Alan seguía manejando y yo estaba atenta por la ventana a algún espectro. El chico de pelo largo recogido en una coleta que estaba en el asiento detrás de mí estaba poniéndole la mirilla a su arma y el rubio de pelo corto a su lado se aseguraba del lado izquierdo del auto. Cada tanto miraba hacia atrás para asegurarme de que los demás están bien. Ya llevamos 5 horas y aún no ha pasado nada. Es extraño.
—Oye Sandler, al final qué hiciste con el cuchillo que te presté—preguntó Alan.
—Maté a unas ratas que se escabullían cada tanto en mi casa—respondió el chico detrás de mí.
—¿Ratas? ¿No hablarás de...
—Alan, si quieres seguir vivo en esta misión no termines esa frase—le advirtió y Alan se quedó mudo.
—Chicos, no creo que pelearnos sea lo mejor—dijo el de atrás de Alan.
—Sí Chase, lo que tú digas—respondió Sandler con indiferencia.
—Tranquilo Chase, así nos tratamos él y yo.
—Pues que buen compañerismo tienen—dije sin apartar mis ojos del camino.
—Pues seguro que mejor que el tuyo—me habló Sandler y yo lo miré confusa.
—¿Disculpa?
—Hablo de que tú ni siquiera sabes nuestros nombres, solo estás detrás de Alan. No hablas con nosotros y es por eso que no confiamos en ti. Además de que estuviste fuera de los muros por diez años. ¿Cómo sabemos que eres humana y no un espectro camuflado?
Sus palabras eran crueles pero tenía razón. Ellos no tenían ninguna evidencia de que no podría apuñalarlos por la espalda. Y tampoco ayudaba que me mantuviera distante con todos. Pero aún así...
—Eso es cierto. No te pido que confíes en mí. Pero sí te pido que confíes en que no hay nadie que quiera matar a los espectros más que yo. Solo cree eso.
La conversación quedó así y mis ojos estaban nuevamente en el camino. El silencio se tornó incómodo pero no tanto como al principio que no sabía cómo hablarles a ellos dos. Miré atenta a los árboles y detecté movimiento.
—Hay uno a la derecha—dije apuntando en la dirección.
Estaba lista para disparar en cuanto saliera de sus escondite pero un golpe fuerte en el techo nos hizo casi chocar. Por suerte Alan era bueno manejando y logró estabilizar el auto. Algo había caído sobre nosotros y de inmediato la radio de Alan sonó.
—Tienen a uno sobre ustedes. Le dispararemos—se escuchó la voz de uno de los del carro de atrás.
Se escucharon los disparos y luego el cuerpo inerte del espectro rodó por el techo hasta caer al suelo. Seguí tratando de enfocar al que estaba en los árboles pero no tenía buena vista desde la ventana del auto.
—Voy a subir.
—¡¿Qué?!—preguntó Alan estupefacto.
—Siento que hay varios por todas partes. Desde este ángulo no tengo visión. Subiré para matarlos.
—¡¿Te volviste loca?!
—Tranquilo, como si estar contigo ya no la hiciera más loca—dijo Sandler y me miró serio—Procura matarlos antes de que nos maten.
—Eso jamás lo permitiría. Hice una promesa.
Y con eso salí por la ventanilla del auto agarrándome del los bordes del techo y con un poco de impulso ya me encontraba encima. Me agaché y me sujeté con unas cuerdas a los bordes de metal de techo, así no me caería del auto. Los espectros comenzaron a salir al ver un blanco fácil como yo afuera. El que estaba entre los árboles pude dispararle directo al cuello y otro disparo fue en la cabeza. Uno se subió al techo del auto de atrás y le disparé rápido antes de que matara a alguien con sus largas garras. Todos los que nos atacaban eran espectros con boca. No entendí por qué no venían los del sonido.
Sentí un estruendo detrás de mí y al voltearme ya un espectro me tenía la cabeza acorralada. Con la otra mano estaba preparado para perforarme el estómago pero fui más rápida y le desgarré el cuello con la daga que tenía en el muslo. Empujé su cuerpo con mis pies y me lo quité de encima. Seguí atenta pero ya no había movimiento. Pero luego de diez minutos vi frente a nosotros una mancha negra a lo lejos. Enfoqué el visor y la mancha que estaba hace un instante desapareció. Miré a todos lados pero no lo veía.
¡¿Dónde está?!
Entonces una sombra cubrió mi cuerpo. Miré arriba y vi cómo el espectro estaba cayendo en mi dirección. Había saltado para atraparme. Le apunté con el arma pero él fue más rápido y la golpeó. Me levanté y lo enfrenté cara a cara. Era un espectro del sonido. De inmediato se abalanzó sobre mí y tuve que esquivarlo rápido antes de que me tocara. Con la daga traté de apuntarle a las extremidades pero él sabía lo que haría.
Y solo pude esquivarlo lo mejor que podía antes de que me rompiera el estómago. En uno de los esquivos tropecé con el tuvo del borde y caí del techo. Por suerte la soga me tenía sujetada y no permitió que cayera pero el espectro sabía lo que debía hacer. Acercó sus garras a la cuerda y mi cuerpo se tensó ante la idea de caer y ser aplastada por uno de los autos. Pero entonces recordé algo que me había contado Richard.
—¡Alan! ¡Pon en la radio sonido blanco! ¡Ahora!
Alan me hizo caso y el sonido blanco aturdió al espectro haciendo que se tapara los orificios de su cabeza. Escalé la soga de inmediato y con la daga le corté el cuello rápido antes de que pudiera reaccionar, y con una patada lo tiré del auto. Me senté en el techo para calmarme ante el susto de casi caer de un vehículo en movimiento. Jamás había echo una locura como esta así que no entiendo qué me impulsó a subir al techo y actuar como la protagonista de una película de aventuras. Verifiqué que no hubiera ningún otro en los alrededores y entré al auto. Sandler y Chase me miraron sorprendidos y yo solo podía estar confundida.
—¿Qué pasa? ¿Tengo algún trozo de espectro en la cara?
—Eso fue increíble—dijo Chase emocionado—Mataste a todos esos espectros como a insectos.
—Y nos asustamos mucho cuando caíste pero nos sorprendimos cuando estabas amarrada a la cuerda. Y luego ese grito de autoridad a Alan, creo que fue mi parte favorita. Yo pensaba que eras sumisa ante él porque siempre estabas detrás suyo.
Escuchar un cumplido, un poco extraño, de Sandler me emocionó después de como nos tratamos antes.
—¿Qué fue lo que ocurrió allí arriba?—preguntó Alan en el momento que giró a la derecha.
Ya podíamos divisar la valla de púas a lo lejos.
—Nada. Maté a tres espectros con boca y el último era del sonido. Me tomó por sorpresa porque se abalanzó a mí desde arriba y perdí mi arma. Tropecé con el borde y por eso me viste casi muerta. Pero recordé que Richard me había dicho una vez que los del sonido no soportan los sonidos blancos.
Ya al estar cerca de la entrada, unos hombres que custodiaban la entrada nos dieron paso y así todos entramos. Estacionamos los autos en un lugar amplio y todo el escuadrón empezó a bajar. Salí del auto y casi me caigo al sentir que las piernas me temblaban. Parecía que la impresión de hace rato aún no la superaba. Alan se acercó al líder del lugar, no sabía que mi amigo era el líder del escuadrón hasta que me percato de que sus ropas eran diferentes a las de los demás y la forma de caminar firme.
—Buenos días señor. Somos el escuadrón 3 de exploración del refugio. Vinimos para escoltarlos después de escuchar su petición de ayuda.
—¿Ayuda? ¿De qué habla? Yo no pedí nada.
¿Qué? Todos lo miramos confundidos. Pero si Axel nos dijo que solicitaron ayuda porque estaban rodeados. Debe haber un error.
Pero ahora que lo pienso. Si estaban rodeados como decían, ¿por qué no nos encontramos con más espectros? Solo vimos cuatro y fueron en el camino. Tampoco siento que hayan muchos en los alrededores. ¿Qué está pasando aquí?
—Miren, claramente esto es un error—dijo el dueño del campamento—Así que por favor les pido que se retiren y vuelvan a su "refugio".
Me enojó la forma en como nos despreciaba e iba a partirle la cara pero Sandler me detuvo.
—No te preocupes, Alan puede manejarlo.
Su voz segura me calmó. Giré mi vista a mi amigo y en cómo mantenía su postura firme a pesar de que nos estaban echando de aquí.
—Oh, ya veo. Por supuesto señor. Seguro fue un error. Nos retiraremos en cuanto mi equipo se recupere.
—¡Dije que se retiren ahora!—el hombre le gritó amenazante a Alan y todos, incluyéndome, le apuntamos con nuestras armas. El hombre entendió la advertencia.
—Y yo dije que nos retiraremos cuando nos recuperemos. Si nos sigue tratando así nos aseguraremos de que este lugar desaparezca del mapa.
La amenaza era evidente y y el hombre vaciló antes de irse a la que supusimos era su casa de campaña. Alan se acercó a mí con una sonrisa triunfante en el rostro. Yo le sonreí devuelta y empezamos a descargar las cosas del auto. Miré alrededor percatándome del lugar en el que estábamos. Las casas eran simples casas de campañas improvisadas. Habían varias personas pero antes de llegar mi equipo y yo consideramos la posibilidad de que aquí hubieran también espectros disfrazados.
—El tipo es un espectro—me anunció Alan sacando el botiquín de primeros auxilios.
—Entonces hay que matarlo.
—¿Pero cómo lo hacemos sin que se alarmen?
—Los formaremos en dos filas, así los mataremos delante de las personas y se darán cuenta. Pero primero hay que matar al jefe—me senté en una roca grande que había cerca y Alan se arrodilló frente a mí con el botiquín abierto.
—Está bien, pero primero que todo hay que sanarte el brazo.
Sabía que se había dado cuenta en el auto. Traté de ocultarlo pero él ya se había dado cuenta. Me quité el chaleco y la herida que me hice al caer del auto quedó expuesta. No era profunda pero Alan no se iba a quedar tranquilo hasta que estuviera sanada. Chase se acercó a nosotros y por supuesto me preguntó cómo me hice la herida. Luego le informó a Alan que debíamos esperar un poco más ya que los últimos autos recibieron mucho daño y a duras penas pudieron llegar hasta aquí. Mi amigo dio órdenes de atender a los heridos y a mí de revisar el lugar.
Me levanté de mi asiento y, con la daga en la funda y una pistola en la cintura, me aventuré por las casas. Habían personas de todas las edades pero cuando pasaba frente a ellas me miraban con miedo y se apartaban. Solo pude divisar algunas marcas de espectro pero no estaba segura si eran las únicas. Caminé por la valla de púas en busca de algún espectro a lo lejos o algo defectuoso. Al pasar por una parte más apartada veo un hueco pegado a la tierra en la valla. Me acerqué a inspeccionar y hasta la tierra estaba ligeramente hundida en ese lugar.
Me alejé un poco siento que alguien se estaba acercando por detrás. Cuidadosamente saqué el arma de mi cintura. Pensé que sería el jefe y con un movimiento rápido de mis pies me volteé apuntando con el arma al ser que me vigilaba. Pero en vez de encontrarme con él jefe, delante de mí estaba una muchacha de tal vez 25 años o más. Su cabello castaño estaba recogido en una coleta y vestía unos pantalones sucios de tierra al final de las patas, una camisa de cuadro roja y unos zapatos rasgados. Sus manos temblorosas estaban levantadas y su rostro demostraba terror.
—Voltéate—le ordené y así hizo. En su cuello no estaba la marca así que solté un suspiro—Ya, puedes girarte—dije guardando el arma.
Ella se volteó otra vez y me miró con más detenimiento.
—¿Cómo te llamas?—me preguntó primero y, aunque aún confusa le respondí.
—Crystal.
—No puede ser—dijo sorprendida.
—¿Qué?
—¿No me recuerdas?
—¿Tengo que hacerlo?
—Soy Miriam.
Entonces mi cerebro lo procesó. Miriam, la novia de mi hermano. No sé cómo pero mis pies se movieron solos y abracé a la chica con todas mis fuerzas. Sentía una felicidad inmensa, alguien de mi vida de antes seguía con vida. Recordé de inmediato los tiempos en que ella iba a casa y jugaba conmigo o cuando me traía dulces. Yo la quería mucho, como una hermana mayor.
—Estoy tan feliz. Estás a salvo—dijo apretándome en el abrazo y sentí como su voz se quebraba cada vez que decía algo.
Se apartó de mí un momento y me miró con atención.
—Estás tan grande. ¿Estás comiendo bien? ¿Estás bien? Vi que viniste con los soldados del refugio. Pero ahora que te analizo eres una de ellos. No te tratan mal ¿verdad?
Quería responder a cada una de sus preguntas pero había una que era la más importante.
—Miriam, ¿dónde está mi hermano?