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Capítulo 9

Espectro · por nairaru-chan · 28 de julio de 2026

Solo puedo ver oscuridad. Nada de luz, nada de ruido.

 

Simplemente nada.

 

Siento que estoy bajo el agua. Pero puedo respirar normal. Mi ojos siguen cerrados, no tengo fuerzas para abrirlos. Mi cuerpo está pesado.

 

Tengo miedo.

 

No me gusta estar aquí. Quiero ir a casa.

 

Escucho un sonido constante pero se escuchaba raro. Era como golpes pero no entendía de dónde provenían. Alguien me llama entre cada golpe. ¿Quién?

 

—¡¡¡Crystal!!!

 

El fuerte grito hizo que me despertara y quedara sin aire. Inspiré profundo al sentir que mis pulmones estaban vacíos. Miré al techo del lugar donde me encontraba actualmente y era blanco. Estaba acostada en una superficie suave y el olor a esterilizado me invadió. Estaba nuevamente en una sala del hospital. Me senté en la cama y vi que estaba sola. Entonces el grito no era de aquí, fue en mi sueño. O más bien pesadilla.

 

La puerta se abrió y entró una mujer como de 40 años con su túnica blanca y el pelo rubio cenizo recogido en una coleta. Era la mamá de Alan y Sarah.

 

—Veo que ya despertaste—me sonrió y yo la miré desconcertada.

 

—¿Por qué estoy aquí?

 

—Te desmayaste. Alan me dijo que parecías sufrir de un fuerte dolor y luego caíste al suelo. ¿Me puedes explicar qué pasó?

 

Creo que sí recuerdo haberme desmayado pero no la causa.

 

—Perdón pero no lo sé. No recuerdo.

 

—Está bien. Es normal, seguro fue una jaqueca, pero para estar más seguros quisiera hacerte algunos exámenes.

 

—Está bien.

 

Ella se acercó a un lado mío y sacó una jeringa. Al verla volvieron los flashes pero esta vez estaba en un lugar similar al cuarto. Había junto a mí una mujer pero estaba completamente borrosa. El dolor ya se estaba haciendo evidente y solté un grito. La mujer borrosa tenía en su mano una jeringa que se acercaba a mi brazo. Rápido di un manotazo para que no se me acercara y con otro flash caigo en la realidad. Estaba en el refugio y junto a mí estaba la doctora mirándome desconcertada. La jeringa que tenía en la mano ahora estaba en el suelo. El dolor disminuyó y entonces caí en cuenta de lo que acabó de pasar.

 

—¿Estás bien?—me preguntó preocupada y yo la miré aún asustada por lo que sea que vi. Ya lo olvidé.

 

—Sí, estoy bien.

 

—No lo creo, estabas alterada y gritaste. ¿Tuviste otra vez los dolores?

 

—Sí.

 

—Tranquila. Te daré un medicamento para calmarlos—extendió su mano a una gaveta y sacó un frasco de pastillas—Tómatelas antes de dormir.

 

Cogí el frasco y solo le pude asentir.

 

—Sabes, quisiera agradecerte por todo lo que has echo por mi hija Sarah. Ella últimamente es muy callada pero desde que llegaste la veo un poco más animada.

 

—Yo no he echo nada. Simplemente fui amable con ella y nos hicimos amigas.

 

—Me alegra que tenga una amiga como tú.

 

¿Como yo? ¿A qué se refería?

 

—Bueno cariño, te tengo que dejar. Quédate aquí hasta que te calmes—caminó hasta la puerta y antes de salir se volteó—Esos dolores que tienes esperemos que terminen pronto.

 

En cuanto sale siento un alivio inmenso en mi cuerpo. Un alivio que no logro entender a qué se debía. Pero no importa. Lo único que necesito es salir de este lugar. Jamás me gustaron los hospitales. Me levanté de la cama y antes de salir mi cara se reflejó en el espejo del baño. Creí haber visto algo inusual en él pero cuando volví a verme no pasó nada. Seguro ya estoy paranoica con todo esto. Al abrir la puerta estaba el pasillo completamente vacío. No había nadie, no sé escuchaba nada. Caminé dudosa y con un temor inexplicable en mi interior.

 

De pronto sin ninguna razón tuve otra vez los flashes junto al dolor pero en vez de ver algo, oí algo. Una risa. La risa de una pequeña y luego la de un niño. Me sostuve la cabeza tratando de que pararan pero seguían riéndose.

 

¿Qué me está pasando? ¿Por qué estoy escuchando esto?

 

Unas manos me sostuvieron de inmediato y el ruido y el dolor cesaron. En cuanto levanto la cabeza veo el rostro de Axel preocupado. ¿Por qué está aquí?

 

—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

 

Sus preguntas me hicieron caer en la realidad. Sus manos aún me estaban sujetando evitando que cayera y parecía vulnerable ante él. Me recompuse de inmediato y rápido sentí frío en las zonas donde me sujetó. Me separé un poco y traté de estar firme.

 

—Sí, estoy bien. Solo fue un mareo. Me levanté muy rápido de la cama.

 

—¿Qué dijo la doctora?

 

—Que seguro lo que tengo es jaqueca, me dio unas pastillas para tratarla—su rostro se suavizó un poco pero aún así le pregunté:—¿Qué hace usted aquí?

 

La pregunta parecía tomarlo desprevenido. Su mirada se desvió hacia otro lado. Estaba evitando mirarme por alguna razón. No es normal que el líder venga solo para ver a una simple persona que no tiene nada que ver con él. Sus acciones pueden confundir a varias personas.

 

—No lo sé—es respuesta no me la esperaba—Cuando me informaron que estabas en el hospital no lo pensé dos veces y ya estaba en el ascensor de aquí. Simplemente no lo comprendo.

 

—Creo que te preocupaste de más. Tranquilo, estoy bien.

 

Unas pisadas fuertes llamaron mi atención por el pasillo. Una maraña roja de pelo se acercaba a mí corriendo con una expresión de angustia en su rostro. Ya cuando se acercó frenó de golpe frente a mí y me tomó por los brazos para mirarme de cerca. Su toque lo sentí muy distinto al de Axel.

 

—¿Estás bien? ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en cama? ¿Por qué está el líder aquí?—esa pregunta fue más para Axel que para mí.

 

—Supe que se había desmayado y vine a visitarla.

 

—¿Por qué?—Alan lo miró como a un criminal.

 

—Porque...

 

—Estaba preocupado por mí—terminé la oración por él—Pero lo hizo de más. Estoy bien y la verdad quisiera ir a casa.

 

—¿Y cómo usted lo supo? ¿Preguntó por ella o algo así?—Alan seguía con sus preguntas incómodas pero no niego que sí tenía curiosidad en saber también.

 

—Es porque hay una nueva misión que se le asignó a su escuadrón y me dijeron que era posible que Crystal no fuera porque estaba hospitalizada.

 

—Ya no lo estoy, quiero ir. ¿De qué se trata?—hablé con emoción.

 

—Pero no estás bien, Crystal—dijo Alan preocupado pero le sonreí.

 

—De verdad estoy bien. Quiero ir a la misión, y más si se trata de salir.

 

—Bien, hablemos de ello en el lugar de entrenamiento.

 

...

 

Ya estábamos todos en formación de acuerdo a como nos lo habían dicho una vez. Yo estaba en la tercera fila y Alan estaba detrás de mí. Todos firmes y atentos a los pasos del líder que se dirigía frente a todos. A su lado estaban el entrenador y otro oficial que lo reconocí porque era uno de los que estaban sentados en aquella gran mesa cuando llegué aquí.

 

—Bueno, no voy a andar con rodeos—dijo Axel—El escuadrón 3 tendrá una nueva misión. Recibimos información de un campamento apartado de aquí donde habitan muchas personas. Lo único que los protege es una valla de púas con la que se sentían seguros contra los espectros. Pero ahora es diferente. Me hicieron llegar un pedido de auxilio porque los espectros los están rodeando y no creen poder sobrevivir. Es por esta razón que ustedes tendrán la misión de traerlos sanos y salvos aquí. Confío en que lo lograrán.

 

—¡¡¡Sí, señor!!!—gritamos todos a la vez en aprobación.

 

—Partirán mañana temprano. Buena suerte.

 

Luego de eso Alan me acompañó a casa para contarle la noticia a Sarah. Por supuesto ella al verme me abrazó con fuerza y me dio sermones sobre que tenía que estar en casa. Pero yo no podía estar quieta al saber que hay una misión.

 

...

 

Ya a la mañana siguiente estábamos el escuadrón 3 frente a las puertas. Nos dividimos en grupos de cuatro para subir a los vehículos. Alan estaba junto a mí en el asiento del piloto y detrás estaban los otros dos miembros del grupo que la verdad no me dediqué mucho a recordar sus nombres. Un grupo más atrás manejaba un camión para transportar a las personas. Miré hacia atrás desde el asiento del copiloto a mi escuadrón con angustia. Para los espectros del oído será muy fácil detectarnos. Debo estar sumamente alerta para cualquier emboscada. Las puertas se abrieron y Alan pisó el acelerador sacándonos a todos del refugio. La caravana de autos nos seguían y cada uno ya tenían sus armas listas para un enfrentamiento.

 

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