—Los espectros se clasifican en distintos grupos.
Escribí en una gran pantalla con un marcador. Todos estaban expectantes a mi explicación. Incluso Alan, que le habían ordenado irse, se sentó en una esquina para observar lo que escribía.
—Los iré nombrando desde el menos peligroso. Están los espectros de los cinco sentidos. Éstos se dividen en los del gusto, son seres que solo tienen una boca. Son bastante torpes y sin duda fáciles de matar.
Mientras explicaba iba haciendo flechas y esas cosas que había aprendido en la escuela. Lo poco que sabía.
—Están también los del olfato. Éstos pueden detectar a su presa mediante unos pequeños orificios que tiene en la cara disimulando una nariz. Ellos huelen el miedo. Yo puedo pasar desapercibida frente a ellos pero no creo que ustedes puedan. No están acostumbrados. Los otros son los del oído. Pueden escuchar la respiración de una persona hasta un radio de treinta kilómetros, por eso hay que practicar en controlar la respiración y las palpitaciones del corazón o sino pueden darse por muertos. Los espectros del tacto son bastante peligrosos. Son más veloces que los demás y te detecta mediante las vibraciones del suelo, a donde vayas o te escondas él siempre te encontrará. Y el último y más peligroso de todos los mencionados es...
—El de la vista—dijo Alan emocionado levantando la mano como si estuviera dando una clase y él se supiera la respuesta a la pregunta. Yo asentí ante su afirmación.
—El de la vista puede verlo todo, incluso tu alma. Cuando encuentra su presa jamás la deja hasta que se la come. Solo me he encontrado con este una vez y no fue fácil matarlo. La cosa es saber planear una estrategia.
—Dijiste que habían más espectros. ¿Cuáles son?—preguntó el líder serio y alucinado por mis explicaciones.
—Mientras merodeaba la zona hace unos años, me topé con un campamento no muy alejado de aquí. Allí están los espectros que jamás me he enfrentado a ellos. Son mucho más inteligentes. Podrían imitar perfectamente a un humano. Ellos tienen la capacidad de optar forma humana como el que estaba aquí. Estoy segura de que hay más y si descubren que uno de ellos murió ocurrirá una gran masacre en esta ciudad.
—Entonces cómo podemos atraparlos sin que se den cuenta—preguntó la chica.
—Eso aún debo pensarlo, pero lo que se me ocurre por ahora es reunirlos a todos en un solo lugar. Quisiera ver a todos los habitantes para verificar si tienen la marca. Seré precavida.
—Yo seré tu guía—levantó la mano Alan sonriendo—Te llevaré a cada rincón de este lugar y...
—Quisiera que todos se vayan, quiero estar a solas con ella—lo interrumpió el líder, con esa mirada amenazante.
Todos obedecieron, incluso Alan que estaba molesto por su interrupción. Estábamos los dos solos en la gran sala. Se veía relajado. ¿Qué quiere decirme qué incluso sacó a todos? El aire se tornó tenso. Me sentía un poco incómoda. Él no despegaba sus ojos de mí. Es irritante.
—¿Qué quieres?—pregunté molesta y cansada por su incesante mirada.
—¿Cómo sobreviviste todo este tiempo?
Otra vez esa pregunta.
—Estudié al enemigo y luego planeé estrategias.
—¿Qué edad tienes?—me atacó con otra pregunta extraña.
—Tengo 23. ¿Por?—¿a qué quería llegar con todo esto?
—10 años.
—¿Qué?
—Hace 10 años que ocurrió todo esto. Tú solo tendrías en ese entonces 13. ¿Cómo sobreviviste?
Ja. Quiere saber cómo escapé de todo este infierno siendo tan pequeña.
—No lo recuerdo—me miró confundido—Solo sé que los espectros mataron a mis padres, mi hermano tal vez esté también muerto y yo recuperé la conciencia cuando ya los espectros estaban muertos teniendo en mis manos un cuchillo. De alguna forma yo los maté pero no lo recuerdo. Puede ser que mi ira tomara en ese momento el control de mi cuerpo y los matara.
—Pero aún así...
—Te dije que no lo recuerdo—lo interrumpí con una mirada amenazante. Cualquiera diría que estábamos en una competencia de miradas.
—Está bien—por fin dijo derrotado—Ya puedes irte.
—Quiero saber tu nombre.
Él me miró confuso. Yo me mantenía seria. Seguro piensa que para qué. Bueno, no puedo dirigirme a él solo por líder. Quiero saber su nombre y entenderlo. Desde que lo vi parecía un hombre de pocas palabras, muy centralizado en su trabajo y demasiado terco. Pero aún así por su voz, aunque sea imponentemente autoritaria y a veces aterradora, sé que es un hombre de confianza, leal y capaz de sacrificarse por los demás. Espero que esa última virtud no sea su boleto directo a la muerte.
—Axel.
Su voz sonó suave.
—Entonces así te llamas. Siento por tu tono que no estás acostumbrado a decírselo a los demás.
—Es algo así—contestó mirando hacia otro lado como si estuviera avergonzado.
—¿Y cuántos años tienes?
—28.
—Ya estás muy viejo—le dije sonriendo.
—Se acabó el interrogatorio. Fuera de aquí.—ya me volvió a hablar de forma aterradora.
—Pero aún tengo preguntas...
—¡Fuera!—me gritó furioso. Planeaba asustarme pero ya ni los espectros me dan miedo.
—Vale, no hace falta que grites.
Me acerqué a la puerta y me volteé para verlo. Aún estaba mirándome esperando a que me fuera. Salí del lugar y cerré la puerta detrás de mí.
—Waaaooh—se escuchó la voz del pelirrojo apoyado en la pared al lado de la puerta—Eres la primera persona que le saca tanta información personal al líder.
—Solo hice dos preguntas.
—Pero aún así son demasiadas. Nadie se atrevía ni a preguntarle cómo está. Siempre ha sido muy reservado.—habló y comenzamos a caminar hacia el ascensor.
—Y dime desde cuándo estás aquí.—necesitaba sacarle un poco de información sobre este lugar.
—Creo que desde los trece años.—ya dentro del ascensor apretó el botón hacia el primer piso.
—¿Desde que comenzó todo?
—Sí, unos meses después de conocer a mi madre.
—Espera.—lo miré completamente confundida.—¿Ella no es tu madre?
—Claro que no, no nos parecemos en nada.—dijo sonriendo.
—¿Y entonces qué les pasó a tus padres?
Se quedó unos segundos en silencio.
—Pues, me abandonaron. Los espectros atacaron mi hogar. Yo estaba jugando en mi habitación. Cuando escuché los ruidos, tuve tanto miedo y entré al clóset. Me quedé quieto esperando a que todos los ruidos terminaran. Cuando salí ya no había nadie, me habían dejado solo.—la alegría que transmitía había desaparecido. Su rostro era serio y a la vez enojado.
Debía pensar en algo para animarlo o cambiar de tema.
—Entonces tenemos una cosa en común—me miró confundido.—Cuando ocurrió todo estuvimos en nuestros cuartos.
Él se rió porque no se esperó mi respuesta. Eso me alegró un poco. Era lindo verlo reír.
El ascensor llegó al primer piso y los dos salimos de allí para salir del edificio. Pude detallar bien las casas de los alrededores. Eran algunas de maderas y otras de piedras. Las calles de tierra. Si no vieras el gran muro, pareciera que esto es una simple ciudad, como antes. Me dio tristeza pensar que en un instante, toda una ciudad había desaparecido.
Caminamos por el lugar mientras que veía los cuellos de las personas para detallar la marca. Y sí la pude ver varias veces. Al parecer los espectros quieren mezclarse entre nosotros y así matarnos. Alan me hablaba a veces explicándome el lugar y lo que vendían en los puestos. Había un gran edificio del cual salían algunos oficiales.
—¿Qué hay en ese edificio?
—Es el edificio de entrenamiento. Allí es donde entrenan los oficiales y soldados de alto rango. Yo también pertenezco a ese grupo. Soy del escuadrón de exploración.—mencionó orgulloso de su puesto.
—Quisiera unirme también.—le dije un poco emocionada. Necesitaba salir de este lugar.
—Seguro, hablaré con el jefe y le explicaré.
Una alarma sonó en el bolsillo del pantalón de Alan. Él lo sacó y parecía emocionado.
—¿Qué ocurre?—pregunté.
—Es la hora del almuerzo. Los soldados como yo almorzamos en ese edificio, los habitantes tienen sus propias cocinas. ¿Quieres venir?
—Por supuesto, tengo mucha hambre.
—¿Qué comías allí afuera?—me preguntó mientras caminabamos hacia en edificio.
—Comida caducada y mayormente frutas.
—Pues esos días de sufrimiento terminaron. Aquí comerás solo lo mejor de lo mejor. De todos los sobrevivientes, rescatamos a un chef reconocido de cinco estrellas. Nos cocina delicias.
Entramos y pude observar un espacio amplio con varias mesas y un gran ventanal que daba una vista increíble del lugar. Ya habían varios soldados sentados comiendo allí. Caminamos hasta una parte donde se encontraban las bandejas, tomamos una cada uno y seguimos hasta la barra donde se servía la comida. Sentía que estaba en el comedor de una escuela. Me sirvieron un poco de arroz, carne y ensalada, todo se veía delicioso. Nos sentamos en una mesa uno frente al otro. No esperé un segundo y le di un bocado. No sólo se veía delicioso, lo era.
—¿Te gusta verdad?—asentí descontroladamente.
—Nunca creí que volvería a comer algo tan rico—dije con la boca llena.
—Jajaja. Te lo dije, ahora solo comerás cosas buenas. Pero dime, te quedarás aquí para siempre ¿Verdad?—preguntó emocionado.
—Sí, por esta comida daría lo que fuera—dije sonriendo.
Además, no tiene nada de malo quedarme un poco más. Aquí me necesitan y por lo menos tengo una cama y un techo donde estar cómodamente. Me quedaré. Los ayudaré a matar a los espectros disfrazados.