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Capitulo 2 — Presión estable

El cielo que solo ella sabe leer · por habi · 22 de julio de 2026

I. Onni

El segundo dia le dije "buenos dias" otra vez. No esperaba que fuera distinto a la primera vez, y no lo fue: la misma pausa, la misma respuesta en voz baja, los mismos ojos que se quedaban en algún punto cerca de mi hombro, sin llegar nunca a los mios.

El tercer dia, lo mismo. El cuarto, también.

Empecé a entender que no estaba esperando un resultado distinto. Solo estaba construyendo algo, ladrillo por ladrillo, sin saber todavia qué forma iba a tener al final.

Para la segunda semana, me animé a agregar una palabra más.

—Buenos dias. ¿Dormiste bien? —probé un martes, mientras sacaba mi cuaderno de japonés de la mochila.

 No sé por qué le pregunté eso. Hasta me dio un poco de vergüenza, pero ya lo habia dicho.

Tardó un poco más de lo normal. Pensé que tal vez habia sido un error, que una pregunta era distinta de un saludo, que estaba pidiendo algo que ella no queria dar.

—Si —dijo, finalmente.

Y después, como si la frase necesitara un segundo intento:

—Hubo viento del norte toda la noche. Por eso el cielo está tan limpio hoy.

No fue una respuesta a mi pregunta. Fue otra cosa, mejor: fue ella ofreciendo algo por su cuenta, sin que yo lo pidiera. Lo anoté mentalmente como un pequeño evento meteorológico propio.
Presión estable. Sin sobresaltos. Un dia tranquilo en algún sistema que yo apenas empezaba a entender.

—Itou-kun me dijo que eres raro por seguir intentándolo —comentó Momoi Kana esa misma tarde, sentándose un momento en el pupitre vacio de adelante, con esa naturalidad de quien está acostumbrada a que todos quieran hablar con ella.

—¿Raro?

—No te va a decir mucho más de lo que ya te dice. Lleva asi desde primero —lo dijo sin maldad, como quien comparte un dato útil, no un chisme—. No es que sea mala ni nada. Solo que... no sé, es agotador hablar con alguien que no te devuelve nada.

Pensé en decirle que tal vez si devolvia algo, solo que distinto de lo que ella esperaba recibir. Pero no encontré las palabras en japonés lo suficientemente rápido, asi que solo asenti. Después, ella se levantó y se fue a hablar con otro grupo, ya pensando en otra cosa.

Itou, en cambio, me lo preguntó directamente esa misma semana, mientras comiamos en el pasillo techado cerca del gimnasio.

—¿Por qué seguis? —preguntó, sin acusación, genuinamente curioso—. No es que me moleste. Es que no le veo el punto. Ella nunca... ya sabés.

—En mi casa —le dije, buscando las palabras con cuidado—, a veces mi papá y yo pasamos toda la cena sin hablar. Eso no significa que estemos peleados. Significa que estamos cómodos.

Itou se quedó pensando un momento, con los palillos a medio camino de la boca.

—Eso es raro —dijo finalmente, pero esta vez sonriendo—. Pero menos raro de lo que yo pensaba.

No le respondi que tal vez la palabra "raro" deberia usarse con más cuidado en general.
Lo guardé, como guardo casi todo lo que pienso aqui, para más adelante.


II. Tsumugi

Cuando algo se repite, deja de dar miedo.

No sé en qué momento exacto empecé a contar los dias. El segundo dia pensé que tal vez habia sido cortesia, algo que se dice una vez y no se repite. El tercer dia empecé a sospechar que tal vez si se repetia. El cuarto dia ya estaba, sin quererlo, esperando el sonido de su silla al sentarse, calculando si hoy también diria "buenos dias" antes de que yo pudiera anticiparlo.

Lo dijo. Como siempre.

Hay algo en lo predecible que mi cuerpo entiende mejor que cualquier otra cosa. Un saludo que llega todos los dias, a la misma hora, de la misma forma, no es una amenaza. Es un dato confiable. Es, de algún modo extraño que no sabria explicarle a nadie, parecido a anotar la presión atmosférica: cuando se mantiene estable, sé que no va a pasar nada raro. Puedo respirar distinto.

El martes agregó una pregunta. ¿Dormiste bien?

Eso si me tomó por sorpresa. Una pregunta significa que espera una respuesta especifica, no solo un saludo de vuelta.

Conté. Uno, dos, tres, cuatro, cinco.

—Si —dije, aunque no era del todo cierto, porque casi nunca duermo del todo bien la noche antes de un dia con clases—. Hubo viento del norte toda la noche. Por eso el cielo está tan limpio hoy.

No sé por qué dije eso. No me lo preguntó. Pero las palabras sobre el clima salen más fácil que las palabras sobre mi, y por un segundo pensé que tal vez eso también contaba como una respuesta válida.

Él no pareció confundido. Solo asintió, como si la información sobre el viento del norte fuera exactamente lo que esperaba escuchar.

Esa tarde, sin que yo lo buscara, escuché un fragmento de conversación entre Momoi-san y él. No es que estuviera escuchando a escondidas; simplemente estaban al lado, a media aula de distancia, y mis oidos no saben distinguir las voces tan bien como debieran.

Lleva asi desde primero. Es agotador hablar con alguien que no te devuelve nada.

No es la primera vez que escucho algo parecido. Ya no me sorprende. Pero hay una diferencia pequeña, esta vez, entre escucharlo y sentir que es verdad.

Porque si devuelvo algo. Solo que tarda más en salir, y a veces sale en forma de datos sobre el viento en vez de las palabras que se supone que deberia decir.

Esa noche anoté el cielo como siempre: despejado, sin frentes en las próximas cuarenta y ocho horas. Presión estable.

Al terminar de anotarlo, me quedé por un momento mirando el borde del cuaderno, como ida.

Y, en el margen, donde ya habia empezado a dejar las cosas que no tienen que ver con el clima, escribi algo más.

Hoy devolvi algo. Tardé, pero lo hice.

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