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#03 Una Lección Grabada En Su Rostro

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

El brillo del sol matutino que entraba por la ventana molestaba los ojos de Rachel a pesar de tenerlos cerrados. Despertó poco después, perdiendo por completo la relajación de su cuerpo por los movimientos bruscos que hizo con sus brazos, levantándose rápidamente, sintiendo como su rostro y todo su cuerpo dolía como si hubiera recibido una paliza la noche anterior.

Porque sí la recibió.

―¡Me dormí! ¿Cómo pude dormirme en una situación como esa?

El cansancio la había derrotado, además del bajón de adrenalina que recibió. ¿Qué hora era siquiera? Revisó su celular y confirmó que era casi mediodía y también que no había recibido ninguna llamada de Chloe, lo que le causó molestia e inseguridad. ¿Por qué Chloe no contestaba? Trató de llamarla nuevamente mientras soltaba algunos bostezos y frotaba sus ojos para terminar de entrar en sí, de no ser por lo que ocurrió en la madrugada, estaría ya almorzando antes de que llegara el autobús para ir a la escuela.

Sin respuesta. De nuevo marcaba que su celular estaba apagado.

Gruñó apretando su teléfono y lo regresó a su bolsillo, manteniendo bien presionado el cuchillo que no soltó en toda la noche, debía tener cuidado cuando se llevara su mano a su cara si no quería sacarse un ojo.

«Chloe no contesta, Marcus no contesta, ¿qué hago?» Apenas se levantaba y ya era problema tras problema, solo quería seguir durmiendo sin tener que preocuparse por todo lo que ocurría.

―¿Qué habrá hecho Adarza mientras dormía? ―se preguntó. Llegó rápidamente a la conclusión de que nada bueno. ―¿Qué debo hacer ahora?

Se sentó en la cama de la habitación, observando sus pertenencias detalladamente, nada había cambiado a pesar de que casi es asesinada hace unas horas. Todo se mantenía en su lugar, inmutable y sin percatarse de que su dueña pudo haber muerto. No tardó en preguntarse cómo sería la reacción de Chloe al descubrir un suceso tan horrible.

El solo imaginar cómo se pondría Chloe si se enterara por las noticias de que el cuerpo de su hermana había sido encontrado sin vida era algo aterrador para la pobre Rachel, sería inconsolable. Si su hermanita hubiera muerto, hubiera sido peor que la muerte para Chloe.

«Debo agradecer que estoy viva, al menos... aunque me duela todo. ¿No es el dolor una muestra de que aún puedes sentir? Y sentir es algo que únicamente los vivos pueden hacer».

―¿En qué mierda estoy pensando?

Su mente regresó de divagar. ¿Cuál debía de ser su siguiente movimiento? Sus opciones eran pocas, la más razonable sería ir con la policía y explicar todo lo que estaba ocurriendo. ¿Resultado? Ser tachada de loca, además, las huellas de Adarza deberían ser iguales a las suyas. Pensar en eso la hizo temblar. ¿Y si la policía venía de la nada a llevársela por algo que cometió Adarza? No debía pensar en aquellas cosas por los momentos, centrarse en los malos escenarios no ayudaría para nada ahora mismo.

Pasó a su segunda opción: ir a buscar a Chloe directamente. Podía pedir un taxi e ir a buscar a su hermana, pero algo no estaba bien. Una pequeña picazón dentro de su pecho le decía que muchas cosas pudieron pasar mientras dormía. En un escenario hipotético, su hermana podía estar en peligro, por eso no contestaba. Amarrada en una esquina con su novio, mientras que Adarza la espera pacientemente, ir sería como ser una mosca lanzándose a una telaraña y luego esperar a ser comida.

―Llevar a la policía estaría bien, si fuera acompañada, no tendría tanto miedo. No importa si es una trampa, ella no podría matar oficiales armados...

Pero, en caso de ir con la policía y que no esté ocurriendo nada, sería un gran problema para ella o para su hermana, que en todo caso es su responsable legal. Sería tachada de loca por Chloe y los guardias, mucho menos quería meter a Chloe en problemas con la policía, pero ¿valdría la pena ser tachada de loca y llevarse un buen regaño para asegurar la seguridad de su hermana? ¡Sí! Un rotundo sí para Rachel.

Pero, después de lo que ocurra, sí que será todo un espectáculo explicar lo que ocurrió.

«Esto es tan complicado.»

¿Qué otra opción podía tomar? ¿Pedirle a su vecina que la acompañe? Primero, no lo haría; segundo, no sería nada útil.

Entonces, repasadas sus posibilidades, encontró una tercera opción que iría a la par con la segunda. Quizás.

Aunque Adarza está loca, si Rachel fuera con siete u ocho personas, no podría hacer nada y la mejor forma de reunir personas era la escuela. Mentirles a sus compañeros o invitarlos a algún lugar y luego hacerlos ir primero a la casa del novio de Chloe. No tendría que irse caminando a la escuela y luego tendría algo más de protección. De ser necesario, invitaría a los chicos más rudos y tontos de su salón, aunque nunca llegó a llevarse bien con ellos.

«La situación lo amerita».

Rachel se levantó con una gran sonrisa en su rostro, podría funcionar y no habría problemas con Chloe ni con la policía en caso de que ella esté bien. Lo malo, iría al cine con un montón de idiotas.

―Más vale que haya algo bueno que ver.

No se duchó, no se peinó ni tampoco se cepilló, no había tiempo para esas cosas. Fue por su bolso y guardó todos sus cuadernos de una vez. Revisó su ropa, estaba sucia y fue por algo rápido para cambiarse.

Tomó algunas pastillas para el dolor y se miró al espejo. Además de lo fea que se veía su cara por los golpes y la sangre seca debajo de su nariz, estaba totalmente acabada. Se lavó el rostro para eliminar la sangre y se tomó más pastillas para el dolor estando ya lista.

Nunca había tenido tantas ganas de ir a la escuela, pero el plan en su mente no tenía fallas, al menos para ella. Aún mantenía el cuchillo en su mano, a veces olvidaba que estaba sosteniéndolo en todo momento. Le dio una lavada para quitar el olor y las manchas de sangre, luego pensaba dónde guardarlo.

Buscó entre su ropa y consiguió otra chaqueta celeste con capucha, una de sus favoritas, que tenía bolsillos interiores. Guardó el cuchillo dentro y subió el cierre estando más que preparada, no podía llevar el cuchillo en los shorts y llevarlo en el bolso no la hacía sentir tan segura.

―Ya estoy lista... veamos si esa perra mentirosa va a querer aparecerse ahora.

Totalmente decidida a darle una segunda paliza, Rachel salió de su cuarto y fue a buscar en la nevera algo de beber y comer para llevárselo a la escuela. Esperó pacientemente el autobús hasta que se hicieron las doce, poco después, el vehículo amarillo llegó y ella lo tomó rumbo a la escuela.

 

«No, no, no, no. Siento que tomé una mala elección, debí irme con la policía».

Inquieta en su silla, Rachel ignoraba por completo al profesor mientras tocaba su escritorio con sus dedos repetidamente. No había tomado en cuenta que si asistía a la escuela tendría que esperar siete largas horas antes de llevar a cabo su "plan perfecto" y no habían pasado 20 minutos antes de darse cuenta de aquel detalle.

«¡Qué descuidada soy! ¡Mierda! ¡Coño!» Maldijo en su interior.

Pero ya no podía hacer nada. Solo debía elegir a las personas correctas para su plan. Para eso esperaría hasta el recreo, así tendría más libertad de hablar que en plena clase de español, a la cual no prestó nada de atención ni escribió nada. Mantuvo su cuaderno sobre la mesa y sostenía el lápiz, rayando lentamente una de sus hojas. Divagando en sus pensamientos sobre todo lo que podía pasar al salir. Sería mentir si se dijera que no estaba totalmente preocupada y nerviosa, pero con Adarza suelta debía actuar rápido.

Varios estudiantes y profesores le preguntaron por el deplorable estado en el que asistió, mostrando verdadera preocupación por la rubia. Ella los evitó y mintió con lo primero que se le ocurriera: "Me caí de las escaleras", la excusa que más utilizaba a pesar de tener en cuenta que sus moretones dejaban claro que ocurrió. No dejó que eso amargara más su día, ya tenía mucho en lo que pensar. Sentada en su puesto, lo primero que notó fue la ausencia de Jazmín a su lado, algo que ocurría tan rara vez que en su mente no encontraba exactamente por qué había faltado, solo sabía que alguna vez sí lo hizo.

Su corazón dio un vuelco al no serle posible evitar recordar el cuerpo sin vida de su compañera, sus ojos sin brillo y su garganta abierta de par en par gracias a esa demente maligna. A pesar de no haber sido ella la verdadera responsable de su muerte, entendía a la perfección que fue su ingenuidad la que ocasionó toda esta situación.

«La mejor forma de recompensarla es detener a Adarza, ¿no?»

Nadie respondería su pregunta, pero era todo lo que podría hacer para honrar la memoria de esa dulce chica.

Y antes de seguir culpándose, fue arrancada de sus pensamientos por varias personas que le preguntaban lo mismo que llevaba todo el día escuchando: "¿Qué te pasó?". Continuó mintiendo hasta llegar a la tan esperada hora del recreo, donde la mayoría de estudiantes salió del salón para disfrutar su media hora de libertad.

Rachel se quedó en su asiento. Ellos debían volver antes de que el timbre suene. Llevará a tantas personas como pueda, pero antes, disfrutaría de su comida para saciar su hambre voraz mientras esperaba y disfrutaba de la apacible soledad. Ya era costumbre quedarse a comer sola aquí la mayoría del tiempo mientras leía, o en alguna banca de la escuela o gimnasio, y rara vez terminaba hablando con alguien por su personalidad tan reservada.

―Solo tres horas más, en tres horas, por fin, podré ver a Chloe. ―mencionó con una amplia sonrisa. Ver a su hermana era todo en lo que pensaba.

Repasando el escenario en su cabeza, estaba segura de que Chloe no le tomaría en serio nada de la explicación del espejo en un inicio, pero las pruebas en su rostro la ayudarían a dejarle clara la situación. Al buscar ayuda, quizás algún otro mago o conocedor de magia termine involucrado en toda esta situación si le dijera a la policía y se presentaría como un héroe salvador que eliminaría el mal de raíz, un Constantine capaz de eliminar a Adarza de la tierra.

―¿Por qué me pasa esto a mí? No pudo ser que alguien que sí pudiera lidiar con todos estos problemas.

―Toc, toc.

Una voz repentina erizó el cuerpo de Ray, que enderezó su espalda y miró la puerta. Se había centrado tanto en comer y sus pensamientos que olvidó esperar a ver quién entraba.

Parada en la puerta llevando una bolsa marrón en una de sus manos, Lindsy Logan le regaló una sonrisa gentil a Rachel y caminó al puesto junto a la rubia. Sentándose en la silla que alguna vez perteneció a Jazmín. Rachel no pudo evitar dirigir una desagradable mirada hacia Logan, que cambió rápidamente al notar la expresión de confusión de su contraria.

―No te molesta que coma contigo, ¿verdad? ―preguntó Lindsy. Dejó su bolsa sobre el escritorio y fijó sus ojos esmeraldas en Rachel.

―Es tu problema, el salón no es mío. ―respondió cortante.

―Eso no es muy amable ―comentó Lindsy sin mostrar una pizca de lucir ofendida―. Entonces haré lo que quiera y comeré aquí.

Rachel mordió de su almuerzo, preguntándose cuántas veces habló con Lindsy Logan a lo largo de su estadía en la escuela. Eran muchas. Varias veces colaboraron para algunos trabajos e hicieron exámenes juntas, pero no podía pensar en nada fuera de lo académico cuando pensaba en su relación.

―De seguro llevan todo el día molestándote con esto, pero... ¿Qué fue lo que le sucedió a tu rostro? ―preguntó dejando a un lado las sutilezas.

«Directo al grano», pensó Ray y luego respondió con desinterés.

―Las escaleras a veces son traicioneras. Hay momentos donde saltas cinco escalones por un simple impulso tonto, y hay otros donde te resbalas toda la escalera y ruedas como idiota.

―Entonces eran unas escaleras muy... altas.

Rachel apartó su mirada de lo poco que quedaba de su hamburguesa fría y la dirigió a Lindsy. Su expresión era desconcertante, esa sonrisa forzada dejaba en claro que no le creía nada de lo que decía, o al menos eso suponía Rachel.

¿Qué importaba? No era vital para ella lo que Lindsy pensara. Lo único que debía preocuparle era llevar a cabo su plan y, pensándolo detenidamente, ella era útil. Asegurar la presencia de una chica tan guapa como Lindsy casi le garantizaba que algún chico terminaría yendo y, en comparación con Rachel en ciertas zonas estratégicas, Lindsy en su pecho tenía encantos mucho más prominentes.

―Altísimas ―respondió. Bebió de su refresco antes de continuar, buscando en su mente la petición adecuada―. Logan, ¿te gustaría ir al cine después de la escuela?

Lindsy abrió sus ojos con sorpresa, dejando de fingir su sonrisa, soltó su comida en el escritorio, acercando más su cuerpo al de Rachel. Por poco saltaba de la silla.

―¿Tú me estás invitando a mí a ir al cine? ―preguntó incrédula ante lo que para ella era un milagro.

«¿Por qué reaccionas de forma tan dramática, Logan?», se preguntó Rachel. Aunque ella no lo supiera, entre sus compañeros era normal ver a Rachel como una joven a la que no le gustaba socializar y, de no ser por la tarea, no hablaría con la mayoría de ellos.

―Este, sí... ¿Quieres? ―preguntó de nuevo. Extrañada por su exagerada reacción, observó a Lindsy asentir velozmente― Bien. Entonces veamos quién más quiere ir con nosotras.

―Oh. Llevarás más personas ―recalcó Lindsy. Suspirando pesadamente―... Es muy extraño que tú quieras salir con nosotros. ¿Ocurre algo?

Rachel negó con la cabeza, la preocupación en los ojos esmeralda de Lindsy no trataba de ser ocultada de ninguna manera. No entendía por qué ella estaba tan preocupada. De todas las personas que le preguntaron hoy sobre su rostro, ella era la que más estaba interesada en saber qué estaba ocurriendo y eso no le gustaba para nada a Rachel, volvía a tener esa sensación de la semana pasada cuando volteó a verla y la sorprendió observándola.

―Te dije que no. ―Respondió con cierta molestia―. Hoy tengo ganas de salir y eso es todo, solo pido que primero me acompañen a buscar las llaves de mi casa, las tiene mi hermana y está con su novio. Luego podemos ir al cine.

Fue la mejor excusa que se le ocurrió en aquel momento, supuso que nadie le daría muchas vueltas a eso, aunque acompañarla podría parecer tedioso. «Quizás debería ofrecer algo como ser quien pague las entradas, adiós a mis ahorros».

Rachel detuvo sus pensamientos cuando la suave mano de la pelinegra se posó sobre la suya, aún seguía algo cerca. Sin saber cómo reaccionar, se apartó confundida.

―¿Logan?

―Rachel, si estás teniendo algún problema en tu casa, puedes decirlo.

Rachel se mantuvo en silencio.

Lindsy buscaba ayudar a Rachel, y sus intenciones habían quedado claras. Supuso que esas heridas eran hechas por golpes y que Rachel estaba obviamente mintiendo. La única persona con la que Rachel vivía era su hermana Chloe. Todo el salón lo sabía gracias a que la misma Rachel dijo que faltó unos días por el funeral de su madre.

Rachel había sido muy tonta, su mentira era demasiado floja y obvia, dejando ver que ocultaba algo que Lindsy malinterpretó por completo, teniendo una horrible idea sobre Chloe.

―¿¡Qué mierda tratas de decir!? ―exclamó Rachel. Se levantó de su asiento fulminando a la de chaqueta negra con aquella rabiosa mirada.

―Rachel, no te lo tomes a mal ―murmuró Lindsy. Apenada, bajó su mirada al darse cuenta de que se había pasado de la raya―... Es solo que estás tan golpeada y me preocupas.

Quien se acercó esta vez fue Rachel; al levantarse de su silla, Lindsy se mantuvo quieta en su asiento y levantó la mirada al escuchar el estruendoso golpe que le dio Rachel al escritorio de Jazmín.

―¡No me importa si te preocupo! No asumas cosas de mi hermana si no la conoces. ¡Ella nunca me pondría una mano encima! ¿¡Quedó claro!?

―Sí...

―Qué bueno que entiendas, Logan.

Lindsy, sumisa, bajó su mirada llena de vergüenza. Rachel, por otro lado, se calmaba poco a poco, cuando su sangre dejó de arder, regresó a su asiento y apretó con desesperación el tabique de su nariz. Había sido muy dura con ella, descargó la rabia que acumuló desde la madrugada en una pobre chica que buscaba ser amable con alguien en problemas.

Pero ya estaba hecho, tampoco tenía la intención de disculparse con alguien que, sin saber sobre lo ocurrido, lanzó un intento de acusación a su querida hermana. No podía encontrar en sus recuerdos ninguna ocasión donde Chloe le hubiera golpeado, para Rachel eso era impensable. Su hermana era perfecta y por eso no podía quitar su irritada expresión.

―Lo siento, Rachel, no pensé antes de hablar. ―dijo Lindsy. Regresó su mirada a Rachel, esperando su respuesta. No buscaba acabar en malos términos con la rubia.

Rachel lo pensó un momento y chasqueó la lengua, suavizando un poco su mirada hacia Logan. Necesitaba a Lindsy y por esa razón tragó sus ganas de ignorarla y le dio un pulgar hacia arriba.

―Todo bien. Solo te preocupabas, pero te digo que no será nada de lo que pienses... créeme.

La de ojos esmeraldas asintió con su cabeza, esta pequeña forma de hacer las paces sirvió un poco, al menos para Lindsy. Estaba por retomar su charla hasta que dirigió la mirada a un joven que entró a la habitación mientras rebotaba un balón de baloncesto.

―¡Dios es grande! ―exclamó el joven delgado de cabello rosado―. Doña Solitaria está teniendo un almuerzo con Lindsy. ¿Será esto una advertencia sobre que el fin se está acercando? Jesse, descarga la Biblia y busca a ver.

―Ya deja de molestarlas. Ignórenlo, chicas, está estresado porque perdió hace poco. ―Siguiendo al pelo rosado, un relajado joven de cabello celeste, un poco más alto que su compañero, entró al salón recostándose en el escritorio de los profesores.

Rachel frunció el ceño. Sin duda, esta era la parte más difícil y complicada de su plan. Convivir con ese "idiota rosado", como Ray lo llamaba en su mente.

―Ya estoy acostumbrada a ignorarlo, Jesse. Gracias de todas formas ―dijo Lindsy con calma. Luego de disfrutar la expresión molesta de Grace, agregó con una gran sonrisa―, Pero sí que es un evento único, Rachel quiere que vayamos juntos al cine y está buscando más compañeros.

Grace arqueó su ceja, no le creía ninguna palabra que salía de su boca. Se cruzó de brazos y se sentó sin temor sobre el escritorio al que Jesse se recostaba. Jesse dio algunos aplausos con emoción y asentía con su cabeza sin parar.

―¿¡Quieres que vayamos contigo, Rachel!?

―Sí. ―Mintió desde su corazón. Todos, menos él, solo lo llevaban por ser un dos en uno― Pregúntenle también a Dexter si quiere venir con nosotros.

―Me das miedo ―Grace arrugó su frente, dándole un golpe suave a Jesse, que empezó a reír apenas notó su expresión―. Yo no tengo nada que hacer, así que cuenten conmigo.

Lindsy había sido de mucha utilidad, aunque no tuvo que pedírselo, reclutó a las dos personas más importantes de la operación que Rachel buscaba llevar a cabo. Grace Kennedy y Jesse Miller eran los jóvenes más fuertes que Rachel conocía en persona. El primero era un gran buscapleitos, cada que había una pelea que involucraba a alguien de este salón, era totalmente seguro que Grace estaba involucrado, ya siendo el causante de esta o que se lanzó al conflicto solo por disfrutar de una pelea, y a pesar de ser todo un chico problema, seguía teniendo buenas calificaciones.

Y el de cabello celeste, Jesse Miller, no se quedaba atrás. Poseía el cuarto puesto en las notas del salón. Un chico bastante inteligente que disfruta de practicar deportes, según lo poco que Rachel escuchó. Si Grace estaba involucrado, entonces Jesse estaba a su lado, listo para pelear codo a codo. Amigos inseparables desde hace años. A pesar de ser el opuesto del otro, formaban un dúo excelente.

«Ahora invitarán a otros de sus tontos amigos, esto es perfecto.»

Con una sonrisa imperceptible para los demás, Rachel revisó su teléfono nuevamente. Pero para su sorpresa, sus mensajes al fin habían sido revisados, incluso tenía algunos mensajes de voz y no se había dado cuenta.

―¡Al fin! ―exclamó Rachel. Llevó el celular a su oído para escuchar la dulce voz de su hermana.

"¡Rachel! De verdad, siento, siento, siento, siento, siento... tanto no contestar. El cargador de Marcus se dañó y yo olvidé el mío. Apenas compramos un cargador nuevo."

¡Y estaba totalmente bien!

Nada malo había ocurrido con su amada hermana, solo sucedieron ciertos infortunios que la llevaron a esperar lo peor. Ya creía que era la persona con la peor suerte del mundo o quizás había sido muy mala en su vida pasada y era castigada con una situación como esta. Siguió escuchando los siguientes mensajes, ignorando que había gritado hace un momento, y los otros tres estudiantes se miraban con confusión.

―Rachel está medio loquita. ―dijo burlón Grace a Jesse.

"¿Para qué estabas llamando tanto o por qué hay tantos mensajes? ¿Pasó algo? ¿O será que extrañas a tu querida hermanita mayor? Tanto que la llamas en plena madrugada... No, pero ya, en serio, ¿qué pasa?"

No pasó ni un segundo después de escuchar el audio para que Rachel le respondiera a su hermana. Omitió detalles importantes como el espejo mágico y una Rachel psicópata. Usó la excusa de que creía haber escuchado ruidos, pero resultó que solo estaba loca. Sentía que podía llorar de la emoción al saber que todo estaba bien, aun así, iría junto con los demás para asegurarse, pero ya no tenía nada de lo que preocuparse.

Además de Adarza.

―¿Hay una fiesta en el salón? Debían decírmelo. No pueden quedarse las dos más lindas para ustedes. ―Dexter entró al salón, acomodándose su cabello rojizo.

Grace rodó sus ojos por aquel comentario y Jesse le dio un toque pequeño en el hombro a quien acababa de ingresar.

―Dexter, ¿quieres venir con nosotros al cine? No me vas a creer quién está organizando la salida ―le preguntó Jesse. Observaba cómo Dexter lo miró con intriga y él soltó la bomba― ¡Rachel está organizando la salida!

―Yo siempre supe que tenías interés en nosotros, guapa. También te queremos, aunque no hables mucho. ―dijo Dexter con descaro en dirección a Rachel. Guiñándole un ojo, esperando que le dijera algo. Le fue decepcionante ser totalmente ignorado por la indiferente Rachel.

―Ya con este somos cinco.

―¿Cómo que "este" Lindsy? ¿Yo qué te hice de malo? ―El alto pelirrojo soltó un suspiro deprimente.

Mientras pasaba el tiempo, fueron llegando los demás estudiantes hasta que sonó la campana que marcaba el final del tiempo libre. Grace y Lindsy fueron quienes invitaron a unos pocos alumnos más sin siquiera preguntarle a Rachel, pero eso ya no le importaba a la rubia ahora que sabía sobre la seguridad de su hermana. Ray estuvo en el teléfono un rato más antes de despedirse de Chloe y observar a todos los que entraban. De muchos ni se acordaba de sus nombres, solo de aquellos que más destacaron para ella.

―¡Salida al cine con Rachel, señores! ―gritó Grace con energía. Observó a sus demás compañeros que asistirían a aquella salida, en total eran ocho personas.

«Ocho personas, gracias a Dios, no ofrecí pagar ninguna de sus entradas».

El salón se llenó de las conversaciones de los estudiantes, el profesor tardó un rato en llegar, pero todos se quedaron callados y se acomodaron en sus asientos al ver que no venía solo. El director Daniel entró imponiendo respeto a todos los estudiantes.

―Buenas, clase. ―dijo con calma el profesor de biología―. El director vino personalmente para dar dos anuncios, así que mantengan el silencio y presten atención.

Todos siguieron las instrucciones y mantuvieron el silencio que generó la presencia del moreno, que acomodó sus lentes antes de empezar su monólogo.

―Muchas gracias, profesor Francis. El primer anuncio que tengo para ustedes es que hoy se hará una revisión de la vista y oído en el gimnasio. Las clases terminarán más temprano y su salón se podrá retirar luego de que todos hayan sido evaluados.

«¡Sí!»

Rachel convirtió su ardiente felicidad en un puño, mientras que el silencio fue destruido por el pequeño vitoreo de los demás estudiantes que no pudieron evitar mostrar lo feliz que los hacía escuchar aquellas palabras. Gritos que fueron muy breves, ya que todos fueron extinguidos apenas el director se aclaró la garganta.

―Lo siguiente es preguntar si alguno de ustedes conoce dónde está Jazmín Green. Sus padres no la encuentran desde ayer y están muy preocupados. Dijo que saldría con una amiga y aún no aparece ni contesta su celular.

Y con esas palabras, la recién nacida felicidad de Rachel dio su último suspiro. Tragó saliva debido a los nervios y mantuvo su mirada fija en el director. Al parecer nada la vinculaba con ella, pero no quisiera ser sospechosa de un secuestro cuando todo estaba saliendo tan bien. Además, las imágenes del cuerpo muerto de Jazmín destellaban en su cabeza; por más que tratara de olvidarlas, nunca lo lograría y tendría que vivir con eso.

Los demás estudiantes comenzaron a murmurar entre ellos y uno por uno contaron lo que sabían.

―Quizá esté con su novio. ¿Jazmín tiene novio, Clara?

―No que yo sepa... eso sí, ya es algo preocupante, no salió ni conmigo ni con Rose.

―Ay, Dios, ojalá ella esté bien.

Ese tipo de cosas surgieron al aire, nadie, a excepción de Rachel, sabía el horrible destino con el que Jazmín tuvo que cargar, y ahora sería Rachel quien llevara la culpa en su espalda sin poder decir nada por su complicada situación.

―Si alguien llega a saber algo después, por favor, notifíqueme y yo lo diré a los padres de Jazmín. Velemos por su bienestar y, sin más que decir, nos veremos en el gimnasio, primero 13, luego otros 13.

Sin más que decir, el alto hombre se retiró en silencio y con él, toda pizca de respeto por el ambiente escolar. Los estudiantes comenzaron a hablar entre ellos, principalmente sobre Jazmín y qué pudo haberle ocurrido. Rachel se mantuvo al margen hasta que escuchó a la chica junto a ella hablarle.

―¿Tú qué crees que le pudo pasar a Jazmín? ―preguntó Lindsy con tristeza―. No es bueno que una joven desaparezca así.

Rachel no pudo mirarla a sus ojos, ni a su rostro, imaginaba ya el tipo de expresión que tendría, y su corazón no soportaría mentirle a su cara sabiendo tal desgarradora verdad. Mantuvo su vista en la mesa y luego recostó su mejilla en ella, mirando a otro lado.

―No tengo idea. ―dijo cortante. En su corazón le ofrecía una sincera disculpa a Jazmín, pero en algún momento podría decir la verdad, en el mejor de los casos, decir dónde estaba el cuerpo de la joven para que reciba un entierro digno por parte de su familia.

El profesor realizó la separación entre los estudiantes, y Rachel terminó en el primer grupo. Bajó del tercer al primer piso y llegó junto a los demás al espacioso gimnasio, que en vez de balones y herramientas de ejercicio tendría pizarras y carteles con pruebas de la vista, siendo atendido por dos enfermeros. Los demás salones, al parecer, ya habían podido salir y ellos pronto serían los últimos en la escuela.

Dejaron sus celulares en una caja que llevaba el director y luego les revisaron los oídos, la vista y los dientes de cada uno. Estando Rachel perfectamente bien con los tres. Lindsy y Grace tampoco habían tenido ningún problema en las tres pruebas, y sería lo mismo con Dexter de no ser que una carie estaba desarrollándose en uno de sus dientes, a lo que se sintió muy decepcionado y se llevó las burlas del pelo rosado.

Quedaron en seguir a Rachel a casa del novio de su hermana, comprar dulces y cosas para comer en el cine en alguna tienda cerca de ahí y que Grace lo metiera todo dentro de un bolso, tapándolo bien. Luego se asegurarían de entrar con mucha comida. El primer grupo volvió al salón y, seguido, partió el segundo. Jesse se despidió de Grace, Rachel y Lindsy antes de irse, y la rubia volvió a sentarse en su puesto sin poder dejar de pensar que faltaban al menos otros 20 o 30 minutos para poder irse. Resulta que les regresarían sus celulares al terminar con todos, así que debían esperar en el salón pacientemente.

―Y señorita, preciosa, hermosa y despampanante.

―Eres molesto.

Rachel observó a Dexter, quien aprovechó que el profesor se había ido junto a los demás estudiantes y se levantó para hablar con los restantes del salón.

―Y tú eres bastante cruel para ser tan callada, ¿por qué quieres salir con nosotros? ―preguntó Dexter con curiosidad. Su mirada afilada disfrutaba de la expresión aburrida de la rubia.

―No hay ninguna razón en específica...

―Rachel solo quiere pasar más tiempo con nosotros ―dijo Lindsy, levantándose de su asiento para recostarse al de Rachel y prosiguió―, pero es algo entendible que no quisiera hablarnos antes cuando vienes a molestar.

Dexter dejó de sonreír y se cruzó de brazos, detestando cada segundo que la mirada repleta de desdén arrojada por Lindsy se mantenía en él. Rachel se mantuvo en silencio, deseando que no terminaran discutiendo frente a ella.

―Uy, perdón. No quería molestar a Rachel, pero la próxima vez prefiero que ella me lo diga a que te metas en la conversación. ―mencionó Dexter con molestia antes de irse a hablar con Grace y los demás restantes.

―Tú no te preocupes, empezaré a tomar en cuenta lo que prefieres en algún momento. ―respondió Lindsy con carisma, volteó a ver a Rachel que sonreía en total silencio, sus ojos se encontraron y la rubia acabó por darle otro pulgar arriba.

―Te metes mucho donde no te llaman.

―¿Te quejas luego de que te lo quité de encima? Eres una malagradecida. ―contestó Lindsy levantando una ceja.

―Yo esperaba que hicieras las cosas solo porque te parece lo correcto, no porque quieres una recompensa o las gracias. ―dijo Rachel luego de pensar rápido su respuesta.

Lindsy no pudo contener la risa y regresó a su asiento. Ambas se habían quedado en paz ahora con eso. Además de que le hizo el favor de agregar más miembros al grupo, la opinión de Rachel sobre la hermosa chica de camisa verde cambió un poco en menos de una hora.

Había sido extremadamente útil.

―¿Quieres salir al cine algún otro día? Sin tener que llevar a medio salón, por supuesto. ―musitó Lindsy.

Rachel volteó la mirada y se llevó la mano al mentón por unos segundos. Lindsy, al aburrirse de esperar su respuesta entre risas, empujó su hombro de forma juguetona, a lo que Rachel no pudo evitar asentir con su cabeza múltiples veces.

―Claro, no estaría tan mal. Sería mejor que ir con toda esta manada de simios... algún día entonces. ―afirmó la rubia.

―Algún día entonces... ―repitió manteniendo una sonrisa en su rostro.

Era tan extraño. Sonreír luego de haber pasado por algo tan tétrico en plena madrugada, ver el cadáver de su compañera y ser engañada por una criatura maligna. Lo más probable es que, luego de solucionar todo, nunca quiera salir de casa de nuevo o la termine vendiendo para mudarse a otro lugar si no es internada en un manicomio por Chloe. Así que probablemente acababa de hacerle una promesa que nunca podría cumplir.

«Ya solo quiero irme, ¿por qué era necesario que nos quitaran nuestros celulares?»

Pensó Rachel. Tendría algo con lo que entretenerse en vez de ver el reloj cada cierto tiempo y a los demás en la parte de atrás hablando de quién sabe qué cosa. Solo ella no había ido.

Claro, y Lindsy. Rachel observó qué hacía la joven para matar el tiempo, al parecer, dibujaba en uno de sus cuadernos. Cuando quiso levantar más su cabeza para ver mejor los dibujos, la puerta del aula se abrió y Lindsy cerró rápido su cuaderno.

―Me alegra verlos a todos sentados de forma tan disciplinada. ―Habló el director con sarcasmo. Todos regresaron a sus asientos como cucarachas dispersándose al encender la luz. El moreno venía acompañado de uno de sus compañeros, Ben. Un chico gordo similar en gustos a Rachel.

―¿Dónde están nuestros teléfonos, señor director? ―preguntó Grace impaciente luego de levantar la mano.

―Tranquilo, señor Kennedy. Todo a su tiempo, primero quiero que escuchen atentamente un nuevo anuncio que su compañero Ben quiere decirles. ―contestó el director mientras se sentaba en la silla tras el escritorio de profesores.

Grace chasqueó la lengua y rodó los ojos con molestia. Rachel ya había tenido mucho con el anuncio de Jazmín y ahora serían los últimos en salir cuando todos ya se fueron temprano. Aparte, querían darles una tercera noticia que Dios sabe qué implicaría ahora y casi todos en el aula pensaron lo mismo que Grace. Querían sus teléfonos de vuelta.

«Me pregunto si Chloe habrá respondido luego», se preguntó Rachel, desviando su atención de Ben.

―¿Entonces lo leo ya? ―cuestionó Ben con nervios notorios.

―Adelante. ―respondió el director.

Ben tomó aire y cerró sus ojos para mentalizarse. Le quedó muy claro a Ray desde hace tiempo que él, a diferencia de ella, no era el tipo de persona con talento para las exposiciones, nunca se le dieron bien al ser tan nervioso y no estar acostumbrado a hablar mientras es observado por tantas personas, pero se armó de valor y se presentó para dar inicio.

―Muy buenas tardes, mi nombre, mi nombre es Ben Thompson y hoy vengo a dar información sobre... ―Hizo una pausa para sacar una nota de su bolsillo―. El juego de supervivencia escolar.

―Una actividad escolar. ―Gruñó Grace. Sin importarle si el director escuchaba o no sus quejas.

«Hasta aquí llegó nuestra salida temprana».

La decepción inundó el rostro de Rachel y el director golpeó estruendosamente el escritorio de los profesores para hacer callar a quienes no podían evitar demostrar su obvio descontento con la situación. Ben, al tener de nuevo el aula en silencio, continuó con la lectura.

―La nota dice lo siguiente...

»Los estudiantes han sido divididos en dos grupos: el grupo de rescate y el grupo capturado. El grupo de rescate tiene un tiempo límite de tres horas hasta la hora de salida para completar su misión, para completarla, deben rescatar a los otros 12 alumnos.

―Eso suena interesante. ―Grace con emoción apoyó sus manos en su escritorio.

Todos los demás estudiantes empezaban a escuchar con interés las reglas del "Juego de supervivencia escolar" y Rachel estaba totalmente confundida, preguntándose a qué se refería con todo aquello.

Ben continuó.

»Entre los 25 alumnos habrá cuatro alumnos que trabajarán junto a tres profesores. Siendo estos un tercer grupo antagónico, y su objetivo será detenerlos para gastar su tiempo límite o capturar más estudiantes. Derrotar a los siete significa terminar con el juego en victoria para los rescatistas, incluso aunque no hayan encontrado y liberado a todos los demás estudiantes. No habrá un sistema de puntos o bonificación por estudiantes o profesores derrotados para ningún grupo, a excepción de un estudiante en particular.

Rachel escuchaba con atención sin evitar sentir que algo estaba fuera de lugar en todo esto. Para ella era tedioso que quisieran obligarlos a jugar como una actividad, quería irse lo más pronto posible a ver a su hermana.

―¿Qué? ―cuestionó Ben mientras leía―... Este, el estudiante que elimine a Rachel Ficks del juego... podrá irse y evitar todo lo demás.

«¿Qué?»

Rachel se petrificó al sentir cómo todas las miradas del salón fueron hacia ella, de un momento a otro, Ben y la explicación habían quedado en un segundo plano total. Y ella se levantó de su asiento apoyándose en la mesa.

―Espere, ¿yo por qué? ―preguntó Rachel alterada, ya tenía los pelos de punta por aquellas miradas.

―Sí, ¿por qué ella? ―cuestionó Lindsy.

Grace solo dio algunos aplausos, estaba ya totalmente decidido a atrapar a Rachel si eso ayudaba a salir temprano. Los planes de ir al cine tendrían que modificarse ligeramente.

―Lo siento, Rachel, pero tendrán que llamarme después. Iré a mi casa a ver series, bañarme y, cuando ustedes salgan de aquí, me dicen dónde nos vemos. ―dijo Grace con seguridad y arrogancia. Escuchó cómo Dexter negó todo aquello y lo vio señalarse con su dedo.

―Error, yo me iré más temprano ―Dexter señaló a Rachel con su índice y levantó la voz―. Corres, Ficks, ¡ni se te ocurra dejarte atrapar por Grace! Espera a que te atrape yo.

El director se llevó una mano a su frente, ya cansado de escuchar cómo discutían por quién capturaría primero a la rubia o quién iría primero a su casa. Se levantó del asiento y terminó detrás de Ben, dejando una mano en su hombro.

―Escúchenme, por favor.

―¡Esto no tiene ningún sentido! ―rugió Rachel― ¡Yo no quiero jugar ningún juego!

―No seas aguafiestas, Rachel. Al menos déjate atrapar una vez ―una chica de cabello castaño fue quien habló esta vez. Clara Tyler.

―¡Hagan silencio ya!

El rugido explosivo del director provocó que más de uno sufriera escalofríos, todos cesaron cualquier ruido y dirigieron su mirada hacia el director, que llevó la mano a uno de sus bolsillos. Ya ninguno quería decir nada por temor a ganarse algún castigo, pero Rachel no dejaba de mirarlo desafiante, decidida por completo a no jugar.

―¿Qué está haciendo?

―¡Hey!

Pero ninguno pudo mantenerse callado con los actos que siguieron a aquel silencio abrumador.

Antes de que Ben pudiera darse cuenta, un bolígrafo negro se estrelló contra su garganta, atravesando la carne como un clavo a una pared, todo su interior se desgarró a gran velocidad y el río de sangre proveniente del agujero no se hizo esperar junto a los quejidos de dolor del joven niño que llevó las manos a su cuello.

―¡Ben!

―¡Bastardo hijo de perra!

―¡Oh, Dios!

Conmocionados por lo que ocurría, los alumnos observaban aterrorizados cómo el joven cayó y se retorcía en el suelo mientras trataba de parar la hemorragia. Su cuerpo comenzaba a presentar violentos espasmos y convulsiones mientras sus ahogados quejidos de dolor y desesperación inundaron la habitación. Nadie tenía el valor para levantarse de su asiento y los más valientes solo podían gritar desesperados.

―¡Bastardo! ¡Se está ahogando! ―exclamó Grace entre lágrimas contenidas observando a su amigo sollozar sobre un pequeño lago de sangre. Sentía asco y un terror absoluto, pero sus piernas no le permitían moverse de su lugar a ayudar.

Pronto, los ojos de Ben, inyectados en sangre, dejaron de emitir esa última pizca de luz y su cuerpo quedó totalmente tieso e inmóvil a los pies del director, que lo observaba sonriendo ampliamente antes de lamer sus labios.

Sin reaccionar, sin moverse, sin pensar, siendo presa del horror y pánico que se apoderaron de su cuerpo, Rachel presenciaba en silencio cómo el cuerpo de otro compañero estaba en el frío suelo, inmóvil y sin vida.

―No tardó tanto como esperaba, creí que por ser gordo aguantaría más. ―mencionó burlón el director.

Los sollozos adornaban el área y Lindsy Logan, en un tono que solo Rachel y el director pudieron escuchar, se preguntó.

―¿Esto... es una broma?

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