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Capítulo 6

Espectro · por nairaru-chan · 28 de julio de 2026

—"Pobre. Volviste a quedarte dormida—una voz hizo eco en mi cabeza, no podía reconocer si era mía o de alguien más—No te preocupes. Despertarás pronto"

 

Abrí los ojos de golpe y el dolor de cabeza era insoportable. Traté de mirar todo a mi alrededor. Estaba en una sala blanca y olía a cosas estériles. ¿Estaba en un hospital o algo así?

 

Con ayuda de mis brazos me senté en la cama y a mi lado estaban Sarah y Alan dormidos. Alejados uno del otro, por supuesto. Cerré los ojos y recordé todo lo que ocurrió, el plan, los espectros muertos, cuando ese espectro me clavó la jeringa. Fue un día difícil sin duda. Sarah fue la primera en despertar y se sorprendió mucho al verme.

 

—¡Crystal!—pegó un grito que asustó a Alan haciendo que se cayera de la silla.

 

—Mamaaaaá, cinco minutitos más—dijo mientras se frotaba la cabeza desordenando su roja melena.

 

—Imbécil, que Crystal despertó.

 

Él me miró y se sorprendió tanto que hasta se le aguaron los ojos.

 

—¡Crystaaaaaal!—me tomó desprevenida su abrazo—Pensé que te iba a perder—dijo mientras soltaba pequeñas lágrimas.

 

—Estoy bien. Solo me dormí un rato.

 

—¡¿Un rato?!—exclamaron los dos a la vez.

 

—Estuviste dormida una semana. Casi te daban por muerta si no era que aún tenías pulso—dijo Sarah.

 

—¿Una semana? ¿Por qué tanto?

 

—No se sabe—me dijo Alan mientras se despegaba de mí—Según los médicos, ese espectro te inyectó sedante potente, pero solo para que durara unos dos días, no una semana entera.

 

—¿Soñaste algo o sentiste algo inusual para que eso ocurriera?

 

—No, no recuerdo nada. Pero ahora que lo pienso eso es normal.

 

—¡¿Normal?!—volvieron a exclamar los dos a la vez.

 

—Sí. A veces me quedaba dormida por mucho tiempo por el cansancio. Allá afuera no dormía como debía así que mi cuerpo se rinde y me duermo por varios días. Nada del otro mundo.

 

—Sí es del otro mundo—dijo seria.

 

—Bueno, bueno, ¿y qué pasó? ¿Todos están bien?—pregunté.

 

—Sí. Mientras todos se reunían, los oficiales revisaron a cada persona para comprobar que no estuviera ningún espectro—explicó Alan—Luego el líder les explicó la verdad a todos.

 

—Por supuesto cundió el pánico, pero todo se calmó cuando dijeron que ya había una persona encargándose del asunto—esta vez habló Sarah.

 

—Y yo aquí durmiendo plácidamente—me pasé una mano por la maraña de pelo que se me había formado—Bueno, entonces eso significa que el plan fue todo un éxito.

 

—Sí, el plan Mataespectros funcionó al cien por ciento—Alan sonrió aliviado.

 

—¿En serio? ¿Mataespectros? ¿Qué clase de nombre es ese?—preguntó Sarah con cara de disgusto.

 

—El que yo le puse, y le pega perfectamente.

 

—Claaaaro, solo un tonto como tú podría ponerle esa clase de nombre.

 

—Oye, yo no te he insultado en ningún momento.

 

—Chicooos—dije arrastrando las palabras en mi boca por el cansancio—No hagan ruido, aún siento como si me martillaran la cabeza.

 

—Ah, perdón. Iré a buscar a la enfermera, no tardo—dijo Alan y salió rápido dejándome con Sarah a solas.

 

El ambiente relajado que había se fue con Alan. El silencio era bastante incómodo. Bueno, tiene todo el derecho de estar molesta, maté a un espectro delante de ella pero aún así tenía el aspecto de un humano. Cualquiera diría que era solo una asesina en serie. Traté de buscar algún tema de conversación pero con ella era muy difícil. Demasiado.

 

—Oye...

 

Fue la primera en hablar y captó toda mi atención. Sus manos estaban sobre sus piernas y jugueteaba con sus dedos. Estaba nerviosa.

 

—Lo que pasó allí...quiero decir...—se le veía bastante indecisa—esa chica...

 

—Perdón.

 

Se sorprendió cuando me escuchó disculparme.

 

—Es verdad que era un espectro pero aún así seguro te asustaste. Lo siento. A partir de ahora si quieres no me entrometeré más, pero cuando se trate de espectros no me quedaré atrás.

 

—Pero...

 

—Y si quieres también puedo irme de la cabaña. Después de todo es como dijiste, solo soy una extraña que no podrá entender lo que en verdad ocurre aquí.

 

—Oye...

 

—Me uní al equipo de exploración como excusa para poder salir y así escapar de aquí. Así que ya no te tendrás que...

 

—¡Para un segundo!—me gritó enojada—Detente, nunca quise decir nada de eso. Yo...

 

—Así que ya estás despierta.

 

—¡¡¡Dejen de interrumpirme, por el amor de Dios!!!—gritó frustrada pero no se dio cuenta de a quién le gritó.

 

Axel estaba en la puerta de la habitación muy quieto y con la cara de confusión más grande de todas. Ella lo vio y se percató de su terrible error.

 

—A-ah, perdón, estaban hablando, vuelvo en otro momento—dijo Axel apenado y casi se iba hasta que Sarah lo detuvo.

 

—¡No, no! Fue mi error. Discúlpeme, en serio lo siento. Ya me retiro—se levantó del asiento y se dirigió a la salida. Se puso en el marco de la puerta y me miró por última vez—Tú y yo tenemos una conversación pendiente—dijo eso con rabia y luego se fue.

 

Se formó un silencio de confusión entre Axel y yo. Tomó asiento a mi lado.

 

—Tienes una amiga activa.

 

—No, no somos amigas. Me detesta.

 

—Pues yo no creo eso.

 

—¿A qué te refieres?

 

—Se quedó a tu lado todo este tiempo. Entre ella y Alan se turnaban para cuidarte. Fue la que más se preocupó.

 

—Tal vez se sienta culpable porque podría haberme pasado algo peor por entrometerse—tenía que decir la verdad, ella no está interesada en conocerme ni nada de eso.

 

—Bueno, creas lo que creas, yo pienso igual—sus palabras tenían la intención de ayudarme, y así hicieron por unos segundos hasta que recordé a quién me dirigía.

 

—Entonces, señor—me puse firme—Escuché de Alan que ya todo está en orden.

 

—Sí. Les conté la verdad a todos, después de todo, odio las mentiras y prefiero decirles la verdad.

 

—Pues me alegra de que todo haya salido bien. En unos minutos saldré de aquí y...

 

—¿Quién lo dice? Te quedarás aquí hasta que te recuperes por completo—su seriedad volvió.

 

—Usted no sabe el mal que me hace estar en un lugar como éste.

 

Sí. Desde pequeña, cada vez que entraba a una sala blanca o algo así que se relacionara con un hospital me mareaba e incluso llegaba a desmayarme. Justo ahora no siento nada, tal vez lo superé con los años. Pero tal vez llegue el momento y no quiero dormir de nuevo.

 

—No es no. Esperaremos a que la doctora te dé de alta.

 

Su terquedad era increíble. Bueno, como la mía. Pero esta vez deberé desistir porque, uno, no tengo fuerzas para pelear, y dos, me retendrán de inmediato si trato de escapar. La doctora llegó al momento y me hizo unas cuántas preguntas las cuales les respondí sin mucha importancia. Al final dijo que todo estaba en orden y miré al líder con total obviedad. Él fue el que desistió esta vez y me dejó ir. Me quedé sola en la habitación para cambiarme de ropa. Me miré en el espejo después de ponérmela y mi mente comenzó a jugar conmigo. Vi manchas negras como la sangre de los espectros por todo mi cuerpo hasta mi rostro. Las imágenes y los pensamientos locos que tuve volvieron a mi cabeza. Me aterré por eso. Siempre pasaba. Cada vez que iba a matar un espectro, algo en mí cambia y cometo locuras al matarlos. Hubo una vez que me pasó de nuevo lo que ocurrió con mis padres. Perdí el conocimiento y cuando volví en mí observé lo que había hecho, había desgarrado los cuerpos de unos espectros y los había hecho trizas. Recuerdo que vomité por un tiempo y no maté a ninguno más después de unos días cuando me recuperé mentalmente.

 

"No te preocupes. Hiciste lo correcto"

 

La voz de mi cabeza hizo que me calmara. Porque tiene razón. Eran espectros y todos debían morir. Terminé de acomodarme el cabello y salí de la habitación. Axel y Alan estaban ahí, sentados en una banca del pasillo. Alan tenía unos refrescos en su mano. Le brindó a Axel pero éste se negó. Cuando me vieron se levantaron y mi amigo se me acercó para ofrecerme un refresco.

 

—¿Quieres? Es de uva. No sabía cuál era tu favorito así que elegí uno de mis favoritos—su sonrisa era muy inocente.

 

—Que bueno que tenemos los mismos gustos—lo agarré y le di un sorbo. ¿Hace cuánto que no pruebo de estos?

 

—Vamos—dijo Axel y lo seguimos por el pasillo.

 

Al llegar al ascensor me quedé entre Axel y Alan. El silencio lo sentí extraño. Era como si Alan me quisiera decir algo pero no podía. Lo miré de reojo y era evidente, no paraba de balancearse sobre sus propios pies. Perdí la poca paciencia que me quedaba y le hablé.

 

—¿Qué ocurre Alan? Estás demasiado callado.

 

—¿Eh? No nada. No me pasa nada. ¿Crees que me pasa algo? Claro que no. Yo solo...

 

—Una multitud de gente te espera afuera—habló Axel muy serio como si nada.

 

—¿Qué? ¿Por qué?

 

—Porque todos quieren saber quién fue la persona que los salvó de una posible tragedia.

 

—¿Era eso lo que querías decirme Alan?

 

—Sí. Es que no sabía cómo asimilarías que decenas de personas te recibieran apenas salieras de un sueño casi eterno. Una de mis opciones era salir por la puerta trasera del lugar.

 

—Este lugar no tiene puerta trasera—le informó Axel.

 

—Eso no lo tenía en mente.

 

—Tranquilo Alan. Estaré bien, no me molesta.

 

Las puertas se abrieron y al salir del lugar pude confirmar lo que dijeron. Todas las personas del campamento estaban allí, esperándome. Me sentí nerviosa entre tanta gente y que todos me miraran. Axel fue el que dio el paso al frente y habló, porque sí, siempre tenía que hablar.

 

—Ésta es la chica que los salvó a todos. Crystal.

 

Levanté la mano en un débil gesto de saludo y todos me aplaudieron. Jamás había pasado algo así. Siempre estaba en las sombras ayudando sin ser detectada por nadie. Pero ahora, que todas estas personas sepan que hice algo por ellas y me feliciten, me hace sentir bien. Pero la vergüenza siempre presente. Axel se fue con sus guardias hacia que se yo qué lugar y me quedé con Alan tratando de salir de allí. Según Alan, el líder nos dejó a los leones, o algo así dijo. Muchas personas se me acercaron para agradecerme y otras simplemente se mantenían alejadas para dejarme pasar. Creo que en las telenovelas se daba un discurso o algo así, pero ni siquiera había pasado por mi cabeza que todas estas personas supieran que fui yo.

 

Después de unos saludos, agradecimiento y disculpas por pisotear zapatos, llegué a mi cabaña exhausta. Alan llegó a la suya sin problemas que quedaba no muy lejos de la mía. Fui directo hacia mí cama pero me llevé un susto enorme al ver a Sarah sentada en ésta con los brazos cruzados y mirándome con ojos de querer verme muerta.

 

—Ho-hola de nuevo. Ehm, ¿hice algo malo?

 

—Siéntate.

 

No necesitó decirlo dos veces. Me senté en la chilla más cercana con una postura recta. Ella soltó un suspiro y se relajó un poco más.

 

—Acerca de lo que pasó con el espectro...

 

—Ya te dije que todo está bien y...

 

—¿Volverás a interrumpirme?—me amenazó con la mirada y su tono imponente.

 

—Nop, por supuesto que no, continúe.

 

—Bien. Respecto a lo que pasó te debo una disculpa. No sabía que ella era esa cosa. Pero debes entenderme, ella era una amiga. Mi única amiga—dijo con la voz apagada—Por eso me sorprendí cuando tenías el cuchillo en la mano. Me interpuse en tu camino sin conocer la gravedad de la situación.

 

—Lo entiendo, perdón por asustarte. Es que me temía que pasara lo peor.

 

—Además, dijiste que querías una explicación del porqué te traté así cuando nos conocimos. Te lo explicaré todo. Antes de venir aquí, yo estaba en un laboratorio. Mi madre era una científica y ese día me llevó a conocer su trabajo. Estaba súper emocionada, siempre me ha gustado la ciencia e inventar cosas. Cuando llegamos todo estaba normal hasta que los espectros atacaron el lugar. Yo estaba en una sala apartada así que no me pasó nada. Pero salí en cuanto no escuché nada. Cuando vi todo aquello me aterré. Tenía mucho miedo—sus manos estaban temblando sobre sus piernas. Se notaba que era muy duro para ella confesarse así—Seguí el camino de cadáveres y encontré el de mi madre recostado en una pared. Sus ojos estaban abiertos pero miraba al vacío. Recuerdo haberla llamado unas cuantas veces y como no respondió seguí caminando mientras lloraba como nunca. Fuera del lugar estaban esas cosas pero ya muertas. Un equipo de oficiales habían acabado con todas las criaturas. Les tuve miedo, los vi tan imponentes que pensé que me harían lo mismo a mí. Hasta que se apareció ella, la madre de Alan.

 

<<Me extendió una mano mientras me sonreía cálidamente. Pensé que era un ángel con sus ropas blancas. Me llevó con ella hasta el helicóptero y ya adentro vi a un niño pelirrojo sentado en un rincón temblando. Se sentía igual que yo, asustado, confundido. Me senté a su lado y le dije que todo estaría bien, que estábamos a salvo. Me dijo que se llamaba Alan y yo me presenté a él como Sarah. Aterrizamos en este lugar y la mujer que nos salvó, nos adoptó temporalmente como sus hijos. Alan y yo convivimos un buen tiempo juntos hasta que cumplimos catorce años y descubrimos los sentimientos que sentíamos por el otro. Él fue el primero en confesarse y yo le dije que sí. Luego de eso solo duramos un año porque él comenzó a cambiar. Empezó a hacer amigos nuevos que no eran muy simpáticos. Se dejó influenciar demasiado y terminó convirtiéndose en alguien irreconocible. Le dije lo que ocurría y como siguió negándolo nos separamos. Creí que así sería todo, pero luego él comenzó a hablarle a los otros para que me apartaran. Cada chica que llegaba aquí como mi compañera no duraba ni un mes, la última duró una semana nada más. Por eso pensé que tú serías igual y te lo pregunté al principio. Después de todo, todas ellas eran algo de Alan. Y como tú viniste con él te juzgué sin conocerte. En serio perdón.

 

Vale. Mucho que procesar después de dormir una semana entera. Pero lo que no logro analizar es la actitud de Alan según como ella me dijo. 

 

—Lo sé, seguro piensas que es imposible que actúe así cuando contigo es muy bueno—me leyó la mente—Pero es así con todos. Te trata bien y a tus espaldas te habla mal.

 

—Vale, ya escuché tu versión de la historia, ahora quisiera la de Alan, tiene derecho.

 

—Sí, por supuesto. Solo no te dejes engañar ¿Ok?

 

—Ok, ¿esto significa que ya estamos en buenos términos? ¿No hace falta que me vaya?

 

—No, no hace falta, ¿y tú de verdad pensabas irte del campamento?

 

—Bueno, sí, pero si ya estamos bien entonces no hay necesidad.

 

—Sí. Me alegra que me comprendieras—me sonrió, la primera vez que la vi sonreír.

 

—Para eso están las amigas—me callé de golpe porque asumí algo que ni siquiera estaba segura.

 

—¿Amigas? ¿Ya me consideras tan rápido tu amiga?

 

—Jamás he tenido una así que hablé sin pensar. Lo siento mucho—hablé decepcionada.

 

—Está bien—la miré confusa y ella me sonrió—Seamos amigas.

 

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