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#02 La Razón De Estar Contigo

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 27 de julio de 2026

 

La acidez de su garganta no era tan fuerte como para que apartase la vista de su reflejo en aquella mohosa habitación. Su estómago estaba revuelto y en su cabeza sentía que le habían estrellado un balón de fútbol justo en su parte trasera a toda potencia. El estrés estaba empezando a hacer efecto en la joven y confusa Rachel.

Adarza llevaba puesta justamente la misma ropa que Ray llevaba sin ninguna diferencia: una camisa blanca debajo de una chaqueta celeste y un short negro. ¡Todo era igual! Su cabello, el tamaño de sus brazos, su altura, los zapatos negros, las medias. Era la copia perfecta de Rachel; nadie sería capaz de diferenciarse si las tuvieran de frente y les preguntaran: "¿Cuál es cuál?".

—¿Te gusta lo que ves, guapa?... "¿De dónde salió semejante mujer?", te preguntarás, pero no te preocupes, también puedes llegar a ser bonita si te esfuerzas. —Actuando como si nada ocurriese, con burlas y una sonrisa arrogante, Adarza dio un giro para lucir su apariencia al completo y terminar de demostrar lo obvio: no había ninguna diferencia entre ellas.

Rachel mantuvo un silencio decepcionante para Adarza, que, aunque disfrutaba de ver a la joven temblando, esperaba algunos gritos o algo más dramático que solo una expresión aterrorizada en un rostro que para ella era patético.

—¿No piensas decir nada? —Adarza dio un paso hacia adelante. Rachel dio dos pasos hacia atrás, tambaleando y limpiando con desesperación sus labios con la manga de su chaqueta.

Obviamente, quería decirle muchas cosas, quería gritarle, maldecirla, preguntarle qué ocurría, pero su garganta le fallaba y lo único que salió de su boca fueron gemidos entrecortados. Preguntar estaría de más ahora que veía a su compañera con aquella herramienta que de seguro utilizó para matar a la chica a su espalda; obviamente, Rachel había sido engañada, utilizada y de seguro iba a morir. Lo único que podía hacer al respecto fue llorar y agitar sus brazos de forma desesperada en dirección a Adarza.

—No. Espera... Adarza, somos amigas, ¡somos amigas! —logró suplicar, observando hacia atrás rápidamente y a sus lados, ese lugar solo tenía una salida y era la puerta justo detrás de Adarza—. Yo te saqué del espejo, nos hicimos compañeras... ¿Qué vas a hacer?

Adarza con habilidad lanzó el cuchillo al aire para que diera unas vueltas y lo volvió a tomar de su mango, luciendo feliz como una niña en Navidad.

—Te voy a abrir el cuello, me quedaré con tu vida y luego me encargaré de cumplir mi propósito, pero tranquila, me aseguraré de que no duela... mucho.

—¡No es gracioso! ¡Ya deja de jugar! —Rachel gritó con desesperación, aunque ya sabía que estaba hablando totalmente en serio. Debía intentar de todo, no quería morir, de verdad estaba aterrada de lo que esa lunática le haría— ¿¡Esto es una ilusión dentro del espejo!? Me está jugando una broma muy pesada y no me gusta para nada.

La risa de su contraria fue incontenible. Por más que trató de detenerla, empezó a reír a carcajadas llevándose su mano libre a su estómago. Rachel retrocedió un poco más, hasta que su talón chocó con el cuerpo sin vida de su compañera, a la que interiormente le pidió perdón por aquella falta de respeto. Su conciencia le remordería mucho de no ser que estaba muerta de miedo.

Adarza se tomó su tiempo, cuando paró de reír, limpió sus lágrimas y señaló a Rachel con el cuchillo.

—Eres de verdad todo un caso, Ray, vas a matarme de la risa. Un poco más y quedo como Jazmín. —Adarza disfrutó de ver cómo esa broma no le causó nada de gracia a Rachel, suspiró pesadamente al terminar—. Ahora todos son críticos.

—Ada. —Rachel quería apelar al sentimentalismo, a la relación de amistad de ambas. Para Rachel, Adarza había sido su mejor amiga en tan poco tiempo. Desde hace años no interactuaba de esa forma con nadie y había llegado a tomarle un gran aprecio—... Te quiero y no entiendo. ¿Por qué haces todo esto?

La enorme sonrisa de Adarza desapareció unos momentos, el monólogo de la joven la estaba aburriendo, y sabía que Ray era lo suficientemente lista como para entender qué ocurrirá a continuación, era ella misma, después de todo.

—Es divertido, supongo, al menos a mí me pareció divertido asesinar. Su rostro cuando la vida se extinguió de sus ojos fue... wow. —No supo expresarse con palabras, estiró hacia los lados sus brazos mientras sus claros ojos azules brillaban por la emoción. Del pecho de Rachel, además del miedo a ser asesinada y su confusión al no saber dónde está, empezaron a arrastrarse dos nuevas emociones.

—¡Tú eres una puta loca! —gritó asqueada. El pecho de Ray expulsó por su boca aquellas emociones en un gran rugido. Era la primera vez que gritaba de una manera tan fuerte, quizás alguien la escucharía y vendría a ayudarla por pura suerte— ¡Yo confié en ti! ¡Me usaste! ¡Todo este tiempo, tú!

—Ay, qué dramática, apenas ha pasado una semana desde que nos conocemos. No es mi culpa que te hayas encariñado tan rápido —replicó con molestia. A ojos de Adarza, la culpa era de Rachel por dejarse engañar de manera tan tonta— Si piensas bien todo, llega a ser patético lo mucho que te encariñaste conmigo. Si tanto querías, amigos, podías conocer a cualquier idiota de Internet o a tus compañeros de clases... pero, mejor depositemos toda nuestra confianza en el espejo parlanchín.

Sus afiladas palabras cortaban hasta el interior del corazón de Rachel, estrujándolo y apuñalando en lugares muy profundos. No podía enfurecerse por eso, tenía toda la razón, Ray era patética.

—Y ahora tu estupidez terminó con la muerte de una joven inocente, Rachel. No te sientas mal, gente nace y muere todos los días a cada momento y de formas más espantosas, Jaz tuvo suerte. —Adarza agachó un poco su cuerpo, apretando más fuerte el cuchillo en su mano. La piel de Rachel se erizó y, por reflejo, saltó hacia atrás, quedando al otro lado del cuerpo de jazmín— A diferencia de ti, que voy a tener todo el tiempo que yo desee para divertirme antes de irme.

Y lo que más temía Rachel se hizo realidad, Adarza acortó la distancia entre ambas. La hora de conversar había terminado y no importaba lo mucho que Rachel intentara, razonar con ella no tendría ningún tipo de sentido.

Sin pensar mucho, aterrorizada y con sus piernas temblando, Rachel empezó a correr por la habitación, no buscaba enfrentar a Adarza, no le ganaría, ella estaba armada y Rachel nunca había peleado antes. Su copia ya había matado en solo una semana de existir y lo volvería a hacer de atraparla.

«¡La puerta! ¡La puerta!»

Era lo que cubría la mayor parte de su mente, huir a la puerta y salir corriendo todo lo que pudiera hasta encontrar ayuda o huir.

—Ven, Rachel, ¿¡no querías un abrazo!?

No de esta forma, Rachel no quería nada de esto, ahora solo quería salir corriendo de aquí y alejarse todo lo que pueda de Adarza.

Al estar cerca, Adarza blandió el cuchillo al abdomen de Rachel con torpes movimientos erráticos y una expresión de emoción indescriptible. Ray retrocedía tan rápido como podía, sin darle la espalda. No evitaba soltar fuertes gritos de terror cada que Adarza trataba de cortarla, y su equilibrio falló cuando su talón golpeó una tabla, cayendo al piso.

—¡Qué pena! Lo habías hecho tan... bien. —Sin desaprovechar la oportunidad, Adarza se lanzó sobre Rachel, lista para acabar con esto. Sin embargo, sintió como las suelas de los zapatos de la rubia chocaron con su estómago, y Rachel levantó el cuerpo de Adarza para luego estirar sus piernas, utilizando el propio impulso que tenía la rubia demente para que siguiera de largo— ¿Oh?

Rodó un poco por el suelo y levantó su mirada, notando a Rachel ya de pie, corriendo a la salida. Su boca se curvó en una sonrisa que mostraba todos sus dientes, el ingenio de esa niña, que consideraba una total estúpida e ingenua, la había sorprendido, incluso había vuelto más divertida su cacería.

—Eso, Ray.

Quizás fue por el hecho de haber sido evitada de forma tan ingeniosa, pero de no ser porque conocía a la perfección la mente de Rachel, supondría que todo eso había ocurrido a propósito, pero la rubia solo tuvo un golpe de suerte que quizás no sucedería de nuevo. Rachel continuó su carrera hasta salir por la puerta de ese espantoso y macabro lugar que nunca querría volver a ver en su vida.

—¡Alguien ayúdeme! ¡Quien sea! ¡Ayuda! —gritó desesperada, con algo de dificultad, se sentía cansada tanto física como mentalmente por aquella situación. Recorrió un pequeño pasillo de madera descompuesta que crujía con cada uno de sus pasos en señal de lo vieja y descuidada que estaba aquella casa, y su objetivo se cumplió al salir por una segunda puerta.

«Salir, pedir ayuda, volver con Chloe.» Las únicas prioridades dentro de la mente de Rachel Ficks eran esas, si salía de aquel lugar, buscaría a quien sea que pudiera ayudarla. No estaría sola y ya eso era suficiente para sentirse más a salvo de Adarza, pero sus piernas la traicionaron y pasmada se detuvo por completo al observar sus alrededores.

Un exuberante bosque hasta donde la vista alcanzase, siendo iluminado meramente por la luz de la luna y las estrellas en el cielo. Con esta hermosa vista, Rachel apagó rápidamente la llama de esperanza que en su pecho ardía al pensar que alguien la ayudaría.

—¿Cuándo llegamos a este lugar?

Por supuesto, había olvidado por completo si estaba dentro o fuera del espejo, este quizás era el dominio por donde Adarza se paseaba y conocía a la perfección. De ser así, no importaría a dónde corriera, era cuestión de tiempo para que Adarza la matara.

Esa idea pasó fugaz por su mente, y en contra de aceptar su inminente muerte, apretó los puños y tomó aire. No importaba si correr fuera inútil, no iba a quedarse ahí parada a que Adarza la mate. Haría lo posible por huir.

—Sé que te gusta más el paisaje urbano y moderno de la ciudad —burlona, Adarza habló a espaldas de Rachel, quien dio una vuelta rápida, observando cómo esta se recostaba al marco de la puerta de madera con total sosiego, manteniendo su encantadora y juguetona sonrisa en dirección a Ray—. Pero hay veces donde tienes que salir y tomar un poco de aire fresco. Un buen respiro de aire puro puede alargar un poco más tu vida... aunque a ti ahora mismo no te funciona mucho que digamos. —Pausó por un momento sus burlas y luego levantó uno de sus índices—. Te doy un minuto de ventaja.

Fruncir el ceño a Rachel no le era suficiente. Se maldijo a sí misma por no poder maldecirla gracias al temor incontrolable que sentía por el hecho de que hacerla enojar le quitaría esa miserable ventaja que se le otorgó.

Dio media vuelta sin pensarlo dos veces y comenzó a correr lo más rápido que podía en línea recta en dirección de los árboles. ¿Dónde? Ni ella lo sabía, solo sabía que estaría lejos de Adarza.

Entre sus constantes gimoteos y la sensación de ardor en su cuerpo por correr tan rápido como podía, su rostro se deformaba con mucha insistencia, volviendo a su lugar solo con fuerza de voluntad que sacaba de su corazón para no llorar. Entre los árboles era mucho más oscuro gracias al montón de ramas y hojas que cubrían la luz natural y eso no ayudaba para nada en reconfortar su herido corazón.

¿Cuándo había corrido así? Quizás cuando perdía el bus escolar y salía corriendo a la escuela. Cuando su manga favorito o videojuego en la mira estaba por salir y no podía esperar ni un segundo. Y esa vez que dio algunas vueltas a la manzana por una prueba en educación física, ese día lo recuerda con todo el odio de su corazón. Nunca pensó que tendría que correr en un oscuro bosque para huir de una asesina lunática y mentirosa.

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Maldición! ¡Maldita sea!

Maldijo por capricho, mala elección, pues esos gimoteos terminaron volviéndose fuertes respiraciones. Anhelaba tomar algo de aliento, pero no quería detener sus piernas, tampoco mirar hacia atrás. Si Adarza estaba detrás de ella, solo Dios sabía lo que le ocurriría al corazón de la joven rubia.

Pero por más que quisiera correr eternamente, el cuerpo humano tiene límites y ella no era la excepción. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero sus piernas no dieron más y se detuvo junto a un árbol, recostándose a su corteza áspera mientras su pecho subía y bajaba sin control. La sensación del sudor recorriendo su cuerpo era tan espantosa y su visión quedó algo borrosa. En estos momentos sentía que Chloe tenía razón al decirle que había engordado un poco y que algo de ejercicio no vendría nada mal.

—Dios... avanza, camina, ¡corre!... —Miró a su alrededor, Adarza no estaba por ningún lugar, o quizás sí. No podía saberlo por la oscuridad de aquel bosque, quizás estaba detrás de ella en total silencio. —¡Ah!...

Pero ellas dos eran iguales, eso significa que tienen la misma condición física. Un cuerpo humano sigue siendo un cuerpo humano. Y Rachel, que corría por su vida, solo llegaba hasta aquí, entonces Adarza debería estar un poco más atrás, si no, ya la hubiera alcanzado.

Pero pensar en eso no la ayudaba en nada.

Y correr en línea recta quizás tampoco.

Y mucho menos correr hacia el borde de un espejo, que muy probablemente sea la razón por la que Adarza parecía tan segura de darle su tiempo a Rachel para escapar. Estaba jugando con ella, esperando a que la cordura de la joven se desmoronase, que perdiera toda esperanza antes de matarla.

«¿¡Pero por qué!?»

Rachel lo entendía a la perfección, pero seguía preguntándose aquellas palabras al no poder aceptar el hecho de que fue utilizada por completo. Su amistad con Adarza no fue más que un mero engaño para que ella pudiera liberarse del espejo, no tenía que ser un detective profesional para llegar a esa conclusión, pero aceptar que sus momentos de diversión y lo que compartieron juntas en el transcurso de esa corta semana fue toda una farsa destrozaba su alma.

«Yo de verdad la quería...»

Agotada y quebrada, abrazó sus hombros y, al abrumador sentimiento de soledad que la devoraba, no pudo contener las lágrimas por más tiempo. Se sumió en un inconsolable sollozo, quería gritar lo más alto que pudiera, pero incluso en su deplorable estado mental, entendía que hacer ruidos fuertes provocaría su propia muerte.

Fue corto, pero ese momento de desahogo sirvió para descansar un poco su cuerpo. Cerró sus ojos, lista para continuar su camino hasta sentir de forma brusca la corteza del árbol junto a ella. Una manera bastante peculiar de disfrutar de la naturaleza, la mitad de su rostro estaba siendo aplastada contra el árbol, mientras que una pálida mano no dudaba en restregarla con nada de sutileza o cuidado.

—Corriendo por tu vida y ni lejos llegas. No esperaba nada de ti y logras decepcionarme, es todo un logro.

Adarza no había hecho ningún ruido, Rachel no se había percatado de que esa demente estaba tan cerca. Con sus uñas rasgó la muñeca de la rubia sonriente, quien la alejó por el ardor. Y aunque ya no estrellaban su rostro contra un árbol, Rachel no se encontraba nada feliz de saber que hizo enojar a Adarza.

—¡Pequeña perra! —gruñó molesta, los ojos de la atemorizada chica se abrieron de más y llevó su cuerpo a un lado rápidamente, evitando el cuchillo que iba a su ojo. El metal chocó con la fría capa de madera y, acompañado de un pequeño ruido, parte del cuchillo se clavó por un instante en el tronco, instante que fue más que suficiente para que Rachel se abalanzara sobre Adarza, dejando el cuchillo en el árbol— ¡Suéltame!

—Perra mentirosa, me mentiste, mataste a Jazmín, ¡ibas a matarme!

—¡Voy a matarte! —corrigió Adarza sonriente.

Rachel terminó sobre su homónima, sosteniendo sus muñecas con toda la fuerza que sus manos podían ejercer. Su asustadiza expresión había cambiado por completo, al igual que la situación. Ahora Rachel era quien sometía a Adarza.

—¿Qué es lo que preten...?

O eso parecía, la rubia de espaldas al suelo levantó su cuerpo y golpeó a Rachel en su nariz con un fuerte cabezazo. Un grito de dolor salió de la garganta de la rubia y fue empujada lejos de Adarza, quien se levantó con velocidad sobando su frente.

—No seas tan engreída, pequeña perra.

Lo siguiente que sintió Rachel antes de terminar de escuchar el anterior insulto fue un fuerte golpe en su mejilla, seguido de otro y luego otro más. Tomó el brazo de Adarza luego de recibir un sexto golpe y lo atrapó por debajo de sus codos para que no pudiera soltarse, lo que sorprendió a la demente, que trató desesperadamente de jalar su brazo hasta que sintió cómo los dientes de Rachel desgarraron parte de su carne.

—¡Suéltame! —con su mano libre golpeaba como podía la cabeza de Rachel con desesperación. Era como un animal salvaje que no tenía la intención de soltarla a pesar de lo horrible que la sangre podía llegar a saber— ¡Rachel! ¡Maldita! ¡Perra! ¡Ya-Deja-De-Morder! ¡Zorra! ¡Aaah! ¡No! —enredó sus dedos en el cabello de Rachel, jalando hacia atrás, arrancaría un gran trozo de ser necesario, pero su brazo fue liberado y en la parte superior de su muñeca estarían grabados los dientes de Rachel al rojo vivo, rodeados de aquel líquido carmesí, pero no pudo apreciar mucho antes de sentir la frente de Rachel estrellarse contra su nariz.

Eso la mareó un momento, lo suficiente para que llegara un segundo cabezazo, luego un tercero. Adarza no podía orientarse por esos golpes y el dolor en su muñeca era horrible. Terminó por soltar el cabello de Rachel y cayó al suelo, gritando adolorida.

—¡Tú! ¡Maldita! Eres una... ¡Aah! ¡Zorra de mierda! Te voy a arrancar los ojos. ¡Voy a picarte en pedazos! ¡Te voy a lanzar de comer a los malditos cuervos!

Con su nariz sangrando, Rachel ignoró todas las amenazas y vulgaridades de Adarza, su pecho subía y bajaba violentamente. Su mente estaba totalmente centrada en una cosa: "Sobrevivir"

Se dirigió al cuchillo clavado en el tronco para tomarlo y volver con Adarza, pateándole con fuerza en su costado antes de acomodarse sobre ella, sosteniendo el cuchillo con ambas manos. El filo apuntaba hacia abajo, justo a la cabeza de Adarza. Solo era necesario bajar y terminaría con esto rápidamente.

—¿Qué se supone que harás? ¡Perra! —incluso entre el dolor, Adarza forzó una sonrisa espantosa antes de gritar de nuevo. El desprecio de la mirada fijada en Rachel se hizo más notorio ante ese absurdo intento de burla.

—Voy a matarte, así que será mejor que me digas. ¿Por qué mataste a Jazmín?

—¿Vas a perdonarme solo porque te responda eso?

—¡No!

—¿Y por qué debería responder entonces? ¡Ja!

Desesperante, pero tenía un punto. Rachel volteó el cuchillo y le pegó con el mango en la frente, generando rápidamente un intenso color carmesí seguido de un leve bulto que se levantó en la frente de Adarza.

—No estás en condición de burlarte.

—¡Te voy a sacar las tripas! —rugió con furia, escupiendo un poco al hablar. Ya no podía lucir como una persona, forcejeaba y gruñía como un animal que trataba de liberarse a garras y mordidas de un depredador, pero las piernas de Rachel aplastaban sus brazos.

Acercó nuevamente el filo del cuchillo a la garganta de Adarza, lo que la llevó a calmarse. Ambas estaban con sus respiraciones agitadas, sus caras llenas de moretones, sus narices ensangrentadas y sentidos al límite. Rachel no podía evitar sentirse bien en su interior, al parecer, ¡había ganado! Y solo debía bajar el cuchillo para acabar con la peor parte de esta horrible pesadilla, el monstruo que la engañó y utilizó para asesinar a una de sus compañeras.

—¿Por qué hiciste todo esto, Adarza?... Eras mi amiga y de verdad estaba empezando... —Rachel rompió en llanto, apretando aún más fuerte el cuchillo en sus manos. Sea por rabia o por dolor, no podía evitar preguntarle y decirle cómo se sentía— Estaba empezando a quererte tanto.

—...

—Adarza.

—....

—¡Adarza, responde!

El silencio de Adarza junto a su rostro extrañamente inexpresivo sacaban a Rachel de las pocas casillas que le quedaban. Todo el tiempo estuvo tan burlona y con ganas de hablar, pero ahora que le pedía las verdaderas respuestas, ponía esa cara tan tonta.

—Eres una total imbécil. —respondió, a lo que Rachel tragó saliva esperando que continuara. —Nunca fuimos amigas, mi verdadero objetivo era salir del espejo y tú fuiste la pobre imbécil que elegí de conejillo de indias.

—¿Por qué yo?

—Eso es lo más gracioso. No hay un "porqué"; eres tan irrelevante que no lo necesitas. Pudo haber sido cualquiera, pero quien terminó abriendo el espejo fuiste tú, quien se dejó engañar fuiste tú y quien confió en un reflejo parlante porque se sentía sola, ¡no fue nadie más que tú! —Adarza, seguido de ese grito, escupió el rostro de Rachel, quien no dejaba de derramar sus lágrimas sobre ella, aunque el escupitajo la enfureció mucho más de lo que ella estaba—. ¿Quieres venir a culparme de que tú te dejaste mentir? ¿No piensas o qué? Fue solamente tu culpa que Jazmín estuviera muerta y que ahora yo sea libre. Porque solo eres una niña llorona y malcriada que, en vez de conseguir un verdadero amigo, se aferró a mí y mierda. ¡Eso es patético!

¿Qué había llamado la atención de Rachel? Claro que era un espejo que hablaba y eso era suficiente como para usarlo de exhibición en cualquier parte del mundo, pero Adarza no era como sus compañeros de clase, no era un sabelotodo, un idiota busca pleitos o alguien a quien tuviera que conocer de verdad, Adarza poseía sus recuerdos y también sus gustos. Ya la conocía a la perfección y siempre estarían de acuerdo.

Además de que era de ayuda para hacer trampa en cualquier examen y no tener que estudiar. Otra de las razones principales por las que la conservó, y ahora esa elección llevó a la muerte de una joven indefensa.

Por más que quisiera enojarse con Adarza, no podía decir nada ahora, porque en parte su retorcida lógica tenía razón: "Rachel se dejó engañar y por eso alguien murió". Obviamente, de saber sus verdaderas intenciones, no hubiera tardado en romper el espejo, pero no las sabía y cayó redondita en el plan de Adarza.

—Yo quería ser tu amiga. —respondió Rachel, con su voz y su corazón quebrados en miles de pedazos.

—Y ahí vas a dar lástima y pena de nuevo. La pobre y solitaria Rachel Ficks solo buscaba un amigo. Buaaa, buaaa. ¡Madura y usa tu puto cerebro por más de diez segundos!

Por más que le doliera, Rachel ahora lo tenía más que claro: Adarza era un monstruo malvado. Un horrible y mentiroso monstruo demente. Ella se limpió las lágrimas y su respiración ya se encontraba menos agitada. Las dos se mantuvieron en silencio luego de aquella declaración.

¿Ahora qué se supone que debía hacer? ¿Apuñalar su cuello y matarla? Eso es lo que, según haría, pero el temblor en sus manos apenas le dejaba tomar con fuerza el cuchillo, nunca había apuñalado y menos asesinado. ¿Cómo iba a matarla?

—Vas a venir conmigo... te llevaré con... con las autoridades —Rachel pensaba qué decir, no creía que llevarla a la policía fuera buena idea—, o con algún mago, encontraré un mago y haré que te metan a la cárcel de magia o te maten.

—Pff, mejor no hables si ni sabes cómo funciona el mundo de la magia —respondió entre risas, sabía que Rachel estaba sin opciones—. ¿¡No ibas a matarme!? ¿No tienes el valor ni siquiera luego de saber que te mentí y que te usé? Eres patética.

El ceño de la rubia armada se frunció ligeramente, pero no dejó que esas palabras la molestasen demasiado, por los momentos tenía que pensar qué hacer para llevarse a Adarza si estaban fuera del espejo. De seguro que apenas se quite, ella pondrá resistencia y pelearán de nuevo, pero tenía ventaja al tener el cuchillo. Pensaba que ella no la atacaría si llevaba un arma.

—¿Estamos dentro del espejo?

—Esta cabaña la vi en los recuerdos de Jazmín —respondió Adarza sin problemas—. Con sus amigos la encontré en un viaje y pensé: "Perfecto lugar para nacer"... Pero sabes, iba a ser en tu casa. Necesitaba mucha sangre y otras cositas para tener mi cuerpo fuera. Este lugar fue tu golpe de suerte... hubiera asesinado a tu hermana de no ser por eso.

Adarza contuvo su risa al notar la expresión sorprendida de Rachel, que poco después bajó con fuerza el cuchillo. El sonido de la carne siendo atravesada fue tan familiar como a la vez extraño para Rachel. Mientras que un río de sangre brotó casi al instante del cuerpo de Adarza, acompañado de un alarido que ensordeció a Ray por unos instantes.

—¡Aah, maldita! —sorprendida, Adarza gimió adolorida. Rachel lo había hecho—. ¡Juro que te mataré!

Rachel jaló el cuchillo, alejándose de Adarza mientras ella se retorcía de dolor en el suelo, cubriendo la herida en su hombro con su mano. La sangre no paraba de salir junto a la endemoniada voz salvaje de Adarza. La vista de la chica fue al filo metálico de su herramienta, sorprendida, alterada, excitada y aterrada de lo que acaba de hacer. Quería enterrarlo en su cuello, pero algo había pasado. ¿Ella desvió el cuchillo por instinto? ¿Adarza se movió? No lo sabía con certeza, pero apuñaló a esa demente y eso era lo que importaba.

—Ahg... ay, mierda. —El revoltijo en su interior volvía a presentarse, lo contuvo con esfuerzo dentro de su estómago y regresó su mirada al frente, a donde se dirigía con anterioridad—...

Pero volteó su mirada a la rubia tirada en el suelo, quejándose y gritando a la par que maldecía sin parar. Ella era peligrosa, ella la lastimaría, a su hermana igual, debía matarla ahora que podía, abrirle el cuello como ella le hizo a Jazmín.

Con un remolino de emociones en su cabeza, Rachel dio un paso, seguido de otro, y otro más rápido, sucesivamente, hasta empezar a correr lejos de Adarza y ese macabro lugar que no quería volver a ver nunca en su vida.

No era capaz de matarla, tenía miedo y no era una asesina, no podía, no debía. Encontraría otra forma de solucionar esto al volver a casa y hablar con Chloe.

—¡Vuelve! ¡Vuelve aquí! ¡Te mataré! ¡Te voy a seguir hasta el infierno para matarte!

Incluso estando herida y desangrándose, las palabras de odio y amenazas de Adarza no se detenían y Rachel la escuchaba cada vez menos al alejarse, algo alentador y tranquilizador, ya que solo quería darle fin a esta horrible pesadilla.

«Corre, ignórala y corre.»

Luego de cierto tiempo corriendo, dejó de oír el llamado de Adarza, se alejó tanto como pudo de aquella cabaña y tomó pequeños descansos que no duraban mucho por el miedo de ser asesinada, aunque suponía que Adarza ya no era ningún problema.

Deambuló por el bosque en línea recta, no había necesidad de tomar desvíos al no conocer el terreno, hasta que por fin a lo lejos pudo apreciar una luz, lo que la revitalizó y salió corriendo hasta salir de unos arbustos y terminar en una carretera. La luz provenía de un farol y, justo del otro lado, comenzaban a extenderse los departamentos y edificios de la ciudad. Rachel nunca se había alegrado tanto de ver esos enormes trozos de concreto frente a ella. Estaba segura de que llevaba una hora y algo desde que apuñaló a Adarza.

—... ¡Sí! ¡Mierda, mierda! ¡Sí!

Recorrió las calles de la ciudad y buscó en los bolsillos de su chaqueta, no tenía nada, obviamente no estaría su celular y no era lo suficientemente conocedora como para ubicarse por sí misma.

No le quedó de otra que preguntar a la gente dónde quedaban las calles que conocía y podría ubicar, cosa que fue sencilla luego de unos minutos de correr y preguntar. Al estar en una calle conocida, pronto llegó al patio de su casa, su dulce casa de dos pisos, la herencia que su amada madre les dejó. Las luces estaban encendidas, ya que así estaban antes de que Rachel cayera en el truco de Adarza, y se acercó a la puerta, apostando que estaba abierta y, en efecto, lo estaba.

—¡Volví!... ¡Chloe! ¡Volví! Chloe: ¡Necesito tu ayuda, Chloe! —Con cuchillo en mano, buscó en toda la casa a su hermana, hasta darse cuenta de que no estaba. Había olvidado por completo que ahora estaba con su novio en su departamento— Mi celular.

Tuvo la brillante idea de buscar su teléfono para llamarla, no saldría a buscarla ahora. Sus piernas la estaban matando y tenía miedo de que se haga más tarde y encontrarse a Adarza en la calle.

Pero también temía que Adarza viniera... pero si la esperaba en su cuarto, no podría sorprenderla de ninguna forma.

Encontró su celular en la mesa de la cocina y se dirigió a su cuarto, al momento de entrar y cerrar la puerta con llave, sintió su cuerpo relajarse, así fuera un poco. Este lugar era su santuario, donde siempre volvía a ser feliz.

—Me duele tanto. —Se quejó. Sobando su rostro, por debajo de la nariz aún había algo de sangre seca y los golpes junto al cabezazo que recibió podía sentirlos como si acabaran de pasar—... Me quedaré aquí.

En su celular vio la hora. Se sentó en una de las esquinas de la habitación para ver la puerta de frente. Llamó a Chloe, le contaría todo lo que ocurrió, quizás no iba a creerle, pero haría que fuera por ella y luego de eso juntas encontrarían una solución.

Y de nuevo, el universo le dio una patada a Rachel, el celular de Chloe al parecer estaba apagado y, al intentar hablar al de su novio, la respuesta fue la misma.

—¡No! ¡No pueden hacerme esto ahora que los necesito! ¿Por qué? ¿¡Por qué!? —En su descontrol, golpeó con fuerza el muro, sus nudillos pagaron el precio de tan fuerte golpe y Ray se lanzó al suelo apretando sus dientes mientras sentía su mano palpitar. —¡Ahg!...

Tirada en aquella esquina, Rachel dejó a un lado su celular y volvió a tomar el cuchillo después de que el dolor por su tonto arrebato pasara. "Si Chloe y Marcus no contestan, debo hacer algo. Es muy probable que Adarza vaya a buscarme... entonces Chloe podría estar en peligro."

«Pero también podía esperar a que saliera para matarme en la calle de alguna forma, en el mismo departamento o quién sabe qué haría. Si Chloe no contestaba, quizás ya había ocurrido algo».

—No. Deja de pensar en eso, Chloe está bien, está con su novio durmiendo o quién sabe qué está haciendo...

Acercó el cuchillo a su pecho con su respiración entrecortada por las ganas de llorar que volvían a estar presentes, no sabía qué hacer, dónde ir, era tan confuso y complicado.

Se sentía tan sola, tirada en la esquina de ese solitario cuarto dentro de aquella casa vacía. Sus párpados empezaron a sentirse pesados junto con su cuerpo y ese suelo de madera se volvió mejor que la cama más cara de un hotel de lujo. Ya había pasado por mucho en tan poco tiempo y estaba tan cansada.

—... Te odio.

Y entre el sueño que la vencía y la abrumadora sensación de soledad, el cariño que Rachel sintió alguna vez por ese espejo desaparecía junto a su consciencia, cayendo dormida segundos después.

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