Saltar al contenido
Explorar novelas

Capítulo 10 Cercanía

El inicio de un brillo - Primer libro de la saga Números y Errores · por TeleCosmo · 26 de agosto de 2026

La humedad se quedaba impregnada en la ropa y piel de Idax, quien regresaba poco a poco de las sombras de la inconsciencia. Con un leve gruñido, intentó abrir los ojos, y lo que encontró fueron formas y manchas borrosas que tanto detestaba. Daba igual que su ojo derecho hiciera el trabajo de comprender su alrededor, su ojo izquierdo siempre le obligaba a ponerse el monóculo. Aunque en esta ocasión no lo tenía. Lo había perdido por culpa de aquel desastre que se repetía en su cabeza.

Los escalofríos perforaron la espalda y brazos mientras miraba de un lado a otro, intentando comprender qué le había ocurrido y dónde se encontraba.

Para su sorpresa, vio que tenía puesta encima una chaqueta blanca que no era suya. La retiró con cuidado, pero al tocarla, se percató de que la textura no era propia de las que llevaban los científicos, sino que era mucho más suave y delicada.

Confundido, forzó la vista para ver que a unos cuantos metros había una figura alta de tonos azules cerca de una más ancha de tonos blancos. No comprendía bien qué estaba haciendo, pero parecían estar muy tranquilos, demasiado tras lo ocurrido.

Con las fuerzas que tenía, se levantó del suelo para caminar con pasos lentos en su dirección. No pasó mucho tiempo antes de que la figura alta se percatara de su presencia.

A medida que se acercaba, pudo identificar mejor quién era. La sorpresa lo azotó al ver a 1941 con algunos rasguños en sus brazos y rostro, pero con una sonrisa que no le encontraba sentido.

Quiso hablarle, pedirle disculpas por todo lo ocurrido, pero no pudo porque ella lo sujetó de la muñeca con una emoción evidente. Lo obligó a moverse hacia la figura blanca, la cual pudo identificar como un trishf que reposaba entre las hojas azules.

—¡U-un mo…!

No pudo hablar porque 1941 le pidió silencio al ponerse el dedo índice en los labios. Idax se quedó inmóvil, contemplando a la mujer que seguía con una sonrisa llena de felicidad. Obedeció, dudoso, y retomaron la marcha hasta quedar al lado del animal.

Idax no podía creerse que, durante estos largos años de investigación, estuviera al lado de un trishf. El ñu lo observaba tranquilo entre aquel pelaje blanco, con varias manchas de barro y hojas. No huía de él, ni hacía nada que pudiera considerarse peligroso, ni siquiera había activado su habilidad tan conocida.

1941 le insistió en sentarse a su lado y tocarlo con gestos que a él lo ponían demasiado tenso. Negó con la cabeza con rapidez, y cuando quiso hablar, vio cómo ella acercaba su mano al pelaje del trishf.

Ella, una alienígena de procedencia desconocida, tocando a un trishf. La primera en conseguir tal hazaña.

—¿Qué? —se le escapó a Idax, aturdido.

Al final cayó contra el suelo, abatido por todo lo que acababa de ocurrir. Buscó aire para centrar sus ideas, pero era complicado si lo que acababa de contemplar le rompía todos los esquemas.

«¿Acaba de tocar a un trishf sin que este huyera ni usara su intangibilidad?», se preguntó mientras buscaba mantener la calma.

1941 se sentó a su lado, sin invadir su espacio, pero con una evidente preocupación al intentar comprenderlo. Idax no dijo nada, no podía. Lo único que era capaz de hacer era observar al trishf que tenía delante, aún tumbado, observándolos con un rostro tranquilo.

Al analizarlo, se percató del porqué no estaba moviéndose ni huyendo. De sus patas, la sangre azul caía como un pequeño río. Aquello lo puso tenso, sintiendo un escalofrío en la nuca.

Giró el rostro hacia 1941, quien tenía los labios tensos y los ojos humedecidos.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Idax en un tono suave.

1941 desvió la mirada.

—Dormiste, tuve dejarte sitio seguro. Calmé ñues y calamar —explicó, esforzándose por hilar las palabras de forma pausada—. Calamar molesto con vosotros. Tecnología cerca lago. ¿No escuchasteis calamar?

Idax frunció el ceño y negó con la cabeza con delicadeza

—Solo oímos sus gruñidos y cómo nos atacaba —respondió con un suspiro cansado.

—Preguntaba, ¿por qué tecnología lago? Enfadado muchísimo. ¿Por qué capturar ñues? —prosiguió 1941, cruzando los brazos—. Rompí jaulas, pedí disculpas. Calamar no respondió. Escondido. Disparos. Tus amigos.

Idax cerró los ojos. Puso las manos en el cabello, despeinándolo por un instante.

—Sois violentos con animales —continuó 1941 con una evidente preocupación y molestia mezcladas—. Pensé solo para asustar, no atacar.

—Y ese era el plan, pero a Driena se le fue la mano —respondió Idax, sin mirarla.

—Ah, ella… —1941 se quedó en silencio unos instantes, mirando hacia el trishf—. Amigos están a salvo, aunque preocupados por ti.

Idax levantó el rostro con lentitud para ver al trishf que tenían delante. Su mirada oscura, cubierta por el pelaje, expresaba un dolor silencioso que le ponía tenso.

—¿Qué le ocurrió al trishf? —preguntó, mirando de reojo a 1941.

—Un disparo alcanzó. Incapaz de moverse —respondió ella, con la voz a punto de romperse—. Conversé con él. Pide algo que no puedo cumplir.

Idax apretó los puños con fuerza.

—¿Lleva mucho rato así? —preguntó, observando la herida, sin acercarse.

—Sí —respondió 1941, abrazándose con un temblor notorio en los brazos—. Herida también estómago y el pecho. Habilidad no funcionó.

Idax cerró los ojos con una frustración que intentó controlar. Como mejor pudo, intentó levantarse, pero casi flaquea de no ser que 1941 lo sujetó del brazo.

—¿Qué haces? —preguntó 1941, sin quitarle la mirada.

—Si aviso a Kappa, puedo conseguir que curen al trishf —explicó Idax, con esperanza—. Ellos saben tratar con los animales. Solo necesito acercarme a una zona de cobertura para enviar el mensaje a ella y…

El gruñido del trishf interrumpió sus palabras, tomándolo por sorpresa. Idax se giró hacia el animal, quien tenía la cabeza apoyada contra el suelo lleno de barro, hojas y piedras. Sus ojos se iban cerrando poco a poco.

Aquello lo desesperó, sin saber bien cómo actuar, a diferencia de 1941, que se sentó al lado de la bestia.

—No quiere salvación —explicó 1941, mirando hacia Idax—. Quiere compañía.

Idax entreabrió los labios, contemplando la situación por un instante. No le tomaba por sorpresa que alguien supiera hablar con los animales, los chekrinos eran capaces, incluso se comunicaban con los bosques. Sin embargo, sí le sorprendía que ella fuera capaz de hacerlo, aun sin ser una chekrina.

Como mejor pudo, se sentó al lado de la bestia, sin tener el valor de tocarlo. La observó en silencio y vio como el trishf lo contemplaba con un rostro que aparentaba calma.

—No estés mal. Trishf entiende buscabais intangibilidad —dijo 1941, interrumpiendo el silencio.

Idax la miró unos segundos y bajó el rostro.

—Sí, pero no eran las formas —respondió, tenso—. Les dije miles de veces que no quería armas, y aun así las usan.

Exhaló con pesadez. 1941 lo imitó y observó al ñu.

—Dice: no te culpa, ellos tienen dificultades entre animales —prosiguió 1941.

Idax negó con la cabeza.

—Pero nosotros solo queríamos esta intangibilidad sin haceros daño —explicó, angustiado—. Vuestra habilidad sería genial para protegernos de la Niebla, evitar que nos destrozara lo que nos rodea y evitar el sufrimiento.

El silencio que los envolvió fue denso. Idax alzó el rostro para contemplar cómo el cielo. Pronto se haría de noche, con un clima lluvioso del que no le hacía mucha gracia sentir en su piel, aunque a estas alturas le daba igual estar lleno de barro, hojas y astillas a las que no quiso hacer caso al haber vivido tantísimas cosas en apenas horas.

El trishf, que lo había observado en silencio, soltó aire por la nariz de forma brusca, sorprendiendo a Idax por un instante.

1941 frunció el ceño.

—¿Quién es Fusis?

La pregunta de 1941 lo tomó desprevenido.

—¿No la conoces? —preguntó él. Ella negó con lentitud—. Qué extraño. Deberías conocerla al ser capaz de comunicarte con los animales. Los chekrinos lo hacen.

1941 ladeó la cabeza con evidente confusión. Idax tragó saliva antes de seguir explicando:

—Fusis es la entidad que protege los bosques de cualquier planeta que conozcas, al menos es lo que me dijeron los chekrinos —miró al trishf—. ¿Por qué lo mencionas?

—Fusis te conoce por visita Chekria —explicó 1941, confundida—. Trishf confía Fusis. Quiere que toques pelaje.

Idax frunció el ceño, sin comprender las intenciones del animal. Al mirar a 1941, solo vio cómo alzaba los hombros, sin ser capaz de darle una explicación coherente.

Al final, con un suspiro largo, acercó la mano izquierda con un evidente temblor hasta que los dedos se posaron en el pelaje blanco. Al principio era sedoso, con algunas rugosidades que no le molestaron. Se quedó ahí, en una posición tranquila, sin saber bien qué intenciones tenía el animal.

Hasta que vio cómo de sus dedos se movían unos rectángulos azules, llegando hasta todo su brazo.

Idax fue incapaz de moverse. Los ojos estaban abiertos de par en par. La respiración se le hacía más difícil. Por un instante, posó la mirada en el animal, quien parecía mostrarse más tranquilo.

1941 entreabrió los labios.

—Fusis confía en ti. No debo desobedecerla. Cedo mi habilidad —tradujo, como mejor pudo, lo que el animal le estaba diciendo por telepatía—. Cautela. Buen uso. Protege a todos.

Idax reaccionó al fin. Retiró el brazo izquierdo e intentó acercarse al animal. Veía cómo cerraba los ojos, rindiéndose en el proceso. La angustia lo inundó e intentó acercarse a las heridas, pero estas ya no sangraban de sus patas ni de su estómago; más bien, el cuerpo de la bestia se iba esfumando en un humo azul que lo dejó sin aliento.

Tras eso, observó su mano izquierda y al tocar con la yema de los dedos de la mano derecha, no sentía el roce de estas.

La respiración se volvió irregular y las lágrimas inundaron su visión. No fue por mucho tiempo cuando vio a 1941 intentando sostenerlo de alguna forma, sin que fuera contacto físico.

—¿Por qué? —se preguntó en voz alta, sin saber dónde mirar, dejando escapar unas pocas lágrimas—. No quería llegar a esto.

De pronto, la pulsación azul del brazo izquierdo de Idax se tornó violenta, transformándose en un frío insoportable, como la escarcha perpetua de las cumbres de Sieh. Se expandió desde las yemas de sus dedos entumecidos y comenzó a treparle por el antebrazo. El dolor fue tan agudo que le cortó la respiración de golpe.

Sintió espasmos violentos en los músculos y un entumecimiento que ascendía por su cuello hacia la mandíbula, asfixiándolo. Cayó de rodillas en el barro, sujetándose el brazo inerte que empezaba a cubrirse de una fina y blanquecina capa de escarcha luminosa, mientras las líneas azules de la intangibilidad parpadeaban.

1941 entró en un pánico absoluto. Se arrodilló frente a él y le sujetó con firmeza el brazo izquierdo congelado con ambas manos.

Al tocarlo, las líneas de código azul neón y los rectángulos parpadeantes abandonaron el brazo, reptando a una velocidad vertiginosa por la yema de sus dedos hasta ascender a los de ella.

El dolor abrasador y la asfixia de Idax cesaron de golpe. Su piel recuperó la calidez y el flujo de aire regresó a sus pulmones en una bocanada desesperada. Sin embargo, fue 1941 quien ahora recibió el impacto directo. Sus ojos de azul marino profundo parpadearon con un frenesí de dígitos binarios que ascendían y se reescribían a velocidad vertiginosa. Soltó un quejido ahogado por la sobrecarga antes de que sus párpados se cerraran con pesadez, desplomándose inconsciente en el barro y las hojas azules junto al trishf.

Idax, aun jadeando y frotándose el brazo entumecido, la sostuvo como pudo antes de dejarse vencer también por la fatiga y la oscuridad del bosque de Firhel. Mientras el silencio del bosque herido regresaba entre las nubes del atardecer, las dudas lo inundaron antes de perder la conciencia:

¿Cómo era posible que 1941 pudiera comunicarse con los animales? ¿Cómo era posible que no conociera a Fusis? ¿Cómo era posible que ocurriera todo aquello?

¿Y por qué debía ser de esta manera?

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a TeleCosmo en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: El café de la esquina. · Lo que el corazón calla y el alma grita · Solo y Juntos