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Capítulo 1

Espectro · por nairaru-chan · 23 de julio de 2026

...

 

¿Por qué?

 

¿Por qué?

 

¿Por qué?

 

¡¿Por qué?!

 

¿Qué hice? ¿Por qué tuvo que pasar esto?

 

Mis manos temblaban al igual que todo mi cuerpo. Estaba en la pequeña sala de mi casa. Frente a los cuerpos de mis padres. Estaban destruidos, podía verles claramente los intestinos y órganos desgarrados, y algunos ni siquiera estaban. Sus rostros estaban rasguñados y en lugar de ojos solo tenían dos agujeros negros con sangre alrededor.

 

Mi vista bajó a mis manos. Había mucha sangre y un cuchillo. Tenía miedo. No sé qué hice ni cómo. Corrí a mi habitación y tomé todo lo necesario para huir. En cualquier momento llegarían y me llevarían a un lugar horrible. Salí con una maleta de mamá y mis cosas dentro. Antes de salir los miré nuevamente. No podía creer lo que había hecho.

 

Observé a mi madre y recordé sus sonrisas y sus regaños. A mi padre, sus bromas y sus paseos. En serio los amaba. Vi algo que brillaba en el cuello de mamá, era su collar, el que todos nosotros le pagamos con nuestros ahorros por su cumpleaños. Tenía mucho miedo de acercarme pero quería llevarme al menos algo que fuera de todos nosotros. Lo agarré cuidadosamente y me lo puse. Mi hermano no estaba en ningún lugar. Había ido a una cita cuando todo ocurrió, tal vez seguía allí. No, ya han pasado varios días, seguro está en un mejor lugar con más personas. Espero que esté bien, que no le haya pasado nada malo.

 

Los maté. En serio los maté.

 

Debo correr. No puedo quedarme más tiempo aquí. Salí y me encontré con una ciudad completamente vacía. Todo era silencio. ¿Dónde estaban las personas?

 

Seguí caminando sin rumbo alguno mirando todo a mi alrededor. El sol había desaparecido, y si estaba, tal vez se escondía entre las nubes grises para no observar la destrucción de la tierra. Las casas estaban rotas y tristes, no había ya nadie quién las atendiera. Los autos estaban aparcados en sus lugares esperando a sus dueños. Las farolas estaban encendidas algunas y otras dormidas. Las tiendas ya no tenían ese espejo transparente que te permitía mirar a través. Los restaurantes estaban cerrados sin comida, nadie cocinaría para nadie más nunca.

 

Milagrosamente los animales estaban en perfectas condiciones, ninguno muerto. Las plantas también estaban bien.

 

Lo único que hacía falta eran las personas.

 

Todas murieron. Yo soy la única sobreviviente. Yo no quería esto.

 

Seguí caminando. Sin rumbo nuevamente. Todo era silencio, tranquilidad. Lo único que podía escuchar eran mis pasos y las voces en mi cabeza culpándome de sus muertes. Le quise hacer caso omiso a las voces. Ahora sólo necesito sobrevivir y escapar.

 

Mientras caminaba por una calle observé a lo lejos movimiento. Habían dos seres allí. Agarré un trozo de madera que había a mi alcance y me dirigí a esa dirección. Ya cuando estuve lo suficientemente cerca para detallarles el rostro, veo que son dos personas. Estaban cargando mochilas, sus ropas estaban un poco rasguñadas y sucias. Una tenía el cabello recogido en una cola alta y el otro tenía el cabello corto.

 

—Richard, mira. Una chica—dijo la mujer llamando al otro para que se detuviera en su caminata.

 

—¿Pudo sobrevivir?—preguntó el hombre extrañado.

 

—No lo sé, vamos a ver.

 

La mujer se me acercó con una sonrisa. Yo me quedé quieta mirándola.

 

—Hola querida, ¿estás bien?—me dijo sosteniendo el hombro buscando alguna herida. Yo asentí—¿Estás sola?—volví a asentir—¿Dónde están tus padres?—bajé la mirada, recordando esa escena y todo lo que pasó. Negué ligeramente con la cabeza—Perdón querida. No estés triste. Ven con nosotros, iremos a un lugar donde están las demás personas.

 

Me ilusioné cuando dijo sobre más personas. Le sonreí y ella lo tomó como un sí. La mujer me tomó de la mano y me acercó con el hombre, él me saludó y seguí su camino. Nos adentrábamos para la parte del bosque. Nunca había ido allí, mamá nos la había prohibido, nunca supe por qué.

 

Seguimos caminando de entre los árboles. Todo estaba oscuro a pesar de que era de día. El hombre sostenía una lámpara y era el que iluminaba el camino. Yo sostenía la mano de la señora para no perderme. Estábamos en silencio, ninguno de los dos hablaba, yo tampoco quise hablar. Después de unos minutos el hombre se detuvo y nos hizo un gesto con la mano para que nos detuviéramos de igual forma. 

 

—Mierda—comentó con los ojos fijos al frente.

 

Yo me aparté un poco para poder observar aquello que lo molestó. Entonces lo vi. Casas de campaña por todos lados destrozadas. Todo era un desastre, como si hubiera pasado una estampida por ahí. Y lo peor de todo.

 

Sangre.

 

Cuerpos.

 

Había un montón de cuerpos destrozados por todos lados. Charcos de sangre. Un olor metálico insoportable y un silencio escalofriante. Quedamos inmóviles. No sabíamos qué hacer. Ese era el campamento y ahora era un cementerio de cuerpos.

 

Fueron ellos. Ellos lo hicieron.

 

—Debemos irnos de aquí. Tal vez sigan merodeando los alrededores—dijo el hombre y nos indicó que lo siguiéramos

 

La mujer cada tanto me miraba. Tenía la curiosidad plasmada en su rostro. Por unos minutos que caminábamos no aguantó más y me habló.

 

—Dime, ¿qué tanto llevas en esa maleta?—preguntó con un tono amable, tal vez quería saber si era muy pesada para llevarla ella.

 

Yo no hablé. Me quedé concentrada en el camino. La verdad es que no he hablado desde que murieron mis padres. Es como si no tuviera fuerzas para hacerlo, siento que las palabras se atascan en mi garganta y por más que quiera no salen. Al final tuvo razón mi madre, me iba a quedar muda y antisocial.

 

—¿No puedes hablar?—volvió a insistir la mujer y entonces negué con la cabeza—¡Ya sé!—abrió su mochila y sacó de entre sus cosas una tableta con su lápiz con punta de imán para escribir y borrar con facilidad las letras—Ten, puedes responder con esto.

 

Escribí lo que quise decirle.

 

—¿De dónde sacó esta pizarra?—la duda era clara para mí, ¿quién traería un objeto como éste en su mochila?

 

—Era de mi hijo. Le encantaba dibujar—habló con un tono triste.

 

—¿Qué le pasó a él?

 

—Murió.

 

—¿Ellos lo mataron?

 

—Sí. No pude protegerlo. Me odié tanto por eso, aún sigo odiándome y a veces pienso que era mejor que yo muriera y él siguiera con vida—sus palabras estaban cargadas de odio, enserio estaba sufriendo.

 

—No se culpe, usted no tuvo la culpa de nada. Además, si usted hubiera muerto, no estaría aquí con la esperanza de que todo estará bien.

 

—Es verdad, está bien, no me culparé más—me regaló una sonrisa—Él es mi esposo, Richard y yo me llamo Katherine, ¿cómo te llamas tú?

 

Me quedé por un momento pensando si decirle o no mi nombre. No es que me lo hayan prohibido pero es que algunas veces siento que no es correcto decírselo a los demás, por eso soy un poco antisocial, no hablo con nadie que no sea mi familia y no tengo amigos. Pero eso era antes, ahora tenía que sobrevivir y eso no lo puedo hacer sola, soy una niña de 13 años, ¿qué podría hacer yo por mi cuenta? Tomé valor por primera vez y escribí mi nombre en la pequeña pizarra, se lo mostré.

 

—Crystal.

 

—Vaya, que hermoso nombre.

 

Nos detuvimos en un terreno con pocos árboles alrededor, parecía un lugar para acampar. El hombre sacó de su mochila una casa de campaña armable. Me quedé sentada cuidando de las mochilas mientras la mujer y el hombre armaban la casa. Era bastante grande, cabían exactamente como cuatro personas dentro. Ya era de noche y debíamos refugiarnos. El hombre dijo que haría guardia por si llegaba uno de ellos. La mujer ya se había quedado dormida, estaba muy cansada por la caminata. Yo salí de la casa y me senté al lado del hombre quien se encontraba cerca de la entrada, con una pistola en la mano. Al principio nos quedamos en silencio (por supuesto, no puedo hablar)

 

—Dime, ¿cómo sobreviviste?

 

—Solo caminé por la calle hasta que me encontré con ustedes—le escribí en mi pequeña pizarra.

 

—Digo cuando ocurrió todo.

 

—Yo estaba en mi habitación cuando todo pasó, mamá estaba en la cocina y papá viendo la televisión. De pronto escuchamos ruidos estruendosos, yo me asusté bastante así que salí para ir con mis padres. Pero cuando llegué a la mitad de la escalera los vi. Eran como humanos pero flacos y con las extremidades alargadas, con sus garras estaban destrozando los cuerpos de mis padres. Mamá completamente herida cuando me vio me dijo que huyera y en ese momento le arrancaron sus ojos—paré de escribir, para mí era demasiado difícil seguir recordando esa escena.

 

—¿Y cómo sigues viva?—el hombre seguía preguntando serio, pareciera que no me cree.

 

—Los maté.

 

—¿Qué?—dijo confundido.

 

—Los maté con este cuchillo—le mostré el cuchillo que tenía en la maleta—No recuerdo cómo lo hice pero cuando cobré el sentido tenía en mis manos el cuchillo y los dos seres extraños estaban desgarrados frente a mí.

 

—Ya veo, seguro fue la furia y la adrenalina quienes controlaron tu cuerpo en ese momento—se quedó en silencio mirando el cielo nocturno—¿Qué tal si te enseño a defenderte?

 

Lo miré confundida.

 

—Te enseñaré lo básico para sobrevivir y a partir de mañana empezaremos a entrenar. Si algo nos pasara...

 

Negué muy rápido con la cabeza. No quería que más personas murieran.

 

—Tranquila, solo digo por si acaso—me acarició la cabeza de forma tierna y con una sonrisa en el rostro.

 

Nos quedamos callados mirando el cielo. Aunque estuviera observándolo solo pensaba en mis padres y en cómo maté a esos seres.

 

...

 

Ya era de día. Estaba entrenando con el señor. Me enseñaba algunos movimientos y técnicas para protegerme. La señora estaba preparando el almuerzo que solo constituía en calentar unas latas de comida y listo. No teníamos condiciones para más. Me divertían los comentarios de Katherine hacia su esposo el cuál se sonrojaba varias veces. También me hablaba de su hijo, decía que tenía la misma edad que yo, me contaba que era divertido, amable y bueno. Ojalá lo hubiera conocido en otras circunstancias, tal vez hubiéramos sido amigos.

 

No, yo no hablaba con nadie, era una total antisocial.

 

Los días pasaban y cada día me enseñaban algo nuevo. Katherine me enseñó a cocinar cada platillo que se sabía. Richard me enseñó a conducir y siguió con mis entrenamientos hasta que un día pude vencerlo. Estaba feliz con esa vida que tenía, Katherine era buena conmigo y Richard siempre me daba su parte de la comida. Era feliz.

 

Pero al parecer alguien odia que sea feliz.

 

Un año después, un día Katherine me dijo que recogiera algunas frutas un poco lejos. Llevaba mi cuchillo y con los entrenamientos de Richard ya podía cuidarme sola. Volví con la canasta llena de frutas de todos los colores. Cuando llegué al lugar me inmovilicé, del susto solté la canasta y llevé mis manos a mi boca. No podía creer la escena que estaba viendo 

 

Sangre.

 

Richard estaba con el estómago desgarrado y a Katherine le hirieron la espalda y le faltaba el brazo izquierdo. Me acerqué corriendo junto a ellos. Traté de tomar el pulso de los dos pero nada. Estaban fríos.

 

Mi respiración estaba acelerada, veía nublado y mi cuerpo temblaba. Escuché los pasos de alguien. Me levanté y al girarme me encuentro con los causantes de sus muertes. Ellos.

 

Sentí como algo me calentaba la sangre, por un momento ya no podía pensar bien. Agarré el cuchillo entre mis manos pero no me movía, tenía miedo. Ese ser se quedó frente a mí, tal vez esperando a que reaccione.

 

Entonces una voz me habló en mi cabeza.

 

Mátalo

 

Mi cuerpo se movió solo, era como si esa simple palabra lo provocara. Me desplacé con una velocidad increíble, ni siquiera ellos notaron como me puse detrás de uno y con el cuchillo le corté la espalda. No emitió sonido, tal parecía que no pudieran verme, bueno, no tenía ojos, solo un orificio que podría considerarse la nariz. Eran dos y al otro se le comenzó a abrir una boca mostrando sus afilados dientes. Mientras el que corté estaba en el suelo, con la pierna y un poco de impulso, salté y le proporcioné una patada en la cara tan fuerte que se cayó a un lado. Con el cuchillo le empecé a rasgar el pecho y por último el cuello haciendo que la cabeza se le desprendiera. Con el otro que trataba de escapar, le corté un brazo como se lo hicieron a Katherine. Y por último lo apuñalé por el cuello causando que se retorciera pero al poco rato se detuvo.

 

Me quedé de pie un rato mirando lo que ocasioné, miré a las personas que me cuidaron por meses y me sentí muy triste. Todos a mí alrededor mueren. Quería llorar como nunca pero entonces recordé que ya había llorado bastante cuando murieron mis padres y mis ojos se quedaron sin lágrimas. Entonces, si no podía llorar, iba a reír, tan fuerte que todos los seres me escucharán y temblaran de miedo.

 

Y así fue. Reí como una lunática. Miré al cielo. Quería que mis padres me vieran y observaran que no iba a rendirme, seguiría adelante por ellos, por todos y les juré que mataría a todos esos seres con mis propias manos y una sonrisa en el rostro. Recuerdo que Richard me dijo lo que eran. Todos me conocerán como la asesina de esas cosas. 

 

Luego grité. Grité tan fuerte que mi garganta ardía. El dolor era insoportable pero no pararía hasta que todo el dolor en mi corazón desapareciera. Luego de unos minutos paré.No podía creer aún lo que estaba pasando pero debo acostumbrarme a este nuevo mundo.

 

—Los voy a matar con mis propias manos a todos los espectros aunque muera.

 

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