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#6 Quemarlo Todo

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

—¿Creen que ellos estén bien si los dejamos ir por su cuenta?

—Bueno, tienen a Dexter. De seguro él puede hacer algo más que contar chistes estúpidos.

—Pff, tener a Dexter es como ir solo. Igual, no es que importe mucho si Rachel muere, ¿verdad? Ella es la causante de todo lo que está ocurriendo aquí. Debimos decir algún tecnicismo como... "Entre todos atrapamos a Rachel, entonces todos podemos irnos".

William escuchaba atentamente a los hermanos Troy y Carl hablar con Alex. No había pasado mucho desde que hicieron el primer cruce en el tercer piso, y ya al frente estaban las escaleras al segundo piso. Se sentía algo culpable por la elección que realizó al dividir ambos grupos. Ahora que lo pensaba mejor, se había llevado a todas las personas fuertes con él.

«Quizás debí repartirnos de una mejor forma...» Pensó. Inmediatamente, escuchó la voz fría y asqueada de Rachel dirigirse hacia él con odio: "O simplemente no separarnos, imbécil". Y ese pensamiento vino acompañado de una imagen mental de la rubia dándole una mirada furiosa.

Su debate en el salón de clases no duró mucho. La mayoría estuvo de acuerdo con él, no porque tuviera las mejores ideas, sino porque no era Rachel. Él le llevó la contraria y fue en contra de ir juntos para encontrar a los demás mucho más rápido para no perder tiempo, como Grace no opinó, todos estuvieron de acuerdo con William, a excepción de Rachel y Lindsy.

¿Pero de verdad está mal? Sus intenciones eran buenas: Encontrar rápido a los demás y salvarlos de ser asesinados.

Decirlo de esa manera lo hace parecer casi como un héroe o un santo, pero no se sentía de ninguna de esas dos formas. Quizás antes de salir del salón se sintió como un gran líder, pero ahora que estaba fuera y en constante peligro de recibir una puñalada por un estudiante o maestro loco, se dio cuenta de que no estaba hecho para estas situaciones tan estresantes.

—Si entregamos a Rachel, quizás nos mataban a todos y ya. No es como si el director no hubiera podido llevársela junto con Albert —dijo Richard. Analizando aquel traumático momento— Nadie trató de hacer nada luego de que mató a Ben, si se llevaba a Rachel para matarla, nadie tampoco hubiera hecho nada, menos con esa pistola que tiene.

Las palabras de Richard fueron dolorosas, pero ciertas para sus compañeros, que sacaron sus propias conclusiones.

—Entonces, incluso si solo era uno quien la entregaba, ¿igual lo matarían? —preguntó Alex.

—Lo más probable es que sí.

—Entonces no podemos evitar el juego de ninguna forma. Solo podemos detenerlos a la fuerza y salvar a los demás. —Troy blandió el palo de escoba como si fuera una espada luego de aquella observación.

—Bingo. —respondió Richard con una sonrisa.

Si el juego no podía ser evitado de ninguna forma, entonces entregar a Rachel solo los llevaría a otra muerte totalmente innecesaria. No importaba si ella causó todo, ninguno tenía la intención verdadera de que la mujer fuera asesinada. Aquellas palabras que salían de sus bocas o sus pensamientos donde la rubia era asesinada no eran más que fruto de la rabia generada por saber que todo era su culpa. Ninguno quería que otro compañero muriera, todos se conocían desde hace años e, incluso de no ser así, todos eran unas buenas personas que ayudarían a quien estuviese en peligro. Estos eran los compañeros con los que Rachel compartía todas sus mañanas desde hace años.

—Sí, pero hay una casilla libre en ese bingo, Rich —dijo Carl—. ¿Por qué? Tomemos en cuenta la historia de Rachel. Todo lo que está ocurriendo aquí lo está llevando a cabo una copia maligna de ella, ¿verdad? Y esa copia solo quiere causarle dolor por X o Y motivo. Ni Rachel sabe por qué.

—Ve al grano. —Troy lo interrumpió y Alex le cubrió la boca para que Carl concluyera su explicación.

—¿Por qué involucrarnos a nosotros? No pasamos tiempo con Rachel, no vamos a su casa, no tenemos sus gustos. ¡Yo ni tengo su número de teléfono! —Carl se llevó una mano al pecho sin poder contener una sonrisa nerviosa en su angustiado rostro—. ¿¡Por qué torturarla con nosotros!? A ella no le debe importar que todos muramos.

—¿Tú cómo lo sabes? Le dijo a Clara que quería salvarnos. —Alex se cruzó de brazos y arqueó una ceja en dirección a uno de los hermanos— suena como si supieras lo que pasa por su mente.

—Suficiente.

Grace llamó la atención de todos con un tono regañón. Había guardado silencio mientras escuchaba toda la conversación, pero sentía que, si los dejaba seguir discutiendo, perderían tiempo y podrían terminar peleando entre ellos.

—Culpables o inocentes. Un porqué o un cómo. Nada de eso es relevante ahora. Lo importante es que encontremos a todos nuestros amigos y salvemos a las personas que son manipuladas por ese clon maligno. Cualquier problema que tengan con Rachel, soluciónenlo después de estar todos a salvo. ¿Me entendieron?

—Sí, Grace.

Los cuatro dejaron su charla, el jefe había hablado, recordándoles cuál era su verdadero objetivo ahora. No tenían que perder el tiempo con discusiones tontas mientras otros estaban sufriendo.

Grace no era nada cuidadoso en abrir las puertas a los salones. Era el primero en revisar un aula para asegurarse de que sus compañeros puedan entrar con seguridad. A diferencia de los demás, él llevaba consigo más años de experiencia en peleas, no a muerte, pero sí con un extremo grado de violencia. Su estilo de vida lo llevó a fortalecer su cuerpo y aprender un par de cosas sobre el mundo de las peleas callejeras. Casi era posible llamarlo "adicto" por la adrenalina que obtenía al dar y recibir un buen par de golpes y patadas.

Sus otros compañeros, a excepción de William, con gusto lo empezaron a seguir luego de ver al tipo genial que no dudaba en enfrentar al más grande y fuerte. Defender a sus amigos o poner en su lugar a quien se lo merecía llevó a Grace a ganarse la admiración junto al respeto de ese grupo de tontos, pero leales compañeros. Él entendía muy bien que ellos lo seguirían al fin del mundo si lo pedía. Por esa misma razón, debía ir adelante, para suavizar el camino al infierno y que incluso ellos puedan caminar entre las llamas sin quemarse.

—No hubo nadie en el tercer piso. —dijo Grace al revisar la última puerta junto a las escaleras. Miró a los demás y William levantó un dedo.

—Quizás no estén repartidos por ahí. Es más fácil mantenerlos a todos en un lugar grande.

—¡Todos los salones son grandes! ¡Cabemos como 30 en cada uno! —dijo Richard. Se llevó una mano a la frente y cerró sus ojos— Pero, entiendo lo que quieres decir. Bien. Te refieres a un lugar más llamativo y grande. —Dirigió su mirada a William, que asintió con una sonrisa avergonzada—. Entonces solo hay dos posibles opciones.

—¡El gimnasio y el teatro!

No tuvo que terminar su oración para que todos entendieran y Carl nombrara los sitios que a todos se les vinieron en mente. Grace asintió, estaba totalmente de acuerdo con esas suposiciones.

—Es más fácil solo mantenerlos a todos en el mismo lugar y dejar dos o tres personas vigilándolos.

El grupo bajó las escaleras siguiendo al líder de rosado. Que sin ningún temor fue el primero en pisar el pasillo del segundo piso. El largo corredor se extendía en un sepulcral silencio. Su piel se erizaba ante la vista de la escuela totalmente vacía. Le resultaba anormal.

William miró la escalera detrás de ellos y una idea vino a su mente.

—¿Y si nos saltamos este piso? —Su voz tembló al hablar, los demás lo miraron—. Vamos directo al gimnasio en el primer piso. Si no están todos, de seguro está la mayoría y entonces podemos ir con más gente a explorar las aulas restantes.

Su plan maestro incluso llevó a que Richard se quitara su sombrero imaginario. El de cabello marrón quedó asombrado de que William pensara en una idea tan brillante. Los demás estaban totalmente de acuerdo con el plan.

—No se puede.

Excepto Grace, y William, sorprendido, levantó sus manos con confusión.

—¿Por qué? Es un plan brillante.

—Es verdad —Richard apoyó a William.

Grace negó con su cabeza y llevó un dedo a su sien, dando círculos con él para enfatizar sus palabras.

—¿Recuerdan el primer plan? Reunirnos todos en el segundo piso. Si vamos al primero, Rachel y los demás terminarán esperándonos aquí, o peor, que sí haya gente en el teatro junto a dos lunáticos a los que tengan que enfrentar solos.

Alex asintió, entendiendo todo. La preocupación de Grace por el grupo de Rachel le parecía muy noble. Saltarse el piso también los llevaría a ser menos a la hora de bajar al gimnasio. En el peor caso, los demás seguidores de Adarza esperaban todos abajo y tenían algún arma cada uno; eso sería un problema, incluso siendo seis. Reunirse todos en el segundo piso y bajar los dos grupos en uno aumentaba la tasa de victoria.

—Sí, es mucho más factible bajar juntos. —dijo Alex con una sonrisa. Llevó las manos a su cintura y asintió con la cabeza cerrando sus ojos.

William también llegó a esa conclusión sin mucho problema. A excepción de que Grace estaba totalmente confiado en la llegada de ambos grupos casi al mismo tiempo al cruce de pasillos en el segundo piso. Algo que no sería posible si Rachel y los demás o ellos mismos encontraban algún problema en el camino.

No estaba de acuerdo, pero no le quedó de otra que seguir a Grace. Confiaba en que, con él, todo podía solucionarse.

—Te seguimos, Rosita... A propósito, ¿por qué el color rosa? Que fueras rubio te quedaba bien. —preguntó Alex. Durante días había guardado esa duda.

—Fue idea de Jesse.

Los demás quedaron satisfechos con la respuesta. Aunque no sentían que el rosado le quedara a su jefe. Grace, por otro lado, recordó al de cabello azul. Se preguntaba cómo se encontraba. Su principal angustia y preocupación era que Jesse no estuviera lastimado. Su mentalidad era similar. De seguro causó algún problema cuando se enteró de todo lo que ocurría, pero no podía siquiera imaginar el escenario donde fuera asesinado. Trataba de no pensar en eso para mantener alta su moral.

No permitiría que alguien lastimara a Jesse de esa forma. Lo mataría sin dudarlo.

El grupo se acercó en silencio y con cuidado al final del pasillo, asegurándose de revisar en las puertas, al menos de forma superficial. Prestaban atención a los sonidos de su alrededor, aunque este solo era el de sus propias pisadas.

—No hablar hace esto... Mucho peor, ¿saben? —comentó Troy tratando de ocultar su temblorosa voz y, aunque no lo supiera, los demás se sentían igual.

—Silencio... —ordenó Grace. Deteniéndose en el cruce, estirando su mano hacia atrás para que el grupo lo imitase.

Nadie dijo nada. Mantuvieron su cuerpo como estatuas, hasta que uno por uno se dio cuenta del porqué se habían detenido. Pasos se escuchaban en el pasillo de en medio. Justamente en la puerta del centro que daba hacia el teatro. Palidecieron al darse cuenta de que probablemente entrarían en su primera pelea contra este grupo de gente controlada y Grace tomó aire. Mantener la cabeza fría era necesario en estas situaciones. No dijo nada y continuó su camino. Tenía cuidado de no provocar ningún ruido al caminar. Sin necesidad de recibir una orden, el grupo detrás lo imitó a la perfección. Llenos de miedo y nervios por lo que estaba a punto de ocurrir, se acercaron a la puerta. Los gestos de Grace se convirtieron en las órdenes más importantes de sus vidas. Grace se mantuvo en medio de las dos puertas de madera, a la izquierda estaban Troy y Carl, a la derecha Alex y Richard. Justo detrás de Grace se encontraba William, sosteniendo su escoba con fuerza.

El grupo se preparó. Ya estaban mentalizados para golpear a todo idiota que intentara lastimar a sus amigos. Cruzando aquellas puertas resonaban las pisadas de alguna persona, probablemente un enemigo. Solo esperaban que Grace diera la orden, pero una voz femenina provocó que todos quedaran en blanco.

—¿Hola?...

Nadie respondió.

Ninguno tenía el valor como para levantar su voz y responderle a ese chillón llamado. Era una chica, pero no sabían si era una seguidora de Adarza. Nadie reconoció la voz. Por lo tanto, no era alguien del salón. No podían atacar de esa forma y Grace lo entendió. Si era alguien que se quedó en la escuela por algún motivo, lastimarían a un inocente.

—¿Qué haces aún en la escuela? —Richard fue el valiente en responder, un fuerte choque de palmas provino del salón.

—¡Sí hay alguien!

La voz femenina sonó alegre, y Grace se dirigió a la puerta. Su andar terminó al momento en que un repentino estruendo se escuchó justo al lado de él. Trozos de la pared salieron volando en todas direcciones, mientras que una extraña forma larga y negra emergía del agujero en la pared. El suelo, al igual que Grace y Alex, terminó manchado de rojo. Esa enorme forma negra brillante que atravesó con facilidad la pared levantó sin problemas el cuerpo inmóvil de Richard. La masa negra, como el carbón, parecía haberse ablandado y se retorcía igual que una anguila al nadar.

Arrojó el cuerpo de Richard al otro extremo del pasillo como si fuera basura, manchando toda la trayectoria por donde pasó con gotas de sangre.

Grace quedó paralizado ante ese grotesco espectáculo, y ese "tentáculo" salió de la pared, dejando aquel agujero circular, por el cual una joven chica mostró su pálido rostro sonriente.

—¿Hola?... ¿Hola? Oh, sí, son muchas personas. —dijo la joven mostrando una enorme sonrisa, reluciendo todos sus perlados dientes y esos ojos de aceitunas rodeados de un delineado negro.

Lo único que escapó del grupo fueron gritos de terror y angustia. William se mantuvo detrás de Grace, sin apartar su mirada atónita del cuerpo de Richard. Su mente estaba en blanco y su cuerpo no respondía a nada de lo que ocurría.

Los hermanos se alejaron del muro tan rápido como vieron ese oscuro tentáculo, y Alex cayó al suelo boquiabierto con su respiración totalmente pausada. Nadie entendía lo que acababa de pasar.

Poco después de que el tentáculo regresara por el agujero, una joven pequeña de cabello rizado oscuro abrió la puerta y salió al pasillo. Su vestimenta era totalmente negra, llevando una camiseta negra y pantalones de cuero negro.

Ella miró a Alex, que se levantó con dificultad. Con su respiración agitada, se debatió qué hacer. ¿La atacaba? ¿Esperaba que los demás hicieran algo? ¿Gritaba? ¿Rogaba piedad? No podía sentir que respirar funcionara, estaba ahogándose y su respuesta ante el miedo fue salir corriendo a toda velocidad en dirección contraria a la mujer mientras gritaba con todas sus fuerzas.

—¿¡Y tú a dónde vas!?

La mujer gritó con emoción, y Grace, inmóvil, presenció en primera fila cómo ella era cubierta por un aura negra desconocida. Levantó su brazo donde colgaba una pequeña pulsera. Cerró un ojo para medir la distancia, y de la palma de la mujer se formó una pequeña llama de un increíble color negro. La temperatura aumentó rápidamente por un pequeño momento. Una gran ráfaga de fuego oscuro se dirigió al joven que huía desesperado, alcanzándolo a medio pasillo.

Nadie pudo ver lo que ocurrió al momento que Alex fue tragado por las llamas, solo escucharon su agónico grito de dolor y, al momento que las llamas desaparecieron, el cuerpo calcinado de su compañero cayó al suelo con su carne derretida y algunas partes carbonizadas por completo.

La pequeña chica de negro dejó de ser cubierta por esa aura azabache y ladeó su cabeza, luciendo algo agotada. Retomó la compostura rápido y, al observar con interés a los otros jóvenes aterrorizados, les regaló una sonrisa coqueta, para luego levantar su brazo hacia ellos chasqueando sus dedos.

—¡Fuego!

El grupo gritó aterrado, corrieron rápido hacia la pared. Vieron su final contra las flamas negras de la mujer, pero nada ocurrió. Solo que ella estalló en una risa incontenible, como si hubiera visto la mejor broma del mundo.

—¡Ay, Dios! ¡No! Jajaja. Miren sus patéticas caras. —Ella se abrazó el estómago. Riendo sin control de la expresión de cada uno de los cuatro.

—¡Richard!... ¡Richard! —William gritó con fuerza el nombre de su amigo, cuyo cuerpo estaba junto al grupo. No era capaz de controlar su respiración, cayó de rodillas en el suelo. Apretó sus dientes con fuerza y las incontrolables lágrimas bajaron por sus mejillas. No creía lo que estaba pasando.

En un momento, dos de sus compañeros murieron de formas horribles. Uno quemado y el otro empalado. ¿Cómo fue que sucedió esto? No era posible. ¿Verdad? No creía que expulsar fuego de su mano fuera algo que un humano pudiera hacer. Ella debía ser algún tipo de demonio o criatura maligna.

¿Cómo la magia era capaz de hacer este tipo de cosas tan atroces? William no podía entenderlo. Creía en la existencia de ángeles y demonios. Un cielo y un infierno, Dios y el diablo. En milagros, pero la situación que estaba ocurriendo ante sus ojos no la asimilaba. Se negaba a aceptar que sus amigos ya no estaban entre los vivos de un momento a otro.

«¡Tenemos que huir!»

En su desesperación, observando el cadáver de Richard. Llegó a la conclusión de que era imposible para ellos ayudar a los demás. Fue un tonto al pensar que juntos y con un plan a medias eran capaces de enfrentar fenómenos como esta gente sin piedad y maestros en artes oscuras.

Debían correr lo más rápido posible, huir de esa escuela y dejar que alguien capaz se encargue. ¿Cómo era posible pelear contra estos seres que sobrepasaban a los humanos de forma tan abismal?

Levantó su mirada a la par que se ponía de pie. Sabía que sería inútil, pero intentaría correr junto a los demás. Al momento de mirar a la mujer de negro, quedó impactado. Su respiración se detuvo, sus pupilas se encogieron y quedó con su boca abierta. Grace corrió en dirección a la mujer. Lanzó un fuerte puñetazo a su cara, pero ella lo detuvo con sus antebrazos mientras que volvía a rodearla el brillo negro.

—¿¡Te atreves a golpearme!? ¡Tonto!

Grace no reaccionó a sus palabras. Manteniendo su mirada fija en la mujer, lanzó una serie de puñetazos al rostro de la pequeña chica, que lo detuvo tomando sus muñecas con suma facilidad. El de rosado se dio cuenta de la monstruosa fuerza de la mujer, tenía el presentimiento de que, si quería, le rompería los brazos. No podía moverlos por más que quisiera, y en un desesperado intento por soltarse, pateó su estómago.

—Eres un idiota insolente. —dijo ella. Su tono de voz denotaba el desprecio claro hacia Grace. Soltó uno de sus brazos y formó una esfera de fuego negro en su mano.

Grace se alejó a un lado. Su sorpresa fue grande cuando el brillo negro desapareció junto con la esfera. En ese momento, la expresión de la joven cambió por completo y Grace dirigió un rodillazo a su estómago, impactó sin problemas. La sorpresa en el rostro de la chica cambió rápido a una mueca de dolor. Perdió el aire de sus pulmones y abrió de más sus ojos al sentir el dolor punzante en su cuerpo. El alto joven no se detuvo ahí. Agarró a la mujer de su cabello y, con esfuerzo, la arrastró en círculos hasta estrellarla con fuerza contra la pared. Ella soltó un adolorido grito gutural y ese brillo negro se formó otra vez.

La joven se alejó de la pared y superó la fuerza de Grace de un momento a otro. De su espalda emergió ese tentáculo que antes destruyó la pared. Grace se detuvo por un momento y recibió de lleno un golpe de la masa negra que actuó como un látigo. El líder del grupo salió volando contra el muro y la rizada de negro apretó sus puños con rabia, soltando un rugido salvaje en dirección a Grace.

—¡Basura! ¡Humano miserable! Eres la peor de las pestes... ¿Cómo?... ¿Cómo puedes golpear a una dama como yo? —trató de lucir fuerte e intimidante, pero las lágrimas en sus ojos y cómo su voz iba perdiendo fuerza demostraban lo mucho que Grace logró hacerle—. ¡Te odio!

Ella se tomó el estómago y cayó arrodillada. Bajó su cabeza y apretó sus ojos con fuerza mientras esperaba que pasara esa horrible sensación. No era consciente de la desaparición del aura en su cuerpo.

—¡Grace! ¡Grace!

Preocupado por su líder, Troy salió corriendo a revisar cómo estaba Grace luego de aquel golpe. El rosado se veía mareado, con ayuda de uno de los hermanos logró levantarse y Carl se acercó rápido a ellos.

—¡Hay que irnos!... No le podemos ganar.

Grace lo aceptó luego de recibir el golpe del tentáculo. Forzaba a los músculos de su cara a no contraerse, permanecía fuerte, ocultando el indescriptible dolor en su abdomen. Hasta que escupió algo de sangre y se tambaleó. Los hermanos lo mantuvieron de pie y revisaron rápido su estómago al levantar su camisa. Todo su tonificado abdomen fue marcado con una gran mancha roja. Ese latigazo fue mucho más fuerte de lo que aparentaba, y los dos hermanos arrugaron su frente al verlo. Solo podían imaginar lo doloroso que debería ser.

Él podía aguantar más. Lo principal era llevárselo lejos de esa mujer pulpo. Pero su piel se erizó al ver cómo William se abalanzó contra ella, llevando el palo de escoba sobre su cabeza. Lo blandió en un movimiento rápido, asemejándose a una espada que trataba de cortar a su oponente por la mitad, pero ese tentáculo reapareció con el brillo, se movió zigzagueante y se enredó en el palo de madera. Detuvo sin problema al joven, y esos ojos de aceituna miraban con rabia al de cabello negro que soltó el palo.

—¡Eres un monstruo!

William no sabía por qué estaba haciendo esto, no entendía de dónde salió la fuerza y el coraje para atacar a esa cosa espantosa con apariencia de mujer. Ver correr a Grace lo había hecho sentir patético, se sintió tan inútil, hipócrita y cobarde. No podría ver a ninguno de sus amigos a los ojos si solo salía corriendo, tampoco podría ver a Richard y Alex en el cielo si no era capaz de levantarse. Nunca se perdonaría a sí mismo si no se levantaba y apoyaba a sus compañeros que estaban peleando tan arduamente.

¡Entonces tomó valor y la pateó en su rostro! Provocándole un pequeño chillido de dolor, pero era todo lo que necesitaba para estar a mano con Grace. Con ese golpe era suficiente como para aceptar su muerte en ese momento.

«Soy un estúpido».

La de negro formó de nuevo una pequeña llama azabache en su mano. William cerró sus ojos preparándose para ser calcinado, pero quizás Dios, el destino o la suerte lo ayudó, pues el aura de la mujer volvió a desaparecer, junto con aquellos tentáculos y el fuego.

—¡No! ¡Funciona! ¡Funciona! —gritó desesperada, cerrando sus ojos buscando concentrarse. Necesitaba un momento, con un momento sería suficiente para recuperar el aura, pero sentir la suela del zapato de William en su nariz no le permitió concentrarse.

Esa segunda patada la lanzó de espaldas al suelo, y su nariz comenzó a sangrar. Llevó sus manos a su rostro con dolor y empezó a girar en el suelo, maldiciendo y llorando en voz baja.

—¡Ay! ¿Por qué? ¡Ah! ¡Mierda! ¡Maldito humano! ¡Espera que Jazka sepa lo que me has hecho! Ninguno de ustedes saldrá con vida de la escuela. Solo son unos malhechores despreciables y bárbaros.

William salió corriendo hacia Grace y los hermanos. Su líder lo observó con una gran sonrisa llena de orgullo. Quería abrazarlo y darle golpes en su cabeza hasta cansarse, fue tan estúpido, tan imprudente, pero también sintió cómo su corazón necesitaba que esa mujer recibiera más daños por sus dos compañeros caídos.

—¡Nos vamos!

Él ayudó a mover a Grace. Troy aceleró el paso y el de rosa se soltó de sus amigos para correr él solo. Obviamente, le era increíblemente más difícil de lo que pensó, pero no quería ser una carga para ninguno.

Carl miró a su espalda mientras corría. Y al notar cómo la mujer estaba brillando nuevamente, su corazón latió mucho más rápido de lo normal. Advirtió a los demás, al escucharlo, entraron al primer salón que tuvieron al lado.

La mujer, en cuatro, bufó con frustración y golpeó el suelo con su puño, mientras que el aura se desvanecía nuevamente. Pensaba que hubiera podido calcinarlos si no se hubieran escondido en aquel salón, pero aún no estaba dispuesta a rendirse. Ignoró el dolor y se levantó, caminando con decisión al aula donde esos tontos entraron. Limpió la sangre de su nariz con la manga de su camisa. El intenso dolor que sentía era el combustible que la motivaba a no dejarlos huir.

Nunca había sido humillada de esa forma antes. Su sangre hervía, necesitaba matar a esos hombres peligrosos, más que por proteger a los alumnos, quería vengarse.

Apenas entró al salón de clases, algo golpeó su ojo derecho. Lo cubrió con ambas manos gritando enfurecida. Pataleó los escritorios de los alumnos para descargar la rabia acumulada.

—¿¡Qué es lo que les pasa!? ¡Inmundos animales! ¡Microbios inferiores! ¡Ay, mi ojito! ¡Ay, ay, ay, ay!

—¡Justo en el ojo de esa maldita cosa! —exclamó Carl y chocó los cinco con William.

Se escondían detrás de los últimos puestos. Troy no estaba feliz de estar encerrado con la chica pulpo, pero ver cómo gritaba al recibir el borrador valió totalmente la pena por asumir este peligro.

—¿Dónde están los otros estudiantes, pulpo horrible?

—¿¡Horrible!?

Aquella palabra incrementó más la ira de la mujer. Como si hubiera insultado a su madre, como si hubieran golpeado a su mejor amigo. Ser denigrada por gente inferior y ser llamada horrible avivaba el odio que sentía por ese grupo. Quería verlos muertos, quería ser quien los matara a todos.

De nuevo, el manto de aura negra cubrió su cuerpo. El buen humor del grupo de chicos desapareció rápido al darse cuenta de lo que venía. Esas llamas eran todo un problema que no podían evitar. Se separaron en grupos de dos y cada uno se colocó en una esquina. Correrían hasta la puerta tratando de evitar el fuego al momento de que lo lanzara, menos Grace, quien aprovecharía el momento donde el manto negro de energía desaparecía y ella quedaba vulnerable. Se había dado cuenta gracias a William y a ese golpe que logró darle en su estómago. Solo cuando brillaba era muy fuerte, así que aprovecharía para noquearla apenas desapareciera el brillo, pero planearlo era más fácil que llevarlo a cabo.

—¡Voy a desaparecer hasta sus inferiores huesos! No quedará nada de sus asquerosos cuerpos. Deberían estar agradecidos. ¡La gran Alice será quien les brinde descanso!

—¿Quién se cree esa mujer? —preguntó William. Le molestaba la forma en la que los despreciaba de esa manera tan peculiar, llamándolos inferiores.

Alice reunió el aura en su mano y esta se formó en esa pequeña llamarada hecha bola por unos segundos. El cuerpo de la de negro se tensó, parecía realizar algún tipo de esfuerzo extenuante mientras creaba la esfera. Por algún motivo, esta no se produjo y el aura desapareció. Lo que fue la señal para que Grace saliera corriendo rumbo a la de negro, apartando cualquier mesa y silla en su camino. Alice, al darse cuenta, desistió de formar aquellas llamas, aquel brillo volvió más rápido de lo que Grace esperaba. El de rosado vio cómo ese tentáculo se manifestó en su espalda y salió directo hacia él.

La sombra de la muerte se presentó ante el joven. Sabía que, como ese tentáculo lo atravesara, hasta ahí llegaría su vida. Forzando su cuerpo al extremo, logró esquivarlo hacia un costado, creyó que podía golpearla en su rostro con toda su fuerza, pero esa extensión negra giró a un lado para tomar al de rosado por su cintura y levantarlo en el aire.

—Ustedes son unas pequeñas alimañas muy molestas. Nunca un humano había dado tantos problemas como ustedes... —dijo con una torcida sonrisa en su rostro. Rápido se dio cuenta de que estaba dándole más crédito del que merecían y corrigió sus palabras— pero, no crean que es un cumplido. Jamás le daría un cumplido a un ser inferior.

Troy y Carl corrieron a los costados de la mujer, cada uno a un lado de la pequeña chica de negro. No permitirían que lastimara a su amigo. Ambos atacaron con sus palos y Alice detuvo el ataque de Troy con el mismo cuerpo de Grace, llevándolo a gemir de dolor, pero solo tenía un tentáculo que ya estaba ocupado, por eso no fue capaz de detener el golpe de Carl, que asestó con fuerza. El tentáculo aflojó su agarre y Grace, en vano, intentó patearla en su rostro, pero no llegaba.

La mente de Alice se hizo un enredo. Si ya detuvo a uno, ahora debía encargarse del que tenía al otro lado. Buscó golpear a Carl con el cuerpo de Grace, al que volvieron a apretar con fuerza. El joven de ojos marrones se alejó rápido, evitando un potencial golpe que lo tiraría al suelo. Gracias a que Alice descuidó ahora a Troy, este volvió a asestarle un fuerte golpe con su escoba.

—¡Ah! ¡Basta! —ordenó con un gruñido, evitando gritar por el golpe.

El ciclo continuó dos veces más, no podía atacar a uno porque, si no, un golpe llegaba a conectar en el lado contrario. ¿Cómo era posible que tuviera problemas contra adolescentes sin habilidades?

No era una peleadora de cuerpo a cuerpo, pero si Jazka se enteraba de que estaba por perder contra adolescentes idiotas con palos, sería tan humillante. No podía permitírselo. La gran Alice Grieschnack iba a perder. ¿Iba a perder?

—¡No!

Gritó la de negro con todas sus fuerzas. El aura se intensificó, aunque ellos no eran capaces de sentir el intenso odio de la joven rizada y su deseo intenso de ganar. El tentáculo alrededor de Grace lo liberó. Antes de que cayera al suelo, Alice giró sobre sí misma y golpeó a los tres jóvenes con aquella extensión azabache. Ellos fueron empujados en distintas direcciones y, por reflejos, golpeó una silla que se dirigía a ella por el aire, desviando su camino contra la pared.

William arrugó su frente y caminó varios pasos en reversa por miedo. Sus amigos tirados en el suelo se levantaron con dificultad. A excepción de Grace, que por más que intentaba ponerse de pie, no podía. Una nueva marca roja se grabó en su estómago, mientras que los hermanos fueron marcados en su hombro y pecho. Un ardor verdaderamente insoportable, la única razón por la que lograban mantenerse de pie era por su deseo de sobrevivir.

—¿Ya lo vieron? —preguntó Alice con su respiración agitada—. ¡Yo soy un ser superior en todo sentido! Ustedes deben arrodillarse y pedirme clemencia, y los mataría de forma menos dolorosa que a esos dos idiotas que maté antes. Ustedes se lo buscaron.

—¿Y piensas que luego de insultar a nuestros amigos caídos vamos a pedirte piedad o algo así? Pulpo de mierda.

El apodo de "pulpo de mierda" causó un gran desagrado en Alice. La actitud del muchacho pelinegro, William, era demasiado rebelde como para dirigirse a ella. Buscaba ser asesinado de forma brutal y ella le daría esa muerte con gusto. Por otro lado, William, con ojos llorosos y labios temblando, golpeó con total indignación un escritorio delante de él.

—Ustedes creen que pueden insultar a quienes ya no están entre nosotros, personas buenas e inocentes que buscaban tener una vida pacífica. Tú vas a arder en el infierno junto con esa tal Adarza. ¡Tú y los profesores!

Ya no era capaz de controlar el tono de su voz gracias a la rabia que cegaba su mente. Alice ladeó la cabeza confundida ante las palabras de William y negó con suavidad. No entendía esa oración.

—¿Quién es Adarza? —preguntó extrañada la mujer pulpo. Notó la sorpresa en la expresión de William y luego miró de reojo a los tres chicos a su alrededor.

—¿Cómo que quién es Adarza?...

Según la explicación de Rachel: Todos los que intenten matarlos son gente controlada de alguna forma por su clon malvado. El director no tuvo ningún problema en mencionarla como "la jefa" y Albert aceptó trabajar para ella. ¿Por qué esta chica decía no conocerla? William realmente estaba confundido.

—¡No me repitas la pregunta así! Ya te dije que no sé de quién estás hablando.

—Tu jefa y la de los otros profesores y estudiantes, ¿no? El clon de Rachel —respondió William.

Las dudas en la mirada de Alice no desaparecían, pero esa aura negra junto al tentáculo sí lo hicieron. Ella tomó aire y levantó sus manos.

—¡Esperen! Pausa, pausa. ¿Cómo que el clon de Rachel? ¿Quién es Rachel?

La conversación iba a ningún lugar. La mente de los 5 estaba hecha un revoltijo. Pero rápidamente William se preguntó: "¿Y si no es una seguidora de Adarza?"

«Rachel dijo que la magia existe. ¿Es posible que esta tipa pulpo solo sea una estudiante que puede usar magia? No, ¿por qué se quedó entonces en la escuela?» Pensó William. Para aclarar todas sus dudas debía preguntarle a esa mujer, por más que la odiase.

—¿Por qué te quedaste en la escuela cuando todos salieron temprano?

—Puedo hacerte la misma pregunta... pero te responderé, así entenderás que soy tan grande como piadosa. Estaba ensayando en la sala de música hasta que mi amigo me avisó que un grupo de profesores y estudiantes secuestró a los alumnos y mató a alguien. —Respondió ella cruzada de brazos. Aún no entendía por qué dejaron de pelear para preguntarse cosas, pero funcionaba para recuperar algo de fuerza.

—Sí... y ese es otro grupo, nosotros también estamos encerrados y tratamos de rescatar a nuestros compañeros atrapados por algún lugar de aquí. —dijo Troy. Robando las palabras de la boca de William. Alice giró rápido su cabeza y un escalofrío recorrió su espalda.

—¡No! Mentira. Ustedes son los secuestradores. ¿Por qué iban a dejar libres a gente tan problemática y patética como ustedes? Tratan de engañarme.

—¿Tu amigo no te explicó el juego en el que nos metieron a todos? —Antes de que Alice continuara negando todo, Carl le hizo aquella pregunta que revolvió aún más su mente. Todos notaron que no tenía ninguna idea del juego. Su expresión la delató.

—... No, no puede ser. ¿Ustedes no son asesinos? ¿Entonces por qué me atacaron? ¿¡Si no son malos, por qué estaban golpeándome!?

Alice caminó hacia William, quien lanzó una mesa contra el suelo y se paró firme frente a ella, gritándole en su cara sin ningún temor.

—¡Tú! ¡Malcriada y desvergonzada mujer pulpo! ¡Asesinaste a nuestros amigos! ¿Qué cara tienes como para preguntarnos eso? Nos atacaste primero... mataste... mataste a mis amigos.

William intentó no llorar delante de la mujer que les arrebató la vida a dos de sus seres amados, algo en vano. Se sentía tan patético al llorar delante de ella. Alice quedó con la boca abierta. Aún le era difícil creer que la información que Jazka le proporcionó fue incorrecta. Si toda esta lucha fue un gran malentendido, entonces ella de verdad había matado a dos jóvenes inocentes que buscaban salvar heroicamente a sus amigos. Por su mente ahora solo flotaba una duda: ¿Qué pensaría Jazka sobre esto?

De seguro la regañaría por ser tan impulsiva, pero no era totalmente su culpa. Solo siguió órdenes simples de atacar a todos los que no estuvieran capturados.

—... ¡Fue su culpa! Eso les pasa por no hablar antes y tratar de emboscarme.

Alice trató de disimular cuánto le afectaba saber el error que había cometido. Trató de hablar nuevamente, pero Grace estrelló una silla contra su cabeza por la espalda. Ella cayó desmayada y Grace utilizó de nuevo la silla, golpeándola en su costado tan fuerte como le fue posible. No iba a soportar más escuchar sus idioteces, su abdomen y estómago ardían como el infierno, pero debía callar a esa mujer o él acabaría por morderse la lengua.

Fuera un malentendido o no, ella mató a dos de sus amigos y eso era suficiente como para que Grace evitase cualquier medio que no fueran los golpes para resolver el conflicto. Miraba el cuerpo desmayado de Alice sin sentir pena alguna. Todo lo que sentía era la ardiente sensación en su cuerpo a la que terminó por ceder y se sentó en una silla, levantando su camisa para observarse. William apartó la mirada, sintiendo un imaginario dolor en su cuerpo.

—¿Cómo es que no nos partió a la mitad? Sí rompió la pared. —preguntó Grace. Si esos tentáculos atravesaron una pared tan fácilmente, lo único que se explicaba que los salvó fue la suerte.

—Fue porque no nos pegó con la punta, Dah. —Respondió Carl.

Los tres terminaron sentados en silencio, William caminaba de un lado a otro en aquel salón. Observando las expresiones afligidas y dolidas de sus camaradas. A pesar de haber sobrevivido, no le dejaba un buen sabor de boca perder a dos de sus compañeros. Él entendía a la perfección el vacío que sentían sus tres amigos, pero detenerse en este punto no era opción.

—Si no queremos que algo así vuelva a pasar, debemos reunirnos todos y llegar lo más rápido posible con los demás.

La voz de William irrumpió en el silencio. Se llevó una mirada de parte de sus amigos y él se detuvo, manteniendo su espalda firme. Los ojos de Grace regresaron a Alice, mientras que los dos hermanos se levantaron con cuidado de sus asientos. Aunque el "segundo al mando" quería decirles que no se esforzaran y se mantuvieran sentados para descansar, no lo hizo. Ahora más que nunca, necesitaba que ellos peleasen juntos.

—¿Qué hacemos con ella? Despertará pronto... —Grace se mantenía inexpresivo. Alice era un gran peligro para todos en la escuela. Solo dejarla ahí tirada terminaría muy mal. No podían solo amarrarla. Estaba seguro de que ella se liberaría fácilmente de cualquier soga o rompería las paredes de cualquier habitación con ese tentáculo.

La fugaz idea de matarla cruzó su mente, pero nadie aquí era un asesino. No podía esperar que sus compañeros la asfixiaran, rompieran su cuello o buscaran una forma rápida y fácil para hacerlo. Él tampoco lo haría. ¿La odiaba? Sí. ¿Quería que muriera? De una forma espantosa y dolorosa. ¿Él era capaz de matarla? No.

Era un buscapleitos, no un asesino.

—¿Creen que se muera si la lanzamos por la ventana?

Grace levantó su mirada observando a William. Los ojos grises del pelinegro desbordaban una inquietante intención malévola. Si no lo conociera desde hacía tiempo, pensaría que estaba dispuesto de verdad a lanzar a la chica por la ventana del segundo piso. Negó con su cabeza en respuesta a William. Se levantó de su silla después de tomar un suspiro y tomó a Alice de su pierna para arrastrarla sin ningún cuidado hasta el pasillo.

Su grupo lo siguió sorprendido, se preguntaban si la lanzaría de verdad, mientras que Carl hacía cálculos en su mente sobre la distancia contra el suelo y la forma en la que caiga.

—Yo digo que sí se muere. Solo debemos lanzarla de cabeza... —Poco a poco, detuvo su explicación al tener de nuevo el cadáver de Richard en frente.

Grace dejó a Alice a la mitad del pasillo. Se alejó de su cuerpo y se tomó del cabello. Jalándolo con fuerza. Cerró sus ojos con su respiración agitada, trató de controlarla. Pensaba sobre lo siguiente a tener en cuenta. Cuando Alice despierte, no sabe si lo tomará mal y tratará de matarlos sin piedad alguna, fue entonces que Grace entendió su error. Estaban por obtener algo parecido a una tregua. Ahora intentarlo de nuevo era algo imposible.

—¿Para qué la arrastramos? —preguntó William—. Solo matémosla y ya.

—No es momento para que te comportes como un imbécil, William. Si tantas ganas tienes de matarla, tírala tú por la ventana.

Ante la respuesta, William se acercó y trató de levantar el cuerpo de la de negro, siendo detenido por Grace. Troy trajo los palos que estaban por dejar en el salón y le dio uno a su hermano.

—¿No se supone que querías que yo la lanzara? —preguntó confundido.

—No vas a matar a nadie. Ninguno de ustedes va a matar a nadie. ¿Bien? Espero que haya quedado claro.

William parecía molesto. Chasqueó su lengua y se alejó del cuerpo de Alice. Grace no se sentía bien de salvarla, le revolvía el estómago y le provocaba tirarse a él mismo por la ventana, pero permitir que su amigo se convirtiera en un asesino era incluso más aterrador. Era una línea que no debían cruzar a toda costa.

—William. Atrapa.

Troy llamó la atención de su compañero y le lanzó su palo de escoba que dejó tirado Alice por ahí luego de la patada recibida en su nariz. William lo atrapó y asintió con la cabeza. Tenía pensado agradecerle hasta escuchar pasos, acercarse a ellos. Provenían de la dirección en la que llegaron antes, así que era imposible que fueran Rachel y los demás.

Grace no sabía si estaba en condiciones para pelear. Estaba por averiguarlo. Su sorpresa fue grande al ver cruzar la esquina del pasillo un alto hombre moreno, el director Daniel, junto con un hombre algo más pequeño y robusto, el profesor de Biología, Francis. Todo el grupo de Grace quedó frío al observar al hombre que mató a Ben.

—Señor Kennedy. —dijo Daniel con una ligera sonrisa y gran calma en su voz—. ¿Qué es todo este escándalo que ocurre aquí? —Su mirada recorrió todo el pasillo. Sorprendiéndose por los dos cadáveres y la mujer en el suelo— No recuerdo a esa participante del juego... ¿Olvidé sacarla?

—El cuerpo de allá está rostizado. —comentó Francis, señalando el cuerpo de Alex.

—Bastante observador, profesor. Dígame algo que no sepa. —dijo con sarcasmo el director mientras rodaba sus ojos.

Grace apretó sus puños y le quitó el palo de escoba a Troy antes de lanzarse corriendo contra el director. Gritando a todo pulmón, ignorando el dolor en su cuerpo. Nada detendría a Grace esta vez, y el director sonrió ampliamente con emoción.

 

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