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#Espejo De Bolsillo

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 18 de julio de 2026

—¡Mátala!, ¡Mátala!, ¡Mátala!

Chloe no paraba de gritar con horror, pataleando y alejándose todo lo posible de aquel cajón polvoriento. Una araña recorría el suelo evitando su final; desgraciadamente para él, terminó siendo aplastado por una escoba. Con la araña muerta, Chloe pudo suspirar aliviada con una mano en su pecho.

—Ah, gracias, Ray. ¡Eres tan valiente! —dijo Chloe Ficks con una gran sonrisa.

Rachel Ficks dejó la escoba junto al viejo armario de donde salió la araña, con asco observó al animal aplastado con su interior por fuera y luego dirigió su vista a su hermana.

—No mide ni cinco centímetros. Si fuera más grande, me voy corriendo —replicó Rachel, con una mano en su cadera. Su expresión desinteresada pronto pasó a una más burlesca, estrechando sus ojos con una gran sonrisa— ¿Será que tienes aracnofobia?

—Te lo tomas muy a la ligera. —Avergonzada, Chloe se acercó al armario y lo abrió, mirando en su interior para asegurarse de que no hubiera más animales dentro—. ¿Y si es venenosa y me muerde o te muerde? En televisión he visto que hay arañitas que con solo una gota de su veneno son capaces de matar a un humano en minutos u horas.

—Si es tan peligrosa, aplástala. —contestó Rachel, cruzando sus brazos. La limpieza anual del ático era bastante molesta, todo estaba sucio, lleno de polvo, y su hermana salía corriendo al primer bicho que veía, haciendo más tediosa la tarea—. Era mejor cuando solo lo limpiaban tú y mamá... ¡Ay, qué buenos tiempos!

—Eres una vaga. —Chloe tomó del viejo armario una caja metálica algo pequeña, ni siquiera un par de sus zapatos cabría ahí. Llamó la atención de Rachel y le lanzó la caja. La pequeña rubia la atrapó sin problemas—  Mamá sí que era una acumuladora compulsiva.

Rachel dejó la caja metálica a un lado y le regaló una pequeña sonrisa a Chloe. Hablar sobre su madre era una de sus actividades diarias favoritas, desde lo hermosa que era hasta cómo guardaba casi todo objeto, ya que podrían tener algún valor en el futuro, o simplemente había tomado mucho cariño a las cosas que obtiene como para tirarlas, no importa si estaban rotas.

—Ropa vieja se tira a la basura, cajas se tiran a la basura...

La limpieza continuó durante unas aburridas dos horas de acomodar y mover cajas. Rachel salió corriendo a tomar un baño para quitarse todo el polvo y la espantosa sensación de tener una araña o telarañas en su cuerpo.

Luego de vestirse, se sentó en la silla frente a su computadora, observando la caja metálica que trajo del ático. Aún no había buscado nada para abrirla.

—Luego será...

Su cabello dorado estaba alborotado y así se iba a quedar, solo se peinaba cuando sabía que saldría o iría a la escuela. Chloe y su madre siempre la regañaban por eso: "Eres una joven hermosa, si te arreglas, serías mucho más bella", pero solo eran palabras que nunca tomó en cuenta.

—¡No! ¡No! ¡Médico! ¿¡Médico!? —El sonido de las teclas siendo aplastadas junto con el clic y los disparos inundaban la habitación de Rachel. Para su pesar, su equipo no apoyaba y terminó siendo asesinada, además de perder la partida poco después. Golpeó el escritorio para liberar algo de su frustración. Se dejó caer en la silla, soltando un pesado suspiro, observando el techo. Últimamente, incluso jugar era estresante para ella, no tenía ganas de leer sus tan queridas novelas, también había puesto en pausa todas las series que tenía pendientes— Todos son unos hijos de perra.

Su curiosidad se marcó en aquella caja de metal. Tomó con cuidado el candado y trató de forzarlo con sus propias manos, algo bastante inútil que la hizo sentir estúpida. Después de buscar un martillo, le pegaría al candado oxidado con todas sus fuerzas, tratando de abrirlo. Repitió esta acción hasta que el candado cedió. Dentro de aquella caja había un objeto metálico con forma redonda, un encendedor negro con las iniciales R y S en dorado y una fotografía algo vieja.

—Una caja de recuerdos —Antes de levantar la fotografía, reconoció al instante de quién se trataba: Una hermosa mujer de cabello dorado que llegaba hasta su cintura, Sam Ficks. Su difunta madre, en sus brazos llevaba a una bebé, y junto a ella había una pequeña niña de cabello negro, obviamente, siendo una Chloe de quizás 4 años— A Chloe le encantará.

Su hermana, por supuesto, estaría feliz de una nueva fotografía de su madre junto a ellas, así que cuidadosamente la colocó junto a su teclado. Luego tomó aquel encendedor, al intentar usarlo, no tenía nada de líquido. Lo lanzó junto a la fotografía y tomó con curiosidad el último objeto.

La esfera ovalada tenía en un costado lo que parecía ser un soporte de cadenas, supuso que era uno de esos medallones donde podían colocar fotos en ambos extremos, como los que usaban los soldados en las películas de la Segunda Guerra, aunque era mucho más grande que esos colgantes.

Estaba por abrirlo, hasta que se fijó en aquella caja. Había un grabado debajo de donde estaba el objeto metálico: "A, L, L, M, A". Esas 5 letras estaban grabadas en la caja, lo que le pareció curioso.

—¿Allma?... No entiendo, ¿qué podría ser? —Se replanteó sus suposiciones y negó con la cabeza—. Deben ser letras, quizás la inicial de algunos conocidos de mamá.

Pensar mucho en ello no era algo que quisiera. Retomó su atención en el objeto ovalado, trató de abrirlo, creyendo que sería sencillo, y no fue así. El objeto no quería abrirse, al parecer estaba atorado. Por más que trataba de forzarlo, no cedía.

A punto de darse por vencida, sintió un repentino, pero fuerte ardor en la palma de su mano, lo que la llevó a soltar el objeto sobre la mesa de la computadora, a la par que dejaba escapar un quejido de dolor.

—¡Ay! —Al ver su palma, notó aquella línea carmesí en su palma, no era muy grande. Empezó a salir algo de sangre que limpió con su propia camisa blanca sin importarle si la manchaba—. Maldita sea —observó el objeto con su ceño fruncido y con obvias intenciones de venganza. En el centro, ahora había un pequeño trozo de metal afilado que se retrajo, dejando solo un poco de su punta apenas visible—. Esa cosa tenía una cuchilla retráctil. ¿Qué puta broma es esa?

Pensó que era solo una especie de colgante falso de muy mal gusto. Apuñalar a alguien no es gracioso ni una broma de ninguna manera en la que lo veas. Rachel ni siquiera entendía por qué su madre tendría algo como eso.

Quiso tomar por los costados aquel objeto plateado, pero antes de que sus dedos llegaran, por fin se abrió un poco. Ya en su mano, lo terminó de abrir, llevándose la sorpresa de verse a sí misma reflejada en el cristal que ese pequeño espejo de bolsillo llevaba en su interior— Entonces es un espejo, qué lindo. —Aun así, estaba decidida a lanzarlo a la basura por el simple hecho de cortarla. Pronto tuvo una mejor idea—. Señor espejo, conozca a... —Hizo una pausa. Tomó la herramienta junto a la caja metálica, balanceándola sobre el espejo— El señor martillo~

—El placer es todo mío, señor martillo.

A pesar de estar dispuesta a romper aquel espejo, Rachel se detuvo, soltando el objeto de su mano. Se alejó rápidamente, aferrándose al martillo.

—¿¡Qué fue eso!? —preguntó alterada, juraba que había escuchado una voz que le respondió, pero no cualquiera, juraba haberse escuchado a ella misma, la voz más familiar para Rachel Ficks además de la de Chloe y su madre—. ¿Hola?

—Hola a ti también. ¡Aquí en la mesa, Ray!

Ahí estaba de nuevo, la rubia dudó si acercarse o no, pero apretó los dientes tomando valor. Se acercó al escritorio, observando de nuevo el cristal de aquel espejo, encontrando nada más y nada menos que a ella misma, como debería de ser.

Quizás ya estaba volviéndose loca, tanto jugar hasta la madrugada, dormir solo cuatro horas. Ya comenzaba a imaginarse a sí misma responder sus propias preguntas, pensar en eso como una probabilidad la hizo reír en voz baja.

«Me estoy volviendo loca, jaja. Chloe se morirá de risa cuando le cuente», pensó Rachel.

—Es aterrador que te rías hablando contigo misma.

Sus ojos se abrieron de par en par, no solo la escuchó, pudo ver a la perfección cómo el reflejo dentro del espejo movía sus labios a voluntad. La voz provenía de ¡ella misma!

Todo era igual: sus ojos azules grisáceos, sus labios, su cabello palido, la única diferencia era que, mientras Rachel estaba totalmente aterrada, el reflejo mantenía una sonrisa de par en par como la persona más feliz del mundo.

Tocó el cristal con su índice, notando cómo su dedo no era reflejado, solo su rostro, y los ojos del reflejo seguían ese dedo a donde se movía, a veces la miraba a ella. Poco tiempo pasó repitiendo la misma acción hasta que su reflejo ya parecía aburrido.

—¿Conoces la definición de la locura? Estás más loca haciendo esto que hablando contigo misma. —comentó su reflejo. Su "cuerpo" se alejó del cristal como si dentro hubiera una especie de "lugar" dentro del objeto metálico, permitiéndole a Rachel una vista perfecta desde por encima del ombligo hasta su cabeza.

—¿Qué... qué es lo que eres? —Trató de sonar autoritaria, pero el temblor de su voz la traicionó—. ¿Qué eres?

—Yo soy tú —respondió—. Ni más ni menos, yo soy los recuerdos de Rachel Ficks que tomaron conciencia dentro de un espejo mágico.

—No te entiendo, más despacio, más despacio. —Agobiada, la rubia recostó el espejo contra la pantalla de la computadora. Rachel estaba inexpresiva, su cabeza empezaba a dolerle y ya no sabía si tener miedo o romper el cristal y fingir que esto nunca pasó— Eres un espejo mágico.

—Estoy en un espejo mágico —corrigió el reflejo levantando su índice—. Soy tú, digamos que una segunda Rachel creada a partir de tu sangre dentro de este espejo. Para ahorrarnos algunas preguntas que obviamente quieres hacer, solo te diré lo que sé. El espejo es capaz de tomar los recuerdos de las personas a través de la sangre, mediante los recuerdos, se crean seres como yo.

—Vaya... —No podía creerlo, si alguien llegara a decirle que su vecina es un hombre lobo, tampoco lo creería, pero con pruebas justo delante de ella, no podía empezar a negar que un reflejo estaba conversando con ella— Chloe nunca haría una broma de este tipo, menos si tuviera que lastimarme... ¿Magia, dices?

—¿Quién me creó? No tengo idea, tampoco sé dónde hay más magos, tengo poca información aparte de tus propios recuerdos, quizás la suficiente para diferenciarme de ti.

Rachel reflexionó aquello, sería incómodo discutir cuál de las dos es la verdadera. Si de verdad era magia, no podía imaginar cómo era el proceso de creación de algo tan complejo.

—... ¿Y cuál es tu propósito? —Quizás la pregunta más importante, no tendría sentido crear algo como ese espejo porque sí—. ¿Para qué existes?

—¿Tú para qué existes?

—Vuelve a ponerte filosófica conmigo y te vas a la caja. —Gruñó Rachel cerrando el espejo, provocando que su reflejo suplicase.

—¡Lo siento! No te lo tomes a mal, solo bromeaba. Mi meta es solo ser una compañera y ayuda para tu vida diaria.

Dudaba si abrir de nuevo aquel espejo que sostenía por sus bordes para evitar de nuevo aquella cuchilla oculta, pero no iba a negar que la idea de conservarlo era tentadora.

Abrió de nuevo el espejo mientras decía: "Sí, sí, ya." El reflejo colocaba sus manos en el cristal con labios temblorosos, observando el rostro de su contraria con pánico.

—Entonces... ¿Cómo puedes ayudarme en mi vida diaria?

Aquel reflejo se aclaró la garganta, dándole la espalda a Rachel antes de voltearse con una sonrisa radiante en su rostro, una actriz maravillosa.

—Se me ha ocurrido algo que podemos intentar mañana. ¿Las palabras "examen de física" te resultan interesantes? —El tono de su reflejo poco a poco se volvía más seductor, y si de verdad ambas compartían los mismos recuerdos, Rachel ya sabía que no tenía que responder a aquella pregunta.

—Ahora tienes toda mi atención... ¿Cómo debería llamarte? —Rachel se llevó una mano al mentón. Decirle "otra Rachel" o "reflejo" le pareció bastante aburrido.

—Dame un nombre, entonces. Busquemos alguno que nos guste en el celular.

Rachel siguió su consejo. Revisó una extensa lista de nombres en internet. Luego de no encontrar alguno que convenciera a su reflejo, empezó a pensar uno por ella misma. La nombró: Adarza

Luego de horas conversando, Rachel entendió que Adarza de verdad tenía todos sus recuerdos. Tarde en la noche, se acostó a dormir para ir al día siguiente a la escuela.

 

La escuela no era el lugar favorito de Rachel, caminar entre tantas personas era molesto, prefería su soledad. Nunca pudo acostumbrarse a compartir su día con aquellos que no fueran parte de su familia, así que buscaba mantener su relación con sus compañeros al mínimo. Hablando con ellos solo cuando estaban obligados a los trabajos en grupo, preparar ensayos para exposiciones o, con descaro, pedirle la tarea a quien la tuviese.

No tenía ningún interés en socializar con ellos. Algunos eran verdaderamente agradables, y otros eran como dos patadas en el culo, pero la joven rubia se sentía mejor apartada, disfrutando de sus libros, sus series y sus videojuegos ella sola.

—Bien, ahora.

Pero hay quienes dicen que la mejor compañía es la de uno mismo, y Rachel Ficks sí que lo había tomado literal.

Aprovechando su soledad en el salón de clases, mientras que los demás disfrutaban la hora de descanso, Rachel estaba sentada en su puesto comiendo un sándwich con una lata de refresco.

Ante la orden de Adarza, masticó y tragó lo más rápido que pudo. Dejó el espejo cerrado sobre la mesa de su compañera, Jazmín. Una inteligente chica morena de cabello castaño, que era asombrosamente buena en las matemáticas.

Rachel era buena en Lenguaje, Inglés y Filosofía, pero cuando se trataba de números y fórmulas, su cerebro era un enredo.

—Si te rompen, no será mi culpa; tú eres la de la idea.

—¡Entonces procura que eso no pase! —Adarza comenzaba a preocuparse, quizás ellas eran la misma persona, pero ahora que ponía su vida en riesgo, no podía evitar estar verdaderamente nerviosa.

Rachel continuó con su comida hasta que el timbre volvió a sonar. Los alumnos volvían al salón. Rachel cerró sus ojos y tomó un largo suspiro para relajarse, tendría que actuar dentro de unos momentos. A diferencia de Adarza, ella no tenía esos dotes actorales de nacimiento y, en el caso de su compañera, era muy literal, pues nació ayer.

Los pasos y voces de los jóvenes entrando al salón provocaban que el corazón de Rachel se sobresaltara un poco, similar a cuando se comía la comida de la nevera a escondidas y su madre le preguntaba si fue ella. Si Jazmín tomaba mal lo que estaba por ocurrir, de seguro iba a tener problemas en los que no quisiera meterse. Además, que la corta vida de su amiga llegaría a su fin en caso de que Jazmín se enoje y rompa el espejo.

«Mantén la calma, todo va a salir bien. Confía en que ella no es ese tipo de persona, no matará a Adarza y tampoco querrá pelear contigo».

Rachel cerró sus ojos y se golpeó las mejillas con sus palmas para enfocarse, llevándose alguna que otra mirada extraña de algunos compañeros. Luego siguió observando la puerta hasta que su víctima entró junto a un par de amigas. Rachel rápidamente desvió la mirada a su celular, fingiendo que solo estaba viendo el fondo de pantalla de su videojuego favorito.

Trató de disimular de manera fatal que miraba de casualidad a Jazmín sentándose. Rachel se aclaró la garganta, notando cómo la joven tomó con curiosidad el espejo cerrado.

—Ah, Jazmín. Lo había dejado ahí sin pensar. ¿Me lo regresas? —Una mala excusa.

Jazmín se sorprendió un poco de que Rachel le estuviera hablando, ya que muy pocas veces lo había hecho, pero al oír su petición asintió con su cabeza.

—¿Es uno de esos relojes antiguos? —preguntó Jazmín con curiosidad, hasta que sus ojos se abrieron de más y soltó el espejo en la mesa de su asiento. Observó cómo de su mano comenzó a salir una gota de sangre a través de una herida pequeña— ¡Me cortó!

—Ay, no, no, Jazmín —Rachel se levantó rápido tomando el espejo como su prioridad, lo guardó en su bolsillo asegurando el éxito del plan—. ¿Estás bien?

—No, sí. Lo estoy —aclaró moviendo su muñeca. Las otras dos chicas le lanzaron una mirada fría a Rachel, y ella se dio cuenta de que, si tuvieran la oportunidad, esas dos la apuñalarían en su espalda— Solo arde un poco.

—... También me ocurrió. —Mostró la herida que recibió la noche anterior de su lindo espejo. Jazmín negó con la cabeza, sintiéndose algo preocupada por la actitud de Rachel.

—Deberías ser más cuidadosa, y también fijarte en esos detalles, podías avisarme que me podía cortar.

—Sí, de seguro podía. —Resaltó Rose Winnegan, siendo cortante.

—Por supuesto que podía. —recalcó Evelyn.

Rachel sentía aún esas miradas afiladas como cuchillos, su expresión se volvió más seria y frunció ligeramente el ceño, bajando su cabeza.

—Mis disculpas, de verdad. —Tuvo suerte en ese gran salón. Si Jazmín hubiera tenido la personalidad de Grace, el mayor busca pleitos de la escuela, de seguro hubiera sido un escándalo peor.

—No te pongas tan seria —dijo Jazmín entre risas, observando a la rubia levantar la mirada—. Un error lo comete cualquiera.

Sus palabras habían obligado a Rachel a sonreír. Jazmín era una persona extremadamente amable. Mientras que la castaña volvía a su conversación con ambas amigas, Rachel se hundía en su asiento, sacando el espejo de su bolsillo, dejándolo en la mesa y envolviéndolo entre sus brazos. Recostó la cabeza sobre ellos como si fuera a dormir. Susurró para confirmar si todo salió según el plan y no tardó en oír a Adarza.

—10-4, principal, aquí Réplica 01, lista. —Susurró Adarza llena de entusiasmo. Dentro de una hora sería el examen y ahora el plan pasaba a su operación final: que Rachel siga todos los pasos de Adarza al pie de la letra.

—Aquí principal, 10-4, réplica-01. Espero sus resultados positivos, cambio.

A pesar de no interactuar con tantas personas, hablar con Adarza era algo sumamente divertido, no era incómodo, no se aburría y podía conversar sobre todo lo que Ray conocía de anime, libros y videojuegos.

La hora pasó rápido, en el momento del examen, Adarza le dijo a Rachel cómo debía resolverlo todo. Más que saber las respuestas, estuvo sacando cuentas junto a ella. El espejo poseía la habilidad de copiar los recuerdos de las personas a través de la sangre. Ahora Adarza, con los recuerdos de Jazmín, sabía a la perfección qué fórmulas usar y cómo emplearlas.

Luego de entregar su examen, Rachel se recostó en su silla soltando un pequeño suspiro. Fue de las últimas en entregar, porque, según Adarza, "Recordar no me hace más inteligente, solo tengo buena memoria", lo que la hacía casi tan lenta como ella para sacar cuentas, pero al menos no se confundía a mitad de camino.

Observó sus alrededores con alivio ahora que todo había terminado. Los estudiantes que entregaron sus exámenes podían usar sus celulares mientras no hicieran ruido, y muchos ya solo tenían el rostro pegado a sus teléfonos, mientras que los pocos que no habían entregado luchaban para terminar el examen.

Rachel estaba por meterse en su celular, hasta notar dos bellos ojos verdes como el jade observándola. Los verdosos ojos se desviaron rápidamente al ser descubiertos. Rachel se volteó rápido tratando de fingir que no se había dado cuenta de lo extraño que había sido eso, estaba algo paranoica ahora que hizo trampa con su espejo parlanchín.

—Adarza, Lindsy Logan me estaba mirando.

—Mírala también.

—Ya, es en serio —susurraba recostando su cabeza en sus brazos nuevamente para que nadie viera sus labios moverse—. Apenas la vi, se volteó rápido para fingir que no lo hacía.

—¿No te estás volviendo loca? Después de todo, ahora hablas con un espejo —dijo Adarza burlona.

Rachel tomó el espejo y lo metió dentro de su mochila con molestia. Dejarla ahí hasta volver a casa sería su venganza por esas burlas y, mientras guardaba su espejo, observaba a Lindsy de forma disimulada. La peli negra ya estaba hablando con un compañero junto a ella e ignoraba por completo la existencia de Rachel.

«Quizás solo fue coincidencia», pensó Rachel.

No se preocuparía más por algo como eso. Lindsy estaba muy lejos como para escucharla hablar con Adarza. Ray sacó su celular, para matar el tiempo, empezó a leer alguna de sus novelas de ficción que tuviera pendiente.

Al día siguiente, los resultados fueron espléndidos; de no ser que habían fallado dos ejercicios, Rachel hubiera sacado una calificación perfecta, pero para ella aprobar es lo importante, así que no tenía ninguna queja.

 

Los días siguientes a ese, Rachel volvió a su rutina diaria, con la única diferencia de que ya no estaba sola. Adarza la acompañaba en todo momento, discutiendo sobre las series que veían, Rachel le leía los mangas y las novelas, gritaba junto con ella maldiciendo cada vez que iba perdiendo en un juego. En solo cinco días, Rachel había disfrutado más con Adarza que con todos sus compañeros de escuela. Era la primera vez que tenía una mejor amiga, de verdad era egocéntrico que fuera nada más y nada menos que ella misma.

El domingo por la tarde, Rachel recalentaba arroz con pollo en el microondas. Chloe se quedaría en casa de su novio hasta mañana, así que podía estar por la casa hablando con Adarza tanto como quisiese.

—No, pero ponlo de esta forma, los juegos de deporte solo cambian la formación de los equipos y agregan nuevos gráficos.

—Ajá.

—Mientras que mi saga favorita agrega nuevas armas, mecánicas, escenarios, historia y su DLC son una maravilla.

—¿Sí entiendes que tenemos los mismos gustos? Yo no te voy a llevar la contraria cuando opino lo mismo.

Rachel se sentó a comer. Asintió con la cabeza, su amiga tenía un punto, ambas disfrutaban lo mismo y les disgustaba lo mismo. Quizás era esa la razón por la que Rachel se sentía tan cómoda al estar con ella, además de sentirse atraída hacia un espejo mágico, que era otra razón por la que le interesaba tanto.

—Adarza.

Adarza notó de inmediato que, en ese llamado, la voz de Rachel perdió su seguridad y eso llamó su atención. Arqueó una ceja esperando que continuara.

—... Adarza

—¡Yo te estoy escuchando!

Rachel sintió un pequeño ardor en sus mejillas. Hablar de este tipo de cosas le daba vergüenza, pues nunca había estado en una situación de este estilo y, para relajarse, empezó a caminar alrededor de la mesa de la cocina. —Quería darte las gracias —dijo en voz baja, lo que hizo que Adarza abriera sus ojos más de lo normal—. Gracias por tu ayuda y por tu amistad, la aprecio tanto. Pensé que nunca iba a necesitar de verdad un amigo, pero ahora que estás tú, la vida es más divertida cuando la compartes con alguien.

—Awww, Rachel.

—¡Aún no termino! Cállate. —Ella tomó el espejo, mirando a los ojos de Adarza con una pequeña sonrisa, luego lo acercó a su pecho acariciándolo. Era sostener lo más preciado para ella, además de su hermana, y aunque Adarza no pudiera corresponder, no era necesario.

Al separarse, regresó el espejo a la mesa y siguió comiendo, fingiendo que nada había pasado, y si Adarza le decía algo, de seguro se iba a morir de vergüenza.

—¡También quiero abrazarte, Rachel!

Aquellas palabras casi provocaron que se atragantara con su comida. Su rostro ardió en un fuerte carmesí. Se golpeaba el pecho, escupiendo pedazos pequeños de arroz por la mesa.

—No digas algo así tan de repente. Aparte de que no eres capaz de hacerlo.

—Quizás sí podamos. —La mirada avergonzada de Rachel pasó a ser una curiosa, dirigiéndose a los labios rosados y carnosos de Adarza y la sonrisa encantadora que formaban—. Hay una forma, pero tendrías que volver a cortarte.

La joven miró su mano por un momento. «No es un precio tan caro». Pensó y acercó su rostro al espejo, quedando más cerca de su compañera, esperando que le explicase qué debería hacer.

—Deja caer algunas gotas de sangre sobre el cristal y apega tu mano y así quizás... seas capaz de entrar al espejo.

Todo se volvió oscuro para Adarza luego de aquellas palabras, y alarmada, empezó a gritar por ayuda.

—¡Ray! ¡Ray! ¡No puedo ver! ¡Prometo que digo la verdad!

El pecho de Rachel Ficks subía y bajaba con intensidad, con la cara tan roja como hace un momento. Salió corriendo a su cuarto llevando el espejo, que continuaba gritando por llamar la atención de su preciada amiga. Entre los estantes, Rachel tomó un cepillo, empezó a peinarse ignorando los gritos, se puso perfume de mujer barato que nunca había utilizado y masticó tres pastillas de menta.

Buscó controlar su respiración antes de abrir el espejo poco después, tratando de disimular una sonrisa segura.

—Ada... se había caído la señal.

Por su horrible mentira, Adarza arrugó su cara de manera graciosa. Ray se rio por esa expresión y luego tomó el espejo por detrás, dejando su palma pegada al metal.

—Adelante. —Ni bien había terminado, frunció el rostro y cerró sus ojos por el dolor de sentir cómo su mano era apuñalada de nuevo, pero este dolor le era diferente. No fue provocado por error, este corte era una oportunidad de estar frente a frente con ella, y si tuvieran que ser tres en vez de uno, se apuñalaría con gusto su mano. Llevó rápido la palma al cristal, manchándolo con su propia sangre— ¿Ahora qué?

—Ya está por ocurrir.

No podía ver a Adarza, pero entendió que algo estaba pasando al notar un aura roja envolver su mano junto al espejo. Su conciencia se desvaneció de su cuerpo y todo el mundo desapareció junto a la conciencia de la rubia.

 

Al abrir de golpe sus ojos, la brillante luna se alcanzaba a ver en lo alto del cielo a través de un gran agujero en el techo de madera, las estrellas adornaban el manto oscuro que envolvía la tierra y Rachel Ficks recuperaba los sentidos poco a poco, como si hubiera despertado de un largo sueño.

—Ada... Adarza.

Su adorada amiga fue lo primero que vino a su mente. Se levantó de aquel piso, que crujía ante el mínimo movimiento. A su alrededor solo había un deteriorado cuarto oscuro, con agujeros en muchos lugares, moho recorriendo las pobres paredes y el frío viento que recorría el lugar la hizo temblar. Solo se preguntaba por qué el interior del espejo estaba en tan mal estado.

—... ¿Adarza? —Levantó más su voz, el brillo de la luna le permitió ver que, a unos metros de ella, una figura yacía tirada en el suelo. Rachel se acercó unos pasos y rápidamente retrocedió tres veces más de lo que se había acercado, llevando las manos a su boca, sofocando lo que sería un fuerte grito—... ¿Qué?

Su vista estaba clavada en aquel cuerpo, su tez morena iluminada por la luna y aquel cabello castaño, que se movía levemente por el viento que se colaba en el interior de la corroída casa.

La agitada respiración y el miedo de Rachel empeoraron al darse cuenta de la gran abertura que recorría el cuello de la joven de extremo a extremo. Dejando su interior expuesto, rodeado por las moscas que merodeaban por el aire y el charco de sangre debajo del cadáver que mantenía abiertos sus apagados ojos sin vida.

Su corazón se detuvo, su vista se volvió borrosa y la bilis recorrió desde su estómago a su garganta como un tren bala que afortunadamente pudo detener antes de que escapara. El sabor amargo y ácido se mantuvo en su garganta por unos segundos. Con ojos llenos de lágrimas, se obligó a sí misma a avanzar hasta quedar junto al cadáver de la conocida mujer.

—¿Jazmín? ... Oh, mierda, ella es Jazmín. ¡Ella es Jazmín! Ay, mierda, mierda. —No encontraba otra opción que no fuera gritar y maldecir, la situación estaba fuera de su comprensión, necesitaba entender todo lo que ocurría. La única persona que podía darle respuestas brillaba por su ausencia— ¡Adarza!

Mientras más gritaba y maldecía, su voz se quebraba cada vez más, sin poder entender qué estaba ocurriendo. ¿Por qué su compañera de escuela estaba muerta dentro del espejo? ¿Y acaso estaba dentro del espejo?

—¡Adarza!... ¡Adarza! —No se cansaría de rogarle a su amiga que apareciera y le contara lo que ocurría. En su corazón existía la posibilidad de que el ritual de la sangre de hecho no fuera para entrar al espejo, y ahora estaba viendo para lo que funcionaba en verdad, solo que Adarza no sabía que ocurriría algo así— ¡Adarza!

—¡Pero cuánto escándalo! —El azote de una puerta hizo que Ray diera media vuelta. Atónita por lo que sus ojos observaban, se alejó de la puerta observando su viva imagen justo al otro lado—. Estás siendo muy escandalosa. Sí que tenías muchas ganas de verme, ¿A que sí? Rachel~

Con un tono juguetón y divertido, Adarza balanceó en su mano un cuchillo manchado de un líquido rojo que Ray fácilmente pudo determinar que era sangre. Entró a la habitación manteniendo su mirada en la aterrorizada rubia que no podía parar de temblar. Terminó soltando en el suelo su miedo y confusión en forma de un asqueroso vómito amarillento con trozos de arroz. 

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