Yo seguí al capitán Amagumo hasta su oficina. El lugar estaba sobrio, con archivos apilados ordenadamente, una ventana semicubierta por persianas metálicas y el leve zumbido de una lámpara colgante que rompía el silencio.
Al llegar, cerró la puerta detrás de nosotros con firmeza, caminó hacia su escritorio y se sentó sin decir palabra. Luego, con un gesto de la mano, me indicó que tomara asiento frente a él.
Me acomodé en la silla sin apartar la vista de su rostro. El capitán no tardó en tomar una carpeta etiquetada con tinta roja: "Vuelo 3601274 - Desaparición".
-Ese era el avión que pilotaba tu hermano Ryu -dijo con voz grave mientras hojeaba los documentos-. Estaba en su patrullaje rutinario cuando... algo pasó. Y desapareció del radar.
Se detuvo un momento. El silencio que llenó la oficina fue más pesado que cualquier palabra.
-Estas son las últimas coordenadas que registramos antes de que perdiéramos contacto con él -añadió, deslizándome una hoja con un mapa, líneas marcadas y números escritos a mano.
Yo solo podía mirar ese punto en el papel como si de algún modo fuera una herida abierta. El lugar exacto donde mi hermano fue tragado por lo desconocido.
-¿Que podriamos hacer?- pregunte consternada
El capitan Amagumo me miró con una expresíon confundida. Obviamente el queria que no me involucrara
-¿Qué podríamos hacer? -pregunté consternada, con la voz quebrándoseme apenas.
El capitán Amagumo alzó la vista de los documentos. Me miró con una expresión que no supe leer al principio: era una mezcla de duda, resignación y algo que parecía... culpa.
-Kira... -empezó con voz más suave de lo que había usado hasta ahora-. Entiendo tu preocupación, créeme. Pero esta situación es más compleja de lo que parece. No es algo que debas manejar tú.
Fruncí el ceño, sintiendo cómo una oleada de frustración me subía al pecho.
-¿Y entonces qué? ¿Me siento a esperar en casa a ver si aparece su cuerpo? ¿A ver si hay algún milagro?
-Lo que intento decirte -continuó, más serio- es que hay protocolos. No quiero que te pongas en riesgo. No sabemos qué hay exactamente en esa zona. Lo único claro es que... los datos no tienen sentido.
Me incliné hacia adelante.
-Ryu es lo único que me queda. Si ustedes no van a hacer nada ahora, yo sí lo haré.
El capitán Amagumo se quedó en silencio unos segundos, luego soltó un suspiro largo, como si ya esperara esa respuesta.
-No apruebo esto, Kira. Pero si decides actuar por tu cuenta... al menos ten cuidado. Y no digas que no te lo advertí.
-Gracias por todo, capitán -dije con determinación-. Le prometo que encontraré a mi hermano... y lo traeré de vuelta a casa, cueste lo que cueste.
-Está bien... -respondió el capitán, con una mezcla de preocupación y resignación en la voz-. Te asignaremos uno de nuestros yates para que puedas dirigirte a las coordenadas. No irás sola: uno de nuestros soldados te acompañará.
Chasqueó los dedos, y la puerta se abrió. Un joven de estatura media, con uniforme impecable y una expresión determinada, entró a la oficina.
-Él es Takashi Fujimoto, uno de nuestros soldados más preparados. Conoce las aguas y ha trabajado en misiones de búsqueda. Estará a tu lado en esta travesía.
Takashi saludó con una leve inclinación de cabeza.
-Es un honor acompañarte, Kira. Haré todo lo posible para ayudarte a encontrar a tu hermano.
-Hola, un gusto -saludé, algo nerviosa.
Me sentí un poco más tranquila al saber que iba acompañada por un profesional. Estoy segura de que esta búsqueda valdrá la pena... Ryu es la única familia que me queda.
-Partiremos en la noche, actualmente hay tormentas donde las ultimas coordendas de Ryu fueron enviadas, será mas seguro ir en ese momento- recalcó Takashi. Yo acepté sin ningun reclamo, ya que el era el experto al fin y al cabo
—Partiremos en la noche. Actualmente hay tormentas en la zona donde se enviaron las últimas coordenadas de Ryu. Será más seguro ir en ese momento —recalcó Takashi.
Acepté sin ningún reclamo. Después de todo, él era el experto.
Mientras pasaban las horas, el capitán Amagumo me dio permiso para revisar los archivos sobre la desaparición de Ryu. Me detuve en la grabación de la cámara del asiento del piloto. En el video, vi cómo Ryu perdía el control... y luego el avión se estrellaba. La grabación se cortó justo en ese instante.
—¿Cómo saben que está vivo? —pregunté, con un nudo en la garganta.
El capitán guardó un silencio incómodo. Luego, me miró con seriedad y dijo algo que me congeló la sangre.
—No lo sabemos... —hizo una pausa breve—. Pero haremos todo lo posible para encontrarlo.
Ya eran las 7 p.m. cuando Takashi me llamó para abordar el bote. Sin perder tiempo, me subí; todo estaba listo para partir.
—Vayan con cuidado —dijo el capitán Amagumo con voz firme, aunque en su mirada se notaba la preocupación—. Aquí los estaremos esperando.
El motor rugió suavemente mientras el cielo comenzaba a oscurecerse, y las luces del muelle se desvanecían poco a poco en la distancia.
—Gracias por venir conmigo, Takashi —le dije con sinceridad.
—No me lo agradezcas aún —respondió con una sonrisa suave—. Primero encontraremos respuestas... luego veremos si merece agradecimiento.
No pude evitar sonreír ligeramente, por primera vez en todo el día. Takashi no era el típico soldado que imaginaba: había en él algo cálido, observador... humano.
Yo, paralizada, escuché un murmullo. Como un susurro lejano, repetitivo. Era una voz...
Familiar.
Ryu.
—Kira...
...ayúdame...
...no confíes...
—¡¿Ryu?! —grité con desesperación, acercándome a la baranda del bote, el corazón golpeándome el pecho.
Entonces, algo cambió.
La voz de Ryu se cortó de golpe... y fue reemplazada por otra.
Grave.
Lenta.
Como si cada palabra arrastrara siglos de odio.
—Eres como él... testaruda... débil...
Pero interesante...
El aire se congeló. La temperatura cayó de golpe. Takashi me miró con los ojos abiertos, como si él también lo hubiera escuchado.
—¿Oíste eso? —susurré.
—Sí... y no fue Ryu —respondió, con la voz tensa.
Del horizonte, una grieta se abrió de golpe. No era solo una herida en el cielo... era una boca. Un portal. Una entrada al mundo de algo que no debería existir.
Y su voz volvió a sonar, retumbando ahora dentro de mi cabeza:
—Ven... pequeña luz... ven y piérdete en mí...
Caímos por aquel extraño portal y, por un instante, sentí que el tiempo se detenía. Todo a nuestro alrededor se volvió denso, irreal, como si estuviéramos atrapados en un sueño febril. Al alzar la vista, la luna llena brillaba con fuerza sobrenatural... y entonces lo vi. Una sombra diabólica comenzó a formarse en su superficie, la silueta de un ente que jamás había visto, pero que, de alguna manera, mi alma ya temía.
Todo se puso negro y perdí la conciencia...
...
....
.....
......
Recobré la conciencia con un leve ardor en la cabeza y una sensación de pesadez insoportable. Al abrir los ojos, lo primero que vi fue un cielo nocturno, más oscuro que cualquier noche que hubiera presenciado jamás. No había estrellas. Solo una luna creciente dominaba el firmamento... y en ella, un ojo carmesí, abierto de par en par, que me observaba con una intensidad antinatural.
Me incorporé con dificultad, notando que el suelo bajo mí se retorcía lentamente, como si estuviera vivo. A unos metros, Takashi despertaba también, con el rostro empapado de sudor.
—¿Dónde estamos...? —susurró, claramente afectado.
El aire olía a óxido y cada sonido era como un susurro a punto de quebrarse. Las sombras no seguían ninguna lógica: se movían, se estiraban y se encogían por voluntad propia.
Entonces lo sentí. Una presencia. Como si algo estuviera detrás de la realidad, respirando al compás de mi miedo.
Una voz suave, casi burlona, susurró en mi oído... no era la de Ryu. Era algo más antiguo. Algo perverso.
—Bienvenida... finalmente has venido a mí, Kira Shiranui...
—¡¿QUIÉN ERES Y QUÉ HICISTE CON MI HERMANO?! —grité desesperada.
No podía creer que estuviera viviendo esta pesadilla en carne y hueso. Todo en mí temblaba: el miedo, la rabia, la impotencia. Lo único que deseaba era salir de ese lugar y encontrar a Ryu.
Takashi me sujetó con firmeza por los hombros. Su voz intentó sonar tranquila, pero estaba tensa.
—Kira, cálmate. Estás experimentando alucinaciones... es normal en este tipo de situaciones. Respira, por favor.
-¿Cómo que alucinaciones?- le dije levantandole la voz, -Tu mismo oiste su voz y... la de esa extraña criatura que por alguna razon sabe mi nombre-.
Takashi se sujetó la cabeza con ambas manos y empezó a caminar en círculos, claramente alterado.
—Mira... —me dijo, intentando mantener la calma— todo esto debe tener una explicación lógica. Solo tenemos que contactar con la base y decirles que vengan por nosotros. Esto... esto debe ser algún tipo de territorio no explorado.
Takashi se dirigió al bote destruido y sacó un walkie-talkie para intentar contactar a la base.
Con manos algo temblorosas, presionó el botón y habló con voz firme:
—Aquí Takashi Fujimoto, ¿me reciben? Cambio.
El silencio fue su única respuesta, solo el ruido estático llenando el aire.
Me senté en una roca, con las lágrimas asomándose en mis ojos, mientras contemplaba el mar bajo aquella noche oscura y tétrica que nos envolvía.
—Ryu... —dije casi llorando—, quién sabe qué cosas te habrán sucedido y si podré encontrarte...
Mientras Takashi intentaba usar el walkie-talkie, una figura diminuta apareció junto a mí, envuelta en una tenue luz plateada.
Era una pequeña geisha, no más alta que mi mano, con un kimono tradicional y una delicada sombrilla de papel decorada con flores que sostenía con gracia.
—No temas, Kira —su voz era suave y calmada, como un susurro en el viento—. Soy Juju, protectora de este lugar.
Su mirada serena y su presencia tranquilizadora me dieron fuerzas para respirar más profundo.
—Sé que buscas a tu hermano y yo puedo ayudarte, pero debes seguirme y confiar en lo que sientes —dijo mientras inclinaba ligeramente la cabeza, lista para guiarme.
No podía creer lo que veían mis ojos: una pequeña señorita, vestida como una geisha, se había posado con delicadeza sobre mi hombro.
—Entiendo que no comprendas lo que sucede, pero yo puedo ayudarte —dijo, cerrando su sombrilla con suavidad antes de arrodillarse en mi hombro.
Takashi salió del bote con una mirada de desánimo; era evidente que no había logrado contactarse con la base y que estábamos perdidos en esta realidad distorsionada.
—Nada funciona... —recalcó, antes de quedarse helado al ver a Juju. Rápidamente sacó su arma y me dijo:
—Quédate quieta, Kira, y no te asustes. Tienes una criatura extraña en el hombro... así que más te vale no moverte.
—No vengo a hacer daño —dijo con voz suave, casi etérea—. Mi existencia es guía, no amenaza.
Takashi frunció el ceño, sin bajar el arma. Yo alcé una mano lentamente.
—Takashi... está bien. Ella me habló antes. Dice que puede ayudarnos.
Él dudó unos segundos, luego bajó el arma con recelo, sin dejar de observarla.
—Más vale que tengas razón, Kira... más vale que la tengas.
Juju saltó de mi hombro con gracia, y comenzó a levitar frente a nosotros, como si el viento mismo la sostuviera. Su pequeña figura giraba lentamente en el aire, con su kimono ondeando en esa noche sin brisa. La sombrilla flotaba junto a ella, girando sobre sí misma como si tuviera vida propia.
—Déjenme explicarles qué es lo que están viviendo —exclamó Juju con una voz repentinamente más firme y grave, que contrastaba con su apariencia pequeña y delicada—. Están en el Reino de las Sombras Egoístas... un lugar que no pertenece ni al mundo físico ni al espiritual, sino a un rincón olvidado del alma.
Takashi y yo nos quedamos en silencio, atentos a cada palabra.
—Este lugar está dominado por el Soberano Solitario —continuó—, el mismo que ustedes conocen como Dokuri. Pero más que su reino... esta es su prisión. Aquí ha permanecido por siglos, alimentándose de la desesperación, el deseo y el ego de quienes cruzan este umbral.
Juju descendió suavemente hasta quedar flotando a la altura de nuestros ojos, su sombrilla girando lentamente sobre sí misma.
—Y ahora, ustedes están atrapados aquí con él.
—No puede ser real... —dije, exaltada—. La leyenda de Dokuri solo era un mito... una historia que Ryu me contaba de niña para asustarme y hacer que me porte bien.
Takashi interrumpió: —¿Me estás diciendo que este no es el mundo real? —preguntó, visiblemente confundido.
—Sí lo es —dijo Juju con confianza—. Dokuri puede hacer que entren a esta realidad por su propia voluntad... pero él no puede salir.
Me quedé en silencio, sumida en mis pensamientos, escarbando en los recuerdos del pasado... hasta que una imagen vino a mi mente: Ryu hablándome sobre criaturas sobrenaturales y leyendas urbanas. En ese momento, comprendí que él no se había inventado nada. Ryu sabía algo que yo nunca llegué a entender. Él estaba tratando de advertirme, y yo no lo vi.
—Pero con el paso del tiempo, Dokuri dejó de ser solo una leyenda para convertirse en una especie de rey o dios —dijo Juju con serenidad—. Sus seguidores formaron una secta llamada "Gadokai". —Los miembros de esta secta hacen un pacto con Dokuri y se entregan por completo a él, transformándose en criaturas repulsivas para alcanzar lo que no lograron en vida.
Takashi se quitó el gorro y preguntó con voz tensa:
—¿Esos "miembros" están aquí, en este lugar?—
—Efectivamente —respondió Juju con tono alegre, a pesar de la oscuridad de la situación que estábamos viviendo. Su actitud optimista me daba una inesperada sensación de paz y esperanza.
Me invadió una profunda culpa por no haber creído las historias de Ryu. Todo esto era demasiado duro, y ahora, su desaparición pesaba sobre mí como si fuera mi culpa.
—"Gadokai, la secta del Camino del Ego" —nos explicó Juju con un tono narrativo—. Su principal doctrina es pensar solo en uno mismo, sin importar los demás. Usan el poder oscuro del egoísmo como camino hacia una vida perfecta.
Eso nos heló la sangre a Takashi y a mí.
—¿Y qué eres exactamente? —preguntó Takashi, curioso—. ¿Un hada?
Juju hizo una adorable risa muda tapandose la boca.
—Soy una creación de "El Arquitecto", un ser cósmico creado por Dios. Él tenía la misión de crear cinco reyes poderosos que trajeran paz y prosperidad a la Tierra. Cada rey poseía un don específico: Sabiduría, Justicia, Alegría, Belleza y Poder.—Dokuri era el rey del Poder, pero se dio cuenta de que podía ser más, que todo el poder podía ser suyo—dijo Juju con un tono grave—. Algo que al Arquitecto le disgustó profundamente, y por eso, en esas circunstancias, encerró a Dokuri en esta prisión eterna.
—Entonces, ¿eres una diosa o algo así? —pregunté yo, ingenuamente.
—No exactamente —respondió Juju con una sonrisa suave—. No soy una diosa, sino una entidad creada con un propósito: ayudar a quienes se pierden en este mundo oscuro y guiarlos hacia la luz.
Agarré la mano de Takashi y exclamé: —Ayúdanos a encontrarlo y a salir de aquí, estamos dispuestos a hacer lo que sea con tal de salvar a Ryu. —
Juju sonrió de forma carismática.
—Me alegra mucho ver que mantienen esa actitud optimista a pesar de todo —dijo Juju con una sonrisa tranquilizadora—. No se preocupen, no están solos en esto. Yo los ayudaré a encontrar a Ryu y a salir de este lugar, aunque sea lo último que haga. Juntos podremos enfrentar cualquier obstáculo que se nos presente
—Ahora síganme —nos dijo Juju con decisión—. Los llevaré a un lugar seguro, un refugio donde ni la secta Gadokai ni Dokuri podrán encontrarnos ni hacernos daño. Allí podremos planear cómo rescatar a Ryu y encontrar la forma de salir de esta prisión.
Le hicimos caso a Juju y la seguimos hasta nuestro siguiente destino...
Mientras Juju nos guiaba por senderos invisibles entre las sombras retorcidas, sentí cómo una presencia oscura comenzaba a acecharnos desde la distancia. No éramos los únicos que buscaban controlar este lugar... Una risa seca y siniestra resonó en el aire, helándome la sangre.
—El juego apenas comienza —susurró Juju con gravedad—. Y Dokuri ya sabe que están aquí.
Entonces, se escuchó a lo lejos una voz grave y burlona:
—"Tienes toda la razón, mi pequeña y traicionera amiga..." —
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sabía que lo peor aún estaba por venir.