—¡Maldito cabrón, hijo de puta! —Grace estalló en ira. Se levantó de su asiento, arrojando su escritorio contra el suelo, llevándose la atención de todos en la sala.
Todos los estudiantes le dedicaron sus miradas, algunas aterradas, conmocionadas, perdidas, adoloridas, asqueadas. La reacción en todos los presentes fue bastante variada. Lo único que estaba claro era que nadie en esa habitación demostraba una pizca de calma... a excepción de un hombre.
—Señor Kennedy, los modales. —Amonestó el director. Denotando una voz anormalmente apacible, mientras observaba al de ojos verdes quitarse su chaqueta grisácea y lanzarla al suelo.
Sumido en la rabia, Grace apretó sus puños sin apartar la mirada del director y caminó rápido entre los puestos de los demás. Antes no pudo moverse por el miedo, no supo cómo reaccionar o lo que debía hacer en caso de una herida como esa. La sorpresa de ver al ejemplar director Daniel apuñalar a un alumno fue lo que terminó por bloquear cualquier intento por hacer algo. Ahora que pensaba mejor, o eso creía, lo que sí era capaz de hacer es moler el rostro de ese asesino a golpes.
—Lo pensaría dos veces antes —advirtió. Detuvo en seco a Grace al sacar de su saco café una pistola. Todos en el salón se mantuvieron en silencio, asombrados y temerosos de ver un arma de fuego en el aula. El director sonreía, dejando en claro que gozaba de su expresión—. Atacar a un profesor o un director es algo muy grave, señorito. Sus impulsos deberían ser mejor controlados.
Grace gruñó en respuesta, estaba muy enojado, y era indudablemente estúpido, pero no lo suficiente como para lanzarse contra alguien más grande y armado. Los estudiantes gritaron aterrados y algunos se levantaron con la intención de huir, siendo detenidos por la voz grave del moreno que se elevó en un grito amenazante que paralizó a quienes querían escapar.
—¡Quietos, pequeños bastardos! Si alguno de ustedes se atreve a salir de aquí, juro por Dios que mataré a todos los demás en la sala.
Los alumnos obedecieron, sin dejar de temblar; quien terminó saliendo por la puerta en vez de los estudiantes fue la propia idea de huir. Ninguno quería probar la paciencia del hombre que hace un momento asesinó a un joven.
—¿¡Por qué mató a Ben!? ¿Qué carajo es lo que está haciendo? —preguntó Grace. Su voz tembló en un inicio, pero poco a poco recuperó su firmeza y característico tono desafiante.
—Maravilloso. —Como si esperase la pregunta, el mayor asintió con su cabeza rapada— Me alegra que lo pregunte, señor Grace. Por si no prestó atención a las últimas palabras del gordito, ahora se lleva a cabo el juego de la supervivencia escolar y ya debió de quedar claro que soy del equipo de villanos.
«Adarza»
Ese nombre se tatuó en la mente de Rachel, quien se mantenía al margen de la situación a su alrededor. No tenía ninguna prueba que la relacionara con lo que ocurría, pero esa extraña sensación en su pecho trataba de indicarle que esto tenía la huella de su duplicado en todas partes.
Ahora fue Ben, no había bastado con Jazmín. Esa criatura mentirosa y manipuladora estaba moviendo los hilos tras bambalinas de alguna forma.
«¿¡Pero cómo!?»
—El lado positivo de toda esta situación es que ahora no deben rescatar a 13 jóvenes, solo a 12. —comentó Daniel entre risas, como si algo en lo que dijo hubiera sido gracioso.
Lleno de confusión y la necesidad de golpear al hombre delante de él, Grace mordió su labio inferior al punto de herirlo, derramando un fino hilo rojo que bajó por su mentón. Sentir que ahora mismo no podía hacer nada era como una potente llama que consumía su interior. "¡Hay que golpearlo! ¡Romper su dentadura a patadas!" Debía hacer algo por Ben. Era su amigo desde hace años.
Aunque tuvieran diferentes gustos, tuvieran personalidades opuestas o muchas veces no estuvieran de acuerdo en nada, ¡ellos seguían siendo amigos!
Ahora estaba muerto frente al director, tirado como un maniquí roto o un títere sin cuerdas. Carne sobre un pequeño lago de sangre, carne que alguna vez fue una persona, su compañero.
Abandonando su intención de pelear, el rosado se agachó a un lado del cuerpo de Ben. No le importaron las miradas curiosas de los estudiantes ni del asesino en frente. Estaba totalmente concentrado en la espantosa expresión de dolor que preservó su rostro al momento de morir. Sus ojos sin brillo no reaccionaban a ningún estímulo como la luz o la mano que Grace agitó suavemente frente a ellos.
Con cuidado, Grace cerró las pestañas de quien fue su amigo, al menos eso podía hacer por él en este momento, pero no sería lo único que llevaría a cabo para honrar la memoria de su compañero. El director rodó los ojos con aburrimiento y caminó a la puerta de salida.
—Grace...
Un joven de cabello negro, al igual que su vestimenta, se acercó al cuerpo de Ben, horrorizado y asqueado. Le era difícil no apartar la mirada, pero colocó su mano sobre la espalda del rosado como apoyo.
—Gracias, William. —dijo Grace con un tono impasible.
William no podía leer a su compañero, y tampoco lo necesitaba. Sabía que ambos pasaban por lo mismo, solo que Grace parecía sufrirlo mucho más que los demás.
Para el delgado adolescente vestido de negro, ver a Grace Kennedy, el adolescente invencible, a punto de romper en llanto, era algo imposible de creer por más que lo tuviera de frente. Nunca observó a Grace llorar ni por los golpes más duros, y ahora ese hombre resistente como el acero estaba por desmoronarse.
—Si necesitan algo más de información, por favor. Contactar con Rachel Ficks, ella puede aclarar todo lo que necesitan saber sobre lo que está ocurriendo. Oh, y la jefa te envía saludos. —En un último momento, el director cambió el ambiente desgarrador del aula. Salió por la puerta y la cerró con cuidado, lo único que se escuchó luego fue un pequeño aviso— ¡Recuerden no tratar de huir! ¡Tienen hasta las siete!
«No, no, no, no, no, no, no. Esto es malo, muy malo, extremadamente malo. Dejen de mirarme». Esos ojos acusadores rodearon a Rachel en todas las direcciones, sofocándola, aplastándola. «Hijos de perra, ¡dejen de mirarme! Yo no tengo nada que ver. ¡Ya dejen de verme!»
Rachel se levantó abruptamente y miró a su alrededor, dedicándole una rápida mirada a cada estudiante que esperaba una respuesta de ella o que dijera algo por lo menos.
—¡Dejen de mirarme así! ¿¡Qué mierda me están viendo!?
Poco había pasado desde que se fue el director hasta ese momento, y nadie se atrevió a decir nada por unos segundos. Hasta que Dexter levantó un poco su voz y dirigió una filosa mirada a Rachel.
—¿Qué es lo que trató de decir con eso, Rachel?
Lo último que ese hombre hizo fue arruinar el día de Rachel, volviéndola el centro de atención de todos y ahora una cómplice, sospechosa o pieza importante en aquel maniático juego que al parecer "la jefa" o, mejor dicho, Adarza había planeado para ella.
Los estudiantes estaban a la espera de una respuesta por parte de Rachel. Los nervios consumieron a la joven de ojos azules y sus labios temblaban junto a todo su cuerpo sin que ella lo notara. Hundiéndose rápidamente en un abismo, trataba de pensar qué decirles para salir de aquella situación.
—¡No tengo idea! ¡Está loco! ¡Demente! —y lo primero que se le ocurrió fue mentir—. Sé lo mismo que ustedes. No entiendo nada de lo que está pasando y estoy muy triste por Ben.
—No se nota. —Rose se quejó mientras acomodaba sus lentes—. Luces más como si estuvieras por tener un ataque de pánico, no como alguien dolido. —Acababa de limpiarse un poco del vómito restante de su mejilla. Apenas el director se fue, había salido corriendo al basurero más cercano en el salón.
Maldijo a la de cabello negro y corto, deseaba que se le cayera el pelo por dudar de sus palabras. Rachel apretó sus puños y señaló con su índice a la mujer acusadora.
—A ti tampoco se te nota que estés triste, maldita, pero nadie te está diciendo nada.
—Rachel.
El llamado de Lindsy detuvo a la rubia de seguir con una lluvia de insultos que la hubiera dejado peor parada que como ahora mismo estaba. Al voltear su mirada, notó cómo Logan negaba suavemente con su cabeza.
—¿También sabes algo de lo que está ocurriendo, Lindsy? —temblorosa, Clara preguntó con dificultad debido a sus sollozos—. ¿Qué es lo que pasa?
—No sé nada que no sepamos todos. —respondió Lindsy—. Lo ideal es que nos mantengamos con la cabeza fría. Es horrible lo que pasó, pero si esto no es una broma, entonces vamos a terminar muertos si no proponemos algo.
Lindsy mantuvo sus pensamientos en orden. Inmutable. No permitió que aquella muerte quebrara su raciocinio. Ordenar las prioridades era lo principal y no morir se coronaba en lo más alto de sus pensamientos.
—Pelear entre nosotros no soluciona nada. Rachel, trata de calmarte, respira y, si sabes algo, dilo sin temor. Por favor.
—¡Yo no sé nada, Logan!
Rachel se apartó de Lindsy. Se mantenía a la defensiva a pesar de que muy probablemente sabía todo lo que estaba pasando, pero ¿cómo se lo iban a tomar una vez que explicara sobre Adarza y lo que ocurrió? El espejo mágico del que salió otra Rachel que mató a Jazmín y está detrás del asesinato de Ben y la locura del director. Estaba totalmente segura de que, si hablaba con toda honestidad, los demás se enojarían al creer que Rachel buscaba verles caras de idiotas con mentiras tan obvias.
—Rachel. —Grace llamó a la alterada rubia, levantándose para caminar en dirección a ella.
Era aterrador, ya podía imaginarse lo que Grace le terminaría haciendo. Pero antes de que estuvieran frente a frente, Lindsy se interpuso entre los dos, dándole la espalda a Rachel, estirando sus brazos en dirección al rosado.
—Contrólate, Grace. No piensas bien. —dijo la de ojos de esmeralda con firmeza, observando la expresión poco amistosa del rosado y su mirada tan amenazante.
—Quítate, Lindsy. —ordenó Grace con autoridad. No tenía tiempo para soportar las buenas acciones de la mujer— No me interesa que seas mujer. Te romperé la nariz si no te alejas.
—Escúchate, por amor de Dios... No podemos pelear entre nosotros, debes calmarte... —Lindsy tuvo que callarse al ser interrumpida por el explosivo grito de Grace.
—¿¡Cómo me voy a calmar!? Ben está muerto. ¡Lo mataron frente a nosotros y ella sabe algo! —Con cada palabra que salía de su boca, la postura de Grace se quebraba poco a poco. Era bueno fingiendo ser fuerte, pero no podía evitar soltar algunas lágrimas y sentir cómo su sangre arde de la impotencia de no poder hacer nada por Ben.
—¡No lo sabemos! —objetó Lindsy con total seguridad sin apartar sus ojos calmados del rosado—. Quizás quieren que peleemos entre nosotros y Rachel terminó siendo el conejillo de indias.
—Que peleemos entre nosotros, mira lo que dices. —Grace negó con su cabeza y cubrió su rostro repentinamente. La situación era tan surrealista. Cualquier conjetura sonaba tan tonta a sus oídos en esta situación— Rachel, esta será la última oportunidad que te daré. Mientras digas la verdad... y no me hagas enojar, no ocurrirá nada malo.
—Si tratas de ponerle un brazo encima, juro que te lo romperé —Lindsy lo amenazó sin tapujos. Su mirada, que antes era inalterable, ahora marcaba aquella hostilidad en las palabras que dijo.
Grace no titubeaba. No dudaría en contener a Lindsy si la situación lo requería y tampoco pensó en ser capaz de perder contra ella en una pelea a puño limpio.
Detrás de ambos animales salvajes que estaban por pelear con garras y dientes, el pecho de Rachel subía y bajaba bruscamente. Su respiración era cada vez más ruidosa, y finas gotas de sudor frío recorrían su pálida piel. No era capaz de encontrar una salida fácil de la compleja situación que ahora tenía en frente. No quería ser la antagonista de su grupo, no era beneficioso, y no dejaba de pensar en qué clase de truco llevó a cabo Adarza para que el director de la escuela, un hombre recto y respetable en todos los años que Rachel estudió aquí, ahora esté de su lado junto a seis personas más.
Justo cuando sus esperanzas se habían elevado hacia el cielo por los mensajes de Chloe, ocurría este enorme obstáculo. Se maldijo a sí misma por venir a la escuela en vez de ir a ver directamente a Chloe, pero ya era imposible revertir todo esto.
Y para completar el sufrimiento de la nerviosa joven, llevaba grabado en su mente ese momento tan horripilante que presenció junto a todos hace unos instantes. El mismo día, tuvo enfrente dos cadáveres y ambos habían muerto por su culpa.
—¡Ya deténganse! —exclamó Rachel. Cubrió sus oídos y cerró los ojos en desesperación, no quería abrirlos al suponer que todos dirigían su mirada a ella— Yo les voy a contar todo lo que sé.
«Esto es todo lo que puedo hacer ahora», pensó.
Para evitar una pelea y que la mayoría se ponga en su contra, colaborar sería lo más prudente que se le ocurrió. Abrió sus ojos lentamente y observó a los demás a la espera de su respuesta.
—¿Y bien? —preguntó Grace, impaciente y molesto luego de un breve silencio. Apartó a Lindsy a un lado antes de acercarse a Rachel.
A excepción de dos hermanos, todos los demás alumnos se acercaron como moscas al azúcar. Nadie quería perderse la explicación de lo que estaba pasando, aunque ya algunos sospechaban de la veracidad en las palabras de Rachel por su actuar de hace unos instantes.
—La única condición que les pido es que me escuchen y crean toda palabra que les digo, por más loco que suene, todo lo que diré ahora mismo es la verdad —rogó juntando sus manos hacia sus compañeros. Sin importarle que aquella expresión dolida en su rostro solo causara lástima en algunos.
—¿Qué es lo que pasa, Rachel? Te creeremos. —dijo Clara atemorizada, y preocupada por la expresión de Rachel, quien lucía como la joven más miserable del mundo.
—Primero díganme: "Vamos a creerte, Rachel", júrenlo.
—Te prometo que te voy a tirar los dientes. —Amenazó nuevamente Grace, ya harto de tanta espera. Ignoró la mirada penetrante de Lindsy, quien no dejaba de observarlo en caso de que intentara algo contra la rubia.
—Bueno... —Las palabras se atoraron en su garganta. Rachel seguía nerviosa y estar rodeada de todos le daba la sensación de ser aplastada. "¿Cómo les explicaré esto?", se preguntó en su interior y solo recibió silencio en respuesta.
—Encontré un espejo mágico en las cosas de mi madre, me sacó sangre y creó otra yo que se hizo mi amiga, me ayudó a hacer trampa en la escuela y resultó que solo quería engañarme para salir del espejo y al parecer quiere matarme. Ahora el director y otros alumnos están bajo su control... creo.
El silencio se hizo presente entre todos hasta que Grace lo rompió.
—Hoy te mato.
Grace se arremangó la camisa. Sus ojos inyectados en sangre y furia dejaban ver que no estaba nada contento con la explicación de Rachel, y no era el único. Todos los demás se sintieron engañados e insultados, nadie podía creer semejante basura y el peor escenario que Rachel imaginó ahora se llevaba a cabo.
—¿Es que te parecemos imbéciles o qué te pasa por tu cabeza, Rachel?
—¿Esa es la verdad? Primero dijiste que no sabías nada y ahora nos mientes. ¿Por qué?
—¡Pff! ¡Un espejo mágico! Yo ayer me fui a otro mundo a través de un ropero.
Rose, Clara y Dexter fueron los siguientes en quejarse. William se mantuvo en silencio, negando con su cabeza, dirigiendo una mirada vacía a la rubia. Los hermanos Carl y Troy escuchaban todo un poco más apartados de los demás. El más alto de ambos daba palmadas en la espalda de Troy, quien no se apartó del basurero del salón luego de vomitar por ver toda esa sangre, al igual que lo consolaba al no parar de llorar por su amigo. No es como si Carl no estuviera igual de triste, pero lo ocultaba muy bien para ser el guía de su hermano.
—¿Qué tal si ella es del grupo de villanos que mencionó el director? —dijo Richard, un inteligente amigo de Grace—. Digamos que no es una broma, y ya quedó claro, que obviamente no lo es, y ella solo está para confundirnos y hacernos perder el tiempo. Digo que la amarremos.
Rachel retrocedió al escuchar sus intenciones y Lindsy levantó un poco la voz en reprimenda.
—¿Qué es lo que te ocurre? No vamos a amarrarla si no ha hecho nada, es más lógico pensar que están tratando de ponernos en nuestra contra. —Lindsy lo pensó por un momento, si esto era una prueba de tiempo, quedarse discutiendo con Rachel los pondría en desventaja y, de paso, podrían terminar excluyendo o encerrando a alguien de su equipo para reducir sus números—. No hay pruebas, solo tenemos una frase dicha por un asesino.
—Para mí eso es suficiente. —contestó Grace sin apartar su vista de Rachel—. No dice la verdad y no quiso colaborar desde un inicio; eso ya la hace muy sospechosa.
Pruebas, suposiciones, miedo, rabia, deseos de venganza y justicia. Rachel se sentía mareada en este remolino de emociones y pensamientos que giraban violentamente a su alrededor sin llegar a ningún lugar. Huir no era opción, Grace la alcanzaría en un momento, pelear también era descartado y poco a poco aceptaba el hecho de que iban a relacionarla con los verdaderos villanos de la historia.
«¡Los odio! ¡Mierda! ¡Ya dejen de molestarme! No me creen, pero quieren escucharme hablar. ¡Yo tampoco quiero estar aquí! ¡Quiero ver a Chloe!», en su mente comenzó a soltar las quejas que no podían salir de su boca debido al miedo. Todo empeoró muy rápido.
¿Cuántas veces ya había llorado ese día? Quizás dos o tres. Nuevamente, sus ojos se inundaron de lágrimas mientras escuchaba las discusiones a su alrededor. Ella era un poco más consciente del verdadero peligro que los acechaba al saber que Adarza quizás utiliza magia para controlar a la gente, y sabía muy bien que estaba totalmente loca.
—Ya dejen de pelear, carajo. —murmuró Rachel. Por más que intentó gritar, su voz la traicionó, emitiéndose como una apenas audible súplica.
No era la única, al menos. Clara tampoco disfrutaba de ver a todos pelear, no era lo suyo. Temblaba por completo mientras jalaba la manga de Richard para detener su discusión con Lindsy sobre la culpa de Rachel.
—Rachel.
A diferencia de las otras voces que solo discutían entre sí, esta fue directamente hacia Rachel. Cuando la rubia se dio la vuelta, observó a un joven de casi su misma estatura con cabello café. Albert, otro de los amigos de Grace, que parecía estar totalmente calmado a diferencia de los demás alumnos.
—Supongamos que lo que dices es verdad —dijo el de ojos grises antes de levantar sus hombros—. ¿Ahora qué se supone que debemos hacer o qué es lo que quiere esa Rachel falsa?
Ella no pudo creerlo. Aunque aquella segunda frase de Albert sonaba repleta de sarcasmo, era lo más cercano a que de verdad alguien se tomara la molestia de creerle aquel mal resumen de su última semana. Desgraciadamente, solo pudo responder con decepción lo único que se le ocurría ahora.
—No lo sé... —musitó Rachel. Mirando al piso perdidamente, tratando de encontrar alguna respuesta mágica en el pulido piso escolar.
Seguir el juego del director sería peligroso, tratar de escapar también sería peligroso por esas amenazas que dijo, pero Rachel se inclinaba hacia esa opción. Los otros alumnos no eran su problema y no quería ponerse en peligro solo por sus compañeros de clase.
«Aunque es mi culpa que todo haya acabado así... pero no quiero morir».
¿Era egoísta pensar de esa manera? Rachel no lo sabía. Cargaría con la culpa de haberlos abandonado a su suerte más adelante, pero al menos estaría viva. No podría ni culparse de causar toda esta horrenda situación si moría tratando de salvar a los demás. Para ella era ilógico morir por otros que morirán si ella y los presentes fallan. Desgraciadamente, no podía comunicar su pensar a otros, ya había arruinado su perfil lo suficiente. Proponerles abandonar a todos a su suerte es casi tan malo como decir que ella es cómplice de todo lo que ocurre.
Lo primordial es permanecer juntos como un equipo. Ellos y Rachel estaban en el mismo barco.
—Primero hay que organizarnos. —dijo Rachel. Levantó su mirada, centrándose en Albert, quien llevaba su mano a los bolsillos delanteros de su suéter rojo de canguro.
La vista de Rachel se clavó en el objeto que sacó con lentitud y su piel se erizó al darse cuenta de que era un pequeño picahielo. Él entró a la escuela con un arma, justo como ella lo hizo, como el director también. No pudo procesar en su mente por qué Albert llevaba un objeto tan peligroso consigo, pero sus instintos reaccionaron, llevándola inmediatamente a pensar que delante de ella estaba de pie un hombre peligroso.
—¡Un arma! —gritó Rachel saltando hacia atrás al ver a Albert acortar rápido la distancia entre ambos.
Los demás estudiantes se sobresaltaron por el grito de la rubia, pero entre todos ellos, uno interrumpió lo que pudo haber sido el final de Rachel. Antes de que Albert lograra acercarse lo suficiente a su contraria, Grace lo tomó de su cuello, evitando que la apuñalase. Sin mucha dificultad lo tiró al suelo y el picahielo rodó al caer, perdiéndose entre los escritorios estudiantiles.
—¡Grace! ¡Suéltame! ¡Hijo de perra! —rugió Albert con rabia. Su intento había sido frustrado y ahora estaba boca abajo contra el suelo. La mitad de su rostro se aplastaba, mientras que sus manos eran sometidas en su espalda por Grace, que tomaba sus muñecas y su cabeza, teniendo encima todo el peso del rosado.
—¿Qué pensabas hacer? ¿Te volviste loco, Albert? —preguntó Grace con confusión, sin aflojar ni un poco su agarre.
Rachel cayó sentada al suelo y los demás estudiantes se acercaron confusos a Grace. Muchos no se dieron cuenta de nada, y se preguntaban por qué ahora Grace tenía a un compañero contra el suelo.
—Él trató de matar a Rachel... —William se acercó con incredulidad, pero pronto espabiló y se acercó a ambos compañeros en el suelo, ayudando a Grace a mantener al atacante que se retorcía desesperadamente buscando liberarse.
—Pero mira lo que nuestro amiguito llevaba —dijo Dexter con un tono cómico, arrodillado junto a un escritorio. Al subir, levantó su mano mostrando el picahielo— Últimamente, la seguridad de las escuelas es deficiente, no tienen nada de vergüenza.
Nadie ocultó su asombro al observar el arma de Albert, luego las miradas fueron a Grace, quien tomó su cabello sin delicadeza y lo jaló, levantándole su cabeza y así escuchar mejor lo que tenía que decir.
—Albert, ¿¡qué estabas tratando de hacer!?
—¡Pues matarla, idiota! ¡Y la hubiera matado sin ningún problema de no ser que eres un bastardo metiche! —respondió Albert sin vacilar. Su enfurecida expresión cambió a una mueca burlona, remarcando una enorme sonrisa extasiada en su rostro— Un poco más y le hubiera atravesado el cuello. Pero tenías que llegar a arruinarlo. ¡También la quieres muerta! ¿No es ella la que nos oculta información? Suéltame y me encargaré de hacer el trabajo que nadie más quiere. ¿Sí? Viejo amigo.
Sin saber cómo reaccionar ante sus palabras, el rostro de Grace reflejaba su confusión interna. En toda su vida, conociendo al joven que ahora sonreía como un chiflado, nunca lo había visto actuar de una manera tan extraña y violenta. Era un chico amable que disfrutaba meterse en problemas ocasionales, pero nunca trataría de asesinar a alguien y Grace lo sabía.
—Estás bromeando, ¿no?... Albert, reacciona, hermano. ¿Estás escuchando lo que dices? No vamos a matar a nadie. —exclamó Grace.
—Por eso estaba tan aburrido el ambiente, solo escucharlos, gritarse, juzgar. No era lo suficientemente entretenido. ¡Si me hubieras dejado acabar con ella, quizás esto se hubiera acabado! Pero ahora van a matarlos a todos. —Albert empezó a reír luego de terminar, y de un momento a otro frunció el ceño, continuando sus intentos de soltarse de las manos de Grace.
«Casi me mata», pensó Rachel, petrificada. «De no ser por Grace, hubiera muerto de la misma forma que murieron Ben y Jazmín.» Su garganta terminaría con un agujero, y ya para este momento, Rachel se hubiera desangrado, eso era verdad.
Pocos estudiantes se reunieron alrededor de Rachel para confirmar si estaba bien. Clara, Lindsy y Dexter eran estos pocos. Los demás se juntaron alrededor de Albert para hablar con él, hasta que Grace gritó que le trajeran algo para amarrarlo y los hermanos Patterson buscaron por todo el salón algo que les funcionara como soga.
Rachel llevó las manos a su cabeza, cubriendo sus oídos, escondiendo su rostro en sus rodillas. Sin dejar de pensar en Adarza, su hermana, Jazmín, Ben, los jóvenes secuestrados, el peligro en el que Chloe puede meterse pronto, su situación actual donde también acechaba la muerte, esperando la oportunidad para llevarse a la joven. Su mente se ahogaba en todo lo que ocurrió desde la madrugada hasta ahora y, por fin, su corazón, que había soportado tanto como pudo, se llenó hasta el borde y estalló en un incontrolable llanto desgarrador.
«¡Todo esto es mi culpa! Si no hubiera liberado a Adarza, no, si no hubiera encontrado ese maldito espejo, ¡si no hubiera hecho eso, Jazmín estaría viva!, Ben estaría vivo y nadie estaría en peligro. ¡Nadie! Pero tuve que arruinarlo todo». Rachel no paraba de llorar y echarse la culpa de toda la situación a su alrededor. Ella innegablemente era la culpable, y no pudo cambiar nada de lo que ocurrió. «¡Hubiera hablado con estos imbéciles! Si tanto quería tener una amiga, debí ser amiga de Jazmín, Logan o Clara. Ofrecerles ir a comer o cualquier cosa. ¿¡Quién carajo se hace amigo de un espejo que habla!? ¿Qué me pasó por la cabeza?
«¡No quiero morir aquí! No quiero. ¡No! ¿Qué me importa si los otros mueren por mi culpa? Yo quiero ir a ver a Chloe. ¡No soy un héroe! ¡No puedo ir a salvarlos! La cagué, sí, lo sé. ¡No por eso debo morir junto a estos idiotas! ¡Que se mueran! ¡Muéranse todos! Mientras yo pueda vivir, ¿qué importa que mueran ellos también? ¡Yo quiero ir a ver a Chloe! ¡Chloe! ¿Por qué vine a esta mierda? ¿¡Por qué!? Soy tan estúpida. ¡Tan estúpida! Me voy a morir, voy a morir junto a estos malditos idiotas.»
La mente de Rachel estaba hecha un desastre. Moqueaba y lloraba tan fuerte como su garganta le permitiese, manchando sus muslos con aquellos fluidos. Clara y Lindsy se miraron entre ellas y Dexter trataba de llamar a Rachel, pero ella no respondía al estar sumergida en ese abismo de culpa, desesperación y rabia que había excavado con sus propias decisiones.
Ya no quería sufrir, no quería pensar en planes, temer por su vida, tener los nervios de punta, hablar con esta gente. Ella estaba cansada, tan cansada. Chloe era en todo lo que podía pensar, junto a ella era el único lugar donde de verdad podía sentirse segura. Junto a ella todo estaría bien, tenía que volver con Chloe sin importarle nada ni nadie.
—... Chloe. —Llamó a su hermana esperando que viniera a rescatarla, en el fondo sabía que no sería así. Si tanto anhelaba ver a su hermana, buscar cómo salir de esa situación con vida era la única opción.
De golpe, sintió la agradable calidez que el contacto humano era capaz de dar. Su cuello y hombros fueron envueltos en un gentil abrazo, mientras que la parte posterior de su cabeza era aplastada por una suave sensación. Aquel abrazo tan amoroso la sorprendió y confundió en un principio, pero no pudo evitar dejarse llevar y continuar con su incontenible llanto envuelta en esos brazos protectores.
—Rachel.
Esa mujer la llamó y Rachel cerró sus ojos mientras el llanto disminuía. ¿Por qué la molestaba ahora? Ella estaba tan cómoda.
—Está bien que tengas miedo y te sientas así... Pero puedo asegurarte que vas a estar bien.
Esa gentil voz, tan tranquilizante como la canción de cuna de una madre a su bebé.
—Voy a protegerte. Pero debes dejar que te ayude... que te ayudemos, todos aquí. Saldremos juntos de esto, pero dinos lo que ocurre.
La sensación de calidez tan agradable y las palabras de apoyo provenientes de la joven lograron reparar el agujero del roto corazón de Rachel, así sea un poco. Los llantos se detuvieron y poco después logró controlar el incesante tiriteo de su cuerpo, deteniéndolo por completo.
Con rapidez, Rachel jaló su chaqueta para limpiarse sus mocos y lágrimas, sintiendo algo de vergüenza por llorar delante de otras personas, y más al tener que limpiar el desastre de su cara mientras la abrazaban.
Levantó su mirada, observando el rostro de aquella amable mujer tan protectora. Lindsy y ella cruzaron miradas y las suaves manos de la joven de negro acariciaron el rostro lleno de moretones de la pequeña Rachel.
—Todo está bien, saldrás de aquí e irás a ver a Chloe, me aseguraré de que así sea. —dijo Lindsy con una gran sonrisa en sus labios.
Rachel pudo notar que debajo de esas manos gentiles y palabras de consuelo, la mirada de Lindsy estaba bañada en una profunda tristeza, y por sus coloradas mejillas fluían ríos de lágrimas, justo como Rachel hace un momento.
«¿Por qué estás llorando, Logan?»
No pudo preguntar, aunque quería hacerlo.
«¿Por qué me estás ayudando tanto?»
De nuevo quiso preguntarle, pero nada salía de su boca e inconscientemente recostó su cabeza contra el pecho de Lindsy. Dándose la vuelta para disfrutar un poco más de ese reconfortante abrazo, esa pequeña seguridad dentro de toda esta locura.
«¿Por qué eres tan buena persona con alguien tan patética y problemática?»
—Quieres eso, ¿verdad? —preguntó Lindsy, acariciando el cabello de Rachel con el cuidado que se le daría a una fina muñeca de porcelana—... Ver a tu hermana.
No dudó en asentir con su cabeza lentamente al escuchar que la de negro le preguntaba sobre su principal objetivo. Sus brazos se enredaron en las caderas de Lindsy para corresponder el abrazo de la misma forma cálida en la que lo recibía. Lindsy sonrió con felicidad y limpió sus mejillas antes de recostar su cabeza contra la de Rachel.
—Te llevaré con ella como sea... sin importar qué, confía en mí.
Por alguna razón, esas palabras estaban repletas de magia y seguridad para Rachel. Alguien en medio de este caos se preocupaba por ella, aunque no conocía del todo bien a Logan, ella estaba ahora mismo diciéndole justo lo que más necesitaba oír.
—Eres muy extraña. —Comentó Rachel en voz baja, abriendo un poco sus ojos.
—... ¿Eso es bueno? —preguntó Logan con confusión y vergüenza. Al sentir cómo Rachel bajaba y subía con la cabeza contra su pecho, ella se sintió aliviada— Entonces, gracias. Ahora levántate, Ray.
Lindsy Logan se levantó. Rachel pudo apreciar la diferencia de tamaño notable entre ambas. Y tomando la mano de la joven, se puso de pie, observando cómo Dexter y Clara las observaban con grandes sonrisas.
—Lindsy, Lindsy. No sabía que eras tan buena, ahora consuélame también a mí. —dijo Dexter abrazándose a sí mismo, llevándose una indiferente mirada de la chica vestida de negro.
En silencio, Rachel tomó algo de aire, cerrando los ojos. Lindsy le tendió la mano en el momento en que más lo necesitaba y estaba muy agradecida con ella, pero aún había problemas que tratar. Observó que, incluso ahora, Albert seguía luchando por soltarse. No hallaron una cuerda en ninguna parte, y tratar de amarrarlo con cinta era inútil, pero Rachel se acercó y se arrodilló junto a él. Albert lamió sus labios al voltear su rostro como pudo y ver a Rachel, regalándole entre risas una sonrisa inquietante.
—¿Ya dejaste de llorar, Rachel? Te llevaste un buen susto, dale las gracias a Dios de que Grace es un buen perro guardián.
Grace gruñó en respuesta y Rachel no evitó pensar que tenía razón. Pero no desapareció aquel desdén con el que observaba a Albert. Y cuando se dio cuenta de la mirada de Rachel, el antes mencionado trató de liberarse con todas sus fuerzas de nuevo, pero fue inútil gracias a Grace y William.
—¡Quita esa expresión de tu cara! ¡Te la voy a arrancar y se la voy a pegar al maricón de Grace con una grapadora! —gritaba Albert con odio. Detestaba la mirada de la rubia y ella le respondió con un tono de voz que hacía juego con eso que tanto Albert detestaba.
—Adarza es tu jefa, ¿verdad? —preguntó Rachel con autoridad. No tuvo respuesta y solo escuchó al hombre estallar de risa por unos momentos— Responde o vas a ver lo que te va a pasar. Esa puñalada en el hombro de tu jefa se la hice yo.
—¡Felicidades! Ella te abrirá la garganta y no va a presumirlo por ahí, no hay nada que presumir de matar a una chica estúpida. —Respondió Albert con un tono retador. Confiaba en que sus amigos no le harían nada, si no, ya lo hubieran matado de ser así.
—Te daré dos oportunidades —habló Rachel y levantó dos dedos—. ¿Dónde están los demás?
—Con el gordito muy pronto. ¡Ja!
Grace le jaló el cabello con fuerza y le estrelló su rostro contra el suelo. Eso no evitó que siguiera riéndose después de gemir de dolor, pero no se quedaría solo escuchando cómo le faltaba el respeto a su amigo Ben. Poco después, Rachel bajó uno de sus dedos.
—¿Quiénes son los demás infiltrados entre nosotros? —Ser casi asesinada por uno de esos cuatro que mencionaron fue algo que abrió sus ojos, todos estaban tan concentrados en la muerte de Ben y descubrir qué ocurría, mientras, bajo las narices de todos, personajes como el buen Albert esperaban desde las sombras que se descuidaran para apuñalarlos en su espalda.
—Lindsy Logan, Jesse Miller y Clara Tyler. —Albert gimió de dolor cuando fue estrellado nuevamente contra el suelo. El rosado no soportaba que nombrara a Jesse— ¡Eres un imbécil!
—Esto no nos llevará a ningún lado. Preguntarle es estúpido. ¿No hay con qué amarrarlo? —Rachel se dio por vencida y miró a los demás con algo de decepción. Por alguna razón esperaba que le contara así sea un poco de sus planes malignos, pero no era una película de superhéroes.
—No tenemos nada —respondió Alex, que también ayudó a buscar—. En el casillero de educación física solo encontramos unas pelotas y unos bates, prestaron nuestras cuerdas.
—Qué inconveniente —dijo Rachel. Llevó una mano a su mentón y la alejó levantando su índice, haciendo énfasis en demostrar que tuvo una idea— Pasa uno de los bates entonces.
—¿Qué? —Albert miró de reojo a Rachel con confusión.
—Usted manda, señorita. —Alex fue corriendo y abrió el casillero, sacó los bates, suponiendo que de algo servirían a pesar de solo ser tres, y le llevó uno a Rachel. En comparación con hace unos momentos, ahora la notaba mucho más segura, con una extraña determinación en sus ojos.
—Muchas gracias. —Rachel lo tomó suavemente. Algunos recuerdos llegaron a su mente, siempre fue horrible en el béisbol y cualquier deporte en general. Antes llegó a ser ágil y flexible, pero tantas frituras y vagancia le pasaron facturas con el pasar del tiempo.
Grace estaba por oponerse al darse cuenta de las intenciones de la rubia, pero por darse cuenta entendió que era lo más efectivo si no podían amarrarlo y ahora Albert se retorcía con temor.
—Viejo, amigo, hermano. No dejarás que esa perra me mate, ¿cierto? —Albert sonrió nerviosamente, sintiendo cómo su corazón palpitaba con rapidez. Sintió a Grace apartar la mano de su cabello, dejándola en la nuca de Albert para darle espacio a Rachel— ¿Qué?
—Así que puedes sentir más cosas que odio y risa en ese estado —con frialdad, Grace palmeó la cabeza de Albert, apuntándole a Rachel a dónde dar—... Si no le hubieras faltado el respeto antes a Ben, ni loco la dejaba, pero tuviste muy mala suerte.
—¡Voy a matar a cada uno de ustedes! ¡Los desmembraremos!
Sus bramidos se detuvieron al momento del batazo propinado por Rachel en la parte superior de su cabeza. Ella se aseguró de darlo muy fuerte, no con toda su fuerza para evitar matarlo. Pero no sabía cuánto debía aplicar para desmayar a una persona.
El golpe funcionó y, luego de asegurarse de que Albert no estaba muerto, sino inconsciente, Rachel se sentó en una silla, observando cómo su mano temblaba y no soltaba el bate por más que quisiese hacerlo. Recordó la misma emoción que le provocaba el cuchillo escondido en el interior de su chaqueta.
Fue emocionante, justo como se sintió apuñalar a Adarza. La adrenalina corriendo por su cuerpo, provocando que se sintiera viva y capaz de todo. Aunque ahora su oponente estaba inmovilizado por dos chicos, igual sintió la adrenalina.
Grace y William soltaron al inconsciente Albert, que ya no representaba un peligro. Clara fue corriendo a amarrarle la chaqueta que Grace había lanzado antes al suelo, en caso de que empezara a sangrar. También utilizó los cordones del mismo para amarrar sus manos detrás de su espalda y sus pies.
Lindsy caminó junto a Rachel y el silencio reinó en el aula hasta que tomó asiento delante de la rubia y sonrió para luego hablar.
—¿Te sientes mejor?
—Fueron como seis meses de terapia en ese golpe. —respondió Rachel, por fin soltando el bate junto a ella.
Los demás alumnos se reunieron alrededor de Rachel, como niños, esperando que la maestra narrase una historia. Rachel los miró con confusión y Grace se resignó, ya no tenía mucho sentido seguir peleando con ella luego de ver cómo casi era asesinada.
—Entonces... un espejo mágico y otra tú, decías. —musitó Grace. Sentía vergüenza por su hipocresía de ahora sí sentarse a escucharla con calma, y esperaba que Rachel se lo recalcara, milagrosamente no fue así.
—Sí, todo lo que diré ahora será una mejor explicación y todo será verdad... Luego, decidiremos qué hacer con toda esta horrible situación. —respondió Rachel. Dio gracias en su interior a Lindsy, Grace y todos los presentes por creerle. Aunque tuvo que ocurrir un intento de asesinato para que ocurriera.
—¿Por qué nos complicaremos tanto? —William levantó su mano y la agitó, provocando que lo miren—. Iremos a salvar a los demás.
Con una determinada mirada, William propuso la peor idea que se le cruzó a la mente, y el camino que justamente Rachel quería evitar. Ya era imposible dar vuelta atrás en este momento. Con un suspiro pesado, la rubia se preparó para esperar el desastre que se avecina.