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Capítulo 2

Espectro · por nairaru-chan · 23 de julio de 2026

10 años después. Narra una mujer

 

Corre.

 

Eso hacía, pero siento que no he corrido nada. Llevo a cuestas a mi hijo quien llora incontrolablemente. Tiene miedo de morir al igual que yo. Estábamos bien en un campamento, habíamos pedido ayuda a un campamento más grande para quedarnos y ellos nos lo concedieron. Cuando ya estábamos listos para partir comenzó el ataque. Mataron a todos, mi hijo y yo logramos escapar pero no hay caso. Ellos nos persiguen.

 

Me resbalé con la tierra mojada. Había llovido mucho últimamente. Traté de que mi hijo no recibiera ningún golpe en la caída. Me clavé con una rama la pierna y sangraba mucho. Traté de no gritar, no quería que mi hijo se asustara. Me arrastré hasta llegar al pie del acantilado, abracé a mi hijo como pude, no quería que me viera en esas condiciones. Levanté la vista y ahí estaban, listos para matarme. Cerré mis ojos, esperé lo peor. Pasó unos segundos y no ocurría nada. Abrí los ojos y lo vi. Una chica frente a mí con un cuchillo en la mano. Vestía ropa negra, unos pantalones un poco ajustados con varios bolsillos, llevaba una blusa corta ajustada de tirantes y una mascarilla que le cubría la mitad del rostro dejándole ver solamente los ojos y su cabello oscuro.

 

Todo pasó en cuestión de segundos. Ella sola acabó con esas criaturas muy rápido. Cuando terminó no tenía ni una sola mancha de sangre, es como si esas cosas no sangraran. Se volteó a verme, se me acercó y se arrodilló para estar a mi altura. Sus ojos eran muy negros, no había brillo alguno, no tenían vida. No emitió ninguna palabra. Traté de comenzar yo primero.

 

—Disculpa, ¿quién eres? ¿a qué campamento perteneces?

 

Ella no dijo nada. Se quedó mirándome analizando mi cuerpo, seguro buscaba alguna herida y se sorprendió al llegar a mi pierna. Cogió unos cuantos paños de su mochila (la cual no me había dado cuenta que estaba aquí) Me envolvió la herida. Me miró a los ojos y era como si pudiera hablarme, sentí en su mirada que me decía que no gritara. Me extendió un paño y lo mordí, abracé a mi hijo muy fuerte para que no viera lo que me iban a hacer. La chica cogió la rama y en un movimiento rápido me la arrancó de la pierna. Me ardía como nunca y era inevitable no gritar pero el paño impedía que se escuchara.

 

La chica me envolvió la herida con un paño limpio para que dejara de sangrar. Solté a mi hijo porque ya no me quedaban fuerzas para seguir sosteniéndolo. Él se acercó a la chica y ella se le quedó mirando fijo. Sé que es muy peligroso que confíe en ella si ni siquiera sé quién es pero me salvó la vida y me ayudó con mi herida.

 

—¿Quién eres tú? ¿Qué le hiciste a mi mamá?—dijo mi hijo molesto con ella.

 

—Yo no le hice nada. Sólo la salvé.—habló por fin seria.

 

—¿De dónde vienes?—esta vez pregunté yo.

 

—De ningún lugar. Sólo camino por ahí y mato espectros.

 

—¿Esas cosas son espectros?

 

—Así los llamo yo.

 

—¿Cuál es tu nombre?

 

—Crystal.

 

—Si no tienes a dónde ir puedes ir conmigo, vamos a ir a un campamento más seguro.

 

Ella dudó un poco pero luego aceptó. Me ayudó a levantarme y le guié el camino. Pude deducir que tendría unos 19 o 20 años. Era bastante fuerte para matar a esas criaturas, o como ella los llama, espectros. Pasamos unas 2 horas caminado hasta que por fin pudimos ver algo característico de este campamento. Sus grandes muros. Es una gran muralla que la cubre completamente.

 

Nos acercamos a la entrada y una cámara de seguridad se giró en nuestra dirección para vernos y tal vez analizarnos. Un sonido se escuchó de alguna parte cerca, era una persona la que hablaba.

 

—¿Quiénes son ustedes?

 

—Somos del campamento del este. Hace dos días solicitamos el traslado hacia aquí—hablé firme y segura. Se escuchó silencio por su parte.

 

—¿Dónde están los demás?

 

—Fuimos atacados esta mañana por las criaturas. Logré escapar con mi hijo y esta chica mató a los seres que me perseguían.

 

Otra vez silencio. Pensé que no nos creían pero entonces la puerta se abre automáticamente. La voz nos dijo que entráramos y así hicimos.

 

El túnel era oscuro. Solo seguí caminando tomando la mano de mi hijo y la chica Crystal estaba detrás de nosotros. Por alguna razón me da mucha curiosidad de quién es ella, cómo hizo para sobrevivir todos estos años sola y cómo mató tan fácilmente a esas cosas. Ya podía ver una luz al final que se hacía cada vez más grande al acercarnos. Salimos de allí y contemplé casi como un mundo nuevo. Había casas normales y un gran edificio en medio. Las personas caminaban como si no hubiera un mundo destruyéndose y gente muriendo fuera de estos muros. Unos oficiales inmediatamente nos condujeron al gran edificio.

 

Después de unos minutos ya me habían separado de mi hijo y de la chica para interrogarme. Un oficial entró a la habitación y se sentó en la silla del frente.

 

—Según el registro que obtuvimos del campamento del este, usted es María y su hijo Marcos.

 

—Sí.

 

—¿Qué fue lo que ocurrió en su campamento?

 

—Estábamos listos para irnos cuando de repente escuchamos un grito. Las criaturas nos estaban atacando. Eran demasiados, mataron a todos nuestros oficiales. Logré escapar por la parte de atrás con mi hijo pero se dieron cuenta de que me estaba escapando por lo que me persiguieron. Caí herida del barranco y cuando ya iba a morir esa chica me ayudó.

 

—Según el registro ella no está.

 

—Ella dijo que no pertenece a ningún campamento, solo camina por ahí matando espectros.

 

—¿Espectros?

 

—Así los llama ella.

 

Crystal

 

Me retuvieron en una habitación cerrada con un gran espejo en un lado. Si mal no recuerdo de las películas que veía papá, es un cristal por el que las personas me observan sin que yo sepa quién está ahí. Seguí esperando hasta que ya estaba muy aburrida, quería salir y matar espectros.

 

El sonido de la puerta abriéndose me llamó la atención. Un hombre de traje de policía entró con unos documentos en la mano. Se sentó en la silla del frente y empezó a preguntar.

 

—¿Cuál es tu nombre, edad y campamento en el que estabas?

 

No le respondí.

 

—Te hice una pregunta.

 

"Y yo no puedo respondértela"

 

Noté un trozo de hoja en blanco que sobresalía un poco de una de las carpetas. La agarré y le quité el lapicero que tenía en uno de los bolsillos de su uniforme. Escribí unas palabras y luego lo doblé.

 

—Lleva esta hoja a su líder.

 

El hombre dudó un poco pero luego la agarró y se la llevó. Luego pasaron segundos que se convirtieron rápidamente en minutos hasta llegar casi a una hora. La puerta se abrió nuevamente. Esta vez entró un chico como de mi edad. Era pelirrojo y sus ojos azules, una combinación un tanto rara. Estaba vestido con ropa de oficial pero no como los que me trajeron aquí. Tal vez sea un militar o algo parecido.

 

Se me acercó y me sonrió. Raro.

 

—Hola, tú debes ser la chica rara que me dijeron que escoltara hacia la oficina central.

 

Por su forma de hablar puedo notar que es un chico un tanto despreocupado, muy animado y de confianza.

 

Yo asentí ante su suposición.

 

—Bien, te llevaré allí. Ven.

 

Me levanté de mi silla y lo seguí hasta estar fuera del lugar. Observé mi mochila encima de un mostrador donde al parecer la persona se había ido. Rápidamente la cogí.

 

—¿Cómo te llamas?—le pregunté.

 

—Me llamo Alan, ¿y tú?—contestó sonriendo.

 

—Crystal.

 

—Que hermoso nombre—me sonrió y me recordó a Katherine, era la misma sonrisa y fueron las mismas palabras.

 

Caminábamos en silencio hasta que una señora de unos 40 años se apareció frente a nosotros. Era muy hermosa, vestía una ropa casual pero a la vez elegante con una túnica blanca de doctor. Su cabello rubio cenizo lo tenía suelto y le llegaba a los hombros, su piel era blanca.

 

—Alan, ¿qué haces?—le preguntó molesta.

 

—No te preocupes ma', no estoy merodeando por ahí, solo cumplo con mi deber—le dijo sonriente y al ver mi cara de total desconcierto se dio cuenta de lo confundida que estaba—Ah, perdón, ella es Elizabeth Stanford y yo soy su hijo. Mamá, ella es Crystal, la chica que llegó hoy mismo con la señora y el niño. Bueno, debemos irnos rápido antes de que nos regañe el líder. Adiós—me tomó de los hombros y seguimos caminando.

 

Sentí cierta presión en su agarre como si estuviera nervioso.

 

—¿No te llevas bien con tu madre?

 

—¿Lo notaste? La verdad es que últimamente me siento un poco incómodo con ella. Siento que me aparta, no me habla tanto como antes y casi siempre tiene ese tono de molestia en su voz cuando me habla—se sentía en su voz tristeza, parecía ser un chico bueno.

 

Después de caminar por un pasillo, subir en un ascensor y seguir caminando como si no hubiera un final, llegamos al lugar donde se encontraba el famoso líder. Tal vez él tenga la respuesta que busco. Alan tocó dos veces la puerta y luego se escuchó una voz proveniente del interior de la habitación diciendo que pasáramos. Abrió la puerta y entró, caminé detrás de él. Me asomé a un lado y observé una gran mesa redonda con cinco personas sentadas alrededor. Me miraron expectantes. Miré a mi alrededor, había una gran pantalla al frente de ellos y un ventanal gigante que mostraba la ciudad entera.

 

—¿Ella es la chica? Es muy joven—dijo una chica de cabello negro.

 

—Dinos, ¿Cómo te llamas?—mencionó el chico del centro, vestido con ropas de todo un gobernante, por su rostro podría decir que tiene unos 27 años o más. Muy joven para ser un líder.

 

—Crystal.

 

—Bueno. Según este trozo de papel que me enviaste, tienes información sobre esas cosas.

 

—Espectros.

 

—¿Así se llaman? ¿Cómo lo sabes?

 

—Me lo dijo un militar del gobierno, dijo que se llamaban espectros—me mantuve seria.

 

—Bien, entonces, ¿Qué información es?

 

—Antes de decirle la información quiero preguntar unas cosas.

 

—Está bien. ¿Cuáles son?

 

—¿Desde cuándo lo sabías?

 

—¿Qué? ¿Saber qué?—mi pregunta lo tomó desprevenido por la expresión en su rostro.

 

—Sobre los espectros, es imposible construir todo esto solo días después del ataque. ¿Desde cuándo sabías que esto ocurriría?

 

Se quedó en silencio, incluso los demás estaban expectantes a su respuesta. Pareciera que estuviera analizando bien lo que iba a contestar para no alertar a nadie.

 

—Solo tres años antes. Tuve un sueño sobre esto, luego sentía una voz en mi cabeza que me decía que huyera del lugar, que algo malo ocurriría.

 

—¿Por qué no les advertiste a los demás para que todos se salvaran?—ahora yo era la que estaba molesta, si él lo sabía y lo hubiera dicho, mamá, papá, mi hermano, Katherine, Richard y su hijo estarían vivos.

 

—Porque me dijeron que estaba loco, les advertí a todos. Fui a la policía, traté de hablar con el presidente, hice tantas cosas para decírselos que al final me metieron en un manicomio—me sorprendí cuando terminó. Él sí trató de ayudar—Me escapé unos días después y gracias a unos amigos míos que sí me creyeron, más la fortuna que había heredado, tratamos de construir al menos el muro. Luego de unas semanas se sumaron más personas. Cuando todo ocurrió, se acordaron de mí, vinieron desesperados buscando refugio y por suerte terminamos a tiempo. Luego construimos las casas y gracias a algunos oficiales pudimos rescatar varias personas de la zona.

 

—Vale. ¿Sabes qué son esas cosas y de dónde vinieron?—por un momento quería decirle muchas cosas pero me contuve.

 

—Esperaba que eso nos lo dijeras tú.

 

—Entonces creo que no me sirven. Me largo de aquí.—me volteé para irme pero Alan me tomó del brazo deteniéndome.

 

—¿A dónde vas?—preguntó confundido.

 

—Afuera, no soporto estar aquí encerrada en estas cuatro paredes. Siento que me sofoco—que extraño, ¿Desde cuándo soy claustrofóbica?

 

—Dijiste que nos darías información. Yo ya te conté demasiado, ahora te toca a ti—dijo el líder un poco molesto por mi decisión.

 

—La información que quería no la tienen. Seguiré buscando pistas fuera de estos muros—me solté del agarre de Alan y abrí la puerta, pero en cuanto puse un paso fuera un hombre chocó conmigo haciendo que se callera él, yo no, era imposible que perdiera el equilibrio por cosas como ésas, era bastante resistente.

 

El hombre recogió rápidamente las carpetas que traía del suelo. Se levantó acomodándose la túnica blanca de doctor y me miró. Parecía tener unos cuarenta años más o menos.

 

—Perdón, no te vi—se disculpó y siguió corriendo hasta el ascensor.

 

No le tomé mucha importancia, hasta que lo vi. La marca de ellos. Tenía una mancha negra en el cuello. Corrí rápidamente hacia él pero la puerta del ascensor se cerró. Maldije en mi cabeza por no haberme dado cuenta antes. Alan fue tras de mí sorprendido y confundido por mi reacción.

 

—Hey, ¿Qué ocurre?

 

—¿Quién era él?—pregunté rápido.

 

—Él es de la morgue, es el encargado.

 

—Cuando aquí las personas se mueren qué hacen con sus cuerpos.

 

—No lo sé. Él se encarga de esos trámites. ¿Qué está pasando?

 

No le contesté más. Volví a la sala y tomé de mi mochila el cuchillo. Todos me miraban confundidos. Debía atrapar rápidamente a esa escoria, sino...

 

—¿Qué piensas hacer?—me preguntó el líder de pie frente a mí. Se veía más imponente cuando estaba furioso.

 

—Matarlo.

 

—No te lo permitiré—me tomó del brazo, pero ya yo había entrenado demasiado para dejarme dominar por otras personas. Con un giro rápido sobre mis pies, lo agarré por su traje, lo levanté y lo lancé al suelo provocando que me soltara.

 

—Si quieres que todas estas personas que están aquí sigan con vida, trae a ese hombre devuelta aquí.

 

—¿Si lo hago me dirás todo lo que sabes sobre esos espectros?—dijo tratando de levantarse del suelo y quedar de pie frente a mí.

 

—Vale, no pierdo nada con decírselos. Ahora, tráelo.

 

Llamó a uno de sus guardias y de inmediato fue corriendo en busca de ese hombre. Podría ir yo misma tras él pero si hay más esparcidos por el lugar solo los alertaría. Luego de unos segundos llegó el guardia con el hombre. Lo dejó entrar y ya estaba frente a mí. Esto sería divertido. Cogí el cuchillo de mi bolsillo y en un movimiento rápido me puse detrás de él y lo apunté con el cuchillo.

 

—¿Q-q-qué está pasando aquí? ¿Por qué me apuntan con un cuchillo?—estaba bastante nervioso, podía sentir su cuerpo temblar y el sudor en su rostro.

 

—Ahora explícanos—me habló el líder con cara seria.

 

—Este hombre en realidad es un espectro—al decir eso, todos se sorprendieron—Existen los espectros que conocemos que son los que están allá afuera matando gente pero también hay una forma de que ellos se transformen en humanos.

 

—¿Cómo te diste cuenta de eso si solo lo viste una vez?—preguntó uno de los hombres del lugar.

 

—Porque todos tienen una mancha negra por detrás del cuello.

 

—¿Cómo podemos confiar en ti?—la mujer no parecía muy convencida de mis palabras.

 

Con el cuchillo le corté una parte del brazo. Inmediatamente comenzó a soltar de la herida un líquido negro espeso. No era sangre humana.

 

—Ven. Les recomiendo que confíen en mí.

 

Con el cuchillo le hice una cortada rápida en la garganta provocando que esa sustancia se esparciera por todas partes incluyendo algunas gotas en mi cara. solté al hombre y éste comenzó a gritar como loco. En su rostro se formaban unas líneas negras  que podrían considerarse las venas. Sus ojos se volvieron oscuros y sus gritos se volvieron incesantes, eran como chirridos. Era demasiado asqueroso cuando observas ese proceso. Yo más bien los mato rápido y ya.

 

El cuerpo se hizo cenizas y todos los presentes se sorprendieron bastante ante lo que acababan de ver. Yo guardé el cuchillo.

 

—Ahora dinos toda la información que tienes.

 

—Con una condición. Quiero quedarme aquí ya que claramente no pueden sobrevivir solos.

 

El líder aceptó porque le convenía.

 

—Bien. Empezaré a contar todo lo que sé de los espectros.

 

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