara ante la posesividad del mayor, no podía siquiera imaginar "ser suya". Su estómago se revolvía más por esas palabras que por el golpe de recién. Ignoró el dolor y el brillo se hizo más intenso. El aire se sentía más pesado y Rachel notaba cómo la hostilidad crecía en el ambiente. Tenía un mal presentimiento sobre lo que estaba por suceder. Eso le era aterrador.

―Si no vas a entender por las buenas, voy a tener que hacerte entender por las malas ―dijo Lindsy.

La opción de hablar ya no era viable. Entendió que Jazka era demasiado testarudo y estúpido como para sacarse la idea de la cabeza de que ella no era Lindsy Logan. Tampoco llevaba algo con ella que fuera capaz de probar su punto.

Jazka sacó del bolsillo de su saco algunas semillas y las alojó entre sus dedos, envolviéndolas con esa energía verde. Aquella presión en el aire fue disipándose cada vez más y, de un momento a otro, Lindsy salió hacia Jazka, luciendo su gran velocidad. Jazka le respondió, lanzando todas las semillas a la vez en dirección a la pelinegra.

―¡Agáchense! ―gritó Lindsy a quienes dejó atrás.

El corazón de Rachel dio un vuelco al ver cómo las semillas se convirtieron en redondas esferas llenas de espinas. Los cactus volaron contra la de ojos esmeralda y ella saltó sobre los cactus en un impecable giro en el aire. Los cactus pasaron de largo por encima de los otros cuatro estudiantes que siguieron la orden de Lindsy. La pelinegra apenas plantó sus pies en la tierra en un aterrizaje perfecto, siguió corriendo y Jazka formó una nerviosa sonrisa en su rostro; era un salto de admirar.

El trajeado volvió en sí y disparó una de sus lianas a la de negro, que la esquivó en último momento, ya peligrosamente cerca del alto.

Jazka dio un paso atrás con algo de temor, sin tomar en cuenta que solo estaban las escaleras. Perdió el equilibrio al resbalar y lo que evitó su inminente ruedo fue incluso más doloroso que si hubiera caído por las escaleras. La patada de Lindsy en su costado lo alejó de los escalones, lanzándolo al suelo frente a la puerta de un salón. Antes había sido su costado derecho y ahora el izquierdo también fue golpeado con fiereza y una fuerza descomunal.

―Cuidado, casi te caes. ―Lindsy dijo sin intento alguno de demostrar preocupación. Luego se acercó a Jazka con lentitud.

El hombre jadeaba por el dolor. Tratando desesperadamente de levantarse, pero sus brazos perdieron su fuerza y se dejó caer en el suelo derrotado.

―¡Eres increíble, Lindsy!

―¡Eso! ¡Eso! ¡Eso!

Lindsy caminó alrededor del hombre hasta quedar detrás, presionando su cuerpo contra el suelo, obligándolo a mantenerse acostado. Jazka no intentó luchar, y el brillo de su cuerpo fue extinguiéndose poco a poco. El brillo de Lindsy lo siguió y aquel colorido espectáculo finalizó con la victoria de la joven de negro.

Rose y Dexter no ocultaban la emoción en su rostro. Se sentían maravillados con aquella demostración de habilidades y el dominio de Lindsy en aquel combate. Salieron corriendo para abrazar a la de negro, quien se ruborizó de vergüenza y trató de apartarlos.

―No, esperen, alto. No tienen por qué agradecerme.

―Eres una basura despreciable. ―Dijo Rose arrodillándose junto a Jazka. Mirándolo como lo haría con cualquier bolsa de basura maloliente en la calle.

Su expresión alicaída fue toda una sorpresa para Rose. Esperaba algún enfado o gritos, pero el mago se había resignado con suma facilidad a aceptar su derrota. Aunque ella no era experta en estos temas, seguía siendo algo extraño.

―¿Cómo que no tenemos que agradecerte? ―preguntó Dexter―. Le diste una paliza a ese imbécil y nos salvaste... Además, ―El de cabellos rojos miró cómo Clara se acercaba. Salió corriendo hacia ella y la abrazó con fuerza de su cintura, dando algunos giros con la avergonzada joven― ¡Eres tan valiente, Clara! ¡Te pusiste frente a él y trataste de ayudarnos! ¡Te amo! ¡Te amo!

―¡No! ¡Dexter! Ba, bájame, por, por, por favor.

Ella sentía que podía morir de vergüenza en cualquier momento. No solo Dexter, Rose se acercó para abrazar con fuerza a los dos, y Jazka abrió sus ojos observándolos con curiosidad. Lindsy se sentó sobre la espalda del mago derrotado y con su palma golpeó fuerte al triste hombre en el suelo justo detrás de su cabeza.

―¡Ay!... ¿Por qué fue eso?

―Porque eres idiota ―respondió al instante. Soltó un suspiro pesado y miró a Jazka―. Debió quedarte claro que no quiero matarte, Jazka. Eres idiota y te equivocas, pero tienes suerte de no haber herido gravemente a nadie.

―¿Entonces el que estuvo en lo incorrecto fui yo? ―Esa revelación fue totalmente impactante para su mente. Se sentía como un completo tonto por tratar de dañar a la gente incorrecta― ¡Pero yo escuché todo! Estaba dormido en uno de los cuartos donde guardan las herramientas. Al despertar, pasé por tu salón para ver si íbamos juntos... pero cuando llegué ya había un muerto.

―Si se supone que escuchaste todo... ¿Por qué nos atacaste y no nos ayudaste? ―preguntó. Sabía que se iba a arrepentir de haberlo hecho.

―Bueno, escuché parte y luego me fui en busca de Alice... que también estaba dormida en la sala de música. No quise matar al director porque no sabía si matarlo ahí provocaría que maten a los demás, nunca aclararon nada de eso. Como los vi libres, pensé que eran controlados también por alguna habilidad... O simplemente no eran los verdaderos.

Jazka no estaba nada orgulloso de sus acciones al decirlas en voz alta. Tragó saliva dándose cuenta del gran error que había cometido. Puso a Lindsy y a gente inocente en peligro por tomar acciones sin pensar. Su orgullo estaba destrozado y lo peor fue que quedó como un idiota frente a la chica que le gusta, siempre quedaba así frente a ella.

Lindsy negó con la cabeza y se alejó del trajeado. Sintió un fuerte dolor de cabeza, descartó que su causa fuera el combate. La propia estupidez de su amigo era un tumor con el que la de negro debía cargar constantemente y que siempre le causaba malestar o pena. Luego de pensarlo un poco más, se detuvo en seco y tragó saliva. No quería darse la vuelta, ella sabe muy bien lo que le está esperando a su espada, pero tendría que hacerlo en algún momento, así que reunió valor y se giró hacia Rachel.

La de chaqueta azul cruzaba sus brazos, mirando a Lindsy a los ojos. Caminó hacia ella con lentitud y, al estar cerca, miró de arriba abajo a la maga. ¿Qué se supone que debía decirle? Rachel no lo sabía, Lindsy le debía una explicación y la obtendría, pero ahora había algo más importante que preguntar.

―¿Estás bien?

Lindsy se sorprendió por esa pregunta, y el toque de Rachel en su estómago le hizo arrugar la cara, soltando un gemido por el ardor. La habían golpeado muy fuerte con esa pelota de hojas.

―Ay, no... No te preocupes, estoy muy bien. ―Ella trató de responder con normalidad, pero el rostro indiferente de Rachel le daba a entender que esos toques eran a propósito― ¡Ya! ¡No hagas eso!

―No nos dijiste que eras una maga ―dijo Rachel, sin tapujos. Trataba de ocultar la hostilidad creciente en su pecho― ¿Por qué?

Sus miradas se cruzaron por un momento, esta vez Lindsy no pudo mantener el contacto y la apartó. Se sentía culpable y entendía que Rachel estaba molesta por ocultarle su condición, pero la voz de Jazka se llevó la atención de Rachel.

―Un mago, qué forma tan anticuada de decirlo... ―Jazka se levantaba con dificultad. Su cuerpo temblaba por el dolor restante, aunque ya menor. En su expresión dejaba ver que sentía ciertas molestias al moverse― No puedes culpar a Lindsy. Nosotros, los Operadores debemos mantenernos en secreto.

Rachel recordó las veces que Adarza se refirió a los usuarios de artes místicas como "magos"; era la primera vez que escuchaba el término "Operadores". Esa palabra solo le traía números a la cabeza o a gente manipulando las líneas telefónicas como en las series inspiradas en el pasado.

Jazka continuó al ver la confusión en el rostro de Rachel, mientras que Clara y los demás se acercaron en silencio para escucharlo.

―Los "magos" que tú dices son conocidos como "Operadores" y somos capaces de manipular el aura alrededor de nuestro cuerpo para usar habilidades especiales, pero debemos permanecer ocultos de la gente normal por cuestiones personales, recuerden eso, por favor. El término mago quedó obsoleto hace muchos años, hermosa damisela. ―El trajeado se hincó en una rodilla, bajando su cabeza ante los estudiantes que lo miraron asombrados― Yo ofrezco mis más sinceras disculpas. No hay palabras que expresen el torbellino de culpa y remordimiento dentro de mi alma, pero si puedo ayudarlos para compensar el daño que le hice, lo haré sin dudar.

Rachel arqueó una ceja con desconfianza. Aquellas palabras no hicieron ningún efecto en ella. No importaba si tenía nobles intenciones o no, trató de matarlos y casi la asfixiaba. Lo único que le interesaba de ese hombre era su habilidad para utilizar magia.

―¡Claro, amigo! Los accidentes ocurren. De seguro no tenías malas intenciones, de hombre a hombre, te entiendo.

Dexter extendió la mano a Jazka y lo ayudó a levantarse. Rose no estaba convencida, cruzó sus brazos mirando a otro lado, mientras que Clara le regaló una cálida sonrisa y le entregó aquellas flores que sostenía. Jazka las tomó con gratitud y asintió con la cabeza.

―Usted dijo ser el dueño de las flores ―dijo Clara. Observando cómo Jazka asentía con su cabeza―. ¿A quién iba a dárselas? ¿Por qué las dejó tiradas en el suelo?

―Oh, eso. ―La sonrisa de Jazka se desvaneció. Llevó las flores a su espalda mientras miraba a su alrededor, deseando que la tierra se lo tragara. Soltó una risa avergonzada y luego apuntó a Lindsy con aquel ramo― Era para Lindsy. Incluso quería escribir un poema para ella, no pude hacerlo por quedarme dormido.

―Cállate, cállate ya, por favor.

Lindsy no tardó en responder.

Harta de desviarse del tema, Rachel jaló a Lindsy de su muñeca y se alejó unos metros. La de negro se sobresaltó por el jalón repentino, pero no opuso resistencia y se dejó llevar junto a las escaleras. Rachel no dijo nada al detenerse y Lindsy asintió con la cabeza, entendiendo que aún requería una mejor explicación.

―No podía mostrarlo con tanta gente presente, y lo que ocurrió con Albert fue por mi descuido por discutir ―dijo Lindsy. Llevó una mano a su pecho y reunió valor para mirar a los juzgadores ojos azules de su contraria―. Los operadores debemos mantenernos en secreto porque es peligroso para nosotros. Puedo explicártelo todo una vez salgamos de esta situación, ¿bien?

Rachel tardó un momento, para Lindsy fue toda una eternidad. Perder la confianza de la rubia era algo que temía, pero Rachel asintió cerrando sus ojos.

―Lo que digas... ―Su desinterés llevó a Lindsy a sonreír. Rachel decidió no darle tantas vueltas. Lindsy había sido de mucha ayuda, y la ayudó ahora con Jazka. Juzgarla sería estúpido, y más al saber que de verdad tiene una razón lógica para no mostrar sus habilidades―. Solo no me mientas de nuevo.

―No lo haré... confía en mí. Nada de lo que haga será perjudicial para nuestro grupo. Está bien que tengas tus dudas, pero de verdad quiero ayudar. ―dijo con total honestidad. Tomó la mano de Rachel con cuidado y su rostro se enrojeció de nuevo― Yo quiero protegerte.

La rubia alejó su mano y se aclaró la garganta. Fue toda una sorpresa esa demostración de lealtad a sus compañeros. Solo quedaba más clara la diferencia entre Lindsy y ella misma. Una mujer que vela por el bienestar de otros sin olvidar su propia seguridad, mientras que la otra vela por su bienestar, ignorando el bienestar de los otros. Rachel detalló la expresión llena de confianza e inocencia en el rostro de Lindsy. Sus intenciones no eran malas.

―Eres una chica extraña.

Y entonces, ese comentario eliminó la sonrisa tan marcada de Lindsy. Quien quedó en un estado de confusión por aquellas palabras. No entendía por qué de repente decía que era extraña, y no le dio muchas vueltas al ver cómo la rubia levantaba su pulgar y sonreía un poco.

―Eso que hiciste contra Jazka fue excelente, Lindsy. Eres increíble. Cuando vayamos a buscar a Chloe, debes contarme todo sobre tus poderes mágicos sin omitir ni un solo detalle. ―dijo Rachel sonriente.

La de negro bajó y subió la cabeza con velocidad. Manteniendo una enorme sonrisa en su rostro, palmeó varias veces el hombro de Rachel; fue ella quien la jaló esta vez. Sorprendió a la rubia, llevándola de nuevo con los demás. Jazka las miró y levantó su mano en forma de saludo.

―Hermosa y maravillosa Lindsy. Estaba contándole a sus adorables compañeros cómo hemos sido amigos de la infancia por años, y hemos superado tantas adversidades codo a codo.

―La mayoría de lo que dijo, está sobreexagerado.

Sorpresa y decepción se marcaron en Jazka, que, sin saber qué decir, levantó su dedo mirando a Lindsy.

―¿Cómo puedes decir eso? No tienes que avergonzarte de nuestra fantástica relación.

Dexter no evitó reír ante el mejor dúo de comedia que había presenciado en una escuela. Rachel no sabía qué pensar sobre Jazka, para ella, era un extraño que hablaba exagerando todo, vestía con elegancia, pero actuaba torpemente. No lo perdonaría con facilidad. De seguro tendría pesadillas con esas lianas apretando su cuello.

Fue una experiencia aterradora, por más que intentara, no podía respirar. Todo estaba borroso y lo único que podía hacer era rogar que alguien la salvara. Ahora ese hombre que la hizo pasar por todo ese sufrimiento sonreía de pie como si nada hubiera pasado, y Dexter también lo dejó pasar con facilidad.

«Ese idiota debe ser masoquista... al menos Rose tiene un poco de sentido común».

Su observación era acertada. Rose tenía los mismos sentimientos que Rachel en estos momentos contra el alto hombre de negro. Seguía enojada y con una extraña sensación en el cuello que no olvidaría con facilidad.

Por otro lado, Clara fue la única en no ser atacada. No tenía verdaderas razones para mantener rencor hacia Jazka luego de que admitiera que todo fue un simple error.

Pero si lo veía desde otra perspectiva, ahora su grupo sería protegido por dos poderosos magos capaces de realizar hazañas increíbles. Ya no tenía que preocuparse de los profesores o estudiantes que trataban de asesinarla, y hubiera disfrutado más el momento, de no ser por el intenso dolor que renació en su rostro. Llevó una mano a su mejilla y acarició toda su pálida cara hinchada. La paliza de Adarza molestaba de nuevo.

Soltó un ligero gruñido y alejó su mano, no recordaba que trajera pastillas, tendría que aguantarse hasta salir de la escuela y eso le molestaba. Lindsy notó el gesto de Rachel y luego miró a Jazka otra vez.

―¿Dónde está Alice? ―preguntó con curiosidad. Ellos eran uña y mugre, carne y sangre. Luego recordó lo que dijo Jazka― Cierto, dijiste que estaba en la sala de música. ¿Sigue ahí?

Jazka movió su cabeza, respondiendo a su pregunta con una negación. Lindsy ya supuso que debería estar en otro lugar, pero el trajeado alzó sus hombros mirando a la de negro.

―Ya no tengo idea de dónde esté. Quizás siga en el segundo piso.

―Hey, mago. ¿Qué eran esas cosas que nos lanzaste hace poco?

Dexter interrumpió la conversación de Jazka y Lindsy. Acercándose con curiosidad. Esas pequeñas bombas eran tan potentes como para lanzarlos lejos y reventar ventanas con la presión del aire que expulsaban, además de llenar todo de humo. El joven burlón se encontraba muy emocionado, y Jazka lo miró con alegría mientras sus ojos brillaban. Esperaba que alguien se lo preguntase.

―¡Veo que tienes un ojo excelente! Son las Jazky-Bombas. Ese nombre se lo dio Alice. Verás, mi estimado compañero. Cuando insertó mi aura dentro de bombas diseñadas por mí, puedo almacenar un montón de viento que sale a todos lados con velocidad. El humo de antes es parte de otra bomba, pero no lo generé yo.

Explicó todo con orgullo de sus creaciones. Desde pequeño fue aficionado a la creación de artilugios extraños y potencialmente peligrosos, no podía evitar hablar de sus bombas como si fuera un padre que mostraba a todo el mundo los logros de su hijo, lleno de orgullo.

Y Dexter quedó aún más maravillado con esa explicación. Era increíble.

―Sigamos avanzando ya... ―exclamó harta. Rose llegó al límite de su paciencia por esos dos idiotas y fue a las escaleras.

―... Jazka, Alice cree lo mismo que tú, ¿no? Ella también piensa que todos los que estén libres son gente mala.

―Afirmativo, señorita Lindsy. Le di la orden de que atacara a todo estudiante o profesor sospechoso.

La de negro apretó sus dientes. Rachel observó con confusión esa expresión de pánico, no le fue difícil entender que esa tal Alice era una maga igual que ellos, entonces tenía habilidades sobrenaturales que la ponían en ventaja contra las personas normales.

Lindsy salió corriendo escaleras abajo sin esperar a ninguno de sus compañeros. Jazka reaccionó y la siguió casi a la misma velocidad. Rachel fue la tercera en correr, mientras que por su cabeza cruzaban los peores escenarios.

―¿Hey? ¿¡Qué pasa!? ―gritó Dexter. Confundido por cómo esos tres salieron corriendo, no dudó en seguirlos junto a las otras dos jóvenes.

Bajaron al segundo piso, y recorrieron el pasillo hasta el siguiente cruce, luego el otro. Rachel no estaba acostumbrada a correr tanto. En la madrugada rompió su marca personal y por mucho. Lindsy se apresuró, pero en el segundo cruce para llegar al otro extremo del segundo piso, Lindsy se detuvo, llevando las manos a su boca, retrocediendo algunos pasos con un grito ahogado.

Jazka fue el siguiente en llegar, y Rachel la última. Sus ojos se abrieron de par en par al presenciar el cuerpo sin vida de uno de sus compañeros.

 

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