Reporte del día:
Me levanté con un dolor de cabeza insoportable. Casi me caigo de la cama. El agua de la ducha salió demasiado fría. Y para colmo, Sarah no ha querido hablarme en todo el día.
Qué asco de día.
—Alguien se levantó de mal humor hoy—escuché decir a Alan mientras me observaba golpear el saco de boxeo con rabia.
—Bueno, eso es lo que pasa cuando tienes a una gruñona y testaruda como compañera de cuarto.
—Ah, claro, es por Sarah. No le hagas caso, ella es buena persona—detuve los golpes y lo miré.
—¿Cuándo fue la última vez que hizo algo bueno por ti?
—¿La última? Ni siquiera hubo una vez.
—Y aún así la defiendes.
—Es que es complicado.
—¿Tú también me vas a ocultar cosas?
—¿Qué cosas?—me preguntó confundido—Da igual, alégrate de que al menos tienes a un compañero de cuarto que te habla.
—¿Por qué lo dices?
—El mío es súper extraño. No me habla y siempre vuelve súper tarde de algún lugar.
—Te has fijado si es un...
—Sí, lo hice. Y lo voy a admitir, es un poco molesto porque es como enterarte que la persona que estuvo todo este tiempo a tu lado es tu enemigo. ¿Tú lo hiciste con Sarah?
—Claro, no podía dormir de solo pensar que tuviera que estar al lado de un espectro.
—Eso significa que también lo hiciste conmigo.
—Cuando me llevaste a la oficina del líder, estaba detrás de ti así que pude comprobarlo.
—Bueno, eso significa que ahora confías más en mí—me sonrió y solté un suspiro.
—Sí, se podría decir que sí. ¿Hablaste con el líder de nuestro plan?—al decir eso se enderezó un poco y se puso serio.
—Sí, dice que si quieres se puede efectuar mañana mismo.
—Pues avísale que a primera hora comenzará la cacería—dije firme a mi decisión de comenzar cuanto antes.
...
Al otro día una fuerte sirena sonó en todo el lugar. La gente confundida se reunieron en un gran terreno vacío donde había una plataforma y allí estaba el líder con, según Alan, sus manos derechas. Los reconocí de aquella vez en la oficina, eran el entrenador y la chica que desde que la vi no me cae muy bien. Alan se posicionó delante de todos ya sabiendo lo que debía hacer. Yo me quedé entre la gente justo al lado de un espectro para saber que harán cuando se anuncie la noticia. El líder, Axel, le dio unos golpecitos al micrófono para comprobar que funcionara y comenzó a hablar.
—Les agradezco a todos su presencia aquí. Hicimos un llamado urgente por una situación actual. Como bien saben, es nuestra obligación como el Campamento Central ayudar y dar apoyo a los demás campamentos de la zona. Es por eso que llegaron múltiples personas heridas en la noche y se necesita la ayuda de todos para una donación de sangre.
Gracias a su posición de líder y su inteligencia pudo hacer un pequeño simulacro en la noche y hacer parecer que venían llegando muchas personas por si alguien dudaba de sus palabras. Y esto que acaba de decir lo confirmó todo.
—Nuestros oficiales los guiarán a las zonas donde se realizaran las operaciones necesarias. Les agradezco su cooperación.
Esas fueron sus últimas palabras y todos fueron dirigidos por los oficiales incluyendo a Alan. Por un momento nuestras miradas se cruzaron y asentimos con la cabeza para dar paso a la siguiente fase del plan, incluirme como una de ellos. El que tenía al lado lo escuché decir que irían detrás de un edificio en una casa apartada. Allí me dirigí y me topé en el camino con varios de ellos. Cuando pasé el edificio y estuve frente a la casa un hombre corpulento me bloqueó el camino. Sabía bien que era un espectro, y por lo visto uno muy problemático.
—Disculpa, ¿quién eres?
—¿Ustedes no son como yo?
—¿De qué hablas?—el hombre preguntó molesto.
—Soy una de ustedes, mira—aparté mi pelo del cuello para que vieran la marca que me pintó Alan con carbón y otras cosas que le echó para que no se viera sospechoso.
—A ti no te conozco—que testarudo que era este hombre.
—Yo soy la chica que llegó con la mujer y el niño. Ella me habló de este campamento y pensé en venir para ver cómo era. Me sentí un poco perdida en un lugar tan grande pero al ver que habían más como yo me sentí bien e incluso he querido hablar con ustedes pero seguro notaron que ese oficial hipócrita me sigue a todos lados—perdón por ofenderte Alan pero necesito entrar.
—Bien, pasa, como no sabes cómo realizamos las cosas aquí te las explicaremos adentro.
El hombre al fin abrió la puerta y a simple vista parecía una cabaña normal como la mía. Pero debajo del armario había una puerta secreta como la de un sótano. Al abrirla se veía todo oscuro y una tenue luz al final. Él me hizo una seña de que lo siguiera y así hice, por supuesto. Mientras bajábamos las escaleras, le mandé un mensaje en secreto a Alan de mi ubicación y luego apagué el teléfono. Al llegar al último escalón los vi a todos reunidos. Habrían al menos unos 30 en el lugar. Y no lo voy a negar, me emocionaba la idea de matarlos a todos en cuanto piensen que soy de fiar.
—Compañeros, tenemos a una nueva miembro, ¿Cómo te llamas?—se dirigió a mí y con una sonrisa inocente les contesté.
—Crystal.
—¿Eres igual a nosotros?—preguntó una mujer de unos treinta y tantos años.
—Sí. Vine hace unos días pero no tuve tiempo para hablar con ustedes.
—Mira niña, así son las cosas—comenzó a hablar el hombre—En este lugar hay mucha gente por lo que el más mínimo error que cometas se enterarán muy rápido y ese idiota que se hace llamar líder nos descubrirá. Es por eso que debes controlar tus deseos de comer carne humana. Uno de los nuestros es el encargado de la morgue aquí, mediante él conseguimos la comida aunque esté a medio descomponer.
—No importa, no soy quisquillosa.
—Eso es bueno. Siempre que él diga, nos reunimos aquí para comer. Por lo demás solo sigue actuando como una de ellos
—Bien, entendido. ¿Y ya somos todos?
—No, aún faltan tres, el de la morgue, otro que ya debe estar al venir y una chica del laboratorio.
—¡Malas noticias!—se escuchó el grito de un chico mientras bajaba las escaleras y todos lo vieron agitado.
—¿Qué pasa?—preguntó otro joven que estaba recostado en la pared.
—El hombre de la morgue ha desaparecido.
—¿Qué?—se exasperaron unos cuantos.
—No aparece por ningún lado. Fui a buscarlo pero no está en su cabaña ni en la morgue.
—¿Será que lo descubrieron?—preguntó una mujer y otra persona le habló.
—¿Pero cómo? Nadie conoce nuestras marcas y siempre tratamos de ocultarlas o decir que son marcas de nacimiento.
—Eso no importa ahora, lo que importa es saber dónde está—dijo el hombre corpulento.
Yo solté una pequeña carcajada la cual estuve conteniendo todo este tiempo. Todos me miraron confundidos.
—Yo sé donde está.
—¿De qué hablas?
—¿Quieren saberlo? No se preocupen—saqué el cuchillo que tenía escondido en mi pantalón—Pronto estarán en el mismo lugar.
El hombre corpulento fue el primero en abalanzarse contra mí pero por su gran tamaño y peso se movía muy lento así que solo bastó un corte en la garganta para matarlo. Me manché un poco con su asquerosa sangre negra pero no me importó porque delante de mí había una buena cantidad de espectros confundidos sin saber qué hacer para sobrevivir. Qué divertido.
—Bien, entretenganme—dije sonriendo mientras los apuntaba con el cuchillo.
Corrí hasta donde estaban y maté a los dos primeros con heridas mortales en el cuello y el estómago. Sus chirridos agonizantes no me detuvieron. Al contrario, quería escuchar más, quería saber cuál de ellos iba a suplicar por que lo deje vivir. Seguí a donde un grupo de mujeres y las herí de igual forma, opusieron resistencia pero eran muy débiles por no comer hace días. Unos hombres me detuvieron desde atrás y con un salto impulsándome por su agarre, los tiré hacia atrás y les disloqué las cabezas para que dejaran de estorbar. Pero algo que aprendí de ellos es que para matarlos debes ver sangre correr. Parecían unos zombis cuando se levantaron y se volvieron a colocar la cabeza. Fui más rápida y se la corté separándola de su cuerpo. Ya solo faltaban diez. No me tomó mucho tiempo matarlos, simplemente utilicé las técnicas de combate que me enseñó Richard y los destruí a todos.
El lugar era un completo desastre. Sus cuerpos se desintegraban pero la sangre negra aún estaba presente en cada rincón. Aún quedó uno que se estaba desintegrando desde abajo hasta la cabeza.
—¿Por... qué...lo hiciste?
—Porque soy una asesina de espectros.
—Tú...eres como nosotros.
—Los engañé, no soy una criatura asquerosa como ustedes.
—Es cierto que no somos... humanos...pero tampoco somos espectros.
—Pues sean lo que sean se comían a los humanos, eso significa que son mis enemigos.
—Estás... equivocada.
Y con eso se desintegró por completo. No me importó lo que dijo. Simplemente me fui de allí y salí de la cabaña. Entonces es cuando recuerdo todo lo que hice. Maté despiadadamente a esas criaturas, estoy llena de sus sangres. Y lo peor es que actué como una total psicópata. Quería matarlos, hacerlos sufrir, verlos agonizar y escuchar más de sus gritos. Me divertí al hacerlo. Se me revolvió el estómago y casi me dieron ganas de vomitar pero respiré profundo y me calmé. Entonces recuerdo que aún esto no ha terminado, faltaba una, la del laboratorio. Por suerte Alan me explicó antes donde quedaba y me dirigí allí de inmediato.
Corrí hasta el gran edificio. No había nadie en el primer piso ya que supuestamente deberían estar con los demás en el donativo. Busqué con la mirada alguna puerta o señal que me dijera algo de laboratorio, y lo encontré. La señal indicaba a la derecha, la seguí. Luego debía bajar en el ascensor hasta el subterráneo. El espectro que quedaba estaba aquí, debía estar aquí. Se abrieron las puertas y corrí por el pasillo hasta ver una puerta al final. La estúpida tenía seguridad, intenté de todo pero nada, no me sabía la contraseña. He hice lo que toda persona sensata haría, romper el panel de seguridad para que la puerta se abriera de forma automática. Deberían llamarme la maestra de las puertas eléctricas. Entré y vi un lugar blanco lleno de... esas cosas que se ven en las películas que tienen los laboratorios. Habían personas, que por supuesto detuvieron todo lo que hacían para observarme extrañados, pero ninguna era el espectro. Abrí otra puerta a mi derecha pero nada. Seguí abriendo puertas hasta que por fin la encontré. Estaba despaldas a mí y le vi la marca clara en el cuello. Aunque tuve otra vez el impulso de hacerla sufrir y ver cómo se desintegraba lentamente, me contuve y traté de ir sigilosa para matarla sin que me notara. Bueno, ese era el plan. La puerta detrás de mí se abrió y entró otra chica que desearía no hubiera estado allí.
—¿Crystal?—dijo Sarah llamando la atención del espectro—¿Qué haces aquí? Ésta es un área restringida. Deberías estar con los demás en el donativo de sangre.
—Este no es el momento Sarah, luego hablamos.
—¿Por qué estás así? ¿Por qué tienes un cuchillo?
—Vengo a matarla a ella—miré desafiante a la chica espectro que buscaba desesperada una salida.
—¡Sarah, ayúdame! ¡Me quiere matar!—le gritó suplicante como si fuera la víctima.
—¡Crystal! ¿Qué crees que haces?—y ahora ella me estaba gritando a mí.
—No tengo tiempo para explicártelo ahora Sarah.
Cuando caminé unos pasos para llegar al espectro, Sarah tuvo que interponerse en mi camino.
—¡Sarah, apártate!—le grité enojada pero ella no se movió ni un milímetro.
—No te dejaré matarla, ¿estás loca?
Observé por encima de su hombro al espectro sonriendo y cogió algo de detrás de ella para clavárselo a Sarah.
—¡Maldición!—me abalancé a Sarah para apartarla y recibir yo el golpe del espectro.
Me clavó una aguja con una sustancia que desconocía. Pero deducí que sería un sedante porque el cuerpo lo sentí muy pesado y no podía mantenerme de pie. Caí arrodillada en el suelo y no seguí cayendo porque Sarah me sostuvo rápido confundida ante lo que hizo su compañera. El espectro estaba escapando. No podía ir tras ella. Por un momento creí que ya, uno se me escaparía. Pero una voz en mi cabeza me habló.
"Lanza el cuchillo"
Y así hice. Mi cuerpo reaccionó al mandato y se lo lancé con las fuerzas que me quedaban. Quedó clavado en su garganta haciendo que soltara mucha sangre. Por fin mi cuerpo se rindió. Solo podía escuchar los chillidos del espectro lejanos. La voz de Sarah llamándome. Y luego unos cuantos pasos más. En ese momento me quedé dormida.