I. Onni
En Finlandia, si alguien no responde de inmediato, generalmente significa que está pensando.
En Japón, según me advirtieron antes de venir, el silencio puede significar muchas cosas distintas según el contexto, el tono, la posición de las cejas. Llevo exactamente dos dias en este pais y ya perdi la cuenta de cuántas reglas no escritas existen.
—Onni Korhonen. Viene de Finlandia, va a estar con nosotros este año —dijo la profesora Kurosawa, escribiendo mi nombre en el pizarrón en katakana, mucho más ordenada que la mia—. Preséntate, por favor.
Hice la reverencia que habia practicado frente al espejo del baño esa misma mañana. Probablemente fue un poco exagerada. Algunos alumnos se rieron, no con crueldad, sino con esa risa espontánea que provoca lo desconocido.
—Hola. Mi japonés todavia no es muy bueno. Por favor, sean pacientes conmigo —dije, y la frase salió más mecánica de lo que hubiera querido, como uno de esos anuncios que se escuchan en un avión.
Más risas, esta vez más cálidas.
Mi asiento estaba al fondo, junto a la ventana. Al lado habia una chica de cabello oscuro recogido en una cola de caballo, con un cuaderno cerrado sobre el pupitre. En la portada tenia dibujado lo que parecia ser un mapa de nubes. No levantó la vista cuando me senté.
—Esa es Asahina —me susurró el chico de adelante, girándose con una sonrisa enorme—. Itou Ryou, mucho gusto. No esperes que te hable mucho, ella es así con todos.
—¿Asi cómo?
Itou se encogió de hombros, como si la pregunta no tuviera mucho sentido.
—Rara. Callada. Nadie sabe bien qué le pasa.
No le respondi nada en ese momento. Pero guardé la frase en algún lugar, como quien guarda un dato sin saber todavia para qué va a servir.
A la hora del descanso, intenté lo único que se me ocurrió. En mi casa, cuando alguien nuevo llega, lo primero que se hace es saludar. Bueno, supuse que eso era lo más común en todo el mundo.
—Buenos dias —le dije, girándome hacia ella.
Pasaron unos segundos. Esperé en silencio...
Empecé a pensar que no me habia escuchado, o que mi pronunciación habia sido tan mala que ni siquiera reconoció que le estaba hablando a ella.
—Buenos dias —respondió, en voz baja, mirando un punto indefinido cerca de mi hombro, no mis ojos.
Eso fue todo. Volvió a su cuaderno.
Cualquiera en mi lugar hubiera pensado que la habia incomodado. Y por un segundo, lo pensé.
Pero habia algo en la forma en que lo dijo —no cortante, no fria, solo... tardia— que no terminaba de encajar con la palabra que usó Itou.
Rara.
No me pareció la palabra correcta. Me pareció, más bien, que decir "buenos dias" le habia costado un esfuerzo que yo no alcanzaba a ver del todo.
En el almuerzo la vi sentada sola, en el rincón más alejado del patio, bajo la sombra de un árbol, comiendo despacio mientras escribia algo en su cuaderno de nubes.
Itou me contó, sin que se lo pidiera, que nadie se sentaba con ella, que en los grupos de trabajo siempre quedaba sola hasta que un profesor la asignaba a la fuerza, que una vez alguien le preguntó algo y ella tardó tanto en responder que la persona simplemente se fue.
—No es que sea mala—aclaró Itou—. Es solo que es dificil hablar con ella, con alguien que no te devuelve nada.
Pensé en mi padre, en las cenas en casa donde podiamos pasar veinte minutos sin decir una palabra y nadie sentia que eso fuera un problema. Pensé que tal vez "no devolver nada" y "necesitar más tiempo para devolverlo" no eran lo mismo, aunque desde afuera se vieran idénticos.
Decidi algo esa tarde, sin estar muy seguro de por qué: iba a seguir saludándola.
Todos los dias.
Sin esperar que cambiara nada. Solo para ver qué pasaba.
II. Tsumugi
El cielo de esta mañana: nublado parcial, sin indicios de lluvia. Lo anoté antes de salir de casa, como todos los dias.
Lo que no anoté, porque no hay forma de anotar algo asi, fue que mi asiento iba a cambiar.
—A partir de hoy se sienta a tu lado un nuevo compañero —me dijo la profesora Kurosawa esa mañana, sin previo aviso, como si fuera un dato sin importancia.
Cambios de asiento sin aviso. Eso está en mi lista de cosas que hacen que el dia deje de sentirse sólido.
Cuando entró el chico nuevo, todos lo miraron. Yo también lo miré, un segundo, antes de volver la vista a mi cuaderno. Hizo una reverencia demasiado larga. Habló en un japonés con acento marcado.
La clase se rió, no con maldad, pero igual senti, sin saber por qué, una opresión rara en el pecho, como si me doliera en su lugar.
Se sentó a mi lado.
Va a hablarte. Prepárate.
No habló de inmediato, asi que por un momento pensé que tal vez no lo haria.
Pero entonces:
—Buenos dias.
Mi cerebro hizo lo de siempre. Una palabra simple, "buenos dias", no deberia tardar tanto en salir. Lo sé.
Lo sé incluso mientras me pasa.
Responde. Es solo "buenos dias". Dos palabras. ¡Vamos!
Conté. No supe cuánto tiempo pasó exactamente, pero senti que fue demasiado, porque cuando finalmente las palabras salieron, mi voz sonó más baja de lo que hubiera querido.
—Buenos dias.
Esperé que dijera algo más, que insistiera, que repitiera el saludo como hacen algunos cuando creen que no los escuché, con ese tono un poco más alto y un poco más lento, como si fuera sorda en vez de lenta.
Eso es lo que pasa siempre.
Pero no lo hizo.
Simplemente asintió, como si mi respuesta hubiera llegado exactamente cuando tenia que llegar, y se giró hacia su propio cuaderno.
Eso no es lo que suele pasar.
Pasé el resto de la clase pensando en eso más de lo que pensé en la clase en si. No en lo que dije —aunque también pensé en eso varias veces, preguntándome si mi tono habia sonado raro—, sino en lo que él no hizo. No repitió el saludo. No pareció decepcionado. No se quedó esperando, incómodo, a que yo dijera algo más.
Simplemente lo dejó ahi, completo, como si dos palabras tardias fueran una respuesta perfectamente normal.
En el almuerzo, desde mi lugar bajo el árbol, lo vi rodeado de varios compañeros, sonriendo, intentando entender bromas que probablemente todavia no comprendia del todo.
Anoté en mi cuaderno la hora y la presión atmosférica, como siempre.
Y después, por primera vez, escribi algo que no tenia nada que ver con el clima.
El chico nuevo no repitió el saludo.
No sé por qué me pareció importante anotarlo. Pero ahi quedó, en el margen de la página, junto a un dibujo de cúmulos que no predecian absolutamente nada de lo que se avecinaba.